7.6.05

He wouldn't wake up till he died again.

Para recordar a Kuki Florcita, que nos dejó a medianoche.

"You know Sven? The man that takes care of the gym?" he asked. He waited till he got a nod from Nicholson. "Well, if Sven dreamed tonight that his dog died, he'd have a very, very bad night's sleep, because he's very fond of that dog. But when he woke up in the morning, everything would be alright. He'd know it was only a dream."
J.D. Salinger, Teddy.

Llega a París. Charles de Gaulle a las ocho de la mañana. No es el terminal A ni el B, es un misterioso terminal C que no aparece en los mapas y niega la policía. Camina hasta la estación del tren y luego de unos minutos de estudio de la situación decide que su fila es aquella, la de la ventanilla que atiende la mujer negra de gafas y vestido morado con vetas rojas. Uno a uno van pasando todos los viajeros por el frente de la matrona africana que los mira, les lee la mente y la fortuna y les expide un número apropiado de tiquetes que pasa por debajo de su jaula de vidrio no sin antes soltar un consejo. A usted le dice algo que, claro, usted no entiende, así que baja la cabeza para agradecer (rezando que el lenguaje universal de los signos incluya ese gesto) y emprende su camino hacia el tren. Una hora lo separa del centro. Una hora que se pasa volando mientras usted se concientiza de que por fin logró su sueño de infancia y luego, aterrado, descubre que ya no le quedan más en la lista.

A su lado hay un hombre de gafas que musita palabras aspirándolas mientras llena páginas y páginas de un cuaderno con garabatos. Entre sus piernas sostiene —aprieta— una bolsa de plástico con más cuadernos. Usted también tiene su cuaderno y lo saca y mira los garabatos que escribió en la última página utilizada. No hay mucho que agregar a lo ya hecho. Si el argumento está bien, todos ganamos, pero especialmente usted, porque de ahí, de ese cálculo a medias escrito a la izquierda, pende la otra mitad de ese artículo que tiene pendiente y al que esa conferencia la semana pasada en el pueblito alemán le hizo tanto bien. Las conferencias de matemáticos son como las salidas de campo de los biólogos, piensa. Luego se pregunta cuantas especies nuevas descubrió en esta ocasion, ¿dos?, ¿tres? Cuatro si contamos a la rumana de ojos verdes que hacía teoría de números y hablaba español con un dejo mexicano rarísimo, pero no vale la pena contar a la rumana: a esa nunca la volverá a ver.

El hostal no es el más limpio ni el mejor en el que ha estado, pero caminando hacía él vió, del otro lado del río, la emblemática torre Eiffel y se acordó de inmediato de ese afiche que había en la casa de su papá: uno de esos afiches en blanco y negro que todos los francófilos colombianos tienen y que mira la ciudad desde un helicoptero parado unos kilómetros al oeste de la torre. A esa caminata, y a toda la ciudad, le viene entonces muy bien un cambio al blanco y negro de las fotos de su padre. En blanco y negro inmediatamente nos sentimos en el pasado así que al lado suyo va su perro de infancia: un pseudo-labrador gris claro de ojos amarillos y despiertos que responde al nombre de Pulgo. Pulgo se murió una noche, usted se acuerda: regresaron de Cartagena y lo encontraron acostado en el patio, levantó un poco la cabeza y los miró, se despidió. Le hablaron y lo llevaron a la sala de televisión, estuvieron todo el tiempo junto a él, dejó de respirar hacia la media noche, cuando en el televisor se escuchaban los últimos acordes del anquilosado himno nacional. No importa, Pulgo y usted caminan por París hasta el Hostal que atiende un árabe narizón y sospechosamente risueño que le entrega una toalla y una llave y le dice el número de su habitación: el ocho.

En la habitación ocho hay tres personas más: dos franceses del norte que a sus tiernos diecisiete vienen a conocer París auspiciados parcialmente por sus padres, y un japonés encogido y elegante que, al usted entrar, se levanta de la cama y lo saluda con una profunda reverencia para luego ofrecerle la mano. En los dos incisivos superiores del japonés se podría jugar cómodamente tenis, en el aliento del japonés vive el alma en pena de Godzilla. Usted se cambia de camisa y de medias. El japones lo mira sentado desde su cama. Saca el morral de caminatas urbanas, lo carga con su cámara, su cuaderno y un libro en francés de Grupos de Lie y se dispone a salir. El japonés se le acerca y le pregunta en francés algo. Usted no entiende. El japonés saca su diccionario japonés-francés electrónico, usted saca su larousse de bolsillo español-francés. Tras dos minutos de intercambio lento de palabras, descubre que el japonés le preguntaba si iría a visitar museos. Oui, oui, dice, y el japonés, con señas descabelladas pero particularmente comprensibles —se nota que tiene experiencia— le pregunta si puede acompañarlo. Oui, oui, dice usted haciéndose eco. Merci, merci, dice el japonés. Usted señala en su diccionario la palabra correspondiente a Mañana, el japonés baja la cabeza varias veces y empuja aire hacia afuera por la nariz haciendo un sonido seco. Más reverencias en la puerta. Más aún a la salida del hostal. Usted saca su mapa, lo mira una vez, lo guarda y, convencido de haberlo memorizado, se prepara para perderse en París.

Al medio día camina por la rivera del Sena y se acuerda que de eso hablan en Rayuela. Hay ventas de libros usados en cajas de madera verdes apostadas contra el muro que da al rio. Hay gente caminando por todos lados y largas filas frente a panaderías. En la plaza de la concordia se toma una foto a sí mismo con el obelisco al fondo. Aún no tiene el coraje suficiente para pedirle a alguien más que le tome una foto, le parece que eso es una actividad privada y que a usted no le interesan las visiones que desconocidos puedan plasmar, así que estira el brazo, mide el ángulo y click. El obelisco sale a la derecha y usted a la izquierda de perfil con mirada sospechosa y ceja levantada. No se le ve el pelo. Se sienta en un banquito del jardín de Tuileries y vuelve al asunto del cálculo. No está seguro si esa relación es simétrica o si al decir simetría se refieren a lo que deberían referirse. Tampoco está seguro que la noción de rango propuesta sea equivalente a la estandar pero en ese caso confía ciega y tontamente en el buen juicio de su asesor, que por estos días anda en las playas de Ravello en una casita que alquiló para el verano.

A las dos va a almorzar. El restaurante elegido fue recomendado por un amigo de un amigo de una amiga. No es barato pero resulta muy bueno. Luego camina más y más. El rio hace imposible el plan de perderse, lo mismo le pasó en Londres. Al menos a pié nunca lo logrará. Notre Dame al inicio de la tarde, luego caminar por el barrio latino tarareando «dime si soy latino», luego una crepe de nutella con banano en Le p'tit grec, o algo así. Luego encuentro sorpresivo y de frente con el panteón y un nuevo descanso frente al monumento mortuorio en el que el cuaderno se sale del morral, se acomoda en sus piernas y le insiste que hay algo mal ahí que usted no está viendo. Con el tiempo se ha vuelto inseguro, ése cambio lo ha vuelto ineficiente y lento. Inseguro o no, algo anda mal ahí. No puede ser cierto esto —subraya la linea—, ni tampoco ésto —rodea la afirmación con un círculo repasado cuatro veces—. Entra a ver el péndulo, sale decepcionado al descubrir que no hay un pentagrama ensangrentado bajo él ni señales de una masacre peculiar ocurrida hace por ahí veinte años.

Vuelve a Tuileries. Más matemáticas. Está obsesionado con esas dos lineas dudosas y lo empezó a perturbar la hipótesis en principio inocua que había usado con tanta gracia en la primera parte pero que ahora luce artificiosa y falsa. A las ocho se come un sandwich rápido y vuelve al hostal. En lugar de ir a su habitación baja al bar. Ahí está el japonés, hablan. Durante los siguientes tres días —tres de los cuatro días que pasó en Paris—, el japonés de nombre indefinido que usted llamaba Kotaru se convierte en su sombra. Una sombra, valga la pena anotar, que invita a cerveza y a dos almuerzos y también paga la entrada del museo de Orsay. El japonés mira los cuadros lentamente y usted prefiere pasar rápido sobre todos y detenerse prolongadamente en aquellos que le llamen más la atención. De alguna manera y pese a su paso calmado, como si fuera un asesino de película, el japonés nunca parece alejarse demasiado de usted. Su sueño de hacer matemáticas en París se difumina de improviso.

Poco a poco una conversación toma lugar. Es una conversación lenta muy apropiada al consabido paso de tortuga del tipo y la ineficacia comprobada del sistema de comunicación adoptado, que incluye traducciones japonés-español, con un dudoso francés de intermediario, combinando las palabras gramaticalmente como si hablaran en inglés y recurriendo a señas cada tanto. Las razones por las que no intentan simplemente hablar en inglés son un misterio. A la salida de Louvre, sentados tomandose un café, usted se da cuenta que la conversación dejó hace horas el terreno sólido de los lugares comunes y se situa ahora en uno un tanto fangoso. De alguna manera el japonés descubrió que usted estudió alguna vez filosofía y entusiasmado ha decidido hablarle sobre las diferencias chocantes que él percibe entre la filosofía oriental y la occidental, pura confusión de términos. Es una discusión que pese a su cadencia cumbiambera resulta airada y envolvente. El japonés no entiende muchas cosas y pretende que usted se las explique y entonces usted le explica, en cambio, que ahora si que entiende menos y el japonés se asusta, pide disculpas, y rearma su frase añadiendo nuevos enigmáticos ingredientes a la conversación.

Su último día en París, usted y Kotaru caminan por la ciudad como si les perteneciera. Kotaru reemplazó hace día y medio al pulgo y ha hecho su visita a esa ciudad mucho más entretenida y extaña de lo que usted se la imaginaba. El centro Pompidou está cerrado por remodelaciones así que terminan yendo al cementerio de Montparnasse donde le deja una flor a Cesar Vallejo. En el metro de vuelta al centro se entera, leyendo el panfleto turístico que compró el japonés, que ahí también estaba enterrado Cortazar. Maldice su suerte y le explica al japones. Él inmediatamente pide disculpas.

En el bar del Hostal, haciendo tiempo antes de la partida, el japonés lleva la conversación a su punto más álgido: ¿es el concepto de la fuerza en StarWars oriental o, por el contrario, tiene sus raices en ideas occidentales? La pregunta admite varias respuestas cada una con varias variantes. Nunca logran salir de ahí, el climax de la discusión es también su cierre, un cierre homicida que es alentado con la promesa de que continuarán la conversación por e-mail. Por supuesto, nunca intercambian correos, apenas si acaso un abrazo en el apuro al descubrir que se hizo demasiado tarde. Kotaru volverá a Tokio el otro día, usted toma esa noche un avion hacia Barcelona. En la sala de espera del terminal paria rememora los cuatro días en la ciudad luz, se pregunta qué sucedió, se pregunta si valió la pena, recuerda. A su lado está Pulgo en blanco y negro de nuevo. Cuando usted llegaba a la casa Pulgo le saltaba al pecho y lo tumbaba. Pulgo corría por toda la casa y patinaba a dos metros de la puerta para que lo dejaran salir. Ahora está callado con la lengua afuera mirándolo como esperando una orden. La orden que espera llega por los altoparlantes, invitan a los pasajeros a abordar. Pulgo se desvanece y se queda en Paris, usted se sube en un avión y empieza el lento proceso de transmutar lo ocurrido en un sueño. Ésto es lo que queda al final.
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3.6.05

Capítulo 6: Los aventureros años cincuenta.

