18.5.08

Los Guardianes de la Razón


En un texto breve (pdf) que escribió hace poco, Fernando Zalamea utiliza la terminología y tecnicalidades de la teoría de superficies para describir la geometría de las confrontaciones dentro de la Universidad Nacional. Lejos de ser un documento teórico, lo que pretende Zalamea en este texto es reflexionar en la práctica sobre el papel de los diferentes miembros de la comunidad universitaria en la coyuntura actual. Con este objetivo, Zalamea divide la sociedad universitaria en tres grupos («(i) administración académica, (ii) profesorado y estudiantado general, (iii) guardianes de la revolución.») e intenta aislar sus roles respectivos como "deformadores/actores" de la geometría global de la superficie universitaria.

Del tercer grupo Zalamea dice lo siguiente:
Finalmente, se encuentran los grupos fuertemente reactivos –que podríamos llamar “guardianes de la revolución”– integrados por minorías de estudiantes y profesores, aparentemente iluminados, detentores de una suerte de “verdad” social y política, quienes, gracias a acciones de “justificada” violencia, nos detienen de caer en supuestos errores de la vida universitaria; independientemente de nuevo de su eventual corrección, el claro resultado geométrico de su acción consiste en lanzar a la Universidad al sumidero, puesto que allí todo se torna en rechazo, en anulación de las mediaciones, en bloqueo –en suma, en confrontación.
Qué bien viene el texto de Zalamea a la luz de los últimos incidentes ocurridos durante la semana que termina en la universidad. En el primero de ellos, una asamblea conjunta de estudiantes de las carreras de física, estadística y matemáticas rechaza mayoritariamente el bloqueo de los edificios 404 y 405, donde se encuentran sus aulas, biblioteca, sala de estudio y laboratorios. La votación no deja espacio para la duda: 213 estudiantes dicen no al bloqueo; 38 lo abrobó; 14 votaron en blanco y 2 votos fueron anulados. La silenciosa mayoría por fin decide tomar las riendas de la situación y oponerse de manera explícita a la violencia de las minorías encalladas en sus discursos manidos y preocupadas por su supervivencia en una universidad moderna y exigente –como la que propone el nuevo estatuto– donde para ser un representante estudiantil se requiera evidenciar calidad académica y donde destruir la infraestructura de la universidad sea por fin penalizado con expulsión, por poner dos ejemplos.

Las represalias, lamentablemente, no se hicieron esperar. Durante la semana –también reporta Unimedios– los edificios 404 y 405 han sido objeto de diversos actos de vandalismo. El más diciente de ellos, tal vez por su clara connotación simbólica, es la destrucción de la sala de estudio FEM, donde se dan cita para trabajar los estudiantes de estas tres carreras. Es una sala humilde con varios tableros que está siempre llena y donde muchas veces me reuní con mis compañeros a trabajar. Durante el ataque una mesa fue destrozada y seis más desaparecieron. Las sillas de la sala, por su parte, fueron convertidas en una barricada en la entrada del edificio. Los Guardianes de la Revolución no aceptan su derrota y reaccionan de la única manera que saben: destruyendo e imponiendo. Exigen democracia, pero cuando la voz democrática está en desacuerdo con su verdad la ignoran y acallan.

Este, por supuesto, no es un incidente aislado. Cuando un amigo expresó su descontento por los bloqueos que finalmente concluyeron con el aplazamiento de semestre el año pasado, recibió un correo electrónico de un supuesto estudiante (fjherreras@unal.edu.co). El correo dice:
Profesor, es una verguenza que personas como usted sean educadores de la Universidad Nacional de Colombia, creo que ese mèrito es muy alto para profesores como usted... no se da cuenta que el futuro de la educaciòn pùblica està en crisis, y a usted lo ùnico que le intereza es acabar el semestre... que pena... que desgracia tan grande... por què mejor no renuncia? Piènselo... serìa una buena opciòn... asì puede acabar ya el semestre...

Soy Francisco Herrera, estudiante de la UN y yo si defiendo mi
universidad y la educaciòn pùblica... no soy un cabròn como usted...
De nuevo intimidación y amenazas. De nuevo la violencia como respuesta al cambio, o a la simple expresión de una opinión.

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La situación es evidentemente preocupante. Los Guardianes de la Revolución (¿o debería decir "de la Reacción"?) son una mafia poderosa y bien organizada. Su propósito es mantener la universidad en su control, anquilosada en estructuras caducas y perpetuando la mediocridad. Sus medios de intimidación son diversos (Cito a Zalamea: «bloqueos, agresiones verbales, arengas catastrofistas, destrucción física de instalaciones, pedreas, papas contra el PAPA, clima general de tensión mediante ecos artificiales bien distribuidos en el campus»). La comunidad universitaria general (ese 80% de la votación de la semana pasada) no puede seguir ignorando a los bárbaros y autorizándolos a gobernar por omisión. No tiene sentido que permitamos que estos supuestos defensores de la educación destruyan nuestra universidad y la conviertan en su reino feudal donde los malos estudiantes están protegidos y el disenso es castigado con la destrucción y el exilio.


Al cierre de su ensayo Zalamea propone la creación de un grupo de respuesta a esa violencia. Los llama, por contraposición, Los Guardianes de la Razonabilidad: Un grupo de al menos mil personas que estén prestos a reunirse y responder a las acciones de los autroproclamados revolucionarios. Mil personas conectadas por mensajes SMS que desbloqueen cuando los bárbaros monten sus empalizadas. Que vuelvan a poner las sillas en su sitio para sentarse y discutir. Mil que respondan a los discursos y proclamas con argumentos y datos. Mil que expresen su descontento (y se reunan para demostrarlo) cada vez que haya tropeles y explosiones (¿habrá algo más antidemocrático que una explosión?). Mil (o dos mil o tres mil... no suena dificil de lograr) con nombres y apellidos impresos en camisetas, complementa mi amigo Jaime, que se opongan la anonimidad cobarde de los bárbaros. «Necesitamos un campus tomado,» añade Zalamea, «por el sentido común y por la razón deliberativa.»

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Durante mi paso por la universidad vi violencia cruda golpear duramente el campus. No era violencia simbólica ni simple destrucción de un muro, no. En un tropel asesinaron a un policía (Mauricio Andrés Soto. Tenía veintiun años. Era dos años menor que yo en ese momento): le reventaron una papa explosiva en la nuca. Un profesor (Jesús Antonio Bejarano) fue asesinado a balazos dentro de su oficina. Encapuchados asaltaron varias veces la cafetería de matemáticas armados con pistolas. A todo eso respondí timidamente, con indiferencia. Lo ignoré, como muchos, con una mezcla de vergüenza, miedo y desazón. Cada vez tengo más claro que mi error –el error de muchos– fue asistir impávido a todo eso. Permitir que un grupo llamado Comisiones y conformado por una recua de borreguitos rojos (siempre al borde de la expulsión por bajo desempeño académico) nos impusiera su sacra voluntad, cerrara nuestros edificios, nos amenazara, nos insultara. Debimos –y debemos ahora– reaccionar organizadamente. Somos más. No tenemos excusa.

Información adicional:
  • Comunicado de la rectoría de la universidad describiendo sus esfuerzos hasta ahora fallidos para conciliar con los extremistas, y advirtiendo que la cancelación de semestre –dada la situación– es inminente.
  • Se está convocando por correo electrónico a una marcha contra el bloqueo el lunes a las 8 de la mañana en la puerta de la 26. Los departamentos de filosodía, biología, física, química, matemáticas, medicina, psicología, sociología, lingüística y literatura ya han anunciado su intención de participar.

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