Querida Ana Leonor,
Hoy fui a comprar unos periódicos porque tu papá me pidió que lo hiciera. La capa de nieve en la calle era tenue, casi invisible. Tu papá quiere que algún día leas los periódicos del día que naciste. Me parece una bonita idea. Compré dos periódicos: uno nacional y uno local. También le pedí a varios amigos que consigan los periódicos de los lugares donde viven. Los míos los compré en una tienda de esquina junto a la tienda de mascotas donde compramos la comida para nuestros gatos (en las vitrinas de esa tienda de mascotas viven tres gatos gordos inmensos que retozan felices todo el día aprovechando el sol). Ambos periódicos costaron menos de tres dólares. El señor de la tienda, que me dio la impresión de ser una de esas personas de cuarenta años que aparentan sesenta y cinco a punta de gestos mal elegidos y canas, estaba vestido con una sudadera marca adidas y buscaba algo debajo del mostrador. Tardó unos cuantos minutos en darse cuenta de que estaba parado frente a la caja. Junto a la caja había revistas, lápices y dulces a la venta. Cuando se levantó me miró y creo que le costó entender por qué lo esperaba. Sólo luego de mirarme por un par de segundos notó los periódicos sobre el mostrador, revisó cuáles llevaba, registró sus precios en la caja de memoria y le di un billete de veinte dólares. Una vez me dio las vueltas regresó a sus búsquedas bajo el mostrador. Me pregunto si cuando tengas veinte años esta descripción tendrá sentido para ti. Pienso, mientras dejo la tienda, que estos periódicos no serán rarezas porque hablen del día de tu cumpleaños —seguramente cuando seas mayor cualquier computador te permitirá retroceder en el tiempo eficientemente— sino porque son documentos de papel que todavía tenían sentido cuando naciste pero pronto dejaron de existir.
A las 9:28 de la mañana, cuando nacías, yo trabajaba un poco (terminaba la redacción de un proyecto de investigación), tomaba te y jugaba con mis gatos. Espero que no tengas alergias (tus contemporáneos conacionales están llenos de ellas) y que algún día los puedas conocer. Gonta, el más pequeño de los dos, tiene cinco meses. Plinio, el mayor, tiene tres años y medio. A veces se quieren y a veces se odian. La suya es una amistad dificil. Hoy hacia el medio día, cuando recibí el mensaje de tu papá contándome que naciste, Plinio se puso muy furioso con Gonta no sé por qué. Se erizó y maulló largo, como advirtiéndole que esta vez iba en serio, luego le saltó al cuello y se revolcaron. Tuve que separarlos y tranquilizar a Plinio. A mí me parece que Gonta abusa del buen talante de Plinio y cada tanto le agota la paciencia.
Hace un rato Mónica llegó de su trabajo. Ahora mismo ella estudia unos ratones que tienen desórdenes alimenticios (un subproducto de una de sus investigaciones en cerebro) y quiere entender por qué los ratones mutantes no quieren comer o no procesan correctamente la comida. Mónica contó que hoy estuvo en el estabulario (donde nacen los ratones) y vio dos ratonas muy orgullosas cada una con seis ratoncitos recién nacidos amontonados. Luego le mostré las fotos que tus papás nos enviaron. Pareces un gnomo furioso. Seguramente dentro de algunos años te contarán que tardaste más de la cuenta en salir. En las fotos es evidente que por ti te hubieras quedado dentro de tu mamá toda tu vida.
Esta noche comimos una tortilla de patatas con cebolla y un sorbete de banano con chocolate. Mónica lo acompañó con pan con tomate. Ahora estamos en la sala. En televisión están dando Law and Order. La historia es truculenta y muy violenta. Los gatos duermen (Plinio sobre el sofá, Gonta en una caja a medio destruir de la que se apropió ayer). Mónica revisa cosas en su computador. Discutimos si iremos mañana a ver Avatar, una película que estrenaron hoy y que, sospecho, desaparecerá para siempre antes de que tengas edad para verla. Es triste eso porque se supone que fue una película costosísima. Seguramente cuando la veamos mañana nos impresionará, pero bastarán dos o tres años para que cualquier efecto sorprendente de esa película se trivialice y la novedad se desvanezca. Espero que cuando empieces a ver películas todavía exista el cine perdurable, que sobrevive al paso del tiempo. Me pregunto si cuando nos conozcas te pareceremos viejísimos. Me pregunto si pensarás que la música que nos gusta es música de viejos. Me pregunto si algún día tus papás se quejarán de la música que te gusta. ¿Cómo será esa música? ¿Qué tan distante serás de nosotros, de lo que creemos, de lo que pensamos que es el mundo? ¿Seremos capaces de entenderte? ¿Nos odiarás por ser viejos y retrógradas? ¿Nos adaptaremos a tu mundo?
