Otra decepción más.
Como todos ustedes saben, yo soy un fan de los reinados de belleza. Me gusta seguirlos de cerca y enterarme de todas las cosas que ocurren durante ellos. Es uno de mis mayores hobbies. En Colombia compraba Cromos por esta época y calificaba las niñas en diferentes categorías (Cuerpo, Rostro, Inteligencia, Carisma, Estilo/Clase y Glamour) para luego poder decidir cuál era mi favorita. Todo viene de mi infancia en Lorica y el barullo que despierta en la costa todo este asunto del once de noviembre. Ahora intento hacer lo mismo en linea basándome en la versión electrónica de la revista y los informes que publica EL TIEMPO. Este año, sin embargo, EL TIEMPO no le ha dado la visibilidad que merece al evento, así que he tenido que recurrir sólo a la revista. Todo esto porque el doctor Angulo, presidente de la organización, no ha invertido un céntimo en una página de internet para que los interesados que desafortunadamente vivimos en el extranjero podamos seguir las incidencias del concurso sin la intermediación de los parcializados medios.
Este año mi candidata era la niña del Tolima -se me va el nombre ahora-, así que imaginarán mi desilusión cuando no quedó en el grupo de las diez finalistas. Una vez más, los jurados decepcionan la movilización popular que apoya las candidatas y haciéndolo van en contra del sentir del pueblo. ¿Cómo es posible que en lugar de Tolima se hayan ido por el gurrio -me perdonarán pero no encuentro otra manera de describirla- de Sucre, sin lugar a dudas el palo de la noche? Pero las desilusiones no terminan ahí. Gana Atlántico, otra Tafur nieta de turcos usureros. La misma que en tras las entrevistas con el jurado había sido descrita como «una niña de poca clase» por uno de ellos; la misma que no supo usar los tenedores apropiadamente en la cena del viernes con los edecanes; la misma que se cayó de la lancha durante la sesión de fotos del minicromos; la misma que «no habla inglés pero lo entiende»; la misma que, según los chismes de Carrusel, se emborrachó el miercoles pasado en su habitación en compañía de su prima, la huesuda Adriana Tafur. Eso es lo que más me indigna, que el animo reelectoral haya trascendido la esfera de lo político y ahora empecemos reelegir reinas. Esto, mis amigos, es nepotismo. Todo el mundo sabe muy bien —recuerden el incidente de la viciada elección de Susana Caldas o el escándalo tras la coronación de Paola Turbay— que la soberana que deja el cetro tiene influencia sobre la desición final del jurado. Es inaudito que la organización desconozca este hecho cierto y permita que una prima hermana de la actual reina nacional se presente como candidata. Mucho más siendo estas dos tan cercanas, buenas amigas y descendientes de extranjeros. Yo sé que dirán que todos lo somos, pero lo cierto es que nadie en sus cabales reconocerá que Tafur es un apellido colombiano. Yo diría que hasta dinero del narcotráfico hay ahí.
El reinado nacional de la belleza es una institución que nos pertenece a todos. Permitir que naufrague en los vicios que, tras la muerte de doña Tera de Angulo, lo han pervertido, es jugar con el sentimiento de un país, con lo que creemos y queremos, con lo que somos. Bien por traer a Juanes a la velada de coronación, un acierto. Bien por traer a Armando Manzanero, su show estuvo, me cuentan, inolvidable. Mal por las preguntas de los jurados: simplonas, sin gracia, sin picante, sin la riqueza necesaria para permitir verdadera opinión. Mal por el racismo del jurado, que deshonrósamente califica por debajo las respuestas de la niña del Chocó y su presentación en vestido de noche solo porque es negra. Mal por el premio al vestido de traje de fantasía. ¿Cuándo aprenderán a valorar la sencillez y la creatividad sobre las plumas blancas gigantes? Mal por el premio Silueta al mejor cabello para Valle, esos flecos no lo merecían. Mal por permitir que durex patrocinara una de las vallas durante el desfile en traje de baño, apoyar el uso del preservativo va en contra del espíritu del concurso y de los colombianos, pervierte. Mal por el accidente ocurrido durante la tradicional batalla de flores. La muerte de Jaime Emilio Marín, el joven paisa asesinado durante los disturbios, debe ser aclarada, así como la participación en la misma del chofer de la carroza donde iba la reina de Meta. Mal por los comentarios de Pilar Castaño, Jairo Alonso y Jorge Alfredo Vargas. No hacen un buen trio, se notó la lucha por el protagonismo frente a las cámaras. Además, los tics de la Castaño son cada día más visibles y la voz de Jairo Alonso ha perdido su otrora característica potencia. Mal por la elección de Miguel "La jirafa" Varoni y Paola "Voz de pito" Turbay como maestros de ceremonias. Mal por el show de Andrés López en el intermedio. De muy mal gusto, desentona con la categoría del evento. Mal por el traje que lucía el doctor Angulo, cómo le hace de falta su señora madre para plancharle las cosas.
