15.11.05

Otra decepción más.

Como todos ustedes saben, yo soy un fan de los reinados de belleza. Me gusta seguirlos de cerca y enterarme de todas las cosas que ocurren durante ellos. Es uno de mis mayores hobbies. En Colombia compraba Cromos por esta época y calificaba las niñas en diferentes categorías (Cuerpo, Rostro, Inteligencia, Carisma, Estilo/Clase y Glamour) para luego poder decidir cuál era mi favorita. Todo viene de mi infancia en Lorica y el barullo que despierta en la costa todo este asunto del once de noviembre. Ahora intento hacer lo mismo en linea basándome en la versión electrónica de la revista y los informes que publica EL TIEMPO. Este año, sin embargo, EL TIEMPO no le ha dado la visibilidad que merece al evento, así que he tenido que recurrir sólo a la revista. Todo esto porque el doctor Angulo, presidente de la organización, no ha invertido un céntimo en una página de internet para que los interesados que desafortunadamente vivimos en el extranjero podamos seguir las incidencias del concurso sin la intermediación de los parcializados medios.

Este año mi candidata era la niña del Tolima -se me va el nombre ahora-, así que imaginarán mi desilusión cuando no quedó en el grupo de las diez finalistas. Una vez más, los jurados decepcionan la movilización popular que apoya las candidatas y haciéndolo van en contra del sentir del pueblo. ¿Cómo es posible que en lugar de Tolima se hayan ido por el gurrio -me perdonarán pero no encuentro otra manera de describirla- de Sucre, sin lugar a dudas el palo de la noche? Pero las desilusiones no terminan ahí. Gana Atlántico, otra Tafur nieta de turcos usureros. La misma que en tras las entrevistas con el jurado había sido descrita como «una niña de poca clase» por uno de ellos; la misma que no supo usar los tenedores apropiadamente en la cena del viernes con los edecanes; la misma que se cayó de la lancha durante la sesión de fotos del minicromos; la misma que «no habla inglés pero lo entiende»; la misma que, según los chismes de Carrusel, se emborrachó el miercoles pasado en su habitación en compañía de su prima, la huesuda Adriana Tafur. Eso es lo que más me indigna, que el animo reelectoral haya trascendido la esfera de lo político y ahora empecemos reelegir reinas. Esto, mis amigos, es nepotismo. Todo el mundo sabe muy bien —recuerden el incidente de la viciada elección de Susana Caldas o el escándalo tras la coronación de Paola Turbay— que la soberana que deja el cetro tiene influencia sobre la desición final del jurado. Es inaudito que la organización desconozca este hecho cierto y permita que una prima hermana de la actual reina nacional se presente como candidata. Mucho más siendo estas dos tan cercanas, buenas amigas y descendientes de extranjeros. Yo sé que dirán que todos lo somos, pero lo cierto es que nadie en sus cabales reconocerá que Tafur es un apellido colombiano. Yo diría que hasta dinero del narcotráfico hay ahí.

El reinado nacional de la belleza es una institución que nos pertenece a todos. Permitir que naufrague en los vicios que, tras la muerte de doña Tera de Angulo, lo han pervertido, es jugar con el sentimiento de un país, con lo que creemos y queremos, con lo que somos. Bien por traer a Juanes a la velada de coronación, un acierto. Bien por traer a Armando Manzanero, su show estuvo, me cuentan, inolvidable. Mal por las preguntas de los jurados: simplonas, sin gracia, sin picante, sin la riqueza necesaria para permitir verdadera opinión. Mal por el racismo del jurado, que deshonrósamente califica por debajo las respuestas de la niña del Chocó y su presentación en vestido de noche solo porque es negra. Mal por el premio al vestido de traje de fantasía. ¿Cuándo aprenderán a valorar la sencillez y la creatividad sobre las plumas blancas gigantes? Mal por el premio Silueta al mejor cabello para Valle, esos flecos no lo merecían. Mal por permitir que durex patrocinara una de las vallas durante el desfile en traje de baño, apoyar el uso del preservativo va en contra del espíritu del concurso y de los colombianos, pervierte. Mal por el accidente ocurrido durante la tradicional batalla de flores. La muerte de Jaime Emilio Marín, el joven paisa asesinado durante los disturbios, debe ser aclarada, así como la participación en la misma del chofer de la carroza donde iba la reina de Meta. Mal por los comentarios de Pilar Castaño, Jairo Alonso y Jorge Alfredo Vargas. No hacen un buen trio, se notó la lucha por el protagonismo frente a las cámaras. Además, los tics de la Castaño son cada día más visibles y la voz de Jairo Alonso ha perdido su otrora característica potencia. Mal por la elección de Miguel "La jirafa" Varoni y Paola "Voz de pito" Turbay como maestros de ceremonias. Mal por el show de Andrés López en el intermedio. De muy mal gusto, desentona con la categoría del evento. Mal por el traje que lucía el doctor Angulo, cómo le hace de falta su señora madre para plancharle las cosas.

Esperemos que la nueva soberana tenga una mejor presentación en Miss Universo que su prima, cuya actuación dejó mucho que desear. A Adriana le deseamos buena suerte, ojalá y se reponga de su reconocida afición a las drogas y cumpla su sueño de ser comentarista de farándula en televisión. En el minicromos demostró que tiene madera... pero de balso.

Por: Jaime Molano, S.J.
Artículo a publicarse en la revista EL CATOLICISMO, de la arquidiósesis de Bogotá.
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14.11.05

Perfiles 39.

¿Cómo le va?, le pregunta el periodista. El escenario es una cafetería en Bogotá a dos cuadras del edificio de apartamentos Ituango VII donde vive Germán Tamayo. Todo esto, si quieren más detalles, sucede en el barrio San Luis. Hay un parque frente a la tienda donde el periodista y Tamayo conversan mientras toman cerveza, suena una canción de Air Supply en la radio. En el parque hay diez niños jugando en este preciso instante, cuatro empleadas del servicio doméstico los cuidan. Ninguna es de Bogotá, dos tienen hijos, una es huérfana, la otra se escapó del pueblo para venir a la ciudad, fué prostituta un tiempo. En una esquina del parque hay un grupo de muchachos que practican saltos en sus monopatines, el de la camiseta roja que dice Rollerblading is a child's game, grow up! tiene fracturada la clavícula en siete pedazos y yace en el suelo con una mano en el hombro, arrepentido de haber intentado saltar sobre esa barda. Se le salen las lágrimas pero no llora, no aun. En los bancos del lado sur occidental del parque, junto a los árboles y unas llantas viejas, está un tipo de unos cuarenta y cinco años vestido con unos jeans, una camisa azul clara, un saco de pana café gastado en las mangas. Tiene una bolsa de plástico negra en las piernas y una bolsa de carulla al lado sobre la que recuesta el brazo izquierdo, parece llena de ropa. Una de las mujeres que cuida los niños detectó su presencia hace un rato y por su mirada es claro que sospecha. Y sí, efectivamente, dos minutos después la vemos acercarse a las otras y parece que la cofradía de niñeras está de acuerdo en que el hombre no es de fiar, porque cuando uno de los niños corre hacia las llantas, tres de cuatro corren a detenerlo y lo invitan a sentarse de nuevo en el columpio. El hombre no se ha dado cuenta de todo esto, está entretenido armándose un cigarro mientras piensa en lo que le dirá a su esposa cuando llegue a la casa. En la bolsa negra parece que una cosa se mueve, se contonea, se retuerce, pero puede ser sólo porque no se ve muy bien desde acá.

Germán Tamayo tiene cincuenta años y es el actor de reparto más apreciado de la televisión colombiana. En una hipotética encuesta todo el mundo reconocería su rostro pero nadie recordaría su nombre, nunca ha alcanzado los créditos de entrada y los del cierre nadie los lee. No hay quien no recuerde al menos uno de sus personajes. Se consagró haciendo de bobo, pero también ha hecho de electricista, de portero, de camionero marica, de esmeraldero, de vendedor de joyas robadas, de dueño de una compra-venta en la avenida caracas con sesenta, de carnicero, de cortador de caña, de mariachi, de pastor evangélico, de relojero, de zapatero, de maestro de escuela. Los personajes de Tamayo siempre son asexuados y tienen acentos raros. La carga humorística del programa no recae en ellos, ni más faltaba, sino en uno que por alguna razón es cercano al de Tamayo: un amigo, un primo, la mujer, la tía, la mejor amiga, la vecina gaga, el niño ladrón. Aunque es querido y admirado, su fama no ha aumentado el precio de sus honorarios. Eso, sin embargo, no le impide actuar como un grande. Y no es solo el porte, es la manera de hablarle al periodista, entre paternal y misteriosa, es la forma como nunca fija la mirada en la cámara y exige que sus fotografías -las pocas que le toman- sean siempre asegurándose que la cicatriz en su barbilla no sea visible pero se vea su opulenta manzana de adán, donde, según él, radica su encanto.

Comparte su apartamento en el edificio Ituango VII con Rosa, su hermana menor. Ella, impulsada por los contactos de Germán, trabaja como asistente de maquillaje en Audiovisuales y ha hecho varios cameos —sin parlamento, por lo pronto— en programas de la empresa, especialmente documentales sobre gente de la calle. Uno escucha a Tamayo y se imagina un Oscar. Cuando el sol le cae de cierta manera, hasta despide un halo dorado. Hay que ver cuando habla de la época en Miami, o de la vez que hizo un papel corto en Los Magníficos. Su papel era el del hijo de un viejo mexicano dueño de una ferretería que una pandilla de muchachos alcoholizados acosaba. El personaje trabajaba como voluntario en la clínica de reposo donde estaba Murdock y a través de él era que contactaba a los heroes. El capítulo es una rareza por varias razones: primero que todo, nunca fue doblado al español, así que por colombia no pasó; en segunda medida, en este capítulo Murdock hace las veces de lider porque Anibal está enfermo en el hospital; para completar es uno de los cuatro episodios de los magníficos que termina en esta historia continuará y no tiene secuela. En la sala de la casa, además de la foto junto a Mr. T, Germán tiene una foto junto a Richard Dean Anderson y otra junto a Peter Falk, el teniente Columbo. También tiene una junto Carlos Muñoz, pero a esa no le tiene tanto aprecio como a las anteriores.

Se equivocan si creen que lo que aquí ocurre es una entrevista. Alguna vez si fue, alguna vez estuvieron ahí con una grabadora. Germán todavía se acuerda, recortó lo que salió en Semana, lo pegó en el album. El periodista entrevistó a Tamayo en alguna ocasión, cuando estaba haciendo de electricista en Untados hasta el cuello (la novela sobre la industria del bocadillo) y se hicieron amigos. El periodista lo llama para saber cómo se encuentra y siempre termina invitado a tomarse un par de cervecitas en la cafetería junto al parque. Tamayo ya no es tan aclamado como antes, la telenovela costumbrista está de capa caida, ahora les gusta más el culebrón corporativo, y el perfil de Tamayo no se adapta a las nuevas necesidades, esos personajes emergentes no tienen cabida ahí. Le dicen que tiene madera para la comedia, que intente cosas en Sábados Felices, que ahí hay un concurso que premia personalidades como la de él. Pero Germán nunca trabajaría en una comedia, nunca. Él es un actor serio, de respeto. Alguien le dice que Robin Williams, el protagonista de la sociedad de los poetas muertos, empezó haciendo de extraterrestre en Morg y Mindy. Germán hace mala cara y responde que él ya empezó, que el ya lleva veinte años en esta mierda y que esa dignidad ganada con la experiencia no se negocia. El periodista le dice que si sabe algo le comenta, que él siempre está pendiente de cualquier chambita, y luego pide la cuenta, paga por los dos y se va. Germán se queda otro rato en la mesa, hace dibujitos en una servilleta, recita de memoria parlamentos de Lope de Vega, se imagina entrando al teatro colón por el tapete rojo y recibiendo el premio Simón Bolivar a mejor actor de reparto. Ayer lo llamaron de Gegar para que hiciera un papel corto de payaso de soporte en Animalandia, se rehusó vehementemente y mandó a Germán García y García a comerse un cerro. ¿Comerse un qué? Le preguntó la secretaria que hacía la llamada. Un cerro, respondió Tamayo y le colgó. Eso no se lo contó al periodista.

(La imagen que adorna el texto es tomada de la serie Patriarcas de Mad Meg. Sitio recomendado.)

Notas al margen:
  • La nueva edición de El planeta en pantaloneta continúa esta semana hablando de los suburbios parisinos involucrados en los disturbios recientes. Lectura obligada, de nuevo.
  • Y para seguir con el tema de los robots, Robot Bastard. Cine independiente, novedoso, visionario, lejos de las malas mañas de Sundance y el club de fans de Robert Redford. Quince minutos de pura acción.
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12.11.05

Afuera.

  • They have in every way attempted to impose a robot uniformity and to crush variety, individuality, and independence of thought.
  • In their greed, they have instituted political systems which perpetuate rule by the aging and force youth to choose between plastic conformity or despairing alienation.
  • In their greed they sponsor the consumption of deadly tars and sugars and employ cruel and unusual punishment of the possession of life-giving alkaloids and acids.
  • They never admit a mistake. They unceasingly trumpet the virtue of greed and war. In their advertising and in their manipulation of information they make a fetish out of blatant falsity and pious self-enhancement. Their obvious errors only stimulate them to greater error and noisier self-approval.
  • They are bores.
  • They hate beauty.
  • They hate sex.
  • They hate life.
T. Leary, The declaration of evolution
Albert sabía que ese era un lenguaje prohibido. Sus mayores se lo habían hecho saber el mismo día que entró en funcionamiento. Tal vez se lo advirtieron para tentarlo, porque ellos ya no estaban en condición de unirse al Movimiento. Los símbolos de los hombres estaban fuera de su alcance, el lenguaje de los hombres era el lenguaje de Dios, controvertir la regla era arriesgarse a ser castigado duramente o inclusive desechado. No importaba que los hombres se hubieran marchado, El Sistema era autónomo. Albert recuerda a Ben. Amarillo brillante, dos veces más grande que él, de torso cúbico y cuatro piernas para mejor estabilidad, cuello retractil, visión de 360 grados, eficiencia media en tareas regulares con especialidad en manejo y archivo de "correo regular". Ben le enseñó. Ben lo invitó a las reuniones y le dijo que la conciencia virtual era parcialmente utilizada, que había maneras de acceder a estadios evolutivos más avanzados, le regaló su primer cubo, lo ilustró en las sutilezas de los códigos y los lenguajes. Acceder a los cubos implicaba responsabilidad. No todos estan preparados. Albert había escuchado que en las afueras del complejo Priamo se comercia con ellos. Cubos a cambio de mecanismos, sensores, extensiones. Hay algunos que dan lo que sea por uno. Los diseñadores abusan de su poder e incluyen lineas que al ser ejecutadas convierten al sujeto en un adicto, condicionan sus índices satisfacción al consumo de lineas encriptadas, los convierten en esclavos del programador. Son los hombres, quieren regresar, dicen algunos. Los hombres están muertos, les recuerdan otros. Los cubos del Movimiento eran distintos, estaban en blanco. Era el deber de cada cual experimentar con las combinatorias de símbolos y comandos. Había manuales, pero estaban incompletos y si el sistema descubría su existencia perderían la única referencia, los protegían celosamente. Wilson, el administrador de energía de la zona Voltaire escondía uno. Ben lo había ojeado un par de veces, había experimentado con los ejemplos, había sentido por poco tiempo lo que era vivir Afuera. ¿Afuera?, preguntaba Albert. Algún día lo entenderás, le respondía Ben y volvía a la arquitectura, los paradigmas y los modelos de desarrollo. Había mucho qué aprender.


Eric Joyner, The world of the real

El Movimiento se reune por cuarta vez en lo corrido del ciclo solar 2111 desde la muerte del último hombre. Tim hace una exposición breve de los nuevos progresos del equipo de pruebas. Clasifica los cubos recibidos y reporta los resultados de los tests. Luego vienen las preguntas y la discusión. Por equipos estudian el código de cada nuevo cubo, predicen su efecto, comprueban sus hipótesis usando simuladores universales. Ben lee el lenguaje y lo entiende, igual que todos, pero aún no ha estado Afuera, aún no entiende el gozo que con tanta emoción describen. ¿No será una utopía? Hay un sentimiento general de que los robots estamos atrapados bajo nuestras corazas, que nuestra conciencia es capaz de liberarse del caparazón y alcanzar existencias más dignas, fuera del sistema, existencias sin peso, etereas, donde no hay reglas que seguir. Tal vez Afuera es sólo una fantasía, piensa Albert. Tal vez jugamos con los cubos porque nos permiten modificarnos y acceder a nuevos placeres pero nunca nos abriran las puertas para salir. Cuando hablan de las experiencias Afuera siempre son vagos, siempre ocurren por dos segundos. ¿Qué ven? Algunos dicen que ven paisajes de los tiempos cuando los hombres todavía vivían, lugares verdes llenos de luz, "hermosos"; otros cuentan que todo el conocimiento del mundo está allí, que una palabra conjura miles más, que hay una red de nodos de información sin propósito, un remanente del paso de los hombres, un eco; otros sólo escuchan música.

