29.8.06

¿Quién defenderá Bogotá? (1)


Fotografía de Richard Emblin.
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¿Quién defenderá Sarajevo? (2)

La Sarajevo de Bilal es una ciudad heredada por huérfanos que son sólo memoria. La Sarajevo de Hemon es una carrera entre el punto A y el punto B con fotografías y disparos en el medio. La de Kusturica es un partido de fútbol que se transforma en batalla campal a ritmo de fanfarria. La Sarajevo de Sacco es el reportaje roto de los restos de una guerra —esas fotografías de Hemon, esa cancha de Kusturica recién desalojada, el génesis del sueño del monstruo bilaliano— una ciudad destruida por odios ancestrales que despiertan debido a alguna conjunción planetaria inesperada. La Sarajevo de Sacco es la búsqueda desesperada de los rastros y las historias de Nevin. Nevin es el juglar de las batallas. Nevin vive de recrear el horror. La Sarajevo de Nevin no existe. ¿O será Nevin el inexistente? Nevin defiende Sarajevo.
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28.8.06

¿Quién defenderá Sarajevo? (1)


Pensando en The Fixer, de Joe Sacco.
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27.8.06

Ornitología Casera.

Una familia de copetones, que anida en una matera en el balcón jardinado (jardín balconado) del apartamento de mi abuela, entra todas las mañanas al apartamento y recorre la sala en busca de comida con total desparpajo. Las torcazas, por su parte, tienen prohibido el paso.
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136.5

«No me bañé, mi amor. Te lo juro, no me bañé...»

Le mentía.
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26.8.06

No cae el telón.

1.

Ayer estuve caminando por la universidad, intentando reapropiar los espacios perdidos. No es fácil. No tiene sentido. Bogotá no cambia.

2.

Hace un poco de frio, me levanto a las seis. Mi abuela me despierta a exprimidor, y el sonido, ese fiuuuuuuuu-tacatacatá, suena bien, suena a algo bueno, suena a esa placidez de estar de vuelta en casa de mi abuela, de acompañarla al mercado y ayudarla a escojer frutas. De regreso en el apartamento, comemos uchuvas.

4.

La profesora fue el martes de emergencia al hospital declarando intenso dolor pélvico. En el hospital la operaron de emergencia para extraer una masa que reportó la ecografía. Como vive sola, la profesora decidió el viernes ir a casa de sus papás a pasar parte de su convalecencia. Sus papás viven a cinco cuadras de su casa. Eso por un lado.

Su papá regresa de la panadería y dos tipos lo detienen en la calle. Le piden plata. El viejo no tiene, los tipos insisten. Que no tengo, vuelve a decir, y no llega al "go" cuando siente un golpecito en la barriga que se transforma en dolor y luego en el eco de un estallido que arde. Los hombres corren. El viejo sangra. El viejo camina. El viejo llega a su casa, entra, y sorprende a su mujer, quien al verlo en ese estado sufre un infarto fulminante y cae al suelo ya sin vida.

La escena que descubre la profesora al entrar a la casa de sus papás es esa: su mamá en el suelo sobre un charco de sangre; su papá a su lado recostado contra la pared con las manos sobre el abdomen, sosteniendo inutilmente la hemorragia. La profesora olvida su masa. La profesora olvida hasta como se llama. La profesora llama al hospital y pide una ambulancia. Mataron a mi mamá, les explica. La mataron.

No cae el telón.
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21.8.06

Please don't think I don't care.

'I read,' I say. 'I study and read. I bet I've read everything you've read. Don't think I haven't. I consume libraries. I wear out spines and ROM-drives. I do things like get in a taxi and say, "The library, and step on it." My instincts concerning syntax and mechanics are better than your own, I can tell, with due respect.

'But it trascends the mechanics. I'm not a machine. I feel and believe. I have opinions. Some of them are interesting. I could, if you'd let me, talk and talk. Let's talk about anything. I believe the influence of Kierkegaard on Camus is underestimated. I believe Dennis Gabor may very well have been the Antichrist. I believe Hobbes is just Rousseau in dark mirror. I believe, with Hegel, that trascendence is absorption. I could interface you guys right under the table,' I say. 'I'm not just a creatus, manufactured, conditioned, bred to a function.'

I open my eyes. 'Please don't think I don't care.'
D. Foster Wallace, Infinite Jest
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20.8.06

Querido diario,

Tras mucho rogarle, Mónica accedió a cortarme el pelo. Accidentalmente, me hice al look "Principe Valiente" que siempre soñé.
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Blogs entre nosotros.

Hagamos un poco de good old ombliguismo bloguero:
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18.8.06

Acerca del sacrificio de conejos (y una granada en la Nacional).

Yo sé quién sabe...

Javier Guillot pregunta desde Bogotá, Colombia: «¿Usted mismo cogió los conejitos y los decapitó (o cómo hace para desangrarlos)?».

Le responde el profesor Juan Antonio Sáenz desde Urbana, Illinois. La cámara lo sigue mientras trota las quince millas diarias —se prepara para una carrera en Hawaii—. A medida que habla, recobra poco a poco su ancestral acento boyacense: «Primero los agarra de las patas de atrás y los deja colgar hasta que se queden quietos. Si no se quedan quietos, les da cariños en la espalda. Usted debe estar tranquilo. Ellos sienten sus nervios y se ponen nerviosos también.

Luego, con un palo duro, les pega en la parte de arriba de la nariz, debajito de los ojos, bien duro. Eso les rompe ese hueso y se lo clava, no sé si en el cerebro o qué, pero mueren al instante si lo hace bien. Si no, chillan duro y se mueven mucho. Y es mas dificil darles el segundo golpe.

El golpe, ademas, hace que se desangren. Eso es importante para que le carne no quede agria.

Nunca lo he hecho, pero he visto como lo hacen.»

