Ayer iniciamos la noche en un supuesto pub irlandés repleto de gente cantando lo que parecía ser punk y/o rap francés aderezado con dosis prudentes de
Rage Against The Machine. Los baristas, blancos, flacos, depilados, rubios de pelo largo, bailaban sin camisa detrás de la barra y le escupían agua fría a la multitud. Las niñas sentadas junto a nosotros los miraban encantadas.
Cuando se volvió imposible conversar, escapamos.
Entramos a una tetería-bar donde fuman narguile. Como no había cerveza nos fuimos, pero antes usamos el baño.
Entramos a un bailadero tropical. Una vez adentro descubrimos que no teníamos ganas de bailar. Dios sabe por qué estábamos ahí. El sitio tenía un tablero con anuncios de clases de salsa y una gran bandera cubana con la obligada foto del Che Guevara acompañada de su todavía más obligada frase célebre. Olía a gimnasio. Los martes, me enteré, es la noche de Colombia y Republica Dominicana. Los jueves toda la energía está dedicada a Puerto Rico. Los sábados por la tarde hay lecciones para principiantes. El DJ cantaba "¡Otra, otra noche, otra!" y luego traducía "¡Ce soir, ce soir, ce soir, ce soir!". Nadie le hacía coro. Como para justificar la entrada, A., que en sus propias palabras estaba suficientemente tomado como para poder sacar a bailar desconocidas sin avergonzarse, intentó bailar con una que yo le señalé pero por desgracia estaba demasiado tomado como para diferenciar un merengue de una salsa. Su víctima, pobre desgraciada, huyó despavorida. De vuelta a la barra, decepcionado de sí mismo, se tomó una copa de vino blanco barato para pasar el mal trago y salimos.
Terminamos la noche en algo llamado
Station B, un bar de osos al ritmo de remixes de
Abba,
Air y
Underworld. Los baristas, como en el pub irlandés, bailaban sin camisa muy sonrientes mientras preparaban cocteles de colores fluorescentes. Todos tenían panzas prominentes, pelo en pecho y buena barba. Los muchachos junto a nosotros los miraban encantados.
Etiquetas: bar hopping, bucles, lyon