21.8.07

Revista Ping Pong Número 5.

A mis amigos Giselle y Frank les gusta caminar por Santo Domingo y leer poesía. También les gustan otras cosas pero por hoy me interesan esas dos. Frank escribe crónicas de sus aventuras urbanas en su blog, que visito desde hace tiempo (cuando se hacía pasar por una dominicana calentona fanática de Bolaño), y Giselle, digamos, es más ecléctica.

Mis amigos Giselle y Frank son los fundadores y editores de la revista en linea Ping Pong. Allí publican juiciosamente poesía y reflexiones al respecto. Sus números tienen periodicidad irregular pero siempre hay uno en camino. Hoy publicaron el número cinco. Los invito a pasar, leer y disfrutar. Hay buenas cosas ahí.

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Fantasmas (112).

Diez de la mañana. Una señora baja la calle gritando «Canalla mibolso canalla mibolso canalla canalla canalla mibolso» (x17). Un minuto más tarde sube la calle gritando exactamente lo mismo. Aulla mientras se aleja.

Mi calle está llena de fantasmas.

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20.8.07

Días perdidos (320).

Es lunes, es la una y quince de la madrugada y llueve. Mi gato me mira -acecha- desde la parte de atrás de mi computador. Como puede se esconde detrás de la pequeña pantalla y de vez en cuando saca la pata para cazar una de mis manos. Se esmera en que el golpe sea sorpresivo, pero no es lo suficiente hábil. Lo delata el ronroneo y la cola ondulante. Él sigue intentando, de todos modos. Cuando menos me lo espere me arrancará la mano de un zarpazo. Espero no la izquierda.

Llovió todo el domingo (salvo por una escampada hacia las cuatro que nos permitió ir por kebab), así que estuvimos en casa viendo películas y series en joox. Vimos la de los cuatro fantásticos y silver surfer. Tienen una buena copia ahí, no creo que dure mucho disponible. La película es mala. Tolerable pero mala. Sale Stan Lee haciendo de Stan Lee. Los guionistas veraniegos, definitivamente, no son santos de mi devoción. Loable trabajo, sin duda, pero no me interesa. En los intermedios leo el libro de Pessl. Es entretenido.

Mauricio Salvador acaba de iniciar la publicación de una novela por entregas en su blog. La novela se llama Álbum. Mauricio me estuvo hablando de esa novela hace muy poco. Un cuento que se extendió, me dijo. O dos cuentos que colapsaron y luego se expandieron fundidos en uno sólo. Esas cosas que pasan.

El blog El ojo en la paja, por su parte, va a publicar -también por entregas-, una versión en español de la entrevista que Plimpton le hizo a Hemingway. A falta de una versión en inglés en linea, mal no cae ésta. La primera entrega, aquí. (La segunda, acá.)

Y ya que estamos, aquí está una conversación entre Javier Marías y Arturo Pérez-Reverté que vi enlazada en el Moleskine Literario de Thays. Es una conversación aburridísima, como es de esperarse. Qué peinado tan raro tiene Thays, por cierto. Es preocupante.

Lo olvidaba: Al inicio del día intentamos ver los primeros dos capítulos de MacGyver (luego ahondo en este asunto, lo prometo) que había bajado ayer con la mula, pero fracasamos porque los capítulos tenían una voz superpuesta en polaco acallando a Richard Dean Anderson. Las cosas de la ilegalidad. Decepcionados, luego de ver la sonsa película de superheroes vimos -para compensar- tres capítulos de Stargate SG-1, los tres primeros, y luego, comentando, nos dimos cuenta de que pese a haber durado más siendo Jack O'Neill (9 años) que Angus MacGyver (7 años), Dean Anderson nunca logró deshacerse de su papel original. Bien por él. Yo creo que hay pocos actores de televisión que puedan decir que tuvieron papeles protagónicos de dos series tan largas. Le falta ahora dar el salto al cine y volverse galán maduro para que entre en la categoría de mítico, porque leyenda ya es.

Ah, estos domingos lluviosos e interminables...

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19.8.07

Special topics in calamity physics (1): Portada.

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Die Geschichte vom weinenden Kamel, por B. Davaa y L. Falorni.


(Reseña de La historia del camello que llora)

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18.8.07

Tándem.

Una pareja se separa. Ella se va, él se queda, pero eso todavía no ha ocurrido, eso viene más tarde, tras un breve viaje en tren. Tándem ocurre durante la semana previa a la partida. Es una semana muy corta que ellos llevan como pueden. Compran una maleta una tarde, tras pasar por la universidad de ella para reclamar unos papeles que se tiene que llevar. Van a comer a un restaurante que les gusta y descubren que lo cerraron. Hablan largo por las noches y leen un libro en voz alta, una novela que se encontraron en la agencia de viajes donde compraron el tiquete. La novela de la agencia de viajes trata de un accidente de tránsito. Es una novela dividida en cinco partes. Las primeras dos cuentan cosas que antecedieron el accidente. La tercera cuenta el accidente, pero quien lo cuenta no es alguien de fiar. Las dos últimas cuentan lo que pasa después del accidente. El accidente de tránsito ocurre en una versión paralela de la ciudad donde viven. Un bus pequeño lleva diez personas en una ruta hacia el aeropuerto. El bus se sube al separador de la avenida y vuela por los aires al tiempo que se escuchan disparos dentro. Hay varios muertos pero no es claro ni importa cuáles son ni cómo murieron. También hay algunos heridos. Pero el accidente no es el tema de la novela, sino la excusa para contar cinco historias de personas que se van, que reciben a alguien, que regresan. El accidente detona las historias. Algunas son mutiladas, otras vuelan por los aires, otras salen ilesas, se rascan la cabeza y siguen caminando. Estos dos leen el libro y lo comentan. Se sorprenden un poco, sólo un poco, de estarlo leyendo justo en esas circunstancias. En realidad no hay misterio: Cada cual lee lo que ha de leer. La semana se va rápido y llega el día de la partida. Tándem se termina en el vagón del tren hacia el aeropuerto. La novela del accidente es una broma: Nadie tiene la culpa de nada. La historia de ellos sigue. El tren avanza por el túnel. Los trenes no se accidentan, piensan ambos. Nadie conduce un tren. El tren se deja llevar. Ellos también.

