24.10.05

Respuesta de Jaime Ruiz.

Como era de esperarse, Jaime encontró la entrada anterior e intentó escribir uno de sus típicos ensayos-replica en Haloscan; pero como Haloscan es poco dado a aceptar largueros, le tocó cortarse y finalmente sucumbió.

Fiel a su mentalildad abierta y concientes de la necesidad de debate y apreciación de los distintos puntos de vista que flotan en el caldo social colombiano en este momento, el grupo editorial de La balada del elefante azul publica la respuesta de Jaime sin ediciones ni censuras. Luego de la intervención de Jaime viene nuestra respuesta y luego tendremos una sesión de discusión.

Sin más preámbulos, aquí va:
Ante todo muchísimas gracias por la publicidad. Me estaba preguntando qué era lo que hacía subir tan considerablemente las visitas a mi blog y busqué en google, de donde fui a Blogalaxia, donde encontré esta joya. Claro que el nivel moral de los comentaristas, incluidas las amenazas de Sergio (ya sé, ya sé que habla de discutir conmigo, pero si yo anduviera diciendo que nadie debe decir cosas impunemente ya me estarían señalando).

Lo primero, que es interesantísimo porque deja ver algo más que obstinación y "pensamiento" rutinario, penosa ignorancia, es lo de que yo quiero que sigan las castas. El comunismo es una prolongación de la esclavitud que fue posible donde el recuerdo de la esclavitud formal estaba vivo (Rusia, 1861; Cuba, 1868; China, 1912, etc.) y fue una salida para las castas parásitas de la sociedad esclavista. Eso explica que los poderosos cubanos, obviamente todos blancos y de buena familia, vivan rodeados de lujos, en embajadas vitalicias y en puestos decorativos mientras los negros de las provincias orientales viven con dos dólares al mes. Los de las ciudades turísticas al menos pueden mandar a las hijas a ganarse el salario de un año en un rato.

Precisamente eso es lo que hace el comunismo atractivo para los doctores colombianos, increíblemente idénticos a los señoritos que describe Ricardo Palma, modestia aparte, creo que hice un retrato muy acertado y actual, por mucho que el hecho de vivir en EE UU o en Europa haga que el personaje de mi cuento se sienta un Mozart o un Emerson. Lo extraño es que leo la primera línea y sólo aparece en mi memoria la imagen de la RDA, el único país comunista que alcancé a ver. Definitivamente las cosas son más fáciles de lo que parece.

En democracia puede acceder todo el mundo que gane las elecciones, en las tiranías comunistas nadie puede acceder al poder porque por siempre está en manos de las mismas personas y aun de sus hijos. Los pobres colombianos ciertamente no se merecen su suerte, pues es que son pobres porque USTEDES los de la casta de parásitos se lo roban todo. ¿Cómo he de explicar que lo que el Estado colombiano no se gasta en adoctrinar canallas, en pagar pensiones precoces y a veces dobles, en financiar viajes y becas y demás es porque se lo gasta en pagar los intereses de una deuda que se contrajo para mantener a las castas bien situadas y prósperas en las universidades? La gentuza, perdón por la precisión, que comenta en su blog, personas muy degradadas por la fala de contacto con la crítica y la verdad, jamás va a interesarse por saber si esto es verdad o no. ¡Huy, qué horror, no hubo buenos modales!

Porque ésa es Colombia y si hay un descontento con eso soy yo. ¿O es que usted conoce a alguien que haya oído hablar de una persona que haya hecho en su vida algo con respecto a los miles de secuestrados que no sea arrimarse a los poderosos que encargan los secuestros?

***

Pero sigo con la universidad colombiana. ¿Dígame dónde consigue uno en el exterior un tratado de cualquier materia que haya sido escrito por un autor colombiano, una universidad prestigiosa que tenga profesores colombianos (salvo que sea sobre la guerra colombiana: es uno de los frutos de esa guerra, mandan a los pobres a matarse y después van a explicar por qué ocurre eso), una patente que use la industria que haya sido desarrollada por algún colombiano, una investigación en ciencia básica que se haya desarrollado en una universidad colombiana?

En cuanto a que sólo sean centros de adoctrinamiento terrorista, la cuestión es simple. ¿Cuántos estudiantes y egresados de universidades colombianas han engrosado las filas de las FARC y el ELN desde los años 60? (Me refiero a portar armas en el monte.) ¿Más bien 5.000 o más bien 15.000? En cuanto a colaboradores de los que vigilan a los niños secuestrables o van a los barrios pobres a preparar labores paralelas a las masacres, como ahora tratan de echar a la policía de Ciudad Bolívar, yo diría que son muchas decenas de miles desde esa época. Usted mismo reconoció en mi blog que la mayoría de los profesores son comunistas o afines, Claro que es mi forma de demencia, el hecho de que sea algo que dice por ejemplo Enrique Krauze, es nada. ¿Acaso será doctor? Claro, también lo dice Paul Johnson, pero son gente sin verdadera educación.

Pero es que las universidades las conozco bastante bien, tanto las colombianas como las de otros países. La inmensa mayoría de las personas que trato han pasado por universidades y creo que no hay muchos misterios en lo que dicen.

"La manera de aplanar la frustración de no haber podido estudiar". Ésta es otra perla: no es verdad que no haya podido estudiar, eso le parece a usted que cree que ha hecho mucho por ser doctor, sencillamente no tenía quién me obligara y sí mucha pereza. En el fondo valores, la sospecha de que toda esa asimilación a los poderosos habría de ser degradante, por no hablar de lo esforzada que resultaba. Como Hans Castorp, no encontraba nada que me contestara "para qué". Naturalmente no tengo ninguna frustración por eso, puesto que si hubiera estudiado tal vez habría alcanzado a ganarme la vida como me la gano y en cambio tendría que correr el riesgo de convertirme en alguien como usted. ¿Dónde está la frustración? Muchas personas con las que trato sí tienen títulos prestigiosos y no hay ningún problema, porque no creen que sea algo tan importante... Y lo de aplanar frustraciones inexistentes...

Hay algo de todo eso que, como he dicho, es estremecedor. Todo el mundo sabe lo que es el comunismo, todo el mundo ha visto sus resultados, cualquier niño podría contestar acerca de si los coreanos del sur quisieran vivir en el norte o al revés (antes del comunismo era al revés), todo el mundo está al tanto de la miseria y la opresión el horror que pro
Aquí es donde Jaime se rindió y terminó de redactar su diatriba en su blog. Recomiendo leerla, es mucho más completa que la que aquí se presenta.



Nuestra respuesta

Estimado Jaime, muchas gracias por su truncada participación en este foro organizado alrededor de su persona ficticia. Nos alegra saber que usted, a diferencia de la versión de la ficción, evadió la educación con bravía amparado por sus ferreos valores. Aplaudimos su coraje.

Nos entristece, eso sí, toda la ira que carga en su corazón. No nos gusta ser tratados de canallas y de parásitos, aunque no nos molestaría tanto si se refiriera sólo a nosotros, que efectivamente lo somos. Usted incluye en su lista, que llama casta, a todos los estudiantes y exalumnos de universidades públicas colombianas. Personas, lo decimos porque las conocemos, honestas y trabajadoras. Muchas, muchisimas, muy humildes y con intenciones sinceras de trabajar por el pais, de prepararse y devolverle al pais ese premio que nos da al brindarnos excelente educación. No vemos canallas ni parásitos ahí. Vemos semillas para una Colombia mejor, buenas inversiones. Mucho mejores que las que usted propone vendiendo camisetas en Estados Unidos y compitiendole a los chinos.

Y lo siento, Jaime. Nosotros nunca reconoceriamos que los profesores de las universidades públicas son comunistas afines. Lea bien. Los profesores, usualmente, no tienen preferencias políticas evidentes al ir a clase. Especialmente si uno estudia matemáticas.

Ah, y si se trata de culparlas por los números de estudiantes que engrosaron las filas de las FARC y el ELN en los 60, pues le tengo otro número. La mayoría de los reclutados ahora mismo por las FARC y el ELN son niños de 14 años sin educación. Y no es que sean niños bravios que, como usted, se resisten a ser educados por el sistema, no. Esos niños no tienen educación porque no hay como, no hay donde. Donde esos niños viven, no hay escuelas ni centros de salud. Un día lo llevo a uno de esos sitios para que vea usted mismo como son los lugares donde el gobierno no va -casi todos-. Así que si se trata de iniciar competencias de números, puedo asegurarle que, entonces, la falta de educación parece ser más efectiva convirtiendo gente al comunismo que esa educación pública que usted tanto critica. Y pues, finalmente, le doy otro número: 2005. Nosotros, no sé usted, vivimos en 2005, no en los años sesenta ni setenta. Nosotros nacimos luego de todo eso. Nosotros no creemos, ¿será que algún día lo entenderá?, en guerrillas ni revoluciones, ¡qué estupidez! Nosotros somos hijos de los frustrados que lo intentaron y fallaron. Esas cosas se aprenden. Tampoco creemos en la dictadura del proletariado. Nosotros no somos ilusos. Nosotros queremos un pais mejor, con sinceridad. Un pais más justo, con menos discriminaciones, que respete a la gente y vele por ella. Un pais en el que todos puedan educarse, donde todos tengan el servicio médico que merecen por ser seres humanos, donde la gente no se mate ni haga cábalas políticas que involucren la vida de personas. Un pais que esté al servicio de sus ciudadanos y no de los mercachifes. Un pais donde quepa usted pero también quepa yo. Eso es lo que queremos nosotros.

Se nos olvidaba. Un libro de investigación publicado por un colombiano: http://www.aslonline.org/books-lnl_14.html. También puede revisar los ensayos aplaudidisimos de Zalamea en conexiones entre artes y ciencias. Para investigaciones en ciencias básicas por universidades colombianas, revise lo que hace el Centro Internacional de Física en la Universidad Nacional. Le podría dar más ejemplos, pero no se trata de humillarlo, más bien investigue antes de hacer preguntas tan poco informadas. Y por si acaso dice que es muy poco, debería revisar los presupuestos de apoyo a investigación en ciencias básicas que el gobierno tiene y los recomendados por cualquier organización internacional que estudie desarrollo. Se llevará una sorpresa.

Muchas gracias de nuevo y un abrazo,

La muchachada de la balada.

Postdata. Seguimos leyendo la novela y, como si Roth estuviera enterado de este asunto, nos encontramos esta cita que me parece perfecta para cerrar esta dupleta de entradas sobre la persona ficticia que encarna Jaime Ruiz y lo que simboliza. Con ella cerramos, mañana temprano hay reunión con el asesor.
"These so-called patriots," Lou Levov said to Dawn, "would take this country and make Nazi Germany out of it. You know that book It can happen here?. There's a wonderful book, I forget the author, but the idea couldn't be more up-to the-moment. These people have taken us to the edge of something terrible. Look at that son of a bitch."

"I don't know which I hate more," his wife said, "him or the other one."

"They are the same thing," the old man told her, "they're interchangeable, the whole bunch of them."
P. Roth, American pastoral
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23.10.05

Jaime Ruiz y la conciencia del pais.

"Don't suit you?" she asked. "Not crude desires in a big guy like you? Come on, I'm not such a frightening person. You can't have met your match in little me. Look at you. Like a naughty boy. A child in terror of being disgraced. Isn't there anything else in there except your famous purity? I bet there is. I bet you've got yourself quite a pillar in there," she said. "The pillar of society."

"What is the aim of all this talk? Will you tell me?"

"The aim? Sure. To introduce you to reality. That's the aim."

"And how much ruthlessness is necessary?"

"To introduce you to reality? To get you to admire reality? To get you to partake of reality? To get you out there on the frontiers of reality? It ain't gonna be no picnic, jocko."
P. Roth, American pastoral
Hace unos días, debido a una entrada que, por su cinismo, no pude evitar contestar, me enfrasqué en una discusión con el señor Jaime Ruiz que he continuado hasta el día de hoy. Es una discusión en la que las perspectivas de mundo de ambos son tan distintas que la concertación es una utopía. No sé por qué continúo con ella. Percibo falacias en la argumentación de Ruiz, tal vez, e intento que reconozca que nadie en sus cabales puede asumir semejantes cosas y concluir semejantes otras. No he tenido éxito hasta ahora y dudo que Ruiz dé su brazo a torcer. No es su estilo.

Alias Ruiz no dice nada de su vida. Lo evita con juicioso cuidado porque teme que sus oponenten lleven las discusiones al terreno de lo físico. No es dificil, de todos modos, adivinar cosas, o al menos presentir un perfil. Tal vez me equivoque pero así es como veo a Jaime Ruiz yo:
Jaime Ruiz es un colombiano formado a pulso. Alguien que tuvo una juventud dura y salió adelante por sí mismo -también podría ser el eterno acomodado pero lo dudo, el tono no lo deja-. La vida o la necesidad lo alejaron de la posibilidad de estudiar más allá de la escuela. La manera de aplanar la frustración de no haber podido estudiar fue llenarse de argumentos por los que la educación formal no era necesaria, a lo largo de su vida ha sofisticado esos argumentos hasta convencerse que las universidades son centros de acondicionamiento y adoctrinamiento terrorista. Para él, ser un estudiante o haberlo sido es casi que un defecto. Me recuerda a Mayol, el protagonista del Viaje Vertical de Vila-Matas. Ahora que lo pienso, los imagino a ambos físicamente similares -tal vez Ruiz un poco menor-. Ruiz es inteligente, él no necesitaba ir a una universidad para formarse porque es un tipo independiente y le gusta leer, ahí se empieza a diferenciar de Mayol. Lee mucho y se educa. Se crea su propio criterio del mundo basado en lo que ve a su alrededor, lo que piensa y lo que lee.

Su tesón rinde frutos. Su empresa crece, no mucho pero lo suficiente para que Ruiz sea un agradecido con el sistema y un admirador de los grandes emprendedores norteamericanos, así quisiera ser él. Dado que sabe qué significa esforzarse para conseguir algo, no cree en esos sistemas en los que la gente la tiene fácil y todo el mundo, sin esforzarse, es más o menos igual al resto. Luego lee más, lo que puede, y encuentra argumentos más fuertes para desdeñar de esos sistemas políticos. El comunismo, piensa Ruiz, es un sistema criminal y apoyarlo, creer que hay algo de verdad en los cambios que sugiere, es terrorista. No le gusta la idea de que un gobierno decida por los demás, especialmente si sus decisiones van en contra de lo que él piensa. Ruiz cree en la fuerza de las palabras y aprende a usarlas, se convierte en un gramático, carga su diccionario, lo venera. El fantasma de nunca haberse educado más allá de la secundaria lo persigue. Su manera de enfrentarlo es perfeccionarse en el uso de la palabra. Eso, claro, le permite interactuar con sus pares sociales de igual a igual, o incluso desde un plano superior. A Jaime le da miedo ser menos y entonces siempre quiere ser más y más. Las palabras lo elevan, o eso cree.

