9.11.04

Dias en que no pasa nada.


Federico Rabinovich, El Ciego.

Siempre me pregunto cómo hace Emilio para llegar al lugar donde pacientemente reposa sentado mientras espera unas manos caritativas, el tintinear de monedas y las miradas de desprecio que no ve pero que lo queman. Cada día me levanto más temprano con la esperanza de verlo llegar. ¿Llegará en un bus? ¡Pero si el pobre apenas tiene un rastro de pierna! ¿Quién lo traera? ¿Acaso alguno de sus hijos? ¿Tendrá hijos? ¿Amigos? ¿Cómo traerá el acordeón? ¿Pesará? Emilio ya me conoce por el timbre de mi voz, o por mi olor, o por el ritmo de mis pasos. —Cómo está el día, don Esteban, ¿mucho sol?—, me pregunta.

—Mucho sol, Emilio, va a hacer calor al medio día.—

—Y las montañas, ¿hoy también verdes?—

—Hoy también Emilio, hoy también.— Emilio, ciego de nacimiento, dice sentir especial predilección por el color verde. Yo no he tenido el coraje de reconocer que el verde casi no me gusta y que prefiero el anaranjado, creo que le rompería el corazón.

Hablamos de todo pero no me atrevo a preguntarle cómo llega ahí. He caminado de noche y me consta que no duerme en la esquina de la trece con cuartentaydós, que en algún momento entre las siete y las nueve desaparece con su manta, su perrito y su acordeón. Vuelve a aparecer entre las cinco y las ocho de la mañana y se está ahí todo el día. A veces le doy pan, a veces se rehusa a recibirlo, dice que él es un trabajador responsabe y que no puede comer en horas laborables.

El otro día unos muchachos le pegaron. Lo encontré todo magullado y lo llevé al hospital en un taxi. No me querían dejar entrar al hospital con él, les dije que yo pagaba, que no había problema, que por favor lo atendieran. Al final resultó ser menos grave de lo que lucía pero ahora Emilio tiene puntos en la cara y la sonrisa un tanto desdibujada. Es un tipo bueno, sus papás lo abandonaron y lo crió su abuela. Cuendo su abuela murió, quedó a cargo del bienestar familiar y, al cumplir dieciocho años lo dejaron ir, no le dieron nada, así son acá. Tiene como sesenta años, ha vivido en la calle toda su vida. Dice que conoce Bogotá como la palma de su mano, ¿será ironía?. Dice que sabe en qué lugar está por los olores y el sonido a su alrededor. Le gusta la trece, es su calle favorita, le gustan los perros calientes con todo de la esquina de la cuarentaycinco. Conoce a todos los habitantes regulares de dos cuadras a la redonda e indigentes de toda la ciudad vienen a pedirle consejo. Una vez lo vi resolver un conflicto de camaradas, al final todos se abrazaron. En las cuencas vacías de Emilio, se los juro, algo brillaba.

—Cómo pasa el tiempo, ya es noviembre, ¿no? Creo que ya me está llegando la hora de marcharme.&mdash, me dijo el otro día cuando yo pasé caminando a verme algo en Teusaquillo. —¿A donde, Emilio?—, le pregunté, —¿a su casa?—. — No, don Esteban, ésta es mi casa. Cuando me vaya lo sabrá, no se preocupe.—, me respondió a carcajada abierta, mientras habilmente pelaba un sapote que le había regalado.

¿Y si se va y no vuelve? ¿Y si me levanto mañana y no está ahí? Ayer me soñé que Emilio desaparecía sin dejar rastro. Que lo buscaba y lo buscaba y al final lo encontraba en medicina legal. Cuando llegaba a reconocer el cadaver, ya se lo habían llevado para la fosa común. Me dejaba una nota, una nota para mi con una letra temblorosa y dificilmente legible. Era un sueño terrible, la nota no decía nada, parecía escrita en otro idioma. El pánico se apoderó de mi y me desperté dos minutos antes que sonara la alarma. Tras vestirme y desayunar, salí a la calle y descubrí con alivio que Emilio estaba en la misma esquina de siempre, sentado sobre su manta, mirando fíjamente hacia arriba, como si estuviera enamorado del cielo. —¿Cómo le va, don Esteban? ¿mucho sol?—

—Mucho sol, Emilio, va a hacer calor al medio día.—

—Y las montañas, ¿hoy también verdes?—

—Hoy también Emilio, hoy también.—

Le dejé unas monedas en la lata, caminé hacia el paradero, el colectivo pasó pronto. No se subió nadie hasta que llegamos a la veinticuatro. Llovió en la madrugada, Bogotá huele distinto. Eloisa se fue para España hace dos años.
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8.11.04

Mis vidas en forma de pájaro.

Para Mónica, por resucitarme.

Como yo soy un tipo con un ego grande, de esos que se pueden compartir, que no caben dentro de mí, no me sorprendió mucho que Tulio Molina, técnico electricista natural de Tegucigalpa, me llamara el día de ayer para contarme que yo era una de sus reencarnaciones pasadas y que estaba feliz de haberme encontrado por fin.

Cuando uno es apenas un iniciado en la nueva era y el milenarismo, tiene una cierta tendencia a creer que eso de la reencarnacion respeta la linea del tiempo. Sin embargo, cualquiera que ha leido algo un poco más allá de lo básico (o ha asistido a un par de charlas del profesor Brian Weiss) sabe que el alma se mueve en una de las trece dimensiones adicionales en las que está sumergido nuestro tetradimensional espacio-tiempo y que, por tanto, trasciende los devenires físicos y las tan mentadas flechas del tiempo. Una de mis pruebas favoritas de este indiscutible hecho es mencionada precisamente por Weiss en su libro Soulynamics (Las maravillosas dinámicas del alma) publicado recientemente en español por Círculo de Lectores. Cuenta Weiss que en 1987 un par de antropólogos holandeses en colaboración con un lingüista histórico de Salamanca (el reconocido doctor y académico José Antonio Pascual, me enteré después), tras revisar las transcripciones en griego de algunos discursos, concluyeron que, en varias apariciones publicas tras la muerte de Jesus, el apostol Santiago habló a las multitudes congregadas en sinagogas en castellano, más específicamente en la variante que se habla actualmente en La Habana. La explicación de Weiss es que Santiago había tenido una vida pasada en la cual había sido un pescador cubano. El informe de los holandeses brindaba pistas sobre el personaje en cuestión y estas pistas, escasas pero sustanciosas, permitieron al equipo de Weiss encontrar a Amadeo Torres, natural de Matanzas, pescador, cantante de son, jugador obsesivo de ajedrez, admirador del Che Guevara y padre de seis hijos, quien tras un par de regresiones conducidas personalmente por el doctor Weiss, dio claras muestras de ser una reencarnación del mencionado apostol (Weiss aclara que no es apropiado llamarla una reencarnación anterior porque, siendo absolutamente precisos, "todas las reencarnaciones ocurren técnicamente al 'mismo tiempo'"). Una de ellas, quizás la mas importante, es que tras la tercera sesión Amadeo empezó a entender arameo y a recordar momentos cruciales de la vida de Jesucristo de los cuales fue testigo presencial. Jocosamente, Weiss anota acá que las confesiones de Amadeo prueban, de nuevo, que los evangelistas obviaron lo fundamental.
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Suena el teléfono, contesto: —¿Javier Moreno? Mi nombre es Tulio Molina y yo fui usted en una vida anterior.— Eso me dijo el hombre en un acento indistinguible pero que adiviné centroamericano. Luego de la escueta presentación, consideró pertinente explicarme las razones que lo llevaban a concluir semejante cosa. Tulio, tras una racha de mala suerte que lo dejó sin mujer, sin dinero y sin casa, por recomendación de su hermana Lucrecia acudió a consulta con un afamado mentalista hondureño que tras una serie de exámenes, en orden de hacer una limpia espiritual general, le propuso a Tulio que se sometiera a un par de sesiones de regresión que ayudaran a encaminar su alma en una manera karmicamente favorable.