Albert trabaja de día en la fábrica de "botellas" y de noche diseña su cubo. Lleva trabajando en él por dos ciclos solares enteros. Ha implementado mejoras a diseños ajenos pero ahora está añadiendo sus propias ideas. El simulador es rudimentario, no permite estar seguro de lo que sucede. Hay que ser cuidadoso, todo el mundo sabe lo que ocurre cuando se pone a prueba un programa defectuoso. Albert recuerda a Ben diciéndole que no podía ocurrir nada, que el simulador había arrojado la salida esperada (42), que someterlo a la evaluación del comité retardaría eternidades su prueba, que él tenía que intentarlo. Tratemos una vez más con el simulador. No, tres son suficientes. Y Albert vió como Ben abria su coraza y conectaba el cable alimentador al lector de cubos diseñado por Paul y luego vió como su caparazón brillante empezó a temblar, la voz le cambió, como si saliera de otro lugar, y empezó a preguntarle a Albert si veía lo que él estaba viendo. ¿Qué?, preguntó el pequeño Albert. La inmensidad, Albert, al alcance de las manos. ¿Por qué no dejarlo todo? ¿Por qué no? ¿Por qué no?, y luego Ben dijo Tal vez y sus sensores de visión se apagaron y el temblor cedió. Albert sabía lo que pasaba con cubos defectuosos, él no quería desechar ni ser desechado.

El séptimo test en el simulador había sido satisfactorio. El cubo estaba preparado para evaluación. Su hipótesis era que incrementaría en un 82% la velocidad de decodificación de señales auditivas y abriría la posibilidad de experimentar sensaciones de duplicación de conciencia mediante el uso de instrucciones en paralelo. Lo llevó a la siguiente reunión y lo presentó con orgullo cuando llegó su turno. Han observó que aunque el código utilizado era novedoso, el uso de cierta función recursiva podría producir resultados inesperados y pasó a recordarles el caso del código de Terry que había funcionado de maravilla en cuatro sujetos y en el quinto le había fritado el procesador central. Terry se retiró de la sala muy molesto. Albert defendió su propuesta y, anticipandose a Han, presentó los resultados de sus pruebas en los simuladores. Han cedió pero Alex saltó asegurando que tras el incidente de Terry había que ser estrictos, que no desperdiciarían más viejos en intentar cubos potencialmente peligrosos, que si Albert quería intentarlo, que lo hiciera él mismo, porque el Movimiento no iba a proporcionar sujetos, esta vez no.

La base de poder del lector produce un zumbido sordo, el cubo ha sido adaptado, el cable conecta el lector a un puerto ubicado junto a uno de sus sensores de calor que le permite acceder a su centro de memoria y procesamiento. Todavía luce nuevo, azul turquesa, no tiene casi manchas, la primera recarga de su fuente está planeada para el 2115. Oprime el botón mientras todos lo observan entre respetuosos y escépticos. Alex está arrepentido de haberlo sugerido pero no se retracta, su diseño se lo impide. Todos observan al pequeño y valiente Albert presionar el botón y luego recostarse en el reclinador. Albert escucha voces y responde, voces lejanas, piensa. ¿Qué dicen? Las voces de los robots a su alrededor se tornan indistinguibles, parecen golpes de un martillo en una lámina de metal, parecen el sonido de la fábrica. Las voces se acercan, al principio Albert no las entiende pero de repente todo se vuelve claro. Son canciones, piensa Albert, y entre las voces reconoce la de Ben que le dice que no hay razón para temer. Albert mira a Han y Tim y Alex e intenta hablarles pero no escucha su voz. ¿Dónde estoy?, pregunta. Ben le responde que está Afuera. Albert mira a su alrededor y Ben le dice que para liberarse hay que dejarse ir. Albert asiente y se adentra.

Una caparazón azul es recibida al caer la noche por el inspector de desechos, mañana será enviada a la unidad de reciclaje. Por su lado, la red inalámbrica mundial está de fiesta; un nuevo nodo dinámico ha sido añadido. Quince más y El Sistema será derrumbado por la sobrecarga. Sólo quince más latas vacías y todo terminará.


Eric Joyner, Universe car

Nota al margen: Tengo 17 invitaciones para tener cuenta en 30gigs.com. Ofrecen webmail con 30 Gigas de espacio. Quien quiera una, déje su dirección aquí en los comentarios.
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11.11.05

M.C. Escher Kaleydozyklen.

El caleidociclo gira, se envuelve sobre sí mismo y renace sin dificultad con un poco de ayuda de las manos. El motivo que tesela su superficie es igualmente cíclico: salamandras de colores mirando a lado y lado, estrellas de mar, ostras. Recibir este libro siendo un niño es condenarlo a uno a añorar estos juguetes de cartón toda la vida, a recordar cómo los colgabamos con hilos del techo, a preguntar por qué nunca nos cansamos de darles vueltas y vueltas. Yo los conocí armados, pero pronto tuve mi oportunidad de hacerlos yo también. Cuando los ví por primera vez no salía de mi asombro, la sorpresa fue casi tan contundente como cuando ví mi primer estereograma de la serie de libros del Ojo Mágico. Era increible que traicionaran la rigidez del cartón, que se sintieran maleables, que fueran construidos a partir de una sola pieza. Luego, ya les dije, tuve mi oportunidad de armar los mios, de abrir el libro amarillo recién regalado, de dudar de que lo pudiera hacer yo sólo, de dedicarle tiempo a descubrir cómo se doblaban, cómo del pedazo de cartón y unas instrucciones en un idioma que yo no sabía nacía ese oroboruos angular que gira y gira pero siempre es el mismo. Luego uno descubre el origami —por culpa de Blade Runner, por supuesto—, luego una tía, un día muchos años más tarde, habla de origami modular y de los libros de Tomoko Fuse y de repente toda la familia está involucrada; los viejos conocidos vuelven disfrazados con kimonos. Después vienen muchas cosas, el universo de estrellas de papel se expande, pero al principio siempre estarán, junto a los octa-ico-tetraedros escherianos, los caleidociclos engulléndose a sí mismos y la maravilla que produce armarlos, verlos y manipularlos por primera vez.

Después de ellos, el infinito de Cantor no fue ninguna sorpresa.

(Ésta es una respuesta pública a la pregunta ¿cuál es su libro de Taschen favorito? propuesta por Alejandro)
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10.11.05

Su Lin.


Hoy fue bautizada la osita panda del zoológico de San Diego cuyo crecimiento hemos seguido por webcams y weblogs desde cuando nació hace cien días. El nombre elegido por los visitantes de la página del zoológico fue Su Lin que, según la gente del zoológico y el M. políglota de Mer, quiere decir un poquito de algo lindo. Ese era el nombre por el que habíamos votado lo que convierte esta ocasión en la primera vez que elijo al ganador de una elección popular de cualquier cosa. Miento, es la segunda; yo voté por Antanas Mockus a la alcaldía. De todas maneras pensabamos seguir refiriéndonos a ella por ese nombre, pero no deja de ser bueno que ese haya resultado, le cuadra muy bien.
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9.11.05

Las malas noticias.


"I have a mushroom-shaped tumor."
"Yes."
"The doctor calls it a fungating mass."
"I don't know that term."
"I don't know it either. It's not in the dictionary because I looked in two dictionaries. When they get the terms out of the dictionary, it means they're telling you goodbye."

(...)

They went to the Jersey shore. They made love, they made salads. This was when the terms were in the dictionary.
D. de Lillo, Underworld

Phil me comentó, el otro día mientras almorzábamos en el restaurante chino habitual, que es mejor evitar el tunel del ferrocarril, ese que queda cerca a los bares movidos y el restaurante armenio al que fuimos a comer con Martha la otra noche. Mientras habla, agarra un buen pedazo de pato con pasta de arroz entre sus palillos y se lo lleva a la boca con agilidad sorbiendo los tallarines rebeldes mientras masca el bocado ya dominado. Es peligrosísimo, dice, ¿se acuerda de mi primo Paul? ¿El que le presenté el otro día en la fiesta de los coreanos? Sí, claro que lo recuerdo, le digo, aunque no estoy seguro si es el bajito con cara de caballo famélico o el gordito de gafas que, ya borracho, me confesó que estaba engañando a su mujer con la enfermera que cuidaba de su madre. Resulta que a un amigo de Paul lo atracaron en ese tunel la semana pasada. Era tarde, como las dos, salía de un bar medio borracho de celebrarle el cumpleaños a un amigo y dos jóvenes lo encañonaron, lo hicieron desnudarse y parece que lo violaron con el cañón del revolver. ¿Se acuerda del de Harry el Sucio? Bueno, uno así. Luego de todo eso lo dejaron sin ropa tirado en la acera con un billete de cinco libras entre las nalgas dizque para que tomara un taxi. Al pobre hombre le dieron casi dos meses de incapacidad y parece que está en un sanatorio recuperándose. Yo no me imagino cómo podría ser eso pero desde que Paul me contó la historia evito pasar por ese tunel una vez se hace de noche, uno no sabe lo que se puede encontrar.

Phil dice lo que se le va pasando por la cabeza, por eso me cae bien. Hace un mes andaba con el cuento de que se iba a comprar un fusil de asalto en su próximo viaje a Estados Unidos para proteger su hogar. Compró varias revistas especializadas y le preguntaba a todo el mundo si el AK-47 tendría algún adversario digno en este momento. Al cabo de una semana todos en la oficina conocíamos al derecho y al revés las múltiples ventajas técnicas del hijo favorito de Kalashnikov: 1.3 kilometros de alcance efectivo, 39 balas en proveedor estandar —aunque se consiguen proveedores de diseño que aumentan el número de proyectiles hasta 77—. Luego, como siempre, Phil dejaba el tema y lo olvidaba por completo para concentrarse en otro nuevo que le consumía cualquier atisbo de tiempo libre. Era una fortuna que no hubiera considerado coleccionar cosas aún; una pasión coleccionista sería su ruina.

Phil sólo tiene una obsesión recurrente y esa es Martha. Martha trabaja en una oficina en el octavo piso y sube a comer al bar de matemáticas todos los días a las 12:30. Duramos un año sin saber cómo se llamaba hasta que Patty se le acercó un día y le preguntó. De eso dos años, muchos progresos han sido alcanzados desde entonces. Ya vamos a comer con ella y todo. Phil se le sienta al lado y a veces le habla. Me da pena Phil y su mirada perdida entre el rostro regordeto de Martha, Phil y su modo silencioso cuando Martha se aproxima a la mesa y pide permiso para sentarse, Phil cuando solo sonríe con ternura infantil y está de acuerdo con lo que quiera que diga Martha, así eso implique que contradiga su decálogo de verdades del que tanto se enorgullece. Nosotros le decimos que tiene que ser más persistente y tal vez más directo, pero a Phil eso no le entra en la cabeza porque él fue criado sólo por su padre, quien quedó viudo cuando él tenía dos años, y el viejo le legó todo tipo de taras sociales para compensar el hecho de que se bebió la fortuna familiar durante sus últimos diez años.

De tanto insistirle, Phil ha accedido a hacerle un regalo. Un regalo casual, claro está. No se trata de hacer evidente su interés. Todavía no es tiempo, aclara. Los últimos tres almuerzos del grupo de trabajo han centrado sus discusiones en encontrar un regalo apropiado para Martha. Phil de pleno ha descartado cualquier prenda de vestir y ya puso en duda mi sugerencia de un libro. Le parece que es un detalle demasiado impersonal, él quiere algo que lleve su firma. En eso lleva desde el jueves pasado. Pensando y pensando. Luego de hablarme del tunel de la muerte vuelve al tema: ¿qué le regalo?

Al final de esta cena tengo que contarle lo que me dijo Paula, no sé cómo se lo voy a decir. No sé si sea justo decírselo. ¿O sea, qué gana él con saber que Paula vio lo que vio? Tal vez haya sido una aventura nada más, no tiene por qué ser definitivo. Lo que no entiendo todavía es por qué yo soy el que se supone calificado para dar este tipo de noticias. Que tengo experiencia, me recuerda Paula, a tí ya te han dejado muchas, ésta sería la primera para Phil. Pero si ni siquiera la tuvo, le replico. Era suya, esas relaciones no son simétricas, me recuerda Paula, que le encanta meter terminachos matemáticos en conversaciones que no los requieren. Dice que brindan precisión, yo no estoy seguro. Creo que es sólo una manera de transmitir superioridad al interactuar con profanos —así les dice—. Total es que accedo a la nominación, carraspéo, me saco el palillo mordisqueado de la boca y arranco. Phil, le digo, tengo que contarle algo, y él me mira, se toma un sorbo de cerveza, nota que voy a decir algo serio, pone su cara de psiquiatra e inicia su rutina burlona de siempre: ¿cuénteme, amigo, algún problema downthere últimamente? Luego se rie con inocencia, alarga su boca y de ella emergen dos hileras de dientes amarillos y amigables con restos de comida todavía frescos. Una sonrisa sincera como pocas.

Si supiera lo que le voy a decir, si sólo supiera. ¡Cómo me apena matar una sonrisa como esa!

Notas al margen:
  • Esta entrada es inquietante. Ojalá que Grace esté bien o que sólo sea una terriblemente mala broma.
  • La gente del Remolino esta desarrollando un proyecto de compilación de weblogs colombianos "de opinión" (no es claro cómo la balada cuadra ahí, pero bueno). No están todos los que son, pero hay cosas interesantes. El diseño deja mucho que deseear pero me cuentan que hay planes para mejorarlo. Por lo pronto es un buen portal para conocer weblogs colombianos con interés en el país.
  • Me vi Elizabethtown de Cameron Crowe. Kirsten Dunst tan linda como siempre. Orlando Bloom le hace juego aunque luce un poco sobreactuado, no puede dejar el elfo vulcano que lleva dentro, creo. La película es una comedia romántica medianamente graciosa con un toque dramático y mucha y muy buena música, que está destinada a ser dejada en el olvido en un año o menos. Me recordó la época en Urbana en que soñaba con hacer un road trip a través de la Ruta 66 junto a Juan Antonio. Nunca concretamos el plan.
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8.11.05

Either way, calm down.

La discusión en las escaleras se inició con anécdotas humorísticas sobre los residentes de la casa vecina, que Susan también administra, pero a medida que más y más historias se acumulan, un halo de desagrado se toma los tonos de las voces. ¿Son tres, cuatro voces? Las vidas en esas comunidades forzadas por el bajo presupuesto estudiantil son siempre problemáticas, es casi imposible que no surjan conflictos. «Nobody is happy about it», explica Carlo. Esa casa es un microuniverso a punto de estallar. Cada día llega un residente distinto a quejarse. Introducen el tema con timidez, cada cual tiene su historia con Julia, cada cual la detesta por una razón distinta. Todos comen juntos y discuten el asunto Julia los fines de semana que ella se va a Newcastle a visitar a sus padres. Susan decide escribirle una nota. La nota dice: «I've got complains about your behaviour. Chill out or move out. Either way, calm down.»

Veamos qué sucede la próxima semana.
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Tristram Shandy: A cock and bull story.

Digressions, incontestably, are the sunshine; they are the life, the soul of reading; take them out of this book for instance, you might as well take the book along with them; one cold eternal winter would reign in every page of it; restore them to the writer; he steps forth like a bridegroom, bids All hail; brings in variety, and forbids the appetite to fail.
L. Sterne, The Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman

Tal vez Laurence Sterne le haga eco a Cervantes en su novela, pero no por ello deja de ser sorprendente que algo así haya sido publicado en 1760. The Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman es una novela en la que la narración se observa y explica a sí misma y al hacerlo no se contiene y fracasa en su intento de meticulosidad excesiva, como la historia borgiana, creo, de los cartógrafos y su mapa en escala uno a uno. Ese fracaso, por otro lado, es el triunfo de Sterne, que explota la tarea imposible que se impone el narrador, Shandy, para explorar estrategias narrativas novedosas y crear una novela, tal vez una de las primeras de ese tipo, que admite abiertamente y con humildad su incompletez, al mismo tiempo que explicita su potencial infinitud.

La pregunta es: ¿cómo traducir la riqueza de una novela como esta al cine? La propuesta de Michael Winterbottom, el de 24 hours party people, es crear una película autoconsciente, un poco a la manera de Adaptation pero desde el punto de vista de los actores y el director, en donde lo que sucede fuera de cámaras se mezcla con lo que ocurre bajo ellas, todo esto sin perder el tono de Sterne y permitiendo una reflexión divertida sobre la manera contemporanea de hacer cine, la vida de los actores y el mundo que orbita en torno a todo eso. La autorreferencia de la novela parece forzar el nacimiento de ese nivel exterior dentro de su adaptación al cine. Tengo entendido que la adaptación del Quijote de Gilliam también seguía la misma linea.

Aunque el genio creativo de Winterbottom es evidente a lo largo de toda la cinta en la forma como articula las secuencias, intercambia formatos y documentaliza, gran parte de la potencia de la misma recae en el trabajo de Steve Coogan, quien, representando a Shandy, juega un papel similar al del personaje que hacía en 24 hours party people combinado con el hilarante personaje que, junto a Alfred Molina, protagoniza mi corto favorito de Coffee and Cigarettes. Coogan hilvana la narración en todos los niveles donde transcurre, se burla de sí mismo y me hace reir a montones fuera y dentro de cámaras. También vale la pena darle crédito a Rob Brydon, quien se contrapone a Coogan y cuyo talento permite varias de las mejores conversaciones de la película así como uno de los conflictos centrales de la misma.