Jaime Ruiz ya se jubiló pero trabaja parcialmente en su empresa que ahora manejan sus hijos, la supervisa. No confía en nadie. Ahora, por la novela que estoy terminando de leer, me imagino que quizás tenga una hija díscola que hace rato se le salió de las manos y cuyo recuerdo lo atormenta de día y perturba de noche, en sus sueños. Viaja en vacaciones, conoce Europa y Estados Unidos. A veces va a las oficinas por las mañanas para ver cómo va todo. Conversa con sus antiguos empleados, es cordial y amable. Los fines de semana, supongo, va a su finca a descansar, tiene una gran biblioteca en su finca, de la que se enorgullece, y lee los libros que allí tiene en estricto orden alfabético con un cuaderno en la mano para anotar las citas que lo conmueven. No tiene teléfono celular, no le gusta. Dedica su media tarde a leer periodicos en linea y a participar en foros virtuales de discusión. No me imagino como los descubrió pero puedo imaginar la dicha que le produjo ser capaz de decir lo que pensaba, su verdad, a una audiencia potencialmente infinita. Por fin sus ideas serían escuchadas, por fin.

En sus blogs mantiene un tono paternal y recto, debe ser un buen abuelo. Nunca se sale de casillas, nunca explota. Tiene varios blogs porque el orden se lo exige. Tiene uno de correcciones ortográficas, por ejemplo, en el que exhibe la misma vehemencia que en sus discusiones políticas. Otro de temas de actualidad, otro de discusión económica -donde evidencia especialmente la inocencia de sus posiciones-, otro donde recolecta notas de los medios que lo escandalizan y ofenden -casi todas; los medios son unos títeres de la izquierda, según él-, otro donde da lecciones de retórica -arte caduco, the good old one, del cual es consumado maestro-, uno donde aclara términos que, considera, han ganado significados erroneos y, finalmente, Pais Bizarro, su magazín, que sirve como portada para el resto -aunque a veces contiene artículos exclusivos-. Con el tiempo, esos sitios se han convertido en lugares de reunión y discusión de otros parecidos a él. No dudo que algunos hayan sido, de hecho, convencidos (¿convertidos?) por las cosas que dice. Sus diatribas son largas y repetitivas, casi obsesivas, y su redacción es peligrosa porque discretamente transmite más de lo que aparenta. Utiliza con maestría el doble sentido y el sarcasmo. Recurre a ellos para, sutilmente, sugerir que ciertos régimenes dictatoriales del cono sur eran justos -aunque Castro, obvio, sea un carnicero de marras-, que hay maneras correctas e incorrectas de matar, que los pobres se merecen su suerte -se la buscan-, que la democracia es buena siempre y cuando no todo el mundo pueda acceder al poder, que es bueno preservar las castas y las clases, la estabilidad que brinda la tradición. Eso sí, es anticlerical y ateo, ni más faltaba.
Cuando le preguntan a uno por qué Uribe está en la presidencia y por qué lo vamos a reelegir, lo mejor sería señalar hacia esos blogs y reponder "porque ésa es la conciencia del pais". Así es como piensan los que nos dirigen, desde ahí, desde el palco de Jaime Ruiz, es desde donde ven nuestros lideres el pais. La culpa de que aún sea así, no nos mintamos, es nuestra: de los ciudadanos que permitimos que nos manipulen, que nos impongan hegemonías, que seguimos pensando como colonizados que no tenemos poder sobre nuestro destino. Tal vez sea un problema cultural pero eso no nos impide imponernos a él. Colombia sigue en las mismas porque los que se preparan para dirigir el pais son los hijos de los que antes quisieron dirigirlo, las familias de políticos, mientras todos los demás miramos el espectáculo con fingida impotencia, como si no fuera claro que las cosas no tienen por qué ser de ese modo, que ya estamos más que preparados para tomar las riendas con nuestras propias manos. Me pregunto cuánto tiempo más nos tomará asumirlo, cuánto tiempo más tardaremos en adoptar una conciencia nacional que nos incluya, en lugar de esa que firma, desde su despacho, el anónimo Jaime Ruiz.
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22.10.05

Broken Flowers.



Uno acumula cosas durante la vida y, no importa si las deja atrás, sigue cargándolas en la espalda hasta que la vida se le acaba. El pasado memorizado, el que rumian la nostalgia y la melancolía, es indestructible e inalcanzable. Por eso es que el viaje de Don está abocado al fracaso aún cuando, como Winston le recuerda, es un viaje necesario. Es un viaje tan necesario como el del señor Schmidt para recuperar a su hija, o el de Bud, que conjura y exorcisa a su Daisy mientras recorre su mundo de vapores y ausencias en el que todas las mujeres tienen nombre de flores. Es un viaje, incluso, ineludible.

Jarmusch se repite, y a uno le gusta que se repita, en los personajes, en las situaciones, en la manera como estructura las secuencias, fragmenta las historias, controla la música. Por eso es que Jaime añora el multi-lingüísmo ausente, porque las películas de Jarmusch parecen distintas versiones de una misma firma y la ausencia de otros idiomas es como si le faltara el punto en la i de Jim. Tal vez en esta ocasión falte ese punto, pero la conversaciones con Winston parecen sacadas de Coffee and Cigarrettes, especialmente las que ocurren en el diner, claro; los recorridos en carro, que se inician con el gesto de apropiamientoque brinda meter el CD de jazz etiope en el reproductor, me recuerdan al Perro Fantasma y su reproductor de CD siempre en volumen 21 sonando temas de Wu-Tang Clan; los encuentros con cada mujer, como versiones de un mismo momento, me supieron a un revuelto de Coffee and Cigarrettes, mezclado con las carreras de Una noche en el mundo y los asesinatos del samurai negro. Ciclos, recurrencias, eso le encanta a Jarmusch. Decir: todo es igual hasta que nos adentramos en los in between y tocamos lentamente los detalles, como si no hubiera nada después ni nada antes.

Los breves encuentros entre Don y sus mujeres pasadas no ocurren en el terreno de las palabras. Todo son gestos y miradas. Para lograr esto se necesitan buenos actores y Jarmusch los tiene. Las palabras siempre son las mismas, de hecho. Pero los momentos no. No todas recuerdan al mismo Don, no todas realmente desean volverlo a ver. Cada encuentro supura una tensión distinta, un olor distinto, una sensación diferente, y todas esas distinciones ocurren en la esfera de lo sutil. Nada es obvio, es una película llena de enigmas irresolubles que en el conjunto, cuando el rostro achacoso de Murray se centra en la pantalla, se hace silencio y se advierte la sombra del cierre, es perfectamente clara y redondeada. No deja lugar a dudas aun cuando toda la película está llena de ellas.



A history of violence y Broken flowers, al margen de sus historias, me han hecho darme cuenta de cuánto apego implican cuatro años de vivir en el mismo lugar. Ahora, desde lejos, los Estados Unidos que muestran Cronenberg y Jarmusch —los pueblos, las casas, los buzones azules de correo, los diners y las calles adoquinadas y llenas de árboles otoñales, los pueblecitos con una calle principal decadente y solitaria con una floristería abierta justo en el medio un domingo por la mañana— me despiertan recuerdos de mis años en Urbana. Hay mucha gente que lo dice, y hasta que uno no lo vive suena a cuento chino, hay dos versiones de ese pais coexistiendo paralelamente. La visible, la del imperio imponente y pedante, y la invisible, la de sus gentes sencillas, trabajadoras e inocentes. La excluyente y la inclusiva. La de la sonrisa Mc. Donalds y la de la sonrisa del vecino que lo saluda a uno a las nueve de la mañana desde su jardín, cuando inicia el recorrido hacia la universidad.
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20.10.05

Alocución presidencial.

Desde hoy, amigos, vivimos en un pais mejor. Un pais donde la semilla de la democracia por fin podrá germinar, uno que reemplaza a ese pais caduco, ignorante de los movimientos de la historia y las verdaderas necesidades del pueblo. Fue una lucha larga, recuerden, una lucha que nos obligó a sacrificar a los mejores de nosotros, una batalla que nos forzó a enfrentar de una buena vez a ese símbolo del optimismo inconsciente e idiotizante tras la caida del muro que es la constitución de 1991, un gorila legal firmado por criminales, secuestradores, asesinos e indios. La victoria es nuestra pero no debemos olvidar que es solo un primer cambio en pos de un pais mejor. Otros ya han ocurrido y otros están por llegar. Es prioritario acabar con el flagelo de la droga que mata a nuestros muchachos que estudian en Miami, Madrid, Londres, París y Barcelona, continuaremos con las fumigaciones, ahora también en parques naturales y reservas indígenas; ahora que las autodefensas han decidido dejar las armas y aceptar la protección del Estado, debemos enfocarnos en derrotar militarmente a los narcoterroristas de las FARC, el ELN, el EPL, el M-19, los estudiantes de las Universidades Públicas y el Partido Comunista. Con terroristas no se puede negociar, compatriotas, no podemos hablar de tú a tú con criminales que han asediado nuestros campos, nos han robado nuestras tierras, nuestros ganados y han matado nuestra juventud. La única manera de tratar semejante peste es, mi Dios lo sabe, haciendo uso de la fuerza. Por fortuna, contamos con el apoyo irrestricto de los Estados Unidos en esta lucha. El Plan Colombia es, y seguirá siendo, nuestro mejor aliado en esta pelea, no lo olvidemos.

Y hablando de Estados Unidos, ya estamos próximos a firmar el tratado de libre comercio, nos esperan años de gran bonanza, amigos, ya no tendremos que ir a Orlando todos los años a comprar ropa en J.C. Penney porque lo mejor de J.C. Penney vendrá a nosotros, aquí, a nuestras puertas, y lo podremos comprar en dólares, sin necesidad que recurrir al molesto cambio a moneda nacional, tan débil y feita. También vendrán GAP, Banana Republic, Mango, Sara, H&M, Best Buy, Circuit City, Macy's, Target, Walmart y cientos de almacenes de ropa levemente usada, barata y de calidad. Así mismo, aprovechando que los Estados Unidos abrirán las puertas indistintamente a nuestros productos —siempre y cuando cumplan con una lista de condiciones más que razonable aunque un poco larga—, exportaremos tamales, lechonas, bocadillo y todas esas delicias de nuestra gastronomía que de seguro se abrirán mercado por sí mismas debido a su gran calidad y sabor. Venderemos camisetas, amigos, ahí está el progreso. Ya he contactado a varios empresarios en China que han expresado el interés de capacitar a nuestros muchachos reinsertados en la confección de camisetas, camisetas que nos recuerden lo grande que es Colombia, para ser vendidas en el exterior. Esperamos, para dentro de cuatro años, saturar los mercados norteamericanos y europeos con nuestras camisetas y manillas con motivos alegóricos a nuestra patria que inviten a conocerla y quererla tanto o más de lo que la queremos nosotros. En este nuevo pais, mis queridos compatriotas, todo lo que deseemos será posible.

Algunas personas de mala fe, seguramente influenciadas por intereses oscuros y lecturas de Noam Chomski, han expresado su descontento por la manera como el proceso para llegar hasta este lugar fue llevado a cabo. Aseguran que explotó la corrupción, que renunciamos a nuestras promesas de campaña, que dejamos lo importante de lado para centrarnos en minucias, que olvidamos los valores democráticos y que recurrimos a prácticas clientelistas, que renunciamos a nuestro compromiso con el Pais y con el Mundo, que renunciamos a la meritocracia y que retomamos los viejos vicios de los que tanto nos avergonzábamos. A esas personas, compatriotas algunos, quiero preguntarles hoy: ¿No justifica cualquier cosa este pedestal que hoy hemos alcanzado? Dejemos las diferencias a un lado, ahora tenemos la oportunidad recuperar la confianza en la Patria, las circunstancias para el advenimiento de la nueva Colombia, la que soñamos, están solo a la vuelta de esquina, como dice esa propaganda, tomémonos un tinto, seamos amigos. También, injustamente, se me ha acusado de soberbia y megalomanía. Yo les pregunto: ¿que hay de soberbia en querer servir a mi patria otros cuatro años? ¿que hay de soberbia en desear contar con una oportunidad más para hacer de este pais tan hermoso un lugar mejor para vivir? ¿es megalomanía trabajar de sol a sol por el pais que le dejaremos a nuestros muchachos y no querer dejar este trabajo a medias?

Se ha habla mucho ahora de garantías electorales. Yo quiero contarles una historia: cuando yo estaba en campaña presidencial, hace cuatro años, era imposible organizar caravanas electorales que permitieran a los candidatos acercarse a la población y conocer sus necesidades, hablar con esos muchachos y muchachas campesinos y pobres y escuchar sus quejas, saber lo que querían y prometerles que lo haríamos por ellos. Hoy, compatriotas, esa garantía está dada. Viajar por Colombia, que es quererla, recuerden, es de nuevo posible. El esfuerzo conjunto del gobierno y las fuerzas militares ha limpiado las carreteras de ese flagelo que eran los retenes y las pescas milagrosas. Con descaro algunos opositores me han pedido que cancele los consejos comunitarios pues supuestamente aumentan mi visibilidad y desequilibran la contienda electoral que, con la reelección en pie, hoy se inicia. A esos opositores les respondo: No, no y no. No voy a renunciar a la obligación que me confiere la constitución de representar al Estado y llegar hasta los más lejanos rincones del Pais para escuchar a mis conciudadanos y salir en televisión por cuatro horas los sábados sólo para que los otros candidatos se sientan más tranquilos. Creo que las garantías electorales están plenamente dadas. Como candidato, me siento satisfecho de las reglas de juego y estoy seguro de que cualquier persona sensata en mi lugar también lo estaría.