Para Gabriel, que se casa.

Los cincuenta fueron una década de profundos cambios para el joven aprendiz de cineasta. Muchos proyectos quedaron en el olvido tras su decisión de archivarlos durante un rato para dejarlos madurar, casi todos se pudrieron. Fue una mala decisión, pero él no tenía idea que precisamente por esos días la compañía productora dirigida por Paul Waltson buscaba desesperadamente un joven director con material novedoso al cual lanzar al estrellato. Benson hubiera sido el candidato ideal, al final eligieron a Redmon Fields con las desafortunadas consecuencias por todos conocidas.

Durante el cincuenta y el cincuenta y cuatro, Benson trabajó como vendedor de una librería en San Francisco. Le pagaban bien y le permitían llevarse libros para la casa con la condición de devolverlos en menos de una semana. La pasión por la poesía del norte de italia de finales del siglo XVII fue una consecuencia de esa serie de lecturas, así como su interés súbito por la física, area de la que no tenía mayor idea pero que siempre, alentado por la ciencia ficción, había considerado fascinante. Vivía cerca a la bahia, los sábados trotaba y atravesaba el Golden Gate en ambas direcciones hacia las nueve o diez de la noche. Una vez creyó ver a una niña saltar desde el centro del puente, pero en la radio al día siguiente no dijeron nada.

Cansado del tedio del trabajo regular, Benson recolectó sus ahorros y partió hacia China en un barco de carga anclado en el puerto enlistándose como asistente de cocina. Su experiencia como visitante regular de la cocina de su madre le bastó para ser contratado por el capitán, un marino gordo de gafas de apellido Serrano que fumaba marihuana todo el tiempo para calmar un dolor que, decía, se le había calado en el alma tras la muerte de su esposa. El viaje a Asia estuvo lleno de penalidades. A la mitad del camino descubrieron que una familia de ratas había engullido buena parte de los vegetales en bodega y no había mucha carne. Las raciones se redujeron al mínimo y uno de los marinos, un nigeriano que a duras penas entendía inglés, se desesperó tanto que una noche saltó por la borda. Afortunadamente el vigilante de guardia lo vió saltar y activó la alarma de hombre al agua antes que fuera demasiado tarde. El capitán comentó esa noche, mientras el doctor le ponía un sedante al suicida para calmarlo, que estaba abrumado por el incidente pues él creía que los nigerianos estaban acostumbrados a aguantar hambre, a diferencia de los consentidos jovenes californianos, que siempre lo habían tenido todo. Puso como ejemplo a Benson.

Ya en Hong Kong, Benson vivió en un apartamento compartido con un neozelandés, una turca y un colombiano. Del neozelandés nadie sabía gran cosa. Era un tipo misterioso que se comía los mocos mientras veía televisión y parecía tener varias novias regadas por toda la ciudad. La turca venía de Anatolia y trabajaba como traductora al alemán para una compañía de exportaciones. El colombiano hablaba poco y le gustaba sentarse en el balcón a fumar, leer y escuchar radio. Era un periodista cuyo periódico, por problemas de administración, supuestamente, había dejado olvidado en Hong Kong hacía tres años sin dinero para regresar. El hombre se ganaba la vida en el distrito comercial organizando espontaneamente visitas guiadas en español a los sitios más importantes y robando turistas desprevenidos. Benson vivió con ellos dos años y durante ese tiempo escribió lo que luego sería conocido como El cuaderno de Hong Kong, la serie de notas sin unidad que compila sus meditaciones en esa tierra extraña.

El salto de Hong Kong a Filipinas ocurrió de manera natural cuando Benson conoció en un bar a Tamara, una bailarina nacida en Manila que trabajaba haciendo striptease en varios locales nocturnos de la ciudad. Apenas la vió sentada en la barra pidiendo un cuba libre, Benson supo que la conocía de antes. No sabía donde y no hacía falta averiguarlo. Lo que necesitaba era hablar con ella así que se acercó decidido y se presentó con la formalidad que lo caracterizaba: Mi nombre es Benson, Isaac Benson, soy americano. ¿Cuál es tu nombre?

Tamara aparece de una u otra manera en todos los escritos de Benson publicados hasta la fecha. Tamara es la mujer que escapa por una ventana del convento en Numbness, también la voluptuosa secretaria que seduce a media oficina en Pasive Tension y, claro, es la protagonista del tríptico surrealista títulado Ogusa. Tamara fue un evento extraño en la vida de Benson porque la dotó de motivos. Hasta ese día, ya con treinta y cinco años y poco hecho, Benson nunca había tenido más razón para vivir más allá del hecho trivial de que estaba vivo. Con Tamara todo adquirió un nuevo cariz, todo se volvió más sencillo, todo giró en torno a ella y sus labios gruesos y sus ojos inexpresivos y su cabello siempre corto que le dejaba al descubierto ese par de orejitas a las que le debemos la serie de poemas Earlized, punto de quiebre de la obra más madura de Benson, cuando inició su etapa simbolísta y lírica.

Benson recibió 1960 en un apartamento en Manila que compartía con Tamara. Todavía faltaban varios años antes que Steve Trinsner recibiera el manuscrito que finalmente sacó a Benson del anonimato y lo catapultó a la esquiva fama. Todavía Isaac Benson soñaba con ser un director de cine y contar en una película el día que descubrió que sus papás y su hermana habían muerto arrollados por una estampida de vacas en Colorado mientras él dormía la siesta. Todavía creía que era joven y que aún quedaba tiempo. Todavía miraba a Tamara y veía a la mujer de su vida, a la única y más preciada. Tamara lo dejaría en un año o dos para probar suerte en Europa como bailarina exótica y él, defraudado, seguiría su camino acompañado del perro que habían comprado entre ambos. Diez años más durarían sus andanzas por el mundo antes de volver a Nueva York donde, renovado, escribiría en seis meses lo que no había escrito en toda su vida. Nunca olvidaría a Tamara y la volvería a ver de nuevo, pero para eso faltaba aún casi que una vida.
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1.6.05

Reality Check 666.


  • Cocteleando.
  • Bumper Dumper.
  • Svnwiki ahora permite escribir matemáticas visualizables en cualquier navegador usando comandos de latex dentro de <math> </math> (yo propuse que se usara $$ para delimitar texto matemático pero Alejo dice que entonces no se podría escribir "¡¡¡Ahorre $$$!!!", lo que parece ser crucial). Hasta ahora hay sólo unas cuantas pruebas de Andrés Forero y otros, pero espero que pronto tengamos un wikiplace más interesante y organizado aquí. Las posibilidades que se abren con este avance perpetrado ayer por Alejo son jugosas.
  • En quince días en Barcelona. La inevitable cuenta regresiva se inicia.
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29.5.05

Liliana Laberíntica.


Iba a escribir un cuentico al respecto pero creo que mejor dejo sólo la imagen (Fotografía por M. Guzmán).
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28.5.05

Technical Report

Bueno, ayer llegó mi nuevo computador portatil. Cansado de arriar mi Dell Inspirón me decidí por algo más pequeño y manejable. Elegí, después de mucho pensarlo, un Apple iBook G4 de 12 pulgadas. Es una belleza de maquinita. Previniento atascos de disco duro eventuales, lo pedí con 60 G de disco duro en lugar de los 30 que traen por defecto.

Ayer y hoy me he dedicado a configurarlo, instalarle cosas y jugar con él intentando acomodarlo a mis necesidades y gustos. He aquí un reporte de progresos:
  • Manejador de paquetes: Una vez uno prueba uno de esos manejadores de paquetes de software libre estilo los ports de FreeBSD o los RPM, es dificil dejarlos atrás. Para Mac OS X hay dos opciones disponibles: La primera es Darwin Ports (que se basa en los FreeBSD ports) y la segunda es Fink (que se basa en el apt-get de Debian). Aparentemente Darwin Ports es más manejable pero finalmente me decidí por Fink debido a que cuenta con mayor cantidad de paquetes disponible y la instalación no lucía, despues de todo, mucho menos tediosa que la de Darwin Ports. Hasta ahora, he compilado e instalado a través de Fink Xfree86, The Gimp, TeTeX y KDE. Todo funciona bastante bien aunque me molesta un poco tener que ejecutar X para poder jugar con The Gimp. Deberían sacar una versión local para aqua.
  • Browser: Safari ofrece las posibilidades de Firefox o Mozilla pero completamente integrado al entorno. Tiene un lector de feeds muy práctico en la barra de bookmarks. Me gusta mucho el look and feel de aqua dentro de las páginas web. Instalé un plug-in para visualizar archivos djvu. Me queda faltando el gmail notifier.
  • Internet Pager: Sebastián, quien tiene experiencia con Mac OS X, me recomendó Adium. Tengo agradecerle a Sebastián el hint. Adium es uno de los mejores messengers que he visto. Se lleva fácil en calidad y usabilidad a Kopete y Gaim y tiene una interfaz muy bonita. Y para mayor gracia está licenciado bajo GPL.
  • Virtual Desktops: DM es otra aplicación GPL que encontré por ahí buscando soluciones para mi problema de espacio (una pantalla de 12 pulgadas es bien bien pequeña). Simplemente permite el uso de escritorios virtuales al mejor estilo X. Me salvó la vida, no importa lo que digan los de apple, expose no resuelve los problemas de ventanas cuando se pasa de cierto número de ellas.
He notado que aun hay poco software que haya sido probado para Mac OS X 10.4 (Tiger). El lanzamiento es aún muy reciente.

Por lo demás, instalé una versión carbon de emacs, skype y un tablero de go para aqua con GnuGo en el alma. Si logro reproducir DVDs de cualquier zona sin tener que recurrir a métodos drásticos de modificación del firmware, voy a ser plenamente feliz. Durante esta semana iniciaré el transbordo de archivos a su nuevo hogar.

(Ésta, por si no se dieron cuenta, fue mi entrada anual que me permite renovar mi membresía a los Freaks Unidos)
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Like them, I live without a future.

El maestro cerró el libro, miró a sus alumnos y dió por terminada la clase. Había sido un buen año, había sido un buen grupo. Juntos habían logrado cubrir con mediana decencia un buen pedazo de la historia del pais. Claro, como siempre había cosas que tuvieron que ser dejadas para otra ocasión: la disolución de la primera república y el advenimiento de los cuarenta vergonzosos años de reinado del sultán, la crisis económica del 75 que trajo consigo las grandes movilizaciones hacia el campo, el asesinato misterioso de cuatro presidentes consecutivos, la construcción del muro de piedra que rodéa la capital, las detalladas inflexiones verbales del lenguaje de los primeros habitantes de las que sólo quedó un dejo extraño en el acento, predilección por los verbos terminados en ir y una exagerada tendencia a construir verbos sobre otros, apareandolos y reduciéndolos de tamaño con curiosas terminaciones que ninguna academia acepta.

El maestro llevaba 35 años de su vida contando la misma historia. Ya no era más la historia del pais donde vivían, no. Era, él lo sabía, la historia de un pais imaginado, un pais que sólo existía en su cabeza y en la de aquellos que tuvieron la fortuna de verlo llegar todos los días puntual, cada vez mas encogido, cada vez más despacio, a sentarse en ese pequeño escritorio metálico verde a contarles la aventura de los hombres que forjaron el pais donde vivían. Para justificar la rareza de sus historias insistía en el aparato represivo del gobierno y el esfuerzo ingente que hacían todos por ocultar la verdad. Los heroes de sus estudiantes eran hombres y mujeres que, desde las sombras, dirigieron las revoluciones que eventualmente desembocaron en ese intento de democracia que con tanto orgullo enarbolamos hoy por hoy.

