9.3.07

Chomsky: EEUU vs. Irán.

Interesante análisis de Chomsky con respecto a las intenciones de Estados Unidos en Irán.
The US invasion of Iraq virtually instructed Iran to develop a nuclear deterrent. The message was that the US attacks at will, as long as the target is defenceless. Now Iran is ringed by US forces in Afghanistan, Iraq, Turkey and the Persian Gulf, and close by are nuclear-armed Pakistan and Israel, the regional superpower, thanks to US support.
(link)
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8.3.07

Sucio es el nuevo limpio.

El gobierno colombiano está escandalizado con este ácido corto animado de Anmistía Internacional que critica el proceso de desmovilización paramilitar amparado en la ley de justicia y paz. Ya salió el títere-canciller a indignarse, a exigir respeto y a decir que se burlan de los esfuerzos de los colombianos por alcanzar la paz. ¿Pero realmente se están burlando? ¿Cuáles son esos esfuerzos? ¿Son como los del presidente intentando conseguir gente "limpia" y nombrando al (ahora en la cárcel) Noguera (a.k.a) "Un muchacho de buena familia" en dos ocasiones? ¿Es que acaso se les olvidó quiénes y por qué mataron a Yolanda Izquierdo? Antes que indignarse, el gobierno colombiano debería preguntarse -con sinceridad- si ha hecho bien su labor.

Hay gente que se indigna porque los paramilitares van a salir libres pronto. Eso a mí no me preocupa. Creo que esa libertad es un precio justo que el país puede pagar porque dejen de matar. El problema es cuando esa libertad está acompañada de completa impunidad por los crímenes que cometieron (incluida y no limitada a preservar el dinero que amasaron gracias a su toma de control del territorio). Por eso es que lo grave no son las posibles sentencias cortas de Mancuso y compañía, sino cómo ese proceso se ha llevado a cabo, sin un seguimiento serio, dentro de un marco legal difuso diseñado y remodelado por los paramilitares cada vez que una eventualidad ocurría, completamente improvisado, de espaldas al país. Si el gobierno colombiano quiere que tomen en serio sus planes de reinserción a la vida civil de esa gente y proceso penal de los líderes, debería actuar con seriedad él también. Planear por primera vez, por ejemplo, y evaluarse constantemente y en público. La crítica de Anmistía Internacional me parece más que justa. Ya hacía falta que les jalaran las orejas.

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Down at the dinghy.


¿Qué pasará con él? ¿Se lo llevará el viento y se hundirá entre las nubes? ¿Nos dejará solos? ¿Cuándo ocurrirá? ¿Iremos caminando por la calle y, de repente, empezará a elevarse sobre las casas hasta que lo perdamos de vista? ¿Dónde irá?

Conjeturemos: Si, como descubrimos en Zooey, Webb "Buddy" Glass escribió Teddy y A perfect day for bananafish, es probable que todo Nine Stories también sea obra suya. Y ahí están las obsesiones y los traumas de los Glass para demostrarlo, y entre cada niño de estos cuentos, ¿cuántos faltan? ¿cuántos van?, hay un Glass oculto y tembloroso; y por eso se quiebran, así se llamen Lionel o Esmé o Teddy y se apelliden Tannenbaum, porque esas que rescataste son las gafas para bucear del tío Webb y antes pertenecieron al tío Seymour y todos saben lo que le pasó al tío Seymour. Todos lo saben, y viven con eso, y Buddy se nombra en Down at the dinghy, se filtra discretamente usando su nombre de pila, el que nadie salvo Boo Boo usa, para aparecer junto a Seymour y decir que esas gafas son suyas pero también eran de él, y Boo Boo sabe lo feliz que será cuando le digan que Lionel las encontró. Tan feliz se pondrá, tan feliz, que escribirá un cuento sobre ellas. Este, por ejemplo.

Pero este cuento no va sobre gafas, las gafas son -dentro de mi conjetura- sólo una excusa, una semilla, de la que nace la historia, la historia que luego ramifica y se enreda, porque Boo Boo le cuenta a Buddy por qué Lionel tenía miedo y quería escapar de nuevo. Escapar, así como cuando a los diez años mi papá armó una bolsa con ropa, dos panes, un bocadillo y un queso, y se voló un día de la casa para que mi abuelo no le pegara. Caminó y caminó por Ibagué escapando, pensando en la vida que iniciaba, y luego se sentó en un parque y se acabó las provisiones de un tirón. Asustado y con hambre, regresó a la casa arrepentido por la noche, y mi abuela lo recibió con comida y mi abuelo con un cinturón. Le pegó hasta que le durmió la espalda, en la azotea de la casa, y luego lo mandó a dormir.

Y así va Lionel, que escapa en su botecito anclado en el muelle, y parte solo porque la genética se lo ordena. Live together, die alone, le dicta el gen Glass. No confíes, no. Y se adentra en su botecito entre el lago, sueña que se adentra, y que el botecito se eleva y se eleva para no dejarlo ir, para alcanzarlo entre las nubes, para no perderlo de vista.

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La derivada logarítmica no me deja respirar y otras artes breves.

Futurología

Estoy escribiendo nueve cuentos. La meta es uno por semana. La idea es presentarlos al concurso del distrito de mitad de año, igual que la vez pasada, pero a diferencia de la vez pasada no serán revisiones de textos nacidos en este blog. No que los del blog no me gusten, pero esta vez quiero un tema unificador, y además los cuentos del blog que me gustaban ya los usé la vez pasada y no quiero repetir. Agüerista que soy.

Ciencias atmosféricas

El clima no se estabiliza. La siguiente foto muestra un clima parecido al de ayer.

Barcelona desde la terraza de la UB

La que viene ahora muestra un clima parecido al de hoy.

Grua

Esta primavera esquizofrénica promete un verano psicótico. Que Dios se apiade de nuestros cuerpos en julio.

Anestesiología

Hoy, por segunda vez, empecé a leer Geometry of Love y me quedé dormido. Me faltaron dos páginas y media. No sé por qué no me engancha. O sí se: Toda la reflexión sobre las demostraciones geométricas me suena artificial, forzada, me rompe la trama. Mañana le daré una nueva oportunidad.

Culinaria

Por la noche, para comer, y continuando con mi celebración de las tres décadas, intenté hacer la sopa cuya receta me regaló Maria Clara de cumpleaños. Se me fue la mano en crema de leche y papas, y no tenía suficiente salmón, pero de todos modos me gustó mucho el resultado. La combinación de salmón, eneldo y azafrán le da un sabor suave delicioso. Mónica dijo que, tal vez, al tiempo que se frie la cebolla, se podría también freir un poco de hinojo picado. La próxima vez la intentaremos así.

Sopa
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7.3.07

Más sobre Jesucristo hombre (Una revelación).

Transcribo a continuación un fragmento de una entrevista a Jesucristo hombre que hace parte de este reportaje:
Periodista genérico: ¿Usted tiene aspiraciones políticas?