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16.8.07

Progresión.

Hoy estuve escribiendo desde que me levanté. Antes de iniciar labores, hice una visita rápida a las páginas de noticias. A las nueve de la mañana reportaban, todas al unísono, trescientos muertos en Perú. Durante el día he visitado de nuevo esas páginas para seguir el terremoto como quien sigue un partido de tenis muy largo y doloroso. De 300-0 pasó a 350-0 y luego a 400-0. Ahora vamos en 500-0. La paliza es histórica y no parece detenerse. Es humillante. Es vergonzoso. Muertos y muertos. Los heridos también crecen en un marcador paralelo. El de las faltas, podría ser, o el de los tiros fallidos al arco. Qué cruel es la tierra cuando se despierta. Qué frágiles somos.


(Más datos)

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From nothingness to nothingness.

In the way of mental work, he could do anything, but he was not about to become a logician. He was, however, attracted by rational analysis. The emotional struggles of mankind were never resolved. The same things were done over and over, with passion, with passionate stupidity, insectlike, the same emotional struggles repeated in daily reality —urge, drive, desire, self-preservation, aggrandizement, the search for happiness, the search for justification, the experience of coming to be and of passing away, from nothingness to nothingness. Very boring. Frightening. Doom. Now, mathematical logic could exticate you from all this nonsensical existence.
S. Bellow, Zetland: by a character witness

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The Bourne Ultimatum, de Paul Greengrass.


(Reseña de The Bourne Ultimatum)

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15.8.07

Tu rostro mañana (8): Augurios.

Si Marías fuera suficientemente atrevido, Tupra le revelaría (o al menos le sugeriría) a Deza, en la conversación que nos debe, esa que probablemente sirva de nucleo del tercer volumen de Tu rostro mañana, que nació hace quinientos años en las tierras altas de Escocia.

No lo hará, claro, pero sería lindo. Todo quedaría, sin duda, mucho más claro.

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Tu rostro mañana (7): Katzbalger.

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Tu rostro mañana (6): The Krays.

[Ronnie and Reggie hold down the Italian gangster on the snooker table after he has demanded protection money]
Ronald Kray: You go back and you tell Rutherman no-one fucks with us. This is nothing. Give me your hand. Do it!
[Ronnie sticks a sword through the gangster's hand and twists it. Blood drips from the snooker table]
Italian Gangster: [screams]
Reggie Kray: Just show him this and tell him we let you off lightly. Hear me? Say "thank you".
Ronald Kray: Say "thank you".
Reggie Kray: Say "thank you".
Italian Gangster: [screams] Thank you.
(click)

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Tu rostro mañana (5): C6760H10447N1743O2010S32

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Tu rostro mañana (4): Las tardanzas.

Acabo de descubrir, visitando el website de Alfaguara Colombia, que sólo hasta este mes de agosto llegó a Colombia la segunda parte de Tu rostro mañana de Javier Marías (publicado en España hace tres años). Ni que fuera una traducción, por Dios. Qué vergüenza. Tardan un poco más y sale al tiempo (o después) que la tercera parte en España (que ya se viene).

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Tu rostro mañana (3): Lo perdurable.

Hay lecturas que es dificil dejar ir. Eso por un lado.

Por el otro, las lecturas saben cómo perdurar. Tienen ganchos, anclas, algo. Se asientan mejor en unas cabezas que en otras.

(Neurofisiología de la Lectura (Preguntas): ¿Cómo funciona? ¿cuál es el proceso? (o, más importante) ¿cuál es la metáfora apropiada, el modelo? ¿por qué el mecanismo funciona tan bien? ¿por qué no es lo mismo leer un libro que escuchar su lectura? ¿por qué a veces sentimos que pensamos lo que el libro dice y a veces parece como si fuera una voz distante? ¿cuál es el truco?)

Sí, eso es lo que me intriga. Cuando leemos, es como si nos contáramos una historia a nosotros mismos, una historia que no conocemos de antemano, una que lentamente vislumbramos a medida que avanzamos sobre las páginas, o es como si alguien más, alguien distante, nos contara algo durante una comida. Parecen la misma experiencia pero no lo son. No es lo mismo que el capitán Barrera cuente entre chiste y chanza que crucificó unos campesinos porque su respectivo capitán (cuando él era teniente) se lo ordenó, a que ustedes lean lo que acabo de escribir. Y no es lo mismo que yo lo escuche a que me lo invente. El canal es distinto, el mecanismo de decodificación también. La voz de Barrera es gruesa, a Barrera le gustan los soldados; le gusta humillarlos un poquito y luego sodomizarlos a medias, como quien no quiere la cosa, por encima de la ropa, con un palo de escoba. Los soldados no se quejan, eso es algo que se aprende: No estoy aquí, esto no está ocurriendo. Nadie lo enseña, es algo que se aprende en la práctica, un mecanismo de supervivencia más. Adaptación pura. Uno crea la ilusión de que ese es un tiempo perdido, un sueño largo y raro, y eso le permite llevar mejor ciertas cosas, responder como corresponde, hablar fuerte, con ímpetu, actuar. También le permite escuchar a Barrera contar su historia cruenta sin sonrojarse, sin escandalizarse, así Barrera se ría mientras la cuenta. Es posible, también, que uno también se ría un poco con él, con ellos, hay varios en la oficina y esta tarde llevan dos horas hablando de esas cosas que pasan. Accidentes o no tanto. De verdad en su momento hace gracia. El sargento mayor también tuvo sus aventuras. La guerra es dura, shit happens. Very often. Y puede ser diarrea incontenible (una borrachera mal llevada que terminó de manera trágica en un billar de un cacerío con una subametralladora tal vez demasiado cargada) como puede ser una puntual cagada controlada. Al final no importa porque el caso es que ahora hay unos muertos que toca legalizar. Es bonito eso de poder legalizar los muertos. Es un proceso creativo: La práctica de la ficción como una herramienta de encubrimiento. Antes era un campesino atravesado, ahora es otra cosa. Luego vienen los condimientos para corroborar la ficción. Es probable que sean procesos paralelos. Construimos la ficción al tiempo que llevamos a cabo la reconstrucción de la escena, conseguimos los contactos para encontrar un fusil gastadito, algún decomiso fantasma, y unos diez cartuchos, pero lo que a mí me jode todavía es que el capitán del teniente Barrera le haya parecido necesario crucificarlos antes. Creo que los campesinos dijeron algo, sabían algo, contaron algo, y luego al capitán le pareció divertido crucificarlos por si las moscas, no fuera que resultaran dobles agentes, tal vez, uno nunca sabe con esos perros, así que improvisó el show en un par de árboles y los colgó. Cuando se murieron ahí sí los bajaron, par botas pantaneras, par camuflados y ya. Ahí tienen sus muertos legales. Resultados operativos. Consecuencias previsibles del sagrado ejercicio de la guerra.

