31.5.09

Arena


(Se fue hoy)

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Marcapágina


(Un regalo de Clara)

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Las palabras de mayo

Wordle: bluelephant-mayo2009

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30.5.09

Marché de la Mode Vintage













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29.5.09

Laboratorio (2): Visita.

De camino a St. Louis perdió el vuelo. Terminó en Lille esperando por media hora un tren de regreso a Charles de Gaulle.

Esa misma tarde viajó a St. Louis vía Boston en lugar de hacer escala en Chicago. En Boston, mientras esperaba su vuelo a St. Louis, se comió una donut de fresa y un vaso de leche. Durmió en el avión.

A su llegada, el profesor Z. la llevó a su hotel y le dio una bolsa de frutas y quesos que incluía unos cubiertos de madera que ahora están en la barra de mi casa.

El primer día en St. Louis comió en el parque y visitó la ciudad con Z. y su equipo como guías. Vio pescados, un arco, un conejito, el abismo. Comió una ensalada ligera porque estaba nerviosa y nada más. El desayuno había sido un rollo de canela industrial y jugo de arándanos. Cenó poco y se fue a dormir temprano.

Z. estudia la morfología de los cerebros de rata. (¿Tiene experiencia con animales? Claro. ¿Tiene experiencia en perfusiones, decapitaciones, tepranaciones, destripaciones? Claro. ¿Tiene conflictos morales al respecto? Claro, como todos. ¿Cómo no tenerlos?) Su laboratorio aisla zonas e identifica características de sus neuronas. También hacen otras cosas. Quieren entender por qué, bajo ciertas circunstancias, algunas neuronas se mueren y otras no. De eso se trata el proyecto. Aquí hay unos libros. Aquí unos artículos. Estos serían sus dominios.

Durante el segundo día tuvo reuniones con varias personas que le contaron lo bueno que es Z., lo mucho que lo quieren, lo enriquecedor que es colaborar con él, lo divertida que puede ser la ciudad. De vez en cuando alguien dice algo sobre la seguridad de los barrios y se siente como una traición a la filosofía de la conversación.

Luego de comer a toda carrera fueron a ver el centro de microscopía. Le gustó saber que podría crecer cultivos ante las cámaras.

Dio una charla sobre sus resultados. Habló con un inglés que sintetiza naturalmente cocaina en el hígado y por ende no paraba de decir y decir cosas. Habló con un señor viejo que le dijo que estaba feliz de tenerla ahí. No supo quién sería. Recorrió la universidad un poco. Se perdió en un edificio donde una de cada dos puertas necesita tarjeta de identificación. Entendió que la ciudad, aunque extensa, ocurre en un área pequeña, pero no mucho más. Durante la charla le preguntaron algunas cosas. (¿Cómo se diferencian los agentes? ¿Qué tienen en común?) Luego la felicitaron. La llevaron a cenar. Pidieron Côtes du Rhône en su honor. El propósito de la visita, aunque ella no lo notara (aunque de hecho fuera incapaz de disfrutarla), era hacerla sentirse bien.

El último día fueron al zoológico. Vieron una pantera gorda y moteada que acecha a los visitantes desde su jaula, dos elefantes bebés, un orangután y un chimpancé viejos. Luego el avión, luego un par de horas en Chicago. En una librería del aeropuerto encontró el libro de Hemon. El vuelo de regreso fue pesado. El avión se sentía pequeño, apenas pudo dormir. Luego cuatro horas esperando un tren. Luego la última cucharada de helado de mango en la estación. Una caminata corta. La casa. El gato. La larga y necesaria siesta.

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28.5.09

Tres buenas noticias

Primera: La obra de Alice Munro, ese referente moral inalcanzable de esta casa, recibió el Man Booker Prize.

Segunda: Mi querido Frank Báez, coeditor de la revista Ping-Pong, dominicano, chicago lover, cuentista, cronista cómico y buen amigo, ha recibido el premio nacional de poesía de República Dominicana por su libro Postales (que empezó por cierto como un proyecto en su blog.) Desde Lyon Plinio y yo nos unimos a la celebración en Santo Domingo.

Tercera: Dos-Cero. Barcelona campeón.

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26.5.09

Axioma 18

La ortodoxia nunca pasará de moda.