Jesucristo hombre: No yo personalmente, pero conforme a las escrituras, Isaias dice de mí que yo reinaré naciones.

P.G.: Hábleme un poco de ese proyecto que tiene usted para poder colocar a un presidente en algún país del mundo.

J.H.: Me gustaría ayudar mucho a Colombia. Hay muchas cosas que hay que hacer, que no debo decirlas ahora, pero yo tengo el conocimiento cómo sanar a Colombia. (Pausa) Y el candidato también.
Entonces el reportaje nos presenta al candidato. "El candidato sería", nos dice el narrador, "el empresario de empresarios Álvado Albarracín", un desconocido cartagenero que vive en Miami, a quién el periodista genérico procede a entrevistar:
P.G.: ¿Cómo piensan vencer la guerrilla?

Álvaro Albarracín: En treinta días vamos a garantizar terminar con la guerrilla. Totalmente.

P.G.: ¿Y cómo terminarán el narcotráfico?

A.A.: A lo mejor se pueden legalizar las drogas, uno nunca sabe.
Considerando que Creciendo en Gracia, la iglesia de este Jesucristo postmoderno (cuya María Magdalena es colombiana, por cierto), tiene sesenta y tres sedes en Colombia, y una base electoral ciega de alrededor de diez mil votantes, no me sorprendería que cualquier día de estos nos encontremos a algún anticristo presidiendo una sesión del senado, o aspirando -con opción- a ser presidente del país. Hasta de pronto voto por él. Lo que no me convence es eso de que en treinta días nos garantizarán acabar con la guerrilla. Los anteriores presidentes lo han garantizado desde el primer día y no han tenido suerte, aunque quién sabe, tal vez ese mes que se toman les sirva para pensar en cómo hacerlo. Un poco de planeación nunca sobra, no importa lo que piensen al respecto el infalible presidente Uribe y su séquito de idiotas.
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6.3.07

Divagando (131).

Cambiaron las luces de la cuadra. Ahora no son faroles colgando de cables que cruzan la calle sino que son lámparas empotradas a la pared. Si fueran más pequeñas, se conseguirían -seguro- en Ikea. A mí a veces me gusta Ikea y a veces no. Creo que me gusta más en abstracto que en la práctica. Hay cosas baratas, pero siempre está repleto de gente, es insoportable. Además, para poder llegar a las bodegas donde todo está, hay que subir unas escaleras y bajar otras, siempre bajo el riesgo de terminar metido en ese laberíntico tour de muestras con bibliotecas repletas de libros de cartón y fotos de niños fantasma en los portarretratos. Mi amigo Roberto propone un juego mientras uno ve televisión española. El juego consiste en reconocer muebles Ikea en las escenografías y llamarlos por su nombre. Requiere práctica, me consta, y mucho talento. Como yo soy tan malo para los nombres extranjeros, siempre pierdo.

Desde el viernes tuvimos una serie de caidas de la electricidad. Los interruptores, respondiendo a alguna amenaza voltaica, se saltaban. Sonaba tac y el gato maullaba, así que yo me levantaba sin gafas y sin ojos, y caminaba hasta la cocina para volverlos a encender. Así duraban un tiempo más, a veces un par de horas, a veces todo un día. Antes de ayer, sin embargo, mi reparación "por acto de fé" no funcionó y se volvieron a saltar de inmediato. Jugando con ellos descubrí que el problema está en el circuito que lleva a las tomas del calentador, así que lo dejé apagado y tuvimos luz toda la noche, pero no agua caliente esta mañana. Brrrr. Antes Mónica era valiente con el agua helada, pero ya no. Yo sí siempre he sido un cobarde. Nos bañamos como pudimos y, cuando me disponía a ir por el técnico, intenté hacer una reproducción del incidente para asegurarme de que no pagaríamos por una inspección en vano. Y no pude. Los interruptores no han vuelto a saltar y de nuevo tenemos agua caliente, pero el peligro sigue latente. Desde mi incendio de la cocina de Urbana, temo que todo arda en cualquier momento. Eso se debería llamar El sindrome Carrie.

Hoy Rodrigo Pelaez vino a almorzar. Nosotros almorzamos con frecuencia juntos. Hablamos de matemáticas y de no-matemáticas, y a veces la diferencia entre las dos categorías no es tan clara. Hay conversaciones sobre matemáticas que se terminan convirtiendo en conversaciones sobre, no sé, el futuro. Esas conversaciones son necesarias. Son una especie de terapia. Hacer matemáticas solo es no sólo dificil sino triste, sobre todo triste. A veces, incluso si el otro no entiende, un interlocutor educado que haga preguntas basta para solucionar una duda. Imaginarlo no sirve, de verdad se necesita un otro ahí, pensando de una manera distinta, que le rompa a uno el esquema y le abra nuevos caminos. Hoy descubrí que no entiendo tan bien como debería un concepto. Usualmente eso me deprime pero hoy no fue así. Supongo que me parece interesante aunque tengo la esperanza de aclararlo pronto, antes de que se lo coma el tedio. El tedio tiene diente para cualquier cosa, por más interesante o divertida que sea. Por eso es un deber hacer muchas cosas a tiempo. Es una responsabilidad con uno mismo, por su propio bien.

Mónica llegó temprano de la universidad y ha estado trabajando en el sofá, junto a Plinio, quien duerme patas arriba en este mismo instante. Se ven lindos los dos ahí.
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4.3.07

Curry con arroz.


La casa huele a curry, pero a Plinio no le molesta. Curioso. Plinio es un fanático de olfatear pero no se descontrola con olores fuertes. Algunos le interesan más que otros, eso sí. El olor a pescado o mariscos frescos lo pone a mil: Maulla, hace caras, se revuelca, se hace sentir. La casa huele a curry y Mónica me dice que ahora sí tiene hambre. Menos mal. Hoy ella está haciendo arroz "sticky" para acompañar. Yo había comprado un kilo hace un tiempo, por error, y lo había intentado preparar siguiendo la receta bogotana, pero no funciona, así que hoy recurrimos al oráculo y el oráculo nos informó que había que hacerlo al vapor con bastante remojo previo. Como no tenemos una de esas ollas para vaporizar, y yo temo por la resistencia de nuestro colador, lo hicimos siguiendo una receta alternativa que parece un promedio de la receta bogotana y la bankokiana, esperemos que salga mejor que la vez pasada.

(Actualización: Quedó muy bueno.)

Este fin de semana fuimos a cine, vimos la dosis de series semanal (Lost y Heroes, porque no hubo House), trabajamos, caminamos por ahí y leimos. Mónica anda tabulando resultados y organizando las fotos. Son unas fotos lindas. Ella me explica qué son pero poco queda. Neuritas y cortes transversales de médula, hasta ahí llego. Lesiones mecánicas y degeneracion nerviosa. Conteos, controles, cultivos y pruebas. Roedores. Mucha estadística y mucha paciencia. En esta entrada adjunto, por cortesía de ella, un par de las imágenes.