Pero bueno, a lo que venía. Barrera cuenta eso y nos reimos. En su momento es como un chiste así sea una anécdota y así nadie dude que ocurrió. Nos reimos porque Barrera nos cuenta cosas que no recuerdo (que no podría reproducir) bien: El sabor, las conversaciones, la improvisación de las cruces, la confusión del asesino descarnado primerizo. Lo escuchamos y ahí queda. Queda la escena entera a decir verdad. Incluso un poco del revuelto de las colonias de todos esos oficiales jóvenes, mezclado con el del polvo de las estanterías y el de esos uniformes que uno usaba sin mudar por días y días. Todo eso queda. Y sobrevive de una manera extraña, como si apreciaramos ciertos horrores, como si los coleccionáramos. Las palabras se difuminan pero la historia sigue ahí, incorrupta, viva. Barrera la transmite con gracia, mejor que yo, sin duda, pero aquí me tienen contándola. Me gustaría saber cómo se siente leerla, no haberla escuchado. Debe ser distinto. Esperar una cosa, un comentario sobre un libro, y terminar leyendo algo así: Un asesinato bestial contado paso a paso, sin restar detalle, con un poquito de orgullo que a veces parece picardía juguetona y en otras simple bravura. El canal importa, creo. No es lo mismo escucharlo que leerlo. Bien escrito -bien leido-, la experiencia puede ser mucho más honda. Eso es lo que pasa con la lectura, que puede calar profundo, que en ocasiones parece salir de adentro y perturbar terriblemente. Apropiación, o algo así. ¿Por qué sabía todas esas cosas? ¿De dónde salen? ¿Cuánto más hay ahí adentro?

Todo esto, como es usual, para al final reconocer que no sé ni entiendo nada de lo que rige esos procesos. No sé por qué unas historias perduran y otras no. No sé por qué retengo ciertos detalles irrelevantes y al reconstruir la historia los resalto. No sé por qué (pero sé que es así) importa que haya escuchado a Barrera contarlo pero me gustaría haberlo leido. Es el canal, repito. Bien leido (bien escrito), sale de adentro. Y ahí se queda, nunca se va. Me gustaría entender por qué pasan cosas así, cuál es la magia.

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13.8.07

De reflexividades y transitividades.

Al final todo termina siendo una reflexión sobre sí mismo. El camino recorrido, digo. Salir ayer de ver Citizen Kane pensando que esto lo tuvo que ver Borges, que Borges tuvo que decir algo sobre esa película si alguna vez dijo algo sobre alguna. Y claro, ahí está: Citizen Kane, nos dice Borges desde un escritorio congelado en 1941, «Adolece de gigantismo, de pedantería, de tedio. No es inteligente, es genial: en el sentido más nocturno y más alemán de esta mala palabra.» Extraño halago, casi un insulto. Probablemente a Borges le gustaría ser descrito de esa manera. Pensándolo bien, ese pequeño texto podría adaptarse hasta hacerlo parecer un comentario a una inexistente novela borgiana. Peor aun, cualquier comentario positivo o negativo sobre esa película podría adaptarse hasta convertirlo en una crítica de un buen pedazo de la ficción de Borges. El crítico Ray Carney, por ejemplo, dice de la película: «Kane is an all-American triumph of style over substance. Welles is Kane–in a sense he couldn't have intended–substituting razzle-dazzle for truth and hoping no one notices the sleight of hand.» Y a veces, no siempre, siento lo mismo con Borges: Una trampa. Lo que escribiría un computador inteligente, como el de Galatea 2.0. Un juego de estructura sin sustancia. Como si de tanto trabajar sus textos los hubiera exprimido hasta dejarlos secos. Y aquí viene bien ese comentario de Tomás Eloy Martinez en esta conversación con Paul Auster:
«En mi adolescencia creí que Borges me iba a cambiar la vida, pero no fue así. Admiro a Borges inmensamente, pero lo siento distante. Quizá porque hay en él un conflicto no resuelto entre lo que escribía y lo que sentía o se permitía sentir. Escribía -y en algún lugar lo dijo- lo que se debía escribir, lo que se acepta como literatura. De esa manera le ata las manos a su literatura, la priva de libertad. Con esa libertad quién sabe dónde habría llegado. Lo admiro muchísimo y sin él no sería el escritor que soy, bueno o malo. Pero no me ha cambiado la vida.»
Qué rara y qué falsa suena la transcripción de esa conversación. Un guión mal actuado. Sospechoso ese tono formal, casi académico, que sostienen todo el tiempo, como si los estuvieran amenazando. En fin, como sea, Auster le contesta a Martinez:
«Borges es no sé cómo decirlo un escritor menor genial. Sí, es eso: un escritor menor genial. Creo que su mayor fuerza radicaba en el hecho de que conocía sus límites. Ni siquiera intentó escribir novelas, no podía hacerlo. En cambio, perfeccionó aquello que sí podía hacer.»
Y ahí tienen: Auster dice que Borges es un escritor menor genial, y tal vez si Auster supiera alemán añadiría «en el sentido más nocturno y más alemán de esta mala palabra». Pero la cosa no termina ahí, porque los círculos se deben cerrar y al final cada quien resulta ser un comentario del resto. Así que aquí aparece providencial Alejandro Zambra, quien hace que Julián, su personaje de La vida privada de los árboles, desaconseje la lectura de Paul Auster, «argumentando que, salvo por algunas páginas de La invención de la soledad, Auster no era más que un Borges pasado por agua.»