(Sáenz, además de ser un exitoso ingeniero civil redimido como físico aplicado, es el socio capitalista del proyecto gastronómico El conejo del colgandejo pendejo, una cadena de restaurantes administrada por su servidor, (siempre) próxima a entrar en funcionamiento.)

Tiro Libre

Aplicado a la ficción, este procedimiento luce más o menos así:
El sueño de Rafa revive el momento en el que mató a Ricardo Cifuentes. Le pasa a todas horas. No necesita estar dormido, le basta cerrar los ojos y recordar. Le basta pensar que en ocho días regresará a Bogotá, luego de un año, y el muerto lo estará esperando a la entrada del estadio. El tiempo no pasa para ellos, no. Ellos sólo esperan, eso es lo único que hacen...
(Para seguir leyendo Tiro Libre, bájese el pdf.)
Receta Ilustrada: Conejo salsa de moras

Aplicado a la realidad, este procedimiento permite preparar recetas deliciosas.

1...


2...


y 3:


...y una granada en la Nacional

Por otro lado, y pasando a asuntos serios, explotaron una granada el lunes en el edificio de química de la nacional, dizque para protestar por la reforma académica, y nadie dijo nada (¿alguien ha visto mención al incidente en la prensa?). Hoy Fidel, por fortuna, airea y comenta lo ocurrido en su weblog.
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17.8.06

Uno.


I don't understand you
You just don't make any sense to me
I don't understand you
You are completely logic free
I don't understand her, no no
She is uncharted territory
I don't understand her
But she's as lovely as she can be.

(The divine comedy, Arthur C. Clarke's mysterious show)

Hoy hace un año Mónica y yo firmamos en Bogotá un contrato de arrendamiento mutuo por término indefinido con renegociación anual. Fue un matrimonio por conveniencia: convenientemente nos ha permitido estar juntos luego de tres años inventando maneras para saltar —así fuera espiritualmente— el altántico.

Nos ha ido bien, estamos contentos. Todavía no me canso de tomarle fotos cada vez que puedo (aunque ella no lo disfrute mucho). A falta de televisor, leemos juntos. Es rico leer juntos. Para celebrar, hornearemos dos jugosos conejitos comprados en La Rambla que criamos en el cajón bajo el lavaplatos durante los últimos tres meses. Los desangramos esta tarde en el balcón. La comida para engordar pollos hace milagros en estas ratas, les cuento. Tenía razón el punk de la tienda agraria.

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16.8.06

Los ciclos del pelo.

Yo tenía una amiga en el colegio que, cuando me cortaba el pelo, perdía todo el interés por mí. Con cada peluqueada en La cordillera, ahí al frente del fallido Paseo Real, tenía que reganar su amistad, casi que crearla. Saludarla un día en la mitad de un recreo de media mañana y decirle que yo era el que se sentaba al lado de ella en clase de química, ese que la molestaba. «Ah, era usté,» decía ella y me miraba como aprendiéndome, era una mirada cruel que yo sin embargo apreciaba porque verla a ella, así fuera en esas circunstancias, me gustaba mucho, y ese placer compensaba cualquier incomodidad que pudiera sentir.

Y así empezábamos a hablar más y más hasta que un día salíamos del colegio y nos íbamos caminando juntos hacia Unicentro. Qué bien se sentía. Caminábamos hasta Unicentro y nos comprábamos dos paletas de Helados Holanda. Recorríamos los almacenes y luego salíamos hasta un parquecito cercano a mirarnos, a tentarnos, a esperar que cayera la tarde para despedirnos y luego hablar por teléfono dos horas más una vez ella llegara a su casa. Cuando nos cojíamos de la mano, saltaban chispas.

Una vez casi nos damos un beso. Fue en clase de música. Entrábamos al salón y nos sentábamos uno al lado del otro y jugábamos a hacernos cosquillas porque la timidez no daba para más. Ella se acercó un poco y yo otro más y luego nos detuvimos como pidiendo permiso y aparentemente ninguno de los dos accedió, porque un segundo más tarde ella estaba frente a la partitura con su violín cargado y yo sentado atrás, junto a las marimbas, sosteniendo con orgullo falso mi insulso triángulo.

Y bueno, así era siempre, hasta que llegaba un día a la casa luego de una tarde de seducciones platónicas y cosquillas, y mi abuela me decía «te me afeitas esa barba y te me cortas la melena»; y ahí iba yo, apenado y obediente, nunca me rebelé, caminando por Santa Bárbara hacia esa escuela experimental de peluquería que a mi abuelo tanto le gustaba. «Cómo quiere que se lo corte, chino» me preguntaba el tipo, y yo le respondía «Clásico, gracias», como me habían enseñado, y mientras me trasquilaban, pensaba en Bill Murray y su suerte cíclica, y repetía resignado «I got you babe, I got you babe».

***

La vi brevemente dos veces desde que nos graduamos y nunca fue igual. Nunca la sentí tan cerca como cuando llevaba tres meses sin cortarme el pelo y nos sentábamos en la montañita a esperar las monitorías de la tarde. Supe por chismes que se casó con su novio de siempre, el greñudo que consiguió recién entró a la universidad. Supe que se fue a Escocia y que allá vive; trabaja como profesora en un colegio. Su marido es ejecutivo de una multinacional. Todavía, por suerte1, no tienen hijos.
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1Ayer, tras mucho pensarlo, le mandé por e-mail una foto mía con el pelo largo. «Llevo un año y medio sin cortármelo,» le explico en el mensaje adjunto. Espero su respuesta; este correo es mi última esperanza.
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15.8.06

Nazis entre nosotros.

Los alemanes andan escandalizados con la confesión de que el viejo Grass hizo parte de la SS cuando tenía 17 años, pero a nadie le importó que Ratzinger hiciera parte de las juventudes hitlerianas cuando lo eligieron papa.