Este fin de semana lei The ocean, A miscellany of characters that will not appear y The chimera. También releí la entrevista de Cheever en Paris Review. El segundo cuento fue el que más me gustó. Luego les cuento por qué.
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3.3.07

The Host, por Bong Joon-ho.


(Reseña de The Host)
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El platanazo, literalmente.

El Platanazo
Tal parece que Davit, mi cuñado catalán, sigue feliz en su paseo por Colombia.
A él le debemos esta buena foto.
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2.3.07

How to write mathematics badly, por Jean Pierre Serre.

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1.3.07

For Esmé—with Love and Squalor.

This is the squalid, or moving, part of the story, and the scene changes. The people change, too. I'm still around, but from here on in, for reasons I'm not at liberty to disclose, I've disguised myself so cunningly that even the cleverest reader will fail to recognize me.
Ésta es una historia de cartas. Cartas prometidas, cartas por llegar —o que nunca llegarán—, cartas en proceso de ser escritas, cartas. Las cartas son excusas para hacer pausas y reconsiderar. Y también pueden ser golpes del pasado, o anclas. A veces, cuando siento que tengo la cabeza muy revuelta, abro Gmail y le escribo algo largo a algún amigo. Le cuento lo que ocurre, o lo primero que se me pasa por la cabeza, da igual. Casi siempre me responden. Casi siempre siento que algo mejora. En realidad, muchos de mis grandes amigos han existido, por esto de las distancias, más en letras que en carne y hueso. Este blog es, en más de una manera, una larga carta para todos ellos.

(Al margen: Debería escribirle algo a Mercedes cuando se acerque su matrimonio, a mitad de año. Para efectos prácticos, eso casi que sustituiría mi presencia. Lo anotaría en mi agenda si tuviera una. Debería tener una agenda.)

Esta es una historia de cartas y soldados. Me acuerdo que los soldados regulares que hacían entrenamiento en la Escuela de Artillería le escribían a sus familias o sus novias. Se sentaban en el casino de soldados en algún descanso y escribían. No mucho, unas palabritas no más. A veces escribían pidiendo cosas, pero casi siempre asegurándole a alguien que estaban bien, que al fin y al cabo no era tan duro.

Y mienten. No estaban bien, se les veía en la cara. Tenían miedo, no era para menos; no me gustaría haber estado en su situación. Estar pensando si seré capaz de disparar cuando deba hacerlo, por ejemplo. Eso me hubiera vuelto loco. Yo, en algún momento de mi servicio, durante una práctica de tiro, tuve una especie de ataque de pánico y me puse a llorar. Me acuerdo ahí, con las balas zumbándome a los lados, tirado en el piso temblando y con el fusil en la mano, llorando y gritando que no más. Me acuerdo que levanté la mano y el capitán dijo alto al fuego y vino el teniente Parga y me sacó de formación y me llevó lejos del polígono. Me acuerdo que me sentó junto a un árbol y este tipo, que tenía fama de ser un hijo de puta, me consoló. Me dijo que me calmara, que si no quería disparar, no tenía qué hacerlo. Yo le dije que yo no quería estar ahí, que ese no era mi lugar, que yo no sabía qué diablos hacía aprendiendo a matar gente si yo nunca había querido matar a nadie, y el Parga me puso la mano en el hombro y me dijo que fresco, que no pasaba nada, que él sabía que esto no tenía que gustarle a todos, y ahí estuvo hablándome un rato de cuando entró a la escuela de cadetes. Venía de Garzón, Huila, y tenía varios tíos militares. Él era uno de esos oficiales que se les ve que todo eso del ejército les encanta y que son todavía lo suficientemente jóvenes como para ilusionarse con unos meses en el monte dándose plomo con la guerrilla. Luego, cuando ya tienen sus años, les gusta más el confort de los batallones de ciudad, pero aún entre esos curtidos hay algunos que nunca pierden el gusto por la guerra. Ese es un gusto incomprensible para mí. Total es que Parga me calmó, y a partir de ese día nunca volví a disparar un fusil de esos, aunque tuve que cuidar uno durante el resto del año. Cuídenlo como a sus novias, nos decían. Como yo no tenía novia, nunca supe qué hacer con esa cosa.

Años después, en la universidad, conocí a otro nativo de Garzón que había sido vecino de Parga allá en el pueblo. Él también decía que Parga era un hijueputa. Había sido compañero de su hermano en el colegio. A ese tipo lo echaron de la universidad por bajo rendimiento académico. El apoyo constante a la revolución nepalí, parece, no le dejó tiempo para el álgebra lineal. Esas cosas pasan. Yo creo que terminó en la guerrilla, tenía todo el perfil. Parga, como sea, nunca volvió a aparecer. El huilense de la universidad fue mi último, digamos, contacto con él. El otro día busqué a Luis Parga en Google y no hay rastro. Intenté todos los rangos. ¿Será que me lo inventé? ¿Será que lo mataron? ¿Dónde andará el teniente Parga?

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Cuento de terror más corto que su propio título.

Soñaba en orden alfabético.
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28.2.07

Nepo.

Se llama Nepo y era albañil. Era El Albañil. Dicen que construyó medio barrio. Dicen que por eso es que lo quiere tanto: Es que es como un hijo. Dicen que construyó y construyó hasta que se lo comió el Parkinson, hace por ahí diez años, y desde ahí se dedicó a mendigar en el parque. Lleva una mendicidad digna. Alcoholizada, pero digna, dice con orgullo. Se baña todos los días en la casa de los Álvarez y luego desayuna, por cuenta de la señora Benavides, en la cafetería de Carla. Pide huevos revueltos y un perico. Más tarde, a eso de las nueve, pasea los perros de don David, y luego, si es jueves, va la tienda de Esteban a jugar dominó con Federico y Gonzalo. Apuestan trago y Nepo siempre gana, porque se conoce las fichas de memoria. Cada rugosidad es única, piensa. Cada rugosidad necesita un tratamiento distinto. Federico dice que Nepo si es mucho hijueputa cuando se despide. Sea jueves o no sea, al medio día va al supermercado de la cincuentaysiete y compra tres cajas de vino Fino. Se lo toma en la plaza, viendo a los pelaos jugar basket. Los pelaos lo conocen y él es, digamos, su entrenador secreto. Ellos juegan y Nepo mentalmente los corrije. Dice No, por ahí no. O Defensa, defensa. O al Negro, no joda, ¿es que no ven al negro? Y cuando se van a ir el negro siempre le pregunta, Oye, Nepo, qué tal estuvimos, y Nepo le responde que tienen que mejorar esa defensa, o reforzar las posiciones, o practicar lanzamientos, porque si siguen así nunca van a pasar de los cuartos de final del campeonato interbarrios.

