22.2.07

Pretty mouth and green my eyes.

Una vez me dijo que nada olía peor que un colegio de mujeres administrado por monjas. Odiaba el colegio. Hablábamos por teléfono todas las noches. Cometí el error de darle mi número y ella me llamaba, casi siempre a las nueve o diez, y me contaba lo que estaba ocurriendo en su vida. Hablaba por horas y horas. Yo era su diario, nunca supo nada de mí. Su padre estaba muerto, su madre la tenía eternamente castigada. Tenía dos hermanas mayores y varias amigas. A las hermanas las odiaba pasionalmente. Sus sentimientos hacia las amigas, por otro lado, oscilaban de un extremo al otro dependiendo del día, de si hacía sol, de algún comentario de una monja, de la pelea que ocurrió en el gimnasio antes de la clase de educación física, de las discusiones de la ruta escolar.

Nunca nos vimos. Ella era sólo voz y yo era un silencio modulado. Recuerdo que a veces colgaba de imprevisto anunciando que había sido descubierta, y otras veces hablaba en voz baja para que no la encontraran. Sus discursos eran tanto global como localmente incoherentes y sus narraciones disparatadas, pero yo seguía hablando con ella, escuchándola, sobre todo, porque sus historias eran mejores que las de las telenovelas que veía mi abuela a esa misma hora. Era voyerismo barato. Algunos días lloraba, otros me contaba fiestas, o citas en centros comerciales con noviecitos, casi siempre odiaba al mundo y a sí misma, pero a mí jamás: yo era distinto, yo la entendía, yo resolvía su vida, yo -ya se los dije- era su diario.

Dejó de llamarme un día sin razón aparente. Tal vez se le acabaron las historias, tal vez agotó mis páginas, tal vez consiguió novio, tal vez creció. Ahora pienso que pudo haber una pelea, quizás fui muy duro con ella. A la semana, la llamé al número que tenía y que había usado para contactarla un par de veces. Una mujer contestó y le pregunté por ella. «Esa niña no vive acá. ¿Quién le dio este número?», respondió la mujer. «Ella nunca ha vivido en este lugar, ¿me escuchó?, nunca. Por favor, no vuelva a llamar.»

Eso hice.

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