En los medios se ha dicho recientemente que la discusión parlamentaria a favor o en contra de la reelección se convirtió en una sobre si era conveniente reelegir a Uribe o no. Olvidan los medios que ese era precisamente el quid del asunto. Tal vez sea conveniente una sola vez, esta, pero eso no justifica que no lo hagamos. En caso de que, posteriormente, sintamos que la reelección en cualquier otra circunstancia es un asalto a la gobernabilidad, les prometo que haré todos los esfuerzos que estén a mi alcance para de nuevo reformar la constitución y deslegitimar la figura recién creada. Ya lo hicimos una vez, compatriotas, lo podemos hacer de nuevo. Con trabajo, esfuerzo, optimismo y la ayuda de Dios, sacaremos este pais adelante. Cuento con su apoyo y con su voto el próximo año. Muchas gracias.

Nota al margen: El equipo editorial de La Balada del Elefante Azul, fiel a su falta de fe en el pais, lamenta que la reelección presidencial haya sido aprobada en semejantes circunstancias, pero está seguro de que el proceso de degradación del pais —que lleva en pie desde su fundación hace casi doscientos años— no aumentará drásticamente su pendiente (en valor absoluto) con la continuación en el poder de Alvaro Uribe, así como duda que la situación opuesta hubiera mejorado nuestros chances de salir de la pobreza, el subdesarrollo y la violencia. Lo ocurrido ayer es la clausura de una anécdota más que podemos con orgullo añadir a la ya larga lista de desaciertos que constituyen nuestro cuerpo de definición de la nacionalidad y la institucionalidad. No se preocupen, al hueco seguiríamos cayendo de cualquier modo. Que tengan un buen día.
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Justificando el disfraz.

No me di cuenta como llegué ahí, no sabría como volver. Estaba caminando dando tumbos mirando vitrinas tras unas horas de trabajar en el café de una de esas galerías posh sobre Vicar Street, tomé un par de atajos y terminé metido en un almacen de ropa usada subterraneo atendido por una muchachita de pelo verde que se presentó cuando entré y se puso a mi disposición para lo que necesitara. Me llamo Jane, me dijo, y me señaló con el dedo una plaquita con su nombre enganchada en su diminuta camiseta rosa. Mientras yo recorría los estantes mirando las chaquetas y los sombreros, Jane se sentó en los escalones de la entrada y se puso a leer un libro.

El sitio olía a una mezcla de naftalina e incienso y era más grande de lo que me imaginaba. Había un pequeño corredor que conducía a una bodega de saldos militares (botas, bolsas de dormir, morrales, cascos, riatas, estandartes, parches, insignias, uniformes camuflados y cajas de munición vacías) y de ahí se llegaba a dos salones: uno de ellos podría ser rápidamente adaptado como museo de corsetería victoriana y el otro estaba dedicado a los disfraces. Cuando estaba probándome un disfraz de pollo gigante que estaba baratísimo, escuché que Jane conversaba con alguien en la entrada. Dos hombres, alcancé a entender, le preguntaban por un tal Frank. Jane les dijo que no, que Frank hacía mucho no venía, pero ellos insistieron, ¿estás segura?, y ella les dijo que sí, que estaba segura, que la última vez que vino le dijo que volvía a Irlanda. Los tipos no le creían, le preguntaron que si Frank había dejado algo para ellos y ella les dijo que no, que Frank no había dejado nada para nadie y menos para ellos. Mientras hablaban, yo había terminado de plantarme el disfraz y cuando escuché los ruidos estaba parado frente al espejo entretenido tomándome fotos. Me quedaba perfecto.

Lo que escuché fue golpes, un golpe seco contra la pared, luego otro más y luego uno de los hombres dijo algo que no entendí y ambos subieron las escaleras corriendo y cerraron de un portazo. Salí yo de la sala de disfraces hacia la entrada para ver qué había sucedido y encontré a Jane en el piso con un golpe fuerte en la cara. Se estaba levantando apenas y recogiendo el libro, era una antología de poemas de Dylan Thomas, creo. Qué pasó, le pregunté. Nada, no te preocupes, estoy acostumbrada. Me miró y se rió, me preguntó que si me gustaba el disfraz y yo estaba intentando explicarle que aunque me gustaba no podía llevarmelo porque no me cabría en la maleta al partir cuando se puso a llorar. Empezó despacito, primero una lágrima en un ojo, luego otra, luego el rostro se le empezó a agrietar hasta que no pudo contenerlo más. Aun en lágrimas, se dirigió súbitamente hacia un armario en una esquina, sacó una llave del bolsillo y abrió la puerta. Ya se fueron, dijo con rabia, now get the hell out of here.

Dentro del armario había un tipo flaco, en los huesos, con la cabeza rapada y la nariz llena de argollas. Tenía una camiseta blanca que le quedaba grande, unos jeans mal teñidos de rojo y unas botas de construcción con dibujos hechos con liquid paper, calaveras y vainas así. No se movía. Ella seguía llorando, lo miraba, respiró hondo y le gritó, didn't you hear me, you bloody piece of shit? get your skinny ass outta here, I don't wanna see you again. Se hizo a un lado, lo dejó pasar y Frank salió de su escondrijo abrazando una bolsa de plástico con libros, cuadernos y ropa. Caminó hacia las escaleras, yo seguía ahí parado al lado con mi disfraz de gallina. Él arrastraba los pies, olía a mierda, me miró y sonrió, se volteó hacia Jane, quería decir algo pero no dijo nada, tartamudeó un pedacito de palabra indistinguible, sacó uno de los cuadernos de la bolsa, lo puso sobre la caja registradora, le dió una palmadita con la mano, se volteó, subió las escaleras y se fue. Jane, durante todo eso, le dió la espalda, temblaba un poco, yo no sabía qué hacer, empecé a quitarme el disfraz sin decir nada. Cuando terminé de quitarmelo Jane estaba frente a mí. Había dejado de llorar pero tenía la camiseta empapada, los ojos rojos y la cara hinchada. Sostenía en una mano su libro y en la otra el cuaderno que había dejado Frank. Se disculpó, yo le pregunté si estaba bien, me dijo que sí, que ya había pasado lo peor. Yo tenía el disfraz en la mano y la cabeza de pollo la había dejado en el piso. La señaló. ¿Te lo empaco o te lo llevas puesto? me dijo estallando en una risita insuficiente. Me reí sin muchas ganas, no pude decirle que no y le pedí que me lo empacara. Ella sacó una bolsa grande negra, empacó todo, le pagué, le dí las gracias y salí.

Dos cuadras más adelante vi a Frank sentado en la acera recostado contra una pared. Se veia mas viejo ahora. ¿Sería el papá de Jane? Estaba muy pálido y los ojos se le iban, abrazaba aún así su bolsita con fuerza y cuando me vio pasar me pidió plata, I just lost everything, me dijo. Le di unas monedas, me dio las gracias, sonrió, le faltaban algunos dientes. Luego de eso, caminé hasta Corn Exchange y tomé el bus a casa. Ya era tarde y tenía hambre.

Creo que ya tengo qué ponerme en Halloween.
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19.10.05

La entrada anual para Mer.


Feliz Cumpleaños
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De abortos y piratas.

1.

A Yamid Amat se le debieron salir las babas de gozo cuando, en la entrevista que le hizo a la esposa de Uribe, logró ponerla a hablar del aborto y reconocer tímidamente que está de acuerdo con su despenalización, así hubiera aclarado más tarde que no está de acuerdo con su legalización. No me gusta la manera como se lleva el proceso de cambio de legislación sobre el aborto. Me parece que los argumentos a favor de despenalizar el procedimiento perpetúan la percepción de que hay algo moralmente erroneo en abortar, que es un procedimiento desesperado al que se recurre cuando el embrión es un enviado de satán. Lo más ridículo del asunto es que al mismo tiempo que afirman que lo hacen por todas las mujeres violadas y todas aquellas cuya vida peligra en caso de continuar el embarazo, los defensores recurren a cifras de abortos en todo el pais cuya causa en la mayoría de los casos, estoy seguro, es la que realmente es: no quieren tener un hijo.

Algunos dirán que el proceso debe ser gradual, que a la gente hay que convencerla poco a poco imprimiendo el cambio legal a medida que se modifica sutilmente la cultura. Primero los acostumbramos a una situación en la que el aborto es posible en ciertos casos, deben pensar, y luego les soltamos las riendas. Tal vez tengan razón, pero creo que los argumentos esgrimidos imposibilitan un progreso a largo plazo. Al asociar el aborto con violaciones o enfermedades mortales no se toca el verdadero tema que es la libertad que debe tener una mujer de decidir si quiere tener un hijo o no. Ofuscan el problema clave, que es el reconocimiento de una libertad, detras de argumentos médicos y penales que, aunque válidos, no deberían ser el centro de la discusión.

2.

La pelea contra la piratería de cine continúa y no va por buen camino. No estoy seguro de cuánto dinero realmente están perdiendo los estudios por culpa de los DVDs piratas, sospecho que los productores pierden poco (porcentualmente hablando) pero están acostumbrados a ganar tanto que cualquier uno por ciento es plata. Como parte de la estrategia de combate, los estudios, ya por un buen rato, han incluido anuncios al inicio de las películas intentando convencernos que bajar películas o comprarlas en la calle son crímenes comparables a robarse un carro. Son anuncios amenazantes con letras rojas prometiendo el infierno y un poco más para los infractores. Otros anuncios, más pacíficos pero al mismo tiempo más cínicos, son esos en los que presentan familiarmente a un carpintero de sets de películas y lo ponen a decir que va a perder su empleo si nosotros seguimos comprando películas en los puentes peatonales. La idea es que nos condolamos y la próxima vez que abramos Kazaa pensemos en esos niños hinchados de mocos del honesto carpintero y por ellos desinstalemos de una vez por todas el Kazaa y más bien vayamos a Best Buy a comprar DVDs por 25 dólares, lo que en pesos es casi un cuarto de salario mínimo.

De nuevo, como en el caso del aborto, la argumentación negativa no ayuda. Todo el mundo sabe que hacer eso va en contra del copyright, nadie lo pone en duda. Ahora, no estoy seguro que sea comparable a robarse un carro o matar un niño. Lo del pobre carpintero, por otro lado, es una manera sutil de las productoras de decir que les están quitando plata. Estoy seguro de que ningún miembro de equipo técnico ha perdido su puesto por culpa de los DVDs piratas. A lo más, el dueño de Universal no se pudo comprar su cuarto jet privado, el especial para llevar perros y gatos. Esos anuncios me sacan de quicio porque insultan la inteligencia del supuesto objetivo, o sea uno, el gordito de gafas de la cuarta fila que está tomándose a sorbos largos su coca-cola gigante y esperando a que le pongan la película de una buena vez y no quiere que le digan criminal ni inconsciente social. Además, ¿para qué diablos le dicen eso precisamente a los que están en un teatro viendo la película y pagando lo que ellos quieran por ella (aun cuando, al final, el estafado sea uno (ver ejemplo abajo))?

Parece, sin embargo, que algún genio se dio cuenta que tal vez no estaban siguiendo la dirección correcta y he percibido un cambio positivo recientemente en una nueva linea de anuncios. En estos, asociados con el estreno de la trilogía de Disney basada en los libros de Narnia (M. leyó dos, los compramos para ver qué tal, parece que son unos bodrios malísimos...), dicen que uno no debe comprar DVDs piratas porque la imagen y el sonido serán de mala calidad, la pantalla será pequeña y no se escuchará de vez en cuando el tipo que estaba al lado del Kramer que estaba grabando la película conversando con la novia. Tal vez también sean trivialidades, pero el cambio de enfoque es efectivo: en lugar de recordarle que comprar esos discos le hace daño a las productoras, nos recuerdan que uno puede estar perdiendo algo: la experiencia de ir a cine, dejarse envolver por la oscuridad y luego abrazar por los sonidos y las imágenes. No sé qué tan efectivos sean pero al menos son más justos con el que pagó para entrar al teatro a ver su película, le dicen que tomó la desición correcta, que va a salir beneficiado. Ojalá que se acaben los otros y dejen sólo estos, me van mucho mejor.
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18.10.05

Serenity (o un servicio social).

El sábado nos vimos Serenity. Luego de la película caminamos un rato, vimos otra vez la exposición de fotografía aerea al aire libre y luego nos vinimos para la casa a descansar. Ya acostados, luego de apagar la luz, M., rompiendo el silencio, me preguntó «Bueno, ¿y tú por qué es que te querías ver esa película?». Creo que le di una explicación larga mientras ella se quedaba dormida. La conclusión de la larga explicación era que yo no entendía muy bien por qué habíamos terminado viendola. A mí no me gusta Buffy y menos Angel. Vi dos episodios de Firefly y me parecieron insoportables. A mí, me repito como intentando convencerme, me gusta ver buen cine, pero parece que las palabras se pierden en el camino a la cabeza porque una vez más termino metido en un bodrio insoportable por culpa de un afiche en el que la protagonista, en posición ninja, sostiene un hacha klingon. Eso fue: el afiche promocional y la carita entre inocente, agresiva y seductora de Gina Torres. Soy, aquí donde me ven, una víctima más de la publicidad basada en piernas.

Una regla general que es bueno recordar es: si lo que hace en televisión es malo, lo que haga en cine será peor. Buffy y Angel, así como Charmed y otras series del mismo tono, son lo que pasa cuando se esoteriza Clase de Beverly Hills. Ya no bastan los rostros lindos y la endogamia rampante, ahora queremos que se conviertan en lobos, que les salgan colmillos y se les deformen las caritas de Angel usando técnicas de morphing que fueron cautivantes alguna vez (como en el video de Black and White) pero que ahora sólo producen lástima. Así como Beverly Hills, Melrose Place y Dawson Creek agotaron el género de la soap opera de alto presupuesto (por más que los productores de The OC y Gilmore Girls lo nieguen), las tres mencionadas más arriba agotaron lo posible en el terreno de la, llamemosla, occult soap-opera. El salto obvio, como siempre que se salta, era hacia arriba, hacia el espacio. Después de todo, después del apogeo en los sesentas y setentas de las space operas, el género se había quedado un poco relegado, era hora de revivirlo. Entonces vinieron Firefly y algunos predecesores canadienses que sólo dieron en CityTV con sus Flash Gordon y Buck Rogers reencauchados y embellecidos. Firefly duró poco, pero a su paso dejó un grupo de fieles seguidores que, embrutecidos por culpa de los cambios abruptos de color de la pantalla debidos a los fulgurantes rayos que despedían las naves, exigieron una película.