Uno podría seguir este ping-pong. Añadir por ejemplo que Herralde dice que siente al leer a Zambra «el mismo escalofrío» que sintió al leer a Bolaño (escalofrío sospechoso, entre otras, porque si nos atenemos a lo que Bolaño dice en La universidad desconocida, de Anagrama también recibió rechazos), y luego regresar a la conversación entre Martinez y Auster, al aparte donde dicen que Bolaño ha sido sobreestimado, que no es tan bueno, que tiene sus problemas. Y seguro que Bolaño habla mal (o bien) de Paul Auster en alguna parte, y así sigue —ouroboros—, el juicio viaja, el juicio vincula, el juicio abarca. Nunca se agota.

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12.8.07

The Open List 2.0.

Los rumores son ciertos: TOL regresa. La gamma version, acá. Por ahora es sólo un río de blogs, pronto se reactivarán los clanes y demás lujos de la lista de blogs favorita de todos.

Todo esto gracias a Juan Manuel, claro.

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11.8.07

Sympathy for Lady Vengeance, por Chan-Wook Park.


(Reseña de Sympathy for Lady Vengeance)

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10.8.07

Blow-up, por Michelangelo Antonioni (3).

Volví a leer Las babas del diablo para recordar por qué no me gustaba. Empieza bien. Empieza proponiendo juegos de modos verbales. Empieza con una disquisición sobre cómo se debe contar algo. Cuántas maneras hay. Cuántas opciones. Empieza con un reconocimiento de que la reflexión sobre el contar es inutil porque hacerlo es inherente a lo que somos. El narrador dudoso sobre su propia naturaleza finalmente se decanta por una especie de versión dual donde viaja suavemente del él al yo y de vuelta con interludios meteorológicos entre paréntesis.

Las babas del diablo es un cuento sobre una fotografía. Un juego, casi. Es probable que la tal fotografía exista aunque no hace falta, Cortazar es suficientemente hábil describiéndola, convirtiéndola en algo tangible. El juego consiste en imaginar qué ocurre. El tiempo es capturado, pero prosigue. La fotografía, sin embargo, corta abruptamente la continuidad del momento con su click incómodo. Click, como unas tijeras. Lo que ocurre tras la fotografía no es lo que debería haber ocurrido. Ese futuro sin click se pierde al sentirse descubierto. El narrador, que es el fotógrafo, que es el hombre que mira al fotógrafo desde la distancia que le dan varios días, ha modificado accidentalmente el destino.

Pero el destino nunca está demasiado lejos. La fotografía es una representación precisa de las condiciones iniciales del evento inalterado. La fotografía contiene, sin duda, lo que habría ocurrido de no haber sido tomada. El narrador-fotógrafo-hombre distante amplía la imagen hasta que ocupa el muro frente a su escritorio, hasta que recobra las proporciones exactas tras la cámara, hasta que logra revivir el momento, echarlo a andar. Y anda. El resto es inercia.

(Lo podría contar con mucho detalle, pero no vale la pena.)

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9.8.07

Check List.

Civilization did not rise and flourish as men hammered out hunting scenes on bronze gates and whispered philosophy under the stars, with garbage as a noisome offshoot, swept away and forgotten. No, garbage rose first, inciting people to build a civilization in response, in self-defense. We had to find ways to discard our waste, to use what we couldn't discard, to reprocess what we couldn't use. Garbage pushed back. It mounted and spread. And it forced us to develop the logic and rigor that would lead to systematic investigations of reality, to science, art, music, mathematics.
D. DeLillo, Underworld
  1. Introduction
  2. Background and Preliminaries
    1. Stability, fields and groups
    2. Internality and Galois theory
    3. Historic and bibliographical notes

  3. Iterative differential algebra
    1. Basic Definitions
    2. Model theory of ID-fields
    3. Historic and bibliographical notes

  4. Iterative strongly normal theory
    1. Definition and basic remarks
    2. Definability of the Galois group
    3. Scaffolding
    4. Galois correspondence and Primitive element theorem
    5. Historic and bibliographical notes

  5. Iterative differential Galois extensions
    1. Arc bundles and Iterative logarithmic derivative
    2. Logarithmic differential equations and Galois extensions
    3. Strongly normal extensions revisited
    4. Historic and bibliographical notes

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Blow-up, por Michelangelo Antonioni (2).


Blonde babe blowing up balloons
(Tomado de Balloon-fetish.org)

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Blow-up, por Michelangelo Antonioni (1).

Theorem 1 enables us to define an important characteristic of a singular point of a curve on a nonsingular surface, its tree of infinitely near points. This is the diagram consisting of the singular point, the singular points arising out of it after one blowup, the singular point arising out of these after blowing them up again, and so on. All these points are said to be infinitely near to the original point of the curve. We write the multiplicity of each point. Once we get to a point of multiplicity 1, we don't carry out any further blowups there.
I. Shafarevich, Basic algebraic geometry 1

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7.8.07

La naturaleza contraataca (cada tanto).