El maestro no le dijo a nadie que ése era su último día en el colegio pero tampoco nadie lo recordó. Recorrió los corredores desiertos, entró al primer salón donde dictó clase, recordó el día que llegó y descubrió con desagrado que todos los tableros de tiza habían sido sustituidos por límpidos tableros de acrílico. En señal de protesta, anunció a las directivas que se reusaría a usarlos hasta que le reinstalaran el tablero verde en su salón. Cumplió su promesa a cabalidad aunque el viejo tablero jamás regresó.

Decidió caminar hasta su casa. Se detuvo en el supermercado y compró una diet-coke de dos litros y una garrafa de leche entera. En casa lo esperaba la noticia de que su gato, Tiresias, se había ahogado al caer accidentalmente entre el bebedero para pájaros que había mandado a instalar el verano pasado. Había dos mensajes en el contestador telefónico. El primero era de su exesposa preguntándole si podría cuidarle al perro el fin de semana, el segundo era el anuncio de que por fin, luego de casi diez años concursando ininterrumpidamente, había ganado el sortéo-concurso de la radio al que juiciosamente se inscribía mes por mes. La pregunta de este mes había sido dificil: ¿cuál es el nombre de la batalla naval que decidió el resultado de la guerra ruso-japonesa? Pero claro, él sabía la respuesta.

En el mensaje le anunciaban que había ganado una provisión de coca-cola por los siguientes tres años. Al cerrar los ojos esa noche, pensando en lo que haría con el resto de su vida ahora que no tenía que regresar al colegio, el maestro decidió que no estaba seguro si estaba feliz o triste, si había ganado o perdido. Esa noche soñó que al terminar la clase sus estudiantes lo aplaudían hasta que la niña rubia sin nombre que siempre se sentó junto a la ventana sacó un revolver y le disparó al pecho. Cuando se despertó eran las once de la mañana. Ése día arreglaría el jardín y enterraría a su gato. No sabía aún en qué orden, tampoco importaba mucho: de ahí en adelante, siempre sería sábado.
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27.5.05

Guess who is now at home?

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Inferno.


Las manos del asesino son las de Argento. La mano que hinca el puñal en la espalda de la estudiante, la que baja la ventana sobre el cuello de la hermana de Mark, la que alza el cuchillo en alto antes de cortar de un solo tajo el cuello del parapléjico que es mordisqueado por las ratas. Las manos de Argento son las que alzan a la mujer en llama en los aires y la arrojan por la ventana. Argento argumenta sensibilidad, Argento dice que, si pudiera, él mismo haría todos los personajes de sus películas. La curiosidad es que, aun siendo así, sólo elige uno, siempre el mismo: las manos que matan.

En Inferno retoma la historia de las tres madres que ya había sugerido tangencialmente en Suspiria. El turno ahora es para Tenebrarum, que habita un edificio semiabandonado en Nueva York. La historia, vagamente hablando, es que hay tres casas misteriosas habitadas por tres hermanas llamadas Las Tres Madres. Las casas son habitadas de manera íntima por la entidad, se convierten en sus ojos, brazos y oidos. La casa asesina valiéndose de sombras, de plagas, de providenciales filos que rasgan la carne y permiten el flujo natural de la sangre. La gente que se desangra es más suceptible a ser asesinada, parece ser la enseñanza.

La tercera casa quedaba en Freiburg, dice la leyenda. En Freiburg viven mis amigos Andrés y Carolina, quienes hace poco tuvieron su primer hijo. Se llama Sebastián. Argento nunca filmó la tercera parte de su trilogía. Eligió caminos menos metafísicos, se separó de su mujer (inspiradora de las dos primeras), vivió un tiempo en Estados Unidos y siguió matando en cámara tantas mujeres como pudo. Sigue haciendo películas, por supuesto. Y estas, claro, siguen pareciendo filmadas en 1983. Argento no deja esos años. Nos pide disculpas al principio del DVD de Inferno, nos dice que esa fue una época muy dura para él. Está sentado en un sofá de cuero, está viejo, se cortó el pelo, la cara sigue siendo la misma, casi no se rie, se acaricia las manos y dificilmente las mueve mientras habla. Las guarda para mejores cosas, me imagino. Qué italiano tan raro es Argento.

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Viaje en el tiempo.

Salí hoy a las nueve de la noche de Shanghai. Desde el cielo vi el puerto perderse entre la tormenta. Estuve dos noches en Shanghai, noches lluviosas, noches ciegas. Todo el mundo corre por las calles principales del centro, nadie habla con nadie, en un bar escucho música estridente, en otro un gordito simpático me llama y me ofrece clean pussy y good beer, en el restaurante donde almorzamos comemos pato con una salsa misteriosa y espesa riquísima. Junto a mi viene sentada una pareja. Élla lee una revista de variedades y él mientras tanto duerme recostado en su hombro y le abraza el brazo. Predigo que cuando retome la conciencia, no va a tener cuello.

Luego de la comida (chicken, beef or pasta, yo elijo chicken) dieron una película china, no supe el nombre. La primera hora transcurre en una habitación que es visitada por varios pintorescos personajes. En la cama de la habitación yace moribunda una rica anciana que no tiene descendientes directos. Los visitantes intentan persuadirla de que los elija a ellos y le cuentan a la anciana historias que pretenden demeritar a los demás vecinos para así ganar el favor de la anciana: el vecino de la casa azul ahogó a sus hijos, el de la casa verde escapó de la justicia, la de la casa amarilla le robó el marido a la de la casa naranja, la de la casa naranja le vende drogas a los niños del pueblo. No hay representación explícita de las historias, sólo conversaciones parecidas a la de esta película alemana del asesino conversando con los policías, pero el tono es mucho más light. Uno no se imagina que, luego del fade a negro que sigue tras la visita del último vecino, la viejita aparezca asesinada crudamente sobre su cama. Por un segundo uno sospecha que es el final y aplaude el humor negro pero luego la película continúa y uno se da cuenta que es una finísima slasher movie en la que el espectro de la viejita persigue a sus vecinos matándolos uno por uno por la siguiente hora y algo. Ninguno de los vecinos se salva, todos reciben su merecido y con cada muerte se revela como cada uno de ellos participó en la gesta del horrendo crimen. No hay moraleja: la película termina con una baladita rosa que enmarca a la viejita hundiendose en el bosque con el hacha sangrante en la mano. Me recordó a La comunidad de Alex de la Iglesia. Aparentemente, las restricciones en cuanto al contenido de las películas en vuelos de aerolineas chinas son mucho más laxas que en sus pares occidentales. En el vuelo Chicago-Londres con American Airlines, lo más pesado fue Bridget Jones II.

Me quedé dormido luego de la película pero la siesta fue corta, menos de media hora, porque intempestivamente nos avisaron, cuando llevábamos solo cinco horas de vuelo, que la turbina derecha estaba fallando y debíamos hacer una parada técnica. Son las seis de la tarde del mismo día. Salté sobre la isla del día de antes, viajé en el tiempo y en el espacio y estoy en Anchorage en Alaska. Nos pagaron un hotel los de la aerolinea. No resultó tan malo, tiene wireless internet y todo, también nos dieron dinero para ropa, doscientos dolares, acabo de regresar de dar una vuelta por ahí. No hay nada que ver.

El vuelo para Chicago sale mañana a las siete, voy a dormir un poco.
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26.5.05

Quoting Freud.

"This diary is a gem. Never before, I believe, has anything been written enabling us to see so clearly into the soul of a young girl, belonging to our social and cultural stratum, during the years of puberal development. We are shown how the sentiments pass from the simple egoism of childhood to attain maturity; how the relationships to parents and other members of the family first shape themselves, and how they gradually become more serious and more intimate; how friendships are formed and broken. We are shown the dawn of love, feeling out towards its first objects. Above all, we are shown how the mystery of the sexual life first presses itself vaguely on the attention, and then takes entire possession of the growing intelligence, so that the child suffers under the load of secret knowledge but gradually becomes enabled to shoulder the burden. Of all these things we have a description at once so charming, so serious, and so artless, that it cannot fail to be of supreme interest to educationists and psychologists."
S. Freud, A Young Girl's Diary.
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25.5.05

You should express things the way you think about things.

Estoy en Sozhou, cerca a Shanghai, al este de China. Vine a Sozhou porque había perdido algo y alguien me dijo que aquí lo encontraría. Vine porque me llamaron, me insistieron, me rogaron. Aún no entiendo bien por qué vine a Sozhou pero aquí ando recorriendo los canales en una canoa que me recuerda Venecia aún cuando yo nunca he estado en Italia. Es más fácil recordar lo no visto si se encuentra del lado del mundo correcto, lo del otro lado es interpretado en base a los recuerdos implantados a través de viajes falsos por televisión. Sozhou luce como New Orleans y Venecia y el barrio chino de Londres, San Francisco y Chicago, algunas zonas parecen barrios modulares del occidente de Bogotá o esos horribles complejos residenciales en Berlín del este. En las calles comerciales tiendas de baratijas de intercalan con restaurantes con patos colgantes, mercadillos de animales vivos y listos para consumo, frutas, verduras, infinitas variedades de ajís picantes que lucen todos igual pero queman bien distinto. China se ha convertido en la visión que siempre tuvimos de China. De las fotos artísticas en papel esmaltado que China Reconstruye me trajo a mi infancia no quedaba nada. Mao estaba definitivamente muerto.

En la esquina, dentro de una casa de te occidentalizada y desinfectada me espera, sentada en una mesa fumando un cigarrillo y tomándose un te en un vasito delgado y alto de vidrio, mi contacto: Teresa, la prima de Adolfo, el mejor amigo de Rodrigo, mi amigo del colegio. Ella pide por mí. Un te amargo y oscuro, un poco denso, no me explica bien qué es. Lleva viviendo en China trece años. Cómo llegó a este lugar, le pregunto. El viento era muy fuerte, me responde mientras me mira y se rie y, de no ser porque me advirtieron, juraría que me esta intentando seducir. Todos se llevan esa impresión de Teresa, todos se enamoran de Teresa, ella no se enamora de nadie.

Caminamos hasta su apartamento que queda en el barrio inglés cerca a uno de los complejos industriales más grandes del area. Una vez dentro del barrio los ojos rasgados se desvanecen o se uniforman pasando de plaga a servidumbre. Que si quiero algo de tomar, me pregunta apenas entramos. Una coca-cola, le respondo, sin hielo. ¡Ja!, me dice, Lleva mucho tiempo en Estados Unidos, sólo los gringos le echan hielo a la Coca-cola. Yo creo recordar un bar en Barcelona pero ella inmediatamente me aclara: son una infección, se expanden. Luego vienen las preguntas de rigor: Cuánto, Cómo, Dónde, Por qué, Para qué. Escribe las respuestas en su palm, hace un par de llamadas en las cuales logro filtrar la ocurrencia de mi nombre trastocado un par de veces. En una de las llamadas se demora bastante, hace silencio, se rie estrepitosamente, retorna a un tono más serio, luego uno que suena dulce, luego de nuevo el serio, hay un momento en el que parece que estuviera amenazando. Cuando cruzamos miradas, cambia el rostro y me sonríe y vuelve a su conversación. Ya está, me dice luego de colgar. Mañana en el mismo lugar, a las ocho de la noche. ¿Tienes donde dormir?. No, no tengo. Si no te molesta, puedes dormir en mi sofá. No, no me molesta.

