17.3.07

Lovecraft, la referencia oculta.

A mí no me interesaban los monstruos de Lovecraft porque nunca los vi, nunca los sentí presentes. Los monstruos eran miedo en estado puro, intransmitible, y no tenía sentido aclarar su naturaleza pues este ejercicio, lo advertían todos los libros, era un camino seguro hacia la locura. ¿O tal vez eran la locura misma?

En cambio de pensar en los monstruos, pensaba en las espirales que nos llevaban hasta ellos, ese camino previo que había que recorrer antes de iniciar el decenso. Los cuentos de Lovecraft escalaban sobre el horror de espaldas y luego se dejaban caer sobre su lengua como si fuera un tobogán, y era esa escalada de espaldas la que me hacía seguir, la que disfrutaba con morbo mientras veía pasar a mi lado esos pueblos muertos habitados por familias endogámicas donde, tras la regresión hacia el canibalismo de rigor, se gestaban los cultos que permitían invocar convenientemente a los primigenios y entrever las verdaderas fuerzas que regían el universo, un poco como en Cien años de soledad.

Los estudiosos casi siempre nos recuerdan que la obra de García Márquez es heredera de la tradición norteamericana encabezada por Faulkner, pero casi nunca ahondan en los estrechos vínculos que conectan Macondo y Dunwich. Aprovechemos los setenta años que lleva Lovecraft muerto y los ochenta que tiene García Márquez de vivo para revisitar la historia de Macondo y constatar lo familiar que resulta todo dentro del contexto Lovecraftiano:

Por un lado tenemos una familia y un pueblo, por el otro un gitano (¿un árabe loco? ¿ميلكياديس?) que despierta la curiosidad de la familia con sus espectáculos de feria y finalmente los induce a practicar artes arcanas que incluyen pero probablemente no se reducen a la alquimia. No debería sorprendernos que Melquiades, por ejemplo, desde su privilegiada posición como amigo y guía espiritual de la familia, promoviera sutilmente la endogamia en contra de las advertencias de los curas. Al fin y al cabo, podría estar abonando desde entonces el terreno para lo que preveía que ocurriría después. De este gitano macabro no se sabe gran cosa. Sabemos es un viajero, un sabio, alguien que no envejece, nada más. ¿De qué tipo de ser humano estamos hablando? ¿No será justo dudar de la humanidad de Melquiades? El libro nos cuenta la historia de la familia, su lento viaje hacia la miseria. Parafraseando a Howard Philip, no es dificil decir al respecto de los Buendía que «they have come to form a race by themselves, with the well-defined mental and physical stigmata of degeneracy and inbreeding», y mientras este proceso inevitable toma lugar entre guerras, masacres y desgracias, mientras los Buendía, pervertidos por la influencia nefasta de Melquiades, se convierten en una raza en sí misma, nunca perdemos de vista al gitano. Él siempre anda por ahí, yendo y viniendo, asegurándose que todo siga su curso, viene y va, hasta que se pierde y nos anuncian que ha muerto en Singapur, pero luego reaparece, directo de ultratumba, para asentarse en el pueblo para siempre.

Lo que sigue, no nos mintamos, sólo puede ser producto de una lectura compulsiva de los mitos del Cthulhu: Una vez en Macondo, Melquiades inicia la escritura de unos pergaminos en un idioma indescifrable en los que trabaja hasta su segunda (¿y definitiva?) muerte. Los pergaminos son descubiertos, años más tarde, por el joven Aureliano Babilonia, un personaje lovecraftiano prácticamente genérico, quien ha permanecido en la casona familiar condenado al encierro por su abuela Fernanda. ¿De qué lo protegen? Aureliano ha visto a su familia desaparecer, perderse en la locura, morir, y en algún momento, por curiosidad, se enfrasca en la traducción de los pergaminos, pero al caer enamorado de su tía, Amaranta Úrsula, recién llegada de Europa, detiene su labor. Amaranta Úrsula queda preñada de Aureliano sin saber que este es su sobrino y muere desangrada durante el parto. Su hijo, el último Buendía, tiene cola de marrano. Aureliano, intentando salvar a su esposa, sale corriendo por el pueblo en busca de ayuda, toca todas las puertas, pero el pueblo está desierto, asi que desesperado -claramente psicótico-, entra a una cantina y se emborracha. Cuando despierta y regresa al lugar del parto, descubre que su hijo subhumano ha sido engullido por las hormigas y esta visión lo remite a los pergaminos, quienes -ahora lo entiende- predecían lo que ocurriría. Enloquecido, se dedica sin descanso a la traducción a sabiendas de que al terminarla, al conocer cómo termina, la historia se cerrará sobre sí misma y, como si constituyera una invocación, lo tragará dentro de ella para así dar paso a un nuevo comienzo, a un nuevo orden, ya que «estaba previsto que la ciudad de los espejos (o de los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres, que es irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendran una segunda oportunidad sobre la tierra». Fin de la novela.
Mixed with the present scene was always a little of the past and a little of the future, and every once-familiar object loomed alien in the new perspective brought by my widened sight. From then on I walked in a fantastic dream of unknown and half-known shapes; and with each new gateway crossed, the less plainly could I recognise the things of the narrow sphere to which I had so long been bound. What I saw about me, none else saw; and I grew doubly silent and aloof lest I be thought mad. Dogs had a fear of me, for they felt the outside shadow which never left my side. But still I read more - in hidden, forgotten books and scrolls to which my new vision led me - and pushed through fresh gateways of space and being and life-patterns toward the core of the unknown cosmos.
H.P. Lovecraft, The Book
Fin de la novela, sí, pero qué diablos, continuemos: Muchos años después, en la biblioteca de la Universidad de Cartagena, un historiador holandés de apellido van den Dries encuentra unos pergaminos arrumados en un rincón oscuro de la tercera planta, junto a una camada de ratas y lo que reconocemos como los restos de los cuadernos de notas de Aureliano Babilonia. Dios sabe cómo llegaron ahí, pero seguro que si indagáramos lo suficiente descubriríamos que un misterioso gitano sin nombre está involucrado en su reubicación. Como sea, intrigado por el contenido de estos documentos, el holandés inicia un viaje acompañado de Ayhan Gunaydin, su fiel asistente turco, en busca del pueblo fantasma mencionado en los cuadernos y cuyo nombre transliterado al árabe —ماكوندو— encabeza los pergaminos. Si hemos leido con juicio a Lovecraft, ya sabemos lo que lo espera al final.


Como queda claro, Cien años de soledad le debe más de lo que parecería al desequilibrado y enfermo escritor norteamericano. La pregunta que se me viene a la cabeza ahora es, ¿por qué tanta insistencia en ocultar la referencia? García Márquez habla de Kafka y de Faulkner pero nunca lo escuchamos mentar a Lovecraft. ¿A qué se debe esto? ¿Qué intenta ocultar? Mi conjetura: Un plagio. No diré más por ahora, pero me temo que la famosa novela del nobel colombiano es una copia expandida de un delirante y oscuro cuento de Lovecraft que jamás fue traducido a ningún idioma salvo el catalán y cuyo único manuscrito descansa, por razones inexplicables, en los depósitos de una biblioteca en Barcelona que García Márquez frecuentaba durante su paso por esta ciudad. La búsqueda de este manuscrito y mi consecuente enfrentamiento a las mafias editoriales y masonas empeñadas en prevenir que este salga a la luz merecen una entrada aparte. Dejo abierta la inquietud. Prometo regresar pronto sobre este tema.
Numerous other copies probably exist in secret, and a fifteenth-century one is persistently rumoured to form part of the collection of a celebrated American millionaire. A still vaguer rumour credits the preservation of a sixteenth-century Greek text in the Salem family of Pickman; but if it was so preserved, it vanished with the artist R. U. Pickman, who disappeared early in 1926. The book is rigidly suppressed by the authorities of most countries, and by all branches of organised ecclesiasticism. Reading leads to terrible consequences. It was from rumours of this book (of which relatively few of the general public know) that R. W. Chambers is said to have derived the idea of his early novel The King in Yellow.
H.P. Lovecraft, History of the Necronomicon
Enlaces:
  • Para otras influencias de la obra de Lovecraft en literatura y cultura igualmente obvias, refiérase a esta completa entrada del blog ausente.
  • Para conmemorar el 70 aniversario de la muerte de H.P. Lovecraft, visite La Petite Claudine por estos días.
  • Para leer a Lovecraft sin intermediarios, bien pueda salte aquí.