Probablemente esa no sea la historia, pero esa es mi versión personal de como Joss Whedon, el creador de las occult soap-operas y guionista de joyas como Titan A.E. (que yo me vi por los efectos especiales), terminó escribiendo y dirigiendo una versión cinematográfica de su serie caida en desgracia (dizque por culpa de la censura gringa, ¡ja!) y la llamó Serenity. Estoy escribiendo esto tras ser alertado por Alejandro acerca de las innumerables críticas positivas que despliega Rotten Tomatoes. Yo no pensaba escribir sobre esta película, no se lo merece, pero las circunstancias eran críticas, si callaba mi voz muchos más inocentes caerían en la trampa del afiche. No se dejen confundir por críticos corruptos, mis amigos, Serenity no es the cleverest, crankiest, wittiest, wildest, and most character-driven sci-fi adventure in 25 years y tampoco es cierto que Serenity could be the new Star Wars. Prefiero, tal vez, la descripción de Frank Swietek (A perfectly acceptable elongated episode of a television series projected onto a screen several sizes too large for it...more pretender than real contender) aunque sospecho que aún esa opinión fue escrita bajo la influencia de alguna botella de buen vodka enviada por la productora a su oficina.

La gracia de Serenity se acaba justo en el momento en que los efectos especiales son superados y la trama se inicia. Eso ocurre, si no estoy mal, alrededor del minuto y medio de cinta, cuando salen los créditos y uno se da cuenta que no está viendo una película sino una serie de televisión de un solo capítulo y en pantalla grande. La película de X-Files frente a esto parece Ciudadano Kane. Luego, con dolor, uno se ve obligado a asistir (porque por algo pagó diez libras a la entrada) a una historieta llena de clichés y chistes bobos. Los personajes parecen sacados de alguna descripción de personajes genéricos de Dungeons and Dragons: el capitan impetuoso, lider innato pero controversial, Han Solo revisitado (con novia princesa exótica, para colmo); el soldado gorila de malas pulgas y cigarrillo mordisqueado; el piloto bromista; la niña psíquica que no habla y tiene sueños raros y su hermano extra con demasiado parlamento en el cual, para colmo de males, termina centrándose lo más parecido a un romance que ocurre durante toda la película. La únicas rarezas son que la encargada de las máquinas es una mujer y que haya una pareja blanco-negra, pero la técnica resulta ser una completa idiota y la pareja interracial es novedosa medio segundo.

Por el lado de los malos la cosa no escampa: un samurai negro (y no, no es Forrest Whitaker) y una parranda de Klingons come hombres que uno se pregunta cómo diablos hacen para volar naves espaciales cuando, a la hora del ataque, se comportan como hienas con retardo mental. Eso es todo. ¿La historia? El equipo rescata a la psiquica, la psiquica sabe algo pero no sabe que lo sabe ni mucho menos sabe qué es. El imperio, o como quiera que le digan, manda al samurai negro a perseguirlos y en esa persecusión de pacotilla los tripulantes del Serenity (así es como se llama la nave) descubren una conspiración que conecta a los pseudo klingons y los imperialistas. Al final, maravilloso cliffhanger, renacen las esperanzas de la revolución que pretende derrocar al imperio déspota. Lo que quiere Whedon, sospechan bien, es justificar a) el regreso de la serie o b) una secuela que prolongue el sufrimiento.

Mi invitación es, pues, a que no la vean. Esperense a que salga el DVD y luego a que lo pongan en la sección de saldos. Una vez ahí, fuercen, con juegos psicológicos básicos, a que el vendedor prácticamente les ruegue comprarlo con un cincuenta porciento de descuento sobre el precio de oferta y adjuntando como obsequio, ni más faltaba, la primera y única (dios quiera) temporada de Firefly. No les garantizo nada, pero tal vez así sí valga la pena verla.
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17.10.05

Saudade en Leeds.

Los días en Leeds pasan lentamente. La palabra misteriosa luego de leer el desasosiego de Soares es saudade; Soares la usa y la usa y el traductor al castellano la retumba cual tambor asegurando que si no es legal en español, debería serlo, así como todos esos mexicanos que han mantenido California limpia y de pie. Saudade, creo, es lo que se siente caminando por el centro de Leeds una mañana de niebla —osea casi todas—. Es como una cortina que no se acaba, un telón que muestra fugazmente rostros que desaparecen casi de inmediato entre los telones dejados atrás. No hay trascendencia en esos encuentros, no espero nada de ellos. A veces me concentro en las voces circundantes. Intento adivinar procedencias, intenciones, relaciones, nunca acierto.

En este lugar no existo. Puedo mirar a la gente con la absoluta certeza de que no saben nada de mí, de que no me van a reconocer de repente y me van a preguntar qué es de mi vida. ¿Qué ven? Un tipo de gafas que los mira. Ayer nadie se sentó junto a mí en el bus. Al acercarse los miraba a los ojos y sonreía un poco. No era una sonrisa amistosa pero tampoco era particularmente perversa. No supe bien qué los detuvo. Varios prefirieron dar marcha atrás y subir las escaleras, otros miraban mi puesto con desconfianza al ver que alguien más adelante lo había rechazado. Sobre el puesto vacío había un tiquete de papel, pero por los rostros de la gente parecía como si junto a mí hubiera un charco de vómito rebozante, uno de esos que cae en cascada de la silla al piso y luego fluye hacia atrás del bus irrigandolo todo con ese olor entre dulzón y ácido tan suyo.

A decir verdad alguien si me habló. Una mujer en el paradero estaba cerca de mí, tan cerca que me alejé un poco. Ella se acercó y no dijo nada hasta que un bus pasó y frenó unos metros adelante. Me habló, me dijo algo, no le entendí, le pedí que repitiera, lo dijo de nuevo: un sonido gutural, básico, carente de significado, casi un gruñido largo. Le dije que no sabía y me volteé como si al hacerlo ella dejara de existir, ella dijo algo más y se alejó hacia la puerta del bus, aun abierta, contoneandose sin gracia. Seguro estaba borracha.
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Intervius con gente impredecible.

Todos conocen a Vega pero nadie sabe quién es. Hace un rato, en un intento más de popularizar mi weblog, le pedí que me hiciera una entrevista y a cambio yo le enviaba unos cien dolaritos por correo y, si algún día triunfaba, le devolvía el favor asegurandole así más fama y fortuna. Como Vega andaba desplatado por esos días debido a un accidente que tuvo y que lo obligó a reemplazar su fiel audi, aceptó mi propuesta y así pasé a hacer parte de su sección Intervius con gente impredecible y a cerrarla definitivamente (parece que mi entrevista fue la culpable del recorte de fondos que obligó a Vega a clausurarla). Aunque la fama aun no me sonríe, he decidido devolverle el favor a Vega con una corta entrevista a ser publicada (junto con textos de varios reconocidos webloggers) en el especial sobre weblogs que la revista pie de página incluirá en uno de sus próximos números.

Como Vega tiene síndrome de deficit de atención, entonces pasó por alto el hecho de que la entrevista iba a ser publicada en papel y para el especial me vi obligado a mutilarla vilmente. Para compensar esto publico hoy, en exclusiva para los lectores de la balada del elefante azul, la entrevista completa sin correcciones ni censura. Espero sepan perdonar.

Muchos webloggers colombianos lo consideran a usted como una inspiración a la hora de iniciar un weblog. ¿Usted por qué insulsa razón inició el suyo? ¿Quién fue su inspiración?

Esto de tener un blog para mi fue la continuación natural de estar en la web. En 1995 tenía un sitio dedicado a Sandra Bullock, luego una página dedicada a la Ingeniería Química (Grande ChE), luego una de variedades llamada El Perfecto Snob. Mi primer blog como tal se llamaba blogactivo.com y fue una de las primeras iniciativas de crear un weblog colectivo en nuestro idioma. En el 2002 y con motivo del mundial de fútbol quise hacer un blog temporal sobre el tema y así nació Santa Maradona. Con tan buena fortuna para usté que me amañé haciendolo y hasta el sol de hoy. Esto es lo mejor de todo, pienso yo, que nunca hubo una razón para empezar.

Su weblog habla de todo un poco pero al final habla de nada. Dada su aparente inutilidad, es pertinente hacerse la pregunta: ¿Y entonces para qué diablos sirve?

Me recuerda a la pregunta que hacen los pelaos en la universidad: "¿profe... y eso para qué sirve?". Lo sé porque yo también la hice. Más de una vez. Y a uno le decían que mire que aca uste viene a aprender a pensar, a desarrollar el instinto, la intuición y tal. Es decir uno estaba aprendiendolo todo aunque la mayor parte del tiempo parecía que uno no estuviera aprendiendo nada en particular. Es igual: un blog no sirve para nada pero puede servir para todo. Leyendo un blog he aprendido de las costumbres de la gente de otros paises; he aprendido catalan; he aprendido que hay mucha gente que vive fuera de Colombia que siente las mismas nostalgias que yo; gran parte de lo que leo hoy dia es recomendado por gente que tiene blogs y con las que comparto gustos y aficiones.

Mi blog, en particular, no sirve para nada. Definitivamente.

En alguna entrada usted escribió sabiamente que "Un weblog es como una caja de chocolates" ¿Sigue pensando lo mismo? ¿Podría resumirnos en un párrafo la filosofía detrás de esa singular afirmación?

Un poco de historia sobre el tema. Cuando en el diario Clarin de la Argentina les dio por empezar un weblog, tambien tuvieron la genial idea de recomendar a Santa Maradona, su blog más espectacular, como blog destacado. Esto generó gran cantidad visitantes que no entendían el chiste y querían saber por qué y para qué diablos el blog. De la entrada: "Para quienes todavía no comprenden el sistema de esto de los weblogs, le intento explicar: imagine que el autor de un weblog es como Forrest Gump (Usted vió Forrest Gump, ¿cierto?). Y el lector es como uno de esos personajes que se sentaban con él en la banca mientras el lanzaba diatribas contra el chocolate y la vida."

La frase es de Forrest Gump, una pelicula de 1994. 11 años ya!, como se nos está yendo la vida no?. Mi intención inicial era parafrasear a Chayanne: "Los bloggers: como borrachos yo no sé de qué" pero es esto una comparación certera y en el espectro del pop latino contemporaneo es Chayanne el mayor exponente? Esto amerita discusión. Y además por qué hemos de limitarnos al pop y omitir una referencia a, digamos, Kinito Mendez? Despues de todo, el excelentisimo don J. Alberto Espinosa en su genial "Historia Natural del Merengue" ha descrito su musica como "la catarsis del sonido." Pero esto se me ha ocurrido muy tarde cuando la entrada ya estaba en el aire. Uno no tiene editores en esto de los weblogs, de la misma manera los errores y las correcciones son más transparentes que en los medios tradicionales. Y bueno.

Ahí le dejo: http://www.santamaradona.org/blog/0302/138.

Sus entradas son casi todas de carácter humorístico. ¿Ha pensando en dedicarse a hacer stand-up comedy y así aligerar la carga del pobre Andrés Lopez, que ya va a cumplir dos años contando los mismos chistes en la castellana?

Ocurre que en Santa Maradona el humor es un efecto secundario. No ha sido mi intención hacerlo reir pero tampoco he encontrado manera de impedirlo.

He tenido que buscar en internet quien es Andrés Lopez. Me he encontrado con lo que es obvio desde su pregunta: que es un comediante. Y ademas, ojo, una de las 40 personas (menores de 40, oh!) y de mayor influencia en Colombia según la Revista Semana. Esto es el curubito, la crema y nata. Y ademas lo dice Semana; que, bueno, primero está la voz del Dios, luego la del pueblo (si hay con qué) y ellos. La mala noticia es que no he podido saber si Lopez tiene o no un blog y al final me he resignado a no poder disfrutar en directo de ese humor tan influyente. He aprovechado la oportunidad, sin embargo, para sugerir al editor de Semana una historia sobre los 40 colombianos más influyentes con blog y otra con los 40 colombianos con blog más influyentes. Todavía no tengo respuesta pero yo lo mantengo al tanto.

En una reciente columna de Cambio, Santiago Gamboa se pregunta qué tipo de personas están detrás de los weblogs. ¿Podría contarnos brevemente qué tipo de persona se oculta detrás del suyo?

Brevemente, je.

La pregunta me saca de quicio. Qué persona se oculta detrás de un astronauta, de un chofer de carromula (de zorra, pues), de un fabricante de suero atollabuey, de quienes le echan mejorana a los frijoles? Que se yo. Que sabe uste. Que sabe uste si conociendolo a uno le basta para conocerlos a todos. Un dato experimental en su método cientifico de dos pesos.

Deberia bastarle si le digo que los bloggers nacen, crecen, se reproducen y se mueren. No siempre en ese orden. Y yo soy uno, un blogger. Que clase de persona se oculta detras de mi blog. Un wanabi, tal vez. Un escritor de manuales de autoayuda sobre como escribir manuales de autoayuda. Un libretista de tv. Este es mi orgullo principal. Cuando Zeus necesitaba llenar un par de vacantes en ese infierno corporativo que era el Pantenon, se le ha ocurrido hacer un concurso. 15 dioses candidatos de diversos poderes compiten en tareas variadas: carreras en costal, rapidez pelando papas, entre otros. The Hollywood Reporter lo elogió: "Outstanding! The Apprentice meets Sophocles." Qué más hay? Por regla general no me masturbo con la mano izquierda aunque siempre leyendo a William Gaddis. En otro tiempo le hubiera dicho que lo de J.R. es deliciosamente enigmatico pero que lo otro es una perogrullada del tipo psicomotriz. Vestiria una camiseta que diga "Me llamo Santiago y me importa un culo." Y si lo veo a uste vistiendo una le diría que la frase es interesante pero ganaria mas fuerza si cambia la letra "y" por un punto seguido. No he jugado una final de una copa del mundo. No he escalado los himalayas. Si me pide que le explique la teoría de Yang-Mills no sabria por donde empezar. Un blogger, no mas.

Mi nombre es Oscar Rodriguez. Creo que Medellin es la mejor ciudad del mundo. Me salen manchitas blancas en las uñas por cada mentira que digo. Hace un tiempo, sali de Colombia por culpa de, eh, La Crisis, y terminé haciendo un doctorado en Ingenieria Quimica que en realidad fue en fisica aplicada. Llevo por dentro la vanidad de mi generacion. Soy el futuro de Colombia. Un futuro tan brillante que uste va a necesitar lentes oscuros.

Una pregunta obligada: ¿nos puede recomendar cuatro weblogs colombianos que valga la pena seguir?