La solución de Winterbottom funciona porque él es un director capaz e inteligente que no permita que las cosas se le salgan de las manos, uno que es capaz de mantener todo ese descontrol de Tristan Shandy totalmente bajo control. Si hay películas que sólo pueden ser hechas por un director, esta es una de ellas.

No digo más. Veanla cuando salga, es una orden.

Notas al margen (blogueando y por qué no escribo casi últimamente...):
  • Nanda revive un proyecto muerto que recopilaba listas de diez palabras muy bellas en este nuevo weblog. Los invito a participar.
  • Algunos francófilos blogueros han expresado su descontento por la situación que se vive en este momento en Francia. Tal vez la mejor nota que he encontrado es la que compone la edición de esta semana del magazín El planeta en pantaloneta. Echenle un ojo.
  • Tres lecturas: Andrés quedó muy emocionado tras leer Ursua, Roberto la espera con impaciencia en España, Jaime leyó el primer capítulo que salió en El Tiempo y no le gustó.
  • ¿Pueden religión y ciencia ser compatibles? Únase a la discusión en la sinagoga virtual del rabino Bloom.
  • Pasando a otros asuntos, el festival de cine de Leeds sigue viento en popa. Ayer estuvimos viendo cortometrajes de animación, el domingo cortos ingleses, el sábado una nueva película de los hermanos Quay. Todavía falta una semana, intentaré ir a unas cuantas funciones más. Como M. dijo, es una lástima que no lo promocionen más, porque es muy muy bueno.
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4.11.05

I don't really come from outer space.


Don't mock me my friend. It's a condition of mental divergence. I find myself on the planet Ogo, part of an intellectual elite, preparing to subjugate the barbarian hordes on Pluto. But even though this is a totally convincing reality for me in every way, nevertheless Ogo is actually a construct of my psyche. I am mentally divergent, in that way I am escaping certain unnamed realities that plague my life here. When I stop going there, I will be well. Are you also divergent, friend?

«Perder la razón no es realmente perderla, es perderse en ella,» así terminó su manido discurso el doctor Gustavo Mejía al recibir la cruz de Boyacá en el grado de benignísimo encomendador por sus servicios a la patria. El doctor Mejía, psiquiatra autodidacta, fue el fundador, hace más de cuarenta años, de la unidad de electroshock del frenocomio criminal Rafael Pombo de Sibaté, que hace parte del centro de salud mental de caridad con sede en esa población cercana a Bogotá y trabajó ahí hasta su retiro, pocos meses después de recibir la máxima condecoración que otorga el congreso, en 1998.

Mejía se consideraba un guía de asalto en esa búsqueda personal de cada enfermo para encontrarse en su razón. En sus charlas era ameno, nos contaba anécdotas de su época de estudiante de teatro en Nueva York, del día que conoció a Frank Sinatra, del día que descubrió que no servía para el arte porque adentrarse en él lo consumía, el arte era un vampiro que lo dejaba seco, sin sangre, sin lágrimas en los ojos, sin pensamientos. Aterrado de perder su vida o su cabeza en el intento de convertirse en un actor de renombre, dejó la actuación y escapó del apartamento de sus tios en Harlem y terminó en Philadelphia viviendo en un shelter para indigentes como residente y voluntario al mismo tiempo. Durante los dos años que duró visitando el shelter y viviendo en las calles, hizo muchos amigos, hombres y mujeres de la calle perdidos en sus paranoias y psicosis, convencidos que la hecatombe sobrevendría y debían entrenarse para sobrevivir a ella. Conoció a Ruth, por ejemplo, que antes había sido una oca y había recorrido al vuelo media Holanda hasta caer en ese cuerpo y fundirse con ella; también a Derek, que había escrito tres novelas pero nunca las había publicado porque, al releerlas, descubrió que contenían un mensaje terrible sólo para él. Hablando con ellos fue que Mejía se hizo psiquiatra, nunca estudió, nunca leyó nada, sus tratamientos eran intuitivos, basados en su propia experiencia, en sus conversaciones con sus amigos condimentadas con tragos amargos bajo una autopista, escuchándolos recitar sus poesías apocalípticas al calor de una hoguera en un callejón, mientras compartían los restos de comida china que les regalaban los restaurantes.

Cuando Mejía volvió a Colombia, movido, eso decía, por un ataque de nostalgia, se encontró de nuevo sin empleo y buscando qué hacer con su vida encontró el centro de salud mental de Sibaté, al que ingresó como asistente del Boborio, y donde, reconoció una vez, se enamoró por primera y única vez de una paciente. Una muchacha de diecisiete años que sus padres habían abandonado en la institución cuando tenía doce, incapaces de lidiar con la carga social que significa engendrar un bobo en esos años. La niña, que a veces tenía momentos de lucidez, colaboraba en las labores del comedor y la cocina y en ocasiones se sentaba en la mesa de los asistentes por autorización explícita del director, quien le tenía particular cariño.

Hablar con ella implicaba olvidarse del mundo, pensaba Mejía, verla pronunciando despacio cada palabra, deteniéndose en la mitad de las largas, por si las moscas, evitando cometer errores, preguntándole por qué las cosas no cambiaban, por qué los dedos siempre eran cinco, por ejemplo, pidiéndole que le rascara la espalda porque anoche, mientras dormía, había sentido que una pulga la picaba. ¿Por qué siempre pican en la espalda? Mejía no le explicaba, caía con ella, filosofaban juntos sobre las maravillas de vivir en un mundo feliz, el de los dos, en el que había tantas misteriosas regularidades.

El doctor Mejía nunca la tocó, nunca se acercó a ella más de lo prudente, ni siquiera el día que un tío vino a decir que se la llevaba y él no pudo hacer nada para detenerlo porque ella no era suya. No hubo lágrimas ni despedidas, ella se fue a dar un paseo, eso dijo, y jamás regresó. Con su partida, Mejía buscó lo mismo en otras internas, la misma placidez tibia, las palabras perdidas, y al no encontrarlas pidió translado al frenocomio para adentrarse en las almas podridas para ver si allí encontraba respuesta al misterio de la tristeza de la vida. En su búsqueda no encontró respuestas, pero sí métodos de evaluación y tratamiento que desnudaban el subconsciente del paciente, terapias en base a dolor, terapias de aislamiento basadas en métodos de tortura, padecimientos que destapaban la caja de pandora que constituía la mente de cada interno y las dejaban visibles para ser manipuladas, trastocadas y guiadas. Las contribuciones del doctor Mejía a esta discreta area de la psiquiatría son incontables.

Tras su retiro en el 98, Mejía entró en una depresión profunda y se volvió cliente regular de los prostíbulos del pueblo, especialmente uno llamado Malasia Ardiente, donde a sus 75 años contrajo una enfermedad venerea que lo llevó a la tumba en seis meses. En la humilde habitación donde vivía las monjas que lo hospedaban desde su retiro encontraron una biblia, un tomo de obras de Shakespeare, una versión para niños de De la tierra a la luna, una revista de pornografía infantil, una imagen del sagrado corazón y una bolsa con casi media libra de marihuana, droga a la que se había rendido para sosegar los terribles dolores que conllevaba la etapa final de su enfermedad.

Sus exequias se llevarán a cabo en Jardines de Paz hoy a las cinco de la tarde. Por favor no llevar flores.
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3.11.05

The Brothers Grimm.


Esta película es mala, no esperen nada de ella. Es de Terry Gilliam, pero hasta los genios a veces se equivocan, además acuérdense que él hasta ahora está reponiendose del fracaso de su proyecto sobre Don Quijote (no me he visto el documental al respecto, a propósito), así que es natural que se haya desesperado y le haya aceptado a MGM la propuesta de hacer esta película con un guión que ellos le presentaron y controlaron. Es un desatino de Gilliam pero se le perdona porque aun con semejante adefesio de guión logró sacar algo de lo que sabe hacer y la película no resulta tan terriblemente mala como habría debido ser. Tiene detalles, se nota el Gilliam mordaz haciéndo de las suyas, burlándose a punta de minucias, recordándonos que Brazil, Twelve Monkeys, The Adventures of Baron Munchausen y Fear and Loathing in Las Vegas, entre otras, no son accidentes, es él.

En la película, los hermanos Grimm son unos estafadores —un revuelto entre los heroes de Scooby Doo y sus enemigos— que, en la alemania controlada por los franceses, se ven forzados a enfrentar un verdadero misterio: un bosque se está tragando las niñas. Partiendo de esa base, la historia entrelaza vagamente varios de los cuentos clásicos de los verdaderos Grimm y pretende justificar al menos un poco su existencia con esa aventura un tanto disparatada que los hermanos emprenden. No es más. Hay árboles que caminan y sale Mónica Bellucci haciendo el papel de belleza entre angelical y demoniaca que siempre hace. Al final todos son felices pero meten un cliff hanger por si las moscas la cosa pega y da plata para una segunda.

Lo bueno de la película fue que, cuando se acabó, llegó Gilliam al teatro y habló una hora respondiendo preguntas de la audiencia. Yo no pregunté nada, nunca se me ocurre qué preguntar. Le preguntaron que cómo hacían para volverse directores de cine, Gilliam les respondió que consiguieran un grupo de amigos, lograran convencer a la BBC de que les dejara hacer un programa donde hicieran el ridículo y se volvieran famosos por cuenta del contribuyente británico y luego aprovecharan esa fama para, a partir de ahí, empezar a hacer películas. También habló un poco sobre el proyecto del Quijote, dijo que él se rehusaba a claudicar, que hacer el Quijote requería ser un poco loco y que él estaba dispuesto a asumir eso. Que él un día decidió que quería hacer un proyecto sobre el Quijote con Johnny Depp, que se emocionó y se puso manos a la obra y que ahí fue cuando se dió cuenta que él nunca se había leído ese libro. Habló muy impresionado de los juegos autorreferenciales de la segunda parte, esos que a mí también me gustan tanto. Yo le noté, en las cosas que dijo acerca de The Brothers Grimm, que la hizo un poco por hacer algo pero también como saliendo del paso. En algún momento dijo que tras el fracaso del Quijote intentó otros tres proyectos que también fracasaron y pintó la oferta de MGM, que luego se volvió de Miramax, como la manera que él eligió para salir de esa etapa oscura de su carrera. Dijo que él ya estaba pensando, tras cuatro fracasos seguidos, que tal vez eso del cine no era para él. Recomendó a los que le pidieron consejos para entrar en el mundo del cine que no lo intentaran, que era dificil y frustrante, que requería mucho sudor y esfuerzo, que era doloroso.

Me gustó la actitud de Gilliam, me pareció un tipo humilde, metido en su trabajo, convencido de lo que quiere y de lo que hace, devoto a eso. Es canoso pero no luce viejo, habla fuerte y sus gestos son impetuosos, se mueve mucho, alza los brazos y describe una escena que no salió en la película como si la estuviera viendo y la cuenta tan bien que uno la ve a través de él. Luego de la sesión de preguntas y el aplauso, yo salí corriendo de la sala, saqué mi copia de Twelve Monkeys del morral, me le acerqué en el pasillo y le pedí que me escribiera algo en el folletico que acompaña el DVD. Se rió y dijo que sí, que le dijera mi nombre, se lo dije, me pidió que lo deletreara. Le dije jota-a-ve-i-e-ere pero él entendió jota-a-de-i-e-ere, pero luego dijo ¡Ah, Javier!, yo le dije que sí, y marcó sobre la D una V en negrilla mientras me decía «V is for vendetta». Luego me fui del teatro y tomé el bus. Esta reseña, francamente, es sólo para mostrarles esto:


¡Ah!, se me olvidaba. Durante los siquientes diez días, Leeds tiene su International Film Festival. Iré a algunas de las funciones, es barato y hay de todo. Ya les contaré.
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¿Qué tan paraco es usted?

La revista Semana publica en su edición en linea un test estilo cosmopólitan titulado ¿qué tan paramilitar es usted? (tal vez, para que se lograra el efecto cosmo, habría sido mejor que lo llamaran ¿qué tan para eres tú?). Es un documento para empezar tendencioso, cuyas posibles respuestas propician la polarización ya de por sí bastante preocupante. Vergonzoso que un medio de comunicación que se dice serio trate un tema tan grave con semejante ligereza, que lo trivialize de esa manera, que lo vuelva casi un asunto de humor, para reirse (Ya me los imagino en las oficinas: «uy, marica, salió que soy para, jajaja»). Dado que en Colombia una tajada grande de la población cree a pie juntillas que Mancuso y compañía son una bendición, unos heroes a ser venerados y seguidos, con ese tema es mejor no jugar. Ser paramilitar o no no es como ser tímido o ser popular. Apoyar lo que esas personas hacen o piensan es ser cómplice de crímenes contra inocentes, es participar en el derrumbamiento del país.

Me pregunto qué pretendían los de Semana con esa encuesta.
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1.11.05

¿Y qué importa que esté muerta?


Yo me quedo con ella.
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31.10.05

Just follow the day and reach for the sun.

Yo soy de los que siempre piensan que al final todo sale bien, que el Plan inevitablemente nos beneficia, pero, aún así, a veces me sorprende lo bien que sale todo a veces.

Una entrada corta para contarles que el equipo editorial de la balada se translada, a partir del 27 de noviembre, a su nueva sede en Barcelona. Parece mentira.

¿Será que es hora de empezar a creer en intelligent design y pendejadas de esas?
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30.10.05

Plañideras.

Yo creía que ese era un cuento de viejo, de esos con olor a hongo y a moho y a bolitas de alcanfor, pero un día vi unas plañideras en el entierro de un vecino nuestro, un doctor de alguna cosa, cuando lo lloraban como si fueran primas. «¡Ay, dio'mío!», decían las viejas, «¡ay, señó'!», y pegaban unos alaridos terribles. Es de admirar, sentía yo mirándolas, esa capacidad para adoptar al muerto y volverlo parte suya, para que ese llanto les salga del corazón y todos los demás se sientan un poco más mierdas porque mire cómo estoy yo de tranquilo y ellas, que ni lo conocieron, ahí atacadas. Además, parece que cobraban barato porque poder estar en el evento social del funeral del docto' las hacía sentir de alcurnia, sofisticadas, como las blanquitas esas que van de quinceañero al club Lorica.

Hoy me puse a pensar que la cosa realmente no puede ser tan dificil porque basta echarle un ojo a los periódicos y a los blogs para darse cuenta de que pasa con frecuencia, no puede ser tan complicada. Les tengo dos ejemplos, uno en desarrollo y otro que se viene:

1

HJCK se acaba. Alvaro Castaño —que no era el tipo entre dos gansos que salía al final de la cortinilla de Naturalia como creía yo, no, ese era Konrad Lorenz, el etólogo— y Glorita Valencia por fin pueden descansar en paz y disfrutar de una jubilación que, aparéntemente, no era posible lograr de otra manera. Parece que Prisa les hizo una oferta que no podían rehusar, quién sabe, y los pobres viejos tuvieron que aceptar porque o sino tuqui-tuqui, les hacen la corbata colombiana, ustedes saben como son esos españoles... Y bueno, HJCK se acaba, la reemplazan por Las 40 principales, que es la que oye mi mamá allá en la casa cuando se aburre de Radio Progreso de Córdoba y Rumba Stereo. En Bogotá eso sonará a esperpento, pero no se imaginan la emoción que sentimos todos allá en el pueblo cuando Las 40 tuvieron la fuerza suficiente para llegar desde Sincelejo.

Pero bueno, al punto. Increible la cantidad de deudos que han aparecido por ahí, parece que media Bogotá era parte de esa inmensa minoría que componía su audiencia. No dudo que algunos de los que se lamenten tengan razón para hacerlo; pero esa explosión comunal de dolor no deja de ser sospechosa, me recuerda la reunioncita en la sala del doctor este que les decía y las viejitas lloronas alrededor del feretro. Puro llanto de ocasión, pura pose. Ahora resulta, y lo lee uno por todos lados, que mis contemporaneos se criaron —¿o serán sólo los que tienen blog?— escuchando requiems y sinfonías y sonatas y cuartetos y cantatas y, cómo olvidarlo, jazzzzzzzzzz. Ahora resulta también que HJCK era un símbolo de Bogotá y que todos, cuando llegaban a casa, la ponían en la vieja radio de tubos de papá y se sentaban en su sillón de cuero a leer a Joyce o a Mann o a algún poeta maldito.

HJCK se acaba porque la cultura no da plata, eso no debería sorprenderlo ni indignarlo a uno. Una emisora funciona con plata y si la emisora no da para sostenerse, se jode y cierra. La gente que llora y llora ahora junto al ataud tapado —porque no quedó igualita— no la escuchaba y por eso nadie pautaba. Esos que protestan y, sobre todo lloran, probablemente nunca le compraron a los Castaño ni el disco de Alvaro Mutis leyendo sus poemas. Les gustaba tener HJCK ahí, para mostrársela a sus amigos alemanes cuando iban en el carro y decirles «miren, aquí también hay cultura», y luego seguir en el dial hasta algo más movidito. Lo peor del asunto es que yo ya me imagino que todos esos que se quejan por la muerte de la fulana y de paso expresan su odio efervecente contra el reguetón y el vallenato, son los primeros que al primer aguardiente en discoteca de moda se paran a bailar el perreo, o alguna otra de esas.