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Estado del tiempo (91)

Llueve. Se veía venir desde esta mañana o desde ayer si uno tiene fe en los pronósticos del tiempo. Estoy sentado en la mesa del comedor. Plinio duerme a mi lado. Por la mañana temprano vino un hombre de la empresa de acueducto a revisar los medidores y a tomar mi nombre y mi número de teléfono. Es terrible no entender, pero es más terrible todavía no saber responder. Recién recibí por correo un libro del médico y escritor español Germán Sierra titulado Intente usar otras palabras, qué apropiado. Lo ojeé, luego lo leo. Tiene capítulos que son entradas de un blog y también correos electrónicos. Se divide en tres partes: Panoptofilia, Talismánicos y El demonio está en los detalles. Arranca con un epígrade de Giorgio Manganelli que dice: «Así pues, todo el universo se ama y se abandona, se pierde y se posee, y entre ambas condiciones, o gestos, o arrebatos, o sentimientos, o revelaciones, o en fin deslumbramientos o iluminaciones, no verás en conclusión diferencia alguna.» El primer párrafo de Panoptofilia parece de un libro de ciencia ficción pero creo que no lo es, es más bien actual, lo que pasa es que hoy es fácil confundir el mundo con la ciencia ficción. Seguramente contenga alguna definición de Wikipedia. Si no la tiene, me pido ser el primero que escriba una novela que, en una de sus subtramas, presenta el desarrollo de una página de Wikipedia sobre un grupo de hardcore rock de garaje desconocido pero en camino a la fama, incluyendo, claro, las discusiones asociadas a la redacción de la página y los varios intentos de censura de los editores energúmenos, que al final son derrotados cuando la banda graba su primer disco y triunfa. Dice la contracarátula que es una novela sobre un hombre que está seguro de que su examante escribe una novela sobre él y, agobiado por la tardanza en su lanzamiento, decide contratar a un escritor fantasma para que la escriba antes que (o paralelamente a) ella. Dios sabe cómo se involucren las entradas de un blog. Probablemente son textos del joven escritor fantasma, no importa. Hoy en día, en realidad, no debería haber excusa alguna para incluir entradas de blog en una novela. Desde hace como cinco años que hacemos parte de la vida moderna.

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Rutas de escape (2πr)

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25.5.09

La vieja canción rota








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Querido Diario (Fragmento)

Por primera vez desde que llegamos a Lyon hace calor. Treinta y tres grados hoy si no estoy mal. Mucho más allá de los cómodos quince a veinte a los que esta ciudad de zombis aburguesados y funcionarios nos tiene acostumbrados. No es que moleste, pero perturba la rutina, me afecta.

Por ejemplo, me reduce la capacidad de lectura.

En compensación, como menos y, creo, mejor.

Siempre y cuando el gazpacho casero sea considerado sano, claro.

Y sigo leyendo igual. Lento pero seguro. Me canso pero sigo. Mucho más con Mónica de viaje. Aunque eso también me distrae. Mis algoritmos de distracción son refinadísimos.

Ayer, mientras escribía, seguía la trayectoria del avión en una ventana lateral. Me tomó horas escribir dos páginas. También tenía tabs con mapas de aeropuertos, estatus de las conexiones, mapas de la ciudad, del hotel, de la universidad, etcétera.

El acceso a información es mi manera de reducir la ansiedad.

Porque debo reconocer que siempre que alguien que me importa se sube en un avión pienso que el avión se va a caer.

En consecuencia, redacto casi que en piloto automático pequeños inicios de obituarios que por mal agüero no desarrollo más allá de las tres frases.

Mi tía Ángela me dijo que siempre espero lo peor y yo me reí cuando lo dijo, pero es cierto. No sé en qué momento empecé a ser así.

Mi mamá dice que en la casa sufrimos de nervios. Eso debe ser. Genético, como todo.

Hablando de genético, Cozzolino me contó el otro día que cuando su primer hijo nació él lo vió en la cuna y lo reconoció. Lo reconoció como si fuera alguien que ya haya visto antes, un viejo amigo o algo así. Unos amigos le explicaron que seguramente se conocieron en otra vida. Podría ser.

