Franqui o La huida.
Llevo varias semanas pensando en Franqui "Tristán" Cárdenas.
A Franqui lo conocí en enero de 1995, hace diez años, cuando él hacía un papel deplorable como monitor del grupo de estudiantes primiparos de la carrera de matemáticas de la Universidad Nacional y yo era uno de los primíparos. Franqui no habla, musita, no se le entendía lo que decía y él se limitaba a transladarnos de un lado a otro de la universidad buscando las actividades que la facultad de ciencias y la rectoría nos tenían preparadas. Fue una semana de inducción tediosa y aburrida en parte gracias a Franqui y su permanente indiferencia.
Franqui siguió por ahi, me lo encontraba de vez en cuando, yo sabía quién era, él probablemente no tenía ni idea cual era mi nombre. Recuerdo que se rumoraba que pronto Franqui se iría a estudiar doctorado a Rusia, hasta hicieron una rifa de un reloj para ayudarle, al final él no se fue a Rusia y no estoy seguro si alguien se ganó el reloj o no. Franqui era un tipo misterioso.
Más tarde empezamos a conversar porque terminamos estudiando lógica con Andrés. Franqui intentaba entender los grandes cardinales y yo me preocupaba por las extensiones no bifurcantes y así nos hicimos amigos, asistiendo a seminarios compartidos y luego conversando sentados en el prado. A Franqui le gustaba el alemán, le gustaba Kafka, leía a Kafka en alemán y luego me contaba lo que había leido. Lo impactó mucho la carta al padre, a ambos nos gustaban las aventuras de K en el castillo. Por esos días Franqui me dijo que él ahora se llamaba Tristán, yo le dije que donde estaba Isolda y él no entendió la referencia pero luego resultó que estaba saliendo con una muchacha alemana que trabajaba en el Goethe... no se llamaba Isolda, pero ahi estaba la Isolda de Tristán.
Más tarde, como en el 2000, Franqui empezó a practicar Kung-fu. Juiciosamente iba todos los dias y hacía una hora de práctica intensa. Adelgazó un poco, se puso a tono con la filosofía del Kung-fu y se volvió aun más parco y silencioso. Aun así, hablabamos de vez en cuando. Cuando a mi me dijeron que me habían admitido al doctorado en Illinois, Franqui me contó que él se iba para alemania. Fue una sorpresa, él no me había mencionado nada al respecto antes. Total es que cuando yo me fui para Estados Unidos, Franqui arrancó para Berlin a trabajar con Jensen.
De vez en cuando recibo e-mails de Franqui. Siempre son cortos y crípticos. Parece como si quisiera decir algo más pero no le saliera, o como si intentara compilar muchas cosas en pocas letras. Una vez me contó que lo habían perseguido unos skinheads en Berlin, me dijo que el Kung-fu le había servido para correr sin descanso y escapar de los matones. También me contó de la primavera en Berlin y una vez me envió un mail en invierno describiendome la escasa nieve. Así es él, a veces uno no entiende bien por qué ese mail justamente se lo escribe a uno, pero me imagino que él tiene sus razones.
En agosto nos encontramos en Turin. Siendo fiel a su estilo marginal, Franqui se quedó en un hotel alejado, no almorzaba, comía frutas entre charlas. Está flaco y con la cabeza rapada, me contó que trabaja en un templo Shaolin barriendo y traduciendo libros de Kung-fu al español. Me dijo que la tesis estaba casi completa pero que aun faltaba enfrentarla a la intrincada burocracia alemana. Me dijo que quiere hacer otro doctorado, en Cantón, donde hay un templo Shaolin grandisimo y un tipo que trabaja en teoría de conjuntos el cual lo podría asesorar. Siendo francos, el objetivo principal es el Kung-fu, la teoría de conjuntos es solo una excusa.
Sigo pensando en Franqui, lo conozco hace diez años, increible. ¿Dónde nos encontraremos la próxima vez?
A Franqui lo conocí en enero de 1995, hace diez años, cuando él hacía un papel deplorable como monitor del grupo de estudiantes primiparos de la carrera de matemáticas de la Universidad Nacional y yo era uno de los primíparos. Franqui no habla, musita, no se le entendía lo que decía y él se limitaba a transladarnos de un lado a otro de la universidad buscando las actividades que la facultad de ciencias y la rectoría nos tenían preparadas. Fue una semana de inducción tediosa y aburrida en parte gracias a Franqui y su permanente indiferencia.
Franqui siguió por ahi, me lo encontraba de vez en cuando, yo sabía quién era, él probablemente no tenía ni idea cual era mi nombre. Recuerdo que se rumoraba que pronto Franqui se iría a estudiar doctorado a Rusia, hasta hicieron una rifa de un reloj para ayudarle, al final él no se fue a Rusia y no estoy seguro si alguien se ganó el reloj o no. Franqui era un tipo misterioso.
Más tarde empezamos a conversar porque terminamos estudiando lógica con Andrés. Franqui intentaba entender los grandes cardinales y yo me preocupaba por las extensiones no bifurcantes y así nos hicimos amigos, asistiendo a seminarios compartidos y luego conversando sentados en el prado. A Franqui le gustaba el alemán, le gustaba Kafka, leía a Kafka en alemán y luego me contaba lo que había leido. Lo impactó mucho la carta al padre, a ambos nos gustaban las aventuras de K en el castillo. Por esos días Franqui me dijo que él ahora se llamaba Tristán, yo le dije que donde estaba Isolda y él no entendió la referencia pero luego resultó que estaba saliendo con una muchacha alemana que trabajaba en el Goethe... no se llamaba Isolda, pero ahi estaba la Isolda de Tristán.
Más tarde, como en el 2000, Franqui empezó a practicar Kung-fu. Juiciosamente iba todos los dias y hacía una hora de práctica intensa. Adelgazó un poco, se puso a tono con la filosofía del Kung-fu y se volvió aun más parco y silencioso. Aun así, hablabamos de vez en cuando. Cuando a mi me dijeron que me habían admitido al doctorado en Illinois, Franqui me contó que él se iba para alemania. Fue una sorpresa, él no me había mencionado nada al respecto antes. Total es que cuando yo me fui para Estados Unidos, Franqui arrancó para Berlin a trabajar con Jensen.
De vez en cuando recibo e-mails de Franqui. Siempre son cortos y crípticos. Parece como si quisiera decir algo más pero no le saliera, o como si intentara compilar muchas cosas en pocas letras. Una vez me contó que lo habían perseguido unos skinheads en Berlin, me dijo que el Kung-fu le había servido para correr sin descanso y escapar de los matones. También me contó de la primavera en Berlin y una vez me envió un mail en invierno describiendome la escasa nieve. Así es él, a veces uno no entiende bien por qué ese mail justamente se lo escribe a uno, pero me imagino que él tiene sus razones.
En agosto nos encontramos en Turin. Siendo fiel a su estilo marginal, Franqui se quedó en un hotel alejado, no almorzaba, comía frutas entre charlas. Está flaco y con la cabeza rapada, me contó que trabaja en un templo Shaolin barriendo y traduciendo libros de Kung-fu al español. Me dijo que la tesis estaba casi completa pero que aun faltaba enfrentarla a la intrincada burocracia alemana. Me dijo que quiere hacer otro doctorado, en Cantón, donde hay un templo Shaolin grandisimo y un tipo que trabaja en teoría de conjuntos el cual lo podría asesorar. Siendo francos, el objetivo principal es el Kung-fu, la teoría de conjuntos es solo una excusa.
Sigo pensando en Franqui, lo conozco hace diez años, increible. ¿Dónde nos encontraremos la próxima vez?
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