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Hermano Cerdo (Edición doble de Aniversario)

Ayer fuimos a un restaurante tai-japonés y Mónica pidió un cerdo con salsa de tamarindo que sabía a pato. Yo lo probé para constatar y sí, era pato. Le dijimos a la mesera que habíamos pedido cerdo y nos había traido pato y ella, muy profesional, tomó los palillos de Mónica e intentó demostrarnos -con un truco manipulativo sobre la carne- que efectivamente era proteina porcina. Yo no sé qué nos señaló, pero fue tal la contundencia del acto que se fue de ahí orgullosísima, convencida de que no había quedado duda, y Mónica, resignada, siguió comiéndose su pato imaginando que era cerdo hasta que se hastió. Cuando esto ocurrió, yo me zampé los pedazos que faltaban, y ahora tengo la duda de si uno de esos tres pedazos me supo a cerdo o si me lo inventé mientras conversábamos de camino a casa.

(Ah, sí: La edición 12-13 de Hermano Cerdo ya está a la venta en quioscos, puestos de revistas y en esas cantinas de ciudad de México que frecuenta Mauricio Salvador durante sus recurrentes crisis creativas. También pueden bajarla gratuitamente haciendo click aquí. Eso sí, les advierto, es probable que sepa a pato.)

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Apoyo.

Mi amigo Portnoy compite en este lugar por ser el blog de la semana. Ahora mismo va ganando un blog que habla de la aburrida política española. Los invito a votar para que el humilde sueño de fama y fortuna de Portnoy se convierta en realidad. Se puede un voto por IP por día, hasta el miércoles. Ojalá participen.

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Jill Magid

Ayer fuimos al centro de arte Santa Mónica a la inauguración de la exposición de Jill Magid, Thin Blue Lines. Jill se define a sí misma como una Social Hacker: Se cuela en las vidas de los otros, las explora. Su instalación Lincoln Ocean Victor Eddie, parte de esta exposición, narra una de estas incursiones: Un policía en el metro de Nueva York. Jill le pide que la requise, Él se niega. Jill le pregunta por qué, Él le dice que no puede. Jill le pide que la entrene, Él garabatea un número de teléfono, Jill se adentra. To enter a system, I locate a loophole, dice.

Jill es delicada, sonriente, energética y habladora. Tiene una dicción cuidadosa, pedagógica. Le gusta explicar lo que hace y cómo lo hace. Durante la exposición conversé unos minutos con ella. La instalación está compuesta por fotografías, podcasts, una reproducción a la Dogville de la habitación del policía, una bala dum-dum que Él le regaló (y que ella llama su contrato) y una novella donde Jill recorre su corta relación con este hombre sin nombre, que le tiene miedo a la soledad, que prefiere su puesto en la estación a cualquier otro lugar, que desconfía, que se queja de los liberales y los artistas, que le cuenta sus historias en el metro y sus anécdotas del curso de entrenamiento antiterrorista. Es un bonito trabajo sobre la seguridad y quienes nos aseguran. Roberto y yo nos hemos ofrecido para traducir el libro al español.
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16.3.07

Criterios (83).

Seguro que me entienden, yo le miro las uñas a la gente. Si no me gustan las uñas, desconfío. No me importa que estén descuidadas o mordidas. Las que no me gustan son esas tímidas que son más anchas que largas. Promesas de uña. Eso en unas manos me da escalofríos. Si además parecen un casquito sobre unos dedos huesudos y nudosos, procuro no mirarlas para no salir corriendo.

El caso es que el tipo tenía las uñas así. Estábamos en un almacén, cambiando un regalo de un amigo, y este tipo que estaba a cargo de la registradora tenía las uñas así. Y tomaba las prendas. Y revisaba las etiquetas. Y temblaba yo, que le miraba las manos horrorizado. Y temblaba él, que estaba muerto de los nervios. Y no era para menos: Su supervisor, un tipo alto, de bigote, parecido a ese famoso compositor colombiano con cara de demonio, lo custodiaba y guiaba constantemente. Estaba parado detrás y aprobaba cada paso con breves movimientos de cabeza. Este otro pobre, mientras tanto, temblaba, se arreglaba las gafas y no estaba seguro de qué ocurría ahora. ¿Primero las etiquetas de las nuevas o las viejas prendas? ¿A contado? ¿Marco a contado? ¿Cuál es el número de registro de compra? ¿Es este? (No) ¿Es este otro? (Sí) ¿Y ahora qué sigue?

Me puse muy nervioso. No eran sólo las uñas, era el personaje (sus huesos de las muñecas, su camisa, sus arrugas prematuras en la frente, su corte tipo Michael Douglas en Un día de furia), la situación y el satánico supervisor detrás jodiéndole la existencia. Se sentía como si en cualquier momento lo fueran a despedir. Claro, sería por nuestra culpa, por pedirle que hiciera algo que no sabía hacer. Era angustiante. Era lento y angustiante. Tardamos diez minutos ahí, viéndolo aprender el complicado procedimiento de sustitución de compras. Ha pasado un día y medio desde entonces. No he logrado sacarme la imagen de sus manos de mi cabeza, la angustia no cede. Deberían prohibir uñas como esas; son un peligro para mi estabilidad emocional. No me dejan dormir.

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15.3.07

The laughing man

Yo creía, cuando niño, que el hombre elefante era un superhéroe. Mi mamá tenía la novela en la biblioteca. El título me llamaba la atención, pero lo que realmente me atraía era la portada, una imagen tomada de la película de Lynch: Merrick cubierto, con su gorra, con un abrigo, un poco de perfil, iluminado tenuemente.

¿Qué le habría ocurrido?

El hombre elefante

Mi mamá me explicó su enfermedad, fue mi primer mutante con superpoderes. Me enseñó libros dónde leer cosas sobre ella. Me explicó que le salían cosas que parecían coliflores por todos lados; en la cara, en la espalda, en los brazos. Me contó que alguna vez un pacientico de ella había tenido algo parecido. Yo leí, y la escuché, y le entendí, pero seguí pensando que ese libro contaba una aventura, así que un día lo abrí.

Empezaba en un circo, recuerdo. Merrick tras las rejas y este médico, no recuerdo el nombre, junto a su familia, descubriéndolo en una jaula, al lado de una mujer barbuda y junto a E.T., al que yo siempre me imagino en esos freakshows. Lo leí rápido, intensamente. Lo leí entero esperando que en cualquier momento Merrick demostrara de lo que era capaz, que dejara entrever su verdadera naturaleza. Pero no, ese momento no llegaba y yo sufría, porque Merrick era un hombre débil, le costaba incluso hablar. Merrick sólo escribía, leía, y hacía cosas sencillas, mientras disfrutaba de las comodidades que le brindaba haberse convertido en una especie celebridad dentro de la alta sociedad londinense de su época. Al final Merrick muere asfixiado intentando dormir como una persona normal: Quita la pila almohadas que lo fuerzan a dormir sentado y se acuesta. En su sencillez, es una escena fuertísima. Uno sabe para qué sirven las almohadas, uno sabe qué va a pasar. Así termina.

Más tarde lo volví a leer. Casi siempre que voy a casa de mi mamá lo ojeo. Reviso el comienzo, recuerdo el primer impacto. Pienso en que él leía y yo también. Pienso en que cuando era pequeño siempre me sentí feo. Pienso que, como él, cuando niño procuraba alejarme de la gente. Pienso que ambos somos zurdos. Pienso en que el hombre elefante se tomaba su vida, en medio de todo, bastante bien; yo creo que hasta fue feliz. Pienso que Merrick era un tipo valiente. A veces releo el final y me pongo triste. A veces lo releo sólo para ponerme triste. A veces simplemente me concentro en la imagen de la portada y constato que sí, es el mismo, sigue pareciendo un héroe. The league of extraordinary gentlemen, ahora que lo pienso, debería incluir entre sus miembros a Joe Merrick.


