25.10.04

Clarividencia.

Me leyeron el tarot el otro día. Yo quería que me dijeran un color de vela para decorar la habitación pero me dijeron la vida a cambio. Como yo no quería saber mi vida, me puse furiosísimo y casi me fui a los puños con la gitana, que era grande y bigotuda. Finalmente, Magda intercedió entre la gitana y mi ira y, ya más calmado, le pedí disculpas a la señora y puteé silenciosamente mi suerte. Lo que me da más rabia es que la bruja no me quizo decir el color de la vela. Me dijo todo, pero no el color de la vela. Mañana, por ejemplo, tengo una entrevista de trabajo, me van a ofrecer mucho dinero. En un año, caminaré por Urbana y me encontraré con una vieja amiga del colegio que yo creía prematuramente muerta en un accidente automovilístico en Perú. Resultará que escapó a Estados Unidos huyendo de un novio loco que la estuvo acosando por largo tiempo. Para mitigar la sorpresa del encuentro, nos tomaremos unos tragos y, casi sin darnos cuenta, terminaremos viviendo juntos en su apartamento, que es feo y maloliente y me recuerda mis años de pobreza en Lima. A los seis meses me dirá que está embarazada y, traicionando mis principios, escaparé sin dejar rastro llevando conmigo mi guitarra y una maleta con ropa. El engendro se llamará Mauricio y lo volveré a ver cuando tenga 14 años y viva en La Habana. Yo no lo reconoceré y el se aprovechará de mi inocencia para jugarme una mala pasada. Terminaré en la carcel acusado de intentar matar a Fidel, quien, para mi asombro, todavía estará vivo, y cuando todos crean que seré fusilado, el comandante morirá de causas naturales y el régimen entero se vendrá abajo. Me salvaré de puro milagro. Fugitivo de la ley, terminaré mis días en Jamaica viviendo con una negrita que conoceré en New Orleans. La negrita nunca me querrá, pero estará convencida, debido a mi fluida labia, que tengo una cuenta de banco llena de dinero. Eso será suficiente para que sacrifique su juventud con un viejo feo como yo. Dos meses antes de morir, me contará que está embarazada, el hijo no será mio y yo no tendré manera de saberlo. Sin embargo, gracias a mi excelente memoria, recordaré que hace años una gitana bigotuda lo predijo, me reiré de ella y le diré que miente. La despediré de mi casa, tomaré un avión a Lima llevando conmigo sólo mi guitarra y moriré en la cama de mi hermana, siendo cuidado por uno de mis sobrinos. Él se quedará con mi guitarra, mis restos irán al mar. Tendré una vida triste, pero al final me reiré con gusto de mi miseria, como si hubiera sido una buena comedia.
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23.10.04

Edgar Umaña (o Al caido, caerle)

De Edgar Umaña se dicen muchas cosas. En un artículo en la revista Letras y Cultura de la facultad de ciencias humanas de la Universidad Nacional de Colombia, el crítico y profesor universitario Salvador Astudillo se refiere a la obra de Umaña como prescindible y adjetiva (dios sabe qué diablos quiere decir con eso), "la última línea de defensa de un territorio que no merece ser protegido". Umaña inició su carrera como escritor produciendo traducciones libres de las obras de Kafka al español que luego distribuía por medio de la fotocopiadora del departamento de Urbanismo de la universidad. Mi buen amigo Franqui Cárdenas, que aprendió alemán para poder leer El Castillo, alguna vez lo conoció en una de esas tertulias a las que asistía los miercoles por la tarde, justo después del seminario de teoría de conjuntos. Umaña, me contó Franqui, es callado y habla entre dientes. Dificilmente se le entiende lo que dice porque tiene la costumbre adicional de hablar con una mano sobre la boca todo el tiempo. El resultado es una especie de zumbido lejanamente familiar que, incapaz de ser comprendido de primera mano, ingresa diréctamente al subconciente y se asienta ahí dejando, aparentemente, dolorosas cicatrices que tardan siglos en sanar. Muchos dicen que luego de escucharlo, se sentían profundamente renovados pese a reconocer que no habían entendido gran cosa. Otros, años después de asistir a una de sus charlas, iniciaban una defensa a ultranza de su obra que se ceñía fuertemente a un manuscrito que circuló por unas semanas de fotocopiadora en fotocopiadora de la universidad contestando airadamente a las críticas que surgieron tras la publicación de su primera novela: Semblanza del florido final de un día agrio. De todas maneras, eran muchos más los que, tras conocerlo o leerlo por primera vez, por alguna razón que escapa a mi entendimiento se unían incondicionalmente al ejercito heterogeneo de aquellos que lo odian apasionadamente.

Esta semana recordé a Umaña mientras releía algunos apartes de La literatura Nazi en America, especificamente la sección dedicada a los llamados Poetas Malditos de la literatura de ultraderecha suramericana: el chileno Pedro Gonzales Carrera y el peruano Andrés Cepeda Cepeda (mejor conocido como El Doncel). Lo recordé porque Umaña comparte con estos dos escritores la pena de haber presenciado en vida la sepultura de su nombre bajo metros y metros cúbicos de tierra e infamia. Pese a ser un escritor bastante menor, las críticas negativas alrededor de su obra sobrepasan sin esfuerzo siete veces la cantidad de páginas que Umaña publicó antes de autoexiliarse. Para poner un ejemplo, entre 1994 (año de la publicación de Semblanza) y 2003, la mencionada Letras y Cultura (una revista de circulación mensual) ha publicado noventa y cinco artículos en los que se refieren a Umaña como "el gran plagio de los noventas", "el Fuguet colombiano", "un catastrófico descuido editorial" y "la última señal de alarma con respecto al decadente estado de la literatura nacional", entre otras igualmente lacerantes descripciones.

El fervor de las críticas y el esfuerzo que cada uno de estos verdugos sin máscara ha puesto en vilipendiar la corta obra de este humilde escritor boyacense es soprendente. Tal será el nivel de saña que, a manera de contrición, editorial Oveja Negra, dueña de los derechos de las obras de Umaña, tras la publicación de un libro que compila algunas de las críticas más duras contra el escritor y que se inicia con una introducción/disculpa por parte del director del consejo editorial de la compañía, anunció que ha clausurado su contrato con Umaña y se compromete públicamente a no publicar nuevas ediciones de sus tres novelas y su libro de poesia así como invita a sus editoriales hermanas a cerrar las puertas al unísono al escritor.

Yo no entiendo las razones de este odio endémico y profundo a su obra. Semblanza podría haber sido una buena novela. Se queda un poco corta y carece de un estilo realmente propio pero he leido peores. Alucinaciones de un viaje olvidado me recuerda grátamente varios de los viajes que con mi padre emprendimos por Boyacá siguiendo los pasos de mi abuelo (una de las obsesiones de Fernando). Es una novela quizás demasiado larga y que no se esfuerza por ocultar la pasión que el escritor siente por los adjetivos arcaicos. Aun así se deja leer y en algunos capítulos hasta saca sonrisas sinceras. Para terminar, Herminda fingió que moría, su novela de cierre, es novedosa y contemporanea. El tono pretencioso del narrador ha sido suficiente para que algunos críticos describan a Umaña como megalómano y otros la califiquen como un "largo, penoso y fallido ejercicio masturbatorio frente a un espejo". Yo personalmente siento que es, de hecho, una respuesta burlona a las acusaciones frecuentes de narcisismo que fueron tan populares durante su etapa como profesor en la Universidad de los Andes, en Bogotá.

Umaña dejó Bogotá en el 2002 tras publicar Herminda. Vive con su familia a Saravena, Arauca, donde trabaja como rector de un colegio de bachillerato nocturno y administra una panificadora. En ocasiones publica columnas de opinión política en el semanario local Tu Voz y ejerce como mediador en el proceso de paz que el gobernador lleva con los grupos paramilitares de la zona. Tiene cincuenta y dos años, una casa grande con un patio que se confunde con el llano, monta a caballo y relee todos los años a Kafka y Hesse. Dice que prepara otra novela, dice que no tiene remordimientos, dice que no guarda rencores, dice que es feliz. Yo no entiendo cómo hace.
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22.10.04

Ida Tyrone no nos ve (o la Huida de Ida).

Hay un café en Champaign que se extiende infinitamente. Como el baño queda al fondo, varias amigas se han perdido para siempre intentando ir. Se pierden en pares, las extrañamos montones. Hace unos días, uno de los dependientes encontró debajo de una mesa a una mujer que se había perdido en el café cuando tenía seis años. La mujer tiritaba del frio, estaba desnuda y no sabía una palabra de inglés. Pensaron que era una inmigrante ilegal y llamaron a las autoridades. La policía la retuvo, le hizo algunas pruebas y pronto descubrieron que se trataba de Ida Tyrone, hija del profesor George Tyrone, quien fue director del departamento de literatura comparada por varios años y que murió en un hospicio psiquiatrico cerca de Chicago en diciembre pasado.

Ida se había perdido hacía veinte años mientras sus padres discutían el divorcio en el café. Creyendo que el tema de la conversación había sido la razón de Ida para huir, el señor y la señora Tyrone siguieron infelizmentes casados por doce años más hasta que Julia, la mamá de Ida, murió de una apoplejía súbita que la sorprendió mientras veía televisión en la sala. Como ésa era su única actividad diaria, el señor Tyrone se demoró dos días en descubrir que su esposa estaba realmente muerta y no simplemente concentrada en la trama de alguna larga película vieja.

La semana pasada la noticia de que Ida había aparecido se tomó las primeras planas de los principales diarios locales. El Daily Illini, periodico de la universidad, publicó el viernes una entrevista al psicólogo a cargo de Ida, doctor Aaron Rosenberg, quien no se explica las razones por las que Ida volvió de su larga huida en semejante estado. La entrevista la acompaña una foto de Ida en la clínica. Está parada en un balcón y los brazos le cuelgan de los hombros como si fueran un par de culebras muertas. Tiene una batica blanca de rayitas azules y el cuerpo casi casi se le sale por la abertura para la cabeza, es delgadita. La cabeza apenas es sostenida por el débil cuello y mira hacia la cámara con total inocencia, con total inconciencia. Tiene los ojos verdes claros y secos, los pómulos puntiagudos y colorados y los labios como lineas, casi invisibles, bajo una naricita redonda que apenas si logra surgir del rostro. Es una de las mejores fotografías que he visto publicada en un periodico.

¿En qué pensará Ida Tyrone? ¿Pensará? El doctor Rosenberg dice que no reconoce ninguna palabra y, de hecho, pese a que sus oidos parecen estar en óptimas condiciones, las voces no le despiertan el mayor interés y la gente apenas la afecta. No es autismo, es otra cosa. Camina sola y descalza por la clinica, no mira a nadie, se detiene por momentos a mirar por las ventanas o sale al patio y camina por el prado y luego vuelve a su habitación. Llora mucho, llora casi todo el tiempo, un llanto sin palabras, un llanto sin razones. Parece como si no nos viera, dice Rosenberg, como si no existieramos. Parece como si fueramos nosotros, todos nosotros, y no Ida, los que nos hubieramos perdido en ese café, una noche olvidada de 1984. Ella, en apariencia, simplemente nos sigue buscando.