Antier, serían las nueve y media, Nepo salvó a Herminia, la hija menor de los Iragua, de que la atracaran. Ella venía caminando de la estación y la seguían tres maricas. De pronto, apareció Nepo. Se les plantó con una botella en la mano y les dijo que comieran mierda, prácticamente, y los manes salieron cagados del susto corriendo, porque han oido historias del borracho que cuida el barrio, que es un fantasma, que dejó en silla de ruedas a un grafitero mal parado, que es un antiguo luchador, que no tiene miedo.

Un día de estos nos van a matar al pobre Nepo.
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27.2.07

Como estudiante en día de la primavera.

Está haciendo mucho sol. Más del debido para esta época. El corte inglés, que según Nano es más efectivo que Punxsutawney Phil prediciendo la llegada de la primavera, ya anuncia (ordena) desde hace una semana el cambio de temporada y nadie parece estar en desacuerdo. La pobre marmota, en cambio, sólo cuenta -históricamente- con un 39% de precisión. Mejor dicho, como dice también Nano, quien reporta sintonía desde una gélida Urbana, IL, a falta de corte inglés, nos va mejor lanzando una moneda.

Como sea, toda esta luz le hace bien al espíritu. Eso al menos por un rato. Luego, dentro de tres meses -o incluso menos-, estaré maldiciendo el calor que viene con ella. Uno vive saltando de odio a odio. Parece ser inevitable.

Se aproxima un examen oral de árabe. Y yo no sé nada. Que Ganesha se apiade de mí.
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26.2.07

Reflexión (666).

Conjetura metempsicótica: Si uno se porta mal en esta vida, nace cristiano y latinoamericano en la siguiente.

Ejemplo (¿o contraejemplo?): Jesucristo hombre demuestra que es el anticristo y revela la marca del 666.

Lo que Wikipedia dice sobre Jesucristo hombre: "He is currently the second most blasphemous creation to come from Puerto Rico behind of course Ricky Martin."

... and I say to myself, what a wonderful world...

(Me pregunto cómo entra todo esto de las iglesias cristianas de crecimiento viral en Estados Unidos y América Latina dentro del modelo-esquema de la globalizada cultura hipermoderna de Lipovetsky. Hoy estuve escuchándolo en el CCCB y quedé con esa duda. Me pareció demasiado localizado a Europa su discurso. Roberto lo disculpó recordándome que era francés.)
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Visiones (78).

Hoy la vi comprando pan. Últimamente la veo por todos lados. No, no estaba comprando pan. Estaba en un bar a las once la muy borracha. Y no era su bar, ni más faltaba, era otro: un grasibar donde los sábados por la mañana se sientan los turistas a bajar la rumba del viernes a grandes sorbos de cerveza. Ella ahí, tan ínfima, tan poca cosa, tan hormiga maquillada, tomándose una caña y conversando sobre nada con tres jovencitos italianos cuya suma de edades no alcanza la suya y pensando -reflejándose en la vitrina de las croquetas- si su peluca nueva estará bien puesta, si la peluca bastará para fingir ser otra, si tendrá suerte y dormirá acompañada la siesta de la tarde. Qué cosas piensa. Qué sola está.
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25.2.07

Metamorfosis.


1

Dentro de mi recorrido aleatorio por la obra cuentística de John Cheever, ayer salió Metamorphoses, una serie de cuatro relatos cortos que describen varias instancias de cambios. Cambios drásticos. Discontinuidades del destino. Desde que mi amiga Melba me dijo que a ella le parecía que yo vivía obsesionado con historias de esas, me he obsesionado un poco más. Siento que me hablan. Son las cosas que hace la conciencia de saberse algo.

Cambios: Alguien ve una cosa. Una que, aunque prosáica, no debería haber visto, y esa visión lo transforma y lo destruye en cuestión de días. Otro, desesperado, se despoja de razones en horas, se vacía. "He always sings of inessentials, never about the universality of suffering and love, but thousands of men and women go off to the stores as if he had, as if this was his song." Alguien más, al morir, se convierte en un eco a las afueras de la casa de su madre. Finalmente, un hombre decide romper con sí mismo, y al hacerlo, renueva literalmente su percepción del mundo. No lo puede sorportar.

2

Es como con mi tía Irma, la hermana mayor de mi mamá. Ella es muy vanidosa y hace unos meses, de regalo de cumpleaños, se compró un tubito de botoina, una especie de botox de uso externo. Ahora los nietos no la reconocen, y cuando los dejan con ella, se echan a llorar.

3

Ayer, continuando con mi batalla interminable, capturé una cucaracha exploradora detrás de la nevera. La apresé con una toalla de papel y, creyéndola muerta, la arrojé a la basura. Sin embargo, cuando estábamos amarrando la bolsa para llevarla al contenedor, Mónica juró haber visto al bicho moverse.

Imaginemos ahora que seguimos a la bolsa. La dejamos en el contenedor a las once. Por la noche pasa el camión y la recoge. Imaginemos que la cucaracha, honrando la fama de su especie, sobrevive al proceso de procesamiento y transporte, y hoy viaja entre las jugosas basuras de nuestra calle hacia un vertedero. Imaginemos que la cucaracha tiene mediana consciencia de lo que ocurre y algo parecido a una memoria. ¿Será ese un viaje feliz?

Imaginemos, para terminar y sólo por jugar, que esa cucaracha fuera un hombre. Reformulemos la historia: Un hombre camina por la calle y es capturado por unos malhechores que lo apalean hasta creerlo muerto. De hecho, no son malhechores, son agentes del Sistema, funcionarios eficientes. El tipo se equivocó de calle. Esas cosas pasan. En otra versión de esta reflexión podemos ahondar en las circunstancias específicas de su crimen, por ahora preocupémonos por su destino. Una vez apaleado, los malhechores lo suben en una avioneta y lo lanzan al atlántico, pero sobrevive a la caida y llega a... ¿a dónde llega? Vuelvo a preguntar: ¿Será el hipotético viaje de mi cucaracha uno feliz? ¿Cuál será la felicidad de las cucarachas?

4

Hoy, mi película de cambios favorita es El topo, de/por/con/para Alejandro Jodorowski. Mi segunda película de cambios favorita es Contacto Sangriento, con Jean Claude Van Damme. La tercera es un documental sobre la vida de Michael Jackson que vi una vez en E!.

5

Al leerle mi reflexión sobre la cucaracha, Mónica me aclaró que en España no hay vertederos sino incineradores. No hay caso: Todos los caminos conducen al infierno.
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Querido diario,

Yo no sé a qué horas terminé teniendo tan buenos amigos. Suertudo que es uno.
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24.2.07

Ya son treinta años perdidos.

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23.2.07

Last day on earth.

