23.8.05

Reporte desde Lorica.

1.


Casa en San Sebastián

Hoy al almuerzo Silvia nos dijo que alguien le había dicho que ese cuento de dios era para los pobres, porque los ricos no lo necesitaban. Silvia dice esto mientras se queja de su postoperatorio eterno que le dejó una pierna más pequeña que la otra y un dolor insoportable en la rodilla izquierda. Parece que los médicos se equivocaron y corrigieron primero lo que había que corregir más tarde. Tiene una cicatriz que le abraza la rodilla, parece una pitón miniatura empecinada en asfixiar el pedazo de hueso y carne. Luego de eso nos cuenta que el padre les contó el domingo la historia del hombre de la inundación que no se deja rescatar porque está esperando a dios. Nos dice todo eso para justificar su renuencia a ir a una rezandera amiga de la tía de Gabriel que le prometió mejoría en horas y satisfacción garantizada.

2.


Ciénaga Grande de Lorica desde el restaurante Villa Celina (Momil, Cordoba)

Por la tarde fuimos a ver la ciénaga desde distintas partes. Desde todos los ángulos, comprobamos, se ve exactamente igual. Esto corrobora su inmensidad. Hay pájaros en la ciénaga y M. se queja de no haber comprado no sé qué libro de aves de Colombia el otro día que lo vimos. Estaba caro.

3.

Volver a Lorica es como viajar en el tiempo. Lorica, ya lo he intentado explicar muchas veces, es inmune a los devenires de la vida, se preserva inmutable y lo hace dudar a uno que realmente creció, que todo el tiempo que uno siente atrás está ahí. Volver a Lorica es mi manera personal de comprobar la existencia de un pasado. La última vez que estuve acá vine con Tomás, Elena y Gabriel. Por ahí estuve ojeando el libro que Tomás leía por esos días, Los cuadernos de Lanzarote de Saramago. Una cosa buena de ese diario, tras leer las novelas del portugués, es que permite ver de cerca la manera como esas ficciones fueron concebidas. Hasta Encontrado sale.

Kuki también desapareció. El patio está vacío y sus ladridos de bienvenida fueron reemplazados por los maullidos del nuevo inquilino, una gata que mi mamá decidió adoptar y con la que comparte su solitaria vida en el pueblo. El río está bien, baja de nivel por estos días. La ciénaga está repleta, ahogada de tanta agua.
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20.8.05

Newlyweds.

En otras noticias, parece que el tipo con cara de traqueto en la mala que se presentó como notario encargado y ofició el matrimonio resultó ser un loco regular del lugar que se hace pasar cada tanto por el notario. Ayer en la notaría pidieron excusas por el inconveniente, nos hicieron firmar los papeles de nuevo —ahora frente al verdadero notario— y nos otorgaron un pequeño descuento para subsanar los daños.

Debimos haber desconfiado de las gafas negras del hombre, reconoció M.
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18.8.05

Grave Danger.

¿Y cuál es el cuento? El cuento es que el final de temporada de CSI lo dirigió y escribió Quentin Tarantino. ¿Qué esa es noticia vieja? Qué le vamos a hacer, yo sólo me lo ví ayer.

Empecemos por unas aclaraciónes sobre mi relación con CSI. Aunque en Urbana recibo tres emisiones semanales de la serie (una por cada sede), viviendo en Estados Unidos me la he visto solo dos o tres veces. No mucho, la verdad. El problema es que a Mónica le encanta, por algo es bióloga y trabaja en laboratorios y mata ratas para ver después de qué fue que se iban a morir. Ella si sabe por donde va la cosa, quién se está quedando sordo, cual fue la que se pagó los estudios trabajando como bailarina exótica y madre soltera al tiempo, cuál es el principiante, cuál es colombiana y a cual no le gustan los chistes verdes. Por eso, en Barcelona tenemos sesión de televisión los lunes —y sólo los lunes— por la noche para ver lo que nos brinde Antena 3, que es bastante irregular en la emisión de capítulos e irrespeta con frecuencia la continuidad de la serie. Por esto, mi capítulo genérico de CSI es doblado en Madrid —con las desventajas idiomáticas y ventajas cómicas que acarréa— y es completamente local: cualquier referencia a la historia global es ignorada de pleno, salvo, quizás, el asunto de la pseudocuñada exdrogadicta del de Miami y la sordera del de Las Vegas.

Nano, claro, conoce mi pasión secreta, así que el lunes me contó que Gabriel había grabado el final de temporada porque —redobles— Tarantino estaba detrás del capítulo. ¿Ya se lo vió?, le pregunté. No, me lo veo esta noche. El martes llegó con el DVD para que yo lo viera. ¿Qué tal? Se lo tiene que ver. Y bueno, como ya les dije, me lo ví ayer, luego de volver de la comida del matrimonio que, entre otras, salió muy bien.

Tarantino hace muchas cosas con CSI. Se le nota que le gusta, la sigue y la disfruta. Tarantino amasa CSI suavemente y le saca más jugo del que uno imaginaría que le cabe a una serie de acción de científicos criminalistas. Bajo su sombra, los personajes ganan humanidad, los diálogos se desbocan y enloquecen y sus almas normalmente simplonas se llenan de sustancia. Tarantino puede jugar con el tiempo y crear tensiones entre el equipo que usualmente no ocurren. Tarantino narra a profundidad. Las Vegas de Tarantino son más lúgubres, los locos son más enfermos y los heroes padecen más de lo habitual. Tarantino es sádico y lo contagia. CSI con Tarantino tiene música y la música importa. Lo mejor del asunto es que sigue siendo CSI. Lo peor también, porque se da uno cuenta de lo bueno que podría ser todas las veces y lo malo que es en tantas ocasiones.

Claro, me gustó.
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16.8.05

Un reporte desde Bogotá

Por estos días leo un libro con muchos personajes y una sola historia que se desgrana en muchas y que ocurre en Bogotá. Una historia insulsa, un incidente sin importancia inflado hábilmente por el narrador hasta darle un tono trascendental. Pensé en dejarlo para más tarde cuando lo recibí, dejarlo para cuando Bogotá deje de ser real y se transforme de nuevo en nostalgia, pero luego no me aguanté las ganas de leerlo en buses y en esas ando por estos días. Me ha gustado mucho. Ayer terminé otro que había empezado en un avión. En ese hay un tipo que escribe un libro sobre alguien que lee un libro y como este juego de cajas entre cajas termina reventándose. Tan bonito, pensé al final cuando lo cerré, pero ahora que lo vuelvo a pensar me perturba mucho haberlo catalogado de bonito cuando en realidad, pese al atisbo de esperanza, es un cierre terrible.