En la primera regresión Tulio descubrió que había sido un español mujeriego y falangista de primera generación llamado Roberto Acuña, quien fue amigo íntimo de Primo de la Rivera y que murió apuñalado en un bar madrileño en el 37 por cuenta de un par de comunistas borrachos. El segundo día de sesión fue complicado, varias reencarnaciones salieron a relucir. Entre las más importantes figuran una valiente jovencita alemana del siglo XIX que dejó la comodidad de su casa a los dieciocho años y escapó a África, donde murió de fiebre tifoidea solo siete meses después; un criador de camellos jordano que tuvo veinte hijos y seis esposas y que, al final de sus días, declaró, cegado por la locura, ser uno de los nuevos profetas del Islam; un recio cruzado que perdió la vida valientemente en una de tantas tomas a Jerusalén; un asesor especialmente vicioso del papa Inocencio VIII al que se atribuye la redacción de los apartes más crueles del Malleus Maleficarum; una prostituta somalí que fue violada y asesinada posteriormente por soldados norteamericanos en Mogadisho; uno de los soldados norteamericanos que violó a la pobre prostituta somalí y que ahora mismo vive en Nebraska criando llamas y un noble inglés del siglo XVII que fue decapitado tras sugerir en una audiencia pública que la reina no se bañaba lo suficiente. Esta sesión dejó a Tulio confundido y mareado. En la tercera sesión aparecí yo. Tulio dice que fue una regresión parcial, que no recuerda muchos detalles pero que el profesor Tinieblas, su mentalista, anotó mi nombre y algunos datos. Otras cinco reencarnaciones fueros vislumbradas, unas cuantas ocurrirán en un par de siglos, es dificil decir algo al respecto. Varias sesiones de interpretación siguieron y luego de ellas se decidió que a Tulio le convenía, por meras razones terapeuticas, contactar al soldado norteamericano en Nebraska y al matemático colombiano en Illinois, los dos que compartimos el mismo espacio temporal que él.

Como no sabe inglés, pensó que quizás era mejor contactar primero al colombiano. El esposo de la hermana corrió una búsqueda en google y no fue dificil dar con mi paradero. Tulio quiere saber más de mi, quiere que le cuente mi vida para saber qué le espera. Le intenté explicar que, en principio, mi vida podría ser, en algún sentido, anterior a la suya y en ese caso, ya habría sucedido. Él de todas maneras dice estar muy interesado en mí. Ha estado leyendo matemáticas, dice que luego de la sesión siente que puede entenderlas. Tambien le ha echado un ojo a mi blog, le gustó la entrada sobre Edgar Umaña, me preguntó si el tipo realmente existía, le dije la verdad. Me propuso que me hiciera una regresión para ver si le podía decir algo de su vida pero yo me rechazé enfáticamente pues me han dicho que la resaca después de esas cosas es brutal. También quiere que lo ayude a contactar al marine. Su nombre es Edward Jameson, vive en Nebraska, tiene una esposa y un criadero de llamas directamente importadas de Bolivia. Tulio ya tiene el teléfono, ahora quiere que yo llame a Edward y le diga que soy una de sus reencarnaciones pasadas, o que al menos intente indagar qué sabe de la vida de Tulio. He accedido a escribirle un correo electrónico si Tulio es capaz de conseguirlo. Obviamente él ya se puso a la tarea y me prometió que la próxima semana me tendrá noticias. Hace un par de horas recibí un e-mail suyo contándome detalles de la vida del falangista que compartió nuestra alma. Parece que estuvo enamorado durante muchos años de la hermana de su mejor amigo, parece que le gustaba el vino de Rioja y que conoció a Franco cuando apenas ingresaba a la escuela militar. Llamando a algunos de sus familiares vivos en España, Tulio ha logrado ubicar el sitio donde yace su cuerpo, un pequeño cementerio en las afueras de Madrid. —Ahí estamos tú y yo enterrados, Javier. ¿Puedes creerlo?— me dice antes de cerrar el largo mensaje. Yo no se si creerle o no, pero lo cierto es que anoche soñé que me llamaba Roberto, que tenía sabor a vino en la boca, que el vino se salaba, se volvía sangre, que un dolor insoportable estallaba en mi espalda, que el dolor envolvente no me dejaba escuchar a la cantante y que luego sentía tierra caer sobre mi rostro, cubriendome. Me desperté súbitamente y con dificultad para respirar, como si mi ya olvidada asma hubiera encontrado una salida de su encierro de más de diez años.
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7.11.04

Restaurante Villa Celina (Momil, Córdoba, Colombia).

Cada tanto vuelvo a añorar el restaurante de comida libanesa que había en Lorica. Quedaba en un segundo piso en una especie de terraza cubierta con palma y rodeada de helechos prehistóricos. Con mi mamá fuimos muchas veces hasta que lo cerraron, un bar para parejas furtivas pareció dar mejores dividendos, los helechos siguen ahí.

Las alternativas gastronómicas de calidad en el pueblo nunca han sido muchas, la cocina del bajo sinú no es muy diversa pero aún así es posible encontrar en las inmediaciones del pueblo algunas opciones interesantes. Mi favorita desde hace unos años es Villa Celina. Momil flotaba sobre la cienaga grande de Lorica hasta que se secó por culpa de la hidroeléctica de Urrá. Para llegar usted puede tomar la carretera que de Lorica lleva a Sincelejo sin pasar por Coveñas o, recomendado por mi tio Juan, tomar una lancha en la muralla (malecón al lado del río) que lo lleve a través del brazo del caño Aguas Prietas hasta la cienaga y de allí hasta el restaurante tras, diría yo, media hora de viaje. Todo el mundo en Momil sabe dónde es Villa Celina así que es imposible perderse. Creo que no exagero si les digo que ese restaurante es la única razón por la que alguien pasa por Momil de vez en cuando. De no existir, es posible que los aislados momileros hasta hubieran desarrollado su propio lenguaje.

Ya en Villa Celina, llegue de la manera que llegue, encontrará varios comedores/quiosco separados por caminos de piedra con la cocina en una cabaña central en los que puede elegir una de dos vistas: Si lo suyo es el culto a la naturaleza, la cienaga es el lugar donde poner los ojos mientras espera la comida (no son especialmente veloces, pero si se tratara de velocidad, probablemente nunca hubiera ido a Córdoba para empezar). Es una masa de agua que se extiende hasta donde alcanza la vista. Es agua verde, de muchos verdes, donde en tardes adecuadas se refleja un sol ensangrentado y gigante. Hay muchas garzas blancas y muchos pájaros, también hay tortugas pero esas no se ven. Si, por otro lado, lo suyo es la conciencia social, le recomiendo que mire hacia el pueblo. Momil debería estar muerto, es un caserío pobre y triste de niños desnudos, barrigones y descalzos corriendo por calles fangosas. La gente no tiene hambre porque la tierra es rica y da para sobrevivir, pero no para mucho más. Hay mucha gente enferma, mucha suciedad, muchas moscas, mucha miseria. El restaurante es limpio y aislado del pueblo, pero el pueblo está ahí, por si acaso quiere darse un chapuzón de realidad.