Al levantarme está sentada frente a mi, aun en pijama, leyendo un libro en inglés. ¿Cómo dormiste? No muy bien, tuve un sueño raro. ¿Qué quieres de desayunar? Me lista al menos diez variedades de cereales distintos, me ofrece café, te, infusión de canela, de yerbabuena, de manzanilla. Ella se va a trabajar, yo me quedo sentado en la sala y ojeo el libro que estaba leyendo, se llamaba Lucky Girls, algunos cuentos. Empecé uno, me aburrí pronto; cada vez me aburre más leer en inglés, me siento limitado. Estuve escribiendo un par de correos, leyendo los periodicos de Colombia, ojeando unas revistas que tenía sobre la mesa del comedor. Salí de la casa hacia el medio día y almorcé en un MacDonalds, fue fácil. Me metí a una librería, ojeé libros de fotos, recordé la dudosa calidad de la industria editorial china: mis ediciones desvencijadas de las aventuras del Rey Mono, mis libros de leyendas, el libro rojo de mi mamá que reposaba entre el Manifiesto y el Anti Duhring. Me senté en un café, pedí un capuchino. Cerca a la zona industrial el inglés se vuelve predominante, me siento de nuevo en casa. En el televisor del café pasan CNN, anuncian que Estados Unidos contempla, tras las amenazas nucleares de Chavez, retornar a la alerta naranja y movilizar tropas desde la base de la coalición en Arauca. Si una bomba atómica explotara, aquí en China estaría a salvo.

¿Para qué fue que vine a Sozhou? El tiempo practica Tai Chi en China, se mueve lento pero es contundente. Cuando llegan las ocho estoy en la sala de te convenida y Teresa me dice, abriendo la caja, No puedo creerlo. ¿Esto era lo que querías? ¿Para qué lo quieres? Lo miro, lo saco de la caja. Arrastro mi dedo sobre la superficie fria y pulida, es justo como el anterior. ¿Cuánto?, pregunto. Diez mil. Hay un intercambio de maletas que involucra a una pareja que departe unas mesas más atrás. ¿Feliz?, me dice Teresa. Asiento. Lo aprieto dentro de mi mano, me lo meto en el bolsillo. Mañana dejo Sozhou, viajo en bus a Shanghai, allí me encuentro con Mariana, que me prometió una comida, a las once de la noche tomo el avión a Chicago. En el taxi para el aeropuerto lo saco de nuevo, qué brillante es, que fino. Sobre mi mano luce indispensable, ¿Cómo hice para estar vivo todo el tiempo que no lo tuve? No sé, tal vez no lo estaba. Me pongo los audífonos, escojo el canal de pop japonés, cierro los ojos. Suena a final de serie de animación y al fondo las turbinas. Un final eterno, recurrente, incomprensible, completo. Abro los ojos, corren créditos, aprieto el botón. Así termina todo.
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23.5.05

Episodio 3.


(Beware: Potential spoilers this review may contain)

La pregunta que nos rondaba no era tanto ¿Cómo terminará? sino más bien ¿Cómo cerrará el círculo?. La historia, en términos generales, la conocíamos bastante bien. Sabíamos quiénes sobrevivirían y quienes sacrificarían su vida. Sabíamos también quién era el padre de quién, no más sorpresas por ése lado, y hasta sabíamos que el Lord Sidius era... ¿o no lo sabíamos? Ya no estoy seguro.

Fiel a su política de dialogos irrisorios y romantisismo barato, George Lucas nos entregó, al fin, después de tanto tiempo, el último episodio de La Guerra de las Galaxias. No fue un episodio malo, digamos para empezar. Al contrario, Lucas se las arregló para contarnos lo que ya sabíamos (y hasta aprovechando que ya lo sabíamos) de una manera entretenida y relativamente ágil. Obviamente que la historia no es la mejor, pero es que la historia nunca fue la mejor. Star Wars está basado en clichés: el redentor, el rito de iniciación, el decenso a los infiernos, la profesía misteriosa, los recién nacidos ocultos, el padre extraviado, el amor imposible. Bien y mal se enfrentan y el bien eventualmente vence por knock out aun cuando el mal ganaba casi todos los rounds por puntos. Esta película cierra, todos lo sabemos, cuando el mal va ganando.

Lucas se las arregló para convencernos que aún había un chance de detener a Anakin en su entrega al lado oscuro. Durante la película es fácil caer en el absurdo de sentir que hay esperanza y que el joven jedi renunciará a su codicia y retomará el camino de la fuerza. Así mismo, uno sufre por la seguridad de Obi Wan aun cuando sabe que al fondo está Alec Guinness esperándonos. De cualquier manera, es entretenido angustiarse inutilmente y hasta sentir un poco de rabia al ver que el redentor se convierte gradualmente en el opresor movido por... bueno, Lucas no es muy bueno justificándolo pero se lo perdonamos porque cuando Darth Vader se pone la máscara por primera vez, la cámara asume el punto de vista de Anakin y eso es una revelación para cualquiera que haya seguido la serie con mediano interés.

Puntos a favor:
  • Yoda es crucial, central, dominante. Yoda lleva la película de la mano y todos queremos a Yoda. Yoda nos sorprende y siempre sabio suena. Yoda se enfrenta a los Sith, Yoda dirige la batalla de los Wookies, Yoda siente el desbalance de la fuerza.
  • R2D2 continúa mostrándonos lo que por falta de tecnología apropiada nunca pudo hacer en los episodios 4, 5 y 6. Yoda es el alma de la serie pero R2D2 es el narrador. R2D2 logra transmitir una personalidad pese a ser una caneca de basura.
  • Samuel L. Jackson es, después de Yoda, al que mejor le sienta la túnica Jedi. Ewan McGregor luce falso, demasiado rígido.
  • Las peleas con espadas de luz son excelentes. Son emocionantes, intensas y hasta artísticas.
  • Los efectos especiales, en general, simplemente reconfirman que en el rancho Skywalker, Lucas tiene uno de los mejores estudios de producción de efectos especiales imaginables. El realismo y la calidad de los personajes generados por computador es admirable. Yoda actúa mejor que Hayden Christensen. Mucho mejor.
  • Me gustaron las sutiles (y no tan sutiles) referencias a la situación política actual.
  • Me gustó que el final conecte limpiamente con el inicio del episodio IV. Lucas es un genio: dentro de un mes o dos va a poder relanzar en teatros las películas que inició en 1975 y que maquilló a principios de los 90. Su capacidad de reencauche y marketing parece no tener límites.

Puntos en contra:
  • Las actuaciones son casi todas muy malas. Queda la duda de si es culpa de los insípidos diálogos o si es simple incapacidad de los actores.
  • Los momentos románticos, necesarios porque justifican la historia, se alargan insoportablemente. Yo los hubiera reducido un poco.
  • Natalie Portman se ve fea y el personaje pierde su ímpetu. Se ser una política aguerrida y frentera pasa a ser una princesa en busca de protección. Su debilidad decepciona.
  • Chewbacca solo tiene un parlamento corto.
  • La justificación de la caida de Anakin es forzada, no convence. A veces parece como si todos ahí se hubieran vuelto idiotas.
  • Me decepcionó que no sean explícitos a la hora de mostrar lo bajo que cae Anakin. Todo por poder presentársela a menores de edad.
Me siento satisfecho. Fui esperando nada y salgo pensando que al final Lucas hizo un buen trabajo: me contó una historia por 28 años (lo que llevo vivo) y mantuvo mi interés presente. Yo todavía (como cuando tenía ocho años) quiero una espada de luz y sueño con conocer a los ewocs y los wookies y tocarle la calva verde a Yoda (para la buena suerte) y ponerme una máscara de imperial stormtrooper y pedirle a R2 que me repare la nave mientras persigo a velocidades enloquecidas una nave imperial.

Leo por ahí que, ahora que si tiene dinero, se va a dedicar a realizar su otro sueño (claro, después de producir la cuarta de Indiana Jones): "dirigir pequeños proyectos artísticos". No sé por qué dudo que esas películas nunca vendrán. No sé por qué casi espero que esas películas nunca lleguen. Deberíamos darle otra oportunidad. Después de todo, si logró mantenernos en vilo por tanto tiempo bien merece una oportunidad para demostrar que no solo puede hacer gigantescas (y legendarias) empresas épicas de películas ridículas sino cine de buena calidad que sea más sutil, menos obvio, que cautive sin recurrir al exceso. Veamos qué pasa.
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22.5.05

¡Todos íbamos en esa lancha!


legalv: Yo siempre supe que eso de Bluelephants no era otra cosa que una alegoría a uno de los regalitos del Patrón a J.
j.: Se equivoca, Leonardo. Aunque yo estuve en la hacienda Nápoles acompañando a Alberto, amigo de toda la vida, nunca intercambié palabra alguna con el señor Escobar pues siempre le he considerado una persona ordinaria y de baja clase.

Con franqueza debo decirle que yo creía que la coca que todos metían en las fiestas era comprada con la plata que Alberto se había robado en el senado. Yo nunca creí que hubiera dineros ilícitos involucrados, yo soy una persona de bien.
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21.5.05

Suicidal squirrel (doesn't care what they say).

Well, this time I'll make sure that there aren't any more ever! No more dreaming for real friends! No more stars for me to be alone under! No more! I'm blowing through that lid.

I'm going over the stars.
(jtsm)

Hace tres años, caminando despistado por High Street, vi cómo una ardilla realizaba un limpio salto suicida desde un árbol contra el asfalto. No, no era una ardilla voladora y no, las ardillas no caen de pie como los gatos y, no de nuevo, las ardillas no tienen siete vidas. Tienen una, más o menos como todos nosotros.

Durante los casi cuatro años que he pasado en Urbana he presenciado la muerte de cinco ardillas en circunstancias similares. Las ardillas urbanas de Urbana se lanzan de las copas de los árboles contra el pavimento, a veces rebotan y chillan un poco antes de desvanecerse o ser pisadas con soltura por un carro. Las más valientes saltan desde la acera y encaran a una SUV negra o azul oscura sin aspavientos en un combate perdido de antemano y con firmeza enfrentan a la muerte de las ardillas cara a cara. Antes de morir, es su costumbre, profieren un singular aullido de combate que desconcierta, porque quien las ha visto caminando por el quad pidiendo maní no se imagina que tal sonido pueda provenir de una ellas; la imagen de un lobo salvaje recién herido por una cruel trampa parece acomodarse mejor.

Hoy fui testigo de primera mano de otro de esos lances de la naturaleza contra si misma y no por haberlo visto ya tantas veces fui menos asombrado por la bravura y determinación que muestran esas pequeñas criaturas al elegir no vivir sobre hacerlo. Digamos que esta ardilla se llamaba Mateo (*) para simplificar. Digamos que Mateo tiene tres años y fue una de esas ardillas recién nacidas que vi correr emocionadas tras la llegada de la primavera en marzo de 2002, 27 de marzo, para ser exactos. Eran las tres de la tarde. Mateo corría tras sus hermanitos. Era gordo y tenía la cola esponjosa y grande, una mancha negra distintiva decoraba su brillante pelambre dorsal, por eso lo recuerdo.