A Liliana le parece que yo siempre termino las cosas de la peor manera posible. Si el personaje X puede morir, muere. Si es posible que sufra, el dolor de una enfermedad indecible le carcomerá los huesos hasta que se arroje por la ventana y caiga sobre su campante novia, que está a punto de entrar al hospital a visitarlo. Si hay dos que se quieren, uno se morirá, o el otro descubrirá que el uno no lo quería tanto o ambos se desencantarán sin más. Así es la cosa, le digo a Liliana cuando me reclama mi sadismo, pero luego, en la quietud de mi cuarto, me pongo a pensar si realmente tengo razones para afirmar semejante cosa. No, la verdad no, me digo, pero igual sigo imaginandome finales terribles para personas nobles, cierres con sierra a cosas que bien podrían tener una conclusión más luminosa, sin tanto sufrimiento. No tengo remedio.

Por otro lado, con Mónica estamos leyendo Lejos de Veracruz. Otro libro más sobre México y la mexicanización que sufren todos aquellos que lo visitan, viven o presienten (otros más que he leido en el último año: Mantra y El testigo). En este caso, México es una excusa para construir una nostalgia impostada que justifique una actitud intelectual. El personaje nos cuenta en un monólogo destrozado la historia de su familia de artistas, de sus hermanos y sus vidas trágicas, de sus temerarias aventuras y sus tantos finales tristes. El personaje es un renegado que rehusa el camino abierto por sus hermanos y decide escapar ortogonalmente de su destino para, con ello, terminar clavándose de frente contra él al comprobar que no solo la tierra es esférica. El personaje es, también, un muchacho que quisiera ser más viejo de lo que es, que quisiera envejecer y padecer la caida de los años, vivir como si fuera una enfermedad.

Paréntesis relevante: A un tio mio le dijo el médico que tiene no se qué índices muy altos y que tiene que iniciar una dieta rigurosa que excluye dulces, leches y grasas so pena de enfermarse gravemente. Mi tio se niega a aceptar su suerte y afirma que continuará comiendose su leche con bocadillo y arequipe tras el almuerzo. Mi tía le dice que tiene que cuidarse, él responde que de qué sirve vivir si se tienen que sacrificar tantas cosas. Como somos una familia muy unida entonces todos participan en la discusión, con algunos lapsus en los que el tema se pierde entre tanta cosa, y en algún momento Juan Arturo dice que a un amigo le gusta decir que él no quiere ser el huesped más sano del mausoleo. Ese comentario parece cerrar la discusión y darle la razón a mi tio. A mi abuela el tema le recuerda que no nos ha ofrecido las medias nueves y propone arepas, chocolate y morcilla para beneplácito de todos. Comemos con gusto y se nos olvida nuestro trágico destino. Es bueno tener mala memoria, concluyo.

Para terminar, el encuentro de teoría de modelos continúa con éxito en la Universidad de los Andes. Yo asisto parcialmente pues mi alma inevitablemente anda por otros lados, pero igual presto atención y algo aprendo entre tanta cosa que dicen. Una vez más redescubro que la lógica es una disciplina dificil y árida. Ser árido en matemáticas es ser tres veces árido y a veces tanto sabor a desierto agota. Ahí seguimos, no hay drama, pero las piernas flaquean y hace falta agua. Espero que este mes y algo de vacaciones me devuelva al trabajo con nuevos ánimos. De septiembre a diciembre debo concluir la tesis.
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15.8.05

TOLM VI

El sexto encuentro de la lista abierta fue un completo éxito. A la reunión en el café acudieron casi sesenta personas y a El gabinete unas treinta. Por desgracia, sólo pude estar unos minutos en la segunda. Conocí a varios viejos conocidos y me agradó descubrir que me gustaron tanto como me gustan sus weblogs. Un reconocimiento especial se merecen Arturo y Laura por el esfuerzo de organizar la cosa.

Hoy en el bus pensaba, recordando la reunión de ayer, que una de las cosas que más impacta al respecto de la misma, cuando uno se pone a meditar el asunto, es que esta reunión social es organizada por personas que se suponen particularmente asociales. Geeks, que llaman. Otra cosa que sorprende es notar lo veloz que es la compenetración entre completos desconocidos. Dos minutos o tres bastaban para que aquellos que nunca se hubieran visto actuaran como si los unieran lazos profundos desde siempre. Es sorprendente y bonito al tiempo. Llena.

No llevé la cámara. Espero que los fotografos, usando o no DIG, hagan disponibles las instantaneas que testifican el encuentro.

Pocas entradas desde Bogotá. Ustedes entenderán, ando ocupado y sin buena conexión.
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7.8.05

El cielo sobre Cereté.

El bajo Sinú es plano. No es plano como es plana Illinois, pero es lo suficientemente plano para que el cielo atemorize. En diciembre caen lluvias torrenciales, los relámpagos recorren la inmensa boveda entera y se forman figuras fulgurantes en el cielo, combinaciones de nubes, estrellas, centellas, lunas y soles: perros, gatos, manos humanas cercenadas, árboles en llamas y osos polares. Una vez yo vi por televisión la aurora boreal y no me sorprendió mayor cosa porque en Lorica de noche por ahí hacia las ocho, cuando se acumulan las tormentas hacia el sur, algo así se vé si uno se para en muralla y mira hacia el otro lado del río.

Hoy volvía de Montería a Lorica en carro y al pasar por Cereté notamos que mucha gente estaba parada en la calle mirando hacia arriba. Eran como las siete y media. A medida que atravesábamos el pueblo veíamos más y más gente aglomerada en las calles que miraba con atención a algo que ocurría en el cielo. Al fin decidimos parar y levantamos la cabeza nosotros también.

