23.4.06

La paciencia del Sudoka.

Dos sudokas conversan en un café mientras practican. El dojo del sudoka, les recuerda su sensei, es el mundo. La práctica y el diario vivir deben ser indistinguibles.

Uno de los dos compró boletas para un concierto hace poco. Tuvo que hacer una cola de cuatro horas. No la sentí, comenta, me mentalizé en la práctica, asimilé veinte de nueve por nueve de dificultad alta. Los sudokas no someten, asimilan. Los sudokas usan tinta, nunca lápiz. La práctica del sudoku implica hacerse uno con la cuadrícula, resolver el acertijo sin imposición, haciendo primar el instinto sobre la razón, liberando la bestia interior.

El sensei pregunta al sudoka: Si una nevada arrasa la mitad de tu cosecha, ¿qué haces?

El mal sudoka vuelve a sembrar.

El buen sudoka se pregunta si aún es posible remover más plantas sin que el problema se torne irresoluble. Concluye que sí y luego procede.

El buen sudoka muere de hambre.
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