Bueno, la carta no tiene muchas opciones pero tampoco las necesita. Si usted va a Villa Celina no tiene otra opción sino comer bocachico, el alimento por excelencia de los pobladores de la rivera del Sinú. El cocinero del restaurante le ofrece varias opciones de preparación. Todas cuestan más o menos lo mismo y no pasan de los ocho mil pesos (tres dólares). Mi favorito es el bocachico "al cabrito", cuya preparación requiere que sea primero frito y luego cocido en una guiso de verduras y leche de coco que le da un gusto delicioso. Todos los platos vienen acompañados de una ensalada básica, patacones y sabroso arroz con coco. El sancocho de bocachico es otra opción que puede considerar, pero si quiere disfrutar de la experiencia del sancocho como se debe, el lugar no es Villa Celina sino el mercado de Lorica, donde por tres mil quinientos pesos (un dolar y medio) le sirven un buen plato con su sarapa (Hoja de Bijáo) rellena con arroz, ñame, yuca, platano y papa. El mercado está lleno de moscas, así que mi mamá recomienda pedir el sancocho para llevar (to go). Yo creo que vale la pena comerselo al menos una vez en las alargadas mesas del mercado, junto a los clientes regulares, escuchando las historias y empapándose del cadencioso acento local. El único cuidado que hay que tener con el bocachico es que tiene muchas espinas. El ritual de comerse uno entero toma horas pues requiere filtrar los finísimos huesillos. En caso de pasarse uno, el patacón o un buen mordizco de yuca son buenas opciones para bajarlo del gaznate.

Bueno, eso es todo por el lado de la comida de rio. Otro día les hablo de la comida de mar.
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4.11.04

Continuarán.

We're all one thing, Lieutenant. That's what I've come to realize. Like cells in a body. 'Cept we can't see the body. The way fish can't see the ocean. And so we envy each other. Hurt each other. Hate each other. How silly is that? A heart cell hating a lung cell.
The Three
1.

Me hubiera gustado tener otra respuesta, pero el cinismo era la única manera que conocía para ocultar la frustración. Yo pensaba que llegaría algún momento en que aceptaría con estoicismo mi penosa situación y renunciaría a seguir mirándola de esa manera, pero la necesidad parecía alimentarse del tono de su voz, sus largas emes y la manera de mirarme como si yo no existiera, como si yo no importara. —Usté es una causa perdida, Jaime. Esa mujer no le conviene.— Me dijo Arturo mientras nos tomabamos un jugo de naranja sentados en el prado de la universidad. —No, mano, se equivoca,— le respondí, —ella es la causa perdida, yo soy sólo el idiota que sigue buscándola.—

2.

Nuestra amistad siempre ha estado marcada por los desencuentros. Es una amistad difusa que se niega a sentar raices, que siempre está dispuesta a ser arrasada por el viento, como esos arbustos suicidas de las estepas llaneras. Por un rato me preocupó que fuera así, pensé que las amistades débiles engendraban pesares y, por tanto, debían ser evitadas a toda costa. Con el tiempo, sin embargo, he aprendido que no es débil sino flexible y hasta aprecio las borrascas que regularmente la agitan cual contorsonista checa en un tunel de viento. No me ha sorprendido que a veces me haya negado, yo también lo he hecho, que me deje de hablar por meses y luego vuelva a encontrarme y sea como si hubiera dormido conmigo toda su vida, que a veces parezca que está a punto de dejarlo todo y escapar conmigo a las Canarias y otros días desee a grito herido que el día de nuestro encuentro hubiera llovido y yo no hubiera estado parado en esa esquina, esperando a que pasara el bus.
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3.11.04

La desmemoria me guía hacia el reverso de la vida.

Tras el cuarto encuentro, empezaron a sospechar que todo no era tan circunstancial como creyeron la primera vez. Aún la recuerdo: desde el palco yo los vi caminar hacia la habitación con decidida pasión, despojándose de sí mismos, arrancándose las caras y los gestos y las miradas y rindiendose desnudos mutuamente ante algo que ninguno logró comprender totalmente sino hasta cuando ambos estaban perdidos y ya era demasiado tarde. Cuando ella me lo contó, me sentí traicionado.

Una vez los vi llegar juntos al café donde estudiaba y ella me saludó y me preguntó que cómo estaba y yo le dije que bien, que ahí, que la tesis me pesaba, y ella se rió y me dijo que todo iba a estar bien, que ella lo sabía, y él se quedó ahí atrás evitando mirarme y telepáticamente forzando un engorroso silencio que diera final a la inesperada reunión. La telepatía funciona cuando hay fe, así que al poco tiempo sobrevino el silencio y yo comprendí que era hora de bajar la cabeza y fingir que había algo más importante que ella en el papel lleno de garabatos en los que reposaba mi ignorancia. Cuando me veo obligado a hacer cosas como esas siempre me pregunto por qué nunca tomé clases de teatro en la universidad cuando tuve la oportunidad. El gesto, de haberlo presenciado, me hubiera decepcionado, afortunadamente ella nunca estuvo tan pendiente de mi como yo de ella y ni siquiera notó el esfuerzo desmedido que tuve que hacer para evitar volver a verla una última vez.

Me llamó ayer y me dijo que se iban juntos para Europa, para siempre. Que si podía quedarme con algunas de las plantas que alguna vez le regalé. Yo le dije que claro, que cómo no, que sería un placer, ella se rio y me dijo ¿te pasa algo? y yo le dije que no me pasaba nada porque hay que ser consistente y yo siempre digo eso cuando alguien me pregunta si algo me pasa. Realmente pasaba todo, eso debí haber dicho. Las plantas las dejaron en la puerta, vinieron a la casa cuando yo salí al centro a reunirme con el editor, había un sobre en una de las plantas dirigido a mi, marcado con su letra redonda y pulida. Lo abrí y encontré recomendaciones para el cuidado de la orquidea, instrucciones precisas sobre las proporciones de agua para las margaritas y una hoja azul en la que reposaba un miserable Gracias, Jaime tiritando del frio en el medio de la página intentando cobijarse con su firma ininteligible.

Ya se fue, quiero creer que nunca estuvo aquí.
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2.11.04

Fue bueno mientras duró.

—¿Y usté por qué está acá?—

—¿Qué por qué estoy acá?— respondió mirando por primera vez al recién llegado.

—Si, si. ¿Cuál es la historia detrás?—

—Tuve un episodio psicótico y maté a mi hija y mi esposa.—

—...—

—Espero que mi respuesta no lo haya incomodado.—

—No, para nada. Me honra que confíe en mi de semejante manera.—

—Bueno, llevo encerrado el suficiente número de años, estuve en el psicólogo, lo superé. Si sigo así, por la senda del bien, en otros cinco años voy a terminar creyendo en dios y dando sermones en el patio central, así como "el Tunjo" Rivera. ¿Lo ha visto? Estos sitios fritan el cerebro, hermano, no lo dejan pensar a uno, piensa uno mal. ¿Cuánto tiempo nos va a acompañar?—

—Me dieron diez años.—

—Diez años no es nada, qué febril la mirada, errante en las sombras te busca y te nombra...—

—¿Tango?—

—Si, ¿quiere bailar?—

—Por supuesto, sería un placer.—

Y bailaron abrazados, toda la noche, hasta que llamaron al desayuno. Fue bueno mientras duró. El nuevo no duró diez años, duró dos días. Alguien debió advertirle que a Contreras no le gusta que le respondan cuando habla dormido.
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1.11.04

Halloween parece sacar lo peor de las personas.

Para Mer, que sabe que miento.


1.

El tema de la muerte ronda mi cabeza con frecuencia. Cuando no estoy intentando aplacar la visión de mi propia muerte, estoy imaginando la muerte de otros o, peor aún, asesinando mentalmente a uno que otro. Casi siempre son personas que me disgustan, pero hay excepciones. Hoy, por ejemplo, la asesiné a usted. Lo hice con especial dulzura porque yo a usted la quiero, como bien sabe, y me dolía profundamente desfigurar su preciosa naricita. Usé el cuchillito para pelar naranjas y picar cebolla larga, su sufrimiento fue leve y, al final, justo antes de ingresar en el estadío inconsciente de los últimos estertores, me dijo que después de todo yo no le convenía. Tras decir eso, todo fue mucho más fácil. No se imagina mi alivio.

2.