(link)

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Calibre 39.

Calibre 39 es un compilado de relatos de Villegas agrupando a los que un grupo de editores considera como los escritores promesa colombianos menores de cuarenta años. Un nuevo intento de definir la literatura joven nacional aprovechando la bulla alrededor de Bogotá 39. La lista de seleccionados no se aleja demasiado de lo esperado. La mayoría cuentan ya con cierto reconocimiento y unos cuantos libros publicados. La mayoría son bogotanos de nacimiento o adopción. Hay dos mujeres y trece hombres. En las fotos de la contraportada, exceptuando a Antonio García y Juan Álvarez, todos salen muy serios, muy en su papel. Varios han dedicado sus carreras más a las largas marchas que a las cortas, y por eso, tal vez, algunos de los cuentos, aunque bien escritos, son francamente flojos. Nada me impresionó particularmente. La inclusión de un cuento de Luis Fernando Charry, el editor de Villegas, me parece una mala jugada: Resta credibilidad a la selección. Entre los relatos que disfruté destacaría el de Luis Noriega (por juguetón), el de Andrés Burgos (por gracioso), y el de Antonio Ungar (por intrigante).

Para la próxima vez deberían concentrarse en cuentistas, y tal vez salir de Bogotá. Esa sería una apuesta más interesante. Los novelistas bogotanos ya tienen suficiente cobertura mediática.

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5.8.07

Ratatouille, de Brad Bird.


(Reseña de Ratatouille)

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Planet Terror, de Robert Rodriguez.


(Reseña de Planet Terror)

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1.8.07

Habitación número 12, de Naguib Mahfouz.

Leí el cuento Habitación Número 12 de Naguib Mahfouz. Es un cuento sencillo y divertido: Una mujer llega a un hotel humilde, pide una habitación. Le asignan la número doce. La mujer ordena al botones deshacerse de la cama y desocupar los armarios, le da media libra de propina, luego pide comida a un restaurante cercano y come. Pide «Vegetales mezclados con pollo, más arroz con carne molida y cebollas, un kilogramo de kebab variado, una porción de ensaladas orientales, una lonja de pan tostado con cordero, pasteles y dos naranjas.» Lo que ocurre en la habitación es un misterio y el comportamento de esta mujer, como es natural, intriga al administrador. Me imagino a Fabricio en su cheto hotel Barcelonés. El administrador envía al botones una y otra vez a indagar qué ocurre. El botones escucha gritos en la habitación. La mujer discute con sí misma. Pronto empiezan a llegar personas a recepción preguntando por la mujer. Bahiga Al-Dahabi, se llama. Algunos la llaman Madame, otros Señorita. La mujer permite que entren, y cada vez llegan más y más. Personas de todos los estilos. El administrador se pregunta cómo caben en la habitación. Llega un médico, un obstetra, llegan hombres de negocios, llegan contadores, políticos, hombres religiosos, gente de dinero. El administrador no sabe qué hacer. Afuera, mientras tanto, se ve venir un aguacero. Por la puerta entra un enterrador pidiendo ver a Bahiga Al-Dahabi. La mujer le ordena esperar en el vestíbulo. El aguacero se larga y la gente sigue llegando. El enterrador se desespera y pide hablar de nuevo con la mujer. El administrador lo comunica. La mujer le ordena, de nuevo, que la espere. La mujer pide comida al restaurante. El administrador se pregunta dónde comerán. La mesa de la habitación es muy pequeña. El aguacero se transforma en tempestad y luego en diluvio apocalíptico. La gente sigue llegando pero la puerta de la habitación número doce ya no abre: Están apretados y tras comer no pueden moverse. También están borrachos. Se escuchan cantos. El administrador está desesperado. El botones le avisa que el agua se está filtrando al hotel. Alguien llama de la habitación doce para pedir que detengan las goteras. El enterrador vuelve a insistir una vez más, pero esta vez el administrador ha perdido la paciencia y es él quien le ordena sentarse. Ella dijo que espere. Vuelven a llamar de la habitación número doce: No pueden salir, no pueden moverse, y las goteras arrecian, así que uno se pregunta qué pretende Mahfouz, para dónde nos lleva. Crea una situación incontenible y misteriosa. Prueba los límites de la tolerancia del administrador. Temo, a medida que me acerco al cierre, que Mahfouz no sabe qué ocurre en la habitación. Eso me preocupa. Me gustaría que todo ese misterio alrededor de la habitación número doce no fuera un truco artificial para intrigarnos a nosotros y al administrador. No me importaría que Mahfouz no revelara lo que ocurre, pero sí me molestaría, un poco al menos, que Mahfouz no supiera la verdad. Es extraño que esa certeza pueda modificar mi apreciación de un relato. No debería ser así. No tengo manera de saber si Mahfouz hace trampa o no. Me mata no poder imaginar una solución para lo que ocurre dentro de la habitación número doce. Me mata no saber por qué el enterrador debe esperar. Mucha información. Cualquier cosa es posible. O ninguna. La situación, como es de esperarse, cada vez es peor. El final no importa. El cuento podría terminarse en cualquier lugar o no terminarse nunca. El administrador, tras tantos reclamos, decide desentenderse de la habitación. Le pide al botones que se olvide de ella. Insiste varias veces. Finalmente, «the manager moved to face the window and watched the storm crashing in the heart of the darkness, waxing more and more perilous with each passing moment. Yet he felt his great burden lighten, as his confidence returned with his clarity of mind.»

Creo que el cuento me gustó. Sería divertido traducirlo.

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Tu rostro mañana (2): Horror narrativo.