Lo que había en el cielo eran luces. No eran los relámpagos decembrinos ni restos del sol, no eran las estrellas, estaba nublado, era un disco conformado por siete luces en un círculo interior y mas o menos quince en uno exterior. Eran luces blancuzcas, lechosas, y constantes que se movían hacia la derecha sin detenerse. Todo el mundo miraba pero nadie decía nada, nosotros nos tomamos de la mano y seguimos mirando. Yo los llamé para que bajaran, para que nos hablaran, para que nos dijeran eso que no sabemos y que nos hace seguir siendo así. No respondieron, se inclinaron un poco, como asintiendo, y continuaron girando.

Antier estaba en el hospital y llegó una niña carbonizada; se electrocutó con el cable pelado de una afeitadora, murió antes de llegar a urgencias. Días antes había llegado un señor con una botella de cerveza entre el culo, y otro que, alucinando, gritaba que había escuchado los cantos del cielo. Han pasado cosas raras en Lorica por estos días: mi gato desapareció y volvió a aparecer pero los ojos le habían cambiado de color, en la esquina de la iglesia alguien dijo ver una monja atravesando la puerta sin abrirla, ayer en el mercado pescaron a un bocachico que respiraba fuera del agua. Lo tuvieron por fuera tres horas vivo y luego, respetuosamente, lo devolvieron al río.

Al final, tras pasar casi una hora admirándolas, continuamos nuestro camino dejandolas aún vivas a nuestras espaldas. Estuve pensando en ellas todo el resto del camino: Las luces simplemente confirman que hay algo más. No nos dicen nada que no supieramos antes, pero nos fuerzan a admitir a viva voz que se aproxima un cambio. No sabemos bien de qué naturaleza, no sabemos si será mañana o dentro de cinco millones de años, no sabemos si todo sea una broma y mañana nos despertemos y seamos todos parte de una única y última consciencia sideral.

No sabemos nada. Cuando lo veamos venir seguramente diremos: ah, claro, eso decían las luces del cielo; pero para ese momento poco podremos hacer. De pronto si no nos movemos mucho no nos pase nada —o no se sienta tanto—.

Nota al margen: Cuando lean lo de las luces en el cielo de Cereté en algún otro lado, espero que recuerden que primero lo leyeron en la balada del elefante azul pero no entendieron nada.
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6.8.05

Politics in the digital era.

Everything you want to know about Intelligent Design.

More info (in spanish) on the digital riot against it, here.

I'm glad to be back in Bogotá. I feel at home.
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5.8.05

Nothing, really.


Hace unos días me encontré con una persona que hace rato no veía. Para ser sinceros había estado evitándola por un tiempo porque me hacía daño su presencia. Le pregunté por su hijo. ¿Cuántos años tiene ya? Cumple siete en un mes. Cómo pasa el tiempo. Así es. Suspiro. Silencio. ¿Y qué es de tu vida? Nada en particular, ¿qué hay de tí?, me contaron que te casas, felicitaciones. Gracias, gracias. Silencio. Mira, Jaime, yo desde hace rato necesitaba hablar contigo para decirte que... Y ahí me dijo lo que yo ya sabía pero rehusaba admitir. O sea, uno nunca quiere escuchar esas cosas de boca de otras personas, ya es suficiente con tener que saberlas para que además se las tengan que restregar cada tanto. Que esto y que aquello. Que luego esto otro. Que yo debía entender que ta ta ta. Si, si, yo entiendo, le dije, yo sé que no todo se podía controlar y que en algún momento alguno de los dos tendría que pisar el freno. No había nada más qué hacer. Era la única solución. Era tú o yo.

El bus de ella llegó y nos despedimos. Nos tenemos que ver, llámame, me dijo antes de cruzar la puerta. Fue un encuentro incómodo, todo se sentía forzado. Olvidé decirle que mañana me iba para siempre. No pretendía ocultárselo pero tampoco ví la necesidad de informárselo. Cuando se cerraba la puerta me dí cuenta que no la volvería a ver. Intenté entristecerme para ser coherente con el momento pero no fue fácil. Caminé un rato viendo como el bus blanco se alejaba pensando en si valía la pena estar triste por permitir que desapareciera de mi vida sin avisárselo. Me pareció descortés y durante las primeras cuadras me convencí de que probablemente, al llegar a casa, debería llamarla y confesarle que ese había sido el fin. Al llegar a la cuarta cuadra ya no estaba del todo seguro a qué me refería con eso del fin. ¿No se suponía que el fin había ocurrido hace dos años cuando ella dijo lo que dijo luego de que yo hice lo que hice?

Ya en casa me eché en el sofá y prendí el televisor. Estaban dando un talk show de niñitas de trece años que quieren quedar embarazadas para liberarse de sus madres. ¿Con cuántos te has acostado? Con quince, dice con el mismo tono del asesino que ha estado tantas veces en prisión y no se arrepiente. La madre llora, dependiendo del caso, se producen explosiones de ira física que con rapidez son contenidas por los asistentes en el escenario. Hay llanto pero todos en la audiencia se rien. Casi todos son negros, casi todos son pobres. Tragicomedia live. Bip bip bip, dice el televisor, este es un anuncio del servicio meteorológico americano, alerta de tornado en los siguientes condados. Casi al tiempo, la alarma que suena el primer martes de cada mes empieza su aullido. Como no es martes, me imagino que uno de los condados nombrados es el mio, que esta vez es de verdad. Hay un procedimiento a seguir, estoy seguro, pero yo prefiero acostarme en mi cama y leer un rato mientras la sirena amaina. Afuera se escucha el viento rasgando las ramas de los árboles y siendo amansado por las mismas. Uuuuuuuu, suena el viento, uuuuuuu.

La cosa no dura más de quince minutos. Me asomo a la ventana y uno de los árboles frente a mi casa se lo llevó la tormenta, no aguantó, y reposa sobre la calle adoquinada. Salgo del edificio a apreciar la tragedia. No soy el único. Qué pasó, pregunta la gente. Nada, just a tree. Alguien dice que al norte de Green las cosas fueron peores, varios muertos. No sé de donde saca eso. Lo dice y yo me imagino el bus blanco levantado por los aires alejándose, llevándosela antes de que yo me vaya para que no sea yo quien la deje sino de nuevo ella quien me deje a mí. Los rumores, por supuesto, son falsos: una casa desapareció, sólo una, pero todos sus ocupantes, salvo por un perro beagle, sobrevivieron. La veo por televisión, fue como si un dedo la hubiera aplastado. Act of god, dicen las noticias, lo dicen con fé. Detrás de la periodista se alcanza a ver un grupo de gente. Me sorprendo reconociendo entre ellos a dos buenos amigos mios. A esos tampoco los volveré a ver, pienso, y esta vez si me pongo un poco triste, pero no por mucho tiempo; aún hay cosas qué empacar.
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4.8.05

Eavesdropping.