Mientras ayer se convería en hoy, lei un cuento de Cheever sobre un mueblecito, un lowboy. Richard lo quiere pero su hermano lo tiene, así que se lo pide y el hermano se lo da. El hermano cuenta la historia. Es un mueblecito de la mamá, o de la abuela, y en los cajones del mueblecito se esconden los muertos. Un pasado familiar insoportable lleno de tragedias. Pero Richard lo quiere. Así es la gente. Hay una frase que me gustó mucho: "Oh, why is it that life is for some an exquisite privilege and others must pay for their seats at the play with a ransom of cholers, infections, and nightmares?". También lei un menú de un restaurante indio al que fui con Roberto a almorzar. Lo lei y lo releí buscando lo que quería, se sentía inmenso, y no pude decidirme. Así de complicados son mis problemas diarios: qué comer, qué no comer, qué leer, qué no leer, qué hacer, qué escribir. No se puede decir que la tenga dificil. Al final le dije al mesero que me recomendara algo picante -muy picante- y el mesero me indicó una lista, de la cual elegí sin mucho mirar el primero. Efectivamente estaba picantísimo, pero yo tengo un callo en la lengua que me inmuniza. Mi lengua, ahora que hablamos de ella, es poligonal, no curva. Tengo la teoría de que, durante la noche, presiono la lengua contra los dientes superiores y por eso es que es así. No parece una mala teoría. Lo explica todo. También lei algunos e-mails, no muchos, y el periódico, por si las moscas había pasado algo novedoso, pero no, el mundo sigue igual. Fui a google news a buscar noticias que involucren payasos y me encontré otra para mi colección: Un payaso en Alemania le pegó a un muchacho que asistía a una de sus funciones. Ahora quieren mandarlo a la cárcel. Normal. Lo añadí a la lista. También, Lucía y Diana me indicaron la nota en El Tiempo que detalla la captura del payaso Miky (¡bulliciosos! ¡ah!, etc) en Bucaramángara, por un accidente en Cali del que se voló sin dar la cara. Me sorprendió la noticia. Yo creía que Miky había muerto, o había regresado a su Chile natal. Los payasos deberían morirse jóvenes. Es cruel que vivan tanto. Nadie envejece peor que un payaso malo y todos los payasos son malos. Yo nunca he visto un payaso bueno, uno que merezca UN sólo aplauso, ¿ustedes sí? Una vez me puse a llorar cuando un payaso se acercó a mi mamá y yo. Estábamos caminando por el centro y un payaso nos dijo algo y yo me ataqué a llorar. Es una de esas memorias en el aire que uno tiene y que jamás termina de armar por completo. No me acuerdo qué pasó después, por ejemplo. No me acuerdo cuándo dejé de llorar por culpa de ese payaso y empecé a llorar por otras cosas más concretas. Me gustaría recordar vívidamente. Dicen que cuando uno se hace viejo empieza a recordar así, sin niebla. Lo reciente se pierde, pero lo lejano se vuelve de nuevo tangible, como si se estuviera cerrando un círculo. Es un fenómeno curioso.

diagramas

Ahora estoy escuchando una canción que dice así:
Let's talk and we'll fill the air with imagery that lasts forever - So this is love that's a lovely thought - You have to care for it to keep it together - If you fall will you get up - You're stuck in a dream will you wake up - And if you fell in love will you hold on to it - And if it's cold will you stay warm - You drift too far will you swim towards the shore - And if you fell in love will you hold on to it - Let's sing and we'll fill the air with melodies that blend together - You speak so sweet with words so delicate - A glass i hope will never shatter.
Y la repito, y la repito, y la repito. Siempre suena bien.
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Aural Vertigo.

Hace unos días me reuní con Roberto Enriquez-Higueras en el Boadas, un reconocido metedero de alcohólicos en Tallers frecuentado por decadentes aficionados al dry martini, el gin tonic, y demás cocteles amargos. Pedí una coca-cola.

Los motivos y detalles de esta reunión serán discutidos en otro momento. Este no es un canal seguro. Por ahora, sólo les diré que el negocio esta vez no será (tan) ilegal. Hoy me interesa, más bien, describir algunos incidentes que ocurrieron durante esta reunión y cómo estos me llevaron a la conclusión de que una nueva conspiración se gesta en mi contra.

Primer incidente: Crucigramas

Hablamos de cocteles y de un cuadro de Miró dedicado al señor Boadas que decora una pared. Enriquez-Higueras le tomará una foto más tarde, pero por ahora sólo hablamos de él y aventuramos hipótesis sobre el grado de alcoholemia del bueno de Joan cuando dibujó ese mamarracho. Tras mi amigo, distrayendo mi atención, dos hombre discuten sentados en las bancas intercambiando recortes de periódico; crucigramas de periódico sin hacer. Me llevó un rato entender su dinámica, entender que había un orden en el modo como uno revisaba los crucigramas y señalaba algo con un lápiz y luego el otro tomaba nota en una hoja en blanco. Tardé un rato más en darme cuenta de que este era un orden impostado: Nadie llena crucigramas así. Nadie los estudia con tal detenimiento. Los dos fingían llenar crucigramas para pasar desapercibidos. Truco viejo. En realidad, el de la izquierda escuchaba cuidadosamente nuestra conversación y el de la derecha transcribía lo que el otro le dictaba en la hoja de papel. Más tarde, entregarían esa hoja a sus superiores en La Agencia como primera prueba en nuestra contra. Por fortuna, nos cuidamos de utilizar una clave, así que es probable que jamás descubran la naturaleza de nuestra transacción.

Los dos hombres escaparon al sentirse descubiertos por mi temible mirada inquisidora. Es obvio: Saben lo que puedo hacer.

Segundo incidente: Maldición

Tras los hombres del crucigrama, se oculta el borracho místico. Lo borracho es claro, descubrir lo místico toma un poco más de tiempo. El borracho místico apoya dos hojas de lo que parece un ensayo contra una banquita y hace correcciones con bolígrafo negro. Correcciones pequeñitas. A veces nos mira a todos, como sospechando, y vuelve a sumergirse en su ensayo. En algún momento se levanta, nos mira, junta las manos y musita una oración. Su aura cambia de color, se torna rojiza y amenazante. Sabiéndome en peligro, pido disculpas a Roberto, que no es consciente de lo que ocurre, y dejo por un instante mi cuerpo para suscribir un sello astral sobre nosotros. El sello por fortuna surte efecto, deteniendo la maldición vudú, y el borracho místico, derrotado, deja el local. Un minuto más tarde regresa, pero ya no es el mismo, su aura ha cambiado. El espíritu que lo controlaba ha dejado su cuerpo. Ya sereno, pide otro dry martini y continúa la corrección de su ensayo.

Una hora más tarde, llega Mauricio Retiz del trabajo y nos vamos todos a comer a Udón. No puedo evitar notar que la mesera no es la misma de siempre.
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22.2.07

Katarakt.