A mi vecino, Bill, dueño de dos bonitos gatos obesos y un cuidado jardín, un grupo antisociales enmascarados, aprovechando las festividades paganas y la oscuridad de la noche eterna, le cubrieron su automovil, un ford clásico blanco con cojinería en cuero, con marcas de pintura en aerosol. Lo mismo sucedió con la puerta de su garaje. Le va a costar un montón repararlo. —Era la pintura original—, me dijo con una resignación que lo hacía lucir diez años más viejo mientras removía la pintura de los vidrios. Los sospechosos del crimen han sido identificados por testigos como Batman, Gandalf, Disco Stu, un Oompa Loompa con gigantismo y una desproporcionada campesina holandesa. Por ahora, las autoridades no cuentan con más pistas.
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30.10.04

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The roof is on fire.


Aparentemente un corto circuito hizo que el extractor de olores de mi cocina se incendiara expontaneamente. Esas cosas pasan, me imagino. Un corto, aceite acumulado por décadas, un ojo miope y descuidado y ahí tiene usted una cocina en fuego con un tipo que es aturdido fácilmente por las alarmas de incendio. No se imaginan la presión, yo no veía nada, yo no olía nada, no encontraba extinguidor, ni manera de apagar el fuego, ni nada. Al final abrí la puerta y me di cuenta que las efectivísimas alarmas de incendio del edificio estaban todas al máximo alertando a los vecinos de mi problema. Estaba a punto de poner a fritar unas croquetas de papa. Había mucho aceite en la caserola y me dio miedo que el fuego cayera sobre el aceite y ahi si fuera Roma, así que tomé la paila con mi mano derecha por un lugar demasiado caliente y la paila terminó en el suelo recién estrenado dejando feas cicatrices (lo cambiaron el jueves). Al final una vecina me pasó un extinguidor pero ya era demasiado tarde: la cocina estaba cubierta por una capa de hollin que luego, mientras desocupaba el humo con ayuda de unos ventiladores, empezé a limpiar con mediano éxito. El corto circuito que causó el incendio se llevó los tomacorrientes de mi habitación, excluyendo el que uso para el computador, y la luz del baño. Mañana viene el técnico a reparar eso. La cocina ya luce mejor, mis dedos duelen uniformemente en las puntas. Estoy bien, un poco aturdido, pero bien. Un poco triste, pero bien.
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25.10.04

Clarividencia.

Me leyeron el tarot el otro día. Yo quería que me dijeran un color de vela para decorar la habitación pero me dijeron la vida a cambio. Como yo no quería saber mi vida, me puse furiosísimo y casi me fui a los puños con la gitana, que era grande y bigotuda. Finalmente, Magda intercedió entre la gitana y mi ira y, ya más calmado, le pedí disculpas a la señora y puteé silenciosamente mi suerte. Lo que me da más rabia es que la bruja no me quizo decir el color de la vela. Me dijo todo, pero no el color de la vela. Mañana, por ejemplo, tengo una entrevista de trabajo, me van a ofrecer mucho dinero. En un año, caminaré por Urbana y me encontraré con una vieja amiga del colegio que yo creía prematuramente muerta en un accidente automovilístico en Perú. Resultará que escapó a Estados Unidos huyendo de un novio loco que la estuvo acosando por largo tiempo. Para mitigar la sorpresa del encuentro, nos tomaremos unos tragos y, casi sin darnos cuenta, terminaremos viviendo juntos en su apartamento, que es feo y maloliente y me recuerda mis años de pobreza en Lima. A los seis meses me dirá que está embarazada y, traicionando mis principios, escaparé sin dejar rastro llevando conmigo mi guitarra y una maleta con ropa. El engendro se llamará Mauricio y lo volveré a ver cuando tenga 14 años y viva en La Habana. Yo no lo reconoceré y el se aprovechará de mi inocencia para jugarme una mala pasada. Terminaré en la carcel acusado de intentar matar a Fidel, quien, para mi asombro, todavía estará vivo, y cuando todos crean que seré fusilado, el comandante morirá de causas naturales y el régimen entero se vendrá abajo. Me salvaré de puro milagro. Fugitivo de la ley, terminaré mis días en Jamaica viviendo con una negrita que conoceré en New Orleans. La negrita nunca me querrá, pero estará convencida, debido a mi fluida labia, que tengo una cuenta de banco llena de dinero. Eso será suficiente para que sacrifique su juventud con un viejo feo como yo. Dos meses antes de morir, me contará que está embarazada, el hijo no será mio y yo no tendré manera de saberlo. Sin embargo, gracias a mi excelente memoria, recordaré que hace años una gitana bigotuda lo predijo, me reiré de ella y le diré que miente. La despediré de mi casa, tomaré un avión a Lima llevando conmigo sólo mi guitarra y moriré en la cama de mi hermana, siendo cuidado por uno de mis sobrinos. Él se quedará con mi guitarra, mis restos irán al mar. Tendré una vida triste, pero al final me reiré con gusto de mi miseria, como si hubiera sido una buena comedia.
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23.10.04

Edgar Umaña (o Al caido, caerle)

De Edgar Umaña se dicen muchas cosas. En un artículo en la revista Letras y Cultura de la facultad de ciencias humanas de la Universidad Nacional de Colombia, el crítico y profesor universitario Salvador Astudillo se refiere a la obra de Umaña como prescindible y adjetiva (dios sabe qué diablos quiere decir con eso), "la última línea de defensa de un territorio que no merece ser protegido". Umaña inició su carrera como escritor produciendo traducciones libres de las obras de Kafka al español que luego distribuía por medio de la fotocopiadora del departamento de Urbanismo de la universidad. Mi buen amigo Franqui Cárdenas, que aprendió alemán para poder leer El Castillo, alguna vez lo conoció en una de esas tertulias a las que asistía los miercoles por la tarde, justo después del seminario de teoría de conjuntos. Umaña, me contó Franqui, es callado y habla entre dientes. Dificilmente se le entiende lo que dice porque tiene la costumbre adicional de hablar con una mano sobre la boca todo el tiempo. El resultado es una especie de zumbido lejanamente familiar que, incapaz de ser comprendido de primera mano, ingresa diréctamente al subconciente y se asienta ahí dejando, aparentemente, dolorosas cicatrices que tardan siglos en sanar. Muchos dicen que luego de escucharlo, se sentían profundamente renovados pese a reconocer que no habían entendido gran cosa. Otros, años después de asistir a una de sus charlas, iniciaban una defensa a ultranza de su obra que se ceñía fuertemente a un manuscrito que circuló por unas semanas de fotocopiadora en fotocopiadora de la universidad contestando airadamente a las críticas que surgieron tras la publicación de su primera novela: Semblanza del florido final de un día agrio. De todas maneras, eran muchos más los que, tras conocerlo o leerlo por primera vez, por alguna razón que escapa a mi entendimiento se unían incondicionalmente al ejercito heterogeneo de aquellos que lo odian apasionadamente.

Esta semana recordé a Umaña mientras releía algunos apartes de La literatura Nazi en America, especificamente la sección dedicada a los llamados Poetas Malditos de la literatura de ultraderecha suramericana: el chileno Pedro Gonzales Carrera y el peruano Andrés Cepeda Cepeda (mejor conocido como El Doncel). Lo recordé porque Umaña comparte con estos dos escritores la pena de haber presenciado en vida la sepultura de su nombre bajo metros y metros cúbicos de tierra e infamia. Pese a ser un escritor bastante menor, las críticas negativas alrededor de su obra sobrepasan sin esfuerzo siete veces la cantidad de páginas que Umaña publicó antes de autoexiliarse. Para poner un ejemplo, entre 1994 (año de la publicación de Semblanza) y 2003, la mencionada Letras y Cultura (una revista de circulación mensual) ha publicado noventa y cinco artículos en los que se refieren a Umaña como "el gran plagio de los noventas", "el Fuguet colombiano", "un catastrófico descuido editorial" y "la última señal de alarma con respecto al decadente estado de la literatura nacional", entre otras igualmente lacerantes descripciones.