Arizona Surveillance Camera Players
He conocido a otras personas con esa aversión, o esa alerta, y eso que ni siquiera eran famosas, la fama no es un factor decisivo en esto, hay muchos individuos que sienten su vida como materia de un minucioso relato, andan instalados en ella pendientes de su hipotético o futuro cuento. No se lo plantean mucho, es sólo una manera de vivir las cosas, una manera acompañada, digamos, como si hubiera espectadores o permanentes testigos, aun de las nimiedades mayores y de los momentos muertos. Tal vez sea un sucedáneo de la antigua idea de la omnipresencia de Dios, que con su ojo estaba atento cada segundo de la vida de cada uno, era muy halagador en el fondo, muy reconfortante pese al elemento implícito de amenaza y castigo, y tres o cuatro generaciones no bastan para que el hombre acepte que su trabajosa existencia transcurre sin que nadie asista ni la contemple nunca, sin que nadie la juzgue ni la desapruebe. Y lo cierto es que hay uno siempre, en efecto: un oyente, un lector, un espectador, un testigo; y un relator y un actor simultáneos, que coinciden con aquéllos: son los propios individuos quienes se van relatando su historia a sí mismos, cada uno la suya, quienes se asoman a ella y se la miran y remiran a diario, desde fuera hasta cierto punto, o desde un falso fuera, mejor dicho, la generalización del narcisismo, llamado a veces 'conciencia'.
J. Marías, Tu rostro mañana. 1. Fiebre y lanza

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Sobre estar preparado.

Tuve una época cuando no salía de mi casa sin un libro para leer, un bolígrafo y un cuaderno para dibujar. Nunca le expliqué mis razones a nadie para adoptar esta norma. No es el tipo de cosas que sea necesario explicar. Muchas personas lo hacen y algunas, la mayoría, no tienen ninguna razón precisa para hacerlo. Yo, sin embargo, la tenía: Temía un cambio de estatus súbito del mundo, o de mi mundo. Llevar el libro y el cuaderno eran una prevención necesaria en caso de que TODO desapareciera de repente. Era un temor concreto. Temía una tragedia. Imaginaba que el bus que me llevaba a la universidad, tal vez tomando algún atajo para evitar un atasco, atravesaba un portal transdimensional. En cuestión de segundos en el Planeta de los Simios, o algo así. Yo sé: Suena terrible. No es el tipo de cosas que pasen, pero eso, la conciencia de saberlo imposible, no impedía que la ansiedad me asaltara cuando sabía que, de ocurrir, no tendría nada qué leer —tal vez por millones de años—, ni podría dedicar esos siglos a dibujar ahorcados en las márgenes de un cuaderno, o cualquier otra cosa. Tenía que estar preparado para lo peor: Por eso llevaba un cuaderno y un libro cuando vivía en Bogotá.

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30.7.07

Política japonesa.

Leo en las noticias sobre la fracasada campaña de Alberto Fujimori para el senado en el Japón. Sus contradictores, para desprestigiarlo, dicen que alias El Chino no es un samurai (como anuncia con altavoces de un carrito de vender helados frente a la embajada del Perú en Tokio), sino un ninja. Digo, como si los ninjas fueran malos o algo así. Qué absurdo. Fujimori debería sentirse elogiado.

Japos ignorantes.

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29.7.07

Traducciones Colaborativas.

Con HermanoCerdo a veces traducimos en equipo. Es divertido. Descargamos el documento a traducir en Google Docs y varios podemos trabajar en él más o menos simultaneamente. Luego hay que repasar y editar, pero el trabajo duro de producir la primera versión se agiliza enormemente. Hoy me encontré una traducción de Harry Potter 7 al español usando esta metodología. Aquí está. Probablemente no habrán sido tan cuidadosos pero estoy seguro de que es bastante cercano a lo que algún día publicará Salamandra en pasta dura y a treinta euros. Me maravillan ese tipo de acciones colectivas desinteresadas. Son muy bonitas esas dinámicas.

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Waiting Line.

Calculo Camboya. Calculo finales de los setenta. Es una foto en blanco y negro. Un prado. Atrás hay árboles. Más atrás, montañas. Tropa rondando, tal vez un campamento a la izquierda de la imagen. Algunos se detienen ante la escena, como nosotros, y otros continuan caminando. Lo que quiera que ocurre es más bien rutinario.

En plano medio hay una hilera de hombres de rodillas. Siete hombres, digamos, que numero de izquierda a derecha por comodidad. Hombres uno al cinco están encapuchados, no pueden ver. Tal vez respiran con dificultad. Yo diría que hace calor. Tienen el torso desnudo y las manos en la espalda, probablemente amarradas. Tres soldados, no más de tres, los vigilan. Uno de ellos lleva un fusil ligero. El hombre número siete no tiene cabeza. El fotografo hizo un gran trabajo congelando la cabeza en el aire, a la altura del pecho del hombre. Se ve como una mancha pero se ve. El cuerpo del hombre número siete aún está de rodillas pero se derrumbará en cuestión de segundos. El verdugo sostiene un machete con su mano izquierda y mira la cabeza volar. Home run. Tal vez cuando dieron la orden número siete intentó gritar. Es posible incluso que el grito haya comenzado un poco antes. Sea como sea, el machetazo debió cortar el grito de un tajo. Literalmente.

Pero la imagen de número siete no despierta repulsión. Aislada del contexto no agrede, no impacta, no se siente. Es artificiosa. El cuerpo podría ser el de un maniquí. No lo es, pero podría serlo. La cabeza podría ser una pelota de heno. O un balón de fútbol. Ya volveremos sobre los balones de fútbol. Al congelar la imagen la cámara limpia la ejecución. El hombre número seis, sin embargo, recrea en su cara lo que la cámara ha eliminado. El hombre número seis le ha sido removida la capucha. Un soldado sostiene su cabeza. El hombre número seis puede ver. El hombre número seis sostiene su mirada contraida sobre la cabeza flotante. Intenta alejarla pero no se lo permiten. La muerte es lo de menos. Mirar es el verdadero castigo. Lo que duele es la certeza. Saber lo que le espera. La mirada de número seis duele. He ahí el abismo de la foto.