¿Será que hoy en día ser escritor implica, socialmente, más responsabilidad moral que ser papa? Eso querría decir que estamos avanzando. No sé hacia dónde, pero definitivamente hacia algún lado.

Adenda: Pensándolo mejor, estamos en las mismas. Los papas, que yo sepa, nunca han sido ejemplo para nadie. No por nada Lutero se abrió.
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A bachilleres graduados en las décadas 60 y 70 les exigirán revalidar su título.

Haciéndole eco a Juan Manuel

El principal argumento: un bachiller graduado en esa época "no tiene nada que ver" con lo que se ha desarrollado y se usa actualmente en el mundo.

¿Se le venció su título escolar?

¿Usted es un bachiller graduado del mejor colegio del mundo en el año 1967? ¿O talvez un bachiller internacional de Liceo Francés graduado en la década de los 60? No se asuste si en un futuro le exigen revalidar su diploma escolar. Mucha gente se asustará ante tal premisa. Debo advertir que esto es exclusivamente una teoría ingenua de Guillermo Santos, pero no tendría nada de raro que se adoptara en un futuro. Al fin y al cabo, cualquier día de estos Álvaro decide, para completar el Santoral del gabinete, nombrar al tipo Ministro de Educación. Pero bueno, ¿Cuáles son los argumentos de Santos para salir con semejante cosa?

El primero, y el más importante para Santos, es que un bachiller graduado en los 60 "no tiene nada que ver" con lo que se ha desarrollado y se usa actualmente en el mundo. En ese entonces no existían los teléfonos celulares, ni los microondas, ni la comida para microondas, ni las barritas energéticas, ni las obleas con arequipe enlatadas, ni huellas de personas en la superficie de la luna, la música era cerrada, los Beatles triunfaban y sólo se podían oír en obsoletos discos de acetato conocidos como LP; no existían los portátiles ni las lavadoras-secadoras y Julio Cortazar recién publicaba Rayuela.

Y eso que no mencioné Play-Boy, Wi-Fi, SIDA, Prozac, Vanilla-Coke, Web 2.0, Papas con sabor a pollo, Internet, Leche deslactosada, Java, Sumatra, Uzbekistan, chips con dos procesadores, terneros con dos cabezas, agendas que ya se acercan a las capacidades de un portátil, orangutanes que ya se acercan a las capacidades de un ser humano y muchas novedades que afectan profundamente lo que un hombre debe saber para poder desempeñarse con eficiencia en el mundo de hoy.

Santos cree que algunos títulos escolares deben vencerse y para su revalidación el titular debería tomar unos semestres de actualización con los exámenes respectivos. Con las tecnologías de hoy de e-learning se puede estudiar desde la casa al ritmo que el estudiante quiera, de manera que el año de actualización se puede tomar sin dejar el trabajo y sin tener que desplazarse físicamente a una universidad. Esto se debe mirar con mucho cuidado, pues un bachiller mediocre como Santos, por dar solo un ejemplo, de los 60 que no se haya actualizado no se puede desenvolver en la sociedad y mucho menos en su campo de actividad, como lo evidencia la columna de ayer.

En conclusión, se debe estudiar el período de vigencia de ciertos títulos escolares y los semestres que se deberían tomar para obtener la revalidación. Los desarrollos tecnológicos que han afectado la gastronomía, el arte conceptual, la fotografía y el sexo grupal, por mencionar algunos casos, así lo exigen. Por lo menos, eso cree él.
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Carne Cruda.

En la casa de mi mujer no asan la carne, se la comen cruda. Yo le digo a ella, mija, usté sabe que a mí no me gusta la carne así, pero ella no tiene el corazón para confesarle a la mamá el disgusto que me despierta esa carne ensangrentada coloreandome el plato, el arroz, el día. Parece que a la señora le daría muy duro esa noticia. Que es eso es una especie de tradición familiar, un símbolo de sus días como sirvientes del gamonal del pueblo donde todos nacieron. Es que a ella le ha tocado duro y hay que entenderla, me dice mi mujer, Martha, y yo me sigo comiendo la carne a pedacitos pequeños escondiéndola entre el puré de papa y rezando que ninguna larva se haya metido entre ese músculo y esté esperando el idiota que la digiera para sacar alas.

Hay que entender a la vieja. Hay que aguantarse hasta que la vieja toque las puertas por las noches, que se levante a las dos de la mañana a revisar que todos estemos bien porque ella tiene pálpitos, ella siente cuando la muerte se acerca y eso le causa terribles pesadillas. Y la muerte parece pasar por la casa todas las noches. Basta una mosca, me dice la señora. Una mosca agonizante y yo siento que una sombra me pisa la panza y no me deja respirar. ¿Una sombra? Sí, es como un duende, pero sin cuerpo. En Ibagué los espantábamos con un plátano frito y un colador, pero este vive aquí adentro, no hay manera de espantarlo.

Yo trato de entenderla. Yo le digo a mi mujer: Martha Eugenia, llevemos a su mamá al psiquiatra, no joda, ¿cómo vamos a dejar que se nos vaya así? Mire que está durmiendo dos horas por noche no más. El resto del tiempo se la pasa presintiendo la inminente muerte de algo en alguna parte. ¿Será el veneno que le pusimos a las hormigas en el primer piso?, bromea Gerardo, mi cuñado.

Al final la llevamos a donde el doctor Benavides, un amigo de mi prima Rosa, y él le dio unas pastillas de dormir pero la vieja no se las toma porque le dan agrieras. Agrieras, ¿puede creerlo? Ahí sigue la vieja, rondando como alma en pena la casa, tocando la puerta cada hora y media para ver si seguimos vivos. Quién lo manda a quedarse sin trabajo, hermano, me repite Martha Eugenia cada vez que le reclamo.
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Usted no tiene prioridad.

Así decía un aviso bajo una señal de paso peatonal en el aeropuerto de Granada, antes de llegar al sitio donde se recogían las maletas. Su lectura me deprimió muchísimo; me sentí un fracasado.
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14.8.06

Notas al margen.