Hay muchos. Empiece por aqui: http://bachue.com/ o por aca: http://blogscolombia.com.

En una entrada reciente usted anuncia un retiro parcial del asunto de los weblogs. ¿Se desilusionó del medio? ¿Encontró la media naranja que hace tiempo buscaba a través de sus entradas y ya no lo necesita más? ¿Se aburrió?

Para tener un blog, hay que leer blogs. A medida que uno crece (se acuerda? nacen, crecen, se reprodu...) el tiempo se hace mas corto, las distancias mas largas y entonces mantener un blog se puede convertir en una prueba de resistencia. Pero para quienes disfrutamos de la web y no hemos llegado a los blogs por "moda" y/o bobadas de esas, desilusionarnos del medio no es una opción.

Las cosas han cambiado y a veces me siento tentado a decir que todo tiempo pasado fue mejor. Esto está claro. Con la popularidad del sistema se ha perdido (un poco, solo un poco) la espontaneidad, la idea de hacer las cosas por que si, sin motivaciones ingenuas, sin delirios cursis de grandeza. Me estoy refiriendo a los blogs que son creados y mantenidos por una persona independiente y que no estan atados a una casa editorial o a un diario o que pertenecen a una personalidad en donde las opiniones tienden a afectar el negocio. Yo no imagino, por ejemplo, a Rafael Pardo haciendo un comentario en su pulcro blog sobre, digamos, bukkakes. Digo, a mi me gustaria ver semejante cosa (el post, quiero decir) pero es improbable por la magnitud del desmadre que le generaria.

Relacionada con la anterior: ¿Cuál es el futuro de los weblogs? ¿Están todos condenados a caer? ¿Funciona la selección natural a la hora de hablar de weblogs? ¿Qué características hacen que un weblog sea mejor adaptado que otro?

La mayoría de los blogs suelen morir tempranamente apenas la emoción de la novedad se desvanece. Pero si sobreviven esa etapa se vuelven una fuente de diversion para el blogger. Es como la ebullicion del agua. Hay que llegar hasta los 100 C (a 1 atm de presion, para los puristas) pero una vez se llega a ese punto el asunto es irreversible. Tambien le tenia otro ejemplo de vainas irreversibles pero entiendo que esto lo van a leer intelectuales, entonces dejemoslo asi.

Creo que es Covey el que dice que la mejor manera de predecir el futuro es creandolo. En ese orden de ideas, el futuro de los blogs sera el que queramos que sea. Todos nosotros. Los dos millones de personas y contando que mantienen un blog.

Para cerrar. ¿Es cierto que tiene un weblog secreto sólo para familiares y amigos? ¿Nos puede revelar su dirección? Seremos tan discretos como sea posible.

Mi weblog secreto es Santa Maradona. Pensaba que esto había quedado claro antes.
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16.10.05

Joya en bruto.



El autor que estoy leyendo en este momento es, definitivamente, el más creativo de todos: Ron Hubbard. Yo descubrí en la cienciología un punto de partida de la creatividad. Llevo un año y medio, entré por un amigo y empecé leyendo los libros, y me pareció fascinante. La cienciología es la ciencia que fundó Hubbard; una búsqueda del conocimiento a través de elevar el espíritu a todas las áreas de la vida. El libro clave es Dianética, que ha sido muy popular en todo el mundo. Ron Hubbard como escritor es lo que siempre quizo ser Jorge Luis Borges. Yo hago esa comparación: Borges habló de laberintos y planteó todos los enigmas mentales hasta derrotar a la filosofía moderna, pero Ron Hubbard los resolvió.
Andrés Lopez (*) en PiedePágina No. 4


Jorge Luis
vs.

L. Ron

L. Ron wins

FATALITY!!!

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(*) Según Revista Semana, como me recordó recientemente Vega, uno de los cimientos de la Colombia que nos espera.
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15.10.05

Domino.


Más violencia. En esta ocasión la flashy Domino, protagonizada por la cotizadísima Keira Knightley, que pretende en secreto, digo yo, convertirse en la Natural Born Killers de las nuevas generaciones. Bueno, ¿y uno cómo hace una película como esa? Para empezar contrata a Tony Scott (o se contrata a sí mismo en caso de que usted sea Tony Scott) para dirigirla y le pide el guión al tipo que dirigió y escribió Donny Darko. En segunda medida, se asegura de aplicar al exceso todos los trucos visuales y de color que Jeunet usó en Amelie y, qué diablos, guarda en el fondo de su corazón la idea de que lo que quiere hacer es una Amelie pero con sangre y en Los Angeles. Así, Tautou es reemplazada por Knightley, subutilizada por Lucas en La amenaza fantasma, pero se refuerza la imagen del pescadito cayendo al agua, se reemplaza el canal por un inodoro, se le tatúa un pescadito en el cuello a la protagonista y voilá —o como escribió una estudiante mia en una tarea, wala—, ya estamos a mitad de camino.

Mickey Rourke cala muy bien en papeles de matón. De matón entre sentimental y cínico. De matón curtido, veterano del Vietnam que regresa de la guerra y descubre, oh sorpresa, que la experiencia en el ejercito no abre muchas perspectivas de trabajo. Los gringos, que piensan en todo, han creado una larga lista de empleos para veteranos donde esa valiosa experiencia adquirida rociando selva con agente naranja, napalm y plomo en cápsula no se pierda. Los que están más de moda ahora son los contratistas que no son otra cosa sino viejos mercenarios legalizados. Los contratistas de seguridad están asociados en empresas pequeñas que hacen outsourcing para compañías grandes, proveen seguridad a bajo costo y sin incluir semejantes joyitas en la nómina de la compañía. Trabajan felices en Irak, Afghanistan y Colombia. Pero ese es un invento nuevo, antes les tocaba irse freelance y, si querían mantenerse dentro de los límites de lo legal, la mejor opción era acceder a la lotería de los cazarecompensas. Uno cree que eso es una cosa de los Westerns pero luego lee (e.g. Taylor v. Taintor, U.S. Supreme court, 1872) y se encuentra con que es una figura legal disponible en varios estados que sirve para aligerar la acción de la justicia y la carga de la policía cuando el acusado de un crimen no se presenta a su juicio. Esas son las maravillas que permite una constitución de diez páginas escrita por masones.

Olvidé mencionar una cosa crucial. La película debe ser una historia real. Scott se la encontró de milagro hace unos años cuando conoció a Domino Harvey en dios sabe qué circunstancias. La Harvey era una cazarecompensas con pinta de modelo, hija de modelo y de actor renombrado de los sesentas que se movía con igual gracia entre la farándula y la escoria —probablemente debido a la similaridad profunda entre ambas— y que estaba muerta de ganas de volverse una leyenda. La Harvey, para que el éxito sea asegurado, se suicida dos meses antes de que la película se estrene y así Scott la pueda cerrar con un In loving memory arranca lágrimas.

Me imagino que en alguna de las entrevistas con Scott, Domino se refirió con desagrado a la vida en la zona de Beverly Hills llamándola, 90210 life. El guionista, al escuchar esto, no desaprovechó la oportunidad y propuso reencauchar a Brian Austin Green e Ian Ziering para que hicieran de ellos mismos convertidos en presentadores de un reality de la WB dirigido por un personaje representado por Christopher Walken sobre cazarecompensas en el cual la Harvey pudiera convertirse, dentro de la película, en la leyenda que deseaba ser. Y, bueno, una vez se dan esas libertades poéticas, botan la casa por la ventana y también incluyen escena en el Jerry Springer Show con crítica social socarrona y otros gadgets del mismo estilo.

Recapitulemos. Tenemos una historia contada a saltos de unos cazarecompensas en California, mucha sangre, psicodelia, cámaras mareadoras a la Blair Witch Project, televisión amarillista (en lugar de noticieros, Jerry Springer y Realities), humor negro, drogas (en vez de coca y marihuana, crystal meth) y música estridente de la nueva era (Nine Inch Nails plagiado, digitalizado, remasterizado y rejuvenecido). Deja vu, ¿o no? Agreguémosle un poco de romance S&M, un poco sobre la guerra de Afghanistan, tan actual y hype, y cerremos con moraleja, algo feliz y rosa que no nos deje tan triste después de verla y ahí tendremos Domino, la última de Tony Scott. Si, el de Top Gun y Un detective suelto en Hollywood II. No se podía esperar más.

Con razón es que Nano le dice a los amigos que yo veo cualquier porquería.
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11.10.05

That intolerable noise.

Fui a Manchester hoy. Gris y sucia, Manchester es la arquetípica ciudad de esta zona de Inglaterra: dudando continuamente entre su pasados victoriano e industrial, albergando una población cada vez más alta de inmigrantes pakistaníes e indios, llena de centros comerciales y pubs —como todo el pais— y de mala comida inglesa que es compensada un poco por la oferta de comida india y halal.

En la estación de bus había una banda de punk, eran cuatro. El alto, Cody, toca la batería y se lamenta de no haber escapado a Londres cuando pudo hacerlo. El de la cresta se llama Antonio y, pese a los encomiables esfuerzos de sus padres, jamás aprendió a hablar español. En su lugar, habla manchesteriano, que es un idioma propio e incomprensible para el extranjero. En esa lengua bárbara de dirige a mí para preguntarme la hora. Al principio creo que están sutilmente atracándome en plena estación y robándome el reloj y estoy a punto de huir corriendo cuando me doy cuenta de que sólo quieren saber que son las doce y media. Cheers, mate, me responde agradecido. Cuando en Manchester dicen mate, la te de cierre está compuesta en cantidades iguales de aire y saliva. Debido a esto, desde muy pequeños aprenden a mover la cabeza hacia un lado al mismo tiempo que pronuncian la te para así no salpicar al interlocutor con la potencia física del fonema. El resultado es un bailecito: un contoneo continuo de la cabeza para lado y lado, claro, porque una de cada cinco palabras que pronuncian termina en te y una de cada cinco de estas es, de hecho, mate.

Sigamos con la banda. La semana pasada grabaron un sencillo que estará pronto en las emisoras y algunas tiendas de música locales. El cantante y lider de la banda no es ni Cody ni Antonio sino Victor, que llegó de Ucrania a Inglaterra cuando era muy pequeño con sus padres y terminaron en Manchester viviendo de una tienda de discos que quebró. La mamá de Victor murió cuando él tenía quince años. El papá regresó a Ucrania en el noventa y dos y desde ese día no se tiene noticia de su paradero. Victor creció con los vecinos, los Smith, una pareja de viejitos ingleses muy amables y un poco locos que en su juventud habian recorrido el pais con una banda llamada That intolerable noise, de ahí salió el nombre de la banda de Victor. Cuando la señora Smith se murió, el viejito resolvió que su vida no tenía sentido sin ella, llamó a Victor, le cedió todas sus pertenencias y se pegó un tiro en la habitación grande del apartamento donde desde entonces Victor vive con Paula y tres mates más.

En esa habitación grande donde el señor Smith se quitó la pena de ser viudo, Victor practica con su banda. Victor pintó las paredes de rojo para que no se noten las manchas que dejó el viejito al despedirse. La mayor influencia musical de Victor son los discos de música de europa oriental que su papá nunca pudo vender y que durante un tiempo fueron los únicos muebles con los que contaba su casa. El estilo es entre gitano y punk con algunos coqueteos al legado de Lou Reed y compañía, aunque los miembros de la banda, cuando Victor dice eso, discuten un poco y parecen no estar del todo de acuerdo en lo que quieren decir con y compañía.

Cuando a la banda le preguntan por el trabajo de Gogol Bordello dicen que claro, que es otra influencia, pero se les nota que realmente no saben de qué les hablan. La que les pregunta se llama Viera y es de Praga. Ella está haciendo un trabajo sobre Gogol Bordello para la BBC y quiere encontrar bandas gypsy punk en el Reino Unido. Sin que yo le diga nada me explica que investigar sobre las metamorfosis de la cultura de europa oriental en occidente es una de sus maneras, su preferida, de sosegar la nostalgia que le produce haber dejado la Republica Checa hace cinco años para venir a Londres a estudiar cine. Es delgada, sonriente y tiene los ojos redondos, grandes y verdes. Se agarra el pelo con una banda multicolor y de paso se queja de tenerlo tan largo. Debería cortármelo, dice. ¿Me lo corto?, me pregunta.

Victor escribió mi correo electrónico en un papel y prometió, antes de que me subiera al bus, enviarme un archivo mp3 con su mejor canción. Viera mientras tanto sigue hablando con Antonio mientras Cody asiente a lo que quiera que Antonio diga. Cody no habla mucho, parece. Hay algo terrible en el hecho de saber que uno intercambia palabras con gente a la que uno jamás volverá a ver. Viera, Cody, Victor y Antonio son nombres inventados, no recuerdo los que me dijeron, debí haberlos anotado. Tampoco les di mi email. Victor lo sugirió pero luego empezamos a hablar de otras cosas. Tampoco, si se trata de ser sinceros, hablamos mucho, sólo los vi llegar con sus guitarras y sus pelos coloridos y en punta y pensé que si me sentaba cerca me preguntarían la hora, pero no, ellos estaban entretenidos con Viera y sus ojos de aguacate que no se cansaba de preguntarles cosas y decir que estaba cansada de vivir en Londres, no supe bien por qué. Igual, cuando me subí al bus, les eché una última mirada, como si fueran viejos amigos, y hasta hice el intento de decir adiós con la mano, pero no me salió. La próxima vez que los vea, les pregunto la hora.


Andrey Kolesnikov, Sin título
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Ellos y las dualidades pekadianas.

But the thing that really terrified him wasn't the closeness. He was out of the mountains and they had still been ahead of him.

It hadn't done any good. He wasn't any safer than last night. They were everywhere.
P.K. Dick, Fair Game
He was close, terribly close. Past the loading platform of a grocery store sore the white concrete side of the Hall of Justice. Barred windows. The police antenna. A great concrete wall rising up in the darkness. A bad place for him to be near. He was too close. He had to keep moving, get farther away from them.

