19.12.09

Querida Ana Leonor,

Hoy fui a comprar unos periódicos porque tu papá me pidió que lo hiciera. La capa de nieve en la calle era tenue, casi invisible. Tu papá quiere que algún día leas los periódicos del día que naciste. Me parece una bonita idea. Compré dos periódicos: uno nacional y uno local. También le pedí a varios amigos que consigan los periódicos de los lugares donde viven. Los míos los compré en una tienda de esquina junto a la tienda de mascotas donde compramos la comida para nuestros gatos (en las vitrinas de esa tienda de mascotas viven tres gatos gordos inmensos que retozan felices todo el día aprovechando el sol). Ambos periódicos costaron menos de tres dólares. El señor de la tienda, que me dio la impresión de ser una de esas personas de cuarenta años que aparentan sesenta y cinco a punta de gestos mal elegidos y canas, estaba vestido con una sudadera marca adidas y buscaba algo debajo del mostrador. Tardó unos cuantos minutos en darse cuenta de que estaba parado frente a la caja. Junto a la caja había revistas, lápices y dulces a la venta. Cuando se levantó me miró y creo que le costó entender por qué lo esperaba. Sólo luego de mirarme por un par de segundos notó los periódicos sobre el mostrador, revisó cuáles llevaba, registró sus precios en la caja de memoria y le di un billete de veinte dólares. Una vez me dio las vueltas regresó a sus búsquedas bajo el mostrador. Me pregunto si cuando tengas veinte años esta descripción tendrá sentido para ti. Pienso, mientras dejo la tienda, que estos periódicos no serán rarezas porque hablen del día de tu cumpleaños —seguramente cuando seas mayor cualquier computador te permitirá retroceder en el tiempo eficientemente— sino porque son documentos de papel que todavía tenían sentido cuando naciste pero pronto dejaron de existir.

A las 9:28 de la mañana, cuando nacías, yo trabajaba un poco (terminaba la redacción de un proyecto de investigación), tomaba te y jugaba con mis gatos. Espero que no tengas alergias (tus contemporáneos conacionales están llenos de ellas) y que algún día los puedas conocer. Gonta, el más pequeño de los dos, tiene cinco meses. Plinio, el mayor, tiene tres años y medio. A veces se quieren y a veces se odian. La suya es una amistad dificil. Hoy hacia el medio día, cuando recibí el mensaje de tu papá contándome que naciste, Plinio se puso muy furioso con Gonta no sé por qué. Se erizó y maulló largo, como advirtiéndole que esta vez iba en serio, luego le saltó al cuello y se revolcaron. Tuve que separarlos y tranquilizar a Plinio. A mí me parece que Gonta abusa del buen talante de Plinio y cada tanto le agota la paciencia.

Hace un rato Mónica llegó de su trabajo. Ahora mismo ella estudia unos ratones que tienen desórdenes alimenticios (un subproducto de una de sus investigaciones en cerebro) y quiere entender por qué los ratones mutantes no quieren comer o no procesan correctamente la comida. Mónica contó que hoy estuvo en el estabulario (donde nacen los ratones) y vio dos ratonas muy orgullosas cada una con seis ratoncitos recién nacidos amontonados. Luego le mostré las fotos que tus papás nos enviaron. Pareces un gnomo furioso. Seguramente dentro de algunos años te contarán que tardaste más de la cuenta en salir. En las fotos es evidente que por ti te hubieras quedado dentro de tu mamá toda tu vida.