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El sabotaje continúa.

Ya les había contado. Hay alguien, ¿un grupo de gente?, borrando blogs y firmando sus acciones a nombre de Jaime Ruiz, el editor del blog País Bizarro. El martes pasado volvió a atacar, se llevó cerca de diez blogs esta vez. Quien quiera que esté detrás es un vándalo, sin duda, que cree que es chistosísimo molestar a Ruiz mientras desaparece y desprecia el esfuerzo que representa a otros llevar un blog y hacerlo crecer. Seguramente Jaime alguna vez lo insultó, o no le gustó algo que escribió, quién sabe. Cualquier excusa es válida para gente que hace ese tipo de cosas. Pudo ser porque no le gustó el template. Jaime dice que los acosan «por decir la verdad y denunciar», por la supuesta «contundencia de sus argumentos». Yo creo que los acosan por tratar mal, por insultar. Si fuera por «decir la verdad», otros weblogs con mayor afluencia de visitas y posiciones políticas (y denuncias) similares (como por ejemplo, Atrabilioso) sufrirían el mismo acoso del que País Bizarro es ahora víctima. Para mí este hecho sugiere que la base del problema es el estilo de tratar a sus contradictores. Mejor dicho, es de forma y no de fondo. Como sea, así Jaime le echara la madre continuamente a medio mundo a través del blog -que no lo hace-, no tiene sentido ni justificación que todo esto esté ocurriendo: Ni el acoso, ni las borradas. Con Jaime, en medio de todo, siempre se puede discutir. En el camino uno corre el riesgo de terminar acusado de ser peor ser humano que el Mono Jojoy, pero que se puede, se puede.

Aprovecho para decir algo que he conversado con Sergio alguna vez: Lo más triste del tono de Jaime es que, si no se convirtiera en el hombre increible cada vez que alguien medio le revira (lo mismo aplica a Diego, su canciller), si no se dejara llevar por la paranoia y empezara a señalar de asquerosos, asesinos y secuestradores a todo el que no está de acuerdo con sus opiniones, si fuera menos proclive a las inútiles generalizaciones arbitrarias (de las que varias veces ha tenido que arrepentirse) y las demostraciones "por prejuicio", sus trabajadísimos y bien redactados análisis políticos de la situación colombiana -muchas veces acertados- recibirían mejores lecturas y no terminarían en esas peleas a muerte en las que muchos, más de una vez, nos hemos enfrascado con él cada vez que abrimos la boca en uno de sus blogs. Pudiendo ser un buen foro de discusión y análisis, se ha quedado en un mero coliseo de todovale.

Esta semana se bajaron -entre otros- el blog de Sergio Méndez, lo que es una pena. Ese era uno de los primeros blogs de opinión política colombiana que aparecieron. Hablaba de política, historia y religión. Espero que pronto regrese. Sus peleas con Jaime en el blog de Alejandro Gaviria, aunque frecuentemente monótonas, constituyen cátedras fabulosas en el arte sutil del insulto (especialmente por parte de Jaime). Yo me divierto mucho leyéndolas.

Nota final: Blogscolombia ha publicado esta lista de recomendaciones para reducir los riesgos de caer en la trampa del saboteador. El truco que usa es tonto, pero es fácil caer en un descuido. Ojalá que la lean y la tengan presente. Más vale estar prevenidos.
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13.3.07

Los perros.

Me lo imagino: Acuartelamiento de primer grado desde hace una semana, cerca de tres semanas sin permisos de salida para prepararse para la visita, aullen. Ahí los veo: Unos, los de la Santander, la Ricaurte y, por decir alguna otra, la Bolivar, preparándose para los actos protocolarios, cambios de guardia en palacio, himno de los Estados Unidos de América, con compásssssss, aaaarrr... trasnochando y repitiendo hasta el cansancio las formaciones, los movimientos, los cambios de flanco, como si no se los supieran, como si no llevaran siete meses haciendo la misma mierda todas las putas semanas. ¡Cuádrese bien, Ramirez! ¡Cuádrese bien, García! ¡Cuádrese bien, Pelaez! ¡Cuádrese bien, Tellez! ¡Aullen! Que bien enérgicos los de la banda, que ojo a las órdenes, que cuidado se despencan hijueputas porque voltean, que cuidado alguien la caga porque hasta la mocha sin ver a la mamá, que todo bien brillado, bien pulido, impecable. Los otros, mientras tanto, supliendo la ausencia de los de plomo: Turnos doblados de ocho horas en garita, póngale. De cero a ocho, de ocho a dieciseis, de dieciseis a veinticuatro; qué rápido se pasa el día. Cero a ocho en puesto muerte, turno cabrón como pocos, de esos que sin marihuana no se pueden. Puntos críticos igual, pero con más frío porque están más alto y en Nuevo Congreso, por decir algo, nada que les ponen ni una garita contra la brisa; puro poncho, aullen. Y por supuesto, también refuerzo de seguridad de la zona, que el patrullaje, que soldados en tal y cual esquina deteniendo el tráfico y rezando porque no llegue algún desadaptado a levantarlos a piedra (o apuñalarlos) por tener la mala suerte de ser "la ley". Y, frescos, que a todos les toca, porque luego del Bush sigue el presidente de Alemania, y a ese también le hacemos show, ahí se rotan, y luego viene, ¿quién viene?, el rey de España, creo, que como es de sangre azul requiere arrodillada de rigor; y qué importa que estén cansados, qué importa que tengan las ojeras en las güevas, qué importa que no hayan dormido, mi sargento, desde hace cinco días, que importan ustedes, reclutas. ¿Es que no han entendido? Para eso sirven, para eso son. Perros, en últimas, que sólo están para aullar. ¿Para qué más?
Dedicado a los pobres muchachos del Batallón Guardia Presidencial, en Bogotá,
que deben estar pasando una de las peores semanas de su vida.
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12.3.07

Tofu.

Tofu con hongos y "salsa china"

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11.3.07

El paciente pollo picante.

Estoy haciendo, mientras Mónica regresa del laboratorio, un pollo picante basado en una receta de un pequeño libro de cocina china que nos regaló Mauricio. Ayer estuvimos en una tienda de productos chinos comprando lo necesario. Lo más dificil de encontrar -porque no lo sabíamos buscar- fue el vino de arroz. La clave de la receta, en mi opinión, es la marinada: vino de arroz, salsa de soya, aceite de ajonjolí (sésamo), azucar, jenjibre picado y ajo picado. El pollo, picado en dados, se deja marinando en eso por una media hora. Supongo que se podría hacer lo mismo con tofu. Aparte, se prepara una mezcla de agua, salsa de soya, vino de arroz, sal y aceite de ajonjolí. Luego se ponen a freir los ajís picantes pequeños (nosotros los compramos secos), hasta que se empiezan a medioquemar. Una vez ahí se frie sobre eso el pollo marinado y luego, todo esto a fuego alto, se ponen unas cuantas cucharadas de pasta de ají. Un minuto más tarde se baja el fuego y se agrega la salsa que se preparó a un lado y se tapa. Se cocina tres minutos, se le pone cebolla larga picada por encima y luego se sirve con arroz, pero para eso tendré que esperar a que Mónica regrese de monitorear sus cultivos. Hace poco probé y sabe delicioso.
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Entrevistas del Tristelefante.

Añadí un enlace en el menú que teletransporta a mi pequeño archivo de entrevistas. Por ahora he entrevistado a Enrique Vila-Matas, Rodrigo Fresán y Jorge Herralde (este último junto a mi amiga Melba Escobar). Espero agregar más a la lista durante este año.

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9.3.07

Chomsky: EEUU vs. Irán.

