Algunas notas sobre Alexander Grothendieck (1): Desaparición en tres actos.
One of the recurring themes of mathematics, and one that I have always found seductive, is that of the nonexistent entity which ought to be there but apparently is not; which nevertheless obtrudes its effects so convincingly that one is forced to concede a broader notion of existence.El primer acto ocurre en París durante la primera mitad de la década del sesenta en el recién estrenado Instituto de Altos Estudios Científicos (IHES). Alexander Grothendieck es grande, tan grande como puede ser un matemático en esa época o tal vez de cualquier época. Diariamente, Grothendieck recibe cartas de investigadores en América, Europa y Asia con preguntas y noticias. Grothendieck no descansa. Las matemáticas son la única vida que conoce, lo obsesionan, les dedica doce horas de cada día, sueña con ellas. Si alguien trabaja en el activísimo campo de la geometría algebraica Grothendieck está enterado. Si alguien tiene una duda Grothendieck es el oráculo, la brújula, el guía. Este hombre sin nacionalidad, de treinta y tantos años, gafas y cabeza rapada a ras es el ingeniero y arquitecto —sobre todo el arquitecto, añadiría él— de una torre hermosísima y muy cuidadosa de resultados, preguntas y construcciones en la cual trabajan paralelamente matemáticos de todo el mundo. Una torre inmensa e invisible que Grothendieck, grácil, sostiene prácticamente en la palma de su mano.— Gavin Wraith, Mathematical Phantoms
A principios de 1970, Grothendieck renuncia a su puesto como investigador en el IHES argumentando que no trabajará más en un sitio que recibe financiación militar. La segunda mitad de los sesenta despertó en él un hombre nuevo, las matemáticas de repente pasaron a un segundo plano. En junio del mismo año ofrece en la Universidad de Orsai una conferencia titulada “Las responsabilidades del académico en el mundo de hoy: El académico y el aparato militar” donde propone la creación de un movimiento llamado “Científicos en la Lucha por la Supervivencia”. En su manifiesto anuncia que su movimiento “luchará por la supervivencia de la especie humana y de la vida en general, amenazadas por el desequilibrio ecológico creado por la sociedad industrial contemporánea (contaminación y devastación del medio ambiente y de los recursos naturales), por los conflictos militares y por los peligros de los conflictos militares.” También denuncia “el divorcio entre la ciencia y la vida”, el cual considera inadmisible dado el estado del mundo. Del setenta hasta el setenta y tres, aprovechando su estatus de autoridad reconocida, Grothendieck viaja por todo el mundo intercambiando conferencias de matemáticas por declaraciones políticas. El movimiento, sin embargo, no tiene la respuesta que esperaba y languidece hasta deshacerse. A mediados del setenta y tres, tras recibir a regañadientes la nacionalidad francesa, acepta un contrato como profesor en la Universidad de Montpellier donde se dedica a la enseñanza, abandonando casi por completo la investigación y el intercambio con colegas e iniciando un lento proceso de ensimismamiento y reclusión.
En enero de 1990, recién jubilado y tras una década entera volcado en la escritura de intrigantes y extensos textos de naturaleza mixta, reflexiones matemáticas y meditaciones autobiográficas, Grothendieck envía una carta a doscientos cincuenta conocidos anunciándo que el 14 de octubre de 1996 se iniciará una nueva era y ellos han sido elegidos por Dios para preparar el nuevo orden, la Era de la Liberación. Una deidad llamada Flora había sido la encargada de revelarle, en sueños, su misión. Tres meses más tarde envía una “corrección” asegurando que no está seguro de la verdad de su revelación de la carta anterior. “Fui víctima,” explica, “de una mistificación por parte de uno o más ‘espíritus’ (entre los cuales no tengo capacidad de distinguir), investidos con poderes prodigiosos sobre mi cuerpo y mi psique.”
En julio, tras confiar su voluminoso archivo personal a un antiguo estudiante, Alexander Grothendieck desaparece por más de diez años. Sólo unos pocos conocen su paradero.
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