
Cada veinte minutos la aerolínea actualiza la puerta de embarque de su vuelo 8712 con destino a Lyon. De la K81 saltamos a la K93 y ahora la K95. Cada anuncio es acompañado de un nuevo retraso en el itinerario. Al principio dijeron que serían sólo diez minutos, ya vamos en la hora. El lote de pasajeros se desplaza con resignación de una puerta a la otra maldiciendo su suerte en al menos tres idiomas. El proceso de transmisión de la información y ejecución de un nuevo trayecto funciona de la siguiente manera: El rumor se expande luego de que algún explorador valiente regresa con la noticia de los monitores generales del terminal, y en cierto momento suficientes personas se levantan y reinician su camino. Este fenómeno, como si fuéramos hormigas telépatas, fuerza al resto a unirse silenciosamente a la procesión. Al cabo de un rato todos estamos parados frente a la nueva puerta, esperando a que el monitor nos guíe, nos enseñe el siguiente paso hacia la salvación. Momentaneamente congregados, conformamos la iglesia circunstancial de los discípulos del plasma.
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