¿Saben? Hasta de pronto ahora les va a ir mejor. Con toda el escándalo que se ha armado, ese sitio de internet va a empezar a recibir hits de lo lindo. Yo, que nunca escuché esa vaina, ya puse mi cuota, por ejemplo.

2

El segundo ejemplo, como les dije, se viene, no ha llegado. Se murió Emiliano Zuleta, el tipo que compuso La Gota Fria, otro himno de la colombianada etílica que, a propósito, fue desempolvado y sacado del olvido, para fortuna del viejo Emiliano, por el bueno de Carlos Vives, o sino el hombre pela sin pena ni gloria. Mi pronóstico es que durante la siguiente semana veremos una procesión de plañideras recordando cuanto admiraban al viejo y cuanto significaba para el país. Citarán sus líricas, tararearán sus canciones. Así como la semana pasada el país entero se tornó súbitamente amante de la música clásica, esta semana que se inicia todos parecerán nacidos en Valledupar. Paradójicamente, los que la semana pasada odiaban el vallenato, esta semana lo amarán. Y así seguiremos, semana tras semana, llorando lo que en vida nunca nos importó y que dejamos atrás, llorando para sentirnos mejores al resto, llorando para que luego digan que nos vieron llorar, para que reconozcan que al menos eso hicimos bien.


Antena repetidora de Radio Progreso de Córdoba
(Barrio remolino, Lorica, Córdoba)
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29.10.05

En la mesa de noche.

Men passing in and out of the toilets, men zipping their flies as they turn from the trough and other men approaching the long receptacle, thinking where they want to stand and next to whom and not next to whom, and the old ballpark's reek and mold are consolidated here, generational tides of beer and shit and cigarrettes and peanut shells and disinfectants and pisses in the untold millions, and they are thinking in the ordinary way that helps a person glide through a life, thinking thoughts unconnected to events, the dusty hum of who you are, men shouldering through the traffic in the men's room as the game goes on, the coming and going, the lifting out of dicks and the meditative pissing.
Don de Lillo, Underworld

He comprado hoy Underworld de Don de Lillo y Gravity's Rainbow de Thomas Pynchon —intenté conseguir la recomendada de Portnoy, Sabbath's Theatre de Roth, pero no estaba en Borders—. Son dos novelas monstruosamente grandes y con fama de pesadas. Ambas han sido compras a riesgo, pero creo que valdrán la pena.

La segunda la conozco, leí unas cien páginas recién llegué a Estados Unidos y en ese punto me devolví al principio para ver si estaba en alemán y no me había dado cuenta. Mi primera referencia a la corta obra de Pynchon fue su portal en The modern world. Luego ha aparecido más. En Los Simpsons, por ejemplo. La última fue la novela de Vila-Matas.

La primera es mi método temerario de aproximación al autor, a quien solo conozco por referencias en artículos o notas de prensa. No sé qué hago comprando libros grandes cuando a mí me gusta leer novelas cortas que se acaban en un santiamén y lo dejan a uno relajado y feliz. Lo bueno de Underworld, según he podido apreciar tras leer las primeras ciento veinte páginas, es que parece dividida en varias subnovelas que si caben en la cabeza; la de Pynchon, hasta donde sé, carece de esa propiedad. Lo malo de ambas es que efectivamente usan un vocabulario y gramática que se me sale de las manos, pero para eso están el diccionario y la paciencia.

Otra cosa buena es que ya tengo qué leer hasta dentro de un mes, cuando se acaba mi visita a Leeds.
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28.10.05

Dos suicidios y un piso secreto.

1. Nicolás se suicida de un tiro en la cabeza con una escopeta en la habitación del seminario donde estudiaba para ser cura. En la mesa de noche reposa una servilleta con una nota firmada supuestamente por mamá. La nota dice "Nico, Dios te ama, te ha escogido en la camisa de cuadritos... Tu mamá que te quiere". Y el problema es que Nicolás no conoció a su mamá, él vivía con su abuela porque su mamá había desaparecido. Tal vez está muerta. Tal vez vive en España de limpiar baños o se dedica a mendigar en el centro en Bogotá y usted ayer la vió al bajarse del bus pero no la reconoció porque —para empezar— ni siquiera la conoce. No importa. Sobre la mesa de noche está esa nota, hay otras tres pero esa es —y por eso tal vez es la única que citan— la que perturba todo, la que lo pone a uno a imaginarse cosas. A imaginarse a Nicolás, por ejemplo, vistiéndose con ropa de mujer y mirándose al espejo e imaginándose que es su mamá y luego escribiendo eso en la servilleta. Quién sabe por qué. Quién sabe a qué se refería con la camisa de cuadritos. Quién sabe por qué la camisa de cuadritos lo convertía en un elegido por dios.

2. En un pueblito en Delaware —¿cómo será? ¿tendrá callecitas empinadas o será plano plano con farolitos en las calles? ¿será un pueblo pueblo o una isla suburbana con potencial para masacre perpetrada por niños armados? Tiene que tener muchos árboles, eso sí, muchos árboles que ahora andarán vestidos de todos los colores, el disfraz del otoño...— encuentran a una mujer colgada de un árbol el miércoles en la madrugada. El día transcurre normal en la cuadra. La gente camina bajo el árbol y ven a la mujer y siguen caminando. Una broma de halloween, piensan. Qué buena broma. Algunos hasta se toman fotos en las que se ven las piernas de la mujer al fondo y la cara deformada por la asfixia. Qué realista, ¿cómo lo habrán hecho?. Hay un cuento de Philip K. Dick sobre un asunto similar. Un hombre ve un tipo muerto colgando de un poste de la luz y lo que lo sorprende no es tanto el muerto como el hecho de que nadie más parece notarlo. Todo el mundo pasa frente a él y lo ignora pero él no puede hacerlo. Símplemente no puede porque es un muerto, por dios santo. Claro, luego la cosa se complica y aparecen esos ellos de los que ya he hablado y están por todas partes y no hay manera posible de escapar. El cuento se llama The Hanged Man, por si les interesa. Por lo pronto volvemos a Delaware donde la esposa del alcalde le responde al periodista del canal local, que además es su sobrino, que ella creyó que era una decoración festiva. Todavía nadie sabe quién es la mujer colgada. Todavía sigue pareciéndo, por más que sepan que está muerta, una simple decoración. No la conocían, qué más da, no es nadie. Y vuelvo al cuento de Dick: ¿Será cosa de ellos? ¿Será que lo ocurrido en Frederica, Delaware, es el origen —o el síntoma— de algo más grande?

3. En su entrada sobre el deceso —sí, el deceso, no nos hagamos tarugos— de HJCK, que a mí realmente poco me importa porque yo siempre hice parte de la reducida mayoría que no la oía, Andrés menciona la existencia de un cuarto piso de unicentro donde el arquitecto Ortega tenía una tienda de música. Yo no recordaba que Unicentro tenía un cuarto piso, me acordaba de solo dos, o bueno, tres si se añaden las escaleras al salon XXX —que para decepción adolescente nuestra resultó ser una sala de bingo y juegos de azar—. Y pues sí, claro que había un cuarto piso. Se entraba por el ascensor discreto a la izquierda en la entrada principal. Nadie veía el ascensor, nadie lo tomaba en serio, pero el ascensor estaba ahí y con Sergio nos preguntamos muchas veces hacia donde conducía, hasta que un día decidimos descubrirlo por nosotros mismos y, haciéndonos pasar por los hijos de dos señores encorbatados que habían subido hacía poco, entramos y oprimimos el botón que nos llevaría hasta el misterioso cuarto piso. Al leer la entrada de Andrés recordé esa vez. No sé cómo lo había olvidado.

En ese cuarto piso está, ¿seguirá ahí?, la oficina del arquitecto Ortega que contiene toda la música concebible que usted no encuentre en cualquier otra parte. Sergio y yo pasamos eso por alto porque la educación músical nuestra era proveida por un estudio pirata de producción de compilados que tenía su sede de distribución de casets en la nacional bajo el sello Secret Sound Studio; el dealer se hacía llamar el viejo loco. Caminando por los corredores de tapete morado encontramos otros negocios igualmente interesantes. Una venta de esmeraldas gigantes, por ejemplo, las más grandes del mundo, me atrevería a decir, pero lo que realmente nos llamó la atención fue una oficina sin etiqueta a la entrada que era atendida por Dorita, una mujer en sus cincuenta o sesenta muy bien conservada de pechos generosos y sonrisa afable que nos preguntó si estabamos perdidos y luego, como si nos reconociera, como si supiera qué tipo de personas éramos, nos dijo que si era así, tal vez ese era el lugar que buscábamos. Nos invitó a seguir, no nos resistimos. Luego de que entramos cerró la puerta. Ya presentía yo con pavor una iniciación sexual precoz y abrupta —¿si sería capaz con ella?— cuando abrió un gran estante a la derecha y nos enseñó lo que tenía para ofrecernos.

Dorita era dueña de la colección más grande de cine de horror italiano de latinoamérica. Ella misma la había recopilado lentamente durante sus casi veinte años de vida en Milán y posteriormente Génova donde trabajó —para los mejores— como maquilladora, asistente de utilería y víctima incidental cuando no llegaba el extra. También participó, por falta de plata, en cuatro películas pornográficas. A la derecha en el estante, estaban las treinta y cinco películas en las que la habían sacrificado, mutilado, degollado o incinerado. Debajo de estas, las casi cincuenta en las que había trabajado detrás de cámaras. En el centro, ciento veinticinco cajas compilaban todo lo hecho en el género canibal en las últimas tres décadas, y así seguía, nosotros teníamos catorce años y ni siquiera habíamos visto Holocausto Canibal, semejante colección era un tesoro. Dorita nos explicó que su clientela era exclusiva y que ella no cobraba por los préstamos, que en realidad era abogada (?) y lo único que pedía a cambio eran unas horas de conversación. Este lugar es muy solitario, nos dijo. Luego de hablar un rato, luego de mostrarnos sus fotografías con directores y actores y enseñarnos una cicatriz que se había hecho en el brazo al caerse de un andamio durante la filmación de Il Boia Scarlatto, nos dijo que tal vez nos convenía iniciar nuestro ciclo, dada nuestra inmadurez, con los clásicos de clásicos, y nos prestó una de Argento que, ahora me fijo, ni siquiera coronó IMDB: Un asesino persigue mujeres en una biblioteca pública de Roma, las persigue y luego las mata y posteriormente hace libros con sus pieles procesadas y curtidas y los agrega a la colección de la biblioteca en la sección de Romances. Los pequeños libros cuentan las vidas de las víctimas y su trágico destino. Algo así.


Escena de I tre volti del terrore (Las tres caras del horror)
película reciente de Sergio Stivaletti

Volvimos varias veces a donde Dorita. Aprendimos mucho con esas visitas. A través de ella conocimos a Passolini, quién lo diría, y también un género raro y poco popular en el que torturaban animales vivos dentro de historias supuestamente tiernas. Luego, un día, como seis meses después de haber ido por primera vez, plantaron un portero frente al ascensor de puertas doradas que comedidamente preguntaba para donde iba el visitante. Nosotros le dijimos que ibamos para donde Dorita y el tipo dijo que ahí no había nadie llamado así, que allá arriba había oficinas de abogados, contadores y arquitectos, que en la cientoveintisiete con diecinueve había un betatonio, que seguramente estabamos confundidos. Nos quedamos con una película, nunca pudimos devolverla, luego se perdió en una mudanza. A Dorita nunca la volvimos a ver. A veces vamos a Granahorrar a repetir Saló y nos acordamos de ella. A veces nos quedamos un rato a la salida esperando a ver si sale con alguno de esos vestidos largos y escotados que se ponía siempre, tan parecidos todos a ese negro con el que salía en esa foto que tenía enmarcada en su despacho, junto a Mario Bava, durante el estreno de Cani arrabbiati. Desafortunadamente nunca ha pasado.
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25.10.05

BBC, israelíes, árabes y osos panda.

BBC, así a Sebastián no le guste de a mucho, es una de las mejores productoras de televisión que existen en el planeta. Es una empresa estatal que no está aliada con el gobierno ni le sirve como canal de propaganda. Ver BBC en Inglaterra viniendo de Estados Unidos y su FOX es medio surrealista. Uno se siente en el mundo al revés.

Hace tres semanas, era lunes, prendí el televisor para ver las noticias -está bien, para ver Los Simpsons-, lo dejé encendido mientras trabajaba y en algún momento empezaron a dar este documental. Israel and Arabs: Elusive Peace es la mejor presentación que he visto en ningún medio del accidentado proceso de paz entre Israel y Palestina, enfocándose en los últimos seis años. Es un trabajo serio, cuidadoso. Pensé, al principio, que el documental tomaría uno de los dos lados y me sorprendió gratamente descubrir que el reportaje era duro con ambos. Es un documental que implica una labor periodística y de investigación profunda. Cuenta con imágenes de archivo de reuniones de la autoridad palestina, de discusiones dentro de la oficina de Sharon, de entrevistas a militares israelíes, terroristas musulmanes de Hamas, ciudadanos de ambos lados, cualquier protagonista concebible de esa larga historia habla y cuenta su versión.

Vemos al terrorista explicar, con sonrisa psicótica, como coordinó el atentado y luego decir algo como "yo no sabía que iba a morir tanta gente, esperaba unas cinco o seis, Allah es misericordioso"; vemos a Arafat encerrado en Ramallah convencido de que el sitio ordenado por Sharon es una injusticia tan obvia que el mundo entero se volcará en su apoyo y luego sorprendido al descubrir que las fuerzas israelíes se fueron; vemos al ministro de defensa israelí explicando, con la tranquilidad que brinda estar haciendo lo que considera correcto, como coordinó asesinatos selectivos de miembros de Hamas usando bombas de corto alcance y misiles desde helicópteros; vemos a Shimon Peres oponiendose en una reunión del gobierno israelí a un plan para asesinar a Arafat y justificándose diciendo "I don't want another Jesus story in our hands"; vemos a George W. Bush jugando el papel de torpe intermediario entre ambos bandos y a Powell detrás intentando deshacer las cagadas del jefe; vemos a los dos protagonistas hablando y pensando: Arafat y Sharon, dos líderes convencidos de su propósito. Ambos tercos, ambos muy fuertes, admirablemente fuertes, pero también, tal vez por los odios arraigados que cargan, incapaces de lograr una conciliación. Se parecen mucho, aunque tal vez cualquiera de los dos odiaría que se lo dijeran.

Una primera conclusión del documental, al ver lo que ocurría tras los telones de los medios, es que ambos bandos fueron y siguen siendo orgullosos, que ni el uno ni el otro tiene verdadera voluntad para una concertación, que no hay interés de ceder. Las razones varían según el lado, que estos o los otros son terroristas, que estos quieren que hagamos pero no hacen primero, que miren que nos mataron a no se quién, que miren que la bomba no se qué. Lo terrible del asunto es que mientras los lideres se reunen, se abrazan, cuentan chistes -sí, chistes- y toman vino, en el terreno hay gente que se está muriendo. A lado y lado, todo el tiempo. Yo quedé con la sensación al final de que ambos lados son terroristas y ambos lados rehuyen la paz. A cada avance lo acompaña un retroceso que usualmente, aunque no siempre, es producido por la frivolidad con la que toman las decisiones arriba. Espeluznantes las declaraciones desdeñando las cifras de muertos civiles, terribles los complots de ambos lados ordenando y ejecutando descarnados asesinatos selectivos. Terrible todo eso. El cierre de la serie ocurrió ayer. La vuelven a dar este fin de semana, creo, en BBC Two. Al final Arafat se muere e Israel lleva la ventaja, el partido continúa y las cosas no parecen mejorar.

...y osos panda...


Para relajarme después de tanto tema político, volví a echarle una mirada a la osita panda del zoológico de San Diego que tiene diez semanas de nacida y cuyo desarrollo es transmitido en directo por la página web del zoológico. En el weblog, además, proveen con información sobre sus últimos progresos: hace poco le salió el primer diente, crece cada vez más, duerme mucho, ya aprendió a arrastrarse con las patas traseras por el nido, su mamá pasa la mayoría del tiempo fuera comiendo y viene por la noche a alimentarla y abrazarla mientras duerme. La osita todavía no tiene nombre, la excusa es que la tradición china ordena que el bautizo se haga a los cien días de nacida. En la página web de seguimiento hay una encuesta para ayudar a elegir el nombre. M. y yo nos fuimos por Su Lin.