Them?
P.K. Dick, The hanging stranger
Un tema son ellosthey, them—. Ese ellos inextricable y difuso. Ellos, la amenaza invisible que es siempre más adivinada que percibida. Ellos persiguen, cazan, matan, están en todos lados pero nunca es posible reconocerlos hasta que es demasiado tarde. Ellos es la solución del paranoico al comportamiento inexplicable del mundo. Por ahí leí hace mucho rato que Paranoia is faith in a higher order behind the visible. Ese higher order se hace carne y verbo en ellos. Eso por un lado.
Dick parece, en determinadas ocasiones, el rey de los mendigos, y en otras el millonario oculto y misterioso, y con esto quizás nos quiso decir que ambos papeles son en realidad uno solo.
R. Bolaño
Por el otro lado está el asunto de las dualidades. Para Dick la solución es siempre muy sencilla y muy moderna: cuando dos cosas ocurren y ambas parecen contraponerse, al final, casi siempre, son solo una. Las dualidades pekadianas son aquellas que a pesar de su aparente contradicción son realmente dos caras, las únicas dos posibles, de un mismo fenómeno.
Body of yin, soul of yang. Metal and fire unified. The outer or the inner; microcosmos in my palm.
P.K. Dick, The Man in the High Castle
La solución de Dick no es un juego estilístico. Creo que su propósito al bombardearnos con más y más ejemplos del singular fenómeno en sus novelas y cuentos va más allá del impacto estético. Lo que quiere Dick, sospecho, es convencernos de que el fenómeno es real y perceptible, casi tanto como el de los ellos que están everywhere. Dick no cuenta por contar, evangeliza. Para él, su solución artística también es su solución de vida, su manera de ver el mundo. Por eso es que no se cansa, ni nos cansa, de advertirnos que detrás de cada par hay una unidad irrompible y que detrás de cada oscuridad hay un par de ojos acechando que, aplicando el principio recién expuesto, terminan siendo uno y siempre el mismo.
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10.10.05

Bolaño en linea.

Por Roberto llego a la transcripción de un chat que elmundo.es organizó con Vila-Matas. De anotar, la insistencia de los lectores en confundir al escritor con sus personajes y, bueno, las respuestas dadaistas de Vila-Matas. La maldición de escribir ficción en primera persona, supongo. Allí, además, me entero que ClubCultura.com (una cara más de la demoniaca fnac) ha inaugurado recientemente un portal oficial sobre Roberto Bolaño: http://www.robertobolano.com.

De restaltar: Algunas imágenes tomadas de sus cuadernos, textos sobre el infrarealismo y dos manifiestos infrarealistas así como fotografías de sus miembros -por fin le vemos la cara a Mario Santiago y a Bolaño en México-, apartes de una entrevista por televisión durante una de sus visitas a Chile.

De abuchear: Es un sitio recargado gráficamente con ridículos efectos especiales basados en flash, eso lo complica innecesariamente su navegación y no es mucho lo que aporta. Además, creo que solo se ve bien en el monitor del diseñador que lo hizo, cosa rara. Los foros son parte del sistema de ClubCultura, claro, y eso implica que para leerlos o escribir en ellos se requiere la molestia de registrarse, dudo que lo haga.
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6.10.05

Revolver (Segundo Intento)

Tal vez la mejor palabra para describir Revolver es exceso. Exceso como en Quentin Tarantino pero sin la misma contundencia, sin el cuidado artesano por redondear la historia, con menos conversaciones absurdas y muchísima más violencia. La crítica le ha dado muy duro a esta película de Ritchie, creo que no le perdonan ni Swept Away ni que le haya puesto Rocco a su hijo con Madonna -yo tampoco le perdono eso-. La película no es excepcionalmente buena pero tampoco es terriblemente mala. Yo creo que está en el limbo en el que están películas entretenidas como Dobermann (con Cassel y sus ojos a punto de explotar), Nueve Reinas, su copia gringa Matchstick Men y los remakes de Ocean's 11 y The italian job, entre otras. Es más, yo diría que en ese género, la película de Ritchie rankea alto, o al menos al mismo nivel de Nueve Reinas, que a mí me gustó mucho.

Ritchie intenta hacer algo profundo pero no lo logra. Intenta combinar mistisismo y gangsters pero el tratamiento es superficial. Lo que defiende a la película es que Ritchie tiene un talento visual comparable a veces al de Gondry. Después de todo, él también es uno de esos directores de videos musicales que se volvieron directores de películas: buenos componiendo escenas, dándoles ritmo, jugando con luces y colores. Son experimentales y están acostumbrados a que los dejen hacer lo que se les de la gana, entonces hacen muchas cosas y el resultado es a veces rico pero sobre todo novedoso. Revolver está llena de novedades visuales, de efectos sorpresivos y sorprendentes, de cambios de estilo y de transiciones de antología entre escena y escena.

Otra cosa en la que es hábil Ritchie es en hacer que doscientos personajes pasen al frente de uno en hora y media y al final todos sean medianamente distinguibles y algunos hasta memorables. En Revolver nos presenta una jauría de seres del bajo mundo con caracter y personalidad. No hay ninguno que sea realmente malo, todos son un poco buenos aunque al final parezca que no hay ninguno que se salve del infierno. El personaje de Ray Liotta (Ritchie le hace ecos a Tarantino y su política de reencauche de clásicos), un mafioso inseguro, poderoso y solitario, es cautivador y divertido. El personaje de Mark Strong, un asesino frio y calculador, me recordó a los mejores personajes de Dobermann (que es otra película llena de criminales raros).

Lo que pasa es que, pese a tener todos los ingredientes, Ritchie tiene problemas haciendo la sopa. Al final se le sobrecocina la papa y queda muy espesa, o toda grasosa por que se le va la mano en el aceite, como esa sopa china que me comí hoy. La historia se enreda tanto que sólo tiene sentido localmente, el final es intempestivo y no convence, el argumento de los estafadores se pierde entre las ramas por intentar hacer algo novedoso y no caer en la estategia de Nueve Reinas del giro sorpresivo y el que termina sintiendose estafado es uno.


Entonces al final uno dice y no y por más que lo piensa y lo piensa no se decide. El ajedrez de Ritchie no convence, el mistisismo es farandulero, el thriller psicológico se enloquece, el exceso se le sale de las manos. Les diría que la voy a ver otra vez, pero seguro que no lo hago. Creo que esperaré hasta el DVD para echarle una mirada. Espero que la profesía que anda por ahí no se cumpla y en la versión para DVD Ritchie no incluya el cameo de su esposa -haciendo de gangster queen- que finalmente no coronó la versión para salas (a mí me cae bien Madonna, no crean, hasta me gusta, pero yo la prefiero cantando y modelando que actuando. No tiene madera para eso).
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4.10.05

Pandemia.


Creo que no exagero si digo que si La Gasolina estaba sonando en este céntrico y tradicional pub de Leeds es porque el reguetón ya se tomó el mundo —o sino que le pregunten a Mer, que le encaaaaanta—. El tipo que se ve en la foto, a propósito, iba contoneandose poseido por el pegajoso ritmo, así parecido a Ascaroth en su última entrada. Como quien dice, amigo William, usted no tiene escapatoria.

ESCUCHO: 'La gasolina' remix de Moby y Fat Boy Slim en concierto, Manchester, julio 2005.
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2.10.05

The people all call her Alaska.

Es dificil abstenerse de imaginar una historia detrás de esta noticia. Yo imagino una huida. Un día el tipo se levanta, abre el periódico y en él encuentra que la novia que lo dejó hace un mes perdió la vida en una confusa masacre ocurrida en un bar. El tipo recuerda las muchas veces que fue a ese preciso bar con ella, allí la conoció, y luego se pregunta qué estaría haciendo ella en ese lugar. Estaba buscándolo, se responde. De ella son todas las llamadas perdidas de ayer, claro. Es más, ella sabía que la iban a matar. La confusión de la masacre es sólo una cortina de humo para ocultar que el blanco, entre las trece personas muertas, era ella y solo ella. ¿Y por qué la querían matar? Por él, por supuesto. Porque ese operativo de la DEA en el que participó había perjudicado a mucha gente, a Morantes, a Guzmán, a Ealy, y esa era gente mala, gente que no se quedaba con los brazos cruzados cuando perdía dos millones de dólares por un pendejo error de cálculo y un soplón infiltrado. Y el soplón era él y ese era el problema y a esos guatemaltecos les gusta matarlo a uno de a pedacitos, por eso era que estaba muerta, porque todavía era parte suya así ella no quisiera.

Ese mismo día, por la tarde, tras una serie de llamadas, es asignado a la embajada en Bogotá, pero el fantasma lo persigue porque los fantasman siempre hacen esas cosas. Por eso es que el remake de The Amityville Horror es tan malo: no basta escapar de la casa para huir de los fantasmas, lo haunted no es la casa sino quienes la habitan. En fin, el tipo toma un avión al otro día por continental airlines Huston-Bogotá y se imagina La Habana, hasta sueña con ella en el avión, porque ese es el lugar más al sur donde ha estado, pero cuando se despierta descubre que la ciudad está hundida entre los andes. Se ve caer sobre la ciudad y se pregunta what the fuck am I doing here, ¿dónde está el mar? No hay mar por ningún lado, deal with it, sucker.

Su vida en Bogotá no es muy distinta de la que tenía en Houston. Visita prisiones, habla con gente, reorganiza la red de informantes y asume un nivel medio, no muy visible, en alguna organización de interés. Por las noches sale, Bogotá es muy barata. Va a In Vitro los miercoles, compra coca en los baños, compra pepas en una esquina, practica su español y deja que sus manos se manejen solas y que lleguen hasta donde quieran llegar con esa colegiala de culo inmenso que lo tiene contra la pared y posteriormente sobre la cama de ese apartamento recostado contra los cerros que la embajada le asignó. A veces se levanta con guayabo, como dicen acá, y ve el cuerpo de su fantasma derretido sobre la presa de la noche pasada, como una piel abandonada y seca que la cubre y la embellece. Casi siempre se arrepiente, casi siempre la echa a patadas y en inglés y toma vodka para que baje el sabor amargo y se fuma uno o dos cigarrillos mientras se afeita, toma un café y llama a quien deba llamar.

Anda armado. Es una glock que compró en Phily y que lo ha salvado más de una vez. Los sábados por la tarde, antes de salir de bares, la limpia religiosamente, brilla las balas, aceita los mecanismos, acciona el percutor unas cuantas veces para estar seguro de que el tic sigue siendo tan seco y certero como siempre. A veces se mete el cañón en la boca porque el fantasma le dice que lo haga, que lo saboree, que le pase la lengua y sienta lo suave y frio que es y se acuerde que a veces se calienta y quema y que el calor quema lo que no sirve. Tic, tic, vuelve a sonar.

Lleva un año —¿o serán dos?— acá y le dicen que el viernes tiene que ir a Bucaramangara, así le dice el jefe, y él toma un charter que sale del aeropuerto militar el viernes a las cuatro. Junto a él va un soldado que le cuenta que vuelve a casa porque ya no hay más monte pa'él. No siento las piernas, le dice, y hace un mes ahorqué a mi compañero de habitación en el hospital. Ah, como Rambo, dice el gringo, y el soldado le dice que no, que Rambo no tuvo que ver lo que él tuvo que ver, que Rambo era un mariquita de mierda y que él no podrá tirar, pero bien testiculado sí seguía siendo.

En Bucaramanga lo recibe el contacto en la ciudad. Es un canadiense boquiflojo que trabajó para Escobar y ahora trabaja para la DEA. Van a un puteadero y se toman unos cuantos vasos de whisky. Es un trago malísimo pero las putas están buenas. Se cansa del canadiense, su acentico amanerado y sus películas europeas y elige una puta cualquiera y paga por el cuarto. La mete al cuarto y la empuja sobre la cama y la vieja se deja y él se quita el pantalón y le dice que se ponga de espaldas, que la quiere por detrás, y la mujer se voltéa y se ríe y él le pregunta de qué se ríe y ella dice que de nada, nene, de nada, tu has lo que quieras, yo aquí estoy para tí. Y el tipo la toma de las caderas y la levanta pero algo pasa porque no puede, y ella se ríe de nuevo y le dice qué te pasa, y se ríe otra vez y él se da cuenta que se ríe igual que su fantasma, es la misma risa pero en español, el mismo cacareo lastimero, la misma forma de burlarse de él, de decirle que es poca cosa, que es una mierda y por eso es que se va con ese otro, porque cualquier rastrojo mexicano es mejor que él. Se sube los pantalones, se voltea y se va sin pagar.

En el ascensor del edificio donde vive el canadiense se mira al espejo. El fantasma se le recuesta en el hombro y le dice algo al oido a su reflejo, algo que él no puede escuchar. ¿Cuántos días hace que no se baña?, se pregunta. Ya dentro del apartamento los espera un tal Paulo con una cena: codornices en una salsa de mango y maracuyá sobre una base de wild rice y unas tortas de parsnip al gratín. Durante la cena Paulo y el canadiense hablan en su dialecto privado y se rien juntas y se mueren de ganas de morderse los labios ahí mismito pero se aguantan porque está él que no tiene con quien, pobrecito. Hablan y hablan y hablan y no se cansan las dos locas y a él le entran unas ganas terribles de ir al baño así que se para y va y las deja hablando. Entra al baño, se sienta en el inodoro y le da vueltas al rollo de papel higienico vacío justo frente a él. Cuando termina, se lava las manos, se moja la cara y vuelve a ver a su fantasma que le da un abrazo y le dice un secreto al oido. De nuevo, no sabe qué dijo.

Cuando sale, están hablando de Rosario Tijeras y de cómo la película trata el tema del infierno y la simbología dantesca. Estás bien, te ves pálido, le dice Paulo. El gringo se sienta, le pesa el cuerpo, se siente irse, se le nubla la vista y entre la niebla ve el cuerpo muerto de su fantasma por todas partes. Colgando de las lámparas, acostado en el sofá y tapizando el piso, sobre la mesa de la sala, bajo la mesa del comedor, hundido en el lavaplatos, atravesado por una escoba contra una pared de la cocina, sacando una mano del refrigerador. Estoy bien, dice, y luego empieza a escuchar el eco de la risa de la puta, esa risa en español tan parecida a la de su fantasma, esa risa tan lejana y mezquina, y luego vuelve a sentir como los brazos de su fantasma lo abrazan, como un vaho frio le recorre el hombro y luego el cuello y como ese mismo vaho se vuelve una voz que le dice algo al oido, algo que por fin entiende. Por eso se levanta, saca su glock de la funda, repite lo que ella le dijo y luego dice adiós.

Tic.
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1.10.05

A History of Violence.