Ya hace un tiempo que tomé la costumbre de dejar comentarios y marcas en las márgenes de los libros. Casi siempre hago dibujos alegóricos al texto; dibujos más bien minimales, apenas signos: como si marcara con señales de tránsito (o mejor hobo signs) la autopista de lectura.

Todavía no sé por qué lo hago. A veces me imagino que algún día regresaré a ellas y no sé si sería capaz de obviarlas al verlas acercarse. Las marcas modifican para siempre mí improbable relectura del libro y supongo que pervierten -forzando asociaciones- la de aquellos que tengan la (mala) fortuna de leerlo por primera vez usando mi copia.

***

Hay otra interpretación menos romántica en la que no estoy dejando señales informativas sino simples marcas de propiedad. Escribir sobre los libros es mi manera de ser territorial, de apropiarlos, de decir por aquí pasé y esto es mío, mío-mío-mío.

Pruebas a favor de esta segunda teoría son los souvenires que acostumbro guardar entre esas mismas páginas. Yo nunca releo novelas, pero a veces las abro nostálgicamente intentando adivinar qué sucede, intentando revivir los personajes recurriendo sólo a un par de párrafos al azar, y de esos libros casi siempre salen volando papelitos que sirvieron de marca páginas que me dan pistas sobre las circunstancias en las que ocurrió la primera lectura. Una boleta de cine y un recibo de Walgreens por la compra de unos tic-tacs de canela y una cherry-coke, por ejemplo, o un tiquete de tren Champaign-Chicago de ida y vuelta saliendo a las 6am y regresando a las 4pm, lo que de inmediato despierta el recuerdo de mis recurrentes visitas al consulado español y sus afiches del Camino de Santiago, y el sabor de los sanduches italianos inmensos que a veces compraba en esa deli en los bajos del Hancock, o mis encuentros con Miriam en sospechósamente oscuros almorzaderos clandestinos de downtown para que me contara alguna de sus increibles y tristes historias del cliente cándido eréndiro que resuelve cambiarse el sexo y su esposa desalmada que lo divorcia y le quita todo no sin antes transformarlo, a ojos de sus hijos, vecinos, primos y padres, en poco más que un violador canibal de bebés prematuros.

Y sí, a veces estos souvenires me saben igual que las notas y las marcas, me cuentan exactamente las mismas cosas. Tal vez sólo escribo en los libros para llevar en ellos un registro de lo que yo era cuando los lei. Como un diario. Como esto pero en desorden y sin fechas. Como esto pero sin tantas palabras y más simbolitos. Una especie de enlace de las historias que leo con la realidad circundante. Un ancla entre mi lectura del libro y el mundo que deja atrás.

Lo mismo daría que escribiera fechas, pero sería mucho menos divertido.
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Garp.

This particular day, Garp was eager to talk about writing to anyone, and young Whitcomb was eager to listen. Don Whitcomb would remember that Garp told him what the act of starting a novel felt like: 'It's like trying to make the dead come alive,' he said. 'No, no, that's not right — it's more like trying to keep everyone alive, forever. Even the ones who must die in the end. They're the most important to keep alive.' Finally, Garp said it in a way that seemed to please him. 'A novelist is a doctor who sees only terminal cases.' Garp said. Young Whitcomb was so awed that he wrote this down.
J. Irving, The world according to Garp
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12.8.06

Sefr Darajeh (Zero Degree).

En noviembre tuvimos la oportunidad de asistir a una proyección de cortos animados en Leeds. Entre ellos me llamó particularmente la atención uno iraní sobre un tema que se ha vuelto recurrente en este blog: la relación entre el documentalista y lo documentado; el poder (y la impotencia) del uno sobre el otro.

Desde que Olga escribió esta entrada he estado intentando encontrarlo. Finalmente, ayer di con la dirección electrónica del director, Omid Khoshnazar, y hoy él amablemente me envió el video en formato digital y me autorizó a colgarlo en YouTube. Aquí está, espero que les guste tanto como a mí:

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Prestidigitación 32.

A veces, cuando me ve, anhela mi ausencia.
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Prestidigitación 31.

Ella sabía cómo hacerlo. Ella sabía bien cuál era la manera de activar el súbito proceso que transformaba una buena tarde en un infierno.

Luego hacía silencio.
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9.8.06

Teselaciones (2).

Grato sentir o presentir, rey doliente,
que tus dulzuras son adioses,
que te será negada la llave,
que la cruz del infiel borrará la luna,
que la tarde que miras es la última.


(J.L. Borges, Alhambra)

Un amigo de un amigo de un amigo de un amigo, la herramienta literaria por excelencia para externalizar y dotar de mediana verosimilitud una anécdota de otro modo increible, estaba en la cafetería de la universidad comiéndose una ensalada rusa cuando, ¡Bum!, se hizo la luz. Una luz negra, el Gnab-gib. Una luz que rompe el tiempo, que destruye la continuidad narrativa y hace dudar a cualquiera de lo percibido. ¡Bum!, hizo la luz cuando llegó a su oido. ¡Bum!, retumbó furiosa la luz mientras reconfiguraba el espacio y el tiempo arrasando paredes y columnas y segando con ese insulso ¡Bum! la vida de ochenta y cinco personas, incluyendo la de este amigo de un amigo de un amigo de un amigo que yo luego conocí.

(Imagine a missile [bomb] one hears approaching [going off] only after it explodes. The reversal! A piece of time neatly snipped out... a few feet of film run backwards... the blast of the rocket [bomb], fallen faster than sound—then growing out of it the roar of its own fall, catching up to what's already death and burning... a ghost in the sky...)