Mateo fue un hijo ejemplar que mostró desde sus primeros meses una predilección por las artes manuales y la construcción. Al año de nacido, el viejo y rústico nido fue convertido, por los diligentes dientes y manos del pequeño Mateo, en un castillo con varias habitaciones, tuneles de emergencia y tres balcones estratégicamente situados para recibir, desde la sala de estar, toda la potencia del esquivo sol durante todo el año. Su madre estaba orgullosa.

Todos los hermanos de su misma camada partieron al año, como manda el instinto, pero Mateo, tímido y bizco autoconvencido, continuó viviendo con sus padres argumentando que las ardillas bizcas no tenian lugar en el mundo, tenía cierta razón. De nada valieron los cariñosos cumplidos de su madre ni los consejos de su padre, Mateo parecía decidio a pasar el resto de su vida en soledad, construyendo túneles y pequeñas artesanías que vendía en una esquina del Farmer's Market durante el verano oculto tras un ridículo antifaz. No ganaba mucho con ello pero nunca tuvo muchas necesidades tampoco.

Le gustaban las bellotas y por las tardes, luego de trabajar en su taller, recorría los amplios pastizales del engineering quad buscando las mejores y sistemáticamente enterrándolas convencido de que las encontraría cuando hicieran falta. Un estudio realizado entre 1995 y 1996 en los alrededores de la universidad por dos estudiantes de doctorado de zoología que aun no se gradúan, comprobó que la probabilidad de que la ardilla que entierra una bellota sea la misma que la encuentre está por debajo de 10-14, pero Mateo no perdía la esperanza.

Ayer por la tarde fue un día normal en la casa. Para la cena, la madre preparó un par de avellanas rostizadas, los restos de un Happy Meal que el padre encontró entre la basura de la esquina sur-oriente del quad, cerca al foreign language building, y dos bagels viejas que Mateo encontró en una mesa al aire libre de Panera Bread. Para beber, finalizaron la lata de Red Bull que el padre había encontrado el lunes pasado cerca a los bares, tras la bullosa noche de grados. Antes de dormir vieron un poco de televisión, discutieron sobre los planes para la próxima semana (lo más lejos que sus pequeños cerebros les permiten) y decidieron que el próximo domingo irían de picnic al cementerio. Mateo se comprometió a reservar la lápida.

Hoy por la mañana, tras desayunar ligeramente, Mateo salió para el Farmer's Market y jamás volvió. Nunca llegó al mercado. En su lugar, caminó por Green Street hasta la altura de Busey, buscó un árbol elevado, escaló sigilosamente procurando no despertar a quién quiera que viviera bajo su corteza (Doña Getrudis, viuda, esquizofrénica, muere de hambre en su habitación desde que desarrolló un inusitado temor a las cosas verdes), subió hasta una de las ramas mas altas, me vio venir caminando con mi diskman por la calle y silbando una canción vieja de Green Day y, cuando pasé al lado del tronco, cerró los ojos y se dejó caer mientras entonaba esa cancioncita que su mamá le cantaba cuando era chico antes de dormir. Yo lo vi caer dando tumbos y también vi su rostro tranquilo, seguro, absolutamente conciente del paso a seguir.

Un cadillac El Dorado verde, conducido por un chino triádico de camisa de flores salido de película de Jackie Chan, lo recibió de frente contra el parabrisas, que se reventó en el acto. Matéo rebotó como si fuera de caucho y terminó a un lado de la calle sobre un montón de hojas secas adheridas al asfalto. Medicina legal dice que murió en algún punto indefinido entre el parabrisas y el montón de hojas. Para consolarnos nos aseguran que practicamente no sintió nada salvo, quizás, "un punzón intenso pero fugaz a la altura del cuello".

Mateo no dejó una nota, ni una grabación, ni una entrada de despedida en su weblog. Durante el sepelio, el pastor habló de las cosas que Mateo hizo por la remodelación de la iglesia comunitaria y recordó con alegría cuando, muy pequeño, Mateo le preguntó si en el cielo también sería bizco. Esto produjo sonrisas entre los asistentes que, tras el entierro del cadaver, se retiraron a sus árboles no sin antes recoger su ración de bellotas para la noche. Dos de las bellotas recogidas fueron enterradas por Mateo, pero las afortunadas que las hallaron nunca se dieron cuenta de éso. Hubiera sido bonito decir que una de ellas hubiera sido la madre de Mateo, pero les estaría mintiendo: esta noche la pareja de viejas ardillas no comió nada, su hijo menor había muerto.
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(*) Su nombre fue cambiado para proteger su anterior identidad.

Por JAIME MOLANO
Para EL TIEMPO
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20.5.05

Insomniac.


Insomne, ojeo weblogs, noticias y links variados.

Algunas conclusiones producto del delirio producido por la supresión involuntaria del añorado sueño:
  • Aparentemente —si los weblogs de TOL conforman alguna población significativa— una gran mayoría de los jóvenes webloggers colombianos entre 16 y 28 años (temerariamente me incluyo entre la población a describir (temerariamente me declaro aún joven)) son terriblemente sensibles y sufren profundas (y recurrentes) crisis emocionales. Las excusas favoritas para sustentarlas parecen ser el amor (o desamor), la soledad, la incomprensión, el inconformismo, el clima, la música escuchada (o por escuchar), los libros leidos, la falta de plata y la distancia. La verdad, lo que me sorprende no son tanto las tales crisis en sí sino la aparente intensidad y regularidad de las mismas. ¿Será acaso el weblog un amplificador de desequilibrios emocionales? O, peor aún, ¿Será el weblog (la posibilidad de tenerlo, la interacción que permite, la seguridad que ofrece) la razón misma que desencadena las crisis? Otra opción: ¿Será que los weblogs atraen almas débiles?
  • Lucía me preguntó el otro día cómo era mi voz. Con Lucía y con Miguel, entre muchos otros, he conversado lárgamente a través de messenger. A veces me parece que ya hasta somos amigos, pero Lucía me recuerda con su pregunta lo lejanos que realmente somos. Yo he conocido muchisima gente por intermedio del weblog pero a pocos de esos tantos los he visto o les he escuchado la voz. Por fortuna, al conocerlos, me he encontrado con gente cercana a mí, que comparte muchas cosas conmigo, en quienes reconozco amigos. ¿Será pura coincidencia que sea así?
  • (Personas que he conocido por intermedio de este weblog (o su antepasado): Mercedes (nos conocimos en Madrid, nos volvimos a encontrar en este pueblo, vamos a cine de vez en cuando), Mauricio (nos conocimos en Barcelona, deliciosa bandeja paisa adaptada a los medios locales), Roberto (en una segunda visita a Mauricio y por intermedio de éste), Clarita (también en Barcelona, por culpa de Gabriel. Nos encontramos de milagro la primera vez), Jaime (nos conocimos en Barcelona y nos hemos vuelto a ver un par de veces más. Muy amable nos llevó con Olga a caminar por Montmartre), Alejandro (nos pudimos haber conocido en muchas ocasiones pero terminamos hablando por primera vez en diciembre pasado, también en Barcelona. Pasamos año nuevo con él y su hermana).)
  • Hay sesenta y cinco (!!) soldados chilenos perdidos en los andes. Paradójicamente, o afortunadamente, venían de practicas de sobrevivencia en alta montaña. Llámenme pesimista, pero creo que nos aproximamos a otro episodio más de canibalismo colectivo en las cumbres andinas (aparentemente, el lugar favorito para estos festines seguido de cerca por barcas de naufragos en el pacífico). Alguien debería empezar a negociar desde ya los derechos del libro y la película sobre esa historia con el ministro de defensa chileno.
  • El mismo día que el presidente decide lanzar un discurso contra los que acusan a su gobierno de estar paramilitarizado, se denuncia que la policía expidió orden de captura contra 200 (!!!) indígenas paeces por supuesta vinculación con la guerrilla. ¿Si éso no es comedia entonces qué es?
  • Sonat está intentando instruirme en los misterios de la doctrina rint (palabra farsi que, mal traducida, debería ser algo como buena vida. Sonat la traduce al inglés como amateur hedonist). La primera lección incluyó una buena comida semiturca con berenjenas y cerdo (!?) seguida de una selección de variados chocolates y tragos digestivos que incluían algunas bebidas basadas en vodka conservado con especias o frutas (la especialidad familiar, según parece) y otras traidas de los múltiples viajes de la mamá por todo el mundo. La segunda lección consistió básicamente en una fumata de nargile con sabor a melón mientras aprendíamos sobre percusión asiática y africana y luego eramos sometidos a un crash course en tambor egipcio. Dificilísimo, por cierto. La lectura recomendada para esta semana es el Rubaiyat de Omar Khayyam. En ésas ando.
    Khayyam, if you are intoxicated with wine, enjoy!
    If you are seated with a lover of thine, enjoy!
    In the end, the Void the whole world employ
    Imagine thou art not, while waiting in line, enjoy!
    Ser un hedonista es más dificil de lo que pensaba. Las clases continuarán durante todo el mes.

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19.5.05

R. Cadena: Relatos.

Reinaldo Cadena nació en Medellín en 1980 y murió en la misma ciudad en 1998 tras recibir un tiro en la frente procedente de las sombras de un pastizal cerca a su barrio. Entre el primer y el segundo incidente, Reinaldo Cadena mató a treina y cinco personas incluyendo su madre, su hermanito, su tio y su perro de toda la vida, Tron. Esta última muerte, me contó alguna vez, fue la única que propinó movido por amor. Hubiera matado a su padre de haberlo conocido, me dijo también. Reinaldo tenía pómulos afilados y colorados, fumaba desde los nueve, pero nunca metió vicio, y desde los doce jamás había estado a más de un metro de su revolver, un smith and wesson modelo 10 que le robó a un vecino bocón, borracho y pendenciero que había sido policía. Él fue su primera víctima.

Reinaldo Cadena escribía cuentos y su escritor favorito era Federico García Lorca hasta que descubrió que era un maricón. La providencia hizo que nos conocieramos en un recital de prosa que la casa de la cultura de Montería organizó para celebrar sus treinta y cinco años de fundada. Moreno-Durán iba a leer algunas cosas y se rumoraba que habían traido a Gomez Jattin de Cartagena. Ni lo uno ni lo otro fue cierto: Moreno-Durán canceló por gripa y a Raul nunca lo pudieron encontrar. Cadena hacía parte de un grupo de escritores jóvenes paisas liderado por otra estrella fugaz, el controversial Nafer Loaiza, que moriría por una sobredosis en el paseo a Coveñas que siguió al recital. La presencia de los paisas llenó el evento de un particular ambiente festivo. Se sentaban siempre en la parte de atrás y aplaudían emocionados con cada intervención. Eran diez o doce muchachos. Creo que ahora uno escribe en El Tiempo y otro en algún periodico de Medellín. Hay uno que hace poco ganó un concurso de poesía en España. Los demás desaparecieron sin rastro.

Reinaldo no era bueno, hay que reconocerlo. Tenía mala ortografía y poco estilo, pero también tenía perseverancia e interés por mejorar. En el recital leyó un cuento sobre un perro que es sacrificado por su dueño. El cuento era narrado por el perro, era dificil de entender, la narración se perdía en si misma y el cierre me recordó Of mice and men con un intrincado twist. Hablamos en un coctail que siguió a la primera serie de lecturas. Le pregunté si había leido a Steinbeck y me dijo que se había visto la película pero que no había conseguido el libro. Reinaldo no robaba, iba en contra de sus principios. Matar es diferente, decía, éso es justicia.