Vivimos en una era en la que todas las teorías concebibles conviven juntas. De la experiencia a lo paranormal y de ahí a la ciencia y luego de regreso a lo paranormal o a cualquier otra cosa que satisfaga momentaneamente nuestra necesidad de comprensión.

Tal vez haya una explicación evolutiva para lo de Cozzolino, al fin y al cabo el niño comparte suficientes genes con el padre como para que sea natural que haya mecanismos que generen afinidad natural entre los dos. Cosas químicas, tal vez. De pronto el cerebro sabe reconocer parentezco.

Puede ser también algo meramente psicológico, claro. Finalmente él sabía con anticipación que era el padre. No es que lo reconociera entre muchos niños, es que lo reconoció como si ya lo hubiera visto.

Seguro alguno de esos psicólogos de la escuela de Pinker ya ha conducido el experimento de hacer que los nuevos padres reconozcan a sus hijos recién nacidos.

Dudo que arroje nada interesante, pero quién sabe.

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24.5.09

No es que no los quiera

Vivo solo desde los catorce años, cuando mis papás murieron en un accidente de tránsito del que prefiero no hablar porque es una de esas cosas que importa. Vivo en una casa grande de tres pisos y siete cuartos vacíos que antes fue de mis abuelos maternos. Es una casa en el barrio Bella Suiza con pisos de madera, sala inmensa, bar y chimenea que ya está a punto de caerse porque eso le pasa a las casas cuando se quedan solas. Ya sé, yo vivo aquí, no está técnicamente sola, pero hay ciertas casas a las que no les basta con una persona, que quieren más, que quieren conversaciones que resuenen y mantengan la estructura en forma y de paso en pie. A la mía no puedo darle eso. Hago lo posible y la dejo poco, espero que baste. Estoy casi siempre acá en el estudio viendo televisión o jugando con el computador o durmiendo en el sofá o conversando por chat con una amiga, Nubia, que vive en Argentina y está convencida de que soy una versión idealizada mí mismo. Nubia es mi única amiga. Sé todo sobre ella, incluso cosas que ella no sabe ni jamás sabrá, no tendrá oportunidad. Tengo una cualidad que algunos llamarían don: cuando conozco a alguien, así sea sólo un poco, sé todo sobre ellos. Los veo plenos, como una cadena continua de individuos superpuestos que puedo recorrer a voluntad en cualquier dirección. Me angustia, lo confieso. Preferiría no saber. Por eso no salgo y casi no hablo con nadie que no sea absolutamente necesario. Para no saber. Es horrible eso. Saber.

Nubia me dice que si estoy hablando con alguien más ella me deja y hablamos más tarde o mañana. Nubia cree que me llamo Gustavo. Así se llamaba mi papá y también el de ella. Prefiero ese nombre, me hace sentir protegido. Le dije, para seguir con ustedes, que estoy trabajando y por eso tantas pausas pero que no me deje, no todavía. Nubia se va a morir ya vieja pero no de vieja. Se va a matar en una clínica en Ginebra. Su marido la va a convencer de que se vayan juntos porque él ya no puede más con ese cáncer pero no quiere dejarla sola. Es difícil imaginarse que alguien tan vivo como Nubia, que tiene sueños de hijos y planes de aventuras y cultiva flores y paltas en su jardín, vaya a terminar enfrentada a una disyuntiva tan ingrata e injusta como esa y que ante ella tome semejante decisión, se resigne. Tal vez por eso es que todavía la tengo como amiga, pese a la decepción de saberla fallida, rota por dentro, traidora. Aunque sé todo sobre ella no la entiendo. Veo a Nubia ahora y la veo en diez años en Ezeiza esperando al inglés que todavía no conoce pero con el que se va a terminar casándo y la veo recién nacida abrazada por su mamá y con su papá, que se llama igual al mío, temblando del susto ante la cama. La veo cuando hace, cuando hizo, cuando hará, pero no sé por qué hace lo que hace. La veo llorar ante la cama de su marido y preguntarle si quiere más morfina. El viejo se queda dormido pero sigue quejándose. La enfermera le dice que al menos así puede descansar. Me gustaría entender por qué sigue ahí junto a él. Qué la sostiene.

