El libro electrónico, los derechos y la tecnocracia.
Vásquez decidió continuar la discusión sobre la llegada del libro electrónico. Ya que sus argumentos sobre la supuesta imposibilidad de la lectura literaria en pantallas de tinta digital no resultaron muy sólidos, ahora (además de admitir que es un romántico, lo que está bien —yo también lo soy—) intenta un nuevo ángulo: la popularización del libro electrónico, nos advierte con el dedo bien en alto, es un camino directo (y sin vuelta atrás) hacia las peores formas de censura totalitaria. Para Vásquez, el reciente impasse Orwell de Amazon (que ya había mencionado al cierre de la entrada donde expandía mi columna) es una muestra de los tiempos por venir. No estoy de acuerdo. Para mí es simplemente una prueba de que todavía no hemos resuelto a cabalidad el problema de cómo vender libros en formato digital y que probablemente el sobrecontrol (por interconexión constante inalambrica) propuesto por Amazon en su Kindle no es la estrategia ideal.
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Por otro lado, me parece gracioso que recurra a este ejemplo en particular para continuar su alegato contra el libro electrónico. Lo de Amazon, como él dice, se debió a un problema de vencimiento de derechos: Los libros digitales que Amazon vendió eran editados por una compañía que no había pagado los derechos para distribuirlos en Estados Unidos. Esto pasa porque la legislación internacional de derechos de autor es confusa y para nada uniforme: aunque obras de Orwell como 1984 están ya en el dominio público en varios países (lo que permite bajarlos de internet sin problema), en Estados Unidos continúan protegidas por el copyright (como ya dije antes, todo es debido, exagerando un poco, a la existencia de Mickey Mouse). 1984, por ejemplo, llegará al dominio público gringo (si acaso) en 2044, cuando el libro cumpla noventa y cinco años de publicado (en Europa, por cierto, el vencimiento de derechos será en 2020). Y digo que esto me parece gracioso porque precisamente Vásquez nos hablaba hace una semana del absurdo de que las obras pasen al dominio público y aseguraba que esta era una forma de robo legalizada. La estúpida reacción de Amazon (que a Vásquez le parece la respuesta justa de una compañía seria aunque el mismo gerente de Amazon diga que fue una soberana y vergonzosa estupidez) es consecuencia de una todavía más estúpida legislación empecinada en proteger los derechos de explotación de obras creativas (para beneficio de empresas más que de personas) por los siglos de los siglos, tal y como quisiera Juan Gabriel Vásquez.
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Finalmente una precisión: he visto a varios comentaristas, Vásquez es uno de ellos, que usan la palabra "tecnócrata" para referirse a las personas que predicamos las ventajas de las nuevas tecnologías y contribuimos a su difusión. Creo que "tecnócrata" no es la palabra apropiada para describir eso ya que, de ninguna manera, estamos defendiendo un orden social donde la tecnología mande (como sugiere la etimología de la palabra). Nos interesa, por el contrario, que las personas adopten y exploten la tecnología para su propio beneficio y el de los demás; que la controlen, usen y entiendan, no que se dejen controlar.
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