12.7.09

Campañas al vacío

Ayer salió la segunda columna sobre sociedad y tecnología que escribimos con Sergio para El Espectador. Como la versión en línea es prácticamente inaccesible y además fue recortada, reproduzco a continuación el texto original.
Dentro de la lógica de que Internet es el futuro y la política debe adaptarse al ritmo de los tiempos, los candidatos presidenciales se lanzan a conquistar la codiciada red haciendo presencia en Facebook, Twitter, YouTube y, claro, los blogs. El ejemplo a seguir es Barack Obama, cuya campaña virtual fue fundamental para difundir su discurso y crear una comunidad gigante de voluntarios. El éxito de esta campaña en línea consistió en conectar al candidato con la gente de manera efectiva y sin depender de la intermediación de los medios tradicionales. Obama hablaba y respondía, anunciaba visitas y coordinaba encuentros con una audiencia extensa y de otra manera inabarcable. La idea, sencilla, fue bien implementada y parecería que funcionó, ¿pero tiene sentido reproducirla en Colombia?

No es una pregunta fácil de responder. El impacto del contenido en la red es algo que todavía no entendemos bien. No sabemos, por ejemplo, si la comunidad colombiana en línea tendrá el peso suficiente para afectar de manera significativa los resultados electorales. ¿Bastarán nuestros cerca de 2000 twitteros? ¿O los 12500 blogueros que reporta en su último estudio Bitácoras.com? No es claro. Al vuelo parecería que la red social nacional es todavía inmadura para que valga la pena invertir en su atención, lo que nos lleva a nuevas preguntas: ¿Y entonces por qué lo hacen? ¿Cuál es la motivación de esas campañas?

Si nos basamos en la manera como las llevan, da la impresión de que la única razón por la que existen es para acreditar modernidad. Para poder compararse a Obama y combatir por el dudoso título de ser "el candidato virtual". Una moda apenas cuya utilidad no entienden y por tanto no aprovechan. Pocos se aventuran fuera de los comunicados robóticos, o responden a los comentarios de sus contactos, o intentan crear comunidad. La red es sobrevalorada y subutilizada al tiempo. En ocasiones la torpeza es tal que ciertos candidatos ganan momentáneamente cualidades divinas y están en Pereira según YouTube y en Bogotá según Twitter (ver el blog Doblemachete para detalles). Son campañas empacadas y destinadas al vacío. Lo importante es estar aquí, en el éter, da lo mismo cómo.

Y lo triste es que el impacto podría ser real. Ya hace un año largo comprobamos en la práctica lo que se puede coordinar con algo de interacción en línea: miles de personas salieron a las calles en respuesta a una convocatoria gestada mediante Facebook. El potencial en bruto está ahí. Lo mínimo que uno esperaría de los que pretenden regir el destino de un país en desarrollo como el nuestro es que se tomaran las nuevas tecnologías un poco más en serio.

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