A Reinaldo lo mataron porque lo confundieron con otro. Un ajuste de cuentas entre bandas o algo así. Había estado con la novia toda la tarde y luego había salido para el barrio a encontrarse con un amigo al que le iba a prestar una plata. Los testigos dicen que se desplomó al segundo tiro, el primero le dio en el hombro, él miró hacia el potrero en tinieblas, refunfuñó y siguió caminando con las manos entre los bolsillos. Tres pasos y bum bum: dos tiros más. El primero se metió entre una ventana de la tienda del otro lado de la calle y mató a Don Sebastián, el tendero, que en ese momento arreglaba la estantería subido en una escalerita metálica que siempre tenía detrás de la puerta. La bala, todavía untada de vidrio, le entró por la espalda y terminó estampada contra la pared en una explosión de sangre, arequipe y frijoles enlatados. La segunda bala le hizo a Reinaldo un agujerito de ochenta milímetros de diámetro en el frontal izquierdo y un crater de cinco centímetros de diámetro en la nuca. Esas cosas no duelen. Se siente un ruido sordo cuando entra y, si uno tiene suerte, la bala le licúa el centro del dolor antes que el dolor llegue. Murió sin entender muy bien por qué, no esperaba menos de si mismo.

Reinaldo dejó una especie de diario en un cuaderno Jean Book cinco materias que escribía de manera errática y casi siempre cuando estaba tomado; un cajón de manuscritos ilegibles que contienen cuentos, reflexiones y hasta un ensayo sobre la virgen del carmen y su relevancia en la mitología barrial paisa; una libretica con notas de los cruces de Reinaldo incluyendo historiales de todas sus víctimas; una carta para su novia "en caso de que le pasara algo malo" en un sobre sellado; un folder con tres historias policiales pasadas a máquina por una vecina que era secretaria de la gobernación. La primera historia, titulada Tango a tres pies, brinda reveladoras pistas sobre el asesinato, hasta ahora impune, de un medianamente reconocido cantante de tango local que fue desfigurado a tiros en una casa que tenía en El Retiro, cerca a Medellín. La segunda historia es la vertiginosa confesión de un muchacho que, borracho, mata a machetazos a un par de vecinos que no lo quieren dejar jugar futbol en la cancha del parque. La tercera descubre una conexión misteriosa entre los dos crímenes anteriores convirtiendo el compilado en una fina —y sorpresiva— novela corta.

Estos tres relatos y algunos cuentos fueron publicados en enero del año pasado por la alcaldía de Medellín, dentro de su programa de apoyo a la juventud, en el libro R. Cadena: Relatos. En la solapa sale una foto de Reinaldo con el pelo largo sentado en una banquita en el parque de Berrío fumandose un cigarrillo y con una lata de colombiana en la mano. Abajo de la foto dice: Reinaldo Cadena nació en Medellín en 1980 y murió en la misma ciudad, a mano de la delincuencia común, en septiembre de 1998. Se inició en la escritura siendo muy joven. Participó con éxito en varios festivales de cuento y cuentería y asistió invitado por los organizadores al tercer encuentro nacional de escritores jóvenes realizado en Bogotá en 1997. La primera y única edición del libro tuvo un tiraje de 9000 ejemplares. De ellos, 2000 aún reposan en una bodega de la alcaldía esperando a ser convertidos en alimento de ratones. Con las ventas del libro, el secretario de educación de la alcaldía se compró una camioneta bronco que siempre había querido y le pagó a sus mellizas de quince años un viaje de un mes por las islas griegas. Oficialmente, el dinero fue utilizado para mejorar las instalaciones del centro de la juventud en el barrio La Ensenada, que lleva en obra negra doce años.

El cuerpo de Reinaldo Cadena fue fue declarado N.N. por medicina legal dado que nadie lo reclamó. Sus huesos, remendados apropiadamente, cuelgan sonrientes de un gancho en un aula de la facultad de medicina de la Universidad de Antioquia. El afamado profesor Agustín Pedraza, en alguna de sus recurrentes visitas a la Universidad, hizo notar al decano de la facultad las perfectas proporciones de sus huesos de la mano. Debió ser un escritor, observó el galeno. El decano asintió mecánicamente aburrido de la erudición senil del bogotano y salió del salón. Pedraza se quedó un rato más admirando los finos carpos y metacarpos hasta que llegó una señora a barrer. Al día siguiente, cuando llegó a Bogotá, ya se había olvidado del asunto. Éso pasa.

Notas al margen:
  • Especial de ochoymedio sobre Star Wars. Me he divertido mucho colaborando en su realización. Ha sido un trabajo mancomunado de todo el equipo de comentaristas y creo que el resultado, dado que lo hicimos super a la carrera, es más que satisfactorio. Durante el fin de semana, creo, lo decoraremos un poco más.
  • Reseñas de Mantra y La vida: Modo de empléo en camino (con un poco de fe).
  • El sitio de la conferencia en Bogotá tuvo una actualización reciente. Ahora mismo tenemos 19 personas confirmadas. La cosa va a estar buenísima.
  • Llego a Bogotá el 5 de agosto. Me voy el 5 de septiembre. Va a ser un buen mes.
  • Filete de salmón condimentado con un poco de eneldo y pimienta asado con una salsa de yogurt, limón y mostaza acompañado de perejil picado, tomaticos cherry y un buen pedazo de pan. Tiempo de preparación: 10 minutos.
  • Escribir matemáticas bien es muy dificil. Poco avance por estos días. Ando pensando en Geometrías de Zariski.
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16.5.05

Bibliografía Relacionada.


it's true that I like portraying violence, but that doesn't mean I'm bloodthirsty or sadistic, it's just that I believe that violence can be used poetically.
***

I'm a vegetarian, because I don't want to kill things to eat.
***

Horror is the future. And you can not be afraid. You must push everything to the absolute limit. Or else life will be boring.
People will be boring. Horror is like a serpent; always shedding it's skin, always changing.
And it will always come back. It can't be hidden away like the guilty secrets we try to keep in our unconscious.
D. Argento

Lecturas Recomendadas:
  • Comedic Violence and Gore: the uprising of italian horror cinema (Varios autores, Cambridge University Press, Perspectives on Cinema 176, 1997): Interelaciones poco exploradas entre humor y sangre a traves de ejemplos habilmente elegidos del prolífico cine de horror italiano. En particular recomiendo el artículo Nonsensical sequences in Argento's Tenebre, escrito por el italianista newyorkino Tobias Blut.
  • Pellicole malfamate (R. Stegani, Rodopi, 1993): Recomendadísimo (¡Piet!) el capítulo dedicado a Ruggero Deodato y su serie imbatible de películas de caníbales. Una traducción al inglés (The most infamous Italian horror movies) fue publicada por Critical Vision en 2001.
  • Bloody Confessions: Serial Killers and Slasher Cinema (D. Webster, Fantasma Books, 1999): Casi cincuenta años antes de que Jack El Destripador hiciera su aparición, Edgar Allan Poe escribió historias sobre crudos asesinos seriales. La tesis del libro es que el fenómeno social de los asesinos seriales se alimenta de las ficciones que la sociedad misma produce. Para corroborarlo, varios asesinos seriales confesos son entrevistados haciendo énfasis en sus preferencias cinematográficas. Es un poco tendencioso pero las entrevistas valen la pena.
  • Pop Violence (P. Gewalttätigkeit, Scharfes-Messer, 1978): Más discusión alrededor del apasionante tema del humor en peliculas de horror italianas. Al final del libro hay una entrevista muy buena con Mario Bava y Lucio Fulci. El ejemplo central del libro es la premiada Cani arrabbiati (Bava, 1974). Conociendo el trabajo previo de Bava, me parece que fue una mala elección. Yo hubiera preferido Operazione paura (Bava, 1966), precursora definitiva del cine de zombies, o inclusive Sette note in nero (Fulci, 1977).
  • Blood Thirst (J. Flayed, GPK Publishing, 1996): ¿Quiénes ven películas de terror? ¿Cómo son los fanáticos? ¿Qué tipo de vidas llevan? Este estudio riguroso llevado a cabo entre 1990 y 1995 por el autor, profesor asociado de Northwestern University, nos brinda el retrato completo del norteamericano aficionado a las películas de terror. Testimonios, varias páginas de fotografías y cuidadosas estadísticas complementan este trabajo. Según tengo entendido, hay un trabajo similar desarrollado recientemente por dos profesores de la Complutense de Madrid enfocándose en el aficionado español. Sin embargo, no he sido capaz de encontrar la referencia exacta.
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15.5.05

Domingo 15: Háblame de horror.

Al final de las fiestas todo es complicidad: quedan diez en la sala, brincan y repiten estrofitas de canciones y van a la mesa del trago a ver si alguna botella se puede exprimir. Alguien dice que se va y eso de inmediato desencadena la partida del resto. Los finalistas de una fiesta tienden a actuar como manada: algunos ayudan a los más débiles, otros limpian ligeramente el area de desastre, otro recolecta el testimonio gráfico, otro declara con orgullo "yo no tomé tanto, creo que ya puedo manejar", varios exploran la nevera en busca de queso y otro cuenta. Siempre hay uno que cuenta cabezas varias veces en un intento de organizar la huida o como parte fundamental del delirio alcohólico comunal. Total es que ocho se van en el carro X. El conductor, que no está tan borracho. Junto a él, Z y W, que no caben en la silla pero lo simulan muy bien. W pretende que el cinturón de seguridad lo bordea, todo es una farsa. Atrás, A, S, D y F. D va subida encima de F, A se queja que el Smirnoff a veces patea muy duro. Todos asienten como si compartieran en ese momento la misma conciencia.

En el baul, a falta de espacio, iba Santiago. Él se ofreció voluntariamente pues, de otra manera, tendría que irse caminando y, no importa lo que digan, aquí no se había iniciado el verano. Ibamos en el carro X y hablabamos y a veces nos acordabamos de Santiago, que iba en el baul. S lo llamó: "Santiago, si está vivo, golpee dos veces". Escuchamos tres golpes, las risas mutaron en desazón. Cuando abrimos el baul, nadie salió, nadie nunca había estado ahí, no importa lo que digan las fotos.

El carro X nos ha llevado a muchas partes, pero a veces le suena el baul. Tres veces siempre, sin falta. En especial cuando alguien, desprevenidamente, menciona el nombre de Santiago. ¿Será que cuando X venda el carro aclarará que está embrujado?
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14.5.05

What kind of girl are you?

me
You're like me! The loner. You're shy at times but friendly, and you are never weak and always independent. You are kinda intelligent and somehow have a talent for many things. You have a kind and warm personality and enjoy the simple things. Like hanging out with friends and watching movies at home. But you're sometimes quiet nature makes you a bit of an outcast and a mystery to people (in other words, a weirdo). No matter how pretty you are or smart or athletic, you just can't seem to break into the crowd and be noticed. Don't worry, try to be more outgoing and speak out when you have more to say. Don't hide behind your books and sports and computer, get out there and get noticed. You also have deep desires in life and feel vunerable and alone at times. Don't feel sad either, What helps me to express feelings and dreams that I can't say to people, is through my writting. I write poetry, maybe you should try.


What kind of girl are you? (with pix!)
brought to you by Quizilla
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Viernes 13: Háblame de horror.

Para Camila, que se murió muy rápido y no alcanzó a decir nada.