Interesante análisis de Chomsky con respecto a las intenciones de Estados Unidos en Irán.
The US invasion of Iraq virtually instructed Iran to develop a nuclear deterrent. The message was that the US attacks at will, as long as the target is defenceless. Now Iran is ringed by US forces in Afghanistan, Iraq, Turkey and the Persian Gulf, and close by are nuclear-armed Pakistan and Israel, the regional superpower, thanks to US support.
(link)
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8.3.07

Sucio es el nuevo limpio.

El gobierno colombiano está escandalizado con este ácido corto animado de Anmistía Internacional que critica el proceso de desmovilización paramilitar amparado en la ley de justicia y paz. Ya salió el títere-canciller a indignarse, a exigir respeto y a decir que se burlan de los esfuerzos de los colombianos por alcanzar la paz. ¿Pero realmente se están burlando? ¿Cuáles son esos esfuerzos? ¿Son como los del presidente intentando conseguir gente "limpia" y nombrando al (ahora en la cárcel) Noguera (a.k.a) "Un muchacho de buena familia" en dos ocasiones? ¿Es que acaso se les olvidó quiénes y por qué mataron a Yolanda Izquierdo? Antes que indignarse, el gobierno colombiano debería preguntarse -con sinceridad- si ha hecho bien su labor.

Hay gente que se indigna porque los paramilitares van a salir libres pronto. Eso a mí no me preocupa. Creo que esa libertad es un precio justo que el país puede pagar porque dejen de matar. El problema es cuando esa libertad está acompañada de completa impunidad por los crímenes que cometieron (incluida y no limitada a preservar el dinero que amasaron gracias a su toma de control del territorio). Por eso es que lo grave no son las posibles sentencias cortas de Mancuso y compañía, sino cómo ese proceso se ha llevado a cabo, sin un seguimiento serio, dentro de un marco legal difuso diseñado y remodelado por los paramilitares cada vez que una eventualidad ocurría, completamente improvisado, de espaldas al país. Si el gobierno colombiano quiere que tomen en serio sus planes de reinserción a la vida civil de esa gente y proceso penal de los líderes, debería actuar con seriedad él también. Planear por primera vez, por ejemplo, y evaluarse constantemente y en público. La crítica de Anmistía Internacional me parece más que justa. Ya hacía falta que les jalaran las orejas.

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Down at the dinghy.


¿Qué pasará con él? ¿Se lo llevará el viento y se hundirá entre las nubes? ¿Nos dejará solos? ¿Cuándo ocurrirá? ¿Iremos caminando por la calle y, de repente, empezará a elevarse sobre las casas hasta que lo perdamos de vista? ¿Dónde irá?

Conjeturemos: Si, como descubrimos en Zooey, Webb "Buddy" Glass escribió Teddy y A perfect day for bananafish, es probable que todo Nine Stories también sea obra suya. Y ahí están las obsesiones y los traumas de los Glass para demostrarlo, y entre cada niño de estos cuentos, ¿cuántos faltan? ¿cuántos van?, hay un Glass oculto y tembloroso; y por eso se quiebran, así se llamen Lionel o Esmé o Teddy y se apelliden Tannenbaum, porque esas que rescataste son las gafas para bucear del tío Webb y antes pertenecieron al tío Seymour y todos saben lo que le pasó al tío Seymour. Todos lo saben, y viven con eso, y Buddy se nombra en Down at the dinghy, se filtra discretamente usando su nombre de pila, el que nadie salvo Boo Boo usa, para aparecer junto a Seymour y decir que esas gafas son suyas pero también eran de él, y Boo Boo sabe lo feliz que será cuando le digan que Lionel las encontró. Tan feliz se pondrá, tan feliz, que escribirá un cuento sobre ellas. Este, por ejemplo.

Pero este cuento no va sobre gafas, las gafas son -dentro de mi conjetura- sólo una excusa, una semilla, de la que nace la historia, la historia que luego ramifica y se enreda, porque Boo Boo le cuenta a Buddy por qué Lionel tenía miedo y quería escapar de nuevo. Escapar, así como cuando a los diez años mi papá armó una bolsa con ropa, dos panes, un bocadillo y un queso, y se voló un día de la casa para que mi abuelo no le pegara. Caminó y caminó por Ibagué escapando, pensando en la vida que iniciaba, y luego se sentó en un parque y se acabó las provisiones de un tirón. Asustado y con hambre, regresó a la casa arrepentido por la noche, y mi abuela lo recibió con comida y mi abuelo con un cinturón. Le pegó hasta que le durmió la espalda, en la azotea de la casa, y luego lo mandó a dormir.

Y así va Lionel, que escapa en su botecito anclado en el muelle, y parte solo porque la genética se lo ordena. Live together, die alone, le dicta el gen Glass. No confíes, no. Y se adentra en su botecito entre el lago, sueña que se adentra, y que el botecito se eleva y se eleva para no dejarlo ir, para alcanzarlo entre las nubes, para no perderlo de vista.

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La derivada logarítmica no me deja respirar y otras artes breves.

Futurología

Estoy escribiendo nueve cuentos. La meta es uno por semana. La idea es presentarlos al concurso del distrito de mitad de año, igual que la vez pasada, pero a diferencia de la vez pasada no serán revisiones de textos nacidos en este blog. No que los del blog no me gusten, pero esta vez quiero un tema unificador, y además los cuentos del blog que me gustaban ya los usé la vez pasada y no quiero repetir. Agüerista que soy.

Ciencias atmosféricas

El clima no se estabiliza. La siguiente foto muestra un clima parecido al de ayer.

Barcelona desde la terraza de la UB

La que viene ahora muestra un clima parecido al de hoy.

Grua

Esta primavera esquizofrénica promete un verano psicótico. Que Dios se apiade de nuestros cuerpos en julio.

Anestesiología

Hoy, por segunda vez, empecé a leer Geometry of Love y me quedé dormido. Me faltaron dos páginas y media. No sé por qué no me engancha. O sí se: Toda la reflexión sobre las demostraciones geométricas me suena artificial, forzada, me rompe la trama. Mañana le daré una nueva oportunidad.

Culinaria

Por la noche, para comer, y continuando con mi celebración de las tres décadas, intenté hacer la sopa cuya receta me regaló Maria Clara de cumpleaños. Se me fue la mano en crema de leche y papas, y no tenía suficiente salmón, pero de todos modos me gustó mucho el resultado. La combinación de salmón, eneldo y azafrán le da un sabor suave delicioso. Mónica dijo que, tal vez, al tiempo que se frie la cebolla, se podría también freir un poco de hinojo picado. La próxima vez la intentaremos así.

Sopa
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7.3.07

Más sobre Jesucristo hombre (Una revelación).

Transcribo a continuación un fragmento de una entrevista a Jesucristo hombre que hace parte de este reportaje:
Periodista genérico: ¿Usted tiene aspiraciones políticas?

Jesucristo hombre: No yo personalmente, pero conforme a las escrituras, Isaias dice de mí que yo reinaré naciones.

P.G.: Hábleme un poco de ese proyecto que tiene usted para poder colocar a un presidente en algún país del mundo.

J.H.: Me gustaría ayudar mucho a Colombia. Hay muchas cosas que hay que hacer, que no debo decirlas ahora, pero yo tengo el conocimiento cómo sanar a Colombia. (Pausa) Y el candidato también.
Entonces el reportaje nos presenta al candidato. "El candidato sería", nos dice el narrador, "el empresario de empresarios Álvado Albarracín", un desconocido cartagenero que vive en Miami, a quién el periodista genérico procede a entrevistar:
P.G.: ¿Cómo piensan vencer la guerrilla?

Álvaro Albarracín: En treinta días vamos a garantizar terminar con la guerrilla. Totalmente.

P.G.: ¿Y cómo terminarán el narcotráfico?