El fervor de las críticas y el esfuerzo que cada uno de estos verdugos sin máscara ha puesto en vilipendiar la corta obra de este humilde escritor boyacense es soprendente. Tal será el nivel de saña que, a manera de contrición, editorial Oveja Negra, dueña de los derechos de las obras de Umaña, tras la publicación de un libro que compila algunas de las críticas más duras contra el escritor y que se inicia con una introducción/disculpa por parte del director del consejo editorial de la compañía, anunció que ha clausurado su contrato con Umaña y se compromete públicamente a no publicar nuevas ediciones de sus tres novelas y su libro de poesia así como invita a sus editoriales hermanas a cerrar las puertas al unísono al escritor.

Yo no entiendo las razones de este odio endémico y profundo a su obra. Semblanza podría haber sido una buena novela. Se queda un poco corta y carece de un estilo realmente propio pero he leido peores. Alucinaciones de un viaje olvidado me recuerda grátamente varios de los viajes que con mi padre emprendimos por Boyacá siguiendo los pasos de mi abuelo (una de las obsesiones de Fernando). Es una novela quizás demasiado larga y que no se esfuerza por ocultar la pasión que el escritor siente por los adjetivos arcaicos. Aun así se deja leer y en algunos capítulos hasta saca sonrisas sinceras. Para terminar, Herminda fingió que moría, su novela de cierre, es novedosa y contemporanea. El tono pretencioso del narrador ha sido suficiente para que algunos críticos describan a Umaña como megalómano y otros la califiquen como un "largo, penoso y fallido ejercicio masturbatorio frente a un espejo". Yo personalmente siento que es, de hecho, una respuesta burlona a las acusaciones frecuentes de narcisismo que fueron tan populares durante su etapa como profesor en la Universidad de los Andes, en Bogotá.

Umaña dejó Bogotá en el 2002 tras publicar Herminda. Vive con su familia a Saravena, Arauca, donde trabaja como rector de un colegio de bachillerato nocturno y administra una panificadora. En ocasiones publica columnas de opinión política en el semanario local Tu Voz y ejerce como mediador en el proceso de paz que el gobernador lleva con los grupos paramilitares de la zona. Tiene cincuenta y dos años, una casa grande con un patio que se confunde con el llano, monta a caballo y relee todos los años a Kafka y Hesse. Dice que prepara otra novela, dice que no tiene remordimientos, dice que no guarda rencores, dice que es feliz. Yo no entiendo cómo hace.
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22.10.04

Ida Tyrone no nos ve (o la Huida de Ida).

Hay un café en Champaign que se extiende infinitamente. Como el baño queda al fondo, varias amigas se han perdido para siempre intentando ir. Se pierden en pares, las extrañamos montones. Hace unos días, uno de los dependientes encontró debajo de una mesa a una mujer que se había perdido en el café cuando tenía seis años. La mujer tiritaba del frio, estaba desnuda y no sabía una palabra de inglés. Pensaron que era una inmigrante ilegal y llamaron a las autoridades. La policía la retuvo, le hizo algunas pruebas y pronto descubrieron que se trataba de Ida Tyrone, hija del profesor George Tyrone, quien fue director del departamento de literatura comparada por varios años y que murió en un hospicio psiquiatrico cerca de Chicago en diciembre pasado.

Ida se había perdido hacía veinte años mientras sus padres discutían el divorcio en el café. Creyendo que el tema de la conversación había sido la razón de Ida para huir, el señor y la señora Tyrone siguieron infelizmentes casados por doce años más hasta que Julia, la mamá de Ida, murió de una apoplejía súbita que la sorprendió mientras veía televisión en la sala. Como ésa era su única actividad diaria, el señor Tyrone se demoró dos días en descubrir que su esposa estaba realmente muerta y no simplemente concentrada en la trama de alguna larga película vieja.

La semana pasada la noticia de que Ida había aparecido se tomó las primeras planas de los principales diarios locales. El Daily Illini, periodico de la universidad, publicó el viernes una entrevista al psicólogo a cargo de Ida, doctor Aaron Rosenberg, quien no se explica las razones por las que Ida volvió de su larga huida en semejante estado. La entrevista la acompaña una foto de Ida en la clínica. Está parada en un balcón y los brazos le cuelgan de los hombros como si fueran un par de culebras muertas. Tiene una batica blanca de rayitas azules y el cuerpo casi casi se le sale por la abertura para la cabeza, es delgadita. La cabeza apenas es sostenida por el débil cuello y mira hacia la cámara con total inocencia, con total inconciencia. Tiene los ojos verdes claros y secos, los pómulos puntiagudos y colorados y los labios como lineas, casi invisibles, bajo una naricita redonda que apenas si logra surgir del rostro. Es una de las mejores fotografías que he visto publicada en un periodico.

¿En qué pensará Ida Tyrone? ¿Pensará? El doctor Rosenberg dice que no reconoce ninguna palabra y, de hecho, pese a que sus oidos parecen estar en óptimas condiciones, las voces no le despiertan el mayor interés y la gente apenas la afecta. No es autismo, es otra cosa. Camina sola y descalza por la clinica, no mira a nadie, se detiene por momentos a mirar por las ventanas o sale al patio y camina por el prado y luego vuelve a su habitación. Llora mucho, llora casi todo el tiempo, un llanto sin palabras, un llanto sin razones. Parece como si no nos viera, dice Rosenberg, como si no existieramos. Parece como si fueramos nosotros, todos nosotros, y no Ida, los que nos hubieramos perdido en ese café, una noche olvidada de 1984. Ella, en apariencia, simplemente nos sigue buscando.

Notas al margen:
  • Compré, en un arranque de curiosidad, Diplomacy, un clásico juego de estratégia que fue diseñado originalmente por Avalon Hill pero que ahora, obviamente, distribuye Hasbro. Se ve muy interesante, veamos cuando puedo jugarlo.
  • Tras tres semanas esperándolo y un día peleando con Springer para que me reenviara el libro que ellos erroneamente habian enviado al departamento de química de UIUC, mañana por fin me llega mi libro de teoría de Galois de ecuaciones diferenciales lineales de Van der Put y Singer. Veamos si la prolongada espera valió la pena o no.
  • La tesis va bien. Tras un impase que me llevó a reconsiderar las hipótesis iniciales, nuevos y muy interesantes problemas han aparecido alrededor de la simple definibilidad del grupo de Galois en las extensiones que estoy considerando. Cosas que a mi me parecían facilisimas se volvieron de repente terriblemente complicadas pero el simple hecho de darme cuenta de las dificultades y entenderlas me tiene de buen ánimo. Esta semana, desafortunadamente, he debido reducir el ritmo de trabajo un poco para trabajarle a una tarea de Lou que me quitó tres días y me dejó la mano izquierda adolorida. Retomaré el trabajo mañana.
  • Veintiuno de diciembre al ocho de febrero con Mónica. Se aproxima un buen mes y medio.
  • Hay dos redes wireless flotando libres en este edificio, lo descubrimos hoy. El mundo cambia de prisa, ahora no necesito cables para escribir en el weblog.
  • Primeras diez páginas de 2666 aquí. En pocos días saldrá a la venta en España, ya está listado en fnac.es.
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19.10.04

Inocencia.


Alguna vez alguien me dijo que la conciencia (¿o era la felicidad?) era una propiedad emergente de los seres con inteligencia. Probablemente usaron terminos más precisos pero a mi me quedó sólo el eco, propiedades emergentes, consecuencias inesperadas de sistemas incomprendidos, incomprensibles. ¿Dónde está la conciencia? En el mercado de las teorías, hay respuestas para todos los gustos. A mi me gustan las terriblemente técnicas que reducen todo a estados cuanticos en los bracitos de las neuronas, también me gustan las que, usando complejisimos cálculos, concluyen que todo es una cuestión de cantidad, muchas conexiones, o algo así. Me gustan no tanto porque les crea como porque detrás de ellas se esconde la promesa de que algún día seremos capaces de armar un mecanismo, una combinación de software y hardware, que va a ser capaz de hablarnos, comprendernos y preguntarse de buenas a primeras por qué fue creado, cuestionar su existencia, su estatus en el universo. Lo malo es que todas esas teorías, por más robustas que sean, parecen flaquear eventualmente. Parecen requerir de una especie de chispa sobrenatural en algún momento, un algo no controlable: un alma, un fantasma. ¿Dije lo malo? Me retracto, quise decir lo bueno, la ciencia, la buena ciencia, ha sido construida sobre sus propias frustraciones, de ellas se nutre.