Esta noche comimos una tortilla de patatas con cebolla y un sorbete de banano con chocolate. Mónica lo acompañó con pan con tomate. Ahora estamos en la sala. En televisión están dando Law and Order. La historia es truculenta y muy violenta. Los gatos duermen (Plinio sobre el sofá, Gonta en una caja a medio destruir de la que se apropió ayer). Mónica revisa cosas en su computador. Discutimos si iremos mañana a ver Avatar, una película que estrenaron hoy y que, sospecho, desaparecerá para siempre antes de que tengas edad para verla. Es triste eso porque se supone que fue una película costosísima. Seguramente cuando la veamos mañana nos impresionará, pero bastarán dos o tres años para que cualquier efecto sorprendente de esa película se trivialice y la novedad se desvanezca. Espero que cuando empieces a ver películas todavía exista el cine perdurable, que sobrevive al paso del tiempo. Me pregunto si cuando nos conozcas te pareceremos viejísimos. Me pregunto si pensarás que la música que nos gusta es música de viejos. Me pregunto si algún día tus papás se quejarán de la música que te gusta. ¿Cómo será esa música? ¿Qué tan distante serás de nosotros, de lo que creemos, de lo que pensamos que es el mundo? ¿Seremos capaces de entenderte? ¿Nos odiarás por ser viejos y retrógradas? ¿Nos adaptaremos a tu mundo?

Querida Ana Leonor, con esta pequeña carta quería darte la bienvenida a este planeta a nombre de Mónica, Plinio, Gonta y yo. Estamos felices de que hayas llegado y esperamos pronto conocerte y enseñarte canciones. Este ha sido un lindo día.

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18.12.09

Puntos de Experiencia 2009 (3rd/4th Level Bard/Priest (Scholar))


Retomo este blog para seguir el ejemplo de mi amigo Nelson.

Hice muy poco en 2009. No me gusta mi autoevaluación para este año. Siendo que no fui consecuente con mis planes y postergué demasiadas cosas. Todo esto tiene que mejorar. De cualquier modo no fue un año vacío. Hubo muchos cambios y algunos avances. Nos mudamos a Canadá, por ejemplo. Ese fue un cambio grande y todavía no concluye del todo. Estuve en Polonia dos semanas. Me encantó. Terminé (¡por fin!) mi primer artículo académico, recibí correcciones del lector y las apliqué. Fue enriquecedor. Creo que entiendo mis resultados mucho mejor ahora. También aprendí mucho sobre las dificultades de escribir matemáticas. Escribí un artículo para El Malpensante sobre Farrah Fawcett que todavía me gusta y hasta me enorgullece. Me hice a una copia del Codex Seraphinianus. Me encanta (h)ojearlo. Aprendí a hacer programas pequeños con Python. Tras varias colisiones fuertes y un tanto tristes, tengo mucho más claras las dificultades que hacen que mis proyectos matemáticos actuales sean esencialmente irrealizables. Este es un tipo de progreso raro, que frustra un poco, pero que supongo es parte del camino elegido. Empecé a escribir columnas quincenales en El Espectador sobre ciencia, tecnología y sociedad cuyo estilo aún no me convence del todo. Esta es mi favorita pero creo que tuvo poca audiencia. Adopté (junto a Mónica) un gato bebé. Lo llamamos Gonta y hoy es el mejor y el peor amigo que Plinio ha tenido. Coorganizé un encuentro académico en Lyon que fue entretenido e interesante (además de permitirme ver a muchos buenos amigos). Compré una cámara reflex y ahora juego a tomar fotos. Leí muchos buenos libros. Entiendo un poco más, sólo un poco, de francés. Continué, lentamente, trabajando en la escritura de (nombre clave) Inframundo, un pequeño libro de relatos paranormales que quiero armar.

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3.11.09

Vacaciones


La Balada del Elefante Azul está de vacaciones. Mientras tanto, lo invitamos a seguir nuestro breviario en Tumblr o nuestra cascada de tonterías y twits. Hasta una próxima oportunidad.

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6.10.09

Tamboleo




(clic)

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5.10.09

Santiago (Hispanist (and Sky Mall) Scholar)

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1.10.09

Tren

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29.9.09

Nano (Continuous Ultimate)

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Logicomix (1): Malas y buenas noticias.