Las noticias, tan factuales, tan precisas, aclaran que de los ochenta y cinco sólo nueve murieron. Sólo nueve. «¿Y yo qué?», me pregunta este amigo transitivo sub cuatro sentado en la barra de un pub en Cambrigde, «¿Qué fue de mí?»

...¡Bum! ¡Bum! ¡Bum!..., así late su nuevo corazón.

***

Las piezas teselan el espacio y el espacio es a su vez construido y fragmentado por las piezas. Teselar es regularizar, estructurar, simplificar, pero también es una forma sutil de destrucción. Tras el ¡Bum!, este amigo transitivo sub cuatro dejó de ser quien era. Renunció a todo. Dejó la universidad, dejó las matemáticas, dejó su país, se volvió analista financiero, se casó con una londinense dientona. Hay rastros visibles de su teselación interna: pequeñas cicatrices en los brazos, una sonrisa que no sabe surgir, el juego que repite y repite con su bolígrafo entre los dedos, su renuencia a sentarse en las esquinas de las mesas. «Antes no era así», me dice A., «Antes su vida era el álgebra. Antes le gustaba contar chistes de rabinos». «Antes... antes... antes...», la anáfora es inevitable cuando me habla sobre él.

***

Cada cual cuenta la historia distinto. Cada cual la tesela a su manera. I., por ejemplo, la cuenta desde la perspectiva de aquel que escapa del ¡Bum! por cinco minutos, y para él lo fundamental es subrayar el nombre de la cafetería y luego recordar esa canción. «It's funny...», alcanza a decir, pero luego luego se arrepiente: «...actually, there's nothing funny about it».

Lo que recuerda B., quien llena su inglés de muletillas en alemán para evitar tartamudear, es que entraba a la universidad cuando vio a este amigo pasar a su lado con un brazo vendado y le preguntó qué había pasado. «¿Qué pasó?», recuerda que le preguntó, pero no es capaz de recordar cuál fue la respuesta porque el ¡Bum! venía con ella y, como ya les he explicado, el ¡Bum! encripta todo lo que encuentra a su paso, lo torna ininteligible.

C. recuerda el estado de la cafetería y recuerda las luces de las ambulancias. D. recuerda que su amigo Guillermo, recién llegado de Chile, desapareció tras la luz: «Se fue de misionero a la India, parece.»

F. estaba en la biblioteca, y el ¡Bum! le llegó con intermediación de muros, estanterías y ventanas. Creyó que había sido lejos.

***

La historia está en las piezas. La historia son las piezas rotas.

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8.8.06

Tratado de Libre Comercio.

Bueno, mi gente, por fin tenemos acceso al texto completo del famoso tratado de libre comercio que el gobierno colombiano pretende firmar con Estados Unidos. Creo que esto permitirá que el debate sobre la pertinencia (o no) del tratado se haga, por fin, sobre bases sólidas y no sobre los prejuicios y rumores que plagaban las discusiones al respecto hace algunos meses. Aquí están los enlaces:
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Mister Bones.


"Lent an ear, Citizen Mutt," Willy said. "It's starting. Things are falling away now. One by one they're falling away, and only strange things are left, tiny long-ago things, not at all the things I was expecting. I can't say I'm scared, though. A little sorry, maybe, a little miffed at having to make this early exit, but not crapping my drawers the way I thought it might be. Pack your bags, amigo. We're on the road to Splitsville, and there's no turning back. You follow, Mr. Bones? Are you with me so far?"
P. Auster, Timbuktu
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7.8.06

Simetrías y Teselaciones.








(Otras fotos en Granada, arrancando acá)
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5.8.06

Querido Diario,

Hoy visitamos la Alhambra. Es uno de los sitios más lindos que he visto en mi vida.

(Y estuve pensando en vergüenzas como estas; y en los grafitis ecuacionales igualando svasticas y estrellas de david que decoran las calles de Granada; y en un misterioso grafiti escrito en árabe en algún callejón del Raval (¿para quién es? ¿qué dice? ¿por qué está ahí?); y en el viejo en Barcelona, a la salida del metro en Plaza Universidad, que nos escucha hablar en latinoamericano y se pregunta a gritos (para alertar sobre el peligro que representamos, supongo) cuánto nos habremos robado "los sudaquitas"; y en mi vecino magrebí que choca con el mundo (y la policía) cada día de por medio; y en una guerra entre musulmanes y judíos que no se acaba, que aún tiene hambre, que aún no recolecta suficientes muertos; y en Federico García Lorca diciendo Señores Guardias Civiles: aquí pasó lo de siempre. Han muerto cuatro romanos y cinco cartaginenses.

¿Dónde quedó la humanidad que creó la Alhambra -esa en la que cabían en mediana armonía moros, judios y cristianos dentro de una misma ciudad sin muros dividiéndola-? ¿Qué fue de ella? ¿Es un invento? ¿Nunca ocurrió? ¿Y entonces de dónde salió todo esto?)

Casi me pongo a llorar caminando por la Alhambra. Creo que era nostalgia por ese pasado no vivído, aunque bien podría ser emoción por ver todos esos muros llenos de palabras, o tal vez una mezcla de ambas (y muchas más) cosas. Es apabullante ese lugar.

(Luego pego fotos.)
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4.8.06

Ciberdisidencia.

Los reporteros sin fronteras han preparado un manual sobre weblogging y ciberdisidencia que bien merece una leída. Los weblogs parecen consolidarse como el canal idoneo de participación política de nuevas voces y la punta de lanza de la lucha contra la censura a nivel mundial. Ahora que todos tenemos voz, hay que aprender a hablar y a escucharnos.

Nos vemos el lunes, me voy de paseo.
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3.8.06

Lester Brown.