Mi amigo Sonat Süer, matemático, músico y gurú rint, es el protagonista, escritor y director de este corto animado.
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Deyokuasonás II: Ahora es real.


John Wayne Gacy

Este año, impulsado por Sergio, he decidido recopilar tragedias (o noticias judiciales) que involucren payasos. Llevo estas:
Avísenme si encuentran alguna otra que merezca mención en esta lista.
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Pretty mouth and green my eyes.

Una vez me dijo que nada olía peor que un colegio de mujeres administrado por monjas. Odiaba el colegio. Hablábamos por teléfono todas las noches. Cometí el error de darle mi número y ella me llamaba, casi siempre a las nueve o diez, y me contaba lo que estaba ocurriendo en su vida. Hablaba por horas y horas. Yo era su diario, nunca supo nada de mí. Su padre estaba muerto, su madre la tenía eternamente castigada. Tenía dos hermanas mayores y varias amigas. A las hermanas las odiaba pasionalmente. Sus sentimientos hacia las amigas, por otro lado, oscilaban de un extremo al otro dependiendo del día, de si hacía sol, de algún comentario de una monja, de la pelea que ocurrió en el gimnasio antes de la clase de educación física, de las discusiones de la ruta escolar.

Nunca nos vimos. Ella era sólo voz y yo era un silencio modulado. Recuerdo que a veces colgaba de imprevisto anunciando que había sido descubierta, y otras veces hablaba en voz baja para que no la encontraran. Sus discursos eran tanto global como localmente incoherentes y sus narraciones disparatadas, pero yo seguía hablando con ella, escuchándola, sobre todo, porque sus historias eran mejores que las de las telenovelas que veía mi abuela a esa misma hora. Era voyerismo barato. Algunos días lloraba, otros me contaba fiestas, o citas en centros comerciales con noviecitos, casi siempre odiaba al mundo y a sí misma, pero a mí jamás: yo era distinto, yo la entendía, yo resolvía su vida, yo -ya se los dije- era su diario.

Dejó de llamarme un día sin razón aparente. Tal vez se le acabaron las historias, tal vez agotó mis páginas, tal vez consiguió novio, tal vez creció. Ahora pienso que pudo haber una pelea, quizás fui muy duro con ella. A la semana, la llamé al número que tenía y que había usado para contactarla un par de veces. Una mujer contestó y le pregunté por ella. «Esa niña no vive acá. ¿Quién le dio este número?», respondió la mujer. «Ella nunca ha vivido en este lugar, ¿me escuchó?, nunca. Por favor, no vuelva a llamar.»

Eso hice.

¿De qué película es esta imagen?

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20.2.07

Querido diario,

Ayer, apenas comenzaba la película, la imagen saltó y luego se fue, dejando la sala a merced de las lúgubres luces de emergencia. Cuando empezaba a prepararme psicológicamente para el desalojo enloquecido en el que todo el mundo grita al tiempo y a destiempo «¡Con calma! ¡Con calma!», entró un tipo a la sala y dijo que había ocurrido un apagón de gran importancia en toda la ciudad, pero que no nos preocupáramos: El teatro cuenta con una planta eléctrica que en este justo momento está siendo ensamblada para que la proyección pueda continuar. Yo le propuse a Mauricio que fuéramos a ayudar a ensamblar la planta, y él aprovechó para darnos una descripción general del sistema de suministro eléctrico de la planta de Bavaria en Sogamoso, donde trabajó alguna vez. Un tema fascinante, como imaginarán. Total es que cuando íbamos llegando a lo mejor de la historia, apareció una señora en la puerta que anunció alguna otra cosa que no pudimos entender. Le faltaba voz, yo creo, y también un poco de alma. Cuando la gente no tiene alma, no la escuchan. La debe pasar terrible esta señora entrando a aeropuertos y centros comerciales, seguro.

Mauricio continuó donde iba, pero ya habíamos perdido el impulso y el climax de la descripción no fue el que hubiera podido ser. Luego las luces parpadearon y la película regresó.

Si me conocieran, seguro que se imaginarían lo angustiante que fue para mí esa situación. Yo no puedo con esas cosas. La ciudad a oscuras y yo acá, en un teatro, desaprovechando la oportunidad de unirme a los improvisados -siempre improvisados- comandos anarquistas que con probabilidad uno estarían, en ese preciso momento, tomándose las calles y organizando las barricadas en la oscuridad de las seguras cuevas-callejuelas del Raval. Yo aquí, en la comodidad de esta silla, y el mundo cambiando a toda velocidad afuera, como si estuvieramos en una máquina del tiempo. ¿Qué quedaría de todo aquello que conocíamos cuando terminara la película? ¿Qué sería del viejo orden cuando la luz regresara? ¿Surgiría un alter-alter-mundismo como respuesta al alter-mundismo ahora reinante? ¿Quedaría alguna vitrina sin romper? ¿Quedaría alguna piedra por usar? Me perdí la mitad de la película pensando en esas cosas. Sufriéndolas.

Al cabo de hora y media, las luces volvieron a saltar y alguien nos anunció que el apagón había concluido. Qué pena, pensé. Sin embargo, cuando salimos del teatro, todo estaba igual. No había turbas, ni vidrios rotos, ni comercios asaltados, ni barricadas, nada, pero yo tengo la teoría de que algo sí cambió, porque hoy, al contarle a Rodrigo esta historia, me dijo que le parecía rarísimo: A esa hora estaba a un par de cuadras del teatro, en su oficina, y no había ocurrido ningún apagón. En los periódicos, además no dicen nada al respecto. Ni una notita.

Pensarán que estoy loco, pero sospecho que la sala cinco de mi teatro favorito de cine es un portal transdimensional. Como en Sliders pero más rústico, sin tantas luces ni efecto ripple. Ésta es la primera prueba. He decidido llamar a esta nueva dimensión D'. Como es obvio, hoy me he dedicado compulsivamente a revisar libros de historia en la biblioteca, para asegurarme de que todo lo demás esté en orden. No se imaginan lo que encontré. Pensé en publicarlo acá, pero nunca lo entenderían: Ustedes siempre han vivido en este mundo.

Tengo que encontrar una manera de volver. La revolución me espera.
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La science des rêves, de Michel Gondry.


(Reseña de La science des rêves)
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18.2.07

Shortbus, de John Cameron Mitchell.


(Reseña de Shortbus)
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17.2.07

WriteRoom.