Leí Logicomix. Lo vi ayer en la librería y no me aguanté. No me decepcionó pero tampoco me sorprendió. Es un libro bien hecho, tiene una estructura interesante, juega a varios niveles, intenta explorar temas que por lo general se dejan de lado en literatura y lo hace de una manera —digamos— educada. La crisis de los fundamentos de las matemáticas es una gran historia, llena de personajes interesantes —todos con egos gigantescos— que se embarcaron, cada uno a su manera, en la tarea de solucionar un problema que había estado por ahí desde siempre pero todos habían pasado por alto: ¿cuáles son las bases que sostienen las matemáticas en pie? ¿son sólidas? ¿son elásticas? ¿¡existen!? Durante mucho tiempo nadie dudó de la fortaleza del sistema. Es lo que pasa cuando las cosas funcionan y dan frutos: se crea confianza en la tradición y al cabo del tiempo esa confianza se confunde con la certeza de que nada puede pasar y todo seguirá siendo como siempre ha sido. Se supone que la crisis fue un producto de las geometrías no euclidianas aunque otros dicen que el trabajo (genial) de Cantor sobre la naturaleza del infinito también contribuyó. Yo creo que era algo que tenía que pasar más temprano que tarde. Cuando en un juego de Jenga la torre crece demasiado es inevitable dudar: ¿hay algo allá abajo? A finales del siglo 19 había suficientes piezas superpuestas (suficiente geometría, suficiente álgebra, suficiente análisis) para empezar a mirar hacia abajo con cuidado y asegurarse de que hubiera más que aire. Algo que me gustó mucho de Logicomix es que logra transmitir cómo el viaje desde los problemas de Hilbert hasta el teorema de incompletitud fue una hazaña inmensa cuya conclusión causó inicialmente gran consternación entre sus protagonistas. Por un momento el drama épico transmutó en tragedia. Muchos se sintieron derrotados. Muchos entendieron los resultados de Gödel como una falla inaceptable que nos impediría recobrar la confianza en el viejo juguete. Sin embargo esto no ocurrió. Los teoremas de Gödel, a la larga, nos convencieron de que las matemáticas no estaban condenadas a la automatización. Ese era su verdadero sentido. Los teoremas no hablaban sobre la incapacidad del sistema sino sobre nuestra importancia en el juego. Las matemáticas no eran un divertimento programable del que podíamos desentendernos y dejar en manos de las máquinas. Esa fue una buena noticia. Muchas cosas grandes han pasado desde entonces. Logicomix termina, tal vez, demasiado pronto.

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28.9.09

Everybody's doing it! (You can do it too.)


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27.9.09

El precio del pollo

A continuación un fenómeno para el cual no encuentro explicación:

Hace unos días fuimos a un supermercado grande y supuestamente barato a hacer la primera gran compra de insumos para el hogar. Con este propósito nos armamos de nuestro carrito comprado en Walmart y caminamos los veinte minutos que nos separan del supermercado (llamado No Frills). Dentro de nuestra lista habitual de ingredientes nunca faltan las pechugas de pollo porque son versátiles. La pechuga de pollo es el tofu de los carnívoros. Desafortunadamente, las pechugas de pollo costaban trece dólares el kilo. El precio nos pareció insultante y no compramos. Para compensar conseguimos morcilla de Portugal. La hicimos el lunes con papas y manzana.

Hace dos días fuimos al Valumart que queda a dos calles de la casa (pero no es supuestamente tan barato como No Frills) y, por curiosidad, revisé los precios del pollo, todavía ardido en mi honor por ese precio insultante del otro día. Valumart, sin embargo, ofrecía el kilo de pechuga de pollo a dieciocho dólares. Tragué saliva.

Es de verdad triste, le decía a Mónica, que el pollo se vaya a convertir en un lujo. El pollo nunca debería ser un lujo.

Menos mal que el hígado de res siempre es regalado.

Ayer volvimos al Valumart a comprar polvo de hornear para hacer un pan de banano. De nuevo cruzamos la zona de las carnes y una vez más, por curiosidad, revisé los precios del pollo. Las pechugas de pollo costaban siete dólares el kilo. Entre sorprendidos y emocionados compramos catorce pechugas y las metimos en el congelador.

Me gustaría saber cuál es la razón de esas fluctuaciones.

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26.9.09

Londres, Ontario (Un mes)













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Bleu

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