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Tu rostro mañana (1).

Es muy delgada la linea que separa los hechos de las figuraciones, y aun los deseos de sus cumplimientos, y lo ficticio de lo acaecido, porque en realidad las figuraciones ya son hechos, y los deseos su cumplimiento, y lo ficticio acaece, aunque nada de esto sea así para el sentido común ni para las leyes, que por ejemplo establecen una abismal diferencia entre la intención y el delito, o entre su comisión y su tentativa.
J. Marías, Tu rostro mañana. 1. Fiebre y lanza

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28.7.07

Cosas que pasan (217).

Confundir el azucar con la sal.

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Botánica Breve.

Alejandro Zambra es breve. Escribe una frase, puntea, escribe otra, puntea. Describe poco, apenas lo esencial. Narra historias sencillas, casi vacías. A veces me preocupa ese vacío, a veces me interesa. Ayer me interesó.

Alejandro Zambra escribe sobre un hombre joven llamado Julio (o Julián (¿son el mismo? ¿son sueños de alguien más?)) del que se sabe poco. Escribe, eso se sabe. En Bonsái, Julio se enamora de alguien cuando es joven y luego se desenamora. Luego ese alguien se muere y eso no debe ser un misterio porque en la primera página lo anuncia. Encuentros y desencuentros al ritmo de golpecito de tambor. Chilenos en Santiago leyendo y escribiendo. En latinoamérica estamos condenados a esos protagonistas literatos enfermos por igual de la bohemia y la vagancia porque nuestros escritores jóvenes estudian literatura. De ahí despegan. Les cuesta alejarse, como a todo el mundo, de lo que estudiaron. Las universidades modean, deforman. Uno puede no aprender absolutamente nada en la universidad y aún así asimilar todos los vicios y prejuicios de la disciplina correspondiente. Eso es lo primero que se aprende.

A Alejandro Zambra le gusta anunciar cosas desde la primera página. La primera vez que tiene oportunidad. Alguien va a morir. Alguien debe regresar. La novela se termina cuando Verónica cante, o se ría, o abrace a Julio. En este justo momento Emilia desaparece. Se va. Ya. Chao. Bang. El narrador de Zambra es invisible casi todo el tiempo pero de vez en cuando aparece para perturbar la sucesión de eventos simples con anuncios funestos, o simples observaciones globales. Tal vez no quiere que lo olviden. No sé. No se siente mal que de tanto en tanto el lector recuerde que hay alguien controlando. Que nada en la historia es incidental. Que presenciamos un truco. Que nos manipulan.
Pero ésa es otra historia, una historia menor, que no viene al caso -aunque tal vez sería mejor seguir aquellas pistas falsas, Julián disfrutaría enormemente un libro diletante repleto de pistas falsas. Sin duda sería mucho mejor echarse al suelo a reir, o construir un elocuente rictus de desprecio. Sería preferible cerrar el libro, cerrar los libros, y enfrentar, sin más, no la vida, que es muy grande, sino la frágil armadura del presente. Por ahora la historia avanza y Verónica no llega, eso conviene dejarlo a la vista, repetirlo una y mil veces: cuando ella regrese la novela se acaba, el libro sigue hasta que ella vuelva o hasta que Julián esté seguro de que ya no va a regresar.
A. Zambra, La vida privada de los árboles
En La vida privada de los árboles Julián le cuenta historias para dormir a Daniela. Historias protagonizadas por árboles. Y Daniela se duerme. Luego se despierta. Le cuesta dormirse, como a mí. Mientras Daniela duerme, Julián espera, o piensa, o rememora. Este Julián escribió alguna vez un libro llamado Bonsái. Este Julián estuvo solo, abandonado por Karla, creo que así se llamaba, y luego apareció Verónica con Daniela. Para ser precisos, Julián las invocó, las atrajo. La novela se acaba cuando debe acabarse, no antes ni después. Es breve y sencilla de nuevo. Es bueno encontrar historias así. Despeja la cabeza. Zambra tiene buen humor y sus historias no se toman en serio. No intentan ser más de lo que son. En su simplicidad tranquila, divierten.

Bonsái y La vida privada de los árboles son dos novelas cortas. No más de cien páginas. La primera podría ser un primer capítulo de la segunda. Ambas podrían ser dos capítulos de una más grande. Algún día deberían publicarlas así. Dicen que la segunda es la hermanastra de la otra. Yo creo que la segunda es la madre adolescente de la primera, violada borracha en una fiesta, pero a la primera le dicen que es la hermanastra porque no quieren que en el barrio se enteren que ese viaje a Estados Unidos por un semestre no fue a estudiar sino a parir. Porque quieren conservarla virgen, pura. Porque de esa manera, tal vez, todavía pueda casarse. Así son ciertas familias.

En otras dimensiones: Esta entrada es debida a la de Juan sobre Bonsái. Yo estaba algo prevenido con respecto a Zambra, pero es dificil que el estricto lector malherido hable bien de un libro. Me entró curiosidad.

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26.7.07

Matemáticas bajo el microscopio.

Gracias a Andrés descubrí recientemente Mathematics under the microscope, un blog (y libro homónimo) del especialista en teoría de grupos Sasha Borovik. El blog ofrece reflexiones diversas sobre el oficio matemático y temas relacionados. Hoy, por ejemplo, continúa hablando sobre un poblado matemático (tal como suena) que Ali Nesin (el mentor de mis buenos amigos (y excelentes matemáticos) Salih, Ayhan y Sonat) ha fundado en las montañas de Turquía. El libro (que se puede descargar gratuitamente aquí (licencia Creative Commons)) es una bonita reflexión sobre el gran edificio comunal que constituyen las matemáticas como actividad humana. Borovik habla de filosofía desde la perspectiva de un matemático de alto nivel, con cierta necesaria ingenuidad, mucha humildad, y una copiosa cantidad de ejemplos y problemas concretos para sustentar sus tesis. Es bueno leer de cuando en cuando sobre filosofía de las matemáticas desde una posición un poco más informada. Ojalá que le echen un ojo.