— Have you ever heard of Videodrome?
— Video what?
— Videodrome. Like video circus, video arena.
— No.
— It's just torture and murder. No plot, no characters, very realistic. I think it's the next thing.
— Then God help us all.
Tomado de Videodrome
La violencia es viral, se contagia. La sociedad la reprueba y la aplaude, somos hipócritas. Los seres humanos somos una especie tan evolucionada, tan fuera de la evolución, que nos depredamos los unos a los otros en base a puras abstracciones que nosotros mismos nos inventamos. Para colmo de males, ahora nos estamos volviendo inmunes a la violencia. La dejamos pasar, la dejamos vivir, mientras no nos toque a nosotros y, claro, una vez nos toca, entonces, aparentemente, tenemos todo el derecho de recurrir a ella. La violencia es mala, pero siempre es una opción, y no precisamente la última.

Cronenberg explota la violencia en las pantallas. Hay cínicos que le echan la culpa a las películas y la televisión de la violencia en el mundo. Los medios, esa cosa tan reciente pero tan popular, esa cosa que aliena y universaliza, parecen ser el culpable perfecto para justificarnos a nosotros mismos y atenuar nuestras masacres de uso diario. Nosotros somos así, dicen ahora, porque nuestras ficciones son así. A veces, y cada vez con más frecuencia, parecemos un hormiguero esquizofrénico.

La violencia de Cronenberg no tiene la pretención de despertarnos de la ignorancia y ayudarnos a reconocer lo que somos. La violencia está ahí porque puede estar, porque es realista, porque a estas horas creo que nuestra civilización es incapaz de concebir una realidad despojada de asesinatos y afrentas, de dominaciones injustas y pequeñas venganzas por todos lados. Lo que hace Cronenberg, lo que lo diferencia de tantos otros, es que a él le parece, y tiene toda la razón, que las personas, cuando le disparan a otro, si pueden, tiran a la cara. Puro sentido común.

Me imagino que muchos saldrán de esta película asqueados y diciendo que todo eso no era necesario. A aquellos que la vean y opinen eso, los invito a leer lo que cuenta uno de nuestros bravíos soldados colombianos en la separata del fin de semana de EL TIEMPO de hoy. Es más, les voy a regalar algunas perlas:
El guerrillero estaba agazapado y le soltó el rafagazo. Cuando sentí los tiros se me vino todo el murmullo, ahí mismo pensé en 'Pecas'. Le dije a mi teniente, 'cúbrame, que yo me voy a meter'. Le doblé la culata al fusil y pra pa pa pa. Cuando me metí lo pillé tirado, pero guardaba la esperanza de que se estaba haciendo el muerto para que no lo mataran. Lo levanté y se le descolgó la cabeza, solo le quedó pegada de la columna. Como era blanco, ahí mismo se puso morado.

(...)

A mi teniente le cayó una carga dirigida, lo levantó cuatro metros y lo dejó colgado encima de un árbol. Las granadas que llevaba se le explotaron y le arrancaron las piernas y un brazo. Solo quedó el tronco allá encima. Se veía de todo, el hígado, los intestinos. Lo único que le quedó fue el apellido todo lleno de sangre. Les tocó enterrarlo en un cajón sellado. Al puntero le pegaron tres tiros en la cara y a otro compañero una mina le arrancó una pierna. A 'Piraña' le pegaron un tiro en el corazón y a otro un tiro en la columna.

(...)

Nosotros matamos a La Reina de la Selva. Íbamos a pasar por entre un palo y vimos que venía alguien de allá para acá. No sabíamos si era la última escuadra porque ellos se habían adelantado. Decíamos será o no será, pero callados. De pronto, la hembrita, Mónica, que tenía el pelo amarrado bajo una gorra camuflada, pero se volteó y se le vio el cabello. Enseguida la levanté. ¡Pa pa pa pa! Qué encendida tan brutal. Le pegamos un tiro en el glúteo y otro le arrancó el pecho. En su fusil AK 47 había escrito 'La Reina de la Selva'. Ahí hay de todo, pervertidos, violadores, ladrones, marihuaneros, pero menos homosexuales. Uno le levantó el camuflado y la manoseó.

Frente a esto, la película de Cronenberg es un chiste. Cuando estaba en el servicio militar los oficiales contaban cosas parecidas y peores. Una consecuencia de la inmunidad a la violencia es que cada vez es más fácil no solo presenciarla sino practicarla. A mí no me sorprende la crueldad de la delincuencia común en Bogotá, es apenas justa considerando el contexto general. En el ejercito a uno le hacen muchas cosas. Hay un proceso de reeducación que dura unos tres meses y que tiene el nombre de entrenamiento. Lo que le cultivan a uno ahí, lo que uno entrena, es la tolerancia a presenciar y practicar violencia real en cualquiera de sus variantes. Creo que yo nunca he sido más violento que durante ese año y nunca ví tanta agresividad a mi alrededor como la que ví los trecientos sesenta y pico de días que estuve ahí. Y ojo que yo no estaba en ningún batallón de contraguerrilla. Yo estaba, supuestamente, con la crema y nata en el batallón para cuidar al presidente Samper y hacer shows protocolarios, soldaditos de plomo.

La violencia en el cine, en los libros, en los comics, en los juegos de video, no genera más violencia, no seamos ilusos. La violencia de los medios es un síntoma, no una fuente de contagio.

A mí me gustó esta última película de Cronenberg. Me gustó mucho más que Crash, me gustó tanto como me gustaron Videodrome, ExistenZ, La mosca y Scanners. Quedé ahora con ganas de leer el comic en el que está basada y también de comprarme el DVD apenas salga. Se las recomiendo. Tengo que advertirles, eso sí, que es un poco violenta, pero estoy seguro de que ustedes ya están acostumbrados a cosas así.
— Videodrome. What you see on that show, it's for real. It's not acting. It's snuff TV.
— I don't believe it.
— So, don't believe.
— Why do it for real? It's easier and safer to fake it.
— Because it has something that you don't have, Max. It has a philosophy. And that is what makes it dangerous.
Tomado de Videodrome
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30.9.05

Del Latin-American Journal of Sociopsychodynamics (32), 2004.

SOBRE EL PROBLEMA DE LA SILLA RECIÉN ABANDONADA
Discusión y Teoría



J. Molano, MD.


Abstract

Taking over a recently emptied seat in a public bus in Bogotá, Columbia, is a physically and psychologically demanding procedure with important sociological consequences. Its complexity, we claim following [1], relies on deep social traditions and implicit differences which are hard to understand for short-time visitors. This survey paper pretends to give a rigurous introduction to the subject and some of its current and extremely active research lines.


INTRODUCCIÓN

El estudio del comportamiento en buses bogotanos se inicia al principio de los años setenta con trabajos de los licenciados W.A. Sanchez [2] y E. Miranda y H. Rojas [1]. Muy temprano, Miranda, recién llegado de una estadía corta en Nueva York, reconoce particularidades jamás reportadas en trabajos previos de la misma índole, entre los que vale la pena mencionar los tratados precursores Mass Transit Systems and behavioral sociokynetics in Mexico City de O. Martinez PhD, y 'Colectivos' Sociology: An introduction to the theory of moving around Buenos Aires por M. Paz MSc.

Miranda y Rojas notan que "cuando un pasajero se dispone a ocupar el puesto que otro ha desocupado reciéntemente, inicia un sutil ritual de apropiamiento del mismo que parte de un periódo corto pero visible de reposo en pie frente al asiento tomado, luego el pasajero en cuestión procede a efectuar un cuidadoso descenso recostandose en el espaldar hasta alcanzar la posición deseada" [1, p. 237]. Más adelante, los autores reconocen su incapacidad de dilucidar qué razones ocultas conducen a este exótico comportamiento y en un párrafo posterior dan una breve justificación de esta inhabilidad basados en "la misteriosa naturaleza de las costumbres", valiéndose de trabajos previos de Thompson y otros.

Hacia 1982, como parte de largo y profuso estudio del fenómeno de segregación social en la ciudad, el grupo de sociología y comportamiento de la Universidad Nacional, encabezado por el profesor S. García de la Universidad de los Andes, conjetura en el reporte Class segregation in public spaces que "el comportamiento al tomar puestos desocupados en buses observado por Miranda en su artículo es una variante más de lo que Pauls llama 'class walls', es decir, barreras de definición de clases o castas. Sentarse de inmediato, bajo esta perspectiva, constituiría una violación del contrato social implícito que delimita los espacios personales pues involucra un atisbo de contacto inadmisible." Al comentario del grupo de García siguieron varios intentos de derrumbar su afirmación por parte de A. Forero MSc. y su equipo de modelación dinámica de masas (EMODIM) de la Universidad de los Andes. Forero afirma en uno de sus artículos ([3]) que "los datos observados permiten concluir que no hay correlación entre el comportamiento mencionado y la afiliación social de los individuos. Si acaso se observa una preferencia igualmente notable entre personas de estrato socioeconómico alto y bajo."

Aunque García no responde a la refutación de Forero, L. Galvez, autodeclarado sociólogo, psicólogo y teólogo bogotano sin afiliación institucional, inicia una serie de cartas abiertas a la Revista de Psicosociología de la Universidad Distrital donde confronta una a una las afirmaciones de Forero destrozando su artículo y acusándolo, de paso, de plagio por el uso de ciertos datos que él mismo afirma haber recolectado "durante los dieciocho años que llevo montando en bus en esta ciudad". Gálvez insiste en la teoría de la class wall que propone García basándose en los fenómenos de class blindness y self segregation introducidos por sociologos indios ya en 1960 para explicar mecanismos de autoregulación que determinan la manera como los habitantes de Delhi circulan por el mercado los domingos. Para Galvez, los datos obtenidos por el EMODIM no demuestran nada porque trabajos de J.C. Latorre et al. en los setenta aseguraron la imposibilidad práctica de diferenciar clases sociales en la ciudad y reconfirmaron su tendencia a autosegregarse como medio para minimizar el roce mutuo.

En su tesis de pregrado en física en la Universidad Nacional, J.E. Forero intenta explicar más a fondo el fenómeno basándose en la teoría de García y proponiendo la revolucionaria Hipótesis de la transferencia del calor remanente que afirma que el roce que se previene es realmente de índole físico y que tiene que ver con un remanente de calor que el anterior ocupante transfiere al asiento que abandona y que el asiento, por un lapso de uno a tres minutos, emana naturalmente. El fenómeno descrito es comprobado en laboratorio y modelado matemáticamente permitiendo la primera explicación concreta del comportamiento en discusión. La intrusión del físico, como es de esperarse, ofende a los sociólogos, quienes de inmediato publican aproximadamente quince artículos en diversas revistas locales y hasta una columna de opinión en EL TIEMPO donde, entre otras cosas, argumentan que la teoría de Forero es inadmisible pues el frio clima de la ciudad, al contrario, invita a ursurpar y aprovechar el calor remanente antes de que se disipe. Forero y su asesor responden con una carta publicada en EL ESPECTADOR donde recuerdan a la comunidad sociológica nacional que el de ellos es un documento puramente teórico y sin implicaciones reales, lo que a su vez, sorpresivamente, produce una reducción inmediata del presupuesto del departamento de física de la Nacional por orden directa del gobierno central y la posterior expulsión de Forero y su asesor de dicha institución por no seguir los conductos regulares de respuesta y llevar el departamento a la bancarota.

Forero se ausenta el pais por cinco años, argumentando motivos políticos, y sólo vuelve hasta 1992, ya con doctorado, vinculándose de inmediato a la Universidad Sergio Arboleda y, apoyado por una donación de Siemens Colombia y un equipo que incluye figuras como G. Chaparro PhD y G. Villalobos PhD , físicos; J.R. Perilla, biofísico; A. Martín MSc., urbanista; R. Silva, cuentero y cinefilo; F. Ramirez PhD; biólogo computacional y el ya mencionado S. García, propone una reformulación del fenómeno que, de paso, responde a los débiles argumentos de los sociólogos. Hacia 1995, luego de dos años de investigación constante, el equipo publica su artículo seminal Plasma dynamics and transference through expanding polyurethane foam layers and clothing. En la introducción, el equipo enuncia la hipótesis DOPF (Distrust in other people's farts), hoy por hoy comunmente aceptada, que propone un mecanismo instintivo e inconciente de demarcación del territorio por medio de gases postdigestivos propagados analmente (farts, de su sigla en rumano), el cual a su vez recibe como respuesta, también instintiva, el comportamiento antes descrito. La modelación con plasma relativista usando conductividades no lineales (basandose en las ecuaciones relativisticas de Vlasov-Maxwell) de los llamados farts ha sido posteriormente desarrollada en [5] y [18]. Un análisis suscinto de la sociodinámica relacionada fue publicado por el mismo equipo en su primer libro.

Para continuar leyendo, por favor refiérase a la versión impresa de la revista.
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29.9.05

Correa en dos actos (I).

Las paredes del hospital son color verde claro, como las batas de los médicos que salen cabizbajos de la sala de operaciones en este mismo momento. El llanto de un niño recién nacido se escucha adentro. También se escuchan gritos, quién sabe qué habrá pasado.

Es un lugar pequeño. A la izquierda queda consulta externa, a la derecha urgencias y hospitalización, al fondo las habitaciones de las monjas, las dos salas de cirugías y la capilla-comedor. El consultorio del doctor Correa es el primero a la derecha luego de recepción. En recepción está Dianita, lleva dos años trabajando en el hospital y es la sobrina huerfana de la enfermera jefe, Floralba. Dianita está embarazada pero todavía no le ha contado a la tía porque sabe que a nadie en la casa le gusta su novio, el chucho, porque no sale del billar, porque los fines de semana se emborracha, porque Jacinta lo vió fumando marihuana en un callejón del mercado, porque dicen que está en malas compañías y porque una vez dijeron que había matado a un hombre en Momil en una pelea de gallos que se convirtió en pelea de hombres. El doctor Correa sabe que Dianita está embarazada. «¿Cuándo le vas a contar a tu tía?», le dice cuando la ve y ella se sonroja y no dice nada porque sabe que Floralba se va a dar cuenta antes de que ella le cuente. «Las mujeres notan esas cosas», piensa. A veces responde «¡Ay, docto'!», pero de ahí no pasa.

El doctor Correa se va a morir en tres años, más o menos. Eso no lo sabe nadie, ni siquiera él. Por ahora todo se reduce a un molesto dolor de estómago después de comer. Es intermitente. Hace poco fue a Montería y se hizo una endoscopia. Le dijeron que todo estaba bién, que tenía una ulcerita, que tomara Milanta. El problema es que a veces duele tanto que es dificil creer que sea sólo eso, pero hay que creerle a los colegas porque ajá.