Esperemos que la nueva soberana tenga una mejor presentación en Miss Universo que su prima, cuya actuación dejó mucho que desear. A Adriana le deseamos buena suerte, ojalá y se reponga de su reconocida afición a las drogas y cumpla su sueño de ser comentarista de farándula en televisión. En el minicromos demostró que tiene madera... pero de balso.
Este año mi candidata era la niña del Tolima -se me va el nombre ahora-, así que imaginarán mi desilusión cuando no quedó en el grupo de las diez finalistas. Una vez más, los jurados decepcionan la movilización popular que apoya las candidatas y haciéndolo van en contra del sentir del pueblo. ¿Cómo es posible que en lugar de Tolima se hayan ido por el gurrio -me perdonarán pero no encuentro otra manera de describirla- de Sucre, sin lugar a dudas el palo de la noche? Pero las desilusiones no terminan ahí. Gana Atlántico, otra Tafur nieta de turcos usureros. La misma que en tras las entrevistas con el jurado había sido descrita como «una niña de poca clase» por uno de ellos; la misma que no supo usar los tenedores apropiadamente en la cena del viernes con los edecanes; la misma que se cayó de la lancha durante la sesión de fotos del minicromos; la misma que «no habla inglés pero lo entiende»; la misma que, según los chismes de Carrusel, se emborrachó el miercoles pasado en su habitación en compañía de su prima, la huesuda Adriana Tafur. Eso es lo que más me indigna, que el animo reelectoral haya trascendido la esfera de lo político y ahora empecemos reelegir reinas. Esto, mis amigos, es nepotismo. Todo el mundo sabe muy bien —recuerden el incidente de la viciada elección de Susana Caldas o el escándalo tras la coronación de Paola Turbay— que la soberana que deja el cetro tiene influencia sobre la desición final del jurado. Es inaudito que la organización desconozca este hecho cierto y permita que una prima hermana de la actual reina nacional se presente como candidata. Mucho más siendo estas dos tan cercanas, buenas amigas y descendientes de extranjeros. Yo sé que dirán que todos lo somos, pero lo cierto es que nadie en sus cabales reconocerá que Tafur es un apellido colombiano. Yo diría que hasta dinero del narcotráfico hay ahí.
El reinado nacional de la belleza es una institución que nos pertenece a todos. Permitir que naufrague en los vicios que, tras la muerte de doña Tera de Angulo, lo han pervertido, es jugar con el sentimiento de un país, con lo que creemos y queremos, con lo que somos. Bien por traer a Juanes a la velada de coronación, un acierto. Bien por traer a Armando Manzanero, su show estuvo, me cuentan, inolvidable. Mal por las preguntas de los jurados: simplonas, sin gracia, sin picante, sin la riqueza necesaria para permitir verdadera opinión. Mal por el racismo del jurado, que deshonrósamente califica por debajo las respuestas de la niña del Chocó y su presentación en vestido de noche solo porque es negra. Mal por el premio al vestido de traje de fantasía. ¿Cuándo aprenderán a valorar la sencillez y la creatividad sobre las plumas blancas gigantes? Mal por el premio Silueta al mejor cabello para Valle, esos flecos no lo merecían. Mal por permitir que durex patrocinara una de las vallas durante el desfile en traje de baño, apoyar el uso del preservativo va en contra del espíritu del concurso y de los colombianos, pervierte. Mal por el accidente ocurrido durante la tradicional batalla de flores. La muerte de Jaime Emilio Marín, el joven paisa asesinado durante los disturbios, debe ser aclarada, así como la participación en la misma del chofer de la carroza donde iba la reina de Meta. Mal por los comentarios de Pilar Castaño, Jairo Alonso y Jorge Alfredo Vargas. No hacen un buen trio, se notó la lucha por el protagonismo frente a las cámaras. Además, los tics de la Castaño son cada día más visibles y la voz de Jairo Alonso ha perdido su otrora característica potencia. Mal por la elección de Miguel "La jirafa" Varoni y Paola "Voz de pito" Turbay como maestros de ceremonias. Mal por el show de Andrés López en el intermedio. De muy mal gusto, desentona con la categoría del evento. Mal por el traje que lucía el doctor Angulo, cómo le hace de falta su señora madre para plancharle las cosas.
