29.3.09

Películas de avión

De camino a Bogotá vi tres películas. De regreso, sólo una.

Empecé mi viaje viendo Chinatown. Nunca la había visto, no sé bien por qué. Se supone que es una de esas películas clásicas obligadas pero nunca se me había cruzado en el camino. Pensé mientras la veía que desde hace años Jack Nicholson incubaba en secreto al personaje de The Shining. Tal vez es la cara. Tal vez es sólo la manera de mirar, o de decir ciertas cosas. No importa: Es algo bueno. Chinatown es una película divertida de detectives tercos con giros y sorpresas telenovelescas. Antes en el cine había más libertad argumental. Menos miedo a contar cosas absurdas y utilizar lugares comunes. O quizás fueron esos clásicos los que crearon los lugares comunes, quién sabe. En últimas todo viene de los griegos.

Recuerdo que vi entredormido The Day the Earth Stood Still, una película hecha para albergar dos escenas de efectos especiales digitales que, desafortunadamente, hoy por hoy no sorprenden a nadie. Keanu Reeves, además, nada que supera Matrix. Creo que ya es hora de resignarnos a que haga siempre el papel de un weirdo iluminado con delirios de profeta apocalíptico slash redentor. Debimos haberlo sospechado cuando protagonizó su Excellent Adventure. Speed gana mucho más sentido mirado desde esa perspectiva.

Finalmente, aterricé en Bogotá acompañado de Pride and Glory, una película de policías corruptos y conflictos familiares buenísima. No diré mucho más. Es de lo mejor que he visto jamás en un avión (e incluso fuera de él).

Hoy, de regreso, vi The Last Kiss, una película protagonizada por Zach Braff que quiere ser Garden State 2: Milky Wisconsin pero fracasa por sobre-esforzarse e intentar desarrollar unas cuatro o cinco historias paralelas sin adentrarse demasiado en ninguna. Quedó a medias. Se encalló en la anécdota superficial. La salva, si acaso, la banda sonora.
❉❉❉