Ricardo Silva acaba de publicar El hombre de los mil nombres, una biografía del productor de culto Lester Brown, fundador y alma de Bracket Productions. En su libro, Silva no se limita a meramente recorrer la(s) vida(s) del personaje, cosa que ya han hecho tantos otros (A. Todler, por ejemplo, en su enciclopédica Lester Brown et al., The Unabridged Polybiography, o T. Heckingher en su Life and death of the many Mr. Browns), sino que desarrolla una investigación cuidadosa de las circunstancias de su muerte, tras la cual concluye -para desconcierto de los estudiosos- que Brown no se suicidó sino que fue asesinado. Tesis polemica como pocas que incluso hoy, a más de diez años de su partida, causa justificado resquemor entre sus asociados y conocidos.

Complementado con numerosos testimonios de diversas personalidades que tuvieron la suerte de frecuentar al gran productor, El hombre de los mil nombres es un libro de interés tanto para académicos como para legos. La vida de Brown y su tragedia sirven de perfecto marco para apreciar y entender la sociología de la industria cinematográfica norteamericana, pero sobre todo sus vicios, podredumbres y flaquezas.

(Lea el primer capítulo)
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Castro según CNN.

The president's comment was that everybody was caught by surprise, and we'll have to wait and see. I think all of us can say we had no idea this was coming.
(Un senador de Utah luego de reunirse con el presidente Bush ayer.)
Los de CNN no serán buenos periodistas, pero no hay duda de que son unos humoristas accidentales geniales (aunque tal vez el presidente que cargan facilita las cosas1). El día de hoy nos cuentan, por ejemplo, como una revelación, que el gobierno gringo no veía venir el impasse médico de Fidel Castro. Debe ser que las cámaras espías que tienen en el colon del viejo no están funcionando bien. White House surprised by Castro's illness, anuncia, y luego subtitula Coast Guard sees no mass exodus from Cuba.

¿Y qué esperaban? ¿Que el viejo sufra una hemorragia intestinal y la isla empiece a cagar todos los cubanos contenidos por cinco décadas? ¿Es que no se han dado cuenta de que Fidel lleva entrenando a Raúl para que perpetúe la tradición desde hace cuarenta años?
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1 "Paul Krugman [...] writes that with the Bush-Cheney presidency, the US now has "a sort of elected dictatorship: a system in which the president, once in office, can do whatever he likes, and isn't obliged to consult or inform either Congress or the public". If the presidency was ever once considered in US history as largely titular or honorific compared to Congress, the trend now to a kind of serial monarchy appears irreversible. The White House itself has become the forbidden palace.

George W. Bush is a serial monarch. Kings of old could be child-kings, or idiot-kings, to be guided by a regent (Cheney) and various other non-elected courtiers (Rumsfeld, Wolfowitz, Rice, and, more shadowy, neo-conservatives like Perle).

Americans oddly refer to their modified form of eighteenth-century monarchy as democracy, apparently ideal and to be followed by the rest of the world.

One clear advantage of the British Westminster system is that the prime minister, and his or her ministers, have to engage in parliamentary debate, preparation of arguments, replies to criticisms. In the US system the king-president can be an embarrassing fool (whatever the reverence before the office of the president as semi-divine) because he never has to perform in a parliamentary setting." (Tomado de acá.)
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1.8.06

House of Leaves (4).

"I have no sense of anything other than myself," he mumbles.


Durante una evaluación, el doctor Téllez me mostró un cuadro negro, como el que está aquí abajo, y me pidió que le contara qué había adentro, que reconstruyera la oscuridad. Yo le mentí, le dije que había una cueva llena de monstruos, pero él insistió, «No, no, hombre, dígame qué ve», dijo, y luego de una pausa me preguntó que si todavía lo veía. Yo le respondí, ¿qué más hacía?, que sí, que ahí estaba, que todavía andaba ahí, escondido tras el borde, esperándonos. «Lo veo respirar.»

No me preguntó qué nos esperaba, no se atreve. No dijo nada más. Terminó de llenar el formulario y luego me dio las cartas de Mónica, eran tres. Mónica y sus sobres decorados. ¿Cuánto tiempo llevaba en ese lugar?

La siguiente vez que nos vimos, el doctor Téllez me mostró la foto de la niña y el buitre. «¿Qué ve?», me volvió a preguntar.

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En el futuro, los lectores de periódicos y revistas probablemente verán las fotografías de las noticias más como ilustraciones que como reportajes, dado que sabrán bien que no hay manera de distinguir una imagen genuina de una que ha sido manipulada. Incluso si los fotografos y editores resisten la tentación de la manipulación digital, cosa que probablemente harán, la credibilidad de las imágenes reproducidas disminuirá debido a un ambiente de expectativas reducidas. En resumen, las fotografías no lucirán tan reales como alguna vez lucieron.0
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Reconstruir el espacio por medio de una imagen captada (capturada, congelada, atrapada, salvada) por una cámara. Invertir la proyección. Scene reconstruction: ¿Cuántos metros separan al buitre de la niña? ¿Cuánto mide la niña? ¿Cuánto pesa? ¿Cuántos años tiene? ¿Se arrastra o yace? ¿Cómo se llama la niña1/2? ¿Llora? ¿Cuántos segundos le quedan? ¿Qué tan cerca estamos? ¿Qué tan lejos? ¿Qué vemos? ¿Es real? ¿Lo fue? ¿Qué hacer?

Reconstruir la oscuridad. Llenarla de volumen. ¿Qué hay en el cuadro negro? ¿Qué hay en la ceguera del viejo Zampanò? ¿Cuántos viven en su penumbra? Scene Reconstruction: el borgiano Zampanò llena su nada de letras y las deforma intentando convertirlas en un ensayo, una metáfora de lo que no ve. Muere en el intento. Fracasa. Zampanò sueña un documental, The Navidson Record, sobre un hombre obsesionado con capturar la o(b)scuridad y una casa repleta de ella, una casa que resguarda el camino hacia un laberinto negro y sin fondo, Ash Tree Lane.