Por un lado está el cuerpo desmembrado a la derecha, colgado de anzuelitos minúsculos, de esos que terminan engarzados a mi dedo índice cada vez que vamos a pescar. Era una mujer, creo. La pierna izquierda descansa en el suelo, los dedos del pie están muy separados y —si se entrecierran un poco los ojos y se olvida el contexto— parece la manita de un enano que intenta agarrar el tubo del bus para no caerse. Por otro lado está el perro al lado de la puerta que ladra y ladra y no me deja dormir. Alguien debería matar a ese perro.

Llevo dos días en este cuarto. Nadie ha venido a visitarme. A veces mi mamá me llama y yo le digo que no estoy y cuelgo y entonces ella vuelve a llamar y así, se repite unas cuatro veces y luego me manda a la mierda. Parece que no se diera cuenta de donde estoy. El otro día me dejó una olla con goulash en la puerta. Tocó y se fue. Le di el goulash al perro, a mi nunca me ha gustado el goulash. Galletas y egg nog, eso me gusta, pero claro, mi mamá nunca lo supo, mi mamá no sabe nada.

Debería salir a la calle un poco más, me dice mi amigo Alfredo, que vive en Montevideo y me manda correos electrónicos todos los días. Creo que está enamorado de mí, o bueno, de quien sea que le dije que era. Un profesor de universidad. No, un corredor de bolsa exitoso de apellido Trujillo. Tengo una amiga en Mar del Plata y otra en Madrid. A ellas les dije que era un niño enfermo de cancer, que me llamaba Jeremy y practicaba mi español desde casa a través de internet. Me mandan tarjetas de get well y discos con la música que les gusta. Un día debería mandarles algo, una carta de los padres de Jeremy contándoles que el niño se murió y pidiéndoles encarecidamente que, por favor, dejen de mandar sus putas cartas. «Pero si yo recibí un correo de él ayer», dirán ellas. «Lo siento», responderá el padre de Jeremy, «tiene que ser una equivocación: Jeremy se murió hace dos años».

Hoy están dando Suspiria de Dario Argento en la tele. Sale Miguel Bosé de veinte años, a lo más, caminando como un mariquita con trusa de bailarina de ballet. Lo atraviesan con un hacha. Miguel Bosé es el David Bowie hispano, dicen por ahí, el rey del glam latino. Seguro que no saben que en sus orígenes era actor de cine de terror italiano. En cambio, la loca de Bowie nunca pasó de laberinto. Es que la gente no aprecia.

A Dario Argento le gusta atravesar a mujeres en vestidos vaporosos con vidrios afilados, tambien le gusta cortarlas en la cara y luego atravesarlas por el estómago y lanzarlas por una ventana. Orgasmo. En esas escenas, si uno cierra los ojos, no sabe si está viendo una película pornográfica o una sangrienta. La muerte y el sexo suenan igual, deben ser parecidos.

Qué mal huele este lugar. Voy a salir a dar una vuelta por ahí, me hace falta aire.
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12.5.05

Palindromes.


Los Estados Unidos suburbanos de Todd Solondz nos brindan una imagen de un pais descompuesto. Tanto la cruda Happiness como la violenta Storytelling pasando por la amarga Welcome to the dollhouse son retratos parciales de una realidad ignota y particularmente chocante que yace oculta tras disneylandia, los parques six flags, la coca-cola, los flamantes dólares, las exitosas empresas y las ciudades como New York, Chicago o Los Angeles, paradigmas de la civilización actual.

Solondz, como W. Anderson, le gusta jugar en ese terreno cuasivaldío en el que la comedia colinda con la tragedia. El suyo es un humor corrosivo, que sólo da risa los segundos que tardamos en descubrir que lo visto o escuchado es es real. El drama lejano parece ser una excusa perfecta para reir. La diferencia entre Anderson y Solondz, una de tantas, puede estar en la naturaleza de los personajes y los conflictos a los que se enfrentan. Mientras Anderson nos presenta personajes excepcionales (freaks a la Fresán o a la Salinger) enfrentados a profundas crisis internas, Solondz nos presenta un zoom in de la familia del lado, ésos que se ven tan felices en todas las fotos que tienen en la sala, y luego procede con precisión de sádico a desnudarlos hasta que podamos verlos como realmente son. Los conflictos de los personajes de Solondz son, por tanto, muchísimo más descarnados. Solondz mata personajes, los viola, los somete a complicadas crisis sexuales y/o familiares, los destruye o los deja destruirse (Otra posible diferencia, pienso ahora, podria ser el hipercontrol de Anderson enfrentado al sutil minimalismo de Solondz que muchas veces raya en la improvisación).

En Palindromes conocemos a la pequeña Aviva (coincidencialmente prima de Dawn Weiner, la protagonista de Welcome to the dollhouse), quien tiene sólo trece años y quiere —lo desea, lo necesita— tener un bebé. La desición tomada por la niña (que no es sino un reflejo del hecho de que Estados Unidos va al frente en el porcentaje de adolecentes embarazadas por año dentro de los llamados "paises desarrollados") le permite a Solondz iniciar una aventura a su lado donde —sin tomar posición, como es su estilo— nos adentrará en las pantanosas y eternas discusiones (usualmente muy mal llevadas en este pais) sobre el aborto y la posibilidad de decidir, y también nos conducirá, siguiendo la huida de Aviva, dentro del poco explorado (pero cada vez mas visible) mundo de las comunidades cristianas fundamentalistas que pululan en los Estados Unidos (48% de los gringos creen en el creacionismo, 46% se declaran cristianos renacidos...).

[Lo que sigue, dependiendo de su personalidad, puede ser considerado un spoiler. Yo no lo considero como tal, pero mejor me curo en salud]

Solondz experimenta en Palindromes con un recurso extraño de utilización de múltiples actores para representar un mismo papel (Buñuel hizo algo similar en Ese oscuro objeto del deseo). Aviva, la protagonista, es representada por seis actrices y un actor de edades, complexiones y colores diversos. Los cambios, lo comprobé experimentalmente evitando advertir a mis acompañantes lo que había leido por ahí sobre la película, pueden resultar confusos y hasta tensionantes si no se llega preparado (la otra posibilidad es que las personas de República Checa sean particularmente sensibles a éso, pero a mi me gusta generalizar más). En un artículo corto de Solondz que encontré por ahí dice que, independiente de las connotaciones metafóricas, él lo hizo principalmente porque le gusta cuando en series de televisión, de temporada a temporada, cambian los actores o actrices que desempeñan papeles protagónicos y pretenden que nadie se da cuenta de que el ser es distinto (su ejemplo era un cambio de casting en Hechizeras, creo). Hay una reflexión a lo largo de la cinta sobre lo que cambia y lo que no y a mi me parece que el truco de Solondz la acompaña muy bien. He leido múltiples interpretaciones a diferentes niveles de lo que quiere decir el director con éso, que llegan hasta el punto de extraer un análisis psicológico de la personalidad, claramente fragmentada, de Aviva. Yo creo que la intención de la cosa pudo ser mucho más simple, casi casi al nivel de lo que dice Solondz.

[Aquí se termina el supuesto spoiler]

Como el director se cuida de tomar parte, uno devanea entre el amor profundo y el odio abismal por los personajes todo el tiempo. Aun los más excesivos de Happiness a mi me despiertan una especie de ternura rara que me descompensa un poco cuando reconozco su existencia. Me parece que Solondz le hace justicia a lo que quiere representar: Estados Unidos es un pais diverso con profundos problemas de cohesión interna debidos no solo a conflictos raciales sino a diferencias abismales entre grupos sociales promovidas, siento yo, por un sistema que parece favorecer la desigualdad, la ignorancia y la ceguera. La versión de Solondz, por supuesto exagerada, es aun así más cercana a la que el cine industrial nos pretende vender. Solondz dice: si, aquí vivimos felices, aquí vivimos seguros, aquí somos buenas personas, miren que bonitas casas, pero también nos descomponemos y explotamos, también somos hipócritas como sociedad y egoístas como individuos, todo no está bien y ésto está bien lejos de ser el paraiso en el que nos convencieron que vivíamos. Solondz no regaña, nos abre los ojos. Yo creo que éso hace bien.

Notas al margen:
  • Completé (gracias a la ágil acción de M.) los documentos para solicitar la visa a España, fui a Chicago a llevarlos. La cosa sale en tres semanas.
  • Compré el DVD de The life aquatic.
  • Me fue bien en la reunión con Anand. Algunos de los problemas que mencioné fueron efectivamente solucionados durante la misma. Ahora parece que le echaré un ojo a lo que pasa cuando se miran ejemplos particulares. Mirar una curva elíptica parece ser razonable, en ésas andaré en Barcelona.
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10.5.05

Fragmento del log de trabajo.

[Fragmento tomado de mi log de trabajo (en otras palabras, boooooring alert)] La tesis va bien. Hace rato no sentía que avanzara tan rápido. Creo, de hecho, que es la primera vez que de veras siento que la tesis va para algún lado. ¿Para dónde va la tesis? No sé, pero para algún lado va.

Progresos recientes (como si a alguien le importara)
  • Comprensión medianamente decente de lo que debería hacer la derivada logarítmica en el caso iterativo y posterior adaptación del operador al caso que me interesa con mediano éxito (haciendo uso de los (supertrendy) arc spaces).
  • Definición de lo que debería ser una extensión de Galois diferencial iterativa para una ecuación (logarítmica) diferencial en un grupo algebráico definido sobre las constantes de un cuerpo (iterativo) diferencial dado.
  • Comprobación que estas extensiones existen y que son únicas módulo isomorfismo (hay problemillas con esta prueba, pero creo que eso sale pronto).
  • (Lo que más me gusta) Correspondencia (bajo las condiciones adecuadas) entre estas extensiones recién definidas y las viejas extensiones fuertemente normales que había adaptado hace un buen rato (de nuevo algunas dudas, pero nada que no sucumba ante un poco de presión y un poco de ayuda de los amigos).
Lo recién mencionado sumado a lo ya hecho constituyen la tarea inicial que me asignó Anand hace un año, el nucleo de la tesis. En términos prácticos, más o menos la mitad mas uno. De aquí en adelante debo profundizar en algunas cosas (me gustaría una presentación tan geometrica como sea posible, no sé si sea capaz), explorar algunas preguntas (e.g. ¿Qué condiciones tiene $a$ para que $lD(x)=a$ tenga una solución en el modelo?), generalizar algunos resultados (e.g. extensiones fuertemente normales generalizadas, revisar qué pasa si los grupos no están definidos sobre las constantes) y eventualmente sacar fuerzas e iniciar la escritura rigurosa de todo.

Quería contarles (hinchado por el optimismo) mi esperanzadora agenda de trabajo hasta agosto/2006, pero mejor me la guardo. Prefiero mantener las expectativas bajas.

Mañana tengo reunión con Anand.
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9.5.05

Kung Fu Hustle.


Stephen Chow sabe como repetirse sin hostigar. Stephen Chow también sabe ridiculizarse al mismo tiempo que se transforma en heroe. Stephen Chow hace películas entretenidas, sin contenido, para domingos como hoy.

A Matrix le achacan la mezcla de artes marciales y efectos digitales de alto turmequé. A Stephen Chow algún día le reconocerán que fue él quien llevó ese concepto a su verdadero nivel. Chow explota a los atletas, conoce sus capacidades y también sabe qué puede hacer con un par de computadores. La mezcla es impecable y casi insuperable.

Stephen Chow reencaucha actores y dobles perdidos de películas de Kung Fu de los setenta, los revive, les permite seguir haciendo aquello en lo que son expertos. Stephen Chow tiene buen humor.