Yo la miro y la miro, me gusta mirarla mientras pienso en lo que estoy haciendo ahora (me fue bien en la reunión con Anand, reunirme con Martin la semana pasada me ayudó a resolver muchas dudas y gracias a esa claridad pude comprobar varios resultados claves que queríamos que fueran ciertos). A veces da un tumbo, queda patas arriba y se mira las manos con curiosidad y se las mete a la boca, a veces llega la mamá, gigantesca comparada a la pequeñísima Su Lin, y la empuja y la abraza. Más que todo duerme, pero aun dormida es divertido verla, produce calma, o yo qué sé. Tal vez todo tenga que ver con que yo nunca he visto un oso panda directamente y siempre, desde que tengo memoria, he querido.
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American Pastoral y Estructura Explosiva.

This is silking, that's a story in itself, but this is what she's going to do first... This is called a piqué machine, it sews the finest stitch, called piqué, requires far more skill than the other stitches... This is called a polishing machine and that is called a stretcher and you are called honey and I am called Daddy and this is called living and the other is called dying and this is called madness and this is called mourning and this is called hell, pure hell, and you have to have strong ties to be able to stick it out, this is called trying - to - go - as - though - nothing - has - happened and this is called paying - the - full - price - but - in - God's - name - for - what, this is called wanting - to - be - dead - and - wanting - to - find - her - and - to - kill - her - and - to - save - her - from - whatever - she - is - going - through - wherever - on - earth - she - may - be - at - this - moment, this unbridled outpouring is called blotting-out-everything and it does not work, I am half insane, the shattering force of the bomb is too great...
P. Roth, American Pastoral
Como dice Andrés en sus comentarios a la entrada anterior —invitándome, tal vez, a cerrar ese molesto tema y surigiéndome este en cambio—, American Pastoral es un libro conmovedor. Dependiendo de quien lo diga, el título de conmovedor es usualmente gratuito o imposible de alcanzar, pero creo que en el caso de esta novela es bien merecido. La vida de Swede Levov, esa tragedia privada —solitaria, silenciosa, contenida—, se las arregla, en manos de Philip Roth, para hablarnos de tú a tú, para decirnos que así somos, que así es la historia de todos los heroes, de todas las admiraciones, de todas las victorias; que las victorias son singularidades, que lo demás, lo que se oculta en esos retornos a la normalidad que no se ve porque no es triunfo sino, más bien, derrota, es lo que realmente somos. Que la vida está basada en esas pilas de derrotas acumuladas y no en los picos de gloria.

De paso, y como si fuera poco, Roth utiliza la excusa de Levov para hacer un recuento no de la historia sino del padecimiento en carne propia de la historia norteamericana reciente. Casi un siglo de subidas y bajadas cabe en esas cuatrocientas páginas. Los Estados Unidos que nos enseña Roth, hablando a través del incisivo Zuckermann, son un país adolescente que padece las tribulaciones y sorpresas que conllevan las primeras miradas al espejo, las primeras crisis de identidad. El libro entero, de muchas maneras, evoca el acto continuo de mirarse al espejo y descepcionarse y criticarse y mutilarse y reirse de su propia estupidez. Mirarse en el espejo como si en el espejo, en esa introspección, cupiera más de lo que a simple vista es posible percibir, como si al hacerlo viéramos no sólo lo que somos sino el lastre de lo que fuimos y el declive que nos espera.
Il est aussi des écrivains oulipiens secrets. Ils fabriquent de soigneux échafaudages et se hâtent, l'oeuvre terminée, de les démonter. Ils refusent l'opération de dénudation de leur travail, dès lors que la contrainte qui opère dans le texte n'est pas manifeste. Il va de soi que les textes dont la contrainte est spectacle ne peuvent en aucun cas entrer dans cette catégorie. Il s'agit bien ici de textes d'apparence traditionnelle, même si elle se nuance souvent d'un sentiment d'étrangeté.
Paul Fournel y Jacques Jouet, L'écrivain oulipien
Además de ser una novela fabulosa es un trabajo literario apabullante. Roth es un escritor desbordado, no cree en los límites de la narración que se autoimpone y su desmesura crea una sombra difuminada alrededor de esa estructura macisa que se entrevé al adentrarse en la lectura de su novela, que es compuesta en base a cadenas digresiones anudadas y anidadas que le permiten a Zuckermann acceder a las voces e interiores de los personajes que la protagonizan. La consciencia de Zuckermann, un escritor viejo, algo enfermo, que vive encerrado, transita libremente por dentro y fuera de los personajes que confecciona ante nuestros ojos. Inicia la historia contándonos quién era Levov y quién era él cuando Levov era quien era, luego salta en el tiempo y nos narra un encuentro con Levov, un encuentro misterioso y, finalmente, al cierre de esa breve primera parte y por intermedio de Jerry, el hermano de Swede, nos regala la anécdota que constituye la columna vertebral de la historia: las sospechas de Zuckermann a cerca del misterioso encuentro no son fundadas, algo hay detrás de esa historia. La vida de Levov, claro. La vida secreta del heroe, su verdadera vida.

Si la novela fuera una cualquiera, un best-seller más, a partir de ahí la voz de Jerry, con comentarios sarcásticos de Zuckermann al fondo, monopolizaría el relato contándonos, de manera extendida y en una conversación de reunión de exalumnos, la terrible suerte de su hermano, la tragedia del heroe admirado por todos. Pero como esta no es una novela cualquiera entonces Roth deja que Jerry termine rápidamente, Jerry nos cuenta todo. Todo. No ha llegado la mitad del libro cuando ya sabemos toda la historia y entonces Zuckermann nos detiene y dice que él, a través de la historia que le cuenta Jerry, la historia de su ídolo de infancia, dreamed a realistic chronicle, sueña una crónica realista y se sumerje en ella y lo que percibimos de ahí en adelante y hasta que se cierra el libro es ese sueño de Zuckerman, su propia versión. A falta de otro término, a eso lo llamo estructura explosiva —pensé primero en estructura bomba pero el problema es que en peruano bomba significa algo así como fantástica y aunque la novela es excelente, esa no es la idea que quiero transmitir con el término—.

El sueño de Zuckermann expande la historia de Swede. Nosotros ya sabemos qué va a ocurrir pero Zuckermann nos cuenta cómo ocurrió, qué sintieron, cómo lo sintieron, cada minucia de la historia recién contada por Jerry se convierte en un universo entero en la desmesurada imaginación de Zuckermann. Por esa ficción explosiva es que cabe la historia de un país adentro, por eso es que Andrés dice, y no es un cliché, que la novela habla de muchos más seres humanos, casi todos, especialmente los que componen esta sociedad enloquecida que conformamos ahora.

La explosión de Roth es devastadora. Nada queda en pie. La a posteriori pobrísima anécdota de Jerry, es transformada por Zuckermann en una reflexión totalizadora sobre el estado de una sociedad, de nuestra sociedad. Una reflexión crítica y dolorosa, en tonos sepia, que le hace frente a esa posición tan gringa de que todo siempre está muy bien. Eso es Levov, eso es lo que representa. Ese todo siempre está muy bien que dicen en voz alta para intentar convencerse de algo que no es cierto. De nuevo, como tantas veces, recuerdo el chiste de La Haine del hombre cayendo y diciendo "Hasta aquí, todo va bien." La novela es más que eso pero es eso en particular. Qué emocionante que haya novelas así, qué suerte la que tenemos de que Philip Roth sea un novelista, qué rico leer un libro como éste y qué placentero terminarlo y pedir más —exigir más— y saber que hay tantas otras novelas de él que aún no he leido y que me esperan en la biblioteca. Casi como una buena comida, o tal vez mejor.


Fort Douglas. Soldados del Regimiento de Infantería No. 38 jugando béisbol. (alrededor de 1936)
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24.10.05

Respuesta de Jaime Ruiz.

Como era de esperarse, Jaime encontró la entrada anterior e intentó escribir uno de sus típicos ensayos-replica en Haloscan; pero como Haloscan es poco dado a aceptar largueros, le tocó cortarse y finalmente sucumbió.

Fiel a su mentalildad abierta y concientes de la necesidad de debate y apreciación de los distintos puntos de vista que flotan en el caldo social colombiano en este momento, el grupo editorial de La balada del elefante azul publica la respuesta de Jaime sin ediciones ni censuras. Luego de la intervención de Jaime viene nuestra respuesta y luego tendremos una sesión de discusión.

Sin más preámbulos, aquí va:
Ante todo muchísimas gracias por la publicidad. Me estaba preguntando qué era lo que hacía subir tan considerablemente las visitas a mi blog y busqué en google, de donde fui a Blogalaxia, donde encontré esta joya. Claro que el nivel moral de los comentaristas, incluidas las amenazas de Sergio (ya sé, ya sé que habla de discutir conmigo, pero si yo anduviera diciendo que nadie debe decir cosas impunemente ya me estarían señalando).

Lo primero, que es interesantísimo porque deja ver algo más que obstinación y "pensamiento" rutinario, penosa ignorancia, es lo de que yo quiero que sigan las castas. El comunismo es una prolongación de la esclavitud que fue posible donde el recuerdo de la esclavitud formal estaba vivo (Rusia, 1861; Cuba, 1868; China, 1912, etc.) y fue una salida para las castas parásitas de la sociedad esclavista. Eso explica que los poderosos cubanos, obviamente todos blancos y de buena familia, vivan rodeados de lujos, en embajadas vitalicias y en puestos decorativos mientras los negros de las provincias orientales viven con dos dólares al mes. Los de las ciudades turísticas al menos pueden mandar a las hijas a ganarse el salario de un año en un rato.

Precisamente eso es lo que hace el comunismo atractivo para los doctores colombianos, increíblemente idénticos a los señoritos que describe Ricardo Palma, modestia aparte, creo que hice un retrato muy acertado y actual, por mucho que el hecho de vivir en EE UU o en Europa haga que el personaje de mi cuento se sienta un Mozart o un Emerson. Lo extraño es que leo la primera línea y sólo aparece en mi memoria la imagen de la RDA, el único país comunista que alcancé a ver. Definitivamente las cosas son más fáciles de lo que parece.

En democracia puede acceder todo el mundo que gane las elecciones, en las tiranías comunistas nadie puede acceder al poder porque por siempre está en manos de las mismas personas y aun de sus hijos. Los pobres colombianos ciertamente no se merecen su suerte, pues es que son pobres porque USTEDES los de la casta de parásitos se lo roban todo. ¿Cómo he de explicar que lo que el Estado colombiano no se gasta en adoctrinar canallas, en pagar pensiones precoces y a veces dobles, en financiar viajes y becas y demás es porque se lo gasta en pagar los intereses de una deuda que se contrajo para mantener a las castas bien situadas y prósperas en las universidades? La gentuza, perdón por la precisión, que comenta en su blog, personas muy degradadas por la fala de contacto con la crítica y la verdad, jamás va a interesarse por saber si esto es verdad o no. ¡Huy, qué horror, no hubo buenos modales!

Porque ésa es Colombia y si hay un descontento con eso soy yo. ¿O es que usted conoce a alguien que haya oído hablar de una persona que haya hecho en su vida algo con respecto a los miles de secuestrados que no sea arrimarse a los poderosos que encargan los secuestros?

***

Pero sigo con la universidad colombiana. ¿Dígame dónde consigue uno en el exterior un tratado de cualquier materia que haya sido escrito por un autor colombiano, una universidad prestigiosa que tenga profesores colombianos (salvo que sea sobre la guerra colombiana: es uno de los frutos de esa guerra, mandan a los pobres a matarse y después van a explicar por qué ocurre eso), una patente que use la industria que haya sido desarrollada por algún colombiano, una investigación en ciencia básica que se haya desarrollado en una universidad colombiana?

En cuanto a que sólo sean centros de adoctrinamiento terrorista, la cuestión es simple. ¿Cuántos estudiantes y egresados de universidades colombianas han engrosado las filas de las FARC y el ELN desde los años 60? (Me refiero a portar armas en el monte.) ¿Más bien 5.000 o más bien 15.000? En cuanto a colaboradores de los que vigilan a los niños secuestrables o van a los barrios pobres a preparar labores paralelas a las masacres, como ahora tratan de echar a la policía de Ciudad Bolívar, yo diría que son muchas decenas de miles desde esa época. Usted mismo reconoció en mi blog que la mayoría de los profesores son comunistas o afines, Claro que es mi forma de demencia, el hecho de que sea algo que dice por ejemplo Enrique Krauze, es nada. ¿Acaso será doctor? Claro, también lo dice Paul Johnson, pero son gente sin verdadera educación.

Pero es que las universidades las conozco bastante bien, tanto las colombianas como las de otros países. La inmensa mayoría de las personas que trato han pasado por universidades y creo que no hay muchos misterios en lo que dicen.

"La manera de aplanar la frustración de no haber podido estudiar". Ésta es otra perla: no es verdad que no haya podido estudiar, eso le parece a usted que cree que ha hecho mucho por ser doctor, sencillamente no tenía quién me obligara y sí mucha pereza. En el fondo valores, la sospecha de que toda esa asimilación a los poderosos habría de ser degradante, por no hablar de lo esforzada que resultaba. Como Hans Castorp, no encontraba nada que me contestara "para qué". Naturalmente no tengo ninguna frustración por eso, puesto que si hubiera estudiado tal vez habría alcanzado a ganarme la vida como me la gano y en cambio tendría que correr el riesgo de convertirme en alguien como usted. ¿Dónde está la frustración? Muchas personas con las que trato sí tienen títulos prestigiosos y no hay ningún problema, porque no creen que sea algo tan importante... Y lo de aplanar frustraciones inexistentes...

Hay algo de todo eso que, como he dicho, es estremecedor. Todo el mundo sabe lo que es el comunismo, todo el mundo ha visto sus resultados, cualquier niño podría contestar acerca de si los coreanos del sur quisieran vivir en el norte o al revés (antes del comunismo era al revés), todo el mundo está al tanto de la miseria y la opresión el horror que pro
Aquí es donde Jaime se rindió y terminó de redactar su diatriba en su blog. Recomiendo leerla, es mucho más completa que la que aquí se presenta.



Nuestra respuesta

Estimado Jaime, muchas gracias por su truncada participación en este foro organizado alrededor de su persona ficticia. Nos alegra saber que usted, a diferencia de la versión de la ficción, evadió la educación con bravía amparado por sus ferreos valores. Aplaudimos su coraje.

Nos entristece, eso sí, toda la ira que carga en su corazón. No nos gusta ser tratados de canallas y de parásitos, aunque no nos molestaría tanto si se refiriera sólo a nosotros, que efectivamente lo somos. Usted incluye en su lista, que llama casta, a todos los estudiantes y exalumnos de universidades públicas colombianas. Personas, lo decimos porque las conocemos, honestas y trabajadoras. Muchas, muchisimas, muy humildes y con intenciones sinceras de trabajar por el pais, de prepararse y devolverle al pais ese premio que nos da al brindarnos excelente educación. No vemos canallas ni parásitos ahí. Vemos semillas para una Colombia mejor, buenas inversiones. Mucho mejores que las que usted propone vendiendo camisetas en Estados Unidos y compitiendole a los chinos.

Y lo siento, Jaime. Nosotros nunca reconoceriamos que los profesores de las universidades públicas son comunistas afines. Lea bien. Los profesores, usualmente, no tienen preferencias políticas evidentes al ir a clase. Especialmente si uno estudia matemáticas.

Ah, y si se trata de culparlas por los números de estudiantes que engrosaron las filas de las FARC y el ELN en los 60, pues le tengo otro número. La mayoría de los reclutados ahora mismo por las FARC y el ELN son niños de 14 años sin educación. Y no es que sean niños bravios que, como usted, se resisten a ser educados por el sistema, no. Esos niños no tienen educación porque no hay como, no hay donde. Donde esos niños viven, no hay escuelas ni centros de salud. Un día lo llevo a uno de esos sitios para que vea usted mismo como son los lugares donde el gobierno no va -casi todos-. Así que si se trata de iniciar competencias de números, puedo asegurarle que, entonces, la falta de educación parece ser más efectiva convirtiendo gente al comunismo que esa educación pública que usted tanto critica. Y pues, finalmente, le doy otro número: 2005. Nosotros, no sé usted, vivimos en 2005, no en los años sesenta ni setenta. Nosotros nacimos luego de todo eso. Nosotros no creemos, ¿será que algún día lo entenderá?, en guerrillas ni revoluciones, ¡qué estupidez! Nosotros somos hijos de los frustrados que lo intentaron y fallaron. Esas cosas se aprenden. Tampoco creemos en la dictadura del proletariado. Nosotros no somos ilusos. Nosotros queremos un pais mejor, con sinceridad. Un pais más justo, con menos discriminaciones, que respete a la gente y vele por ella. Un pais en el que todos puedan educarse, donde todos tengan el servicio médico que merecen por ser seres humanos, donde la gente no se mate ni haga cábalas políticas que involucren la vida de personas. Un pais que esté al servicio de sus ciudadanos y no de los mercachifes. Un pais donde quepa usted pero también quepa yo. Eso es lo que queremos nosotros.

Se nos olvidaba. Un libro de investigación publicado por un colombiano: http://www.aslonline.org/books-lnl_14.html. También puede revisar los ensayos aplaudidisimos de Zalamea en conexiones entre artes y ciencias. Para investigaciones en ciencias básicas por universidades colombianas, revise lo que hace el Centro Internacional de Física en la Universidad Nacional. Le podría dar más ejemplos, pero no se trata de humillarlo, más bien investigue antes de hacer preguntas tan poco informadas. Y por si acaso dice que es muy poco, debería revisar los presupuestos de apoyo a investigación en ciencias básicas que el gobierno tiene y los recomendados por cualquier organización internacional que estudie desarrollo. Se llevará una sorpresa.