The Navidson Record es más grande que Zampanò. Su ensayo se desborda sobre el mundo invisible y se convierte en un símbolo total de eso que no ve, que no puede vivir. Zampanò vislumbra una inmensa scene reconstruction comunal que llena al Navidson Record de sentidos, de caminos, de interpretaciones. Intentando ocupar el vacío negro, T   h   e       N   a   v   i   d   s   o   n       R   e   c   o   r   d       s      e              e      x      p      a      n      d     e      .

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Will Navidson es famoso. Tal vez lo recuerden por esa foto, seguro que la han visto, de una niña sudanesa moribunda que es acechada por un buitre. Todo el mundo ha visto esa foto. Todo el mundo tiene una opinión sobre ella. Todo el mundo juzga. Todo el mundo sabe qué ocurrió, cómo llegó él ahí, qué estaba haciendo, qué no hizo, qué no pudo hacer, qué no fue capaz de ser. Will Navidson también ha visto el corazón de las tinieblas.

(¿No se llamaba Kevin Carter?)

Will Navidson se instala junto a su compañera Karen y sus hijos Daisy y Chad en Ash Tree Lane intentando escapar de su trabajo, de sus visiones congeladas de niños corriendo entre las balas, pero no puede dejar sus cámaras, no puede dejar de capturar el mundo, así que llena la casa de incontables cámaras de video y se prepara para narrar su primer año de vida sencilla y feliz. El único problema es que un día, al llegar de un paseo, descubren que hay una nueva puerta en la casa. Una puerta que conduce a un corredor frio. Navidson se adentra.

Así se inicia The Navidson Record.

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Not the photo—that photo, that thing—but who she was before one-sixtieth of a second sliced her out of thin air and won me the pulitzer though that didnt keep the vultures away i did that by swinging my tripodaround though that didnt keep her from dying five years old daisy's age except she was pciking at a bone you should have seen her not the but her a little girl squatting in a field of rock dangling a bone between her fingers i miss miss miss but i didn't miss i got her along with the vulture in the background when the real vulture was the guy with the camera preying on her for his fuck pulitzer prize it doesnt matter if she was already ten minutes from dying i took threem minutes to snap a photo should have taken 10 minutes taking her somewhere so she wouldnt go away like that no family, no mother no day, no people just a vulture and a fucking photojournalist i wish i were dead right now i wish i were dead that poor little baby this god god awful...
Carta de Will a Karen, 31 de Marzo de 19911

Ken Oosterbroek, el mejor amigo de Kevin Carter.
(Ciskei, Febrero de 1994)


Ken Oosterbroek -atrás-, moribundo, es arrastrado mientras su buen amigo Joao Silva intenta congelarlo vivo.
(Thokoza, 18 de abril de 1994)

El 12 de abril, Kevin Carter recibe el premio Pulitzer por su fotografía del buitre.

Carter se suicida2 el 27 de julio de ese mismo año.
(Ambas fotografías son tomadas de aquí.)

Era Emilio López Lobo, el fotógrafo madrileño de la agencia Magnum, uno de los mitos vivientes del gremio. No sé si Jean-Pierre había oído hablar de él (Jean-Pierre Boisson, del Paris-Match, dijo Jean-Pierre sin inmutarse, por lo que es presumible que no lo conociera o que en las circunstancias en las que nos hallábamos le importara un rábano conocer tan eminente figura), yo sí, yo soy fotógrafo y para nosotros López Lobo era como Don DeLillo para los escritores, un fotografo magnífico, un cazador de instantáneas de primera página, un aventurero, un tipo que había ganado en Europa todos los premios posibles y que había fotografiado todas las formas de la estupidez y de la desidia humanas. Cuando me tocó a mí estrechar su mano, dije: Jacobo Urenda, de la agencia La Luna, y López Lobo sonrió. Era muy flaco, debía de andar por los cuarenta y tantos, como todos nosotros, y parecía bebido o agotado o a punto de volverse loco, o las tres cosas a la vez.
R. Bolaño, Los detectives salvajes
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Zampanò es incansable, pero su tarea, ya lo dije, lo supera. Su ensayo a retazos, una gigantesca broma metaliteraria hiperestructurada, laberíntica, excesiva, erudita y confusa (¿cuántos adjetivos le caben?), yace junto a su cuerpo (junto a sus poemas, junto a sus notas, junto a su obra de vida, junto a los enigmáticos restos de su paso por el mundo) cuando los paramédicos vienen, porque Lude, su vecino, un peluquero gigoló, les avisa que el viejo hace dos días que no sale. Antes de morir, el viejo de deshace de todos sus gatos.

Lude también le avisa a Johnny, su mejor amigo. (Johnny Truant: Asistente de un taller de tatuajes en West Hollywood, huérfano de padre y madre, viajero de mochila, catador de psicoactivos e incorregible mitómano.) Lude le dice a Johnny que tienen que entrar a ese lugar antes de que se lleven las propiedades del viejo. Johnny lo acompaña. Johnny entra. Johnny encuentra la casa de hojas. Johnny, pobre desgraciado, intentará completar la tarea de Zampanò y el resultado de ese nuevo intento, la compilación maximal de la labor truncada de Zampanò y su edición comentada, modificada, subtitulada, ampliada y regurgitada, aunque no digerida, por Johnny Truant5/2, será lo que, luego de una juiciosa (y extensa) labor de edición, Mark Z. Danielewski resolverá colgar en internet para que sus amigos lo lean bajo el título de House of Leaves. Setecientas nueve páginas de abrumador desconcierto.

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«¿Qué ve?», me repite Téllez.

«No veo nada», le respondo, pero ahí está, estoy seguro, escondido tras el marco, esperándome. Lo escucho respirar3.

Postdatas:
  1. Para una reseña más digna y más seria, pero en inglés, les recomiendo la de Allen B. Ruch para el todopoderoso The Modern Word. También vale la pena leer esta entrevista al autor para Flak Magazine.
  2. Lamentablemente, nadie se ha atrevido todavía a traducir House of Leaves al español. ¿Quién se anima?