Notas al margen:
  • Compré, en un arranque de curiosidad, Diplomacy, un clásico juego de estratégia que fue diseñado originalmente por Avalon Hill pero que ahora, obviamente, distribuye Hasbro. Se ve muy interesante, veamos cuando puedo jugarlo.
  • Tras tres semanas esperándolo y un día peleando con Springer para que me reenviara el libro que ellos erroneamente habian enviado al departamento de química de UIUC, mañana por fin me llega mi libro de teoría de Galois de ecuaciones diferenciales lineales de Van der Put y Singer. Veamos si la prolongada espera valió la pena o no.
  • La tesis va bien. Tras un impase que me llevó a reconsiderar las hipótesis iniciales, nuevos y muy interesantes problemas han aparecido alrededor de la simple definibilidad del grupo de Galois en las extensiones que estoy considerando. Cosas que a mi me parecían facilisimas se volvieron de repente terriblemente complicadas pero el simple hecho de darme cuenta de las dificultades y entenderlas me tiene de buen ánimo. Esta semana, desafortunadamente, he debido reducir el ritmo de trabajo un poco para trabajarle a una tarea de Lou que me quitó tres días y me dejó la mano izquierda adolorida. Retomaré el trabajo mañana.
  • Veintiuno de diciembre al ocho de febrero con Mónica. Se aproxima un buen mes y medio.
  • Hay dos redes wireless flotando libres en este edificio, lo descubrimos hoy. El mundo cambia de prisa, ahora no necesito cables para escribir en el weblog.
  • Primeras diez páginas de 2666 aquí. En pocos días saldrá a la venta en España, ya está listado en fnac.es.
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19.10.04

Inocencia.


Alguna vez alguien me dijo que la conciencia (¿o era la felicidad?) era una propiedad emergente de los seres con inteligencia. Probablemente usaron terminos más precisos pero a mi me quedó sólo el eco, propiedades emergentes, consecuencias inesperadas de sistemas incomprendidos, incomprensibles. ¿Dónde está la conciencia? En el mercado de las teorías, hay respuestas para todos los gustos. A mi me gustan las terriblemente técnicas que reducen todo a estados cuanticos en los bracitos de las neuronas, también me gustan las que, usando complejisimos cálculos, concluyen que todo es una cuestión de cantidad, muchas conexiones, o algo así. Me gustan no tanto porque les crea como porque detrás de ellas se esconde la promesa de que algún día seremos capaces de armar un mecanismo, una combinación de software y hardware, que va a ser capaz de hablarnos, comprendernos y preguntarse de buenas a primeras por qué fue creado, cuestionar su existencia, su estatus en el universo. Lo malo es que todas esas teorías, por más robustas que sean, parecen flaquear eventualmente. Parecen requerir de una especie de chispa sobrenatural en algún momento, un algo no controlable: un alma, un fantasma. ¿Dije lo malo? Me retracto, quise decir lo bueno, la ciencia, la buena ciencia, ha sido construida sobre sus propias frustraciones, de ellas se nutre.



Ghost in the Shell 2:Innocence es visualmente apabullante. Esa, al menos, fue mi primera impresión. Yo no sabía que esperar. La primera película, pese a ser considerada un clásico del género (o quizás por ello), nunca me ha gustado mucho. De la segunda esperaba un guión menos amarrado al comic, uno más libre que no intentara comprimir la serie manga en una hora y media. Para mi fortuna, éso fue precisamente lo que sucedió. El protagonista de esta película es Bateau, el compañero de la Mayor Kusanagi (protagonista de la primera película), quien investiga una serie de crímenes perpetrados por robots de compañía. Bateau es un personaje melancólico, poco queda de humanidad en su cuerpo y él lo sabe. Camina por las calles, cuida a su perro, se pregunta si es feliz. La película lateralmente a la historia desarrolla una reflexión profunda sobre la naturaleza del hombre y la ruta de la tecnología (enfatizando la linea argumental que ya era percibida en la primera). El mundo de Ghost in the Shell es realista y cuidadosamente diseñado, es ciencia ficción seria. Todo es plausible, todo podrá ser eventualmente desarrollado si es que no nos matamos antes. Hace unas semanas en Nature, me contó Alejandro Lleras, publicaron un articulo anunciando la noticia de que un parapléjico ahora podía escribir en su computador haciendo uso directo de un chip que tiene conectado a su cerebro. Los cyborgs están a la vuelta de la esquina.



Hablemos ahora de las imágenes. Es una mezcla, menos sutil que en Metropolis, de animación 3D generada por computador y animación convencional. De todas maneras el efecto que logran es atractivo y captura, la iluminación es magnifica, parece real. La aventura surrealista de Bateau bien podría haber sido diseñada por Bilal. A Alejandro le pareció que abusaron un poco del 3D, que dejaron a un lado la animación convencional para describir lugares y eso le restó realismo a la historia y, sobre todo, cohesión con la estética presentada en la primera parte. Yo me sentí satisfecho del resultado, está llena de escenas bellisimas, la calidad y el detalle de las imagenes no permiten emitir protestas, es de lo mejor que se ha hecho en animación en los últimos años.



Es una película larga, con prerrequisitos, de dialogos sofisticados y muchas veces incomprensibles con un guión enredadisimo en el que es dificil no perderse. En ocasiones es pretenciosa e innecesariamente confusa. Para hacerse a una idea, imagínese que el equipo de Spirited Away fuera dirigido por David Lynch para hacer una adaptación de un libro escrito a cuatro manos por Philip K. Dick y Thomas Pynchon (con asesoría técnica de Stanislav Lem e Isaac Asimov). Quizás sea bueno verla una vez más antes de dar un dictamen final. Por ahora la recomiendo por las imágenes, por la ciencia ficción y por algunas reflexiones que alcancé a asimilar. Sin embargo, le advierto que es bastante probable que al salir de la película no sepa si le gustó, si lo engañaron, si no entendió. Como con la primera, probablemente sea necesario verla un par de veces antes de poder decir algo más concreto, esperaré el DVD. Por lo pronto, veala y dígame qué entendió, se lo agradeceré profundamente.



Notas al margen: Mercedes, quien a propósito de la película nos recordó ese chiste de Les Luthiers del tipo que fue a ver una película dos veces y la segunda vez no la entiendió, está cumpliendo años. Que cumpla muchos más.
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17.10.04

Metamorfosis de lo idéntico 0: Alejandro y Margarita.


Ray Caesar, Fly.

Margarita y Alejandro se encontraron muchas veces en el mismo lugar. Luego, a punta de ecos y reflejos, pura física, empezaron a encontrarse en todas partes. Lamentaba Alejandro su reprochable timidez, lamentaba Margarita su tendencia criminal al silencio, lamentaban y lamentaban ambos y los lamentos les colgaban de los labios cual estalactitas de saliva coagulada. Un día se dejaron de encontrar, pura física, y los lamentos se deshicieron en la ausencia compartida. Por un tiempo, añorando los lamentos, se escribieron mutuamente. De haberse leido, no se hubieran reconocido.
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16.10.04

Metamorfosis de lo idéntico 1: Sky Captain and the World of Tomorrow.


No nos hagamos tarugos. Si usted va a verla es por los efectos especiales, eso todo el mundo lo sabe. Como todos sabemos, fue enteramente filmada en cuartos pintados de verde y a los que luego añadieron la escenografía digitalmente. Dado el estado actual de la tecnología, éso se puede hacer de tal manera que el espectador a duras penas note el efecto. Sin embargo, dado que lo fastuoso de los escenarios en este caso raya fácilmente en lo ridículo, el truco queda un poco al descubierto, claro que eso a nadie le importa porque se siente como el viejo efecto del automovil en movimiento llevado al extremo absurdo, y eso, hay que reconocerlo, va muy bien con el estilo y la estética de esta película.

A mi me gusta la ciencia ficción retro. Me gusta ver como se imaginaban nuestro presente las personas a principios del siglo veinte, cuando la industrializacion y las máquinas iniciaban su reinado y aun no era claro para donde ibamos (de hecho eso aún no es claro, pero creo que nos hemos vuelto más humildes con nuestras predicciones). Aquí juegan con esa imagen, la explotan. Es una película en tonos sepia (que me recuerda un poco los colores y el ambiente del anime Metropolis) hecha como si fuera filmada en los años cuarenta o treinta. Está llena de clichés y yo me convenzo que es parte de la broma, que quieren que nos riamos un poco de la inocencia de los personajes y la historia misma, de la inocencia de la época, que no nos preocupemos por tanta inconsistencia flagrante, que disfrutemos ese mundo que no fue pero que pudo haber sido si Julio Verne hubiera sido dios y dios sólo otro escritor de ciencia ficción.

Los personajes son el heroe, la heroina, el maligno enemigo invisible, la viciosa asesina y el cientifico tipo Q. El misterio no importa y la historia no tiene giros sorpresivos ni momentos de especial tensión. De nuevo, por mi bien, me convenzo que todo es parte de la misma broma. Me convenzo, si quieren, que aunque la película podría ser considerada mala, es buena porque es a propósito hecha para lucir como una película mala de hace cincuenta años (si hace cincuenta años hubieran tenido la tecnología para hacerla). Al final deja un buen sabor en la boca y unas cuantas sonrisas. Los efectos especiales, que, como dije, son la única razón por la que uno va a verla a menos que quiera ver a Angelina Jolie con un parche, son alucinantes y hasta proféticos de lo que vendrá, es increible que hayan alcanzado semejante nivel de realismo. Espero que no se les ocurra hacer una segunda parte, una está bien, pero dudo que el truco les resulte dos veces.
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Metamorfosis de lo idéntico 2: The Brown Bunny.


Bien podría ser un largo video de música depresiva, o una serie de propagandas para alguna exótica marca de cigarrillos importados, o de motos Yamaha. En lugar de cualquiera de esas opciones, Vincent Gallo decidió llamarla película y presentarla valientemente en Cannes. Era de noche cuando entramos al teatro y recuerdo que la película llevaba apenas una hora cuando la gente empezó a dejar el cine enfadada. Al final sólo nos quedamos los cuatro o cinco que estabamos tan ofendidos como para considerar una prioridad chiflar al cierre. Se quedó Gallo, también, pero en una esquina, no decía nada, no nos miraba siquiera. En algún momento se levantó, y cuando todos creimos que nos iba a decir algo, dejó el teatro por una puerta lateral y nosotros seguimos chiflando y aullando ofendidisimos. Cuando nos cansamos, salimos a caminar por la ciudad y nos detuvimos en un café. Estabamos sentados conversando y Gallo llegó y se sentó en la mesa del frente, nos miraba altivo con esa cara extraña que yo siempre confundo con la de Vincent Cassel. No dijo nada, no hizo nada, se tomó un café y se fue. Le dijo algo al mesero y al poco rato nos trajeron tres buenas botellas de vino, de parte de Gallo, de las que dimos buena cuenta acompañadas de una excelente orden de quesos que sugirió Tyler.

Vincent Gallo ha sido muchas cosas, pero por encima de todo es un tipo raro. Yo lo conocí porque Liliana me forzó a verme Buffalo '66 (Le va a encantar, Javier, LE-VA-A-EN-CAN-TAR), la vi y me gustó muchisimo. Me gustó por la historia, me gustó por Christina Ricci, me gustó por el personaje de Gallo, me gustó por el juego que propone la película, me gustó por la música...