Muchas gracias de nuevo y un abrazo,

La muchachada de la balada.

Postdata. Seguimos leyendo la novela y, como si Roth estuviera enterado de este asunto, nos encontramos esta cita que me parece perfecta para cerrar esta dupleta de entradas sobre la persona ficticia que encarna Jaime Ruiz y lo que simboliza. Con ella cerramos, mañana temprano hay reunión con el asesor.
"These so-called patriots," Lou Levov said to Dawn, "would take this country and make Nazi Germany out of it. You know that book It can happen here?. There's a wonderful book, I forget the author, but the idea couldn't be more up-to the-moment. These people have taken us to the edge of something terrible. Look at that son of a bitch."

"I don't know which I hate more," his wife said, "him or the other one."

"They are the same thing," the old man told her, "they're interchangeable, the whole bunch of them."
P. Roth, American pastoral
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23.10.05

Jaime Ruiz y la conciencia del pais.

"Don't suit you?" she asked. "Not crude desires in a big guy like you? Come on, I'm not such a frightening person. You can't have met your match in little me. Look at you. Like a naughty boy. A child in terror of being disgraced. Isn't there anything else in there except your famous purity? I bet there is. I bet you've got yourself quite a pillar in there," she said. "The pillar of society."

"What is the aim of all this talk? Will you tell me?"

"The aim? Sure. To introduce you to reality. That's the aim."

"And how much ruthlessness is necessary?"

"To introduce you to reality? To get you to admire reality? To get you to partake of reality? To get you out there on the frontiers of reality? It ain't gonna be no picnic, jocko."
P. Roth, American pastoral
Hace unos días, debido a una entrada que, por su cinismo, no pude evitar contestar, me enfrasqué en una discusión con el señor Jaime Ruiz que he continuado hasta el día de hoy. Es una discusión en la que las perspectivas de mundo de ambos son tan distintas que la concertación es una utopía. No sé por qué continúo con ella. Percibo falacias en la argumentación de Ruiz, tal vez, e intento que reconozca que nadie en sus cabales puede asumir semejantes cosas y concluir semejantes otras. No he tenido éxito hasta ahora y dudo que Ruiz dé su brazo a torcer. No es su estilo.

Alias Ruiz no dice nada de su vida. Lo evita con juicioso cuidado porque teme que sus oponenten lleven las discusiones al terreno de lo físico. No es dificil, de todos modos, adivinar cosas, o al menos presentir un perfil. Tal vez me equivoque pero así es como veo a Jaime Ruiz yo:
Jaime Ruiz es un colombiano formado a pulso. Alguien que tuvo una juventud dura y salió adelante por sí mismo -también podría ser el eterno acomodado pero lo dudo, el tono no lo deja-. La vida o la necesidad lo alejaron de la posibilidad de estudiar más allá de la escuela. La manera de aplanar la frustración de no haber podido estudiar fue llenarse de argumentos por los que la educación formal no era necesaria, a lo largo de su vida ha sofisticado esos argumentos hasta convencerse que las universidades son centros de acondicionamiento y adoctrinamiento terrorista. Para él, ser un estudiante o haberlo sido es casi que un defecto. Me recuerda a Mayol, el protagonista del Viaje Vertical de Vila-Matas. Ahora que lo pienso, los imagino a ambos físicamente similares -tal vez Ruiz un poco menor-. Ruiz es inteligente, él no necesitaba ir a una universidad para formarse porque es un tipo independiente y le gusta leer, ahí se empieza a diferenciar de Mayol. Lee mucho y se educa. Se crea su propio criterio del mundo basado en lo que ve a su alrededor, lo que piensa y lo que lee.

Su tesón rinde frutos. Su empresa crece, no mucho pero lo suficiente para que Ruiz sea un agradecido con el sistema y un admirador de los grandes emprendedores norteamericanos, así quisiera ser él. Dado que sabe qué significa esforzarse para conseguir algo, no cree en esos sistemas en los que la gente la tiene fácil y todo el mundo, sin esforzarse, es más o menos igual al resto. Luego lee más, lo que puede, y encuentra argumentos más fuertes para desdeñar de esos sistemas políticos. El comunismo, piensa Ruiz, es un sistema criminal y apoyarlo, creer que hay algo de verdad en los cambios que sugiere, es terrorista. No le gusta la idea de que un gobierno decida por los demás, especialmente si sus decisiones van en contra de lo que él piensa. Ruiz cree en la fuerza de las palabras y aprende a usarlas, se convierte en un gramático, carga su diccionario, lo venera. El fantasma de nunca haberse educado más allá de la secundaria lo persigue. Su manera de enfrentarlo es perfeccionarse en el uso de la palabra. Eso, claro, le permite interactuar con sus pares sociales de igual a igual, o incluso desde un plano superior. A Jaime le da miedo ser menos y entonces siempre quiere ser más y más. Las palabras lo elevan, o eso cree.

Jaime Ruiz ya se jubiló pero trabaja parcialmente en su empresa que ahora manejan sus hijos, la supervisa. No confía en nadie. Ahora, por la novela que estoy terminando de leer, me imagino que quizás tenga una hija díscola que hace rato se le salió de las manos y cuyo recuerdo lo atormenta de día y perturba de noche, en sus sueños. Viaja en vacaciones, conoce Europa y Estados Unidos. A veces va a las oficinas por las mañanas para ver cómo va todo. Conversa con sus antiguos empleados, es cordial y amable. Los fines de semana, supongo, va a su finca a descansar, tiene una gran biblioteca en su finca, de la que se enorgullece, y lee los libros que allí tiene en estricto orden alfabético con un cuaderno en la mano para anotar las citas que lo conmueven. No tiene teléfono celular, no le gusta. Dedica su media tarde a leer periodicos en linea y a participar en foros virtuales de discusión. No me imagino como los descubrió pero puedo imaginar la dicha que le produjo ser capaz de decir lo que pensaba, su verdad, a una audiencia potencialmente infinita. Por fin sus ideas serían escuchadas, por fin.

En sus blogs mantiene un tono paternal y recto, debe ser un buen abuelo. Nunca se sale de casillas, nunca explota. Tiene varios blogs porque el orden se lo exige. Tiene uno de correcciones ortográficas, por ejemplo, en el que exhibe la misma vehemencia que en sus discusiones políticas. Otro de temas de actualidad, otro de discusión económica -donde evidencia especialmente la inocencia de sus posiciones-, otro donde recolecta notas de los medios que lo escandalizan y ofenden -casi todas; los medios son unos títeres de la izquierda, según él-, otro donde da lecciones de retórica -arte caduco, the good old one, del cual es consumado maestro-, uno donde aclara términos que, considera, han ganado significados erroneos y, finalmente, Pais Bizarro, su magazín, que sirve como portada para el resto -aunque a veces contiene artículos exclusivos-. Con el tiempo, esos sitios se han convertido en lugares de reunión y discusión de otros parecidos a él. No dudo que algunos hayan sido, de hecho, convencidos (¿convertidos?) por las cosas que dice. Sus diatribas son largas y repetitivas, casi obsesivas, y su redacción es peligrosa porque discretamente transmite más de lo que aparenta. Utiliza con maestría el doble sentido y el sarcasmo. Recurre a ellos para, sutilmente, sugerir que ciertos régimenes dictatoriales del cono sur eran justos -aunque Castro, obvio, sea un carnicero de marras-, que hay maneras correctas e incorrectas de matar, que los pobres se merecen su suerte -se la buscan-, que la democracia es buena siempre y cuando no todo el mundo pueda acceder al poder, que es bueno preservar las castas y las clases, la estabilidad que brinda la tradición. Eso sí, es anticlerical y ateo, ni más faltaba.
Cuando le preguntan a uno por qué Uribe está en la presidencia y por qué lo vamos a reelegir, lo mejor sería señalar hacia esos blogs y reponder "porque ésa es la conciencia del pais". Así es como piensan los que nos dirigen, desde ahí, desde el palco de Jaime Ruiz, es desde donde ven nuestros lideres el pais. La culpa de que aún sea así, no nos mintamos, es nuestra: de los ciudadanos que permitimos que nos manipulen, que nos impongan hegemonías, que seguimos pensando como colonizados que no tenemos poder sobre nuestro destino. Tal vez sea un problema cultural pero eso no nos impide imponernos a él. Colombia sigue en las mismas porque los que se preparan para dirigir el pais son los hijos de los que antes quisieron dirigirlo, las familias de políticos, mientras todos los demás miramos el espectáculo con fingida impotencia, como si no fuera claro que las cosas no tienen por qué ser de ese modo, que ya estamos más que preparados para tomar las riendas con nuestras propias manos. Me pregunto cuánto tiempo más nos tomará asumirlo, cuánto tiempo más tardaremos en adoptar una conciencia nacional que nos incluya, en lugar de esa que firma, desde su despacho, el anónimo Jaime Ruiz.
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22.10.05

Broken Flowers.



Uno acumula cosas durante la vida y, no importa si las deja atrás, sigue cargándolas en la espalda hasta que la vida se le acaba. El pasado memorizado, el que rumian la nostalgia y la melancolía, es indestructible e inalcanzable. Por eso es que el viaje de Don está abocado al fracaso aún cuando, como Winston le recuerda, es un viaje necesario. Es un viaje tan necesario como el del señor Schmidt para recuperar a su hija, o el de Bud, que conjura y exorcisa a su Daisy mientras recorre su mundo de vapores y ausencias en el que todas las mujeres tienen nombre de flores. Es un viaje, incluso, ineludible.

Jarmusch se repite, y a uno le gusta que se repita, en los personajes, en las situaciones, en la manera como estructura las secuencias, fragmenta las historias, controla la música. Por eso es que Jaime añora el multi-lingüísmo ausente, porque las películas de Jarmusch parecen distintas versiones de una misma firma y la ausencia de otros idiomas es como si le faltara el punto en la i de Jim. Tal vez en esta ocasión falte ese punto, pero la conversaciones con Winston parecen sacadas de Coffee and Cigarrettes, especialmente las que ocurren en el diner, claro; los recorridos en carro, que se inician con el gesto de apropiamientoque brinda meter el CD de jazz etiope en el reproductor, me recuerdan al Perro Fantasma y su reproductor de CD siempre en volumen 21 sonando temas de Wu-Tang Clan; los encuentros con cada mujer, como versiones de un mismo momento, me supieron a un revuelto de Coffee and Cigarrettes, mezclado con las carreras de Una noche en el mundo y los asesinatos del samurai negro. Ciclos, recurrencias, eso le encanta a Jarmusch. Decir: todo es igual hasta que nos adentramos en los in between y tocamos lentamente los detalles, como si no hubiera nada después ni nada antes.

Los breves encuentros entre Don y sus mujeres pasadas no ocurren en el terreno de las palabras. Todo son gestos y miradas. Para lograr esto se necesitan buenos actores y Jarmusch los tiene. Las palabras siempre son las mismas, de hecho. Pero los momentos no. No todas recuerdan al mismo Don, no todas realmente desean volverlo a ver. Cada encuentro supura una tensión distinta, un olor distinto, una sensación diferente, y todas esas distinciones ocurren en la esfera de lo sutil. Nada es obvio, es una película llena de enigmas irresolubles que en el conjunto, cuando el rostro achacoso de Murray se centra en la pantalla, se hace silencio y se advierte la sombra del cierre, es perfectamente clara y redondeada. No deja lugar a dudas aun cuando toda la película está llena de ellas.



A history of violence y Broken flowers, al margen de sus historias, me han hecho darme cuenta de cuánto apego implican cuatro años de vivir en el mismo lugar. Ahora, desde lejos, los Estados Unidos que muestran Cronenberg y Jarmusch —los pueblos, las casas, los buzones azules de correo, los diners y las calles adoquinadas y llenas de árboles otoñales, los pueblecitos con una calle principal decadente y solitaria con una floristería abierta justo en el medio un domingo por la mañana— me despiertan recuerdos de mis años en Urbana. Hay mucha gente que lo dice, y hasta que uno no lo vive suena a cuento chino, hay dos versiones de ese pais coexistiendo paralelamente. La visible, la del imperio imponente y pedante, y la invisible, la de sus gentes sencillas, trabajadoras e inocentes. La excluyente y la inclusiva. La de la sonrisa Mc. Donalds y la de la sonrisa del vecino que lo saluda a uno a las nueve de la mañana desde su jardín, cuando inicia el recorrido hacia la universidad.
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20.10.05

Alocución presidencial.

Desde hoy, amigos, vivimos en un pais mejor. Un pais donde la semilla de la democracia por fin podrá germinar, uno que reemplaza a ese pais caduco, ignorante de los movimientos de la historia y las verdaderas necesidades del pueblo. Fue una lucha larga, recuerden, una lucha que nos obligó a sacrificar a los mejores de nosotros, una batalla que nos forzó a enfrentar de una buena vez a ese símbolo del optimismo inconsciente e idiotizante tras la caida del muro que es la constitución de 1991, un gorila legal firmado por criminales, secuestradores, asesinos e indios. La victoria es nuestra pero no debemos olvidar que es solo un primer cambio en pos de un pais mejor. Otros ya han ocurrido y otros están por llegar. Es prioritario acabar con el flagelo de la droga que mata a nuestros muchachos que estudian en Miami, Madrid, Londres, París y Barcelona, continuaremos con las fumigaciones, ahora también en parques naturales y reservas indígenas; ahora que las autodefensas han decidido dejar las armas y aceptar la protección del Estado, debemos enfocarnos en derrotar militarmente a los narcoterroristas de las FARC, el ELN, el EPL, el M-19, los estudiantes de las Universidades Públicas y el Partido Comunista. Con terroristas no se puede negociar, compatriotas, no podemos hablar de tú a tú con criminales que han asediado nuestros campos, nos han robado nuestras tierras, nuestros ganados y han matado nuestra juventud. La única manera de tratar semejante peste es, mi Dios lo sabe, haciendo uso de la fuerza. Por fortuna, contamos con el apoyo irrestricto de los Estados Unidos en esta lucha. El Plan Colombia es, y seguirá siendo, nuestro mejor aliado en esta pelea, no lo olvidemos.

Y hablando de Estados Unidos, ya estamos próximos a firmar el tratado de libre comercio, nos esperan años de gran bonanza, amigos, ya no tendremos que ir a Orlando todos los años a comprar ropa en J.C. Penney porque lo mejor de J.C. Penney vendrá a nosotros, aquí, a nuestras puertas, y lo podremos comprar en dólares, sin necesidad que recurrir al molesto cambio a moneda nacional, tan débil y feita. También vendrán GAP, Banana Republic, Mango, Sara, H&M, Best Buy, Circuit City, Macy's, Target, Walmart y cientos de almacenes de ropa levemente usada, barata y de calidad. Así mismo, aprovechando que los Estados Unidos abrirán las puertas indistintamente a nuestros productos —siempre y cuando cumplan con una lista de condiciones más que razonable aunque un poco larga—, exportaremos tamales, lechonas, bocadillo y todas esas delicias de nuestra gastronomía que de seguro se abrirán mercado por sí mismas debido a su gran calidad y sabor. Venderemos camisetas, amigos, ahí está el progreso. Ya he contactado a varios empresarios en China que han expresado el interés de capacitar a nuestros muchachos reinsertados en la confección de camisetas, camisetas que nos recuerden lo grande que es Colombia, para ser vendidas en el exterior. Esperamos, para dentro de cuatro años, saturar los mercados norteamericanos y europeos con nuestras camisetas y manillas con motivos alegóricos a nuestra patria que inviten a conocerla y quererla tanto o más de lo que la queremos nosotros. En este nuevo pais, mis queridos compatriotas, todo lo que deseemos será posible.

Algunas personas de mala fe, seguramente influenciadas por intereses oscuros y lecturas de Noam Chomski, han expresado su descontento por la manera como el proceso para llegar hasta este lugar fue llevado a cabo. Aseguran que explotó la corrupción, que renunciamos a nuestras promesas de campaña, que dejamos lo importante de lado para centrarnos en minucias, que olvidamos los valores democráticos y que recurrimos a prácticas clientelistas, que renunciamos a nuestro compromiso con el Pais y con el Mundo, que renunciamos a la meritocracia y que retomamos los viejos vicios de los que tanto nos avergonzábamos. A esas personas, compatriotas algunos, quiero preguntarles hoy: ¿No justifica cualquier cosa este pedestal que hoy hemos alcanzado? Dejemos las diferencias a un lado, ahora tenemos la oportunidad recuperar la confianza en la Patria, las circunstancias para el advenimiento de la nueva Colombia, la que soñamos, están solo a la vuelta de esquina, como dice esa propaganda, tomémonos un tinto, seamos amigos. También, injustamente, se me ha acusado de soberbia y megalomanía. Yo les pregunto: ¿que hay de soberbia en querer servir a mi patria otros cuatro años? ¿que hay de soberbia en desear contar con una oportunidad más para hacer de este pais tan hermoso un lugar mejor para vivir? ¿es megalomanía trabajar de sol a sol por el pais que le dejaremos a nuestros muchachos y no querer dejar este trabajo a medias?