— ¿Está seguro de que Moreno no puede ocupar ambos cargos, Santos?
— Sí, jefe, Luis Alberto va a tener exclusividad con el banco.
— ¡Ah, vida hijueputa! (perdone, Santos), con esa sí yo no contaba cuando estaba buscando los voticos.
— Yo intenté advertírselo jefe, pero como usted a mí no me escucha.
— ...
— ...
— ¿Qué me dijo, Santos?
— No, nada, jefe, nada.
— ¿Y de dónde sacamos un nuevo embajador? ¿Será que Londoño se anima?
— Londoño no habla inglés, jefe, y además acuérdese de los problemas que tuvimos hace unos añitos...
— ¿Cuáles problemas, Santos? Yo creía que ustedes ya habían resuelto sus diferencias... En fin, ¿se le ocurre algún otro? ¿Cómo le suena Gomez Hurtado, Ah? Acuérdese que queremos a alguien fiel allá arriba...
— Dificil, jefe, el tipo es senador y tampoco sabe inglés...
— ¡Eh, ave maría! ¿Y es que nadie sabe inglés en el movimiento?
— ¿Cuál movimiento, jefe?
— No me salga con esa de nuevo, Santos...
— Uhm... Mockus, jefe, pero ese ni es del movimiento ni nos quiere.
— No, Mockus no, creo que ni es colombiano. ¿Qué tal estamos con Peñalosa? Si lo convencemos, nos libramos de la competencia de taquito.
— Jefe, acuérdese lo que pasó la última vez que se reunió con Peñalosa...
— Santos, esas fueron cosas de tragos, hombre, yo nunca intenté sugerirle a... Oiga, Santos, ¿y Pastrana? ¿Ese si sabe inglés, no cierto?
— Jajaja, jefe, ¿se imagina?
— Jajajajaja, "Andrés Pastrana, Embajador", ¿qué tal, ah?
— ...
— ...
— ¿Está pensando lo mismo que yo, Santos?
— ...
— bbbrrrrrrrjajajajajajaja...
— Jajajajajajaja...
— Muajajaajajajajajaja...
— Jajajajajajaja...
— Muajajaajajajajajaja...
— Muajajaajajajajajaja...
— ...jajajaja... este aguardientico está buenísimo, Santos, ¿dónde me dijo que lo compró?... jajaja....
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3.8.05

La leyenda de Rodo Ospina.

Portnoy se ha unido a la manada de críticos que aplaude el relanzamiento de Todos contra Olga. Su reseña, sucinta, profunda y bien pensada, puede ser leida haciendo click acá. Me enteré que La psicóloga y Ovidio (quienes, se rumora, por estos dias andan juntos) estuvieron de incógnito en la proyección. Espero con ansia su opinión sobre la película.

Addendum:
A Olavia Kite yo también la vi en la proyección. Salió corriendo al final del cortometraje y pasó a mi lado, creo que la audiencia la intimidó. Levanté la mano y ejecuté una sonrisa que no salió muy bien, creo que no me vió. Recientemente me enteré que asistía a los talleres de poesía de Rodo en la casa de la cultura de Facatativá. En su entrada de hoy habla de su asistencia a la película y su admiración incondicional por Rodo. No sé a ustedes, pero a mí ese corto escrito me conmovió.
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2.8.05

Día uno.


Baño de hombres del Newton Institute (Vista a la derecha)

«Para mí es inaceptable que la palabra palíndromo no sea un palíndromo», dijo el profesor el primer día de clases a los alumnos de segundo año de la carrera de letras antes de llamar a lista y descubrir que AMÓRTEGUI, Anturio no había venido a clase. Los miró a todos, uno a uno, los requisó mentalmente y, como siempre hacía, intentó predecir su futuro. Los del frente eran fáciles:

El primero terminaría sus días en un colegio distrital dictando alguna asignatura irrelevante, como estética, matemáticas o comportamiento y salud. El segundo, interesado y curioso, se reventaría contra la realidad el día que descubriera que todo eso que estudiaba con tanta pasión a nadie le importaba ni le interesaba. Que su vida era, al fin y al cabo, desechable. Lo último que se sabría de él es que se unió a los Hare Krisnas y vende incienso en la terminal de buses de Silvania.

El número tres era una mujercita que lo miraba con un par de desproporcionados ojos negros, uno de los cuales estaba un poco caido mientras que el otro titilaba cual estrella a punto de estallar. Ella se casaría antes de terminar la universidad, quedaría embarazada y dejaría la carrera por seguir a su hombre. Llegaría a Estados Unidos un día hirviente de julio a un pueblito en el midwest con cuatro iglesias y medio centro de salud y calles tapizadas en ardillas y hojas muertas por igual. No entendería el inglés pero haría el esfuerzo y, tras largo tiempo de estudiar, un día hablaría con la mujer que atiende la panadería sobre su vida y, de repente, se daría cuenta que llevaba años terriblemente triste y sola. Escaparía con su hijo hacia el norte, cruzaría la frontera con Canada y se asentaría en Toronto, donde trabajaría como mesera, dependiente de supermercado, aseadora, traductora, costurera y, finalmente, escritora. Publicaría dos libros. El primero sería un éxito y la catapultaría momentaneamente a la fama, el segundo demostraría que el primero fue un golpe de suerte y la sepultaría sin piedad en el peor de los olvidos. Mientras tanto su hijo crecería y empezaría a jugar Hockey con el equipo del colegio, luego con el de la universidad y finalmente con el equipo nacional que triunfaría en el mundial a realizarse en Estocolmo. De su muerte no sabía nada, Canadá queda muy lejos.

Así recorría el profesor los rostros de sus alumnos. «Éste de acá», pensaba, «está a un paso de traspasar la fina linea que separa la inmadurez —remediable y hasta necesaria—, del peligroso cretinismo». Ésta otra va a tener una vida fácil y vacía. A los cuarenta descubrirá que lleva 480 meses respirando sin descanso ni razón e intentará solucionarlo. El profesor pensaba todo esto mientras se preguntaba por qué sus alumnos siempre tenían semejante suerte. «¿Estaré haciendo algo mal? ¿Seré yo la causa de sus desdichas?».