(She brings the sunshine to a rainy afternoon;
She puts the sweetness in, stirs it with a spoon.
She watches for my moods, never brings me down;
She puts the sweetness in, all around.
She knows just what to say to make me feel so good inside.
And when I'm all alone I feel I don't want to hide, hide, hide.
)

... Quizás por eso, o quizás porque de todas maneras siempre lo hago, luego de verla inicié una busqueda exhaustiva de datos sobre Gallo. Luego de leer lo suficiente, concluí que lo añadiría a mi lista de poetas malditos contemporaneos favoritos y, para no olvidar mi desición, saqué la lista de mi archivo y procedí. Quedó de número diecisiete. Buen número, pensé, y guardé la lista.

No es sorpresa, pues, que luego de haber presenciado el fiasco en Cannes de primera mano, de todas maneras haya accedido a ver la versión recortada de The Brown Bunny, el producto de una concienzuda reedición de Gallo tras el resultado de su lanzamiento. La vi ayer con Jana y Ayhan. Fuimos al viejo teatro de siempre, me senté en mi hilera favorita, me aseguré que los parlantes laterales estuvieran donde deben estar y miré la pantalla para forzar telepáticamente el inicio de la película. Bastaron un par de minutos de fuerza mental continua para convencer a quien quiera que esté a cargo del proyector de que era hora de encenderlo. Se apagaron las luces, limpié mis gafas para poder verla con nuevos ojos y me puse en disposición de Gallo de nuevo. ¡Sorpréndame!, musité para mis adentros, y luego guardé silencio y me dejé sorprender.

Gallo es Bud, Bud es Gallo. Gallo hizo motociclismo un rato, Bud es un motociclista. Bud también es una especie de muerto viviente, o un fantasma, o un vaquero, o un hombre hecho de vapor, un rastro apenas, un espejismo. Bud mira hacia el suelo con esos ojos desorbitados y azules que comparte con Gallo y guarda su motocicleta en el compartimento trasero de su camioneta de Los Magnificos. Una travesía se inicia, va hacia Los Angeles, se detiene en cualquier parte, se encuentra con otros fantasmas, con mujeres con nombre de flores. Habla sobre Daisy. ¿Dónde está Daisy? (No sé) ¿Qué sucedió con Daisy? (No sé). Largas tomas siguen a Bud en su viaje, largas tomas a traves del parabrisas repleto de insectos aplastados, largas tomas recorriendo el pais de este a oeste. Es un largo y triste viaje, es doloroso ver el rostro de Bud eternamente compungido, derrotado, y no saber siquiera cual es la razón de su tormento. Eventualmente llegará a Los Ángeles, eventualmente se reencontrará con Daisy. Todos más o menos al mismo tiempo descubriremos qué sucedió entre los dos. Todos descubriremos la razón de la tristeza, pero para ese entonces, la tristeza será lo de menos. Me recordó The eternal sunshine of the spotless mind. En algún nivel, The Brown Bunny puede ser visto como un poema visual y oscuro sobre la soledad, la frustración y el olvido

Es una película gráfica (muy gráfica) con una cámara inestable y vieja. La imagen es sucia, pierde el foco, lo recupera, tiembla. Todo eso es a propósito, quieren transmitirnos una cierta sensación de desasosiego, quieren también hacernos sentir que vemos algo que realmente sucede, quieren que creamos que Bud es Gallo y que Gallo es Bud. Como somos idiotas, caemos. Es una película silenciosa, hay pocos dialogos y la mayoría son incompletos, inconexos, inconsistentes... todo parece un sueño pero es demasiado real, demasiado doloroso, es de esos sueños que despiertan al más valiente, pero nadie se despierta. Al final, casi sin justificación, una escena de sexo fuertísima aumenta la sensación pesadillesca, pero en ese momento es uno el que quisiera no haberse quedado dormido y estar soñando semejante película.

Cuando se va a negro y aparecen los créditos y nos recuerdan que Gallo la escribió, dirigió y produjo, nos reimos y Ayhan dice que eso es lo que pasa cuando uno mete muchas drogas cuando joven. Nos reimos pero es una risa ahogada, películas de esas no lo dejan a uno reirse bien por un rato porque lo hacen sentirse sádico y hasta un poco sucio, testigo y cómplice de un crimen atroz. Algunos dicen que es narcisista, otros que es pretenciosa, otros que es ofensiva, otros la aplauden por su genial rebeldía, a todos les doy un poco de razón y a todos los contradigo, me cuesta tomar parte. Veala por las imágenes, veala como quien ve una instalación de una hora y media, veala si le gusta Gallo y tolera el cine extremadamente independiente. De lo contrario no la vea, perderá su tiempo.
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13.10.04

Correspondencias 1.


Luke Chueh, Possessed.

I'm so excited about your future in ministry and all that you have already done for the Kingdom. It is always so encouraging reading your update letters + knowing that the glory of God is being accomplished in and through you.1

Hablé con el reverendo por teléfono otra vez hoy, me recordó lo importante que es conocer las escrituras, no perderlas de vista. Me mencionó un aparte de Romanos (5:8-17), me recordó que nosotros eramos enemigos de Dios, por eso Él murió por nosotros, para perdonarnos. Yo le pregunté al reverendo si los pecadores eran enemigos de Dios. No me respondió, me dijo que debía meditarlo en la oración. Parece como si Su amistad y Su perdón dependieran radicalmente de nuestra willingness to accept him. Is everyone meant to be a friend of God?. Llevo tres años acá y aun el español me falla, tropieza a diario con el mundo. Es frustrante.

Pastor, Pastor, me dijo una niña ayer, tengo que hacerle una pregunta. Yo la invité a pasar a mi despacho y ella me preguntó si ser testigo de una muerte la hacía participe de la muerte, una par de lágrimas se le escaparon y yo le pregunté qué había sucedido. Me dijo que alguien había matado a alguien y ella los había visto. Ella dice estar muy arrepentida pero, aun así, no siente el perdón del Señor. He orado, Pastor, se lo juro, he orado, todas las noches.

Es a diario, Marcos, a diario me encuentro con la muerte en cada esquina, con el dolor, con la desesperanza. La comunidad ha sido renovada por mi presencia, sí, pero yo también he sido contaminado por la tristeza. La niña me pidió perdón, le dije que yo la perdonaba, que ella no tenía la culpa, que yo entendía si ella no iba a la policía. Ella me preguntó si era suficiente mi perdón para recibir el perdón de Dios. Is there any difference between God forgiving us that us forgiving others?. ¿Cómo puedo perdonar si aún no me perdono a mi mismo, Marcos? ¿La has vuelto a ver? ¿Todavía van al mismo café en Clark? Ya se me olvidó por qué estoy acá, Marcos. ¿Te acuerdas del ímpetu? ¿Te acuerdas de los primeros días cuando todo era nuevo y todo era maravilloso? Lucía como una gran oportunidad para servir, para darme, para ofrendar mi memoria al Señor y recibir a cambio su perdón. Pero Él sigue y sigue recordándomela en los sueños. ¿Dónde fallé, Marcos? ¿Dónde? Le respondí a la niña que Nuestro Señor lo perdona todo si estamos de verdad arrepentidos, ella me agradece y se va y yo me quedo solo en el templo, solo con mis culpas y mis remordimientos.

Después de hablar con ella, oré y le pedí al Señor perdón por haberle mentido a la niña, por haber perdido la fé. Recibí solo risas, Marcos, aullidos macabros que me salían de adentro. ¿Te ha pasado? ¿Has sentido el horror de la burla de Dios? Estoy cansandome de arrepentirme de todo, Marcos, de verdad.
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1 Me encontré el diario de un pastor protestante que debe tener mi edad (referencias a Sega Genesis lo confirman). Tengo nombre pero no apellido, no hay muchas pistas en el libro, solo notas, comentarios sobre la biblia, sobre un curso de liderazgo que toma. Lo pude dejar en el prado, donde lo encontré, pero me pudo más la curiosidad. Esta es la primera de una serie de entradas inspiradas en la lectura del librito, incluiré algunas citas textuales, no aclararé cuales. Si, yo sé, uno no debería exhibir intimidades. Pero bueno, al menos en esta ocasión no serán las mias.

Notas al margen:
  • Navidad, año nuevo y todo enero en Barcelona con Mónica. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?
  • Parece que en marzo-abril voy a ir a ésto, veamos si sale. Anand me animó.
  • Los de springer enviaron mi libro a dios sabe qué sitio y ahora no responden mis e-mails reclamando. Miserables.
  • Hoy, último debate presidencial en Estados Unidos antes de las elecciones de noviembre. La cosa se pone interesante.
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12.10.04

Blind Jozef Pronek & Dead Souls.

Hoy conocí a Jozef Pronek. Es un tipo alto con un acento ligero y una fluidez impresionante. Es alto, ¿ya lo dije?, muy alto y mira todo con una sonrisa que a veces parece condecendiente y a veces luce enternecedora. Leyó un pasaje de Nowhere Man en el que él se encuentra con Bush padre e hizo una excelente imitación de la voz del expresidente. Luego, respondió las preguntas que surgieron entre la audiencia, todas preguntas estandar, me imagino, incluyendo la pregunta estandar que sirve para que el interrogador (una dama al fondo) ostente su amplio conocimiento literario y todos los vínculos que le permite este conocimiento aprehender, pregunta odiosa y fuera de lugar, dicho sea de paso. Mercedes le preguntó qué tipo de cosas leía. Dijo que le gustaba Shakespeare, que le gustaba la historia, mencionó otro autor, mi inglés no me dio para reconocer el nombre. Yo le pregunté que si Jozef Pronek volvería, me dijo que cuando terminó el cuento que da título a esta entrada y que está en A question of Bruno, mucha gente le preguntó lo mismo y él dijo que no, que definitivamente no, que Jozef estaba muerto. Pero aún así, siguió escribiendo sobre Pronek y cuando menos se dio cuenta, tuvo en sus manos Nowhere Man. Luego, para cerrar su respuesta, reconoció humildemente que no sabía.

Jozef Pronek está dictando un curso de escritura creativa en la universidad este semestre. Creo que es el profesor invitado del departamento de inglés por este año para el programa de postgrado en Creative Writing. ¡Qué lastima que lo descubrí tan tarde! Me muero de las ganas por asistir pero me parece pretencioso de mi parte, todos son estudiantes que se dedican a escribir ficción, yo soy un matemático, además el semestre ya va bien adelantado y no se si será concebible iniciar mi asistencia al curso a estas horas sin ser un completo estorbo (y no el parcial estorbo que habría sido de haber asistido desde agosto).

Caminando luego por Wright Street hacia Green, lo vimos con Mercedes parado frente al edificio del departamento de inglés. Estaba en las escaleras con cara de perdido, miraba para todos los lados, volvía a la puerta, miraba a través del cristal. Mercedes insiste en que su nombre es Aleksandar Hemon, pero yo le repito que es Pronek, que yo lo sé, que no puede ser otro sino él. Seguimos caminando, lo dejamos atrás. Tengo ganas de ir este jueves a su clase, de pronto lo haga. Al fin y al cabo, ¿qué pierdo?