Nubia me pregunta en qué trabajo. Le digo que escribo un capítulo más de mi libro sobre la muerte. Sé que le molesta. Que por qué me gusta hablar tanto de eso, me reclama siempre, que por qué no soy capaz de dejarlo atrás (¡ya ha pasado suficiente tiempo!), que por qué no abandono ese libro de una vez por todas y vivo. Vivo. Me aguanto. No le digo que hoy viene el capítulo sobre la suya. ¿De qué le serviría saberlo? ¿Actuaría distinto? ¿Lo recordaría cuando llegue el momento? O, más importante, ¿Me recordaría? La dejo ahí esperando, haciéndome el que preparo un monólogo profundo, sentido, confesional. Tal vez piense que estoy triste, que (por fin) me hirió de verdad. Tal vez me escriba un email largo pidiendo perdón y mientras tanto yo sigo con ustedes, a quienes no conozco y por tanto no me afectan. A ustedes les puedo decir la verdad: yo sé de qué va este juego. Conozco las reglas y las trampas. Yo sé cómo termina y sé cómo ganar: basta esperar: todos, tarde o temprano, se van.

Nubia me dejó así: (1) Le dan una pastilla de Anzemet para que no vomite, su marido también se toma una. Son parecidas a las que venían antes de las sesiones de "quimio", que es como le dicen las enfermeras de cariño a la quimioterapia. (2) Media hora más tarde Nubia misma disuelve una dosis alta de Nembutal en polvo en un vaso de jugo de manzana, para ella, y uno de naranja, para él. (3) Luego le pide que tome y él le dice que ella primero, ella le responde que no, que esto no debería ser así, llora un poco, dice vos primero, vos, es por vos que hacemos esto, por vos, no por mí, llora un poco más, se recompone, la enfermera entra y pregunta en alemán si hay algo mal, Nubia le dice en inglés que no pasa nada y toma un sorbo que sabe amargo y un poco salado pero no vomita. Sólo entonces su marido acepta tomar también, pero lo hace con desconfianza, como si temiera ser envenenado. (4) Nubia se acuesta a su lado y lo abraza. Tiemblan juntos. Se aprietan. (5) Él se queda dormido primero, está débil, ella lo sigue sólo unos minutos después. (6) Los monitores reportan el ingreso al coma cusasisimultáneo a los diez minutos y al cabo de un rato el consabido paro respiratorio que deviene en muerte. Sería dolorosísimo si estuvieran despiertos, pero para eso sirve el Nembutal.

Y luego esperan que los trate como si estuvieran vivos.

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Era un sueño pero no era un sueño




















(Comentario a Mi vecino Totoro, de H. Miyazaki)

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It's hard to play Tank.


But somebody has to do it.

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23.5.09

Captura de 'Jaime Cienfuegos'

Ayer capturaron en Ciudad de México a Miguel Ángel Beltrán Villegas alias 'Jaime Cienfuegos', contribuyente de Anncol (medio virtual afín a la guerrilla colombiana (ver comentarios)) y probable miembro de la comisión internacional de las FARC. Los diarios colombianos y extranjeros repiten al unísono el cable: "Hermes Ardila, jefe de la Unidad Nacional Antiterrorismo de la Fiscalía General, dijo que el capturado es requerido por las autoridades colombianas por cargos de rebelión y administración de recursos relacionados con actividades terroristas." Así mismo aseguran que su nombre aparecía mencionado en infinidad de ocasiones en el computador incautado hace un año y algo a Raúl Reyes. Según El País (que atribuye la información a El Tiempo aunque en la nota de El Tiempo no digan nada al respecto), "el presunto cabecilla ejercía como profesor en la Universidad Autónoma Nacional de México, al parecer con documentos falsos."

Curiosamente, ninguno de los reportes de la noticia publicado hasta ahora nos cuenta que Beltrán Villegas está (o estuvo hasta hace poco) adscrito con nombre y apellidos reales como profesor asociado del departamento de sociología de la Universidad Nacional de Bogotá. No sé, parecería uno de esos datos claves a la hora de identificarlo.

Me pregunto dos cosas, una tonta y otra no tanto:

(1) ¿Por qué, contando con una foto reciente de su perfil en la Universidad Nacional, la ficha de interpol de Beltrán (que ahora encabeza las notas de prensa con respecto a su captura) incluía una foto vieja (ochentera incluso) del tipo barbado e imposible de reconocer con una afeitada medianamente digna?