Ambiente: Años cuarenta en una especie de Shanghai mezclada con Las Vegas, mezclada con un pueblucho del oeste, mezclada con la ciudad de Dios, o alguno de esos barrios pobres en la perisferia de París como el que sale (volvamos a usar la referencia hasta que quede claro cómo me gusta la película) en La Haine. Los mafiosos bailan twist, disco y hustle.

Conflicto: La pandilla del hacha controla la ciudad. Un par de suplantadores se hacen pasar por miembros de la banda para hostigar un pequeño barrio pobre repleto —dios sabe por qué— de maestros Kung Fu. Una particular y desigual guerra se inicia. La pandilla pedirá refuerzos: los peores asesinos del pais, maestros kung fu corruptos rendidos al lado oscuro de la fuerza. Un giro intempestivo pondrá al que menos se esperaban en su contra.
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Vortex.


This is the eye of the storm.
It's what men in stained raincoats pay for but in here it is pure.
Yeah. This is the end of the line.
I've seen the storyline played out so many times before.
Pulp, This is hardcore

Salí a caminar hoy por la vieja Urbana intentando iniciar un proceso lento de despedida del pueblo en el que he vivido los últimos cuatro años. Caminé por las calles adoquinadas de faroles tenues mirando los árboles, las casas de madera de colores claros, las liebres que acechan a los caminantes y uno que otro mapache que se esconde entre los jardines o hunde su cabeza entre un contenedor de basura buscando algo de qué alimentarse. Los mapaches urbanos son bestias gigantes.

Cuando llegaba a Lincoln a la altura de Café Paradiso me encontré con Paul Tyrone. Me preguntó que cómo me iba, le conté que partía y me invitó a tomarme un café ahí al lado. Paul fue uno de mis estudiantes del curso de cálculo que dicté durante el segundo semestre de 2003. Era callado y responsable, me decía mister Moreno y pocas veces me miraba a la cara, aun cuando me lleva más de una cabeza de estatura. Una semana antes de terminar el curso, sin avisar, desapareció misteriosamente. Dado que no fue al examen final, lo declaré ausente: una W en la planilla, en éso se convierten. Nunca supe que sucedió con él.

Ahora tiene barba y le faltan un par de dientes. Huele mal, se repite, se rasca la cabeza y se mira las manos como si estuvieran creciendo ante sus ojos. Fue extraño verlo. Me preguntó si sabía lo que había sucedido con Wendy. Me tomó un par de minutos recordar a la niña que siempre se sentaba a su lado, Wendy Peterson, un poco pasada de peso, sonriente, callada también, iba a mi oficina los martes con todos los ejercicios resueltos para estar segura de que estuvieran bien. Una vez me preguntó por qué estaba tan lejos de mi casa y yo le di una explicación larga que se complicó demasiado y terminó de manera abrupta cuando me di cuenta que había perdido completamente el hilo de lo que decía, me pasa a menudo.

Paul se fue y me quedé pensando en lo que me había contado sobre Wendy. Wendy se murió hace un año a pocas cuadras de su casa. Unas personas la vieron caer y arrastrarse unos metros antes de detenerse por completo. Nunca se supo qué había sucedido, asumieron que había sido una muerte súbita pero Paul me dijo que no era cierto, que había un culpable, que había sido yo.

Paul y Wendy se conocieron un día que los puse a trabajar en parejas en unos ejercicios fáciles de calentamiento para el primer examen. Hablaban mucho y desde ese día siempre se las arreglaron para trabajar juntos. Wendy era mejor que Paul pero él era mucho más visible. Mientras Wendy era una de esas tantas niñas, Paul era una especie de ser en negativo que inevitablemente contrastaba con el típico individuo de pregrado en ingeniería que toma esos cursos. Paul ni siquiera estudiaba ingeniería, estudiaba historia y francés, tomaba cálculo por curiosidad.

«Yo me enamoré de Wendy», me contó Paul mientras armaba el segundo cigarrillo. «Ella nunca lo notó, pero toda mi vida empezó a rotar completamente en torno a ella, yo no me podía contener. ¿Serían sus ojos? ¿Serían sus pomulitos salidos y permanentemente sonrojados? La acompañaba a su casa, la acompañaba a estudiar, la llamaba cuando iba los fines de semanas a Chicago. Cuando colgaba, me angustiaba no saberla viva de repente. Ella, mientras tanto, seguía su vida indiferente, incapaz de descubrir en mi actitud ni un trazo del desborde emocional que me producía. Consideré la posibilidad de que estuviera ciega.»

«Luego vinieron los últimos días del semestre y la angustia de no verla por un tiempo tan prolongado. Ella me había contado que iría con sus padres al caribe, yo iría a la granja de mis abuelos en Missouri, cerca a Saint Louis. Tuve muchas pesadillas, no podía dormirme, no podía comer. Una semana antes de finalizar clases, sentado contra mi ventana, vi a Wendy caminar frente al edificio, dirigirse hacia su dorm, luego lo vi a usted acercarse a ella, abrazarla, acuchillarla silenciosamente, dejarla caer, verla arrastrarse unos metros y luego avalanzarse sobre ella y rematarla con una patada en la nuca, éso vi. Luego lo vi alejarse, mirar hacia mi ventana, asentir y seguir su camino. No supe qué hacer. Bajé las escaleras, me acerqué a su cuerpo tibio, lo toqué y mi mano se hundió en su carne como si fuera barro. Todo el mundo pasaba junto a mi como si no nos vieran. Intenté pedir ayuda, intenté gritar, nadie respondió. Nadie.»

En shock, Paul dejó el pueblo esa misma noche. Viajó hacia el sur, llegó a Louisiana, trabajó por un par de meses en una farmacia, la policía se demoró bastante en dar con su paradero. Su madre fue a convencerlo que volviera y finalmente Paul aceptó regresar. Era marzo ya, estuvo bajo estricto cuidado psiquiatrico las primeras semanas pero luego el doctor concluyó que estaba bien. De regreso al pueblo, tras tanto tiempo fuera, Paul recordó las razones por las que había escapado. Intentó saber qué había sucedido con Wendy, la buscó y la encontró en la cafetería viendo televisión y comiendo pollo frito con habichuelas y puré de papas. Ella casi no lo reconoce, se saludaron tímidamente y luego se dijeron adios como todos acá, sin mirarse.

En mayo hace un año, una semana antes de que las clases concluyeran, Wendy apareció muerta a media cuadra de su dorm. Nadie vió nada. «Yo sé que fue usted, Javier, ¿pero sabe? Yo no le guardo rencor. Wendy era nociva para mí, se me había colado más adentro de lo que yo podía permitir, me había dominado. Su partida me liberó, no sólo de ella, sino de mi mismo. Dejé la universidad, ¿sabe?, ahora trabajo en la planta de Kraft, empaco Mac&Cheese. Tengo otros amigos, vivo más al norte, donde está realmente el mundo. Estoy escribiendo poesía, yo siempre quise escribir poesía. Mire, aquí tengo una, se la regalo.» Me dio una hoja de papel, me apretó la mano con fuerza y dijo, «Pierda cuidado, su secreto está a salvo conmigo.»

Paul dejó la puerta del café abierta, yo seguí tomandome mi café y mirando hacia afuera a través de la ventana por la que lo vi perderse en la oscuridad de la calle minutos antes. Jeans desteñidos, camiseta negra con un Who cares? grande y blanco en la espalda, despeinado, de gafas delgadas de marco plateado, manos largas, llenas de nudos, barba desarreglada y multicolor. Miré el papel que me había dado, la poesía se llamaba Everything threatens us, aquí la tengo. La releo, tiene diez versos, es buena, no está firmada. Siento que la he leido en alguna otra parte, siento que yo mismo la pude haber escrito. Qué curioso, hasta la letra se parece. Tal vez debería firmarla.
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8.5.05

Downfall.


Me cuenta mi abuela que mi tatarabuela, durante la guerra, patrocinó entre sus hijos y nietos el apoyo a Hitler, consiguió convencer a Jorge, hermano de mi abuela, todos los demás no estaban muy de acuerdo pero igual le seguían la corriente. Claro, ellos vivían la cosa desde Bucaramanga y por radio, como cuando uno escucha un partido de futbol, pero el partido de futbol, en lugar de durar hora y media, duró varios años (de pronto sería mejor compararla con una radionovela pero en las radionovelas los bandos nunca están del todo claros. Por ejemplo, en un momento, al malo le da por ser el papá del protagonista huerfano, etc, etc). Ahora, si mi tatarabuela —sin tener mayor conciencia ni clara identificación con Hitler— sentía predilección por él, no es de extrañarse que el hombre haya convencido a una nación entera (casi) de que podían ser los emperadores de Europa.

Downfall llega tarde a la historia. Llega en un punto en el que el ego de Hitler es tan grande que cubre al pais entero. La caida de Alemania es la caida de Hitler y viceverza, no hay diferencia. El delirio de grandeza es contagioso, la fe en el führer es religiosa, ciega. Verlo dudar hace temblar los frentes, su parkinson en la mano izquierda (¿o es un tic?) es un reflejo de todo lo demás. Hitler pierde control y sin Hitler el reich no tiene patas ni cabeza. Hitler sostiene su mano izquierda con la derecha con fuerza para limpiarse la boca. Hitler oculta su mano temblorosa en su espalda, para que no se vea cuando se mira en el espejo, para que no la vean los demás, los que confían en él, los que lo admiran.

La película tiene la extraña propiedad de presentarnos todo en sus justas proporciones pero desde la perspectiva de los hombres que acompañaron a Hitler durante sus últimos días: su secretaria, sus generales cercanos, sus amigos, sus seguidores incondicionales. Debido a esto, el dictador megalómano delirante es maquillado un poco brindándole unos cuantos rastros de humanidad (lo que usualmente no sucede cuando representan a Hitler en cine). Esto, por supuesto, produce inevitables dilemas morales. Es fácil terminar medianamente encariñado con oficiales de la SS y hasta enternecido con la figura decadente del lider que trata a sus allegados con ternura y aprecio y consiente a su perro con especial cariño.

Pero claro, también hay una guerra en el transfondo. Una guerra, que pese a estar a dos cuadras, se pierde en las profundidades del bunker. También está la fe enfermiza en Hitler y cómo su muerte precipita la de otros que lo emulan convencidos de que, sin el nacional socialismo en pie, no vale la pena seguir. La pelicula, cinematográficamente excelente, me pareció dolorosa y me produjo un poco de ansiedad. Últimamente me afectan mucho la escenas, en peliculas o en libros, en las que se discute o se recrea la muerte de manera tan directa y descarnada. El hombre que está sentado enfermo y le preguntan que si acompaña a los que escapan y dice "No, yo mejor me quedo aquí" y procede a sacar una pistola y pegarse un tiro en la boca, cosas así.

Hoy, siete de mayo, hace sesenta años, los alemanes rindieron sus tropas. El treinta de abril Hitler y su esposa Eva se habían suicidado en su bunker, Berlin estaba completamente destruida y en manos de los soviéticos. Unas semanas antes, ya bajo fuerte ataque de la artillería aliada, Hitler seguía convencido de que sus frentes los sorprenderían por la retaguardia venciendo al invasor, condecoraba orgullosos niños de sus juventudes hitlerianas y cantaba canciones con sus sobrinos. Me recuerda el chiste de La Haine del hombre que cae de un edificio y se repite cada dos segundos "Hasta aquí, todo va bien". Aunque también existe la opción que no viera el fondo, supongo que así es dificil saber que se está cayendo.
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