Se ha habla mucho ahora de garantías electorales. Yo quiero contarles una historia: cuando yo estaba en campaña presidencial, hace cuatro años, era imposible organizar caravanas electorales que permitieran a los candidatos acercarse a la población y conocer sus necesidades, hablar con esos muchachos y muchachas campesinos y pobres y escuchar sus quejas, saber lo que querían y prometerles que lo haríamos por ellos. Hoy, compatriotas, esa garantía está dada. Viajar por Colombia, que es quererla, recuerden, es de nuevo posible. El esfuerzo conjunto del gobierno y las fuerzas militares ha limpiado las carreteras de ese flagelo que eran los retenes y las pescas milagrosas. Con descaro algunos opositores me han pedido que cancele los consejos comunitarios pues supuestamente aumentan mi visibilidad y desequilibran la contienda electoral que, con la reelección en pie, hoy se inicia. A esos opositores les respondo: No, no y no. No voy a renunciar a la obligación que me confiere la constitución de representar al Estado y llegar hasta los más lejanos rincones del Pais para escuchar a mis conciudadanos y salir en televisión por cuatro horas los sábados sólo para que los otros candidatos se sientan más tranquilos. Creo que las garantías electorales están plenamente dadas. Como candidato, me siento satisfecho de las reglas de juego y estoy seguro de que cualquier persona sensata en mi lugar también lo estaría.

En los medios se ha dicho recientemente que la discusión parlamentaria a favor o en contra de la reelección se convirtió en una sobre si era conveniente reelegir a Uribe o no. Olvidan los medios que ese era precisamente el quid del asunto. Tal vez sea conveniente una sola vez, esta, pero eso no justifica que no lo hagamos. En caso de que, posteriormente, sintamos que la reelección en cualquier otra circunstancia es un asalto a la gobernabilidad, les prometo que haré todos los esfuerzos que estén a mi alcance para de nuevo reformar la constitución y deslegitimar la figura recién creada. Ya lo hicimos una vez, compatriotas, lo podemos hacer de nuevo. Con trabajo, esfuerzo, optimismo y la ayuda de Dios, sacaremos este pais adelante. Cuento con su apoyo y con su voto el próximo año. Muchas gracias.

Nota al margen: El equipo editorial de La Balada del Elefante Azul, fiel a su falta de fe en el pais, lamenta que la reelección presidencial haya sido aprobada en semejantes circunstancias, pero está seguro de que el proceso de degradación del pais —que lleva en pie desde su fundación hace casi doscientos años— no aumentará drásticamente su pendiente (en valor absoluto) con la continuación en el poder de Alvaro Uribe, así como duda que la situación opuesta hubiera mejorado nuestros chances de salir de la pobreza, el subdesarrollo y la violencia. Lo ocurrido ayer es la clausura de una anécdota más que podemos con orgullo añadir a la ya larga lista de desaciertos que constituyen nuestro cuerpo de definición de la nacionalidad y la institucionalidad. No se preocupen, al hueco seguiríamos cayendo de cualquier modo. Que tengan un buen día.
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Justificando el disfraz.

No me di cuenta como llegué ahí, no sabría como volver. Estaba caminando dando tumbos mirando vitrinas tras unas horas de trabajar en el café de una de esas galerías posh sobre Vicar Street, tomé un par de atajos y terminé metido en un almacen de ropa usada subterraneo atendido por una muchachita de pelo verde que se presentó cuando entré y se puso a mi disposición para lo que necesitara. Me llamo Jane, me dijo, y me señaló con el dedo una plaquita con su nombre enganchada en su diminuta camiseta rosa. Mientras yo recorría los estantes mirando las chaquetas y los sombreros, Jane se sentó en los escalones de la entrada y se puso a leer un libro.

El sitio olía a una mezcla de naftalina e incienso y era más grande de lo que me imaginaba. Había un pequeño corredor que conducía a una bodega de saldos militares (botas, bolsas de dormir, morrales, cascos, riatas, estandartes, parches, insignias, uniformes camuflados y cajas de munición vacías) y de ahí se llegaba a dos salones: uno de ellos podría ser rápidamente adaptado como museo de corsetería victoriana y el otro estaba dedicado a los disfraces. Cuando estaba probándome un disfraz de pollo gigante que estaba baratísimo, escuché que Jane conversaba con alguien en la entrada. Dos hombres, alcancé a entender, le preguntaban por un tal Frank. Jane les dijo que no, que Frank hacía mucho no venía, pero ellos insistieron, ¿estás segura?, y ella les dijo que sí, que estaba segura, que la última vez que vino le dijo que volvía a Irlanda. Los tipos no le creían, le preguntaron que si Frank había dejado algo para ellos y ella les dijo que no, que Frank no había dejado nada para nadie y menos para ellos. Mientras hablaban, yo había terminado de plantarme el disfraz y cuando escuché los ruidos estaba parado frente al espejo entretenido tomándome fotos. Me quedaba perfecto.

Lo que escuché fue golpes, un golpe seco contra la pared, luego otro más y luego uno de los hombres dijo algo que no entendí y ambos subieron las escaleras corriendo y cerraron de un portazo. Salí yo de la sala de disfraces hacia la entrada para ver qué había sucedido y encontré a Jane en el piso con un golpe fuerte en la cara. Se estaba levantando apenas y recogiendo el libro, era una antología de poemas de Dylan Thomas, creo. Qué pasó, le pregunté. Nada, no te preocupes, estoy acostumbrada. Me miró y se rió, me preguntó que si me gustaba el disfraz y yo estaba intentando explicarle que aunque me gustaba no podía llevarmelo porque no me cabría en la maleta al partir cuando se puso a llorar. Empezó despacito, primero una lágrima en un ojo, luego otra, luego el rostro se le empezó a agrietar hasta que no pudo contenerlo más. Aun en lágrimas, se dirigió súbitamente hacia un armario en una esquina, sacó una llave del bolsillo y abrió la puerta. Ya se fueron, dijo con rabia, now get the hell out of here.

Dentro del armario había un tipo flaco, en los huesos, con la cabeza rapada y la nariz llena de argollas. Tenía una camiseta blanca que le quedaba grande, unos jeans mal teñidos de rojo y unas botas de construcción con dibujos hechos con liquid paper, calaveras y vainas así. No se movía. Ella seguía llorando, lo miraba, respiró hondo y le gritó, didn't you hear me, you bloody piece of shit? get your skinny ass outta here, I don't wanna see you again. Se hizo a un lado, lo dejó pasar y Frank salió de su escondrijo abrazando una bolsa de plástico con libros, cuadernos y ropa. Caminó hacia las escaleras, yo seguía ahí parado al lado con mi disfraz de gallina. Él arrastraba los pies, olía a mierda, me miró y sonrió, se volteó hacia Jane, quería decir algo pero no dijo nada, tartamudeó un pedacito de palabra indistinguible, sacó uno de los cuadernos de la bolsa, lo puso sobre la caja registradora, le dió una palmadita con la mano, se volteó, subió las escaleras y se fue. Jane, durante todo eso, le dió la espalda, temblaba un poco, yo no sabía qué hacer, empecé a quitarme el disfraz sin decir nada. Cuando terminé de quitarmelo Jane estaba frente a mí. Había dejado de llorar pero tenía la camiseta empapada, los ojos rojos y la cara hinchada. Sostenía en una mano su libro y en la otra el cuaderno que había dejado Frank. Se disculpó, yo le pregunté si estaba bien, me dijo que sí, que ya había pasado lo peor. Yo tenía el disfraz en la mano y la cabeza de pollo la había dejado en el piso. La señaló. ¿Te lo empaco o te lo llevas puesto? me dijo estallando en una risita insuficiente. Me reí sin muchas ganas, no pude decirle que no y le pedí que me lo empacara. Ella sacó una bolsa grande negra, empacó todo, le pagué, le dí las gracias y salí.

Dos cuadras más adelante vi a Frank sentado en la acera recostado contra una pared. Se veia mas viejo ahora. ¿Sería el papá de Jane? Estaba muy pálido y los ojos se le iban, abrazaba aún así su bolsita con fuerza y cuando me vio pasar me pidió plata, I just lost everything, me dijo. Le di unas monedas, me dio las gracias, sonrió, le faltaban algunos dientes. Luego de eso, caminé hasta Corn Exchange y tomé el bus a casa. Ya era tarde y tenía hambre.

Creo que ya tengo qué ponerme en Halloween.
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19.10.05

La entrada anual para Mer.


Feliz Cumpleaños
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De abortos y piratas.

1.

A Yamid Amat se le debieron salir las babas de gozo cuando, en la entrevista que le hizo a la esposa de Uribe, logró ponerla a hablar del aborto y reconocer tímidamente que está de acuerdo con su despenalización, así hubiera aclarado más tarde que no está de acuerdo con su legalización. No me gusta la manera como se lleva el proceso de cambio de legislación sobre el aborto. Me parece que los argumentos a favor de despenalizar el procedimiento perpetúan la percepción de que hay algo moralmente erroneo en abortar, que es un procedimiento desesperado al que se recurre cuando el embrión es un enviado de satán. Lo más ridículo del asunto es que al mismo tiempo que afirman que lo hacen por todas las mujeres violadas y todas aquellas cuya vida peligra en caso de continuar el embarazo, los defensores recurren a cifras de abortos en todo el pais cuya causa en la mayoría de los casos, estoy seguro, es la que realmente es: no quieren tener un hijo.

Algunos dirán que el proceso debe ser gradual, que a la gente hay que convencerla poco a poco imprimiendo el cambio legal a medida que se modifica sutilmente la cultura. Primero los acostumbramos a una situación en la que el aborto es posible en ciertos casos, deben pensar, y luego les soltamos las riendas. Tal vez tengan razón, pero creo que los argumentos esgrimidos imposibilitan un progreso a largo plazo. Al asociar el aborto con violaciones o enfermedades mortales no se toca el verdadero tema que es la libertad que debe tener una mujer de decidir si quiere tener un hijo o no. Ofuscan el problema clave, que es el reconocimiento de una libertad, detras de argumentos médicos y penales que, aunque válidos, no deberían ser el centro de la discusión.

2.

La pelea contra la piratería de cine continúa y no va por buen camino. No estoy seguro de cuánto dinero realmente están perdiendo los estudios por culpa de los DVDs piratas, sospecho que los productores pierden poco (porcentualmente hablando) pero están acostumbrados a ganar tanto que cualquier uno por ciento es plata. Como parte de la estrategia de combate, los estudios, ya por un buen rato, han incluido anuncios al inicio de las películas intentando convencernos que bajar películas o comprarlas en la calle son crímenes comparables a robarse un carro. Son anuncios amenazantes con letras rojas prometiendo el infierno y un poco más para los infractores. Otros anuncios, más pacíficos pero al mismo tiempo más cínicos, son esos en los que presentan familiarmente a un carpintero de sets de películas y lo ponen a decir que va a perder su empleo si nosotros seguimos comprando películas en los puentes peatonales. La idea es que nos condolamos y la próxima vez que abramos Kazaa pensemos en esos niños hinchados de mocos del honesto carpintero y por ellos desinstalemos de una vez por todas el Kazaa y más bien vayamos a Best Buy a comprar DVDs por 25 dólares, lo que en pesos es casi un cuarto de salario mínimo.

De nuevo, como en el caso del aborto, la argumentación negativa no ayuda. Todo el mundo sabe que hacer eso va en contra del copyright, nadie lo pone en duda. Ahora, no estoy seguro que sea comparable a robarse un carro o matar un niño. Lo del pobre carpintero, por otro lado, es una manera sutil de las productoras de decir que les están quitando plata. Estoy seguro de que ningún miembro de equipo técnico ha perdido su puesto por culpa de los DVDs piratas. A lo más, el dueño de Universal no se pudo comprar su cuarto jet privado, el especial para llevar perros y gatos. Esos anuncios me sacan de quicio porque insultan la inteligencia del supuesto objetivo, o sea uno, el gordito de gafas de la cuarta fila que está tomándose a sorbos largos su coca-cola gigante y esperando a que le pongan la película de una buena vez y no quiere que le digan criminal ni inconsciente social. Además, ¿para qué diablos le dicen eso precisamente a los que están en un teatro viendo la película y pagando lo que ellos quieran por ella (aun cuando, al final, el estafado sea uno (ver ejemplo abajo))?

Parece, sin embargo, que algún genio se dio cuenta que tal vez no estaban siguiendo la dirección correcta y he percibido un cambio positivo recientemente en una nueva linea de anuncios. En estos, asociados con el estreno de la trilogía de Disney basada en los libros de Narnia (M. leyó dos, los compramos para ver qué tal, parece que son unos bodrios malísimos...), dicen que uno no debe comprar DVDs piratas porque la imagen y el sonido serán de mala calidad, la pantalla será pequeña y no se escuchará de vez en cuando el tipo que estaba al lado del Kramer que estaba grabando la película conversando con la novia. Tal vez también sean trivialidades, pero el cambio de enfoque es efectivo: en lugar de recordarle que comprar esos discos le hace daño a las productoras, nos recuerdan que uno puede estar perdiendo algo: la experiencia de ir a cine, dejarse envolver por la oscuridad y luego abrazar por los sonidos y las imágenes. No sé qué tan efectivos sean pero al menos son más justos con el que pagó para entrar al teatro a ver su película, le dicen que tomó la desición correcta, que va a salir beneficiado. Ojalá que se acaben los otros y dejen sólo estos, me van mucho mejor.
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18.10.05

Serenity (o un servicio social).

El sábado nos vimos Serenity. Luego de la película caminamos un rato, vimos otra vez la exposición de fotografía aerea al aire libre y luego nos vinimos para la casa a descansar. Ya acostados, luego de apagar la luz, M., rompiendo el silencio, me preguntó «Bueno, ¿y tú por qué es que te querías ver esa película?». Creo que le di una explicación larga mientras ella se quedaba dormida. La conclusión de la larga explicación era que yo no entendía muy bien por qué habíamos terminado viendola. A mí no me gusta Buffy y menos Angel. Vi dos episodios de Firefly y me parecieron insoportables. A mí, me repito como intentando convencerme, me gusta ver buen cine, pero parece que las palabras se pierden en el camino a la cabeza porque una vez más termino metido en un bodrio insoportable por culpa de un afiche en el que la protagonista, en posición ninja, sostiene un hacha klingon. Eso fue: el afiche promocional y la carita entre inocente, agresiva y seductora de Gina Torres. Soy, aquí donde me ven, una víctima más de la publicidad basada en piernas.

Una regla general que es bueno recordar es: si lo que hace en televisión es malo, lo que haga en cine será peor. Buffy y Angel, así como Charmed y otras series del mismo tono, son lo que pasa cuando se esoteriza Clase de Beverly Hills. Ya no bastan los rostros lindos y la endogamia rampante, ahora queremos que se conviertan en lobos, que les salgan colmillos y se les deformen las caritas de Angel usando técnicas de morphing que fueron cautivantes alguna vez (como en el video de Black and White) pero que ahora sólo producen lástima. Así como Beverly Hills, Melrose Place y Dawson Creek agotaron el género de la soap opera de alto presupuesto (por más que los productores de The OC y Gilmore Girls lo nieguen), las tres mencionadas más arriba agotaron lo posible en el terreno de la, llamemosla, occult soap-opera. El salto obvio, como siempre que se salta, era hacia arriba, hacia el espacio. Después de todo, después del apogeo en los sesentas y setentas de las space operas, el género se había quedado un poco relegado, era hora de revivirlo. Entonces vinieron Firefly y algunos predecesores canadienses que sólo dieron en CityTV con sus Flash Gordon y Buck Rogers reencauchados y embellecidos. Firefly duró poco, pero a su paso dejó un grupo de fieles seguidores que, embrutecidos por culpa de los cambios abruptos de color de la pantalla debidos a los fulgurantes rayos que despedían las naves, exigieron una película.

Probablemente esa no sea la historia, pero esa es mi versión personal de como Joss Whedon, el creador de las occult soap-operas y guionista de joyas como Titan A.E. (que yo me vi por los efectos especiales), terminó escribiendo y dirigiendo una versión cinematográfica de su serie caida en desgracia (dizque por culpa de la censura gringa, ¡ja!) y la llamó Serenity. Estoy escribiendo esto tras ser alertado por Alejandro acerca de las innumerables críticas positivas que despliega Rotten Tomatoes. Yo no pensaba escribir sobre esta película, no se lo merece, pero las circunstancias eran críticas, si callaba mi voz muchos más inocentes caerían en la trampa del afiche. No se dejen confundir por críticos corruptos, mis amigos, Serenity no es the cleverest, crankiest, wittiest, wildest, and most character-driven sci-fi adventure in 25 years y tampoco es cierto que Serenity could be the new Star Wars. Prefiero, tal vez, la descripción de Frank Swietek (A perfectly acceptable elongated episode of a television series projected onto a screen several sizes too large for it...more pretender than real contender) aunque sospecho que aún esa opinión fue escrita bajo la influencia de alguna botella de buen vodka enviada por la productora a su oficina.