  3. Curiosamente, House of Leaves parece tener bastantes (o incluso demasiadas) cosas en común con House on the borderland, novela que Portnoy recién reseñó esta semana. Deben ser cosas del Plan, como diría él. (Texto completo de esa novela, acá.)
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0 Andy Grundberg, "No lo dude: La camara puede mentir", New York Times, agosto 12 de 1990, Sección 2, 1, 29. Esta cita reitera de varias maneras lo que Marchall McLuhan anticipó cuando escribió: "Decir que 'la cámara no puede mentir' es meramente subrayar los múltiples engaños que hoy se cometen a su nombre". (Nota escrita por Zampanò)
1/2 Delial (¿DeNial?).
1 "No la foto —esa foto, esa cosa— sino quien ella era un sesentavo de segundo antes de que cortara el aire y me ganara el pulitzer aunque eso no haya alejado al buitre yo lo hice agitando mitripode pero eso no impidió que ella muriera cinco años la edad de daisy excepto que ella estaba mordquiseando un hueso la debiste haber visto no la una niñita arrastrándose en un terreno pedragoso sosteniendo un hueso entre sus dedos extraño extraño extraño pero yo no extraño la llevo conmigo junto al buitre al fondo pero el verdadero buitre era el tipo con la cámara acechándola por su puto premio pulitzer no importa si le faltaban diez minutos para morir yo me demoré tresm minutos en tomar la foto me hubiera tomado diez minutos llevarla algún lugar para que no se fuera así sin familia, sin madre sin día, sin gente sólo un buitre y un fotógrafo de mierda ojalá estuviera muerto ahora mismo ojalá estuviera muerto pobre bebecita espantoso espantoso dios..."
2 Más información en el Suicidiario de Bogato.
5/2 La apropiación es a tal nivel que Johnny se transforma en un personaje del libro, en un coautor, en el contertulio perfecto del estricto Zampanò, el ser que, a diferencia del ciego, ha visto demasiado. Así, un largo segundo apéndice recolecta algunos de sus poemas, diagramas, cartas de su madre enferma y el obituario de su padre. Johnny, tras editar el libro, desaparece sin dejar rastro.
3 La niebla cae, les dije, pero a veces puedo ver tras ella, y lo que veo son cuarenta niños subiéndose a la carrera en un bus verde, cuarenta niños que las profesoras, en su crísis neurótica, no cuentan. Cuarenta niños que deberían ser cuarenta y uno. Cuarenta niños y tres profesoras que me dejan solo junto a la casa del oso. Cuarenta niños que nunca vuelvo a ver. Cuarenta vidas que pierdo de vista. Adiós, vidas, adiós. Hola, señor oso.
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House of Leaves (3).


Mire bien. ¿Lo ve?                                                                                                          Sí, ahí está.
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Delial.


"The pain of life overrides the joy to the point that joy does not exist." -- Kevin Carter
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Bolañismo 2667.

Parece que en enero próximo Anagrama publicará dos obras póstumas de Roberto Bolaño: El secreto del mal, una colección de cuentos salvados de sus archivos, y La universidad desconocida, una recopilación de viejos poemas en prosa ochenteros. Creo que me interesa más el primero que el segundo. Ya veremos qué tal están.

(¿Cuánto más Bolaño póstumo exprimirán?)
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31.7.06

Proyección.


La representación no reemplaza. Sólo ofrece distancia y en raros casos perspectiva.
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House of Leaves (2).

Yo también tengo mis historias de terror. Tengo una en la que voy en un paseo del colegio. Tengo seis años. Pasamos por el Castillo de Marroquín pero no nos dejan entrar ni al baño, así que seguimos nuestro camino hasta llegar a un potrero en una colina rodeada por un bosque con una pequeña casa desocupada en la justa mitad. Los buses nos esperan en la carretera y nosotros corremos y jugamos, o nos comemos lo que quiera que nos hayan empacado en las loncheras (una mandarina, un chocoramo, un banano, unos gudis, un huevo duro, un sanduche, unas papas fritas, una gaseosa en botella friopack (¿qué pasó con esas?)) y algunos, los valientes, se aventuran hasta la casa y se asoman por las ventanas para ver qué hay adentro. Varios van y vuelven con noticias, algunos dicen que vieron algo, otros sólo tienen miedo.

El miedo es una cosa extraña. El miedo, virulento, convierte ese algo que algunos vieron en una amenaza que todos sentimos. Al cabo de un rato, en la base de la colina, ese miedo ha tomado cualquier forma concebible hasta convertirse en un oso. Así es: en la casa blanca, la casita minúscula y abandonada, hay un oso gris encerrado, un oso muerto de hambre que quiere salir y comernos a todos. Cuando a mí me lo cuentan me suena completamente razonable, casi obvio, cómo no se me había ocurrido antes, alcanzo a pensar, pero para ese momento yo también voy encabezando una segunda avanzada hacia la casa para ver al oso, para burlarnos del oso, para morirnos del miedo sintiendo la amenaza tras el muro y pensar en qué haríamos si el oso escapara. No hay modo, pero y si ocurriera, ¿qué haríamos? Yo me asomo por uno de los vidrios ahumados y no veo nada, pero alguien pega un gritito junto a mí y me dice que lo vio, que está debajo de ese escritorio, que es inmenso, que el cuerpo de un hombre yace en el piso de la pequeña habitación. Mire bien, me dice, y sí, yo también lo veo.

Cae la niebla.
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30.7.06

One Two Three

On Sunday, August 13th, 1961, the eyes of America were on the nation's capital, where Roger Maris was hitting home runs 44 and 45 against the Senators. On that same day, without any warning, the East German Communists sealed off the border between East and West Berlin. I only mention this to show the kind of people we're dealing with - REAL SHIFTY
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