Luego de completar su revista rutinaria, tomó las notas de la clase y someramente les enumeró los contenidos y políticas del curso, enfatizando de paso el nivel de trabajo que esperaba de ellos: duro, constante y de calidad. Escribió en el tablero dos palabras, preguntó diferencias. El enano bigotudo con cara de idiota sentado atrás intentó una respuesta que, aunque no lo satisfizo, le permitió ejemplificar con claridad las preconcepciones ignorantes que cargaban a cuestas. Intentó contar la historia del monje y la taza de te pero se salió por las ramas y en algún momento se descubrió contándoles que, cuando llegó a Bogotá de Montería, por allá en el sesenta y tres, vivía en chapinero al lado de una zapatería donde, además, vendían pan y a veces aguacates y naranjas.

«Yo lo que quiero que entiendan, muchachos», concluyó, «es que hay muchas maneras de hacer las cosas y muchas maneras de perderse en el camino. En este curso aprenderán a guardar el rumbo con celo, a argumentar, a responder y a responsabilizarse de sus propias opiniones. Aquel que no se sienta capaz de acometer esto o no esté interesado, bien pueda, las puertas del salón siempre estarán abiertas para que parta. ¿Alguna pregunta?». Una niña larguilucha y cabezona de vestido morado, sentada en la segunda o tercera fila, levantó la mano. «¿Cuántas preguntas tiene el examen final?», preguntó. «Muchas», respondió con resequedad el viejo al mismo tiempo que repasaba la cara de la niña, muy angosta para semejante cabeza, y se imaginaba cómo se vería embalsamada y reducida en el baul, junto a las de los otros miserables que habían hecho la misma pregunta en años anteriores. Lo que vió le gustó.


Baño de hombres del Newton Institute (Vista a la izquierda)
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Hackergotching


Mi hackergotchi para TOL
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And so be it!

1.
Juan Camilo ha publicado una reseña completa de Todos contra Olga en su weblog. Quedo a la espera de la opinión de Alejandro con respecto a la película. ¿Quién más se anima a escribir algo? No se hagan, yo vi a varios de los presentes en la proyección de ayer. Sí, sí, estoy hablando de usted.

2.
Confirmado: En septiembre 9 a más tardar iniciaré cuatro meses de trabajo duro en Leeds, Inglaterra. Una ciudad grandecita del norte, industrial y minera. Dicen que es gris y sucia, pero algunos dicen que Manchester (Gunchester), a sólo media hora, es peor. Yo ya no sé qué pensar.

3.
Hoy hace cuatro años llegué a Urbana por primera vez. Me subí en la estación de Greyhound en Chicago y me adentré en los maizales. Al cabo de dos horas me recibió un pueblo caliente y feo, pero para mi fortuna en la puerta del bus estaba Miriam, que me recibió y me enseñó, de paso, a hablar inglés. Luego nos encontramos con Nano y fuimos a almorzar a McDonalds. Luego, dos años después, yo viví con Nano por dos años y ahora parecemos hermanos a veces. Hermanos raros, que casi no hablan, cada uno a lo suyo, pero el apoyo está ahí. Bueno, así son casi siempre los hermanos, ¿no?

5.
Hoy volví a entrar al pueblo viniendo de Chicago. Había un sol bonito a la izquierda que decendía lento, lentísimo. Era un sol anaranjado brillante que se le escurría el jugo por los lados. Jana iba hablándome de cosas raras, como las que siempre hablamos con Jana. Los maizales ya no sorprenden, más bien aturden. Pensé en escribir una entrada sobre eso: sobre el mismo camino después de cuatro años, sobre cómo el sol mejora y los maizales empeoran, sobre lo familiar que es todo acá, sobre cómo las conversaciones dan giros inesperados y les salen patas, y garras, y tentáculos, y termina hablando uno de cosas que nunca se imaginó con personas que parecen imaginarias.

Al final no escribí nada.
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31.7.05

Rodo Ospina (2/2)

Había pocos pornógrafos respetados en Bogotá en 1989. Una célula en Fontibón y otra en el barrio El Nogal parecían concentrar el noventa porciento de la producción local. Eran compañías pequeñas, de tres o cuatro amigos, que trabajaban con video 8 y sin mayor pretención argumental. Entre los más reconocidos resaltaba Enrique Pelaez y su pequeña empresa Interludes y compañía, que en sólo tres años de creada había acumulado cincuenta y cuatro producciones de media hora: una serie ambientada en un castillo y de corte sadomasoquista titulada en su conjunto Tremulaciones. Hacia mayo de ese año Pelaez recibió en su despacho a un tipo bajito, panzón, de sweater de lana y jean que se presentó como Rodo Ospina. Tras presentarse, y sin mayor explicación, Ospina le entregó a Pelaez un folder que contenía la primera versión del guión de Todos contra Olga. «Quiero su opinión», le dijo, «admiro mucho lo que ustedes han hecho». Pelaez ojeó el mamotreto: cuatrocientas treinta y dos páginas a máquina de minuciosa descripción de la que aun hoy, quince años después de haber sido lanzada en el teatro Luz de Melgar, es considerada la mejor película pornográfica colombiana de la historia. Aun al vuelo era fácil darse cuenta que lo que tenía en sus manos era una joya, sin embargo, Interludes no tenía dinero para producciones de la envergadura del guión propuesto. «Yo financio la producción», aseguró Ospina ante la negativa de Pelaez. «La filmaría yo mismo», dijo, «pero es que yo no sé manejar cámaras». Ante semejante propuesta, Pelaez no tuvo de otra sino aceptar.