Me cuesta concentrarme en lo que hago. Soy disperso por naturaleza, igual que mi gato. Por eso, entre otras cosas, me cuesta terminar cosas. Como sea, hace unas semanas se me ocurrió que mi concentración al escribir mejoraría si no tuviera el sistema de ventanas visible, sino una hoja en blanco rodeada de fondo negro y nada más, como si estuviera en una máquina de escribir. Si esto fuera Linux tal vez un emacs o un vi en consola me bastaría, creo. Pero como esto no es unix, aunque a veces parezca serlo, tenía que encontrar otra opción. Estuve buscando esta semana y encontré algo que se ajusta a la perfección (casi) a mis necesidades: Write Room. Es un editor de texto sencillo (estilo TextEdit (rtf o texto plano)), pero con un modo de pantalla completa diseñado para neuróticos como yo. Una de sus mayores gracias es que se integra limpiamente a otras aplicaciones. Así, ahora no importa donde escriba, si en TexShop o en Aquamacs Emacs, siempre puedo hacer manzanita-ctrl-o y esfumar el mundanal ruido y luego regresar limpiamente a la aplicación donde estaba (con el texto ahora completo) cuando termino de escribir. Lo único que me hace un poco -pero sólo un poco- de falta es no tener Syntax Highlight a la mano. Algo así adaptado a LaTeX sería el paraiso.
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Plinio (Reporte de daños).

Plinio
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Sucio Vandalismo.

Algún antisocial se cargó el blog de Lully firmando como Jaime Ruiz. Yo he tenido fuertes y constantes encontrones con Jaime por todo tipo de cosas y nos hemos tratado bastante mal mutuamente (y probablemente lo seguiremos haciendo de cuando en cuando), pero estoy seguro de que no tuvo nada qué ver con ese lamentable incidente de vandalismo. Simplemente no es su estilo. Además, él no ganaría nada con hacer algo así. Es absurdo que le estén reclamando y lo estén amenazando como si de verdad pudiera ser el culpable.

Terrible que pasen cosas así. Mi apoyo a Jaime y Lully, que son las víctimas del ataque.
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16.2.07

Festín.

Le dijeron que la experiencia sería espiritual, pero él nunca pensó que estuvieran diciéndolo literalmente. Lo tienes que ver por ti mismo, Luis David. Siéntate, pide el menú degustación, y disfruta el trance gastronómico. La que habla es Eugenia, su cuñada, y esta será probablemente la última vez que esos dos crucen palabra en mucho -muchísimo- tiempo.

Dos días más tarde, tenemos a David sentado a la mesa iniciando el festín. Las entradas son deliciosas, cosas innombrables, cosas indescriptibles, cosas inabarcables con palabras. No exagero: el ochenta por ciento de los ingredientes son africanos y/o asiáticos sin nombre conocido en lengua indoeuropea. Entre estos, se destaca una raicilla seca y rojiza proveniente de Zambia de sabor al principio amargo y luego dulzón, como el regaliz, que molida condimenta un plato de lo que parecen ser alubias gigantes pero resultan ser culos de abejorro preservados en vinagre de pomarrosa. Esta raicilla, según me explica la narradora de National Geographic, tiene una probabilidad de uno en un millón de contener una sustancia entre venenosa y alucinógena con efectos similares a los del yajé colombiano, pero una potencia ampliamente superior. Los nativos africanos de la zona donde crece conocen sus poderes y metódicamente detectan las cepas narcóticas y las cosechan aparte, pues sirven para calmar moribundos y niños particularmente activos.

El chef del restaurante, un hombre viajado y culto, también conoce la propiedad de la raiz, y para curarse en salud, dentro del documento que hace firmar a la entrada del restaurante, incluye en letra menuda una cláusula que David obviamente pasó por alto y que libera al restaurante de responsabilidad ante cualquier contingencia digestiva. Este texto le será particularmente útil al chef cuando enfrente en un juicio al hermano de David, que no puede soportar ver a su hermano en semejante estado. No puede.

Y de verdad es triste ver a Luis David así. El otro día vinieron sus amigos del trabajo, Chucho y Comegato, y no lo reconocieron. Por supuesto, él tampoco los reconoció a ellos, ni siquiera los vio. Cuando llegaron dijo algo que sonó como «La nieve que cae del cielo me envuelve.» Es dificil adivinar cuál es la manera como David nos percibe. A veces pareciera que existe en un lugar distinto. Y no es sólo su ausencia, sino la naturalidad con la que cruza paredes, o flota sobre una avenida, como si fuera lo más normal del mundo. Rita, la enfermera, que se las apaña como puede para estár casi siempre a su lado, dice que a veces habla sin emitir sonido, como si conversara con fantasmas.
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Bogotá sueña (Versión beta).


"Un sueño es vivir el sueño que uno se imaginó."
(link)
Si encuentra algún error en la página, es probablemente culpa mía.
Déjeme un comentario reportandolo. Todavía estamos puliéndolo todo.
(En IE, por ejemplo, parece que el mapa no funciona bien. ¡Ack!)
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15.2.07

De Daumier-Smith's blue period.

This is exactly when you experience the freeing aspect of obedience... Your superior tells you that we are going to New York and here we go... no matter how many homework assignments or test are ahead. Somehow everything gets done on time.
D. (fragmento de una carta)
Hace un año y medio estaba en O'Hare tomando un vuelo hacia Inglaterra cuando la vi por última vez. Nos chocamos coincidencialmente en el área de comidas rápidas, haciendo fila para ordenar orange chicken en Panda Express. Nos sentamos juntos a comer y a hablar, como cuando desayunábamos en Panera Bread antes de empezar el día de trabajo. Esta vez, sin embargo, yo dejaba Estados Unidos for good, y ella, por su parte, volaba a casa. Sería su último viaje a Varsovia en mucho tiempo. Cuando regresara de nuevo, no sería la misma. Le tenía miedo a ese viaje, estaba nerviosa; sabía que implicaba una especie de despedida y también una confrontación, porque hay cosas que no son fáciles de entender. Cosas cuya explicación cuesta construir. Toma tiempo. Ya se lo habían hecho saber por teléfono: No entendían. Se lo habían dicho en ese ruido de hojas que ellos usan para comunicarse. Las tías preguntaban por qué y sugerían razones, y también su madre, que se culpaba. ¿En qué he fallado?, le preguntó. Su padre callaba, pero en ese silencio también había un reclamo, porque la decisión de D. implicaba una especie de muerte en vida: un progresivo aislamiento del Mundo al que seguiría, digamos, un renacimiento en Cristo. Mientras comíamos, me explicó lo que ocurriría año por año. Me describió cómo paulatinamente se convertiría en una sierva del Señor. Me enumeró las restricciones: No libros, no e-mail, no teléfono, pocas cartas, no contacto. Me dijo que tal vez regresaría, que tal vez se cansaría al cabo de un rato y volvería a hacer matemáticas. Yo le dije que yo sabía, y ella también, que no sería así. Se rio. Me repitió que estaba nerviosa. Me explicó la mecánica de unas visitas controladas cuya lógica no alcancé a comprender, así como en ese momento no alcancé a entender su alegría, su emoción, ante semejante perspectiva. Al final, para no perder una costumbre cimentada en las bases de nuestra amistad, comentamos del último Harry Potter. En el convento, reconoció con pena, no podría leer el cierre de la serie.