Al doctor Correa lo conocen en el hospital por dos cosas. La primera es que se precia de jamás haber engañado a su mujer. Eso no es nada, dirán ustedes, pero antes deberían conocer a los tiburones de cirugía: Bolaño, Guerra, Perez y Obregón. Ayer por la noche, nada más, intentaron emborrachar a Correa y llevarselo al cabaret. El doctor Correa se emborracha fácil y cuando está borracho se ríe mucho y cuenta chistes de mexicanos que aprendió cuando hizo la especialización en el D.F. A veces, cuando está en esas, también habla del temblor y cuenta la historia del internista amigo de él que se salvó de morir aplastado en el hospital donde trabajaba porque era perezoso y le gustaba levantarse tarde. Todo el mundo llegaba a las ocho y él a las nueve y cuarto —«¡Y eso que vivía ahí mismito!»— y claro, el día del temblor él llegó cuando el edificio ya estaba en el piso. Se ríe después de eso. Tiene un humor raro Correa cuando se emborracha. También canta rancheras.

La escena es la siguiente: Bolaño, Guerra, Perez y Correa conversan en una mesa del cabaret. Obregón no fue porque estaba de turno. Al fondo suenan vallenatos y el sitio luce un poco lúgubre. Muchachitas desnudas caminan por ahí ofreciéndose y atendiendo a los clientes. Papá Maño, el dueño, echa ojo desde el bar y su mujer lleva a su lado un cuadernito controlando a las niñas. Hace poco decidieron que iban a cambiar las luces rojas por azules y eso oscureció el local bastante más de lo planeado. Debido a esto, Maño ahora tiene que andar con una linternita todo el tiempo, para no caerse ni tropezarse con las sillas ni la gente. Bolaño llama a una de las niñas, es una morena jovencita, tendrá quince añitos no más, y se la pone en las piernas a Correa, que en ese momento termina uno de sus chistes, uno de un duelo de mariachis que es imposible de entender a menos que uno haya vivido por ahí cuatro años a menos de media cuadra de la plaza Garibaldi. La niña le acaricia la cara a Correa y le mete la mano entre las piernas, Correa se para de un salto y echa a correr, Guerra, Bolaño y Perez se mueren de la risa y siguen tomando. Perez se pasa la niña a sus piernas, debe tener la edad de su hija menor. Correa llega a su casa llorando y le cuenta a su mujer lo sucedido y le pide perdón. Las siguientes dos semanas sólo se hablará de este incidente por los alrededores de cirugía y todo el mundo se reirá cuando Correa llegue puntual a las nueve en su moto. En este hospital todo se sabe.


No se ha acabado, luego sigo.
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27.9.05

La tilde en Magnolia.


Dependiendo del dialecto, hay dos o tres lugares donde Magnolia puede llevar la tilde. En su versión más popular, el acento de la película, el momento de mayor énfasis narrativo, ocurre a pocas cuadras del final, cuando —y lo digo seguro de que para este momento no es un spoiler para nadie— caen ranas del cielo. Esta es una escena para la que el espectador es preparado desde el mismo principio de la película a través de enigmáticos anuncios climatológicos y conversaciones sobre la lluvia. Además, es la escena que desencadena las conclusiones. En esta versión, la Magolia cuasi-aguda, la película es una historia sobre la nada, sobre las casualidades y los hechos inexplicables que ponen a personas en los lugares que les convienen o que no les convienen, una película sobre los eventos de probabilidad nula que terminan determinando el desarrollo de las vidas de los hombres, una película para los que creen en el Plan, o un chiste terriblemente largo y muy malo, como el del marranito morado.

En la versión pseudo-esdrújula, por su parte, el énfasis de la película está en el monólogo de Earl junto a Phil. Earl fuma un cigarrillo imaginario, el último que aspirará, y articula a trancas una frase sin aire sobre una vida muy larga de la que se arrepiente.
...it's so fuckin' hard....and so long....life ain't short, it's long....Life is long, godddmnit — god damn....what'd I do? What'd I do? ohhhh what'dIdo?
Es una frase larga que recorre con su mirada las otras historias. Anderson dice en alguna parte que él quería hacer una película sobre siete historias que parecieran una. El hilo de palabras de Earl, en apariencia errático y trastornado por los sedantes, anuda las historias de manera evidente por primera vez. La voz entrecortada del viejo moribundo se convierte, a medida que pasan las imágenes, en la conciencia de los personajes, en la conciencia de la película. Bajo esta perspectiva, Magnolia es una película sobre el arrepentimiento, arrepentirse a tiempo o demasiado tarde pero arrepentirse. La tilde, si quieren, se inicia en la escena donde Linda le dice a Phil que le diga a Earl que la perdone y se extiende sobre la escena donde Frank pierde el control al llegar a la lección How to fake that you are nice an caring para luego conectar con el monólogo de Earl, que parece un eco de todo lo anterior.
....this is a long way to go for no punch...a little moral....story I say...Love. love. love....this fuckin' life....ohhhhhhh, love.....
Finalmente está la versión semi-grave, mi favorita. El acento en este caso va justo después de que termina el monólogo de Earl: Phil se acerca al viejo, casi no lo deja terminar lo que dice, y le administra las goticas que le permitirán descansar. Llueve afuera, llueve por fin después de tanto anuncio de lluvia. Phil se aleja un poco, luce triste pero de repente parece notar algo porque su rostro cambia y surge de la nada una sonrisa. Justo ahí, justo en el momento cuando Phil, el enfermero, deja ver que la muerte de Earl no es del todo triste, Wise Up, interpretada Aimee Mann, empieza a sonar. Lo que sigue aún me deja sin aire y también, como le pasa a Alejandro, me saca algunas lagrimas. Wise up dura tres minutos y medio, y en esos tres minutos se produce una recapitulación extrañísima que saca de manera definitiva la película de una patada de cualquier molde. De repente, y sin que nadie se lo espere, los personajes, uno a uno, empiezan a cantar. La primera vez que ví eso, en un teatro de Metrópolis, casi me paro del asiento para poder verlo mejor.

No sé bien por qué me conmueve tanto esa escena. La acabo de ver antes de escribir esto intentando tener las sensaciones frescas para al menos ser capaz de explicar lo que me pasa, pero no sé. La canción habla sobre madurar, sobre descubrir algo determinante que corta de pleno lo anterior, que clausura algo que corrompe, que duele. ¿La vida? Tal vez, al menos en el caso de Earl. Pero de nuevo, como en la versión pseudo-esdrújula, la voz de Aimee Mann parece hablar con todos, mezlcarlos, unificarlos en un solo coro que, pese a las diferencias, los describe uno a uno, los toca. Donnie decidirá cometer un crimen; el programa de Jimmy llegará a su fin; Jack irá a despedirse de su padre; Linda decidirá acabar con su vida; Jim, decepcionado, le abrirá su corazón a Claudia, se desnudará; Claudia, por su parte, le abrirá la puerta a Jim, y eso ya es mucho pedir; y finalmente Stanley, oculto en la biblioteca, prefigurará su futuro y verá a Donnie al fondo. It's not going to stop, so just give up, dice al final Aimee Mann mientras la cámara se aleja de Stanley y luego aparece la calle, la calle que hemos visitado tantas veces ese día, Magnolia Boulevard, y súbitamente deja de llover.


¿Y de qué se trata esta versión? Tal vez, aunque no estoy del todo seguro, la versión grave es la esperanzadora. La canción reconcilia, perdona y embellece. A diferencia de las dos anteriores, esta versión no es excesiva, no maldice la vida ni la muerte sino que las acepta como parte de un proceso natural, dice hay que seguir porque esto —lo que quiera que sea— no va a detenerse. No importa lo que haga o deje de hacer, el final llega cuando debe llegar, no antes ni después. Hay que aceptar, dice la canción, y luego deja de llover. Pese a ser unificadora, los trata individualmente. Eso la diferencia de la lluvia de ranas.

Hay otros acentos menores. Anderson seguramente diría que la conversación de Jim y Claudia es clave, que de allí y justo de allí es de donde nace la película. De esa frase de Claudia que Anderson le había escuchado cantar a Aimee Mann y lo había marcado tanto: Now that I've met you, would you object to never seeing each other again?. La entrevista truncada de Jack también cumple un papel similar, pero en ambos casos no hay una interconexión tan profunda entre todas las historias como en las tres anteriores.

No importa cuál de las tres o cuatro o cinco Magnolias vea uno, al final la sensación en el torax es siempre la misma. Es mas o menos la que uno siente al terminar de leer cuentos de Salinger, una ansiedad benigna: ahí, en ese lugar, sucedieron cosas, se dijeron cosas. Ahí atrás hay algo, no se bien qué es pero hay algo, y aunque no lo sé siento como si lo hubiera entendido de alguna manera implícita. Como si no admitiera palabras pero de todas maneras entrara por ojos, nariz y boca. Luego uno sonríe, como Phil, y comienza a tararear la canción sin darse cuenta de que todos en el teatro están haciendo lo mismo.
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26.9.05

Hay que empezar por algún lado.

El último número del Fibonacci Quarterly, organo de difusión de la Fibonacci Association, trae un artículo firmado por un tal Michael Shields titulado Unions of Tangent Godondriums and the Fibonacci Numbers. Es un artículo mal escrito en el cual revela correspondencias completamente predecibles entre ciertos objetos geométricos elementales y algunas constantes asociadas a la sucesión de Fibonacci y sus variantes. En particular, a Shields parece interesarle la versión de la misma que se inicia con 27, 32 en lugar del tradicional 1, 1. Lo leí por encima y lo hubiera pasado completamente por alto de no ser porque hacia el cierre, antes de expresar sus agradecimientos al sistema ferreo polaco por haber eternizado su viaje en tren de Cracovia a Varsovia permitiendo así que concluyera los tediosos cálculos asociados al resultado, el autor mencionó la existencia de un libro que alguna vez me interesó mucho pero que ya había olvidado, el Chhandah-shastra o libro de las medidas, atribuido tradicionalmente a Pingala y de orden menor en la jerarquía bibliográfica védica. La mención al libro era innecesaria, gratuita, usaba su nombre para justificar una afirmación que implicaba unas cuantas otras y que, sumadas a una última que atribuía a Euler, le permitían postular una conjetura técnica que, estoy seguro, nunca será tomada en serio.

Tal vez debido a esa mención, tal vez por pura curiosidad, busqué a Michael Shields en Google. A veces lo hago, me gusta saber qué tan grandes son las personas a través del oráculo Google, saber si existen, saber qué hacen los martes a las once de la mañana, saber a qué club se suscribieron en 1999 creyendo que el registro sería guardado discretamente, imaginar la emoción que sintieron cuando se ganaron ese camión de coca-cola tras llenar un insulso cupón en Walmart. En el caso de Michael Shields descubrí que estaba preso por un crimen que no había cometido. Otras versiones de Michael o Mike Shields incluían a un músico y artísta, a un profesor de economía y al director del Mad Science Research Labs. Claramente tenía que ser el preso, ninguno de los otros correspondía al perfil necesario para escribir artículos de matemáticas. Michael Shields, hincha furibundo del Liverpool y juicioso adolecente con frecuentes menciones en la lista de olimpiadas de matemáticas inglesas, se encuentra preso en Bulgaria por intento de homicidio. Los testigos aseguran que lo vieron entrar a un bar con un ladrillo en la mano y avalanzarse sobre el barman de turno rompiéndole la cabeza. Sus amigos de andanzas, sin embargo, juran sobre la biblia que Mike dormía en ese momento en la habitación del hotel. El conserje del hotel reconfirma esa versión. Un paisano de Shields ha reconocido recientemente en Inglaterra su crimen pero nadie escucha. Michael Shields, aparentemente, pasará sus próximos quince años en una celda en Bulgaria a menos que el clamor de sus familiares haga mella en el corrupto, y en apariencia sordo, sistema judicial Búlgaro.

Curioso, termino entonces, a las doce de la noche de ayer, revisando a otros autores de la lista de artículos del Fibonacci Quarterly. El método usado reporta conexiones inusitadas. Encuentro violadores, asesinos seriales, traficantes de blancas, estafadores, narcotraficantes, antiguos agentes de la KGB que trabajaban como extorsionistas en Lyon, ladronzuelos de bancos peruanos y hasta un boxeador puertoriqueño que mató a su contrincante a puños al perder el combate por puntos. El comité editorial de la revista no se queda atrás. La lista la encabeza un jefe de la mafia irlandesa y la siguen falsificadores de dinero, matricidas y fraticidas varios. Vuelvo a la revista, descubro algo más: todos escriben igual, todos. Las correspondencias rebasan lo permisible. La revista es escrita por una sola persona, ¿pero quién?
MathSciNet tiene la respuesta. Todos las referencias bibliográficas de todos los artículos, descubro tras un poco de trabajo, convergen en un sólo artículo publicado en 1972 en una revista india. El autor, de apellido Gopala, trabaja en la Universidad de Madrás donde desde hace veinte años ejerce un cargo administrativo de poca monta. Es Director of postgraduate inquiries and demands de la facultad de Ciencias y Matemáticas de la mencionada institución. En su página de internet encuentro poca información, apenas la básica que provee automáticamente la Universidad. Indago un poco más, uso la búsqueda avanzada de Google y termino en una página familiar con fotografías de un señor en sus cuarenta que viste como algún enemigo de Kalimán y cuyos bigotes alcanzan con facilidad los diez centímetros de largo. En una foto sale con un niño pequeño, en otra con un par de perros sharpei y tres conejos, en otra caminando junto a un río, en otra junto a las pirámides de Egipto y en otra en Turín junto al museo del cine, la gigantesca cúpula se erige sobre su cabeza. Si es el mismo Gomala se conserva muy bien, los datos de la universidad dicen que nació en 1930 y las fotos son todas del año pasado.

(Una cosa lleva a la otra. Me pregunto si estoy siguiendo la pista correcta. Todo luce como una bola de nieve, como una espiral que crece y crece sin control. No avanzo, acumulo. De una pista insignificante nacen otras, y otras más, pero no hay resolución a ningún nivel. ¿Vale la pena seguir ahondando en la cadena aparentemente interminable de pistas? ¿Qué gano con ello?)
Continuará algún día, estoy seguro.
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Revolver.


Tal vez sea prudente verla de nuevo antes de dar mi opinión. El acento inglés todavía me puede.
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