En cualquier caso, me contento con tener mi copia de A question of Bruno firmada por él. Dice For Javier, Aleksandar Hemon, pero yo insisto e insisto que él es Jozef Pronek.
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11.10.04

and it did happen...


Tara McPherson, Candy.

El couscous es adaptable y eso es bueno, parece plastilina, o un camaleón. Dicen lo mismo del tofu, pero la consistencia del tofu no termina de agradarme, en cambio el couscous ya pasó a hacer parte regular de mi alacena y protagonista de mis aventuras culinarias (que se han reducido casi a cero en los últimos meses por culpa del trabajo...).

Bueno, dos tazas de couscous se remojan en dos tazas de caldo de camarón caliente, se deja que la semolina absorba el caldo, se agrega un poco de aceite de oliva y luego se pone quince minutos al horno a 400 F. Mientras esto sucede, en una sarten amplia sofría 3 dientes de ajo fínamente picados, apenas empiece soltar el aroma, agregue una libra de tomate picado, un poco de gengibre rayado, aji picante en polvo (al gusto), una cebolla larga picada, un poco de sal, un poco de pimienta, dos cucharaditas de azucar, una cucharadita de cardamomo en polvo, una lata de garbanzos y deje cocer por 15 minutos. Luego agregue dos o tres filetes de un pescado de carne dura, yo usé salmón (¡Germán! ¡Esta receta es para usted!). Deje cocinar unos cinco minutos y luego agregue una libra de camarones. Cocine hasta que el pescado esté al punto y luego agregue un poco de cilantro picado (o perejil, o ambos).

Saque el couscous del horno, agregue un chorrito de aceite de oliva y remueva los grumos con un tenedor. Sirva en plato amplio y sobre él ponga un filete y mucha salsa. Me imagino que un buen pedazo de pan cae de perlas, me imagino que un buen jugo de lulo haría las cosas mucho mejores, aunque siempre habrá quien prefiera el vino. Coma solo o acompañado, sabe igual. Tome te luego, es un excelente digestivo y una buena excusa para conversar un rato más. El couscous quedó bueno, Mercedes no me dejará mentir.

Mañana, me armaré de mi copia de A question of Bruno para ver a Aleksandar Hemon leer y hablar sobre sus libros en la Illini Union Bookstore en Champaign. Pocas pocas veces tiene uno la oportunidad de ver de cerca a un escritor que admira, Saramago se me escapó en Bogotá, a Hemon no lo voy a dejar pasar. Luego les contaré mis impresiones, por ahora los dejo con la programación habitual.
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10.10.04

Herencias.


Luke Chueh, Locked.

De la legendaria matanza, sólo hubo dos sobrevivientes. El primero era el alcalde, quien habilmente se refugió en la caja fuerte de la caja agraria, y el segundo es mi padre, que corrió hacia la montaña y se perdió intentando escapar. Así fue como llegó a la ciudad. Años más tarde, ya mayor, volvió al pueblo con nosotros, encontramos muchas tumbas y pocas casas. Parecía como si todos los Morenos hubieran vivido en ese pueblo. Encontré cuatro veces mi tumba en el cementerio, fui un hijo ejemplar, un gran esposo y un entrañable amigo que perdió su vida cumpliendo con su deber. Mi papá estuvo obsesionado con los epitafios algún tiempo, los escribía en un cuaderno y los leia cuando estaba borracho, casi todos tenían que ver con alcohol. Ahora entiendo por qué los escribía: es un mal familiar.
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9.10.04

Visiones 12.

¿A ustedes no les ha pasado que van caminando por la calle y de repente se cruzan con una cara y en esa mirada anónima leen un atisbo de comprensión? ¿un aliento? El otro día una señora por la calle se me acercó, me puso la mano en el hombro y me dijo —Te entiendo—, y se quedó parada al lado mio dándome suaves golpecitos en la espalda. Yo la miré a los ojos dos segundos y en las arrugas que le surcaban la cara entreví el final de su vida en un hospital de caridad en Manizales. Vi también la partida de sus hijos, diez años atrás, prometiendole retornos, giros bancarios y pasajes de avión. Vi en la distancia un desencuentro que aún no la deja respirar, vi su soledad agobiante y su silenciosa paciencia agotada. —Te entiendo—, dijo, y pareció como si realmente me entendiera, como si por un instante compartiera mi vida, mi derrota, mis búsquedas, mi ineludible inocencia. La dejé ir, la miré serpentear arrastrando su sombra con esfuerzo, perderse en la multitud, ofrecerse en cuerpo y alma a la masa, ser engullida por el mundo.

Luego, con la calma que sólo brinda lo inevitable, la seguí.
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El cuento es una invención del mundo.

El cuento abstracto usa personajes con nombres de letras. Dependiendo de la intención del autor, se prefieren las primeras letras del alfabeto o las últimas. Las primeras: A, B y C, se usan para personajes familiares, personas que podrían fácilmente coincidir con el lector en un centro comercial, o en la fila para pagar la renta. X, Y y Z, por su lado, son usadas para designar personas de alguna manera difusas, personas cuya identidad importa y cuya mención abierta hubiera sido desdeñable desde un punto de vista artístico, político o moral. A mi me gustan los autores que usan la P, la S y la F y reniego de aquellos antisociales que sin mesura alguna abusan de la J, la T y la W. Esta última me produce especial rechazo porque parece una M muerta. La W solo admite ser usada como nombre si está escrita en una tumba, o en algún epitafio, pero en los cuentos abstractos hay pocas tumbas y pocas notas de prensa así que no vale la pena siquiera discutir la posibilidad de usar la horrible W.

Una vez aclarado este punto, vayamos al grano.

T le dice a X, un día cualquiera, X, casémonos. X mira a los ojos a T e intenta discernir qué tan cierto puede ser semejante propuesta proviniendo de unos labios que, como todos en la familia sabemos, están tan acostumbrados a la mentira y la burla. Leyendo la mirada de X, T vuelve a repetir la pregunta mejorando su sonrisa y estirándose un poco, como si haciendo eso mejorara de alguna manera su credibilidad. La respuesta es un patético suspiro y un por qué que parece sacado de película de terror. ¿Por qué?, pregunta X, ¿Para qué? No he hecho énfasis en ésto pero ahora vale la pena aclarar que T y X hablan mientras caminan por la veintiseis. Llevan caminando desde que salieron de la universidad y ya van llegando a colsubsidio. La pregunta de X requiere un silencio prudente antes de ser contestada aún si la respuesta está en la punta de la lengua, es una cuestión de táctica, así que T calla sabiamente, mira hacia un lado, lee un grafiti, husmea por la ventana de una zapatería, retorna a su posición normal, mete las manos entre los bolsillos y dice que quiere pasar toda su vida con X, que lo siente así, que lo necesita. ¿Siente una obligación, entonces? La respuesta de T es inesperadamente agresiva. Aquello que se había iniciado como una conversación rutinaria sobre el estado de las cosas pronto había tomado visos trágicos y T, más que cualquiera, sabía oler lo que se venía. No se lo tome así, X, dijo intentando calmar los ánimos, usted bien sabe a lo que yo me refiero. Lo cierto del asunto es que ni T ni X sabían absolutamente nada, eran completamente incapaces de aceptar que, al contrario de requerir un matrimonio, lo que necesitaba esa relación era un funeral digno, sensato. Yo no sé qué es lo que usted quiere decirme, T. Ni siquiera usted lo sabe. Hasta a mi me sorprendió esa respuesta de X. Yo esperaba que tomara una posición más conservadora y mantuviera controlado el tablero, pero no, atacó sin chistar y T no supo qué decir, así que, de nuevo, optó por el silencio y dejó las flores pasar a su lado, y las personas, y el ruido de los carros, y la música, y de pronto vio la puerta: un portal grande con un ángel de la muerte blandiendo una guadaña, y vio el portal y recordó. ¿Ha entrado alguna vez a un cementerio, X? Venga, quiero mostrarle una cosa.

El cementerio central es circular, al menos en su zona central y sería fácil perderse en los círculos concéntricos, perder el rumbo, de no ser porque las montañas siempre están al oriente. Es un cementerio asfaltado, blanco, que es recorrido a diario por miles de personas que, me imagino, buscan estar en paz con su pasado, o con su presente. Hay habitantes regulares, personas que dedican su vida a recorrer el cementerio como si buscaran algo, un muerto quizás, un nombre perdido entre tantos, otros dan vueltas alrededor de tumbas. Con mi papá una vez lo recorrimos por horas buscando la de su abuelo. T estaba ese día con nosotros y miraba a mi papá entre extrañada y extasiada. Tras largo rato caminando, la encontramos en una esquina. Era una tumba descuidada, olvidada. Nadie recordaba al viejo, nadie, salvo la mujer que caminaba frente a su tumba compulsivamente rezando piadosamente el rosario. Esa es mi abuela, W, dijo mi papá, el viejo nunca la quizo, ni siquiera le reconoció los hijos, y T y yo nos quedamos mirando esa mujer de negro como si de repente le hubieran salido alas. Mi papá no dijo nada más, ni T, ni yo. Miramos un rato a mi bisabuela y luego nos fuimos. Luego mi papá terminó de contarnos la historia, se las contaría pero entonces ¿de qué hablaríamos mañana? Más bien volvamos a T y X.

Esa es W, la bisabuela de J, le dijo T a X cuando la encontró. Eso le quería mostrar. ¿Y eso qué mierdas tiene que ver con todo esto, T?, exclamó X ofendido, y T le respondió bajando un poquito la voz, Todo, X, todo, yo no quiero ser así. X parpadeó, pero un parpadeo le tomó más de lo esperado porque sin notarlo T desapareció y él se quedó solo frente a mi bisabuela temblorosa que rezaba y rezaba. Y X intentó entender el todo de la cosa pero finalmente se resignó a dar la espalda y salir de ahí. Pudo haber sido un funeral más digno, le dije a T cuando me contó. Fue digno, J, lo fue de verdad, fue el más digno que he tenido.

A X no lo volvimos a ver. T viene de vez en cuando a visitarme al hospital, está cada día más gorda. Mi bisabuela sigue ahí, en el cementerio, esperando una respuesta de Don Serveleón.
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8.10.04

Comentarios de compadres.