A.A.: A lo mejor se pueden legalizar las drogas, uno nunca sabe.
Considerando que Creciendo en Gracia, la iglesia de este Jesucristo postmoderno (cuya María Magdalena es colombiana, por cierto), tiene sesenta y tres sedes en Colombia, y una base electoral ciega de alrededor de diez mil votantes, no me sorprendería que cualquier día de estos nos encontremos a algún anticristo presidiendo una sesión del senado, o aspirando -con opción- a ser presidente del país. Hasta de pronto voto por él. Lo que no me convence es eso de que en treinta días nos garantizarán acabar con la guerrilla. Los anteriores presidentes lo han garantizado desde el primer día y no han tenido suerte, aunque quién sabe, tal vez ese mes que se toman les sirva para pensar en cómo hacerlo. Un poco de planeación nunca sobra, no importa lo que piensen al respecto el infalible presidente Uribe y su séquito de idiotas.
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6.3.07

Divagando (131).

Cambiaron las luces de la cuadra. Ahora no son faroles colgando de cables que cruzan la calle sino que son lámparas empotradas a la pared. Si fueran más pequeñas, se conseguirían -seguro- en Ikea. A mí a veces me gusta Ikea y a veces no. Creo que me gusta más en abstracto que en la práctica. Hay cosas baratas, pero siempre está repleto de gente, es insoportable. Además, para poder llegar a las bodegas donde todo está, hay que subir unas escaleras y bajar otras, siempre bajo el riesgo de terminar metido en ese laberíntico tour de muestras con bibliotecas repletas de libros de cartón y fotos de niños fantasma en los portarretratos. Mi amigo Roberto propone un juego mientras uno ve televisión española. El juego consiste en reconocer muebles Ikea en las escenografías y llamarlos por su nombre. Requiere práctica, me consta, y mucho talento. Como yo soy tan malo para los nombres extranjeros, siempre pierdo.

Desde el viernes tuvimos una serie de caidas de la electricidad. Los interruptores, respondiendo a alguna amenaza voltaica, se saltaban. Sonaba tac y el gato maullaba, así que yo me levantaba sin gafas y sin ojos, y caminaba hasta la cocina para volverlos a encender. Así duraban un tiempo más, a veces un par de horas, a veces todo un día. Antes de ayer, sin embargo, mi reparación "por acto de fé" no funcionó y se volvieron a saltar de inmediato. Jugando con ellos descubrí que el problema está en el circuito que lleva a las tomas del calentador, así que lo dejé apagado y tuvimos luz toda la noche, pero no agua caliente esta mañana. Brrrr. Antes Mónica era valiente con el agua helada, pero ya no. Yo sí siempre he sido un cobarde. Nos bañamos como pudimos y, cuando me disponía a ir por el técnico, intenté hacer una reproducción del incidente para asegurarme de que no pagaríamos por una inspección en vano. Y no pude. Los interruptores no han vuelto a saltar y de nuevo tenemos agua caliente, pero el peligro sigue latente. Desde mi incendio de la cocina de Urbana, temo que todo arda en cualquier momento. Eso se debería llamar El sindrome Carrie.

Hoy Rodrigo Pelaez vino a almorzar. Nosotros almorzamos con frecuencia juntos. Hablamos de matemáticas y de no-matemáticas, y a veces la diferencia entre las dos categorías no es tan clara. Hay conversaciones sobre matemáticas que se terminan convirtiendo en conversaciones sobre, no sé, el futuro. Esas conversaciones son necesarias. Son una especie de terapia. Hacer matemáticas solo es no sólo dificil sino triste, sobre todo triste. A veces, incluso si el otro no entiende, un interlocutor educado que haga preguntas basta para solucionar una duda. Imaginarlo no sirve, de verdad se necesita un otro ahí, pensando de una manera distinta, que le rompa a uno el esquema y le abra nuevos caminos. Hoy descubrí que no entiendo tan bien como debería un concepto. Usualmente eso me deprime pero hoy no fue así. Supongo que me parece interesante aunque tengo la esperanza de aclararlo pronto, antes de que se lo coma el tedio. El tedio tiene diente para cualquier cosa, por más interesante o divertida que sea. Por eso es un deber hacer muchas cosas a tiempo. Es una responsabilidad con uno mismo, por su propio bien.

Mónica llegó temprano de la universidad y ha estado trabajando en el sofá, junto a Plinio, quien duerme patas arriba en este mismo instante. Se ven lindos los dos ahí.
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4.3.07

Curry con arroz.


La casa huele a curry, pero a Plinio no le molesta. Curioso. Plinio es un fanático de olfatear pero no se descontrola con olores fuertes. Algunos le interesan más que otros, eso sí. El olor a pescado o mariscos frescos lo pone a mil: Maulla, hace caras, se revuelca, se hace sentir. La casa huele a curry y Mónica me dice que ahora sí tiene hambre. Menos mal. Hoy ella está haciendo arroz "sticky" para acompañar. Yo había comprado un kilo hace un tiempo, por error, y lo había intentado preparar siguiendo la receta bogotana, pero no funciona, así que hoy recurrimos al oráculo y el oráculo nos informó que había que hacerlo al vapor con bastante remojo previo. Como no tenemos una de esas ollas para vaporizar, y yo temo por la resistencia de nuestro colador, lo hicimos siguiendo una receta alternativa que parece un promedio de la receta bogotana y la bankokiana, esperemos que salga mejor que la vez pasada.

(Actualización: Quedó muy bueno.)

Este fin de semana fuimos a cine, vimos la dosis de series semanal (Lost y Heroes, porque no hubo House), trabajamos, caminamos por ahí y leimos. Mónica anda tabulando resultados y organizando las fotos. Son unas fotos lindas. Ella me explica qué son pero poco queda. Neuritas y cortes transversales de médula, hasta ahí llego. Lesiones mecánicas y degeneracion nerviosa. Conteos, controles, cultivos y pruebas. Roedores. Mucha estadística y mucha paciencia. En esta entrada adjunto, por cortesía de ella, un par de las imágenes.


Este fin de semana lei The ocean, A miscellany of characters that will not appear y The chimera. También releí la entrevista de Cheever en Paris Review. El segundo cuento fue el que más me gustó. Luego les cuento por qué.
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3.3.07

The Host, por Bong Joon-ho.


(Reseña de The Host)
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El platanazo, literalmente.

El Platanazo
Tal parece que Davit, mi cuñado catalán, sigue feliz en su paseo por Colombia.
A él le debemos esta buena foto.
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2.3.07

How to write mathematics badly, por Jean Pierre Serre.

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1.3.07

For Esmé—with Love and Squalor.

This is the squalid, or moving, part of the story, and the scene changes. The people change, too. I'm still around, but from here on in, for reasons I'm not at liberty to disclose, I've disguised myself so cunningly that even the cleverest reader will fail to recognize me.
Ésta es una historia de cartas. Cartas prometidas, cartas por llegar —o que nunca llegarán—, cartas en proceso de ser escritas, cartas. Las cartas son excusas para hacer pausas y reconsiderar. Y también pueden ser golpes del pasado, o anclas. A veces, cuando siento que tengo la cabeza muy revuelta, abro Gmail y le escribo algo largo a algún amigo. Le cuento lo que ocurre, o lo primero que se me pasa por la cabeza, da igual. Casi siempre me responden. Casi siempre siento que algo mejora. En realidad, muchos de mis grandes amigos han existido, por esto de las distancias, más en letras que en carne y hueso. Este blog es, en más de una manera, una larga carta para todos ellos.

(Al margen: Debería escribirle algo a Mercedes cuando se acerque su matrimonio, a mitad de año. Para efectos prácticos, eso casi que sustituiría mi presencia. Lo anotaría en mi agenda si tuviera una. Debería tener una agenda.)

Esta es una historia de cartas y soldados. Me acuerdo que los soldados regulares que hacían entrenamiento en la Escuela de Artillería le escribían a sus familias o sus novias. Se sentaban en el casino de soldados en algún descanso y escribían. No mucho, unas palabritas no más. A veces escribían pidiendo cosas, pero casi siempre asegurándole a alguien que estaban bien, que al fin y al cabo no era tan duro.