Ghost in the Shell 2:Innocence es visualmente apabullante. Esa, al menos, fue mi primera impresión. Yo no sabía que esperar. La primera película, pese a ser considerada un clásico del género (o quizás por ello), nunca me ha gustado mucho. De la segunda esperaba un guión menos amarrado al comic, uno más libre que no intentara comprimir la serie manga en una hora y media. Para mi fortuna, éso fue precisamente lo que sucedió. El protagonista de esta película es Bateau, el compañero de la Mayor Kusanagi (protagonista de la primera película), quien investiga una serie de crímenes perpetrados por robots de compañía. Bateau es un personaje melancólico, poco queda de humanidad en su cuerpo y él lo sabe. Camina por las calles, cuida a su perro, se pregunta si es feliz. La película lateralmente a la historia desarrolla una reflexión profunda sobre la naturaleza del hombre y la ruta de la tecnología (enfatizando la linea argumental que ya era percibida en la primera). El mundo de Ghost in the Shell es realista y cuidadosamente diseñado, es ciencia ficción seria. Todo es plausible, todo podrá ser eventualmente desarrollado si es que no nos matamos antes. Hace unas semanas en Nature, me contó Alejandro Lleras, publicaron un articulo anunciando la noticia de que un parapléjico ahora podía escribir en su computador haciendo uso directo de un chip que tiene conectado a su cerebro. Los cyborgs están a la vuelta de la esquina.



Hablemos ahora de las imágenes. Es una mezcla, menos sutil que en Metropolis, de animación 3D generada por computador y animación convencional. De todas maneras el efecto que logran es atractivo y captura, la iluminación es magnifica, parece real. La aventura surrealista de Bateau bien podría haber sido diseñada por Bilal. A Alejandro le pareció que abusaron un poco del 3D, que dejaron a un lado la animación convencional para describir lugares y eso le restó realismo a la historia y, sobre todo, cohesión con la estética presentada en la primera parte. Yo me sentí satisfecho del resultado, está llena de escenas bellisimas, la calidad y el detalle de las imagenes no permiten emitir protestas, es de lo mejor que se ha hecho en animación en los últimos años.



Es una película larga, con prerrequisitos, de dialogos sofisticados y muchas veces incomprensibles con un guión enredadisimo en el que es dificil no perderse. En ocasiones es pretenciosa e innecesariamente confusa. Para hacerse a una idea, imagínese que el equipo de Spirited Away fuera dirigido por David Lynch para hacer una adaptación de un libro escrito a cuatro manos por Philip K. Dick y Thomas Pynchon (con asesoría técnica de Stanislav Lem e Isaac Asimov). Quizás sea bueno verla una vez más antes de dar un dictamen final. Por ahora la recomiendo por las imágenes, por la ciencia ficción y por algunas reflexiones que alcancé a asimilar. Sin embargo, le advierto que es bastante probable que al salir de la película no sepa si le gustó, si lo engañaron, si no entendió. Como con la primera, probablemente sea necesario verla un par de veces antes de poder decir algo más concreto, esperaré el DVD. Por lo pronto, veala y dígame qué entendió, se lo agradeceré profundamente.



Notas al margen: Mercedes, quien a propósito de la película nos recordó ese chiste de Les Luthiers del tipo que fue a ver una película dos veces y la segunda vez no la entiendió, está cumpliendo años. Que cumpla muchos más.
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17.10.04

Metamorfosis de lo idéntico 0: Alejandro y Margarita.


Ray Caesar, Fly.

Margarita y Alejandro se encontraron muchas veces en el mismo lugar. Luego, a punta de ecos y reflejos, pura física, empezaron a encontrarse en todas partes. Lamentaba Alejandro su reprochable timidez, lamentaba Margarita su tendencia criminal al silencio, lamentaban y lamentaban ambos y los lamentos les colgaban de los labios cual estalactitas de saliva coagulada. Un día se dejaron de encontrar, pura física, y los lamentos se deshicieron en la ausencia compartida. Por un tiempo, añorando los lamentos, se escribieron mutuamente. De haberse leido, no se hubieran reconocido.
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16.10.04

Metamorfosis de lo idéntico 1: Sky Captain and the World of Tomorrow.


No nos hagamos tarugos. Si usted va a verla es por los efectos especiales, eso todo el mundo lo sabe. Como todos sabemos, fue enteramente filmada en cuartos pintados de verde y a los que luego añadieron la escenografía digitalmente. Dado el estado actual de la tecnología, éso se puede hacer de tal manera que el espectador a duras penas note el efecto. Sin embargo, dado que lo fastuoso de los escenarios en este caso raya fácilmente en lo ridículo, el truco queda un poco al descubierto, claro que eso a nadie le importa porque se siente como el viejo efecto del automovil en movimiento llevado al extremo absurdo, y eso, hay que reconocerlo, va muy bien con el estilo y la estética de esta película.

A mi me gusta la ciencia ficción retro. Me gusta ver como se imaginaban nuestro presente las personas a principios del siglo veinte, cuando la industrializacion y las máquinas iniciaban su reinado y aun no era claro para donde ibamos (de hecho eso aún no es claro, pero creo que nos hemos vuelto más humildes con nuestras predicciones). Aquí juegan con esa imagen, la explotan. Es una película en tonos sepia (que me recuerda un poco los colores y el ambiente del anime Metropolis) hecha como si fuera filmada en los años cuarenta o treinta. Está llena de clichés y yo me convenzo que es parte de la broma, que quieren que nos riamos un poco de la inocencia de los personajes y la historia misma, de la inocencia de la época, que no nos preocupemos por tanta inconsistencia flagrante, que disfrutemos ese mundo que no fue pero que pudo haber sido si Julio Verne hubiera sido dios y dios sólo otro escritor de ciencia ficción.

Los personajes son el heroe, la heroina, el maligno enemigo invisible, la viciosa asesina y el cientifico tipo Q. El misterio no importa y la historia no tiene giros sorpresivos ni momentos de especial tensión. De nuevo, por mi bien, me convenzo que todo es parte de la misma broma. Me convenzo, si quieren, que aunque la película podría ser considerada mala, es buena porque es a propósito hecha para lucir como una película mala de hace cincuenta años (si hace cincuenta años hubieran tenido la tecnología para hacerla). Al final deja un buen sabor en la boca y unas cuantas sonrisas. Los efectos especiales, que, como dije, son la única razón por la que uno va a verla a menos que quiera ver a Angelina Jolie con un parche, son alucinantes y hasta proféticos de lo que vendrá, es increible que hayan alcanzado semejante nivel de realismo. Espero que no se les ocurra hacer una segunda parte, una está bien, pero dudo que el truco les resulte dos veces.
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Metamorfosis de lo idéntico 2: The Brown Bunny.


