This is exactly when you experience the freeing aspect of obedience... Your superior tells you that we are going to New York and here we go... no matter how many homework assignments or test are ahead. Somehow everything gets done on time.D. (fragmento de una carta)

Hace un año y medio estaba en O'Hare tomando un vuelo hacia Inglaterra cuando la vi por última vez. Nos chocamos coincidencialmente en el área de comidas rápidas, haciendo fila para ordenar
orange chicken en
Panda Express. Nos sentamos juntos a comer y a hablar, como cuando desayunábamos en
Panera Bread antes de empezar el día de trabajo. Esta vez, sin embargo, yo dejaba Estados Unidos
for good, y ella, por su parte, volaba a casa. Sería su último viaje a Varsovia en mucho tiempo. Cuando regresara de nuevo, no sería la misma. Le tenía miedo a ese viaje, estaba nerviosa; sabía que implicaba una especie de despedida y también una confrontación, porque hay cosas que no son fáciles de entender. Cosas cuya explicación cuesta construir. Toma tiempo. Ya se lo habían hecho saber por teléfono: No entendían. Se lo habían dicho en ese ruido de hojas que ellos usan para comunicarse. Las tías preguntaban por qué y sugerían razones, y también su madre, que se culpaba. ¿En qué he fallado?, le preguntó. Su padre callaba, pero en ese silencio también había un reclamo, porque la decisión de D. implicaba una especie de muerte en vida: un progresivo aislamiento del Mundo al que seguiría, digamos, un renacimiento en Cristo. Mientras comíamos, me explicó lo que ocurriría año por año. Me describió cómo paulatinamente se convertiría en una sierva del Señor. Me enumeró las restricciones: No libros, no e-mail, no teléfono, pocas cartas, no contacto. Me dijo que tal vez regresaría, que tal vez se cansaría al cabo de un rato y volvería a hacer matemáticas. Yo le dije que yo sabía, y ella también, que no sería así. Se rio. Me repitió que estaba nerviosa. Me explicó la mecánica de unas visitas controladas cuya lógica no alcancé a comprender, así como en ese momento no alcancé a entender su alegría, su emoción, ante semejante perspectiva. Al final, para no perder una costumbre cimentada en las bases de nuestra amistad, comentamos del último
Harry Potter. En el convento, reconoció con pena, no podría leer el cierre de la serie.
Como ambos haríamos escala en Heathrow, no nos despedimos. La acompañé hasta su sala y le dije que me buscara en Londres. Intercambiamos números de vuelo y nos sentamos en el suelo, contra un ventanal, hasta que la llamaron a abordar. Ahí acaba todo: Heathrow no es un aeropuerto para encontrarse por azar. El último gesto que me hizo, antes de cruzar la puerta y sumergirse en el túnel transoceánico, fue feliz, creo. Tal vez me picó el ojo, ella hacía eso, no recuerdo bien. A partir de ese día, D. se ha convertido para mí en letras de cartas comunales
Live from Nashville cada vez más extrañas, más lejanas y más escasas, que firma
in Christ, y que están llenas de alegría, buenos deseos y bendiciones para todos. El otro día me pidieron su dirección, necesitan una firma para poder publicar su segundo artículo. Les respondí que no sería fácil, pero que si la contactaban, le dieran un saludo de mi parte.
The Triduum was very deep and profound. During Mass on Holy Thursday, bells sounded for the last time before Easter, so in order to bring sisters to meals or prayer instead of the bell wooden clackers were used. Good Friday was a day of profound silence - especially between noon and 3pm you really couldn't hear any word spoken and yet the convent was full of sisters for no one had to work. The Veneration of the Cross was very moving and beautiful. We approached the cross in a procession (while chanting in Latin); everyone was barefoot and 3 times made an profound inclination on both knees. I have never seen the Adoration of the Cross done in this fashion so to take an active part in it was very moving for me. I think that Good Friday will remain in my memory for a long time.D. (fragmento de una carta)
(Hace rato que quiero escribirle algo. Si le escribiera hoy, creo que le diría que la entiendo un poco mejor, que su decisión no es tan rara al final, y que somos parecidos, en medio de todo, cada uno en su propio viaje. Le diría que
tout le monde est une nonne. Probablemente, adjunto, transcribiría
ese cuento de Salinger que me la recuerda. Con un poco de suerte pensarían que es parte de la carta y permitirían que lo leyera. Quién sabe.)
Sigue Teddy. Elija su camino:
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