Dias en que no pasa nada.

Federico Rabinovich, El Ciego.
Siempre me pregunto cómo hace Emilio para llegar al lugar donde pacientemente reposa sentado mientras espera unas manos caritativas, el tintinear de monedas y las miradas de desprecio que no ve pero que lo queman. Cada día me levanto más temprano con la esperanza de verlo llegar. ¿Llegará en un bus? ¡Pero si el pobre apenas tiene un rastro de pierna! ¿Quién lo traera? ¿Acaso alguno de sus hijos? ¿Tendrá hijos? ¿Amigos? ¿Cómo traerá el acordeón? ¿Pesará? Emilio ya me conoce por el timbre de mi voz, o por mi olor, o por el ritmo de mis pasos. —Cómo está el día, don Esteban, ¿mucho sol?—, me pregunta.
—Mucho sol, Emilio, va a hacer calor al medio día.—
—Y las montañas, ¿hoy también verdes?—
—Hoy también Emilio, hoy también.— Emilio, ciego de nacimiento, dice sentir especial predilección por el color verde. Yo no he tenido el coraje de reconocer que el verde casi no me gusta y que prefiero el anaranjado, creo que le rompería el corazón.
Hablamos de todo pero no me atrevo a preguntarle cómo llega ahí. He caminado de noche y me consta que no duerme en la esquina de la trece con cuartentaydós, que en algún momento entre las siete y las nueve desaparece con su manta, su perrito y su acordeón. Vuelve a aparecer entre las cinco y las ocho de la mañana y se está ahí todo el día. A veces le doy pan, a veces se rehusa a recibirlo, dice que él es un trabajador responsabe y que no puede comer en horas laborables.
El otro día unos muchachos le pegaron. Lo encontré todo magullado y lo llevé al hospital en un taxi. No me querían dejar entrar al hospital con él, les dije que yo pagaba, que no había problema, que por favor lo atendieran. Al final resultó ser menos grave de lo que lucía pero ahora Emilio tiene puntos en la cara y la sonrisa un tanto desdibujada. Es un tipo bueno, sus papás lo abandonaron y lo crió su abuela. Cuendo su abuela murió, quedó a cargo del bienestar familiar y, al cumplir dieciocho años lo dejaron ir, no le dieron nada, así son acá. Tiene como sesenta años, ha vivido en la calle toda su vida. Dice que conoce Bogotá como la palma de su mano, ¿será ironía?. Dice que sabe en qué lugar está por los olores y el sonido a su alrededor. Le gusta la trece, es su calle favorita, le gustan los perros calientes con todo de la esquina de la cuarentaycinco. Conoce a todos los habitantes regulares de dos cuadras a la redonda e indigentes de toda la ciudad vienen a pedirle consejo. Una vez lo vi resolver un conflicto de camaradas, al final todos se abrazaron. En las cuencas vacías de Emilio, se los juro, algo brillaba.
—Cómo pasa el tiempo, ya es noviembre, ¿no? Creo que ya me está llegando la hora de marcharme.&mdash, me dijo el otro día cuando yo pasé caminando a verme algo en Teusaquillo. —¿A donde, Emilio?—, le pregunté, —¿a su casa?—. — No, don Esteban, ésta es mi casa. Cuando me vaya lo sabrá, no se preocupe.—, me respondió a carcajada abierta, mientras habilmente pelaba un sapote que le había regalado.
¿Y si se va y no vuelve? ¿Y si me levanto mañana y no está ahí? Ayer me soñé que Emilio desaparecía sin dejar rastro. Que lo buscaba y lo buscaba y al final lo encontraba en medicina legal. Cuando llegaba a reconocer el cadaver, ya se lo habían llevado para la fosa común. Me dejaba una nota, una nota para mi con una letra temblorosa y dificilmente legible. Era un sueño terrible, la nota no decía nada, parecía escrita en otro idioma. El pánico se apoderó de mi y me desperté dos minutos antes que sonara la alarma. Tras vestirme y desayunar, salí a la calle y descubrí con alivio que Emilio estaba en la misma esquina de siempre, sentado sobre su manta, mirando fíjamente hacia arriba, como si estuviera enamorado del cielo. —¿Cómo le va, don Esteban? ¿mucho sol?—
—Mucho sol, Emilio, va a hacer calor al medio día.—
—Y las montañas, ¿hoy también verdes?—
—Hoy también Emilio, hoy también.—
Le dejé unas monedas en la lata, caminé hacia el paradero, el colectivo pasó pronto. No se subió nadie hasta que llegamos a la veinticuatro. Llovió en la madrugada, Bogotá huele distinto. Eloisa se fue para España hace dos años.
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