Bien podría ser un largo video de música depresiva, o una serie de propagandas para alguna exótica marca de cigarrillos importados, o de motos Yamaha. En lugar de cualquiera de esas opciones, Vincent Gallo decidió llamarla película y presentarla valientemente en Cannes. Era de noche cuando entramos al teatro y recuerdo que la película llevaba apenas una hora cuando la gente empezó a dejar el cine enfadada. Al final sólo nos quedamos los cuatro o cinco que estabamos tan ofendidos como para considerar una prioridad chiflar al cierre. Se quedó Gallo, también, pero en una esquina, no decía nada, no nos miraba siquiera. En algún momento se levantó, y cuando todos creimos que nos iba a decir algo, dejó el teatro por una puerta lateral y nosotros seguimos chiflando y aullando ofendidisimos. Cuando nos cansamos, salimos a caminar por la ciudad y nos detuvimos en un café. Estabamos sentados conversando y Gallo llegó y se sentó en la mesa del frente, nos miraba altivo con esa cara extraña que yo siempre confundo con la de Vincent Cassel. No dijo nada, no hizo nada, se tomó un café y se fue. Le dijo algo al mesero y al poco rato nos trajeron tres buenas botellas de vino, de parte de Gallo, de las que dimos buena cuenta acompañadas de una excelente orden de quesos que sugirió Tyler.

Vincent Gallo ha sido muchas cosas, pero por encima de todo es un tipo raro. Yo lo conocí porque Liliana me forzó a verme Buffalo '66 (Le va a encantar, Javier, LE-VA-A-EN-CAN-TAR), la vi y me gustó muchisimo. Me gustó por la historia, me gustó por Christina Ricci, me gustó por el personaje de Gallo, me gustó por el juego que propone la película, me gustó por la música...

(She brings the sunshine to a rainy afternoon;
She puts the sweetness in, stirs it with a spoon.
She watches for my moods, never brings me down;
She puts the sweetness in, all around.
She knows just what to say to make me feel so good inside.
And when I'm all alone I feel I don't want to hide, hide, hide.
)

... Quizás por eso, o quizás porque de todas maneras siempre lo hago, luego de verla inicié una busqueda exhaustiva de datos sobre Gallo. Luego de leer lo suficiente, concluí que lo añadiría a mi lista de poetas malditos contemporaneos favoritos y, para no olvidar mi desición, saqué la lista de mi archivo y procedí. Quedó de número diecisiete. Buen número, pensé, y guardé la lista.

No es sorpresa, pues, que luego de haber presenciado el fiasco en Cannes de primera mano, de todas maneras haya accedido a ver la versión recortada de The Brown Bunny, el producto de una concienzuda reedición de Gallo tras el resultado de su lanzamiento. La vi ayer con Jana y Ayhan. Fuimos al viejo teatro de siempre, me senté en mi hilera favorita, me aseguré que los parlantes laterales estuvieran donde deben estar y miré la pantalla para forzar telepáticamente el inicio de la película. Bastaron un par de minutos de fuerza mental continua para convencer a quien quiera que esté a cargo del proyector de que era hora de encenderlo. Se apagaron las luces, limpié mis gafas para poder verla con nuevos ojos y me puse en disposición de Gallo de nuevo. ¡Sorpréndame!, musité para mis adentros, y luego guardé silencio y me dejé sorprender.

Gallo es Bud, Bud es Gallo. Gallo hizo motociclismo un rato, Bud es un motociclista. Bud también es una especie de muerto viviente, o un fantasma, o un vaquero, o un hombre hecho de vapor, un rastro apenas, un espejismo. Bud mira hacia el suelo con esos ojos desorbitados y azules que comparte con Gallo y guarda su motocicleta en el compartimento trasero de su camioneta de Los Magnificos. Una travesía se inicia, va hacia Los Angeles, se detiene en cualquier parte, se encuentra con otros fantasmas, con mujeres con nombre de flores. Habla sobre Daisy. ¿Dónde está Daisy? (No sé) ¿Qué sucedió con Daisy? (No sé). Largas tomas siguen a Bud en su viaje, largas tomas a traves del parabrisas repleto de insectos aplastados, largas tomas recorriendo el pais de este a oeste. Es un largo y triste viaje, es doloroso ver el rostro de Bud eternamente compungido, derrotado, y no saber siquiera cual es la razón de su tormento. Eventualmente llegará a Los Ángeles, eventualmente se reencontrará con Daisy. Todos más o menos al mismo tiempo descubriremos qué sucedió entre los dos. Todos descubriremos la razón de la tristeza, pero para ese entonces, la tristeza será lo de menos. Me recordó The eternal sunshine of the spotless mind. En algún nivel, The Brown Bunny puede ser visto como un poema visual y oscuro sobre la soledad, la frustración y el olvido

Es una película gráfica (muy gráfica) con una cámara inestable y vieja. La imagen es sucia, pierde el foco, lo recupera, tiembla. Todo eso es a propósito, quieren transmitirnos una cierta sensación de desasosiego, quieren también hacernos sentir que vemos algo que realmente sucede, quieren que creamos que Bud es Gallo y que Gallo es Bud. Como somos idiotas, caemos. Es una película silenciosa, hay pocos dialogos y la mayoría son incompletos, inconexos, inconsistentes... todo parece un sueño pero es demasiado real, demasiado doloroso, es de esos sueños que despiertan al más valiente, pero nadie se despierta. Al final, casi sin justificación, una escena de sexo fuertísima aumenta la sensación pesadillesca, pero en ese momento es uno el que quisiera no haberse quedado dormido y estar soñando semejante película.

Cuando se va a negro y aparecen los créditos y nos recuerdan que Gallo la escribió, dirigió y produjo, nos reimos y Ayhan dice que eso es lo que pasa cuando uno mete muchas drogas cuando joven. Nos reimos pero es una risa ahogada, películas de esas no lo dejan a uno reirse bien por un rato porque lo hacen sentirse sádico y hasta un poco sucio, testigo y cómplice de un crimen atroz. Algunos dicen que es narcisista, otros que es pretenciosa, otros que es ofensiva, otros la aplauden por su genial rebeldía, a todos les doy un poco de razón y a todos los contradigo, me cuesta tomar parte. Veala por las imágenes, veala como quien ve una instalación de una hora y media, veala si le gusta Gallo y tolera el cine extremadamente independiente. De lo contrario no la vea, perderá su tiempo.
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13.10.04

Correspondencias 1.


Luke Chueh, Possessed.

I'm so excited about your future in ministry and all that you have already done for the Kingdom. It is always so encouraging reading your update letters + knowing that the glory of God is being accomplished in and through you.1

Hablé con el reverendo por teléfono otra vez hoy, me recordó lo importante que es conocer las escrituras, no perderlas de vista. Me mencionó un aparte de Romanos (5:8-17), me recordó que nosotros eramos enemigos de Dios, por eso Él murió por nosotros, para perdonarnos. Yo le pregunté al reverendo si los pecadores eran enemigos de Dios. No me respondió, me dijo que debía meditarlo en la oración. Parece como si Su amistad y Su perdón dependieran radicalmente de nuestra willingness to accept him. Is everyone meant to be a friend of God?. Llevo tres años acá y aun el español me falla, tropieza a diario con el mundo. Es frustrante.

Pastor, Pastor, me dijo una niña ayer, tengo que hacerle una pregunta. Yo la invité a pasar a mi despacho y ella me preguntó si ser testigo de una muerte la hacía participe de la muerte, una par de lágrimas se le escaparon y yo le pregunté qué había sucedido. Me dijo que alguien había matado a alguien y ella los había visto. Ella dice estar muy arrepentida pero, aun así, no siente el perdón del Señor. He orado, Pastor, se lo juro, he orado, todas las noches.

Es a diario, Marcos, a diario me encuentro con la muerte en cada esquina, con el dolor, con la desesperanza. La comunidad ha sido renovada por mi presencia, sí, pero yo también he sido contaminado por la tristeza. La niña me pidió perdón, le dije que yo la perdonaba, que ella no tenía la culpa, que yo entendía si ella no iba a la policía. Ella me preguntó si era suficiente mi perdón para recibir el perdón de Dios. Is there any difference between God forgiving us that us forgiving others?. ¿Cómo puedo perdonar si aún no me perdono a mi mismo, Marcos? ¿La has vuelto a ver? ¿Todavía van al mismo café en Clark? Ya se me olvidó por qué estoy acá, Marcos. ¿Te acuerdas del ímpetu? ¿Te acuerdas de los primeros días cuando todo era nuevo y todo era maravilloso? Lucía como una gran oportunidad para servir, para darme, para ofrendar mi memoria al Señor y recibir a cambio su perdón. Pero Él sigue y sigue recordándomela en los sueños. ¿Dónde fallé, Marcos? ¿Dónde? Le respondí a la niña que Nuestro Señor lo perdona todo si estamos de verdad arrepentidos, ella me agradece y se va y yo me quedo solo en el templo, solo con mis culpas y mis remordimientos.