Querida Ana Leonor, con esta pequeña carta quería darte la bienvenida a este planeta a nombre de Mónica, Plinio, Gonta y yo. Estamos felices de que hayas llegado y esperamos pronto conocerte y enseñarte canciones. Este ha sido un lindo día.

A las 9:28 de la mañana, cuando nacías, yo trabajaba un poco (terminaba la redacción de un proyecto de investigación), tomaba te y jugaba con mis gatos. Espero que no tengas alergias (tus contemporáneos conacionales están llenos de ellas) y que algún día los puedas conocer. Gonta, el más pequeño de los dos, tiene cinco meses. Plinio, el mayor, tiene tres años y medio. A veces se quieren y a veces se odian. La suya es una amistad dificil. Hoy hacia el medio día, cuando recibí el mensaje de tu papá contándome que naciste, Plinio se puso muy furioso con Gonta no sé por qué. Se erizó y maulló largo, como advirtiéndole que esta vez iba en serio, luego le saltó al cuello y se revolcaron. Tuve que separarlos y tranquilizar a Plinio. A mí me parece que Gonta abusa del buen talante de Plinio y cada tanto le agota la paciencia.
Hace un rato Mónica llegó de su trabajo. Ahora mismo ella estudia unos ratones que tienen desórdenes alimenticios (un subproducto de una de sus investigaciones en cerebro) y quiere entender por qué los ratones mutantes no quieren comer o no procesan correctamente la comida. Mónica contó que hoy estuvo en el estabulario (donde nacen los ratones) y vio dos ratonas muy orgullosas cada una con seis ratoncitos recién nacidos amontonados. Luego le mostré las fotos que tus papás nos enviaron. Pareces un gnomo furioso. Seguramente dentro de algunos años te contarán que tardaste más de la cuenta en salir. En las fotos es evidente que por ti te hubieras quedado dentro de tu mamá toda tu vida.
Esta noche comimos una tortilla de patatas con cebolla y un sorbete de banano con chocolate. Mónica lo acompañó con pan con tomate. Ahora estamos en la sala. En televisión están dando Law and Order. La historia es truculenta y muy violenta. Los gatos duermen (Plinio sobre el sofá, Gonta en una caja a medio destruir de la que se apropió ayer). Mónica revisa cosas en su computador. Discutimos si iremos mañana a ver Avatar, una película que estrenaron hoy y que, sospecho, desaparecerá para siempre antes de que tengas edad para verla. Es triste eso porque se supone que fue una película costosísima. Seguramente cuando la veamos mañana nos impresionará, pero bastarán dos o tres años para que cualquier efecto sorprendente de esa película se trivialice y la novedad se desvanezca. Espero que cuando empieces a ver películas todavía exista el cine perdurable, que sobrevive al paso del tiempo. Me pregunto si cuando nos conozcas te pareceremos viejísimos. Me pregunto si pensarás que la música que nos gusta es música de viejos. Me pregunto si algún día tus papás se quejarán de la música que te gusta. ¿Cómo será esa música? ¿Qué tan distante serás de nosotros, de lo que creemos, de lo que pensamos que es el mundo? ¿Seremos capaces de entenderte? ¿Nos odiarás por ser viejos y retrógradas? ¿Nos adaptaremos a tu mundo?
Querida Ana Leonor, con esta pequeña carta quería darte la bienvenida a este planeta a nombre de Mónica, Plinio, Gonta y yo. Estamos felices de que hayas llegado y esperamos pronto conocerte y enseñarte canciones. Este ha sido un lindo día.

Etiquetas: ana leonor sáenz
02:35 • Compartir en Gacetilla
❉❉❉