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Sobre las aspiraciones infantiles.

Cuando yo era niño, quería ser voluntario para uno de los primeros viajes interestelares. Pero tenía gafas, astronauta no podía ser, así que pensaba que debería estudiar algo suficientemente científico, algo que compensara mi miopía. Matemáticas, por ejemplo. También aprendí a escribir con la derecha por si acaso ser zurdo era un impedimento. Me gustaba la idea de irme, me parecía mi lugar. Pensaba que yo era una persona muy sola y siempre lo sería, así que no tendría necesidad de sacrificar nada para poder partir. Era el candidato perfecto: Nadie me extrañaría.

Ahora tengo un gato y también tengo a Mónica. Nos tenemos. Me obligan a reconsiderar mis planes. Me anclan a la tierra unos cuantos años más.

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Sobre ciertos vínculos insospechados.

¿No les ha pasado? Un día por la tarde, luego de comer algo ligero, se sientan en algún lado y escuchan música al fondo, una canción arbitraria, que les saca de repente dos lágrimas, tres, que ustedes no esperaban, que ni siquiera entienden, y entonces se preguntan si estarán conectados con un extraterrestre, como Elliot; se preguntan si esa será la explicación de las lágrimas. No soy yo, conjeturan, es mi extraterrestre a diez mil años luz despidiéndose de su mejor amigo, que está enfermo y va a ser desactivado en cuestión de horas. El amigo hizo una fiesta para verlos a todos y ahí está mi extraterrestre, claro, y se ha tomado unos cuantos tragos, ya no coordina; hasta intentó conquistar a una que estaba sentada en las escaleras de la casa. Una que no conocía. Habló con ella como cinco horas y no supo ni siquiera cómo se llamaba. Luego pensó que era mejor irse ahora, antes de que fuera el último y se sintiera terriblemente solo, así que subió a la habitación donde estaba el moribundo y le dijo que se iba. «¿Ya?», le dijo el otro, y mi extraterrestre dijo «Sí, es mejor, tengo trabajo mañana.» Y el otro le dijo: «Ah, claro, mañana, lo había olvidado,» o algo de ese estilo y le dio la mano. «Buen viaje,» le dijo, y mi extraterrestre salió de esa habitación, bajó las escaleras, tropezó con el tentáculo dorsal de la conversadora anónima pero no le pidió disculpas ni nada, salió por la escotilla y se arrastró hasta su casa. Y lo terrible es que eso ocurrió hace diez mil años, al menos, así que no hay manera de contestarle a mi extraterrestre. Es probable que para este momento mi extraterrestre ya esté muerto, pero hasta ahora me llegan sus lágrimas y yo, pobre tonto, primero pienso que es sólo culpa de la canción, de una tonadita. ¿No les ha pasado?

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Comunión.

Now, after some 3 billion years, the Darwinian era is over. The epoch of species competition came to an end about 10,000 years ago when a single species, Homo sapiens, began to dominate and reorganize the biosphere. Since that time, cultural evolution has replaced biological evolution as the driving force of change. Cultural evolution is not Darwinian. Cultures spread by horizontal transfer of ideas more than by genetic inheritance. Cultural evolution is running a thousand times faster than Darwinian evolution, taking us into a new era of cultural interdependence that we call globalization. And now, in the last 30 years, Homo sapiens has revived the ancient pre-Darwinian practice of horizontal gene transfer, moving genes easily from microbes to plants and animals, blurring the boundaries between species. We are moving rapidly into the post-Darwinian era, when species will no longer exist, and the evolution of life will again be communal.
(Tomado de acá)

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Estas cosas.

Esto parece un cuento de Murakami, pero puede ser mi obsesión por buscarle autor a las historias que encuentro en la prensa o en la calle. En el fondo, yo soy un profundo creyente en el diseño inteligente.

Adenda: Mejor cubrimiento en The Guardian.

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Uganda.

Uganda
Parte de la serie Oslo-Caracas, de mi amiga María Clara.

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24.7.07

DeLillo habla.

Coincidencialmente hoy, todavía con White Noise en la cabeza, me encuentro esta entrevista reciente a Don DeLillo. Interesante.
I didn’t want to write a novel in which the attacks occur over the character’s right shoulder and affect a few lives in a distant sort of way. I wanted to be in the towers and in the planes. I never thought of the attacks in terms of fiction at all, for at least three years. I was working on Cosmopolis on September 11th, and I just stopped dead for some time, and decided to work on the essay instead. Later, after I finished Cosmopolis, I had been thinking about another novel for some months when I began thinking about what would become Falling Man. What made it happen was a visual image: a man in a suit and tie, carrying a briefcase, walking through a storm of smoke and ash. I had nothing beyond that. And then a few days later, it occurred to me that the briefcase was not his. And that seemed to start a chain of thought that led to the actual setting of words on paper.

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22.7.07

Defensor del lector.

Tal vez sea necesario aclarar, para no herir sucéptibilidades ni romper innecesariamente buenos corazones (como el de Nano, el de Patton, o el de Giselle), que la revelación sobre la identidad de Voldemort aparecida más abajo es salida directamente de la imaginación de Plinio, quien confunde libros y películas con Piratas del Caribe desde que dejé esa película repitiéndose en la sala una noche entera mientras él dormía a pata suelta. La próxima semana, cuando lo lea, hablamos del libro de los Deathly Hallows. Por ahora lo está leyendo Mónica; y se ríe y se ríe.

Ya le llegará la hora de llorar.

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