Las memorias de Ospina ubican la concepción de Todos contra Olga hacia finales de 1987, luego de un periodo largo en el que, tras comprar un betamax de segunda mano, realizó un estudio juicioso de la producción italiana entre el 75 y el 80, en lo que se llama el cenit de la pornografía italiana. Las menciones, sin embargo, son vagas. Apenas sugieren la existencia de un proyecto en el que trabaja por las noches luego de regresar de la plaza, también se nota su esfuerzo creciente por mejorar su inglés pues es, desde luego, conciente que el realizarla en este idioma que desconoce casi totalmente aumentará sus posibilidades de éxito o, al menos, de distribución. Los preparativos para la producción de Todos contra Olga significaron un reto para Interludes. La película se realizó con cámaras de 16mm y requirió tomas con más de trece actores en escena envueltos en complicadas posiciones. Los dialogos eran preparados y ensayados por Pelaez quien era el único que había estudiado en colegio bilingüe y la dirección artística había corrido por cuenta de Ospina, quién se aseguraba que cada toma fuera tan aproximada a su propia idea de la misma como fuese posible. Toda la película se filmó en una bodega de Fontibón adaptada como estudio y centro de producción. Trabajaban de noche, y las sesiones duraban entre cuatro y cinco horas. Cuatro meses de arduo trabajo precedieron un largo proceso de edición en el que Ospina y Pelaez trabajaron incansablemente para, con los pocos medios disponibles, asegurar la verosimilitud de los efectos visuales que Ospina deseaba implementar. Finalmente, a mediados de 1990, Ospina anunció al equipo que la película había sido terminada y el lanzamiento ocurriría, si todo salía como se esperaba, a principios de octubre en un teatro de Melgar, por petición explícita de Rodo.

Aunque el lanzamiento fue un éxito y la película alcanzó cierto renombre a nivel internacional, muy tarde Rodo descubrió que el mayor medio de distribución de pornografía es a través de copias caseras en video. Así, pese a haber triunfado en festivales en México y Singapur, su inversión fue completamente perdida. Para pagar las deudas que había dejado la película, Ospina vendió el puesto en Paloquemao y se sumergió en una profunda depresión que lo condujo al alcohol y las drogas. Cuando, trabajando en mi tesis de pregrado, me encontré su trabajo, me sorprendió descubrir que diez años atrás, con pocos medios y escaso conocimiento técnico, un equipo colombiano encabezado por un desconocido había llevado a cabo algo que cinematográficamente estaba al nivel de producciones más comerciales como El Gala o la sobeestimada La estrategia del Caracol. Lo que tenía frente a mis ojos era un trabajo pulcro de artesanos saturado de un simbolismo que asocié, no se bien por qué, con Tarkovsky o alguno de esos otros directores Polacos. Me tomó un par de meses contactar a Pelaez y, junto a él, iniciar la búsqueda del paradero de Ospina.

Lo encontramos en un inquilinato del barrio Las Cruces. Vivía en la indigencia pero los residentes le permitían pernoctar en el patio interior de la casona. Todas sus pertenencias reposaban en un cajón que cargaba con él a todas partes. El cajón contenía sus múltiples cuadernos de memorias, escritos y ultimamente poesía, un par de copias en formato beta de su película, tres libros de poesía de autores mexicanos desconocidos y una muda de ropa. Su estado era lamentable. No reconocía a Pelaez y había perdido el habla casi por completo pues sus cuerdas vocales habían sido calcinadas por el consumo de basuco. Estaba sucio y tenía llagas por todo el cuerpo. Decidimos inmediatamente hacernos cargo de él y lo llevamos a un hospital para que recibiera atención médica y luego lo transladamos a la casa de reposo en Facatativá donde hasta hoy vive.

Les quiero agradecer a todos su presencia en esta sala. El relanzamiento de Todos contra Olga en teatros comerciales ha sido un proyecto en el que me he embarcado junto a Interludes con el objeto de dar a conocer entre la audiencia culta esta obra maestra de la cinematografía nacional y me ha tomado casi dos años convencer a cine colombia de que el pais había alcanzado el grado de madurez para aceptar una proyección de este estilo en un teatro como en el que nos encontramos hoy. Aunque habíamos anunciado la presencia de Rodo, el doctor Martinez, que lleva su caso en Facatativá, considera que someterlo a semejante presión puede ser perjudicial para su frágil estabilidad emocional. Dado esto, Enrique, que está aquí en la primera fila, ha preparado, a manera de abrebocas, un cortometraje de 10 minutos que nos permite apreciar algo de la cotidianidad de Rodo, sus talleres de trabajos manuales y sus largas lecturas de poesías en la casa de la cultura municipal.

Sin más preambulos los dejo entonces con Todos contra Olga. Espero que la disfruten y que nos acompañen en la discusión tras la proyección.

La primera parte de la historia de Rodo Ospina está acá
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30.7.05

Model theory in Bogotá (August 2005)


I've updated the information in the conference website. The list of participants is now complete (around 30 people!!) and a tentative schedule for the talks has been added. Lots of things are still missing, we'll keep working on this the next couple of weeks. I'm excited about this conference, the hard efforts of the people in Bogota have definitely paid well.
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La marche de l'empereur


Hay un cuento que leí sobre una civilización donde el apareamiento y cria del hijo incluye por ley, desde los dos meses previos al nacimiento hasta los cinco años cumplidos del crio, la estancia de toda la familia en una especie de campo de concentración con continuas y variadas pruebas. La cosa está diseñada de manera tal que si alguno de los tres es incapaz de superar una de las pruebas asignadas, la expectativa de vida de los tres, pero especialmente la del recién nacido, se reduce dramáticamente. La lógica, claro, es que la legislación genera un filtro que naturalmente excluye a los débiles (en cualquier categoría de debilidad concebible) y así gestiona una evolución acelerada.

La historia es contada desde la perspectiva de una familia con un niño con una malformación congénita que intenta mantenerse incolumne pese a las vejaciones del campo de concentración. Es como una especie de La vida es bella pero sin la ternura cursi. Cuando el niño tiene dos años y medio debe participar en una prueba que, si entendí bien, era una especie de carrera de encostalados mortal en duos padre-hijo. Debido a la malformación, la pareja resbala, se cae al barranco y ambos mueren. La mujer enloquece y se suicida, creo, o intenta envenenar del agua del campo, no recuerdo bien.