Como ambos haríamos escala en Heathrow, no nos despedimos. La acompañé hasta su sala y le dije que me buscara en Londres. Intercambiamos números de vuelo y nos sentamos en el suelo, contra un ventanal, hasta que la llamaron a abordar. Ahí acaba todo: Heathrow no es un aeropuerto para encontrarse por azar. El último gesto que me hizo, antes de cruzar la puerta y sumergirse en el túnel transoceánico, fue feliz, creo. Tal vez me picó el ojo, ella hacía eso, no recuerdo bien. A partir de ese día, D. se ha convertido para mí en letras de cartas comunales Live from Nashville cada vez más extrañas, más lejanas y más escasas, que firma in Christ, y que están llenas de alegría, buenos deseos y bendiciones para todos. El otro día me pidieron su dirección, necesitan una firma para poder publicar su segundo artículo. Les respondí que no sería fácil, pero que si la contactaban, le dieran un saludo de mi parte.
The Triduum was very deep and profound. During Mass on Holy Thursday, bells sounded for the last time before Easter, so in order to bring sisters to meals or prayer instead of the bell wooden clackers were used. Good Friday was a day of profound silence - especially between noon and 3pm you really couldn't hear any word spoken and yet the convent was full of sisters for no one had to work. The Veneration of the Cross was very moving and beautiful. We approached the cross in a procession (while chanting in Latin); everyone was barefoot and 3 times made an profound inclination on both knees. I have never seen the Adoration of the Cross done in this fashion so to take an active part in it was very moving for me. I think that Good Friday will remain in my memory for a long time.
D. (fragmento de una carta)
(Hace rato que quiero escribirle algo. Si le escribiera hoy, creo que le diría que la entiendo un poco mejor, que su decisión no es tan rara al final, y que somos parecidos, en medio de todo, cada uno en su propio viaje. Le diría que tout le monde est une nonne. Probablemente, adjunto, transcribiría ese cuento de Salinger que me la recuerda. Con un poco de suerte pensarían que es parte de la carta y permitirían que lo leyera. Quién sabe.)

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14.2.07

Fantomas contra los vampiros multinacionales.

Y aunque el narrador tenía la muy cuestionada costumbre de residir en París, se hizo presente desde Barcelona, lo cual lo halagó muchísimo porque esa especie de don de ubicuidad hubiera debido bastar como explicación de muchas cosas más bien insólitas que estaban sucediendo.
(link)
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Marihuana en Rayuela (Tres (¡3!) menciones).

Él anda por aquí como otros se hacen iniciar en cualquier fuga, el voodoo o la marihuana, Pierre Boulez o las máquinas de pintar de Tinguely. Adivina que en alguna parte de París, en algún día o alguna muerte o algún encuentro hay una llave; la busca como un loco. Fíjese que digo como un loco. Es decir que en realidad no tiene conciencia de que busca la llave, ni de que la llave existe. Sospecha sus figuras, sus disfraces; por eso hablo de metáfora.
Rayuela (26), Gregorovius explica por qué Horacio es una "enorme metáfora".
-They are awful -dijo Babs, masticando un caramelo que había sacado del bolso-. Huelen marihuana aunque una esté haciendo un gulash.
Rayuela (28), Babs se queja de las vecinas que se quejan.
Romper la dura costra mental... ¿Cómo veía Ceferino lo que había escrito? ¿Qué realidad deslumbrante (o no) le mostraba escenas donde los osos polares se movían en inmensos escenarios de mármol, entre jazmines del Cabo? O cuervos anidando en acantilados de carbón, con un tulipán negro en el pico... ¿Y por qué «colorado del negro», «colorado del blanco»? ¿No sería «coloreado»? Pero entonces, ¿por qué: «colorado del amarillo o del amarillo simplemente»? ¿Qué colores eran esos, que ninguna marihuana michauxina o huxleyana traducía? Las notas de Ceferino, útiles para perderse un poco más (si eso era útil) no iban muy lejos.
Rayuela (55), Hablando de colores pamperos.
(Curioso que en una novela repleta de consumidores frecuentes de marihuana haya sólo tres menciones de la palabra. Tres menciones que, además, nunca se refieren a consumo explícito. Melba decía que tal vez Cortazar la evadió para no convertirla en un tópico. Roberto opina algo similar. Para que no fuera la Trainspotting de los sesenta (aunque en últimas eso haya sido). Melba también sugería que tal vez en ese momento eso hubiera dificultado su publicación, pero en El perseguidor, que es previo y tiene sólo cuarenta páginas, usa la palabra nueve veces. ¿Será que Cortazar intentó evadir la palabra metódicamente (o al menos el consumo de marihuana explícito)? Antier, por cierto, cumplió veintitres años de muerto.)

Tumba de Cortazar

(¡Ah! Aquí está su larga entrevista de 1977 en A Fondo, por si acaso no la han visto.)
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12.2.07

Memorias (222).

Yo siempre fui un niño solitario. Cuando tenía nueve años, arrancaba hojas de cuadernos, me sentaba en la mesa y dibujaba un muñeco de palitos de cada lado. El de la izquierda azul y el de la derecha rojo. Parecían personas normales, nadie sospecharía. Mediante dibujos sobre la misma hoja describía (¿seguía?) lo que entonces ocurría. Era una especie de animación estática. Hablaba por ellos en voz baja imitando el acento de los doblajes mexicanos, los hacía volar, los transformaba, los enfrentaba a crueles trampas, les permitía descubrir capacidades secretas que demostraban a trazos burdos de su mismo color, los veía perder el control y lo perdía con ellos. Poco a poco, azul y rojo, que así se llamaban, se destruían. Era mi juego favorito.

Llegaba un momento en que era dificil encontrarlos entre la maraña de estados previos. Cuando esto ocurría, tomaba mi cuaderno y arrancaba otra hoja, calcaba sus posiciones y continuaba la batalla. Así seguía por horas hasta que me cansaba o llegaba la hora de comer, más o menos a las seis de la tarde, recién regresaba mi mamá del consultorio.

Me acuerdo que una vez, cuando tenía unos doce o trece, intenté recuperar ese viejo pasatiempo. No funcionó. Algo fallaba. No podía reproducir la intensidad que recordaba. Nunca pude volverlo a hacer. Sentí como si hubiera perdido un poder. Un par de años después me fui del pueblo a terminar el bachillerato en Bogotá. Mi mamá me dejó ir. Dijo que yo sabía lo que hacía. Eso fue en 1992.
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N10 reseñas de Nine Stories: Segundo Reporte.

Algunos temas: la manipulación, el detallismo, los matrimonios fallidos, la técnica narrativa, la necesidad de los barcos, el sexo abusador, los niños, la poesía, los veinticinco minutos, la espiritualidad, el suicidio, las resoluciones, las pistas, los múltiples cierres, Ted Bundy, las profecías, la muerte, la lógica. Dieciocho reseñas de Teddy. Empezamos bien.



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