Y mienten. No estaban bien, se les veía en la cara. Tenían miedo, no era para menos; no me gustaría haber estado en su situación. Estar pensando si seré capaz de disparar cuando deba hacerlo, por ejemplo. Eso me hubiera vuelto loco. Yo, en algún momento de mi servicio, durante una práctica de tiro, tuve una especie de ataque de pánico y me puse a llorar. Me acuerdo ahí, con las balas zumbándome a los lados, tirado en el piso temblando y con el fusil en la mano, llorando y gritando que no más. Me acuerdo que levanté la mano y el capitán dijo alto al fuego y vino el teniente Parga y me sacó de formación y me llevó lejos del polígono. Me acuerdo que me sentó junto a un árbol y este tipo, que tenía fama de ser un hijo de puta, me consoló. Me dijo que me calmara, que si no quería disparar, no tenía qué hacerlo. Yo le dije que yo no quería estar ahí, que ese no era mi lugar, que yo no sabía qué diablos hacía aprendiendo a matar gente si yo nunca había querido matar a nadie, y el Parga me puso la mano en el hombro y me dijo que fresco, que no pasaba nada, que él sabía que esto no tenía que gustarle a todos, y ahí estuvo hablándome un rato de cuando entró a la escuela de cadetes. Venía de Garzón, Huila, y tenía varios tíos militares. Él era uno de esos oficiales que se les ve que todo eso del ejército les encanta y que son todavía lo suficientemente jóvenes como para ilusionarse con unos meses en el monte dándose plomo con la guerrilla. Luego, cuando ya tienen sus años, les gusta más el confort de los batallones de ciudad, pero aún entre esos curtidos hay algunos que nunca pierden el gusto por la guerra. Ese es un gusto incomprensible para mí. Total es que Parga me calmó, y a partir de ese día nunca volví a disparar un fusil de esos, aunque tuve que cuidar uno durante el resto del año. Cuídenlo como a sus novias, nos decían. Como yo no tenía novia, nunca supe qué hacer con esa cosa.

Años después, en la universidad, conocí a otro nativo de Garzón que había sido vecino de Parga allá en el pueblo. Él también decía que Parga era un hijueputa. Había sido compañero de su hermano en el colegio. A ese tipo lo echaron de la universidad por bajo rendimiento académico. El apoyo constante a la revolución nepalí, parece, no le dejó tiempo para el álgebra lineal. Esas cosas pasan. Yo creo que terminó en la guerrilla, tenía todo el perfil. Parga, como sea, nunca volvió a aparecer. El huilense de la universidad fue mi último, digamos, contacto con él. El otro día busqué a Luis Parga en Google y no hay rastro. Intenté todos los rangos. ¿Será que me lo inventé? ¿Será que lo mataron? ¿Dónde andará el teniente Parga?

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Cuento de terror más corto que su propio título.

Soñaba en orden alfabético.
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28.2.07

Nepo.

Se llama Nepo y era albañil. Era El Albañil. Dicen que construyó medio barrio. Dicen que por eso es que lo quiere tanto: Es que es como un hijo. Dicen que construyó y construyó hasta que se lo comió el Parkinson, hace por ahí diez años, y desde ahí se dedicó a mendigar en el parque. Lleva una mendicidad digna. Alcoholizada, pero digna, dice con orgullo. Se baña todos los días en la casa de los Álvarez y luego desayuna, por cuenta de la señora Benavides, en la cafetería de Carla. Pide huevos revueltos y un perico. Más tarde, a eso de las nueve, pasea los perros de don David, y luego, si es jueves, va la tienda de Esteban a jugar dominó con Federico y Gonzalo. Apuestan trago y Nepo siempre gana, porque se conoce las fichas de memoria. Cada rugosidad es única, piensa. Cada rugosidad necesita un tratamiento distinto. Federico dice que Nepo si es mucho hijueputa cuando se despide. Sea jueves o no sea, al medio día va al supermercado de la cincuentaysiete y compra tres cajas de vino Fino. Se lo toma en la plaza, viendo a los pelaos jugar basket. Los pelaos lo conocen y él es, digamos, su entrenador secreto. Ellos juegan y Nepo mentalmente los corrije. Dice No, por ahí no. O Defensa, defensa. O al Negro, no joda, ¿es que no ven al negro? Y cuando se van a ir el negro siempre le pregunta, Oye, Nepo, qué tal estuvimos, y Nepo le responde que tienen que mejorar esa defensa, o reforzar las posiciones, o practicar lanzamientos, porque si siguen así nunca van a pasar de los cuartos de final del campeonato interbarrios.

Antier, serían las nueve y media, Nepo salvó a Herminia, la hija menor de los Iragua, de que la atracaran. Ella venía caminando de la estación y la seguían tres maricas. De pronto, apareció Nepo. Se les plantó con una botella en la mano y les dijo que comieran mierda, prácticamente, y los manes salieron cagados del susto corriendo, porque han oido historias del borracho que cuida el barrio, que es un fantasma, que dejó en silla de ruedas a un grafitero mal parado, que es un antiguo luchador, que no tiene miedo.

Un día de estos nos van a matar al pobre Nepo.
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27.2.07

Como estudiante en día de la primavera.

Está haciendo mucho sol. Más del debido para esta época. El corte inglés, que según Nano es más efectivo que Punxsutawney Phil prediciendo la llegada de la primavera, ya anuncia (ordena) desde hace una semana el cambio de temporada y nadie parece estar en desacuerdo. La pobre marmota, en cambio, sólo cuenta -históricamente- con un 39% de precisión. Mejor dicho, como dice también Nano, quien reporta sintonía desde una gélida Urbana, IL, a falta de corte inglés, nos va mejor lanzando una moneda.

Como sea, toda esta luz le hace bien al espíritu. Eso al menos por un rato. Luego, dentro de tres meses -o incluso menos-, estaré maldiciendo el calor que viene con ella. Uno vive saltando de odio a odio. Parece ser inevitable.

Se aproxima un examen oral de árabe. Y yo no sé nada. Que Ganesha se apiade de mí.
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26.2.07

Reflexión (666).

Conjetura metempsicótica: Si uno se porta mal en esta vida, nace cristiano y latinoamericano en la siguiente.

Ejemplo (¿o contraejemplo?): Jesucristo hombre demuestra que es el anticristo y revela la marca del 666.

Lo que Wikipedia dice sobre Jesucristo hombre: "He is currently the second most blasphemous creation to come from Puerto Rico behind of course Ricky Martin."

... and I say to myself, what a wonderful world...

(Me pregunto cómo entra todo esto de las iglesias cristianas de crecimiento viral en Estados Unidos y América Latina dentro del modelo-esquema de la globalizada cultura hipermoderna de Lipovetsky. Hoy estuve escuchándolo en el CCCB y quedé con esa duda. Me pareció demasiado localizado a Europa su discurso. Roberto lo disculpó recordándome que era francés.)
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Visiones (78).

Hoy la vi comprando pan. Últimamente la veo por todos lados. No, no estaba comprando pan. Estaba en un bar a las once la muy borracha. Y no era su bar, ni más faltaba, era otro: un grasibar donde los sábados por la mañana se sientan los turistas a bajar la rumba del viernes a grandes sorbos de cerveza. Ella ahí, tan ínfima, tan poca cosa, tan hormiga maquillada, tomándose una caña y conversando sobre nada con tres jovencitos italianos cuya suma de edades no alcanza la suya y pensando -reflejándose en la vitrina de las croquetas- si su peluca nueva estará bien puesta, si la peluca bastará para fingir ser otra, si tendrá suerte y dormirá acompañada la siesta de la tarde. Qué cosas piensa. Qué sola está.
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25.2.07

Metamorfosis.


1

Dentro de mi recorrido aleatorio por la obra cuentística de John Cheever, ayer salió Metamorphoses, una serie de cuatro relatos cortos que describen varias instancias de cambios. Cambios drásticos. Discontinuidades del destino. Desde que mi amiga Melba me dijo que a ella le parecía que yo vivía obsesionado con historias de esas, me he obsesionado un poco más. Siento que me hablan. Son las cosas que hace la conciencia de saberse algo.