Esperemos que la nueva soberana tenga una mejor presentación en Miss Universo que su prima, cuya actuación dejó mucho que desear. A Adriana le deseamos buena suerte, ojalá y se reponga de su reconocida afición a las drogas y cumpla su sueño de ser comentarista de farándula en televisión. En el minicromos demostró que tiene madera... pero de balso.
Por: Jaime Molano, S.J.
Artículo a publicarse en la revista EL CATOLICISMO, de la arquidiósesis de Bogotá.
Artículo a publicarse en la revista EL CATOLICISMO, de la arquidiósesis de Bogotá.
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El caleidociclo gira, se envuelve sobre sí mismo y renace sin dificultad con un poco de ayuda de las manos. El motivo que tesela su superficie es igualmente cíclico: salamandras de colores mirando a lado y lado, estrellas de mar, ostras. Recibir este libro siendo un niño es condenarlo a uno a añorar estos juguetes de cartón toda la vida, a recordar cómo los colgabamos con hilos del techo, a preguntar por qué nunca nos cansamos de darles vueltas y vueltas. Yo los conocí armados, pero pronto tuve mi oportunidad de hacerlos yo también. Cuando los ví por primera vez no salía de mi asombro, la sorpresa fue casi tan contundente como cuando ví mi primer estereograma de la serie de libros del Ojo Mágico. Era increible que traicionaran la rigidez del cartón, que se sintieran maleables, que fueran construidos a partir de una sola pieza. Luego, ya les dije, tuve mi oportunidad de armar los mios, de abrir 

Aunque el genio creativo de Winterbottom es evidente a lo largo de toda la cinta en la forma como articula las secuencias, intercambia formatos y documentaliza, gran parte de la potencia de la misma recae en el trabajo de Steve Coogan, quien, representando a Shandy, juega un papel similar al del personaje que hacía en 24 hours party people combinado con el hilarante personaje que, junto a Alfred Molina, protagoniza mi corto favorito de Coffee and Cigarettes. Coogan hilvana la narración en todos los niveles donde transcurre, se burla de sí mismo y me hace reir a montones fuera y dentro de cámaras. También vale la pena darle crédito a Rob Brydon, quien se contrapone a Coogan y cuyo talento permite varias de las mejores conversaciones de la película así como uno de los conflictos centrales de la misma.

Lo bueno de la película fue que, cuando se acabó, llegó Gilliam al teatro y habló una hora respondiendo preguntas de la audiencia. Yo no pregunté nada, nunca se me ocurre qué preguntar. Le preguntaron que cómo hacían para volverse directores de cine, Gilliam les respondió que consiguieran un grupo de amigos, lograran convencer a la BBC de que les dejara hacer un programa donde hicieran el ridículo y se volvieran famosos por cuenta del contribuyente británico y luego aprovecharan esa fama para, a partir de ahí, empezar a hacer películas. También habló un poco sobre el proyecto del Quijote, dijo que él se rehusaba a claudicar, que hacer el Quijote requería ser un poco loco y que él estaba dispuesto a asumir eso. Que él un día decidió que quería hacer un proyecto sobre el Quijote con Johnny Depp, que se emocionó y se puso manos a la obra y que ahí fue cuando se dió cuenta que él nunca se había leído ese libro. Habló muy impresionado de los juegos autorreferenciales de la segunda parte, esos que a mí también me gustan tanto. Yo le noté, en las cosas que dijo acerca de The Brothers Grimm, que la hizo un poco por hacer algo pero también como saliendo del paso. En algún momento dijo que tras el fracaso del Quijote intentó otros tres proyectos que también fracasaron y pintó la oferta de MGM, que luego se volvió de Miramax, como la manera que él eligió para salir de esa etapa oscura de su carrera. Dijo que él ya estaba pensando, tras cuatro fracasos seguidos, que tal vez eso del cine no era para él. Recomendó a los que le pidieron consejos para entrar en el mundo del cine que no lo intentaran, que era dificil y frustrante, que requería mucho sudor y esfuerzo, que era doloroso. 