En la anterior reunión, hablamos de maneras de salir de la quiebra. Llevaron un contador que nos enseñó cómo llevar los gastos y ganancias de la casa y cómo calcular ciertos índices que podrían ser de utilidad para saber cómo iban nuestras finanzas. Al final, hicimos una oración, como siempre, y luego el pastor nos recordó la importancia del diezmo a la hora de garantizar la vida eterna. La vida eterna no tiene precio, dice el pastor, pero es algo por lo que bien vale la pena pagar. Salimos de la reunión y había un niño parado frente a la puerta, él fue el que nos dio la noticia: al amanecer, dos hombres habían llegado a la hacienda y habían matado al alcalde a tiros. Eran dos tipos feos, dijo el niño, negros y con los dientes largos y afilados, uno media al menos dos metros y el otro era enano y jorobado. De las espaldas, a ambos les nacían espinas, como si fueran tallos de rosas. Luego de matar al alcalde, le prendieron fuego a la hacienda y el gallinero. En la hacienda están hastiados de comer gallina todo el día y la viuda del alcalde ha decidido invitarnos a participar de la celebración, luego de la cual, inaguraremos la cripta familiar depositando los restos del alcalde. El pastor se apresuró a indicarnos que, pese a no estar en tierra santa, con mucho gusto él le haría los honores al cadaver. Caminando hacia la hacienda, al pasar por el frente del jardín de doña Nancy, tomamos unas cuantas margaritas para el funeral, estabamos borrachisimos cuando llegamos. Los niños iban al frente cantando. Nosotros, atrás, comentabamos las incidencias del partido del sábado contra el equipo del pueblo cercano, qué cerca estuvimos de ganar. El nuevo alcalde será elegido en ocho días. Mientras tanto, la comunidad ha decidido organizar un paro cívico. El pan está escaseando, me voy a volver millonario. Se hace de noche, compadre, es hora de volver a casa.
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El papel y sus usos.

Una vez más, apareció en internet un informe, en esta ocasión desde una universidad en Japón, donde reconfirman que escribir y leer en papel amarillo produce problemas de visión a largo plazo. Otro estudio publicado hace algunos años afirma que a los estudiantes les va mejor cuando el color del papel en que sea impreso el examen es verdoso y no blanco. Experimentalmente, yo he concluido que entre los verdes, las mejores calificaciones parecen preferir los tonos que se acercan más al azul que al amarillo (lo que tiene sentido considerando la primera observación). Usar azul pleno, por otro lado, produce protestas y diarrea entre los estudiantes. El papel rojo es bueno para distribuir información porque aparentemente ayuda a tatuar el contenido en la memoria de manera eficiente. Se recomiendan rojos claros tendiendo a rosados, tonos oscuros dificultan la lectura y aumentan el riesgo de fracturas. El papel para quemar debe ser blanco, lo mismo se aplica al papel higienico. Para quemar casas de madera se recomienda usar papel periodico en bolitas, un poco de gasolina no sobra.
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7.10.04

El ministro.

Le pregunté al ministro de hacienda ayer cuando almorzabamos: ¿Ministro, qué se siente tener poder? Y el tipo me dijo que no se sentía nada, que apenas se veía un poco más pero lo único que uno sentía en esas posiciones "de poder" era impotencia al darse cuenta que había tantos problemas, y que era tan dificil cambiar las cosas.

Y entonces yo pensé en el mamut que va cuesta abajo, el mamut enloquecido que va cuesta abajo barritando del dolor, o de la pena, o de la simple emoción ciega que le produce la velocidad. La gente va abajo, colgando de los pelos del mamut, haciendo su mejor esfuerzo para no caerse mientras el mamut continúa su carrera absurda que nadie entiende a donde conduce. El ministro, por supuesto, va sobre el lomo del mamut, ve todo mejor pero es igualmente incapaz de hacer nada al respecto. Cuando usa sus binóculos, y a veces lo hace, ve al fondo el acantilado y más al fondo el mar y más al fondo el sol rojizo despidiendose.

Le pregunté al ministro, luego, si valía la pena entonces el esfuerzo de ser ministro. O sea, si él se siente tan impotente, ¿por qué sigue ahí? ¿qué es lo que vale la pena? Y el tipo se quedó callado, no dijo nada.

Y entonces yo pensé que el ministro se imagina que, eventualmente, al mamut le van a salir alas.

Ahí fue cuando me despedí del ministro. Pobre ministro.
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6.10.04

Optimización y sufrimiento.

El del lado es Gustavo y es odontólogo. Cuando éramos pequeño fuimos buenos amigos pero luego que se fue a Barranquilla a terminar el colegio perdimos el contacto y un día lo volví a ver y la cara le había crecido, la nariz también y de su voz de antaño no quedaba nada, y eso para mi, esa visión, fue como asomarme a un abismo. No pude ni hablar, me quedé mudo. Apenas musité un tímido saludo que dudo haya sido suficiente para que él se permitiera obviar mi cara que dudaba entre la repulsión y la sorpresa. —Hola, Jaime, ¿qué más?— me repitió con esa voz que no era la suya y yo sonreí y solté la situación como cuando uno se cansa de jugar con un yo-yo que le aprieta, con rabia y un poco de frustración. Como es obvio, el yo-yo usualmente se parte en dos y uno lo deja ahi tirado en la calle dando sus últimas vueltas, se desentiende, y es mejor así porque cualquier otra estrategia implicaría hacer un esfuerzo por comprender esas cosas, por solucionarlas. Eso es muy dificil, no se puede.

Desentenderse es un mal de todos los días, a eso venía el cuento de mi desencuentro con Gustavo. Yo pude haberlo saludado, haber reafianzado una amistad que estaba ahí aun cuando llevaramos bastantes años sin vernos, pero en cambio decidí volver a la hamaca a ver televisión y dejar que Liliana se preocupara por esas cosas. Hoy sentí algo similar. Caminaba por Illinois Street hacia la casa a recibir la llamada semanal y el rabillo del ojo me alertó que algo ocurría en la calle. Volteé a mirar y una ardilla daba medialunas en el asfalto. Me alcancé a reir, pero la sensación cómica duró un segundo y medio porque luego me di cuenta de que una de sus patas posteriores estaba completamente destrozada y el animalito exprimía de sus pulmones el aire a chillidos. Fue visualmente fuertísimo. Para contrarrestar la impresión que me produjo, me tapé la cara con mi saco y seguí mi camino. Luego me puse a pensar que hubiera podido hacer algo. Hubiera podido, por ejemplo, tomar a la ardillita con mi saco y llevarla a un veterinario, de pronto aun había una opción. Pero no, yo preferí seguir. Uno siempre prefiere seguir, alejarse, es una especie de minimizador natural de tormentos.

Lo peor de todo, es que al cabo de un rato uno de todas maneras se siente mal. La naturaleza no es tan óptima después de todo. Debí al menos haberle dado una patada en la cabeza, habría dejado de sufrir, éso sí hubiera sido óptimo.
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5.10.04

Historias de Taxistas.


Para mi los taxis son sinónimos de despedidas o bienvenidas. Como yo no tengo carro, siempre me voy al aeropuerto en taxi. Muchas han sido las madrugadas bogotanas en las que he dejado atrás los cerros subido en un taxi hacia el aeropuerto. Primero eran negros, ¿se acuerda? Luego a alguien se le ocurrió pintarlos de amarillo, a mi me gustaban los negros.

Hubo una época en la que los amarillos ya se habían tomado las calles pero de vez en cuando uno veía uno que otro negrito viejo y lastimero. Usualmente eran conducidos por señores de gorra, señores sobre los cincuenta o sesenta, como el que manejaba mi ruta al gimnasio cuando estudiaba allá (¿Será que ya se murió?). A veces, por conmiseración, supongo, le sacaba el brazo a uno de los negritos, una de esas lanchas anchas con cojinería de cuero roja que huelen raro y tenian la placa vencida, como simbolizando su resistencia terca a envejecer.

Cuando me subo en el taxi siempre saludo con mucha educación y respeto, me parece que lo efimero del viaje no debe ser una razón para olvidar el buen trato, así que me subía en el taxi negrito, decía buenas tardes y luego le decía al señor, ¿me lleva a la cientoveintinueve con décima, si es tan amable?, ¿a la Bella Suiza?, a la Bella Suiza, si señor. Y apenas cerraba la puerta era como si viajara en el tiempo a la Bogotá de los setenta, la que me vio nacer pero yo no conocí, el taximetro era como uno de esos relojes viejos, una caja grande metálica con varios botones que reforzaban el sentimiento de que estaba en una máquina del tiempo, el señor ponía unas emisoras que parecían estar transmitiendo boleros directamente desde 1965, hablaba de cosas que ya no existían y tomaba unas rutas rarisimas por entre los barrios, como si las avenidas grandes hubieran dejado de existir de repente, como si en algún momento, tras cruzar la setentaydos, la ciudad se fuera a acabar de buenas a primeras y ser reemplazada por haciendas dispersas y vacas manchadas caminando por las rutas veredales que sustituirían la quince, la séptima y la cientoveintisiete.

Eventualmente llegaríamos a la cientoveintisiete con décima y sería imposible cruzar el canal así que yo le diría, déjeme aquí, ¿cuánto le debo?, doce pesos. Doce pesos le daría y luego cruzaría el caño usando el puente artesanal construido por mi abuelo para que las niñas no tuvieran que subir hasta la séptima. En lugar del pomona, de nuevo estaría la casa del señor Bucholz, el de la librería, que había abandonado a su mujer y convivía con la antigua empleada del servicio. Al fondo estaría el parque, la iglesia, la casa de mis abuelos. Fuera, mis tías jugarían golosa, un perro correría enloquecido por la calle, la famosa Laika que se murió cuando mi mamá todavía estaba en el colegio, mi abuelo estaría de nuevo tomandose una cerveza en la entrada, yo aun no existiría.

Eso pasa cuando uno toma taxis negros, por eso debe ser que me gustaban.
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4.10.04

Y así es todo.

Durmiente en Bangkok
Michel de Groot, Durmiente en Bangkok.

Qué dificil es comprenderla, qué dificil es asimilar la derrota y creerme inmune a su distancia. Qué dificil, continuó, es borrar su rastro y declarar independencia. Confesarse también es dificil, Roberto, y aquí está usté hablando conmigo. ¿No le parece un avance? La vaina de Roberto, lo que hace tan jodidamente complicado todo este asunto, es que cuando Marina lo dejó, el tipo apenas se estaba concientizando de que estaba enamorado. A veces eso toma tiempo y hay personas que deciden tomar los riesgos y esperan que los sentimientos los alcancen eventualmente, como esos paracaidistas acrobáticos que saltan y luego maniobran para alcanzar el paracaidas que viene después de ellos. Bajo esa perspectiva, Roberto es de los que finalmente encuentran el paracaidas cuando ya faltan como cien metros para reventarse. Marina no lo iba a esperar por siempre, usté siempre lo supo, mano. La cosa iba de capa caída desde ese paseo que hicimos todos juntos a Anapoima en el que, yo nunca le conté a Roberto, tuve un encontrón con Marina que nos dejó a ambos colorados y sudorosos. Pues claro que yo respeto a Roberto, ¿cómo cree?, lo que pasa es que después del cuarto trago ni Marina ni yo nos contuvimos. Marina es más bien poco lo que se contiene, para decirle la verdá. Y pues yo, ¿cómo le dijera?, la carne es débil y tiernita.

Le dimos vueltas y vueltas al asunto con Roberto en la cafetería. Yo le recomendé tomarse unas vacaciones en la costa con la amiga suiza esta que viene en diciembre a visitarlo. Caminamos un rato por la universidad, pasamos al lado de una vaca. Era una vaca gigante, inmovil, que nos observaba como desde otra dimensión. ¿Qué pensará? ¿Será que nos ve la cara de güevones? Total fue que sin querer o queriendo nos quedamos siempre como quince minutos frente a la pendeja vaca intentando comprender de donde venía esa tranquilidad, esa certidumbre que le colgaba de los ojos cual rutilantes lagañas y que a nosotros, que hemos vivido perdidos casi treinta años, nos produce unos celos enormes que nos llenan la boca de saliva y las manos de nadas pequeñitas y urticantes. Roberto dijo, Jueputa vaca pa'estar tranquila, ¿no, Julio? ¡Quien fuera vaca! Yo me reí, me puse a pensar en lo bueno que sería que la vaca hubiera mujido, y preciso ahí la bestia soltó un mujido que más parecía un aullido, como un llanto contenido por siglos, como si se le hubiera salido el alma por la boca. ¿Si ve, man?, le dije, la cosa no es tan fácil.