Cambios: Alguien ve una cosa. Una que, aunque prosáica, no debería haber visto, y esa visión lo transforma y lo destruye en cuestión de días. Otro, desesperado, se despoja de razones en horas, se vacía. "He always sings of inessentials, never about the universality of suffering and love, but thousands of men and women go off to the stores as if he had, as if this was his song." Alguien más, al morir, se convierte en un eco a las afueras de la casa de su madre. Finalmente, un hombre decide romper con sí mismo, y al hacerlo, renueva literalmente su percepción del mundo. No lo puede sorportar.

2

Es como con mi tía Irma, la hermana mayor de mi mamá. Ella es muy vanidosa y hace unos meses, de regalo de cumpleaños, se compró un tubito de botoina, una especie de botox de uso externo. Ahora los nietos no la reconocen, y cuando los dejan con ella, se echan a llorar.

3

Ayer, continuando con mi batalla interminable, capturé una cucaracha exploradora detrás de la nevera. La apresé con una toalla de papel y, creyéndola muerta, la arrojé a la basura. Sin embargo, cuando estábamos amarrando la bolsa para llevarla al contenedor, Mónica juró haber visto al bicho moverse.

Imaginemos ahora que seguimos a la bolsa. La dejamos en el contenedor a las once. Por la noche pasa el camión y la recoge. Imaginemos que la cucaracha, honrando la fama de su especie, sobrevive al proceso de procesamiento y transporte, y hoy viaja entre las jugosas basuras de nuestra calle hacia un vertedero. Imaginemos que la cucaracha tiene mediana consciencia de lo que ocurre y algo parecido a una memoria. ¿Será ese un viaje feliz?

Imaginemos, para terminar y sólo por jugar, que esa cucaracha fuera un hombre. Reformulemos la historia: Un hombre camina por la calle y es capturado por unos malhechores que lo apalean hasta creerlo muerto. De hecho, no son malhechores, son agentes del Sistema, funcionarios eficientes. El tipo se equivocó de calle. Esas cosas pasan. En otra versión de esta reflexión podemos ahondar en las circunstancias específicas de su crimen, por ahora preocupémonos por su destino. Una vez apaleado, los malhechores lo suben en una avioneta y lo lanzan al atlántico, pero sobrevive a la caida y llega a... ¿a dónde llega? Vuelvo a preguntar: ¿Será el hipotético viaje de mi cucaracha uno feliz? ¿Cuál será la felicidad de las cucarachas?

4

Hoy, mi película de cambios favorita es El topo, de/por/con/para Alejandro Jodorowski. Mi segunda película de cambios favorita es Contacto Sangriento, con Jean Claude Van Damme. La tercera es un documental sobre la vida de Michael Jackson que vi una vez en E!.

5

Al leerle mi reflexión sobre la cucaracha, Mónica me aclaró que en España no hay vertederos sino incineradores. No hay caso: Todos los caminos conducen al infierno.
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Querido diario,

Yo no sé a qué horas terminé teniendo tan buenos amigos. Suertudo que es uno.
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24.2.07

Ya son treinta años perdidos.

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23.2.07

Last day on earth.

Mientras ayer se convería en hoy, lei un cuento de Cheever sobre un mueblecito, un lowboy. Richard lo quiere pero su hermano lo tiene, así que se lo pide y el hermano se lo da. El hermano cuenta la historia. Es un mueblecito de la mamá, o de la abuela, y en los cajones del mueblecito se esconden los muertos. Un pasado familiar insoportable lleno de tragedias. Pero Richard lo quiere. Así es la gente. Hay una frase que me gustó mucho: "Oh, why is it that life is for some an exquisite privilege and others must pay for their seats at the play with a ransom of cholers, infections, and nightmares?". También lei un menú de un restaurante indio al que fui con Roberto a almorzar. Lo lei y lo releí buscando lo que quería, se sentía inmenso, y no pude decidirme. Así de complicados son mis problemas diarios: qué comer, qué no comer, qué leer, qué no leer, qué hacer, qué escribir. No se puede decir que la tenga dificil. Al final le dije al mesero que me recomendara algo picante -muy picante- y el mesero me indicó una lista, de la cual elegí sin mucho mirar el primero. Efectivamente estaba picantísimo, pero yo tengo un callo en la lengua que me inmuniza. Mi lengua, ahora que hablamos de ella, es poligonal, no curva. Tengo la teoría de que, durante la noche, presiono la lengua contra los dientes superiores y por eso es que es así. No parece una mala teoría. Lo explica todo. También lei algunos e-mails, no muchos, y el periódico, por si las moscas había pasado algo novedoso, pero no, el mundo sigue igual. Fui a google news a buscar noticias que involucren payasos y me encontré otra para mi colección: Un payaso en Alemania le pegó a un muchacho que asistía a una de sus funciones. Ahora quieren mandarlo a la cárcel. Normal. Lo añadí a la lista. También, Lucía y Diana me indicaron la nota en El Tiempo que detalla la captura del payaso Miky (¡bulliciosos! ¡ah!, etc) en Bucaramángara, por un accidente en Cali del que se voló sin dar la cara. Me sorprendió la noticia. Yo creía que Miky había muerto, o había regresado a su Chile natal. Los payasos deberían morirse jóvenes. Es cruel que vivan tanto. Nadie envejece peor que un payaso malo y todos los payasos son malos. Yo nunca he visto un payaso bueno, uno que merezca UN sólo aplauso, ¿ustedes sí? Una vez me puse a llorar cuando un payaso se acercó a mi mamá y yo. Estábamos caminando por el centro y un payaso nos dijo algo y yo me ataqué a llorar. Es una de esas memorias en el aire que uno tiene y que jamás termina de armar por completo. No me acuerdo qué pasó después, por ejemplo. No me acuerdo cuándo dejé de llorar por culpa de ese payaso y empecé a llorar por otras cosas más concretas. Me gustaría recordar vívidamente. Dicen que cuando uno se hace viejo empieza a recordar así, sin niebla. Lo reciente se pierde, pero lo lejano se vuelve de nuevo tangible, como si se estuviera cerrando un círculo. Es un fenómeno curioso.

diagramas

Ahora estoy escuchando una canción que dice así:
Let's talk and we'll fill the air with imagery that lasts forever - So this is love that's a lovely thought - You have to care for it to keep it together - If you fall will you get up - You're stuck in a dream will you wake up - And if you fell in love will you hold on to it - And if it's cold will you stay warm - You drift too far will you swim towards the shore - And if you fell in love will you hold on to it - Let's sing and we'll fill the air with melodies that blend together - You speak so sweet with words so delicate - A glass i hope will never shatter.
Y la repito, y la repito, y la repito. Siempre suena bien.
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Aural Vertigo.

Hace unos días me reuní con Roberto Enriquez-Higueras en el Boadas, un reconocido metedero de alcohólicos en Tallers frecuentado por decadentes aficionados al dry martini, el gin tonic, y demás cocteles amargos. Pedí una coca-cola.

Los motivos y detalles de esta reunión serán discutidos en otro momento. Este no es un canal seguro. Por ahora, sólo les diré que el negocio esta vez no será (tan) ilegal. Hoy me interesa, más bien, describir algunos incidentes que ocurrieron durante esta reunión y cómo estos me llevaron a la conclusión de que una nueva conspiración se gesta en mi contra.

Primer incidente: Crucigramas

Hablamos de cocteles y de un cuadro de Miró dedicado al señor Boadas que decora una pared. Enriquez-Higueras le tomará una foto más tarde, pero por ahora sólo hablamos de él y aventuramos hipótesis sobre el grado de alcoholemia del bueno de Joan cuando dibujó ese mamarracho. Tras mi amigo, distrayendo mi atención, dos hombre discuten sentados en las bancas intercambiando recortes de periódico; crucigramas de periódico sin hacer. Me llevó un rato entender su dinámica, entender que había un orden en el modo como uno revisaba los crucigramas y señalaba algo con un lápiz y luego el otro tomaba nota en una hoja en blanco. Tardé un rato más en darme cuenta de que este era un orden impostado: Nadie llena crucigramas así. Nadie los estudia con tal detenimiento. Los dos fingían llenar crucigramas para pasar desapercibidos. Truco viejo. En realidad, el de la izquierda escuchaba cuidadosamente nuestra conversación y el de la derecha transcribía lo que el otro le dictaba en la hoja de papel. Más tarde, entregarían esa hoja a sus superiores en La Agencia como primera prueba en nuestra contra. Por fortuna, nos cuidamos de utilizar una clave, así que es probable que jamás descubran la naturaleza de nuestra transacción.