El final es confuso, el escritor tenía una idea pero no supo qué hacer con ella. El sistema eugenésico propuesto tiene potencial para la ficción (y algunos dirán que hasta para la práctica), de pronto para una película dirigida por Luc Besson con el gobernador de California protagonizando, o con Stallone. Tarantino debería resucitar a Stallone en su próxima película (o, digamos, en ésta). A mí me da franca grima verlo presentando un reality de boxeadores. John Rambo no se merece eso. Pero claro, así es como este pais trata a sus sufridos veteranos.
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Los amores ridículos 501

Se conocieron en una fiesta. Ella no hablaba inglés, él sólo un poco. A veces las palabras no son necesarias. Un intercambio de caricias, un suspiro bien puesto, un roce de manos, son suficientes para decir sin decir. Sin hablar se entendían a la perfección, eran el uno para el otro y rozaban el paraiso gastando incontables fines de semana en la cama cosquilleándose e imaginandose qué dirían si pudieran decir algo. El tiempo pasó y las palabras empezaron a surgir, como era de esperarse. Inmediatamente la relación cambió. No tenían suficiente para decirse lo que hace tanto querían decirse —la lírica requiere más vocabulario del que se adquiere en cuatro meses— pero algunas cosas se empezaron a destapar. Se hizo evidente, por ejemplo, en una de sus primeras conversaciones tras casi seis meses de amorosa convivencia, que a ella no le gustaba —nunca le había gustado— que él dejara las medias tiradas en el suelo antes de dormir. A él, por su parte, lo humillaba que ella lo corrigiera frente a sus amigos y que se bañara por tanto tiempo. Un día al desayuno él descubrió que adoraba su olor pero no soportaba su vocecita ni sus remilgos. Otro día, el último juntos, ella se dio cuenta que ahora que se entendían, era claro que nunca se entenderían. Tras descubrir esto, decepcionada, tomó un avión a Praga y jamás regresó. Fue lo mejor para ambos.
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29.7.05

Rodo Ospina (Parte 1/2)

El viejo Emiliano temía que su tímido y amanerado hijo perdiera el rumbo. Por eso, cuando cumplió diez años, Emiliano Ospina, el barbero y carnicero de Carmen de Apicalá, lo llevó a Melgar a ver su primera película pornográfica. La elegida al azar resultó ser una tal Ostras en su concha (Producción rumana doblada en Argentina) protagonizada por una extravoluptuosa y hambrienta Ginny Q. Para Rodo Ospina fue amor a primera vista. Desde ese día y hasta que murió su padre, cuando recién cumplía los dieciseis, fueron juntos todos los viernes en la noche al teatro Luz en Melgar a ver la película de la semana. Emiliano usualmente se dormía en su silla reclinable mientras Rodo prestaba cuidadosa atención a cada detalle de la historia, a las tomas, a los ángulos, a los súbitos giros dramáticos y a la riqueza temática de las múltiples y cortas tramas. Lo impactaba particularmente la agilidad de las cámaras y el minimalismo escenico, prefería los acercamientos sutiles que hicieron famoso a Rocco a los vulgares close up completos que obsesionaban a Tyrone Welster. Ni Emiliano ni Rodo se dieron cuenta durante esos años de iniciación que el teatro Luz era un reconocido club clandestino de maricas de toda la región que aprovechaban la oscuridad del teatro (el único cubierto en Melgar hasta 1985) para pactar encuentros. En su diario íntimo del bachillerato Rodo Ospina guardó reseñas extensas de, entre otras, Los caminos a Paola, María no nos deja dormir, Fernandine a poil, El aquelarre del sexo, Págame pero no me cobres, Flora: de la cama a la tumba, Victoria's little secret y EspermaTron.

Tras la muerte de su padre en un accidente de tránsito, Rodo quedó solo en el mundo. Vendió las propiedades de su padre en el pueblo y partió hacia Bogotá en busca de trabajo. Primero montó un puesto de frutas en Paloquemao, luego diversificó y, emulando a su padre, empezó a vender también carne. La cooperativa de carniceros de la plaza se opuso a su iniciativa por considerar que los puestos de frutas no ofrecían las condiciones higienicas necesarias para preservar la carne adecuadamente. Pero Rodo con rapidez se hizo a un par de refrigeradores industriales de alta tecnología (los mejores de la plaza por ese entonces) que dejaron sin argumentos a sus contradictores. Con el puesto ganaba mucho dinero y como vivía en una pensión cerca a la plaza España gastaba más bien poco. Vivía como un monje salvo porque todas las noches, luego de cerrar el puesto, iba sagradamente a alguno de los varios teatros pornográficos del centro a ver cine. Nadie sabía en qué se gastaba su plata, no tenía amigos ni se le conocía mujer ni hombre, hablaba poco y a susurros, se vestía humildemente pero con buen gusto y era reconocido por sus participaciones frecuentes en las juntas mensuales de la cooperativa de fruteros proponiendo reformas a los estatutos que nunca se llevaban a cabo. Siempre cargaba un libro bajo el brazo, novelas de Danielle Steel, de Dashiell Hammett, de Agatha Christie, de Raymond Chandler, de Stephen King. El agente de círculo de lectores visitaba su puesto el primer miercoles de cada mes y le dejaba una caja de libros que él engullía y luego regalaba a la biblioteca de un colegio público cerca a su casa.
La historia continúa aquí
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28.7.05

¿Midori o Naoko?

Es dificil decidirse.

Midori es explosiva y mentirosa, incontenible. No se mide, no se sujeta de nada, ella va y ya. Watanabe se sienta en la terraza junto a ella y contempla un incendio mientras comparten cervezas y besos.
I sat on a rug, biding my time, drinking her wine.
We talked until two and then she said, "It's time for bed"
Por el otro lado tenemos a Naoko, su misterioso silencio de palabras apresadas, su cuerpo tembloroso y suave, sus enternecedoras (y tenebrosas) inseguridades. Watanabe camina junto a ella por el jardín del Instituto seguido de cerca por la eufórica Reiko. Hay que tener cuidado con el pozo.
She asked me to stay and she told me to sit anywhere,
So I looked around and I noticed there wasn't a chair.
A ambas las acecha la muerte, en eso se parecen.