Luego de eso, fuimos caminando a tomar el bus en la caracas. Roberto iba pa'l sur, yo pa'l norte. Chao, mijo, gracias por todo. Fresco, viejito, fresco, nos hablamos después. ¿Va a venir mañana a clase con Molina? No creo, chino, mejor me quedo durmiendo. El pobre idiota ni se imaginaba que yo me iba a encontrar con Marina esa noche, ni el pobre idiota ni sus grandes ojos de cordero sabían, ¡quién lo diría!, que ella lo había dejado por mí.
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3.10.04

El agua, aunque potable, no se bebe: se lee.

Ayhan dice que Corán mata Biblia, que está mucho mejor escrito y es más interesante, yo le digo que el problema es que son libros de naturalezas distintas. La biblia es más enfocada hacia las historias y a mi el corán siempre me ha sonado a prosa lírica. De eso hablabamos porque minutos antes Dervish, un amigo de Ayhan, estaba diciendo que a él con frecuencia se le acercaban cristianos a convertirlo. Una cosa llevó a la otra y terminamos discutiendo airádamente frente a la Green Street Coffee House en Champaign, el refugio del grupo de lógica, sobre el valor literario de los libros sagrados. Era una discusión apasionada porque Ayhan, pese a ser profundamente ateo, defiende el corán a capa y espada, así que biblias y coranes retumbaban en la conversación todo el tiempo, cualquiera que pasara nos hubiera escuchado, alguien lo hizo.

¿Biblia?, dijo una voz a mi espalda, ¿Ustedes están hablando de la biblia?. Miré quién nos hablaba. Era un tipo negro en silla de ruedas sin piernas, un indigente de gorrito de lana, pocos dientes y los ojos amarillos, tenía un acento fuerte, era dificil entenderle, en cualquier caso lucía molesto e inició el retorno para confrontarnos. Una vez al lado nuestro dijo: ¿Cómo se atreven a hablar de la biblia? ¿Acaso ustedes saben dónde está la biblia? ¿Acaso saben qué es la biblia? Ayhan, Dervish y yo compartíamos la misma cada de estupefacción. ¡Imprudentes!, continuó, ¡aquel que no sabe qué es la biblia no le está permitido siquiera pronunciar su nombre! ¿Ustedes saben qué es la biblia? ¿Ustedes conocen la biblia? ¿La palabra (The word)? Ayhan respondió algo pero su voz de disolvió en el trueno de la voz del hombre que continuó su discurso frenético. Aquel que no conoce la palabra, dijo, no puede hablar de la palabra. Si ustedes quieren conocer la palabra, yo puedo enseñarles. Yo soy un hombre iluminado (I AM a HOLY man), ¿saben? ¡yo sé qué es la biblia, porque yo soy Juan Bautista! (I know what the bible is BECAUSE I AM John the Babtist!), volveré.

Tras decir esto, el tipo giró su silla de nuevo, nos dio la espalda y continuó su camino por Green Street hacia el oeste. Nosotros nos quedamos callados, estas cosas merecen un rato de reflexión para aceptar su realidad. Al cabo de unos minutos, Ayhan prendió un cigarrillo, Dervish siguió tocando su flauta turca y yo entré al café a tomarme un capuchino y trabajar. Intentamos hablar de algo, de la armonía de la flauta, creo, de las diferencias entre las notas turcas y las occidentales. No pudimos. En el fondo, todos nos sentimos un poco iluminados y en ese estado es dificil intercambiar palabras.
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Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom.

Estoy en donde estuve:
voy detrás del murmullo,
pasos dentro de mí, oidos con los ojos,
el murmullo es mental, yo soy mis pasos,
oigo las voces que yo pienso,
las voces que me piensan al pensarlas.
Soy la sombra que arrojan mis palabras.

(O. Paz, Pasado en claro)
Entre las montañas, en el medio de un valle semiselvático rodeado de riachuelos y empinados picos rocosos, yace un lago custodiado por el ojo de Buddha. Sobre el lago, un templo flotante navega llevado por el viento. Una campanita de metal tintinea, el hombre sagrado inicia su día despertando a su joven discípulo, quien sólo tiene cinco años. Primavera, verano, otoño, invierno...y primavera cuenta la vida del joven y rebelde discipulo usando cinco episodios de su vida que transcurren en el enigmático templo. Por ahí dicen que el zen se trata sobre todo de reir, de entender la broma de la existencia, por eso los koans parecen no tener moraleja. Esta película tampoco la tiene a pesar que trata temas contemporaneos. Simplemente, narra las desventuras del discipulo con tomas largas y lentas y grandes ángulos que lo hacen sentir a uno sentado en un pastizal junto al lago viendo el devenir de la vida de los dos monjes. Los dialogos son limitados a los justamente necesarios y la comunicación se apoya más en los gestos de los actores, en sus miradas, en su forma de moverse, en la intensidad de remado mientras navegan desde el templo hasta la orilla, en el rasgar del cuchillo contra la madera, contra la carne.


La película usa un montón de simbología oriental. Lo primero y más obvio es el cuento de los ciclos, que es claramente sugerido por el título. Adicionalmente, cada segmento tiene un animal, un color (yo diría) y una estación, cada segmento de hecho representa una etapa de la vida del discipulo mas allá de la interpretación obvia. Siendo completamente ignorante de los significados de los símbolos, me contento con haber visto una pelicula hermosa, con una mezcla de humor negro y drama, que cuenta la vida de un hombre desde una perspectiva completamente ajena a mi. Sin lugar a dudas es una de las películas filmadas en escenarios naturales que más me ha sorprendido desde el punto de vista visual. Las composiciones me recuerdan esos cuadros de Monet que muestran un mismo lugar en diferentes épocas del año. La recomiendo para los aprendices de samurai, monje, ninja y cocinero que estén buscando su verdadero camino. De no estar en ninguna de las categorias anteriores, no se preocupe. Primero que todo, así usted lo desconozca, hace parte de alguna de ellas, y en segunda medida, la verdad es que para ver esta película lo único que se necesita es disfrutar el buen cine y ésa, mi querido amigo lector, es una habilidad más o menos básica por estos días, seguro que usted la tiene.

Notas al margen:
  • No pude evitar recordar a mi amigo Alejandro Ondó, otrora elfo ranger de nivel diez y ahora biólogo y maestro de aikido. Hasta sensei ya le dicen, según tengo entendido. Alejandro siempre habla despacio y solo lo necesario, es extremadamente prudente y es buen consejero y buen amigo. A veces, cuando hablamos, me cuenta historias de hombres sabios caminando sin sandalias por caminos empedrados de japón, encuentros con monjes imprudentes, palabras dichas a la orilla del mar. Y así no las contara, no importaría, me las seguiría evocando de cualquier manera, pa'hacer eso Alejo no necesita palabras.
  • Compré dos libros: Galois theory of linear differential equations (M. Van der Put y M. Singer) y In the shadow of no towers (A. Spiegelman). El primero porque es la referencia obligada para lo que ha terminado convirtiendose en mi suplicio, obsesión y tema de investigación y el segundo porque me gustó el formato. Eventualmente les hablaré del segundo. Dudo que mencione acá el primero, aunque no prometo nada.
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2.10.04

Blanco, de O. Paz. (aparte)

los ríos de tu cuerpo
país de latidos
entrar en ti
país de ojos cerrados
agua sin pensamientos

entrar en mí
al entrar en tu cuerpo
país de espejos en vela
país de agua despierta
en la noche dormida

me miro en lo que miro
como entrar por mis ojos
en un ojo más límpido
me mira lo que miro

delta de brazos del deseo
en un lecho de vírgenes
el río de los cuerpos
astros infusorios reptiles
torrente de cinabrio sonámbulo
oleaje de las genealogías
juegos conjugaciones juglarías

subyecto y obyecto abyecto y absuelto
río de sales
"las altas fieras de la piel naciente"
rueda el río seminal de los mundos
el ojo que mira es otro río

es mi creación esto que veo
la percepción es concepción
agua de pensamientos
soy la creación de lo que veo

agua de verdad
verdad de agua
La transparencia es todo lo que queda
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Poeta: Jardinero de Epitafios.

Me detuve un momento en la plaza a amarrarme los zapatos. Cuando me levanté, me di cuenta de que todo el mundo alrededor hablaba por teléfonos celulares, todo el mundo.

Me sentí terriblemente solo.
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Versiones de Marta.

Para usted.

Uwe Noelke, Constanze October 16th

El escritor guatemalteco Juliano Jimenez no ha tenido la difusión que merece.

A Jimenez me lo recomendó Liliana cuando estuvimos discutiendo las vanguardias perdidas centroamericanas. A ella, a su vez, se lo recomendó el coordinador del taller de escritores al que asiste. A él se lo presentó personalmente la esposa de su profesor de teoría literaria cuando estuvo estudiando su maestría en México, parece que es un tipo simpatiquísimo. Jimenez ha publicado tres novelas, dos libros de poesia y tres ensayos. La primera novela, Instancias de Marta, es malísima, hace demasiado evidente la inmadurez del autor. La segunda, ¿Esperarás mi silencio?, prefigura claramente el destino literario de Jimenez pero no explota todo su potencial. Es necesario esperar hasta Mujer espinosa, su tercera novela, para darse cuenta que estamos tratando con uno de los grandes: un escritor de prosa firme y tono moderado que recurre con frecuencia a una técnica rarísima de sobreposición de voces en la narración que encuentro especialmente interesante y dificil de imitar sin caer ya sea en el ridículo o en el plagio. Adicionalmente, el estilo de Jimenez es fuertemente marcado por una tendencia, yo diría que compulsiva, a la repetición.