Los dos hombres escaparon al sentirse descubiertos por mi temible mirada inquisidora. Es obvio: Saben lo que puedo hacer.

Segundo incidente: Maldición

Tras los hombres del crucigrama, se oculta el borracho místico. Lo borracho es claro, descubrir lo místico toma un poco más de tiempo. El borracho místico apoya dos hojas de lo que parece un ensayo contra una banquita y hace correcciones con bolígrafo negro. Correcciones pequeñitas. A veces nos mira a todos, como sospechando, y vuelve a sumergirse en su ensayo. En algún momento se levanta, nos mira, junta las manos y musita una oración. Su aura cambia de color, se torna rojiza y amenazante. Sabiéndome en peligro, pido disculpas a Roberto, que no es consciente de lo que ocurre, y dejo por un instante mi cuerpo para suscribir un sello astral sobre nosotros. El sello por fortuna surte efecto, deteniendo la maldición vudú, y el borracho místico, derrotado, deja el local. Un minuto más tarde regresa, pero ya no es el mismo, su aura ha cambiado. El espíritu que lo controlaba ha dejado su cuerpo. Ya sereno, pide otro dry martini y continúa la corrección de su ensayo.

Una hora más tarde, llega Mauricio Retiz del trabajo y nos vamos todos a comer a Udón. No puedo evitar notar que la mesera no es la misma de siempre.
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22.2.07

Katarakt.


Mi amigo Sonat Süer, matemático, músico y gurú rint, es el protagonista, escritor y director de este corto animado.
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Deyokuasonás II: Ahora es real.


John Wayne Gacy

Este año, impulsado por Sergio, he decidido recopilar tragedias (o noticias judiciales) que involucren payasos. Llevo estas:
Avísenme si encuentran alguna otra que merezca mención en esta lista.
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Pretty mouth and green my eyes.

Una vez me dijo que nada olía peor que un colegio de mujeres administrado por monjas. Odiaba el colegio. Hablábamos por teléfono todas las noches. Cometí el error de darle mi número y ella me llamaba, casi siempre a las nueve o diez, y me contaba lo que estaba ocurriendo en su vida. Hablaba por horas y horas. Yo era su diario, nunca supo nada de mí. Su padre estaba muerto, su madre la tenía eternamente castigada. Tenía dos hermanas mayores y varias amigas. A las hermanas las odiaba pasionalmente. Sus sentimientos hacia las amigas, por otro lado, oscilaban de un extremo al otro dependiendo del día, de si hacía sol, de algún comentario de una monja, de la pelea que ocurrió en el gimnasio antes de la clase de educación física, de las discusiones de la ruta escolar.

Nunca nos vimos. Ella era sólo voz y yo era un silencio modulado. Recuerdo que a veces colgaba de imprevisto anunciando que había sido descubierta, y otras veces hablaba en voz baja para que no la encontraran. Sus discursos eran tanto global como localmente incoherentes y sus narraciones disparatadas, pero yo seguía hablando con ella, escuchándola, sobre todo, porque sus historias eran mejores que las de las telenovelas que veía mi abuela a esa misma hora. Era voyerismo barato. Algunos días lloraba, otros me contaba fiestas, o citas en centros comerciales con noviecitos, casi siempre odiaba al mundo y a sí misma, pero a mí jamás: yo era distinto, yo la entendía, yo resolvía su vida, yo -ya se los dije- era su diario.

Dejó de llamarme un día sin razón aparente. Tal vez se le acabaron las historias, tal vez agotó mis páginas, tal vez consiguió novio, tal vez creció. Ahora pienso que pudo haber una pelea, quizás fui muy duro con ella. A la semana, la llamé al número que tenía y que había usado para contactarla un par de veces. Una mujer contestó y le pregunté por ella. «Esa niña no vive acá. ¿Quién le dio este número?», respondió la mujer. «Ella nunca ha vivido en este lugar, ¿me escuchó?, nunca. Por favor, no vuelva a llamar.»

Eso hice.

¿De qué película es esta imagen?

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20.2.07

Querido diario,

Ayer, apenas comenzaba la película, la imagen saltó y luego se fue, dejando la sala a merced de las lúgubres luces de emergencia. Cuando empezaba a prepararme psicológicamente para el desalojo enloquecido en el que todo el mundo grita al tiempo y a destiempo «¡Con calma! ¡Con calma!», entró un tipo a la sala y dijo que había ocurrido un apagón de gran importancia en toda la ciudad, pero que no nos preocupáramos: El teatro cuenta con una planta eléctrica que en este justo momento está siendo ensamblada para que la proyección pueda continuar. Yo le propuse a Mauricio que fuéramos a ayudar a ensamblar la planta, y él aprovechó para darnos una descripción general del sistema de suministro eléctrico de la planta de Bavaria en Sogamoso, donde trabajó alguna vez. Un tema fascinante, como imaginarán. Total es que cuando íbamos llegando a lo mejor de la historia, apareció una señora en la puerta que anunció alguna otra cosa que no pudimos entender. Le faltaba voz, yo creo, y también un poco de alma. Cuando la gente no tiene alma, no la escuchan. La debe pasar terrible esta señora entrando a aeropuertos y centros comerciales, seguro.

Mauricio continuó donde iba, pero ya habíamos perdido el impulso y el climax de la descripción no fue el que hubiera podido ser. Luego las luces parpadearon y la película regresó.

Si me conocieran, seguro que se imaginarían lo angustiante que fue para mí esa situación. Yo no puedo con esas cosas. La ciudad a oscuras y yo acá, en un teatro, desaprovechando la oportunidad de unirme a los improvisados -siempre improvisados- comandos anarquistas que con probabilidad uno estarían, en ese preciso momento, tomándose las calles y organizando las barricadas en la oscuridad de las seguras cuevas-callejuelas del Raval. Yo aquí, en la comodidad de esta silla, y el mundo cambiando a toda velocidad afuera, como si estuvieramos en una máquina del tiempo. ¿Qué quedaría de todo aquello que conocíamos cuando terminara la película? ¿Qué sería del viejo orden cuando la luz regresara? ¿Surgiría un alter-alter-mundismo como respuesta al alter-mundismo ahora reinante? ¿Quedaría alguna vitrina sin romper? ¿Quedaría alguna piedra por usar? Me perdí la mitad de la película pensando en esas cosas. Sufriéndolas.

Al cabo de hora y media, las luces volvieron a saltar y alguien nos anunció que el apagón había concluido. Qué pena, pensé. Sin embargo, cuando salimos del teatro, todo estaba igual. No había turbas, ni vidrios rotos, ni comercios asaltados, ni barricadas, nada, pero yo tengo la teoría de que algo sí cambió, porque hoy, al contarle a Rodrigo esta historia, me dijo que le parecía rarísimo: A esa hora estaba a un par de cuadras del teatro, en su oficina, y no había ocurrido ningún apagón. En los periódicos, además no dicen nada al respecto. Ni una notita.

Pensarán que estoy loco, pero sospecho que la sala cinco de mi teatro favorito de cine es un portal transdimensional. Como en Sliders pero más rústico, sin tantas luces ni efecto ripple. Ésta es la primera prueba. He decidido llamar a esta nueva dimensión D'. Como es obvio, hoy me he dedicado compulsivamente a revisar libros de historia en la biblioteca, para asegurarme de que todo lo demás esté en orden. No se imaginan lo que encontré. Pensé en publicarlo acá, pero nunca lo entenderían: Ustedes siempre han vivido en este mundo.

Tengo que encontrar una manera de volver. La revolución me espera.
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La science des rêves, de Michel Gondry.


(Reseña de La science des rêves)
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18.2.07

Shortbus, de John Cameron Mitchell.


(Reseña de Shortbus)
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