Después de hablar con ella, oré y le pedí al Señor perdón por haberle mentido a la niña, por haber perdido la fé. Recibí solo risas, Marcos, aullidos macabros que me salían de adentro. ¿Te ha pasado? ¿Has sentido el horror de la burla de Dios? Estoy cansandome de arrepentirme de todo, Marcos, de verdad.
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1 Me encontré el diario de un pastor protestante que debe tener mi edad (referencias a Sega Genesis lo confirman). Tengo nombre pero no apellido, no hay muchas pistas en el libro, solo notas, comentarios sobre la biblia, sobre un curso de liderazgo que toma. Lo pude dejar en el prado, donde lo encontré, pero me pudo más la curiosidad. Esta es la primera de una serie de entradas inspiradas en la lectura del librito, incluiré algunas citas textuales, no aclararé cuales. Si, yo sé, uno no debería exhibir intimidades. Pero bueno, al menos en esta ocasión no serán las mias.

Notas al margen:
  • Navidad, año nuevo y todo enero en Barcelona con Mónica. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?
  • Parece que en marzo-abril voy a ir a ésto, veamos si sale. Anand me animó.
  • Los de springer enviaron mi libro a dios sabe qué sitio y ahora no responden mis e-mails reclamando. Miserables.
  • Hoy, último debate presidencial en Estados Unidos antes de las elecciones de noviembre. La cosa se pone interesante.
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12.10.04

Blind Jozef Pronek & Dead Souls.

Hoy conocí a Jozef Pronek. Es un tipo alto con un acento ligero y una fluidez impresionante. Es alto, ¿ya lo dije?, muy alto y mira todo con una sonrisa que a veces parece condecendiente y a veces luce enternecedora. Leyó un pasaje de Nowhere Man en el que él se encuentra con Bush padre e hizo una excelente imitación de la voz del expresidente. Luego, respondió las preguntas que surgieron entre la audiencia, todas preguntas estandar, me imagino, incluyendo la pregunta estandar que sirve para que el interrogador (una dama al fondo) ostente su amplio conocimiento literario y todos los vínculos que le permite este conocimiento aprehender, pregunta odiosa y fuera de lugar, dicho sea de paso. Mercedes le preguntó qué tipo de cosas leía. Dijo que le gustaba Shakespeare, que le gustaba la historia, mencionó otro autor, mi inglés no me dio para reconocer el nombre. Yo le pregunté que si Jozef Pronek volvería, me dijo que cuando terminó el cuento que da título a esta entrada y que está en A question of Bruno, mucha gente le preguntó lo mismo y él dijo que no, que definitivamente no, que Jozef estaba muerto. Pero aún así, siguió escribiendo sobre Pronek y cuando menos se dio cuenta, tuvo en sus manos Nowhere Man. Luego, para cerrar su respuesta, reconoció humildemente que no sabía.

Jozef Pronek está dictando un curso de escritura creativa en la universidad este semestre. Creo que es el profesor invitado del departamento de inglés por este año para el programa de postgrado en Creative Writing. ¡Qué lastima que lo descubrí tan tarde! Me muero de las ganas por asistir pero me parece pretencioso de mi parte, todos son estudiantes que se dedican a escribir ficción, yo soy un matemático, además el semestre ya va bien adelantado y no se si será concebible iniciar mi asistencia al curso a estas horas sin ser un completo estorbo (y no el parcial estorbo que habría sido de haber asistido desde agosto).

Caminando luego por Wright Street hacia Green, lo vimos con Mercedes parado frente al edificio del departamento de inglés. Estaba en las escaleras con cara de perdido, miraba para todos los lados, volvía a la puerta, miraba a través del cristal. Mercedes insiste en que su nombre es Aleksandar Hemon, pero yo le repito que es Pronek, que yo lo sé, que no puede ser otro sino él. Seguimos caminando, lo dejamos atrás. Tengo ganas de ir este jueves a su clase, de pronto lo haga. Al fin y al cabo, ¿qué pierdo?

En cualquier caso, me contento con tener mi copia de A question of Bruno firmada por él. Dice For Javier, Aleksandar Hemon, pero yo insisto e insisto que él es Jozef Pronek.
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11.10.04

and it did happen...


Tara McPherson, Candy.

El couscous es adaptable y eso es bueno, parece plastilina, o un camaleón. Dicen lo mismo del tofu, pero la consistencia del tofu no termina de agradarme, en cambio el couscous ya pasó a hacer parte regular de mi alacena y protagonista de mis aventuras culinarias (que se han reducido casi a cero en los últimos meses por culpa del trabajo...).

Bueno, dos tazas de couscous se remojan en dos tazas de caldo de camarón caliente, se deja que la semolina absorba el caldo, se agrega un poco de aceite de oliva y luego se pone quince minutos al horno a 400 F. Mientras esto sucede, en una sarten amplia sofría 3 dientes de ajo fínamente picados, apenas empiece soltar el aroma, agregue una libra de tomate picado, un poco de gengibre rayado, aji picante en polvo (al gusto), una cebolla larga picada, un poco de sal, un poco de pimienta, dos cucharaditas de azucar, una cucharadita de cardamomo en polvo, una lata de garbanzos y deje cocer por 15 minutos. Luego agregue dos o tres filetes de un pescado de carne dura, yo usé salmón (¡Germán! ¡Esta receta es para usted!). Deje cocinar unos cinco minutos y luego agregue una libra de camarones. Cocine hasta que el pescado esté al punto y luego agregue un poco de cilantro picado (o perejil, o ambos).

Saque el couscous del horno, agregue un chorrito de aceite de oliva y remueva los grumos con un tenedor. Sirva en plato amplio y sobre él ponga un filete y mucha salsa. Me imagino que un buen pedazo de pan cae de perlas, me imagino que un buen jugo de lulo haría las cosas mucho mejores, aunque siempre habrá quien prefiera el vino. Coma solo o acompañado, sabe igual. Tome te luego, es un excelente digestivo y una buena excusa para conversar un rato más. El couscous quedó bueno, Mercedes no me dejará mentir.

Mañana, me armaré de mi copia de A question of Bruno para ver a Aleksandar Hemon leer y hablar sobre sus libros en la Illini Union Bookstore en Champaign. Pocas pocas veces tiene uno la oportunidad de ver de cerca a un escritor que admira, Saramago se me escapó en Bogotá, a Hemon no lo voy a dejar pasar. Luego les contaré mis impresiones, por ahora los dejo con la programación habitual.
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10.10.04

Herencias.


Luke Chueh, Locked.

De la legendaria matanza, sólo hubo dos sobrevivientes. El primero era el alcalde, quien habilmente se refugió en la caja fuerte de la caja agraria, y el segundo es mi padre, que corrió hacia la montaña y se perdió intentando escapar. Así fue como llegó a la ciudad. Años más tarde, ya mayor, volvió al pueblo con nosotros, encontramos muchas tumbas y pocas casas. Parecía como si todos los Morenos hubieran vivido en ese pueblo. Encontré cuatro veces mi tumba en el cementerio, fui un hijo ejemplar, un gran esposo y un entrañable amigo que perdió su vida cumpliendo con su deber. Mi papá estuvo obsesionado con los epitafios algún tiempo, los escribía en un cuaderno y los leia cuando estaba borracho, casi todos tenían que ver con alcohol. Ahora entiendo por qué los escribía: es un mal familiar.
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