Gonta
El sábado adoptamos a Gonta. Tiene ocho semanas, cerca de un kilo de peso, habilidad innata para la escalada (de personas) y varios MegaJules de energía. Además es ninja. Siguiendo la tradición narrativa de los anuncios de oferta de gatos abandonados en línea, Gonta es el único sobreviviente de una camada de siete que el grupo de rescate encontró en un contenedor de basura entre una bolsa. Gonta y Plinio, tras superar sus diferencias territoriales iniciales, se han convertido en hermanos y (por ende) enemigos irreconciliables que, pese al odio mutuo, duermen juntos y se abrazan cuando nadie los está mirando. Mi abuela, que siempre detestó que mi abuelo tuviera perros pero fuera ella a quien le tocara cuidarlos, me manda a decir que no me encariñe con ellos. Que es ocioso querer animales. Que los animales se mueren. Que hay que guardar lágrimas para las cosas que importan. Mi mamá agrega que uno nunca puede/debe querer a los animales como quiere a las personas porque las personas, bueno, son personas. A mí me cuesta creer que alguien pueda medir y diferenciar el amor que siente por las cosas que quiere dependiendo de su (efímera) naturaleza. Hasta ahora creo que nunca me ha faltado cariño para dar. Será porque quiero poco.


Etiquetas: amor, gatos, gonta, london, muerte, ontario, plinio
05:41 • Compartir en Gacetilla
❉❉❉