Todas sus protagonistas son mujeres. Guatemaltecas valientes que, trastornadas de una manera u otra, enfrentan circunstancias degradantes en Europa, las dos primeras, y en Los Angeles, la tercera. Las tres novelas comparten un capítulo, el séptimo, que camaleónicamente se adapta a los tres libros a la perfección. Los tres libros tienen diecisiete capítulos y rondan las ciento cincuenta páginas. En todas se menciona en algún momento a un tal Anatolio Vera, que ejerce como verdugo en una cárcel de alta seguridad en Texas, y en todas el final es decantado sobre una descripción excesivamente gráfica de una mutilación sin sentido. En todas la historia, a decir verdad, es la misma. Algunos sitios cambian, algunas personas, los diálogos, pero la historia global, la que cuenta la aventura de la protagonista enfrentada a su pasado y sus desventuras presentes, se mantiene invariante. Cuando le preguntan a Jimenez por qué se repite, él dice que ésa es una historia que le gustó mucho que una amiga le contó una tarde mientras caminaban por Paris, y que no ve la razón para no reescribirla hasta que se sienta bien con ella. —La historia está ahí—, ha dicho varias veces, —pero he sido incapaz de encontrarle la estructura. Hasta que la encuentre, seguiré escribiendola.— La primera vez la escribió y se ganó un concurso en Guatemala con ella, la publicó pero no quedó satisfecho, así que se sentó de nuevo a reescribirla modificando un poco la estructura y aprovechando la experiencia ganada escribiendo la primera. De este esfuerzo nació la segunda, que fue publicada por el ministerio de cultura guatemalteco aumentando el renombre del escritor en su país. La tercera la escribió en California mientras su esposa hacía en UCLA una maestría en lingüística. En esta ocasión, la historia original (acaecida en europa) fue condimentada con su experiencia personal en Estados Unidos y una lectura minuciosa que por esos años Jimenez hizo de Faulkner, Chesterton y Ayala. En una entrevista que leí por ahí, Jimenez dice con total desparpajo que no espera cambiar la historia demasiado para su próxima versión de la novela aunque en esta ocasión recalcará la importancia de un personaje secundario que es casi invisible en las tres versiones anteriores.

Jimenez se acaba de ganar el premio nacional guatemalteco de literatura. En su discurso de recibimiento del premio, aprovechó la ocasión para contar una anécdota de una amiga personal que, tras escapar de Guatemala durante los días dificiles, vivió en Paris una experiencia terrible de la que salió profundamente cambiada. —Marta se llamaba—, dijo, y se sumergió en un monólogo conmovedor que parecia hablar de cualquier cosa y por tanto se adaptaba de perlas a la ocasión. Los que lo han leido reconocieron de inmediato su famoso capítulo séptimo y sonrieron gozosos. Luego del monólogo, Jimenez volvió a la historia de Marta, cada vez más pantanosa y oscura, a sus amoríos con el escritor indigente, a sus sueños premonitorios, a las prefiguraciones de la tragedia, a su narración magnética. La hipnosis fue tal que cuando concluyó, nadie pudo detenerlo: Jimenez desenfundó un cuchillo de campaña que ocultaba en su bolsillo y se cortó la mano izquierda de un tajo frente a una audiencia horrorizada encabezada por el presidente de la república. La sangre brotó a borbotones y Jimenez cayó arrodillado junto al atril donde leía su discurso. Cuentan que se reía sin parar. Su mano izquierda, colgando de un tendón, apenas se sostuvo unos segundos y cayó al suelo salpicandolo todo con una sangre tibia y espesa, ahogandose en el mismo charco en el que, años antes, se perdió la memoria de Marta.

En este momento, el escritor Juliano Jimenez se encuentra en recuperación en una clínica en ciudad de Guatemala tras haber perdido una mano. El parte médico afirma que su condición es estable y dentro de poco será dado de alta. En una entrevista exclusiva al diario La Hora, el escritor afirmó con una sonrisa que no se había perdido nada, al fin y al cabo él escribe con la derecha, —como todos los héroes de la patria—.

Su próxima novela estará disponible en librerías en abril.
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1.10.04

Nocturno de Chile y El Gaucho Insufrible.

Nocturno de Chile parece escrito en una noche con fiebre alta. Es un sólo párrafo que se extiende —se derrama— por ciento cincuenta páginas. Narra las cabilaciones de Sebastian Urrutia Lacroix, cura chileno de derecha, fiel siervo de la obra, escritor de cuarta y crítico literario de renombre, mientras emprende el camino sin retorno hacia la mierda en su lecho de muerte. Excusado por los delirios, nos habla de su infancia, de sus amistades con la crema y nata podrida de la literatura chilena, sus encuentros tangenciales con Neruda, con la Junta, con el papa de la crítica literaria chilena, con el poder, consigo mismo. El libro no se detiene, no deja respirar, cuando se cierra, palpita.

El gaucho insufrible contiene cinco cuentos y dos ensayos. Un par de los cuentos lucen como experimentos de algo más grande (de la misma manera que La pista de hielo deja entrever unos Detectives salvajes), los otros tres son claros ejemplos de la capacidad que Bolaño tenía como suplantador. El cuento que brinda el nombre al libro, narra la historia de un juez que parte a la pampa tras la crisis argentina del 2001. Bolaño dice que para escribir no se necesita imaginación, que solo hace falta buena memoria, pero en estos cuentos implicitamente reniega de lo dicho porque hace alarde de una inventiva extraordinaria. Habla mucho de sueños, ¿se ha dado cuenta? Los personajes de Bolaño tienen sueños cuando duermen. Se despiertan y los recuerdan, visiones patibularias, caminos, encuentros, conversaciones, un halcón asiente respetuosamente. De pronto todo se basa en buena memoria e incontables noches de fiebres intensas y pesadillas. Mi cuento favorito de este volumen: El policía de las ratas, impecable.

Los dos ensayos que cierran el libro tienen formato de conferencia. Bolaño no podía escribir charlas encaminadas, las seis o siete que he leido siempre se van por las ramas y al final es dificil saber de que fue que habló. Por ejemplo, Literatura + Enfermedad = Enfermedad, habla sobre la enfermedad, su enfermedad, sexo, poesía francesa, más sexo, viajes, literatura y más sexo. Los mitos del Chtulhu, un poco más centrada, critica duramente las vanguardias literarias de la lengua española, rechaza a los santones y se queda con los laterales. Isabel Allende, Perez-Reverté, García Marquez, Ángeles Mastretta y otros más caen en sus garras y son tan despellejados como es posible sin correr el riesgo de ser demandado por injuria (aunque dudo que le importara). Esta conferencia la dio en Sevilla en un encuentro de escritores latinoamericanos a menos de dos meses de morirse (el encuentro publicó un libro con las ponencias, hay cosas interesantes, el libro se llama Palabra de América). Yo creo que Bolaño se murió furioso de tener que irse tan pronto, se le nota en el tono de las letras.
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30.9.04

Reflexiones sobre el retorno.

Hoy por la noche andaban en el pueblo Bernardo Uribe y Alf Onshuus (Bernardo por un par de días y Alf llega a estar durante lo que resta del semestre), fuimos con Alex Berenstein y Nano a conversar a un bar. Varios temas fueron tratados, unos más serios que otros. Entre los temas serios se discutieron las posibilidades de regresar a Colombia de cada uno (especialmente de Alf, Bernardo y Alex, que ya están terminando postdocs). Yo procuro no pensar mucho en eso pero tengo la confianza de que llegado el momento pueda conseguir un puesto en Bogotá donde dictar clase y hacer matemáticas. Andrés dice que el relevo generacional en los Andes y la Nacional ocurrirá pronto (o ya está ocurriendo). Yo confío en que cuando yo termine esta cosa, por ahí en dos años, aun tenga alguna opción de ocupar alguno de los puestos que los viejos profesores del departamento de matemáticas dejarán vacantes.

Es curioso como la gente asume que porque uno está acá entonces irremediablemente va a quedarse trabajando en Estados Unidos y lo miran a uno raro cuando uno dice con tranquilidad que el plan es volver a Colombia. La gente piensa que "llegar" acá es como coronar un premio de montaña, alcanzar un cierto estatus. Para esa gente, volver a Colombia equivale a renunciar a lo ya obtenido, a perder. Muchos piensan que uno está acá es escapando, no estudiando. Yo siempre les respondo que a mí vivir acá no me interesa. A los europeos, Sergio dice, esa respuesta los alivia (un inmigrante menos robándole el trabajo a un europeo honesto), a los gringos, por el contrario, hasta los insulta un poco. Ellos creen que ésto es el paraiso, debe ser que a mí los paraisos me aburren mucho.

Veamos qué sucede de acá a dos años, muchas cosas pueden pasar, pero si la vida sigue su curso normal sin baches (y en estos pueblos del midwest eso es relativamente fácil de lograr), yo terminaré ésto, intentaré conseguir un postdoc y, mientras estoy en ésas, pasaré papeles para poder trabajar en Colombia. Y no es por orgullo patrio (que pocón tengo) ni porque yo le deba tanto al pais (porque entre otras nunca he llevado la cuenta), sino simple y llanamente porque en Bogotá yo vivo bien y feliz y me siento parte de algo. A mi me gusta mi ciudad, la costa, mi universidad, mis amigos, mi familia, por eso vuelvo, o bueno, volveré.

Por ahora, me voy a mi cama. Tengo que hacer una tesis para poder volver y hoy Alex me recordó que las tesis no se hacen solas (muy a mi pesar).
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29.9.04

E. Vila-Matas o Satam-Aliv E. (trabaja los domingos).

Recomendado por mi editor, inicié una lectura semisistemática de la obra de Enrique Vila-Matas hace un par de meses. Primero me encontré con Suicidios Ejemplares y lo devoré con especial gusto porque es un compendio de cuentos bien escritos sobre un tema que, como ustedes saben, me interesa desde siempre. Animado por ese grato inicio, continué mi viaje dando un salto en el futuro para conocer un Vila-Matas más reciente y del cual me había hablando Bolaño en el vuelo de regreso de Barcelona este agosto. Para esto, me hice a copias de Bartleby y compañía y París nunca se acaba.

La primera no es una novela, si se es estricto en clasificaciones, sino un compendio de notas sobre la renuncia a la escritura. El narrador es un oficinista obsesionado con el fenómeno, repetido muchas veces en la historia, del escritor que dejó de escribir. La mayoría de las referencias mencionadas en el libro son ciertas, Vila-Matas hizo un trabajo bibliográfico admirable compilando casos de Bartlebys y luego nos cuenta las historias aderezadas con un tonito personal que lo hace a uno sentirse escuchando al decadente oficinista fumando un cigarrillo en la sala de su departamento minimal. Obviamente, inteligentemente intercaladas entre las referencias reales, oculta muchas referencias ficticias, autores inexistentes y citas y anecdotas falsas. El resultado es un texto denso que es grato leer tanto como una novela como si fuera una colección de notas aisladas sobre un mismo tema con cierta cohesión global.

El segundo, su último libro publicado, narra una versión ficcionalizada de los años del autor en París, cuando decidió ser un escritor siguiendo los pasos de Hemingway (el Vila Matas "real" dice que seguía los pasos de Gombrowicz) y entrelineas nos cuenta la historia de la concepción y nacimiento de su primera novela, La asesina ilustrada (1977) (entre otras, Bolaño dice que esa novela, junto a Los dominios del lobo de Javier Marias, "marca el punto de partida de su generación"). Al final el libro termina volviendose un discurso sobre el valor de la ironía y la importancia de reirse de si mismo. Vila-Matas, real o imaginario, somete su juventud a un juicio y la declara culpable de haberse dejado amargar inutilmente. Luego de leer el libro, mirando la fotografía en una de sus contraportadas, me di cuenta cuanto habia cambiado realmente el autor al compararla con la fotografía que acompaña Suicidios ejemplares. En Suicidios vemos a un hombre relativamente joven de mirada altiva y seria vestido impecablemente de negro que posa sus ojos en un objeto inexistente al lado izquierdo del lector, en Paris el mismo hombre quince años más tarde, con menos pelo, mira al lector con los brazos abiertos y una camisa desencajada que luce colorida pese a que la foto es en blanco y negro. ¿Qué sucedió? ¿qué cambió? ¿la ironía? ¿es sólo eso? Parece que tras treinta años escribiendo, Vila-Matas descubrió algo.