La gracia de Serenity se acaba justo en el momento en que los efectos especiales son superados y la trama se inicia. Eso ocurre, si no estoy mal, alrededor del minuto y medio de cinta, cuando salen los créditos y uno se da cuenta que no está viendo una película sino una serie de televisión de un solo capítulo y en pantalla grande. La película de X-Files frente a esto parece Ciudadano Kane. Luego, con dolor, uno se ve obligado a asistir (porque por algo pagó diez libras a la entrada) a una historieta llena de clichés y chistes bobos. Los personajes parecen sacados de alguna descripción de personajes genéricos de Dungeons and Dragons: el capitan impetuoso, lider innato pero controversial, Han Solo revisitado (con novia princesa exótica, para colmo); el soldado gorila de malas pulgas y cigarrillo mordisqueado; el piloto bromista; la niña psíquica que no habla y tiene sueños raros y su hermano extra con demasiado parlamento en el cual, para colmo de males, termina centrándose lo más parecido a un romance que ocurre durante toda la película. La únicas rarezas son que la encargada de las máquinas es una mujer y que haya una pareja blanco-negra, pero la técnica resulta ser una completa idiota y la pareja interracial es novedosa medio segundo.

Por el lado de los malos la cosa no escampa: un samurai negro (y no, no es Forrest Whitaker) y una parranda de Klingons come hombres que uno se pregunta cómo diablos hacen para volar naves espaciales cuando, a la hora del ataque, se comportan como hienas con retardo mental. Eso es todo. ¿La historia? El equipo rescata a la psiquica, la psiquica sabe algo pero no sabe que lo sabe ni mucho menos sabe qué es. El imperio, o como quiera que le digan, manda al samurai negro a perseguirlos y en esa persecusión de pacotilla los tripulantes del Serenity (así es como se llama la nave) descubren una conspiración que conecta a los pseudo klingons y los imperialistas. Al final, maravilloso cliffhanger, renacen las esperanzas de la revolución que pretende derrocar al imperio déspota. Lo que quiere Whedon, sospechan bien, es justificar a) el regreso de la serie o b) una secuela que prolongue el sufrimiento.

Mi invitación es, pues, a que no la vean. Esperense a que salga el DVD y luego a que lo pongan en la sección de saldos. Una vez ahí, fuercen, con juegos psicológicos básicos, a que el vendedor prácticamente les ruegue comprarlo con un cincuenta porciento de descuento sobre el precio de oferta y adjuntando como obsequio, ni más faltaba, la primera y única (dios quiera) temporada de Firefly. No les garantizo nada, pero tal vez así sí valga la pena verla.
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17.10.05

Saudade en Leeds.

Los días en Leeds pasan lentamente. La palabra misteriosa luego de leer el desasosiego de Soares es saudade; Soares la usa y la usa y el traductor al castellano la retumba cual tambor asegurando que si no es legal en español, debería serlo, así como todos esos mexicanos que han mantenido California limpia y de pie. Saudade, creo, es lo que se siente caminando por el centro de Leeds una mañana de niebla —osea casi todas—. Es como una cortina que no se acaba, un telón que muestra fugazmente rostros que desaparecen casi de inmediato entre los telones dejados atrás. No hay trascendencia en esos encuentros, no espero nada de ellos. A veces me concentro en las voces circundantes. Intento adivinar procedencias, intenciones, relaciones, nunca acierto.

En este lugar no existo. Puedo mirar a la gente con la absoluta certeza de que no saben nada de mí, de que no me van a reconocer de repente y me van a preguntar qué es de mi vida. ¿Qué ven? Un tipo de gafas que los mira. Ayer nadie se sentó junto a mí en el bus. Al acercarse los miraba a los ojos y sonreía un poco. No era una sonrisa amistosa pero tampoco era particularmente perversa. No supe bien qué los detuvo. Varios prefirieron dar marcha atrás y subir las escaleras, otros miraban mi puesto con desconfianza al ver que alguien más adelante lo había rechazado. Sobre el puesto vacío había un tiquete de papel, pero por los rostros de la gente parecía como si junto a mí hubiera un charco de vómito rebozante, uno de esos que cae en cascada de la silla al piso y luego fluye hacia atrás del bus irrigandolo todo con ese olor entre dulzón y ácido tan suyo.

A decir verdad alguien si me habló. Una mujer en el paradero estaba cerca de mí, tan cerca que me alejé un poco. Ella se acercó y no dijo nada hasta que un bus pasó y frenó unos metros adelante. Me habló, me dijo algo, no le entendí, le pedí que repitiera, lo dijo de nuevo: un sonido gutural, básico, carente de significado, casi un gruñido largo. Le dije que no sabía y me volteé como si al hacerlo ella dejara de existir, ella dijo algo más y se alejó hacia la puerta del bus, aun abierta, contoneandose sin gracia. Seguro estaba borracha.
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Intervius con gente impredecible.

Todos conocen a Vega pero nadie sabe quién es. Hace un rato, en un intento más de popularizar mi weblog, le pedí que me hiciera una entrevista y a cambio yo le enviaba unos cien dolaritos por correo y, si algún día triunfaba, le devolvía el favor asegurandole así más fama y fortuna. Como Vega andaba desplatado por esos días debido a un accidente que tuvo y que lo obligó a reemplazar su fiel audi, aceptó mi propuesta y así pasé a hacer parte de su sección Intervius con gente impredecible y a cerrarla definitivamente (parece que mi entrevista fue la culpable del recorte de fondos que obligó a Vega a clausurarla). Aunque la fama aun no me sonríe, he decidido devolverle el favor a Vega con una corta entrevista a ser publicada (junto con textos de varios reconocidos webloggers) en el especial sobre weblogs que la revista pie de página incluirá en uno de sus próximos números.

Como Vega tiene síndrome de deficit de atención, entonces pasó por alto el hecho de que la entrevista iba a ser publicada en papel y para el especial me vi obligado a mutilarla vilmente. Para compensar esto publico hoy, en exclusiva para los lectores de la balada del elefante azul, la entrevista completa sin correcciones ni censura. Espero sepan perdonar.

Muchos webloggers colombianos lo consideran a usted como una inspiración a la hora de iniciar un weblog. ¿Usted por qué insulsa razón inició el suyo? ¿Quién fue su inspiración?

Esto de tener un blog para mi fue la continuación natural de estar en la web. En 1995 tenía un sitio dedicado a Sandra Bullock, luego una página dedicada a la Ingeniería Química (Grande ChE), luego una de variedades llamada El Perfecto Snob. Mi primer blog como tal se llamaba blogactivo.com y fue una de las primeras iniciativas de crear un weblog colectivo en nuestro idioma. En el 2002 y con motivo del mundial de fútbol quise hacer un blog temporal sobre el tema y así nació Santa Maradona. Con tan buena fortuna para usté que me amañé haciendolo y hasta el sol de hoy. Esto es lo mejor de todo, pienso yo, que nunca hubo una razón para empezar.

Su weblog habla de todo un poco pero al final habla de nada. Dada su aparente inutilidad, es pertinente hacerse la pregunta: ¿Y entonces para qué diablos sirve?

Me recuerda a la pregunta que hacen los pelaos en la universidad: "¿profe... y eso para qué sirve?". Lo sé porque yo también la hice. Más de una vez. Y a uno le decían que mire que aca uste viene a aprender a pensar, a desarrollar el instinto, la intuición y tal. Es decir uno estaba aprendiendolo todo aunque la mayor parte del tiempo parecía que uno no estuviera aprendiendo nada en particular. Es igual: un blog no sirve para nada pero puede servir para todo. Leyendo un blog he aprendido de las costumbres de la gente de otros paises; he aprendido catalan; he aprendido que hay mucha gente que vive fuera de Colombia que siente las mismas nostalgias que yo; gran parte de lo que leo hoy dia es recomendado por gente que tiene blogs y con las que comparto gustos y aficiones.

Mi blog, en particular, no sirve para nada. Definitivamente.

En alguna entrada usted escribió sabiamente que "Un weblog es como una caja de chocolates" ¿Sigue pensando lo mismo? ¿Podría resumirnos en un párrafo la filosofía detrás de esa singular afirmación?

Un poco de historia sobre el tema. Cuando en el diario Clarin de la Argentina les dio por empezar un weblog, tambien tuvieron la genial idea de recomendar a Santa Maradona, su blog más espectacular, como blog destacado. Esto generó gran cantidad visitantes que no entendían el chiste y querían saber por qué y para qué diablos el blog. De la entrada: "Para quienes todavía no comprenden el sistema de esto de los weblogs, le intento explicar: imagine que el autor de un weblog es como Forrest Gump (Usted vió Forrest Gump, ¿cierto?). Y el lector es como uno de esos personajes que se sentaban con él en la banca mientras el lanzaba diatribas contra el chocolate y la vida."

La frase es de Forrest Gump, una pelicula de 1994. 11 años ya!, como se nos está yendo la vida no?. Mi intención inicial era parafrasear a Chayanne: "Los bloggers: como borrachos yo no sé de qué" pero es esto una comparación certera y en el espectro del pop latino contemporaneo es Chayanne el mayor exponente? Esto amerita discusión. Y además por qué hemos de limitarnos al pop y omitir una referencia a, digamos, Kinito Mendez? Despues de todo, el excelentisimo don J. Alberto Espinosa en su genial "Historia Natural del Merengue" ha descrito su musica como "la catarsis del sonido." Pero esto se me ha ocurrido muy tarde cuando la entrada ya estaba en el aire. Uno no tiene editores en esto de los weblogs, de la misma manera los errores y las correcciones son más transparentes que en los medios tradicionales. Y bueno.

Ahí le dejo: http://www.santamaradona.org/blog/0302/138.

Sus entradas son casi todas de carácter humorístico. ¿Ha pensando en dedicarse a hacer stand-up comedy y así aligerar la carga del pobre Andrés Lopez, que ya va a cumplir dos años contando los mismos chistes en la castellana?

Ocurre que en Santa Maradona el humor es un efecto secundario. No ha sido mi intención hacerlo reir pero tampoco he encontrado manera de impedirlo.

He tenido que buscar en internet quien es Andrés Lopez. Me he encontrado con lo que es obvio desde su pregunta: que es un comediante. Y ademas, ojo, una de las 40 personas (menores de 40, oh!) y de mayor influencia en Colombia según la Revista Semana. Esto es el curubito, la crema y nata. Y ademas lo dice Semana; que, bueno, primero está la voz del Dios, luego la del pueblo (si hay con qué) y ellos. La mala noticia es que no he podido saber si Lopez tiene o no un blog y al final me he resignado a no poder disfrutar en directo de ese humor tan influyente. He aprovechado la oportunidad, sin embargo, para sugerir al editor de Semana una historia sobre los 40 colombianos más influyentes con blog y otra con los 40 colombianos con blog más influyentes. Todavía no tengo respuesta pero yo lo mantengo al tanto.

En una reciente columna de Cambio, Santiago Gamboa se pregunta qué tipo de personas están detrás de los weblogs. ¿Podría contarnos brevemente qué tipo de persona se oculta detrás del suyo?

Brevemente, je.

La pregunta me saca de quicio. Qué persona se oculta detrás de un astronauta, de un chofer de carromula (de zorra, pues), de un fabricante de suero atollabuey, de quienes le echan mejorana a los frijoles? Que se yo. Que sabe uste. Que sabe uste si conociendolo a uno le basta para conocerlos a todos. Un dato experimental en su método cientifico de dos pesos.

Deberia bastarle si le digo que los bloggers nacen, crecen, se reproducen y se mueren. No siempre en ese orden. Y yo soy uno, un blogger. Que clase de persona se oculta detras de mi blog. Un wanabi, tal vez. Un escritor de manuales de autoayuda sobre como escribir manuales de autoayuda. Un libretista de tv. Este es mi orgullo principal. Cuando Zeus necesitaba llenar un par de vacantes en ese infierno corporativo que era el Pantenon, se le ha ocurrido hacer un concurso. 15 dioses candidatos de diversos poderes compiten en tareas variadas: carreras en costal, rapidez pelando papas, entre otros. The Hollywood Reporter lo elogió: "Outstanding! The Apprentice meets Sophocles." Qué más hay? Por regla general no me masturbo con la mano izquierda aunque siempre leyendo a William Gaddis. En otro tiempo le hubiera dicho que lo de J.R. es deliciosamente enigmatico pero que lo otro es una perogrullada del tipo psicomotriz. Vestiria una camiseta que diga "Me llamo Santiago y me importa un culo." Y si lo veo a uste vistiendo una le diría que la frase es interesante pero ganaria mas fuerza si cambia la letra "y" por un punto seguido. No he jugado una final de una copa del mundo. No he escalado los himalayas. Si me pide que le explique la teoría de Yang-Mills no sabria por donde empezar. Un blogger, no mas.

Mi nombre es Oscar Rodriguez. Creo que Medellin es la mejor ciudad del mundo. Me salen manchitas blancas en las uñas por cada mentira que digo. Hace un tiempo, sali de Colombia por culpa de, eh, La Crisis, y terminé haciendo un doctorado en Ingenieria Quimica que en realidad fue en fisica aplicada. Llevo por dentro la vanidad de mi generacion. Soy el futuro de Colombia. Un futuro tan brillante que uste va a necesitar lentes oscuros.

Una pregunta obligada: ¿nos puede recomendar cuatro weblogs colombianos que valga la pena seguir?

Hay muchos. Empiece por aqui: http://bachue.com/ o por aca: http://blogscolombia.com.

En una entrada reciente usted anuncia un retiro parcial del asunto de los weblogs. ¿Se desilusionó del medio? ¿Encontró la media naranja que hace tiempo buscaba a través de sus entradas y ya no lo necesita más? ¿Se aburrió?

Para tener un blog, hay que leer blogs. A medida que uno crece (se acuerda? nacen, crecen, se reprodu...) el tiempo se hace mas corto, las distancias mas largas y entonces mantener un blog se puede convertir en una prueba de resistencia. Pero para quienes disfrutamos de la web y no hemos llegado a los blogs por "moda" y/o bobadas de esas, desilusionarnos del medio no es una opción.

Las cosas han cambiado y a veces me siento tentado a decir que todo tiempo pasado fue mejor. Esto está claro. Con la popularidad del sistema se ha perdido (un poco, solo un poco) la espontaneidad, la idea de hacer las cosas por que si, sin motivaciones ingenuas, sin delirios cursis de grandeza. Me estoy refiriendo a los blogs que son creados y mantenidos por una persona independiente y que no estan atados a una casa editorial o a un diario o que pertenecen a una personalidad en donde las opiniones tienden a afectar el negocio. Yo no imagino, por ejemplo, a Rafael Pardo haciendo un comentario en su pulcro blog sobre, digamos, bukkakes. Digo, a mi me gustaria ver semejante cosa (el post, quiero decir) pero es improbable por la magnitud del desmadre que le generaria.

Relacionada con la anterior: ¿Cuál es el futuro de los weblogs? ¿Están todos condenados a caer? ¿Funciona la selección natural a la hora de hablar de weblogs? ¿Qué características hacen que un weblog sea mejor adaptado que otro?

La mayoría de los blogs suelen morir tempranamente apenas la emoción de la novedad se desvanece. Pero si sobreviven esa etapa se vuelven una fuente de diversion para el blogger. Es como la ebullicion del agua. Hay que llegar hasta los 100 C (a 1 atm de presion, para los puristas) pero una vez se llega a ese punto el asunto es irreversible. Tambien le tenia otro ejemplo de vainas irreversibles pero entiendo que esto lo van a leer intelectuales, entonces dejemoslo asi.

Creo que es Covey el que dice que la mejor manera de predecir el futuro es creandolo. En ese orden de ideas, el futuro de los blogs sera el que queramos que sea. Todos nosotros. Los dos millones de personas y contando que mantienen un blog.

Para cerrar. ¿Es cierto que tiene un weblog secreto sólo para familiares y amigos? ¿Nos puede revelar su dirección? Seremos tan discretos como sea posible.

Mi weblog secreto es Santa Maradona. Pensaba que esto había quedado claro antes.
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16.10.05

Joya en bruto.



El autor que estoy leyendo en este momento es, definitivamente, el más creativo de todos: Ron Hubbard. Yo descubrí en la cienciología un punto de partida de la creatividad. Llevo un año y medio, entré por un amigo y empecé leyendo los libros, y me pareció fascinante. La cienciología es la ciencia que fundó Hubbard; una búsqueda del conocimiento a través de elevar el espíritu a todas las áreas de la vida. El libro clave es Dianética, que ha sido muy popular en todo el mundo. Ron Hubbard como escritor es lo que siempre quizo ser Jorge Luis Borges. Yo hago esa comparación: Borges habló de laberintos y planteó todos los enigmas mentales hasta derrotar a la filosofía moderna, pero Ron Hubbard los resolvió.
Andrés Lopez (*) en PiedePágina No. 4


Jorge Luis
vs.

L. Ron

L. Ron wins

FATALITY!!!

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(*) Según Revista Semana, como me recordó recientemente Vega, uno de los cimientos de la Colombia que nos espera.
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