Tokio Blues (en inglés y originalmente en japonés Norwegian Wood) es un recuerdo que se debate entre la añoranza y el rechazo de un pasado conjurado por una versión de ascensor de Norwegian Wood escuchada en un avión a su llegada a Alemania. No había leido traducciones de Murakami al castellano. Esta, de tusquets, es de este año y al menos es fiel al tono que yo creo percibir en las traducciones del mismo escritor al inglés. Las conversaciones de Murakami parecen todas, cuando las imagino, protagonizadas por versiones masculinas y femeninas de Kitano. Son resecas, cuasidesérticas, pero aquí y allá aparecen tallitos verdes, melancólicos y floridos. Esa mezcla me impresiona y me conmueve por partes iguales. También me gusta la narración llena de puntos. Frase corta, punto, frase corta complementaria, punto, frase ilustrativa, punto, y así. Eso fue lo que pretendieron traducir al cine los adaptadores de Tony Takitani. Aun no me decido si en cine funciona tan bien como en las novelas. En ciertas partes de Pillow Book me parece percibir el mismo estilo, pero creo que a Greenaway se le da mejor.

Bueno, continuaré con mis averiguaciones sobre la suerte del Watanabe veinteañero.
And when I awoke, I was alone, this bird had flown
So I lit a fire, isn't it good, norwegian wood.
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26.7.05

TOLM (Primer anuncio)

Turo ha anunciado oficialmente la realización de un nuevo TOLM. Yo simplemente le hago eco con esta entrada. Una nueva reunión de la Lista Abierta se realizará en Bogotá el próximo sábado trece de agosto en horas de la tarde/noche en un lugar aun por acordar. Por favor haga pública esta información entre los interesados.
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Sueño (creo) de una tarde de verano


Domingo de playa en Vilassar de Mar

Que me parezco a otra persona, me informa la señorita en la ventanilla, que no soy yo. Señala mi foto en el carné que le entrego. Mírese en un espejo, señor. ¿De verdad pretende hacerme creer que el que está aquí es usted? Voy al espejo, busco las doce diferencias, encuentro seis pero de todas maneras lleno el cupón para participar en la rifa de un curso de detectivismo por correspondencia de the american school. Hace calor.

Y sí, no soy yo. Ahora tengo el pelo más largo y a veces oso recogerme el cabello en una cola de caballo incipiente a la que le viene mejor llamarse pony tail, como dicen en inglés. También estoy más gordo, mucho más gordo, y la nariz me ha seguido creciendo, berenjenizandose sin control. Lo siento, señor. Si ése es su único documento de identificación, me temo que no podrá adquirir el producto. M. interviene y protesta airadamente escandalizada por el agravio. La mujer responde en iguales o peores términos mientras yo llamo a la calma y le digo que si es así la cosa, yo puedo pagar en efectivo. M. dice que no, que vayamos a otra tienda. La mujer dice que tiene que revisar el manual porque no está segura de poder venderme nada tras haber sido incapaz de identificarme. Yo le digo que imagine que lo anterior no ha ocurrido y que simplemente cóbreme desde ceros. La mujer cree que le dije que me cobre ceros y se ofusca de nuevo. Que cómo me atrevo a sugerir eso, que se ha equivocado de pais, mi amigo. No no, me malinterpreta, le digo y me rio nervioso, como si estuviera intentando cometer un crimen. Imagínese que acabo de llegar y quiero comprar esto en efectivo, mire, con este billete. No, no estoy segura, señor. Creo que en ese caso debe salir de la tienda y volver a ingresar, de lo contrario el reglamento interno me prohibe venderle. Mire, dese una vuelta, cómprese un helado y vuelva, uhm... en una hora por ahí, y ahí sí con todo gusto le vendo el producto. M. está para ese momento en shock neurótico. Decido hacerle caso pero antes de salir intento hacer un comentario vengativo hacia la dependiente que queda a medias porque yo nunca he sido bueno para improvisar insultos.

Salimos de la tienda, compramos un helado en Mc. Donalds, entramos a otra tienda, encontramos lo que estaba buscando. Está más barato aún. Pagamos con un billete de veinte y nos devuelven veintidos con diez. Yo intento hacerle notar al empleado el error pero M. me detiene a tiempo y me obliga a salir de la tienda. Ya hemos tenido bastante de eso por hoy, dice, vámonos para la casa.

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Te ofrecemos Señor...







A esto y a lo de aquí arriba deben referirse cuando hablan de la naturalidad de lo kitsch
(Fotos tomadas el sábado en la sala de ofrendas de la Abadía de Montserrat)
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25.7.05

Páginas Sociales

  • El valiente Gabriel deja su nido recién adquirido y parte hacia Atlanta este sábado en busca de un doctorado. El equipo editorial del Elefante Azul le desea la mejor de las suertes. El nido, estamos seguros, se adecuará a los devenires del viaje y pronto cambiará de sede.
  • El equipo editorial quiere celebrar la admisión de Fabricio a la carrera de filosofía en la Universidad de Barcelona, así como, a destiempo, el éxito atronador que tuvo el concierto parcialmente organizado por Arturo (su crónica al respecto, dicho sea de paso, es equiparable (si no mejor) que la legendaria Meando con Fito Páez).
  • Se ha propuesto la organización de un TOLM en agosto. Dados mis múltiples compromisos sociales durante ese corto mes, compartiré la organización del evento con alias Turo (reconocido organizador de eventos), alias Ascaroth (músico consumado), alias Azul (coder de TOL) y alias Olavia Kite (silenciosa literata (?)) -los nombramientos han sido tan a dedo como el mio, para mantener la tradición-. Lo primero a decidir es cuándo. Se invita a la comunidad a opinar cuándo le cae mejor haciendo click en Eco o comunicándose directamente con alguno de los miembros del comité organizador. Durante el transcurso de esta semana (en la medida de lo posible) me comunicaré con el comité para fijar la fecha.
  • Dejo Barcelona (via Frankfurt-Chicago (??????)) el miercoles por la mañana. Por fortuna, sólo una semana y media después me reencontraré con M. en Bogotá. Ella se quedará unos días más por acá torturando ratas y sacrificando unas cuantas para asegurar la buena fortuna en los planes que emprenderemos este año.
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La guerra de los mundos.

La mejor parte de La Guerra de los Mundos ((a.k.a.) El sub-plot perdido de Independence Day) es cuando Tom Cruise llega a toda velocidad y en contravía a su casa y de un carro que lo esquiva ágilmente surge en claro acento colombiano un "¡hijueputa!" que nos confirma que Queens ahora está bajo nuestro control.

De resto es un bodrio insalvable con algunos efectos especiales.

Ineludible, cuatro (4 (****)) estrellas.
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Like a prayer.



Scotty, beam us up
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