(2) ¿Cómo es que un hombre buscadísimo, amigo íntimo de Raúl Reyes y demás, evade a los servicios de inteligencia colombianos oficiando como profesor de universidad pública sin mayor intención por mantener en secreto su identidad?

No es que dude que pueda ser lo que dicen que es, pero me soprende que de ser quien era no lo hubieran descubierto hace marras. Esas investigaciones parecen conducidas por cabras. Queda la sensación, dado que no lo revelan ni usan la foto reciente (me rehuso a creer que utilizaran la foto vieja porque luce más amenazante), de que la policía colombiana ni siquiera sabía que Beltrán Villegas era profesor de la Nacional.

Por cierto: ya oigo los gritos de la derecha exigiendo, a raiz de esto, el cierre inmediato de las universidades públicas. Por desgracia, esa habilidad para generalizar con facilidad nunca les funciona a la hora de tratar con seriedad temas como los falsos positivos, a los que, con autismo vergonzoso, se siguen refiriendo como "hechos aislados" pese a que el número de implicados aumenta y aumenta cada día.

Adenda 1: El periodista encargado de la noticia en el diario La Jornada de México hizo su tarea y aclara que Beltrán Villegas era en la actualidad investigador postdoctoral en la UNAM (nada de nombres falsos como decían los cables) y había trabajado como profesor en la Universidad Nacional.

Adenda 2: Varias notas repiten como loros la descripción policíal que asegura que Beltrán Villegas estudió en la Unión Soviética "financiado por el secretariado [de las FARC]". En realidad, si le creemos a la biografía en la página de la universidad, es licenciado en ciencias sociales de la universidad distrital de Bogotá. No que eso lo salve ni reduzca sus culpas (si es que las tiene), pero sí deja mal parados, una vez más, a los temibles servicios de recontraespionaje nacionales.

Adenda 3: Para aumentar la confusión, algunos medios aseguran que el capturado se llama Juan Bautista Beltrán.

Adenda 4: Quién sabe, en últimas, si el capturado será alias 'Cienfuegos' o sólo un tipo con mala suerte.

Adenda 5: El Tiempo publica ahora un artículo con más información. Aparentemente Beltrán Villegas firmaba en Anncol como 'Jaime Ernesto Larrota' o 'Cienfuegos'. Me sigue pareciendo interesante la manera como la información se asienta. La conclusión es que los medios son terriblemente irresponsables y pocas veces verifican los datos que reciben y publican, pero eso ya lo sabíamos.

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22.5.09

Rutas de escape (2)

  • Reseña, reflexión y discusión en El Ojo en la Paja al respecto del hype (tal vez inmerecido) que carga el libro La dosis mortal, de la actriz (y ahora escritora) colombiana Adriana Cantor. Permite apreciar con claridad la manera como adquieren visibilidad mediática los libros en el país.
  • Mi admirado Aleksandar Hemon publica un nuevo libro de cuentos, Love and Obstacles. Promete más de lo mismo, pero más de lo mismo es todo lo que le pedimos. (Mónica tiene la misión explícita de comprarlo en su corta visita a St. Louis la próxima semana.)
  • Terrorífico. No me pregunten por qué.
  • Are you a gun owner in the Bay Area? (con el patrocinio de Mercedes.)
  • Si estuviera en manos de Uribe, así se castigaría el porte y consumo de drogas en Colombia. Tal cual.
  • Uno y dos buenos blogs de cocina y comida. Y si lo que buscan es cocteles (mi entretenimiento reciente), Jeffrey Morgenthaler.
  • Transmilente, un concurso fotográfico en Bogotá con "saldo pedagógico". (Aquí Miguel Olaya se desmadra al respecto como sólo él sabe hacerlo. La discusión subsecuente con el representante de Transmilente es entretenida.)
  • No entiendo nada, pero es buenísimo.
  • Cuento de Jon Lethem en The New Yorker.
  • Les Assises Internationales du Roman son la próxima semana. Tal vez vaya a ver a Rick Moody y Will Self por puro morbo.

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21.5.09

Lyon (La Croix-Rousse)





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