Su prosa es fluidísima y amena, me da envidia, sería bonito poder escribir así. Su narrador desenfadado y sarcástico se hace querer. Su arsenal de referencias intertextuales omnipresentes en todos sus libros lo convierte en un buen punto de partida de sendas literarias aun no transitadas. Yo, por ejemplo, he retomado mi interés por Pynchon y Perec. Su prólija dosis de referencias falsas, habilmente inmersas entre algunas verdaderas, contribuye a la loable labor de expandir el laberinto literario haciendolo más denso y confuso, más interesante para los lectores que nos gusta transitar por sus caminos.

Gracias, editor.
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Sometimes I give myself the creeps.

Yo no se sonreir.

A veces, frente al espejo, tomo conciencia de ese hecho y practico por un par de minutos intentando mejorar la mueca que debería expresar satisfacción pero que en su lugar produce al interlocutor una mezcla de confusión y desagrado y a mi un poco de vergüenza.

¿Sonreir es instintivo o se aprende?
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28.9.04

El ciclo del agua.

A diferencia de los llamados ángeles, quienes afirman que el salto al vacio es una forma de explorar su libertad (o estrenar sus alas), la mayoria de los pacientes con reincidencia en intentos de suicidio por inmersión en agua comparten la opinión de que el acto es involuntario, ellos simplemente acuden al llamado del agua. Tomás (38), economista, habla de hecho de una voz infiltrada entre los golpes de olas que pronuncia su nombre y que lo obliga a ir hacia el acantilado. Lina (50), pediatra, afirma ser inducida al acto por los peces que nadan entre sus piernas. A ésos, por supuesto, los llamamos nereidas.

Lautaro es un caso aparte. Lautaro afirma ser cincuenta litros de agua pura. —Soy súmamente frágil, doctor,— me dice en secreto, como si temiera por su seguridad, —necesito regresar al mar.— Como no conocía el mar, lo llevamos, lo invitamos a acompañarnos a la playa, él fue, se sentó en la playa, se bronceó, leyó un libro, hizo castillos de arena, conversó con las bañistas y se tomó una cerveza, ni se le pasó por la cabeza entrar al mar. Cuando se lo sugerimos, dijo con una sonrisa, —no se nadar bien, doctor, de pronto me ahogo—. Indignados, hasta pensamos que era un vivo aprovechando la caridad publica para conocer el mar. De vuelta en la clínica, le preguntamos por qué no volvió al mar teniendo la oportunidad a menos de dos metros, y nos respondió que esa no es la manera correcta. —¿Cuál es la manera correcta, entonces?—, le dijo Mendoza, —Por rio, doctor, por rio. Al mar se llega por rio.— Engañados, lo creimos curado y lo enviamos a casa con un informe que decía que el shock de enfrentar la irrealidad de su fantasía lo había liberado de su psicosis. Orgullosos, escribimos un artículo y lo publicamos en una revista gringa, nos invitaron a un congreso en Palm Beach, Mendoza fue y hasta lo aplaudieron, o eso dice él, yo no fui porque no tengo visa.

Como les dije, estábamos equivocados. Seis meses después de haber sido dado de alta, Lautaro se despidió de sus hijos y su esposa y caminó hasta el nacimiento del río Bogotá, donde por séptima vez intentó infructuosamente ahogarse en el charquito primigenio de menos de 30 centímetros de profundidad. Allá llegamos con la esposa y lo encontramos llorando congelado del frio. —No puedo seguir el camino del río, doctor. No puedo, pero debo hacerlo.— decía mientras paradójicamente casi se ahogaba en sus propias lágrimas.

Me gustaría encontrar alguna manera de curar a Lautaro, el doctor Mendoza me ha sugerido dosis altas de litio y electrochoques. Me gustaría encontra alguna otra manera de curarlo. Por lo pronto lo llevamos al mar dos veces al año.
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The violent crimes?

Para Olavia, que lee.
All perfectly natural in a society whose advances are limited to its technology. The basic behavior of the modern human is hardly different from that of its primitive ancestors, the only noticeable changes are trends. Whether in a suit, or in a loincloth, people are ignorant little thorns, cutting into one another. They seem incapable of advancing beyond the violent tendencies which at one time were necessary for survival. (...)
Una señora de treinta y cinco años, D., envenena a sus dos hijos menores (de dos y seis años) durante el décimo cumpleaños del mayor (me recuerdan a su padre, escribe en su diario) y se los ofrece fritos en aceite hirviendo, como pavos, al orgulloso cumpleañero y sus invitados. Por supuesto, varios de los niños de la fiesta se intoxican y se inician las indagaciones de lo sucedido. La señora D. dice que les dio pavo deep fried, cuando le preguntan por los hijos menores, dice que los envió donde su abuela en St. Louis. Como su esposo la abandonó hace dos años y medio y su madre no tiene teléfono en el rancho cerca a St. Louis, es imposible constatar su versión de lo ocurrido. Días más tarde, la señora le cuenta a su hijo, J., que sus hermanitos murieron porque su abuela le prendió fuego a la habitación donde dormían y luego se suicidó. El niño, desde luego, es terriblemente impactado por la noticia. La mujer inicia un luto riguroso, deja de ir al servicio dominical y cuando los vecinos le preguntan qué sucedió, ella les cuenta la tragedia entre sollozos. La versión estable afirma que antes de prenderle fuego a la habitación, la abuela senil los degolló. A nadie se le ocurre confirmar la historia.

Todo queda en el olvido (o es reprimido, como quiera verlo), el niño crece y viene a estudiar ciencias políticas y música a la Universidad de Illinois. Es estudiante mio y por eso le conozco, es retraido y callado, trabaja duro y le ha ido bien pese a estar tomando un curso de segundo año (que ni siquiera necesita para su major) siendo sólo de primero. El fin de semana pasado, va a la casa y, mientras la mamá prepara la cena, baja al sótano a buscar unas partituras que pertenecían a su padre. Junto a las cajas de libros hay un pequeño baul que por pura curiosidad husmea y allí encuentra los huesos limpios de sus dos hermanos, un perro y varios gatos. De repente entiende todo, entra en shock, sube a la cocina con un bate de beisbol metálico y arremete contra su madre indefensa destrozandole las vertebras del cuello. Por supuesto, la señora muere.

J. llama a la policia, confiesa todo, la policia lo captura y el decano de Liberal Arts me envía una carta poniendome al tanto de la situación e informándome que J. no volverá a clase. J. era un tipo bueno, ayudaba a sus compañeros y era vegetariano desde hacía un par de años, estaba orgulloso de su habilidad con el violín. En el primer exámen del curso había sacado 89 sobre 100.

Con la historia a cuestas, ahora es tiempo de volver al discurso de Johnny:
(...) I'm sure that if you searched into the lives of some of these victims, you would find out that they, themselves, were the cause of their very deaths. In those cases, the so called "victim", at some earlier time played some part in the creation of their "killer". I believe that the life ended was ended for the fact that it was wasted on something that would never evolve beyond the childish cruelty so many never cast off.
Jhonen Vasquez,JTHM.
(Anécdota relevante en el medio de la cita, abra bajo su propia discreción.)
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27.9.04

Acipenser sturio.

—Habría que llegar a la conclusión de que las revoluciones le sientan mejor al caviar que las democracias, porque bajo el comunismo no había escaseado, y en el revolucionario Irán islámico, el caviar seguía siendo lo que había sido.

Así lo expuso en voz alta, para escándalo del ponente.

—¡Nada en el comunismo era mejor!
—Yo creo que el caviar sí.
—¡Nada! ¡Nada!
M. Vázquez Montalbán, Milenio Carvalho I.
Mi papá, en uno de esos fines de semana que fuimos a Silvania en marzo pasado, me llevó a la finca de un tal Fausto para que vieramos el cultivo de caviar artesanal que el hombre había montado. Silvania queda entre los andes y cualquier rastro de mar se encuentra a una hora en avión, así que para mantener vivos los esturiones se necesita más que suerte. Don Fausto, que se obsesionó con el caviar tras vivir por dos años en Noruega, al volver a Colombia tuvo el sueño de producir caviar nacional tipo exportación. Sin embargo, su sueño tuvo que esperar bastante para hacerse realidad porque de europa Fausto sólo trajo deudas y le tomó casi veinte años amasar el capital suficiente para iniciar su proyecto. Para empezar, contrató una firma de ingenieros que se las idearan para montar junto a su chalet en Silvania un tanque que pudiera albergar aproximadamente doscientos esturiones adultos. También contrató un biologo, Ignacio, coincidencialmente amigo de Fidel, quien, junto con un ingeniero químico, desarrolló un sistema mantener la salinidad y la temperatura del agua en los niveles necesarios para que los peces puedan vivir a sus anchas.

Mi papá conoció a Fausto por casualidad en una de sus visitas a una clínica de reposo de Fusagasugá donde tienen a Mario, su compañero de habitación durante sus años de estudiante en París, quién se volvió loco a punta de cocaina y filosofía en Freiburg (algún día tengo que hablar de esa historia). Fausto también lo conocía y solía ir a visitarlo para que hablaran de Beckett, la pasión eterna de Mario. Allí fueron presentados y no bastó mucho tiempo antes de que Fausto mencionara el orgullo de su vida y mi papá, intrigado, fuera a ver si era posible tal milagro en el medio de la montaña. Fuimos él y yo, mis hermanos se quedaron jugando parqués con mi abuela en la casa, y Fausto nos recibió con una bandeja rebosante de perlitas negras que mi papá procedió a engullir con saltinas y una cucharita. Dijo que era el mejor caviar que había probado en su vida, pero mi papá alardéa con frecuencia así que es mejor no creerle. Por mi parte, yo no me atreví, me dio asco. Fuimos al estanque y vimos los esturiones importados de Irán y el laboratorio donde se extraía el supuesto manjar, que contaba con tres empleados, campesinos locales entrenados personalmente por Fausto en el arte de extraer las huevas (cada vez que Fausto dice huevas, los campesinos sonríen socarronamente). Luego de la visita, volvimos a la casa de Fausto, que por dentro está decorada como si fuera un yate anclado en el mar del norte, y mi papá y Fausto comieron más caviar, esta vez acompañado de jerez bien frio. Al final, Fausto me insistió tanto que lo probara que me hizo sentir mal por mi prevención ignorante y terminé metiéndome una cucharita de caviar en la boca. Casi me vomito, es horrible. Por cortesía sonreí y hasta me relamí. Necesité más de tres copas de jerez para sacarme el sabor de la boca, el hedor me acompañó con fidelidad por, al menos, un par de días.

Fausto exporta a centro y sur américa su caviar. Es barato porque todo es tecnología local y el criadero de esturiones ha sido exitosísimo. El tipo dice que la altura le sienta al producto y que al no estar al nivel del mar, bajo menor presion, las huevas son más grandes y sabrosas. No me consta, lo único que me consta es que este hombre de setenta años, atletico, narizón y barbudo, tiene un cultivo de esturiones en plena montaña andina. Ahora que lo pienso, ¿Será que a cambio del prodigio le vendió el alma al diablo?
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