El legado de la señora Aguirre (2)
Pasan dos cosas al tiempo: Por un lado, Pocho se muere de repente en el hospital de una infección salvaje producto de la amputación. Por otro, Tunja empieza a tener sueños raros, pero como eso es algo que él se guarda y no le cuenta a nadie, no es mucho lo que se sabe.
Aunque se saben cosas:
Se sabe, porque lo vieron, que un día Tunja llegó temprano a la cafetería de la esquina todavía sin bañar y le dijo a la señora Gilma que necesitaba ver al Doctor Marulanda para hacerle una consulta.
Se sabe, porque el doctor Marulanda no sabe qué es eso del juramento hipocrático y la confidencialidad médico-paciente, que Tunja le pidió pepas para dormir bien y le preguntó si era normal soñar con telarañas.
Se sabe, porque Tunja cuando se emborracha en las fiestas llora y cuenta cosas, que una noche se despertó y las telarañas seguían ahí. En toda su casa.
A todas estas El Marrano sigue con eso de que lo persiguen. Empieza a andar armado. Es la culpa, mijo, le dice Luz Marina sin saber, creyendo que se burla, pero sí, es justo eso: La culpa agarrada del paladar con las uñas, destrozándole la garganta. Una tarde al salir del trabajo le hace caso a Tunja y va a donde el cura pero no es capaz de decirle lo que pasó. Se pone a llorar. Le dice que hizo algo malo y que necesita el perdón, pero el cura le dice que es claro, hijo, que no te has perdonado ni a ti mismo. Y para qué mentir, así es.
La segunda parte termina ahí, pero podría seguir un poco más, por ejemplo con una escena en el funeral de Pocho. La señora Aguirre parada junto a la tumba sin que nadie la vea, como en película de terror.
Aunque se saben cosas:
Se sabe, porque lo vieron, que un día Tunja llegó temprano a la cafetería de la esquina todavía sin bañar y le dijo a la señora Gilma que necesitaba ver al Doctor Marulanda para hacerle una consulta.
Se sabe, porque el doctor Marulanda no sabe qué es eso del juramento hipocrático y la confidencialidad médico-paciente, que Tunja le pidió pepas para dormir bien y le preguntó si era normal soñar con telarañas.
Se sabe, porque Tunja cuando se emborracha en las fiestas llora y cuenta cosas, que una noche se despertó y las telarañas seguían ahí. En toda su casa.
A todas estas El Marrano sigue con eso de que lo persiguen. Empieza a andar armado. Es la culpa, mijo, le dice Luz Marina sin saber, creyendo que se burla, pero sí, es justo eso: La culpa agarrada del paladar con las uñas, destrozándole la garganta. Una tarde al salir del trabajo le hace caso a Tunja y va a donde el cura pero no es capaz de decirle lo que pasó. Se pone a llorar. Le dice que hizo algo malo y que necesita el perdón, pero el cura le dice que es claro, hijo, que no te has perdonado ni a ti mismo. Y para qué mentir, así es.
La segunda parte termina ahí, pero podría seguir un poco más, por ejemplo con una escena en el funeral de Pocho. La señora Aguirre parada junto a la tumba sin que nadie la vea, como en película de terror.
Etiquetas: cuento, el legado de la señora aguirre, el marrano, esqueleto, idea, pocho, terror, tunja
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